El paisaje sonoro: un estudio multidisciplinar

El paisaje sonoro: un estudio multidisciplinar
El paisaje sonoro: un acercamiento desde la antropología
El sonido: una necesaria presentación
El sonido efímero e irrepetible
Silencio y ruido: significados polivalentes
El sonido como herramienta de trabajo
Sonidos buenos, ruidos malos
El paisaje sonoro como contexto referencial
Las músicas sonoras del Escorial
La música que nos rodea
Los sonidos del pasado: el recuerdo o las normas escritas
El recuerdo como herramienta de conocimiento
Las Ordenanzas Municipales de Requena
Tiempos sonoros, tiempos silenciosos
Espacios ruidosos, lugares sagrados
Gentes ruidosas, pueblo culto
Paisaje sonoro, espacio sonoro
Lo sonoro como fenómeno cultural
"Artesanía"
La movilidad funcional de los artesanos
Los artesanos
La Artesanía según la Administración
Metodología etnográfica de la recogida
La recogida de materiales
La selección de informantes
Las entrevistas
La trascripción
Monografías y análisis teóricos
El empleo del video y otros materiales audiovisuales
Los resultados del trabajo
Objetivos generales del estudio
Propuestas generales
La Artesanía
El ruido como agresión
Lo sonoro, un hecho subjetivo
La diferenciación sonora
Lo sonoro como marcador comunitario
Alfareros
Un taller de alfarería en Sevilla
El aprendizaje
Causas de la desaparición
Las cañas de Arcos
El trabajo de la piedra: canteros y marmolistas
Los canteros
La afinación de las esquilas
La venta de las esquilas
Molestias profesionales del esquilero
El fabricante de cañablas
El prestigio de la casa
La sonoridad de los cencerros
Los cencerros del Museo
El pastor en el monte
El pastor andaluz
"Les Falles de Sant Josep"
La pólvora como comunicación
El ciclo diario festivo: "el dia de Sant Josep"
El espacio en la fiesta
Grabaciones realizadas en el ciclo festivo del "dia de Sant Josep"
Un fundidor de campanas
Historia personal
Procesos de fundición
Electrificación de campanas
Áreas de trabajo
Relaciones con los clientes
Valores estéticos, musicales y sonoros
Otros fundidores
Los herreros
Los cerrajeros artísticos sevillanos
Las herramientas
El ambiente sonoro de los cerrajeros
El reconocimiento del oficio por los sonidos producidos
Los molinos hidráulicos
El sonido de los molinos
Los molinos harineros de la Isla de Chiloé
El molino de Cimballa (Aragón)
Vareadores de aceitunas
Los molinos de aceite
Orfebres y plateros
Orfebres sevillanos
Las herramientas empleadas
La soldadura de las piezas terminadas
El sonido de los cinceles
La relación con el cliente
El aprendizaje
El cambio tecnológico
Las perspectivas laborales
Los plateros cordobeses
El sonido del trabajo
Campanas y toques de la Octava del Corpus
Torre del Patriarca - Ciutat de València
Las campanas
Seguir la processó del Santíssim (Seguir la procesión del Santísimo)
Repic y cor: las campanas repicadas (grabados desde la torre)
El repic
El cor
La Colla dels Campaners del Patriarca
La voz, un medio de comunicación sonoro
Pregoneros
Pregones, gritos callejeros y bandos
Los pregoneros municipales
Real Fábrica de Tapices
La historia de la Real Fábrica
Las alfombras
Los tapices
Los reposteros
La restauración de tapices y alfombras
La adaptación al cliente: la selección de dibujos y colores
La organización de los grupos de trabajo
La duración del proceso
El aprendizaje del oficio
Las herramientas empleadas
Las molestias profesionales
Los talladores de cristal
La producción de sonidos en el grabado
Los sonidos como indicadores del proceso laboral
Procesos de aprendizaje
Los dibujos grabados
Los telares manuales
El sonido de los telares
El olor de la lana
Toneleros
Un tonelero aragonés
Las dificultades de un oficio
Los sonidos del tonelero
Toneleros andaluces
Los sonidos de los toneleros
¿Un trabajo artesano?
La piel de Ubrique
El sonido del cuero trabajado
Bibliografía

El paisaje sonoro: un acercamiento desde la antropología

Las construcciones culturales de la realidad como apunta JOHNSON, no son percibidas normalmente como meras construcciones, sino que aparecen por el contrario, como naturales y de sentido común para aquellos que las comparten. El propósito de la antropología será acercarse a esas construcciones para tratar de aprehender, comprender y quizás prever la realidad de los otros. Como dirá SÁNCHEZ VERA, aunque refiriéndose al espacio,
La representación social es un hecho consustancial a la percepción y diferente a la opinión. La opinión afecta a las capas más superficiales (en cuanto visibles u observables) del individuo, mientras que la representación hay que verla en términos de aprendizaje, esto es de interiorización – socialización. Pero sobre todo “la opinión pública” se diferencia de la representación social en que la primera es un hecho positivo y mensurable que afecta a un colectivo de individuos, mientras que la segunda es más profunda e individualizada.
La idea del otro ha ido aproximándose al variar los campos de estudio antropológicos. Si en los orígenes de la disciplina “los otros” eran “los primitivos”, con el devenir del siglo XX fueron considerados y estudiados los grupos rurales, pertenecientes de manera general a las colonias. Más tarde se investigó la cultura rural europea, recogiendo en parte la antorcha de los folkloristas que pretendían salvar los restos de pasadas civilizaciones. Hoy la antropología no se detiene ante las barreras que la separaban, no hace tanto, de la Sociología, y osa estudiar grupos urbanos y culturas “modernas”: el “otro” puede ser alguien muy próximo, cuya conducta real se aleja mucho más de lo que tememos, de aquellos estereotipos en los cuales creemos que se agita. El objeto sigue siendo “el otro”, más o menos alejado en el espacio y la complejidad cultural, y las antiguas metodologías de la observación participante y de la entrevista más o menos preparada se ven enriquecidas con nuevas tecnologías (el vídeo para recoger imagen y acción, el casete para grabar la palabra, la idea y la creencia; el ordenador para transcribir y ordenar los datos).
Numerosos son los manuales y los trabajos de campo que describen la metodología para la recogida de datos, pero todos recuerdan la importancia de la palabra (oral o escrita) para comprender la acción y la organización del grupo; los gestos, más o menos explícitos, reflejan siempre unas concepciones del mundo, del espacio y del tiempo, de los cuales no siempre son conscientes los informantes. Como escriben los SPLINDER prologando el trabajo de campo sobre Benabarre de BARRET, éste
Plantea la interesante idea de que el antropólogo debe llegar a conocer la cultura de la comunidad no sólo como la conocen los nativos, sino también de una forma que no la conocen.
El mismo BARRET escribe más adelante:
Como ha dicho un antropólogo (BOHANNAN 1963:10/11), en cada cultura hay un sistema “folk” de categorías y creencias que siempre difiere algo del sistema “analítico” trazado por el investigador. Ello implica que las nociones proporcionadas por los informantes normalmente no son más que una imperfecta aproximación a lo que realmente el antropólogo investiga… El antropólogo anda buscando continuamente modelos implícitos de esta clase que únicamente pueden ser percibidos de un modo confuso (si lo son) por sus informantes.
El antropólogo trata de recoger información que explique gestos y creencias y trata de hallar la coherencia, no siempre evidente, no siempre consciente, de las acciones. El propósito final de su trabajo será complicar la realidad: encontrar que las cosas no son tan obvias como parecen y que acciones aparentemente similares pueden tener significados dispares, incluso opuestos, como observan MORRIS y otros al analizar veinte gestos diferentes a lo largo de Europa. Dice BARRET que
El antropólogo cultural usualmente estudia comunidades pequeñas de un modo directo. Sumergiéndose tanto como puede en la vida local adquiere una familiaridad considerable con la gente y con aquella forma de vivir que trata de estudiar. Lo que sacrifica en el campo de acción espera ganarlo por la inmediación del conocimiento.
La principal aportación de la antropología puede ser la profundidad de análisis, mientras que sacrifica la extensión de lo analizado: se trata de conocer, dando a veces atrevidos saltos lógicos, lo que piensan realmente unos pocos, tratando de descubrir a través de ellos como funciona una comunidad, e incluso una comarca, un país, una nación, un Estado, un continente, la Humanidad. La humildad, el desconocimiento ante “el otro”, por más cercano que esté, con metodología, paciencia y tiempo, puede llevar al conocimiento y a la comprensión de su comportamiento.
El sonido: una necesaria presentación
¿Qué es el sonido? SCOTCH (1978; 8) en un Manual de grabación establece el siguiente
PRINCIPIO GENERAL: Sonido es la sensación producida en el oído por un movimiento vibratorio de un cuerpo.
Por tanto sonido es, según el citado PRINCIPIO GENERAL, la sensación que produce en el oído una vibración. Ahora bien, ¿es precisa la existencia del oído para que haya sonido? Podríamos entrar en una vieja discusión, a menudo filosófica, que planteaba que la caída de un árbol, en medio de una selva virgen, no producía sonido puesto que no había nadie para escucharla. Digamos, para evitar, ya desde el principio, elucubraciones, que, para la existencia real y verdadera de sonido, es preciso que un objeto vibre, y que un medio –aire, agua, otro objeto- sea capa de conducir esa vibración. La matización no es tan intrascendente como pudiera parecer; si admitimos que es necesaria la existencia del oído (el receptor) para que haya sonido, estaremos dirigiendo el interés hacia las molestias o las influencias que puedan causar, en los que oyen, los sonidos producidos por otros. Si nos preocupamos más por el objeto que vibra, y sobre todo por el agente que ha sido capaz de hacerlo vibrar, estaremos propiciando la atención hacia los emisores, hacia los significados, hacia lo que ellos quieren expresar (si es que quieren algo) al hacer sonidos. Nuestra opción se dirigirá, inicialmente, a los que producen el sonido, intentando ir más allá de la mera generación sonora. Para legar a tales propuestas será preciso, aún, un largo camino reflexionando sobre el sonido y verificando algunas propuestas para su estudio.
El sonido efímero e irrepetible
Destaca entre otras características de lo sonoro su instantaneidad; por el mero hecho de existir, el sonido está desapareciendo. El sonido es el fenómeno natural efímero por excelencia. La imagen persiste; los olores tienen cierta duración, a veces secular; el sonido viene y va, sin detenerse. Por ello como hemos apuntado en otros lugares, el sonido, que no podía ser conservado ni reproducido, hasta tiempos muy recientes, era, o por lo menos intentaban que lo fuera, controlado en su emisión; las ordenanzas municipales, por ejemplo, marcaban límites temporales y sonoros casi demasiado precisos, para mantener los niveles así como los usos y costumbre dentro de las normas de los munícipes redactores. La grabación, primero en cilindros y discos, luego magnética, posibilitaría, aparentemente, la reproducción a voluntad de los sonidos, cada vez a más “alta fidelidad”. La idea es sugerente pero necesita ser revisada. Si pensamos que es solamente sonido el mero fenómeno físico, que necesita de un objeto que vibre, un medio que transmita esas vibraciones y otro objeto que sea capaz de captarles de algún modo, poniéndose a vibrar a su vez, la “alta fidelidad” es un ideal cada vez más cercano, con las tecnologías digitales, que son capaces de reproducir, sin la menor distorsión, las frecuencias que recogieron sofisticados aparatos. Pero si proponemos que el sonido, para ser comprendido y comprehendido, necesita ser encuadrado en un contexto muy amplio, al sacarlo de su situación, al mejorarlo, al disecarlo, la presunta fidelidad física creciente va acompañad de un mayor empobrecimiento en cuanto a significado. En sentido extremo – y así parecen confirmarlo las tendencias discográficas actuales – la alta fidelidad reúne sonidos artificiales, manipulados, imposibles de ser encontrados en la vida real. Dice MAURICE ANDRE (MUÑOZ; 1987; 39);
Y si hablamos del estéreo, de la estereofonía… Yo tengo amigos en Paris, ingenieros, que me han dicho siempre que el estéreo es falso y yo estoy de acuerdo. No se escucha nunca un concierto con unas voces aquí y oras allá. Es siempre monoaural. El estéreo da aire, grandeza a la grabación de acuerdo, pero es falso. En una sala de conciertos, especialmente cuanto más hacia atrás, se oye todo mono. Se pueden oír sonidos algo separados pero muy poco. Un director de orquesta, como Karajan, cuando quiere oír en su ensayo como suena la orquesta se va al fondo de la sala. Para oírla en mono. Y todas las grabaciones se hacen en estéreo; creo que es ridículo.
Las grabaciones parciales, las distorsiones, los montajes, crean quizás “otra” fidelidad, pero nunca la “fidelidad real” llena, dicen, de “ruidos”, esto es de informaciones enriquecedoras y complementarias, contradictorias, y no siempre coherentes para los receptores. Algunos informantes grabados en un contexto real no aceptaban la grabación porque transmitía la práctica cotidiana, con todas sus trampas e imperfecciones y se quejaban porque, de estar avisados, se hubieran esmerado más. La “alta fidelidad” suponía, en este caso, la interpretación y la recogida no de unos sonidos reales –todo sonido, por el hecho existir lo es-, sino la ejecución de unos trabajos cuidados, parciales, más cercanos al ideal que a lo cotidiano. Esta anécdota, engarzada con esa “alta fidelidad” nos recuerda la doble existencia de mundos y comportamientos ideales y de actuaciones reales, contradictorios los unos con los otros pero siempre relacionados. Hemos corrido, quizás, demasiado. El sonido es efímero, y prácticamente irrepetible. Aunque se pueda grabar, conservar, repetir –lo cual constituye, que sepamos, un logro muy reciente dentro de la Historia de la Humanidad- parecería que la llamada “alta fidelidad” no sería más que una propuesta ilusoria; lo sonoro sería algo más que esas vibraciones de las que hablábamos al inicio y que excitaban al oído; el sonido fiel solamente sería aquel fenómeno efímero e irrepetible que flota, apenas un instante, cerca de los objetos que vibran. Sonido… y silencio, ¿Cuál de los dos es el mejor?
Silencio y ruido: significados polivalentes
Ni el silencio ni el ruido tienen una lectura única en cualquier ocasión; numerosos textos, de distintos orígenes, nos muestran que ambos polos opuestos de lo sonoro tienen diversas interpretaciones según el contexto en que se realicen. Se dice que “cuando el río suena agua lleva” significando que los rumores van asociados a noticias ciertas, pero en Xàtiva (Comunitat Valenciana) dicen que “quan més roïn és lo nou, més soroll remou” (cuando más malo es lo nuevo, más ruido hace). También se dice que “un vaso lleno suena menos que uno vacío” [ANÓNIMO (1988) o que “los ríos más profundos son los que corren con menos rumor” [CURTIUS (1988; 8 marzo). Sin embargo el ruido puede ser la mejor propaganda de un trabajador [FRANKLIN (1988):
El ruido de tu martillo a las cinco de la mañana o a las nueve de la noche, si lo oye tu acreedor, le deja tranquilo por seis meses más.
El silencio puede ir unido a la manipulación a la insidia. Dice G., J. (1978; 27):
LA PROPAGANDA es lo contrario de la artillería, cuanto menos ruido hace, más lejos llega.
Muchas citas se podrían recoger; sin embargo, relativas el silencio y a la existencia. Así RAFARAMOS (1987:27) dibuja su “Félix, el león vegetariano” dando unos imponentes rugidos, lo que explica su leona diciendo que Tranquilos, tranquilos, a veces tiene que demostrarse a sí mismo que existe, haciendo ruido. Algo similar escribe GUERRA GARRIDO (1985:9); “Se ama el ruido y se teme la soledad”. Y aún más; LORENZ (1985) escribe: “La necesidad cada vez más acuciante de ruido sólo se explica por la necesidad de sofocar alguna cosa”. Una impresionante pintada, anónima naturalmente, recogida cerca de la Iglesia del Salvador en València dice
EL SILENCIO ATURDE
Por el contrario se dice que el silencio es el medio de comunicación entre amigos. Para LEE (1989:30):
Los silencios constituyen las auténticas conversaciones entre amigos, Lo que cuenta no es lo que se dice, sino el no tener nunca necesidad de hablar.
Pero el silencio puede encubrir los peores deseos (GIBRAN: 1988):
“El silencio del envidioso está lleno de ruidos”.
A veces se da un significado jocoso, y no menos verdadero, a paisajes sonoros muy concretos. Así dice HEINEMANN (1978:27):
Me parece muy apropiado que al comienzo de una cacería se de a las liebres y a los faisanes la debida advertencia mediante toques de trompeta.
Algunas metáforas relacionadas con lo sonoro sirven para referir experiencias vitales, como C. C., O, (1978:149):
ASEGURAN que el sonido viaja mucho más despacio que la luz, y es cierto. A veces, lo que uno les dice a sus hijos cuando son adolescentes no llega a sus oídos hasta que pasan de los cuarenta.
Se dice que el “Ruido Sagrado” es el exponente máximo de todo poder, divino y humano, y atributo de aquellos que tienen autoridad. La experiencia superficial parece demostrarlo, como escribe en un jocoso artículo HUESO i ROIG (1988), refiriéndose al reparto de bizcochos entre los asociados a una fiesta de calle de València:
Els associats, son o eren de dos categories, diríem de primera i de segona, segons la quota que satisfagen semanal o mensualment… Pero, sobre tot, se’ls obsequi en una gran tortá de biscuit… Una charanga o tabalet i dolçaina van acompanyant a la Junta en les seus distribucions per les cases. Segons la categoría sempre, als primers, gran i lo fruti confitat, i als de segona, chicotets i sense decoracio, I una atra diferencia mes a destacar, a l’aplegar front a la casa de l’associat, el director de la charanga consulta en una mirada a l’encarregat del repartiment,¡Pera! Crida éste, i a la consgina, la charanga s’organisa en corro, i el director, batuta en l’aire, enegicament, interpreta musiques melodioses o algun vols. Per contra, si a la demanà del director musical l’encarregat del repart li contesta en un negatiu rodar de cap, aquell abatix la batuta, guardant silenci, i soles el redoble del tabalet, obsequia en acompanyament al confrare en un “ram, pataplam, plam, plam”, com a unic complet i distinguit homenage.
(Los asociados son o eran de dos clases, diríamos de primera y de segunda, según la cuota pagada semanal o mensualmente. Se les obsequia, sobre todo, con una gran torta de bizcocho. Una charanga, o un tambor y dulzaina, acompañan a la Junta en la distribución por las casas. Según la categoría a los primeros torta grande con una fruta confitada [generalmente una pera] y a los primeros una pequeña y sin decorar. Otra diferencia notable: al llegar frente a la casa del asociado, el director de la charanga consulta con una mirada al encargado del reparto ¡Pera!, dice este, y siguiendo la orden, la charanga se organiza en corro mientras que el director, con su batuta, interpreta enérgicamente músicas melodiosas o un vals. Por e contrario, si a la petición del director el encargado del reparto le contesta con un movimiento negativo de la cabeza, aquel baja la batuta y permanece en silencio, mientras que sólo el redoble del tambor obsequia con su sonido al cofrade, en homenaje distinguido y solitario.)
Pero, al menos en nuestro contexto cultural, si bien es cierto que el Ruido poderoso va asociado al Poder, ¿no es cierto que lo más Sagrado vaya rodeado de un aura de silencio? Si la Magnificencia y el Honor se expresan por la pompa, el ruido y el boato, ¿no es cierto que la Manifestación, que la Revelación, que la Confidencia flota entre jirones de silencio? Así anuncia el Ayuntamiento DE MADRID (1986:22)
MADRID EN SILENCIO. Ante el brutal y bárbara acción terrorista ocurrida en nuestra ciudad el día de ayer, 14 de julio, el Ayuntamiento de Madrid manifiesta su repulsa por el asesinato de ocho miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, convecinos nuestros, y convoca al pueblo de Madrid para que haga patente su solidaridad con las víctimas, familiares y cuerpos de seguridad del Estado guardando 3 minutos de silencio hoy, martes, día 15 de julio, a las doce horas del mediodía…
El sonido como herramienta de trabajo
No pocas veces se propone, sin ninguna reflexión metodológica ni teórica, sino desde una perspectiva instrumental, la regencia a indicadores sonoros como herramientas, o al menos como auxiliares en los procesos de producción. Numerosas citas literarias atestiguan esa utilización práctica. Escribe G. BLANCO-CICERÓN (1979:30/31) como la experiencia, incluso de los usuarios, permite reconocer las fases del proceso:
A las diecinueve horas y veinte minutos iniciamos el descenso, mientras bordeamos la costa de Boston a Nueva York. Cuando el comandante reduce la potencia de los cuatro motores, el ruido que éstos producen desciende de nivel. Pero sólo los más experimentados viajeros son capaces de percibir este cambio, así como la suave y progresiva inclinación que nos va acercando poco a poco a la tierra. Una ligera vibración indica que descendió el tren de aterrizaje… Unos segundos después las ruedas tocan tierra y el ruido de los motores se duplica al aplicar “la reverse” que junto con los frenos, detendrán el avión.
En una referencia mucho más específica la COMPAÑÍA TELEFÓNICA NACIONAL DE ESPAÑA (1978:56/57) recuerda como reconocer, sin apenas equipamiento, el buen estado de conservación de los postes telefónicos de madera:
Es preceptiva la comprobación previa del estado del poste del modo siguiente:
1º Golpear el poste con un objeto duro, desde su base hasta dos metros del suelo, en todo su contorno. Si el sonido es musical el poste está sano; si es sordo hay que sospechar que está podrido.
2º Utilizar entonces una herramienta punzante en las zonas sospechosas, principalmente en la línea de tierra; si no se encuentra resistencia debe deducirse que está en mal estado.
Otras propuestas de la misma COMPAÑÍA TELEFÓNICA NACIONAL DE ESPAÑA (1978:104) ya se refieren a la usual protección contra los ruidos y vibraciones de los potentes grupos electrógenos, que producen la electricidad necesaria para el funcionamiento de los equipos telefónicos mediante grandes motores de explosión:
Estas salas estarán situadas al nivel más bajo del edificio y estarán provistas de bancadas y técnicas específicas destinadas al aislamiento de las vibraciones y ruidos de la estructura general. El tiempo de estancia del personal en estos lugares será el mínimo necesario y se dotará de elementos protectores de oídos al personal encargado del mantenimiento de los grupos. Las puertas de estos locales deben ser metálicas y los materiales de revestimiento contribuirán a su insonorización. El suelo será de goma antideslizante.
La última cita ya pretende ir más allá de la mera operatividad funcional: aparte de su valor instrumental, el sonido ha de ser controlado, sobre todo si sus niveles son altos. Esto podría suponer que los sonidos son buenos o males, según su potencia. Seguimos sin saber nada, puesto que de las citas –como de los refranes- se puede deducir cualquier cosa: que el silencio es bueno… o es malo, que el sonido comunica… o aísla. Pero… ¿hay sonidos buenos y sonidos malos?
Sonidos buenos, ruidos malos
Cuando se habla y se escribe sobre el conjunto de sonidos en el que estamos inmersos, se suele hablar, más o menos implícitamente, de “sonidos buenos” y de “ruidos malos”. La misma expresión ya es discriminatoria y tendenciosa: sonido, asociado a bueno: ruido, unido a malo. Los “sonidos buenos” estarían formados por el canto de los niños, el piar de los pájaros, el repique de las campanas. Los “malos”, por el contrario constarían, sobre todo, de los “ruidos de tráfico”, de las estridencias generadas por las máquinas y muy especialmente por el sonido de esos martillos neumáticos que destrozan, parece ser, calzadas y sistemas nerviosos al mismo tiempo. Estos tópicos quedan bien reflejados en un pequeño artículo de FELIX SANTOS (1986:1), publicado en un periódico de edición municipal:
¿Cuáles y cómo son los paisajes sonoros del Madrid actual? Pues aquí hay de todo, como en botica. Porque a pesar de los pesares, todavía puede oírse en cualquier calle arbolada el piar de los pájaros. En el viejo Madrid, al atardecer, óyese aún el tañer de campanas convocando a los fieles cristianos al rezo del rosario. Y percíbense en los más insospechados lugares las voces blancas de niñas y niños entregados al alborozo de sus juegos. Pero no son pájaros, campanas y niños, todo lo que reluce. Hay en nuestra ciudad, como en toda gran capital, un molesto telón de fondo hecho de ruidos de motores con mayor o menor cilindrada, camiones, autobuses, coches, motocicletas. Y aquí y allá, cláxones nerviosos, destempladas músicas de reclamo comercial, el bronco parloteo del altavoz de un vendedor o de las caravanas electorales, el empedrado girar de la hormigonera, el despiadado taladrar del martillo neumático. Una selva de ruidos poniéndole cerco a nuestro sistema nervioso.
Hay una continua interpretación dualista de los sonidos en los que vivimos. Se considera “ruidos” a aquellos que tiene un “excesivo” nivel sonoro, propio de la vida en grandes ciudades, que produce falta de comunicación. El psiquiatra ENRIQUE GONZÁLEZ DURO, citado por GARCIA (1979?), propone otra doble descripción de lo fenómenos sonoros:
El psiquiatra Enrique González Duro ve el fenómeno del ruido como un factor más de la vida urbana tendente a evitar la comunicación humana. Él diferencia entre ruidos mecánicos y ruidos humanos. Estos últimos los considera un estímulo para la comunicación entre personas, mientras que aquellos serían una barrera colocada en torno a cada individuo, de forma tal que lo sumen en la soledad y angustia más absoluta. “El ambiente ruidoso de las ciudades atonta y aturde los sentidos hasta unos niveles que pueden dejar totalmente bloqueado al individuo”.
Muchos otros, moviéndose entre los tópicos, intentan adscribir lo sonoro a dos categorías, bueno o mala según su volumen. El notable aumento de los niveles acústicos sería una constante de nuestro tiempo, una desgracia, una de las servidumbres que marca el progreso y la vida en las ciudades. El exceso de ruido actual iría asociado a un derroche de información, aunque no haya apenas comunicación. Así escribe GARCÍA HORTELANO (1985:9):
Aún contando con la tenaz tortuosidad de las ciencias aplicadas, resulta curioso que se construyesen las casas a prueba de ruidos en épocas en las que el silencio era habitual, y en nuestras épocas, la viceversa… Consciente de ser oído y oyendo constantemente, el ciudadano, lo quiera o no, se transforma en un enterado. Y una sociedad de enterados ha terminado por convertir el edificio nacional en un piso chalé (el gótico normando de la arquitectura sonora) donde el secreto no sólo es una costumbre anacrónica, sino imposible.
Los sonidos producidos en la ciudad, que se convierte en una selva sonora, poblada por “ruidos” sólo interesan para ser controlados; es interesante el título de un artículo de A. G. (1986:8) Mapa acústico para reducir el ruido que se refiere al inicio de un convenio entre el Ayuntamiento de Madrid y el Instituto de Acústica “Leonardo Torres Quevedo”, del C. S. I. C.:
El trazado del mapa acústico se realizará a partir de los datos obtenidos tras el procesamiento en un ordenador… Para Jesús Espelosín, concejal de Urbanismo e Infraestructuras del Ayuntamiento, el interés del mapa acústico reside en que “ofrecerá el conocimiento científico de una realidad: los niveles de ruido que existen en la ciudad, por lo que se podrán jerarquizar las soluciones que sea preciso tomar”… En todo caso, las medidas vendrán dadas en el momento oportuno, tras el conocimiento real de los niveles de ruido de cada zona de la ciudad.
Los aspectos sonoros de una ciudad aparecen como algo negativo, como un indicio de mal funcionamiento que es preciso conocer para intentar mejorar; en este contexto los estudios de los aspectos sonoros parecen quedar limitados a los niveles acústicos altos y su concentración de ciertos momentos y lugares de Madrid. No pensaba así TIERNO GALVÁN, que sin llegar a descubrir las relaciones entre los sonidos, los consideraba como una forma de comunicación, de expresión. En uno de sus escritos, (1985:29) asocia cierto aumento del nivel sonoro con el tiempo festivo:
No hay fiestas sin ruido y, en cierto modo, sin escándalo, y eso es bueno porque se desfogan las emociones; vivimos juntos y no hay violencia, hay apacibilidad. Es incomprensible que no haya quien no sepa hacer concesiones. La ciudad requiere ciertas concesiones, es un ser vivo que reclama que le demos algo de nosotros.
Ese aumento extraordinario y compartido del volumen sonoro puede convertirse también en forma de rebeldía, de protesta, de ostentación, en vehículo de expresión de personas mal ajustadas a las demás o de grupos minoritarios. En uno de sus bandos, dedicado al control de los ruidos, dedica la introducción a explicar las actividades sonoras, y sobre todo comunicativas, de estas minorías, que gozan molestando en las horas de descanso nocturno e incluso durante la siesta (1981):
Esta Alcaldía Presidencia ha observado que los ruidos de esta Villa y Corte aumentan hasta hacerse intolerables. Jóvenes sin escrúpulos, que gustan de ostentar prepotencia y mostrarse ante sí mismos y los demás superiores a cualquier norma y acatamiento, vociferan con tal estruendo o producen tales ruidos con las máquinas de correr, que llaman motocicletas, que impiden el sueño apacible y reposado que el trabajo cotidiano de nuestros vecinos requiere. Agavíllense en ocasiones estos jóvenes, por lo común adolescentes, para que el número aumente el estruendo y fortalezca la impunidad de su deplorable conducta… No faltan tampoco quienes hablan con voz estentórea, gritan o anuncian mercancías, o tocan instrumentos musicales sin el debido y solícito recato, molestando a quienes duermen, sobre todo en las horas de descanso que corresponden a la siesta. Por cuya razón, velando por la paz y sosiego de esta Villa, encarezco a sus habitantes cuiden de su comportamiento para no añadir a las molestias y congojas, que toda ciudad grande ocasiona, las que nacen de la mala educación y poco civismo. En caso contrario, y en previsión de que pueda haber quienes no obedezcan este Bando, manteniéndose con censurable pertinencia en la práctica del estruendo importuno y perturbador, y en virtud de las atribuciones… dispongo…
Los artículos citados no son más que una muestra de la numerosa literatura que asocia ruido a progreso, a vida urbana, a deterioro de comunicación. Una característica común a todos ellos es la consideración de aislados, sin apenas relación con la ciudad en la que se desarrollan, siendo a todo caso síntomas de desarreglos comunitarios. Las propuestas nos lleva más allá de la simple constatación de la existencia de los sonidos, y de su posible utilidad para el conocimiento o control de situaciones: si los sonidos son buenos o malos, si son positivos o negativos es que tienen, más allá de su composición física, o quizás en relación con ella, un significado, un sentido que trasciende más allá de la efímera e irrepetible presencia de cada acción sonora.
El paisaje sonoro como contexto referencial
Para MURRAY SHAFER (1976) la información visual, a pesar de las opiniones dominantes en un contexto europeo occidental y norte americano, no constituye el medio más importante de envío de informaciones; no ha sido siempre así y no lo es en la mayoría de las culturas existentes. Propone, por el contrario, acentuar el interés hacia el mundo de los sonidos, hacia el entorno acústico, proponiendo el estudio del paisaje sonoro:
“Paisaje sonoro” (soundscape) es la expresión que empleamos para describir el entorno acústico… Pero, ¿quién ha estudiado el paisaje sonoro? Se trata de una disciplina que tenemos que aprender ahora o más bien, que debemos volver a aprender.
El estudio del paisaje sonoro exige un conocimiento del contexto sincrónico en torno al objeto: la investigación debiera tener en cuenta los aspectos diacrónicos para lograr establecer las pautas generales, las leyes que ordenan, regulan y justifican cierto conjunto de sonidos:
Para conocer eficazmente el paisaje o entorno, hemos de tomar en consideración a la vez el pasado y el presente, con objeto de poder formular recomendaciones inteligentes relativas al futuro.
El estudio del paisaje sonoro deberá extenderse a lo largo y a lo ancho, a través de grabaciones, de la palabra escrita o hablada, pero no será posible, por el momento recoger conjuntos de sonidos de otros tiempos, aunque existe la posibilidad de grabar en diversos contextos:
Pero ¿cómo proceder? Podemos hacer grabaciones y analizar paisajes sonoros del momento, y podemos hablar con personas que en ellos habitan para descubrir lo que piensan. Pero no podemos adentrarnos en la historia con nuestros micrófonos y nuestro instrumental analítico. En este caso la historia se convierte en geografía. Por ejemplo podemos estudiar el mundo silvestre del Canadá septentrional o los desiertos de Australia. O bien podemos hacernos una idea del ambiente pretérito de un continente tan complicado como Europa escogiendo y comparando aldeas remotas de diferentes países… Otro modo de informarnos sobre la evolución de paisaje sonoro consiste en recurrir a los relatos de testigos auriculares que han descrito los sonidos de la época y el lugar en que vivieron. En tal sentido estamos compilando un amplio catálogo de descripciones de este tipo hechas por escritores de todas las épocas y nacionalidades, con la esperanza que nos permita averiguar algo más sobre la morfología del paisaje sonoro y nos indique también algo sobre la evolución de las actitudes de los oyentes a lo largo de los siglos.
Las propuestas de MURRAY SCHAFER no carecen de interés: se trata de conocer el paisaje sonoro a lo largo de la historia, recurriendo a diversas herramientas analíticas: la recogida directa de los sonidos, la interpretación de los actores, la comparación entre conjuntos sonoros diferentes. La reconstrucción de los sonidos del pasado se realiza por una doble vía: los textos de la época y la atrevida suposición que aún subsisten lugares donde los sonidos antiguos permanecen inalterados, ignorando el paso de la Historia en todas las comunidades, incluso en aquellas que carecen del sentimiento trascendente del paso del tiempo. El estudio del presente y del pasado sonoro tiende hacia un fin: el conocimiento de los sistemas para llegar a su control y manipulación, en el supuesto que los sonidos tienden a hacerse confusos, malos para las personas y las sociedades. La propuesta es tan válida como cualquier otra y es coherente con el contexto del Proyecto. La idea de MURRAY SCHAFER, a pesar de sus limitaciones, nos pone en un óptimo punto de partida para el estudio de lo sonoro, superando la mera medida de decibelios, y colocando el paisaje sonoro en un contexto más amplio. Muchos de los estudios, escritos y análisis de los fenómenos acústicos se realizan desde una valoración apriorística de su volumen: los sonidos, sobre todo los que producen los otros, son ruidos que es preciso controlar porque impiden el descanso y/o la producción. Dicho de otro modo, los ruidos dificultan el desarrollo ilimitado del capitalismo y es necesario su control para reducir los perjuicios que producen. Otros escritos, al margen de las corrientes de investigación y de control del volumen sonoro de las ciudades, permiten descubrir importantes nociones –a menudo intuiciones- sobre lo sonoro y sus cualidades.
Las músicas sonoras del Escorial
MARTÍN GÓMEZ, en un trabajo breve, absolutamente desordenado pero lleno de sugerencias, habla de las diversas músicas del Monasterio de El Escorial. El mismo edificio pudiera corresponder a un reflejo de ritmos asociados con ceremoniales:
Admitimos que todo en el mundo es música, y que la música forma, con la arquitectura, grupo aparte en el orden estético de las cosas. Describiremos así algunas de las músicas que tiene el Monasterio.
MÚSICAS MUDAS
Repasaremos en este apartado las observaciones que D. Luis Moya Blanco hace sobre algunas partes y elementos compositivos de la arquitectura del Monasterio. Sobre la fachada Norte del Monasterio y su ritmo de composición, dice:
“Esta fachada es verdaderamente extraña desde el punto de vista estructural, pues una serie de pilastras, que no tienen relación con la crujía, a que están adosadas, la divide en paños de desigual anchura, el número de puertas (p) y de ventanas (v) de cada paño forman la siguiente serie, según las estampas de Herrera: vv – v – vv – vv – vpv – vv – vv – vvp – eje
Después de la reforma de Villanueva en el S. XVIII: vv – v – vv – vv – pvv – vv – vvp – eje”.
En ambos casos encontraremos lo mismo, un sistema arbitrario de estructura hecho para la vista, aplicado sobre una estructura verdadera y del todo distinta. Sería interesante conocer s la estructura aparente obedece alguna ley propia. Es decir, que no fuera arbitraria desde el punto de vista del aspecto, única justificación posible después de haberse excluido lo funcional y lo estructural. Tratando de ello hace pocos años con el General Duerr, antiguo agregado militar alemán en España, y además musicólogo y corresponsal del profesor Hamann, el gran historiador de Arte, surgió la posibilidad de que la fachada Norte, así como su lonja, se hubiese trazado de acuerdo con su función de lugar de paso y calle de desfile y que la arquitectura reflejase de algún modo el ritmo de alguna marcha militar. Pensó el General que los compases de marchas alemanas del siglo XVI parecían adaptarse a esta arquitectura. Nosotros hemos buscado, asesorados por la profesora Marín, el ritmo de las pilastras y huevos del patio de Reyes, en sus dos laterales y presenta semejanzas para con la fachada Norte, no correspondiendo sus pilastras con la estructura verdadera, el número de ventanas separadas por pilastras de la siguiente serie: vv – vv – vv – vv – v – vv – v – vv – vv – vv – vv Ritmo que con el despiezo del suelo del patio corresponde al de la música de cortejo cívico-religioso de la ceremonia de enterramiento de personas reales de acuerdo a la etiqueta de la Casa de Austria.
D. Luis Moya dice del Patio de Reyes “Este sonoro patio, con los tres planos de piedra del suelo, y las paredes laterales, refuerza la voz de las campanas”.
Efectivamente el Patio de Reyes, construido como Patio de Armas y para usar en servicios religiosos de tropa, abriendo el altar del trascoro, presidido por el famoso Cristo de Cellini desde la fundación ha venido usándose en diversas épocas y con mayor asiduidad desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX, demostrando siempre que su acústica no reúne las condiciones apropiadas para estos espectáculos, sin embargo sí es el espacio adecuado como bien señala D. Luis Moya para escuchar campanas. Otros ritmos podemos detectar en los despiezos de los suelos de mármol pardo y blanco de basílica y claustro principal, establecidas en orden para la procesión y la ceremonia litúrgica y apropiados con sus techos de bóvedas de cañón y esféreas músicas de órgano de tubos y músicas de voz y coro.
D. Luis Moya vuelve a encontrar en la fachada Sur, música muda:
“El paso vertical de la fachada y horizontal del Jardín de los Frailes, forman un cauce por el que corre la vista al horizonte de la amplia llanura y el ancho cielo. Ese es el término de la composición, fuera de ella misma, porque la Torre no es el acorde final en una fuga, la única cosa que todas las fugas tienen en común es la cualidad de expansión continua usualmente, pero no en todos los caos, de un solo sujeto”. [Robert ERICKSON La estructura de la Música] El sujeto único de la composición en fuga es el más sencillo posible: la sucesión de huecos. La fachada de Oriente o Saliente que aparece como un contrafuerte de cubos mezclados en aparente desorden para sujetar el terraplén producido por la herida del edificio en la montaña, es tan fuerte y grandiosa que nos recuerda las magníficas sinfonías de Wagner o de los grandes clásicos de la música. Podríamos así seguir analizando hasta el infinito otros elementos y composiciones del edificio, ejes, alturas, sombras, luces, torres.
De las Torres campanarios nos dice D. Luis Moya:
“No es una elevación vertiginosa a la manera gótica, sino una plenitud que se va formando y colmando en solemnes compases como algunas piezas de Monteverdi”. Todo el Monasterio es una gran obra de composición musical con ritmos, armonías, medidas, timbres y acentos que nos llegan y percibimos como una gran sinfonía al contemplarlo.
MÚSICAS SONORAS
La forma tradicional de entender la música es la de los sonidos, Rousseau la define como: “El arte de combinar los sonidos de una manera que sea agradable al oído”, y añadimos “además despierta en nuestra mente las más diversas emociones”. Los elementos esenciales de la música de la música con el sonido y el ritmo, a los cuales hay que añadir el timbre y el acento y, por fin, la armonía, que fija las leyes de la simultaneidad de los sonidos. Los sonidos parten de instrumentos, que pueden ser producidos por la improvisación o creados a propósito.
Instrumentos improvisados
Todos los elementos sonoros al encontrarse y chocar contra el gran edificio del Monasterio se convierten en música. El viento, el agua, la tormenta, el rayo, producen músicas: los monjes, los colegiales, los fieles, los turistas, también hacen músicas; las cigüeñas, las palomas, los pájaros, son instrumentos músicos. Perdimos por la obra de sustitución de cubiertas de madera por entramados metálicos el tecleado que el viento producía al mover las pizarras en los tendidos de los camaranchones de todo el edificio. Los que hemos vividos el Monasterio y los habitantes cercanos del pueblo sabíamos la dirección del viento según el sonido viniera de uno u otro empizarrado, que encontrábamos afinado y con rotito según los cambios y fuerza. Podemos recuperar la música de “machar el ajo” de las cigüeñas por una iniciativa del Patrimonio Nacional, que la Comunidad de Madrid acoge con Fresneda, y subir de nuevo los nidos a las pétreas chimeneas.
La música que nos rodea
La recogida y lectura de los aspectos sonoros como parte de un ritual ha sido realizada, partiendo desde la música, e intentando ir más allá, en el único trabajo conocido publicado en nuestros ámbitos culturales, encontrando un sentido a estos sonidos colectivos. Propone LABAJO (1984:11/1) extender los aspectos sonoros más allá de la música:
Hasta ahora en nuestro país la barrera de separación académica limitaba el estudio a las producciones consideradas de “cancionero”, a las que acompañaba, a su vez, la consideración de los respectivos instrumentos musicales de cada zona. Quedaban marginadas así multitud de expresiones sonoras realizada a través de objetos de uso no específicamente musical y cuanto sonara fuera de unos limitado parámetros normativos… Llamar sin embargo “Música” a todo lo audible resulta arriesgado, y establecer nuevas barreras, carentes de funciones marginativas, es una búsqueda sin tesoro escondido… La música surge, más bien, a partir del momento en que la sociedad se estratifica en clases, en virtud del poder fundado en e cambio mercantil y en la competencia, que la convierten en mercancía de valor, separable de un único contexto, individualizable con nombre propio y susceptible de clasificaciones valorativas desde diversos ángulos.
La ceremonia estudiada, un entierro en Galicia, no puede quedar descrita, en sus aspectos sonoros, refiriendo lo conceptuado como música, sino que se trata de recoger todos los elementos que configuran el proceso ritual:
Es por ello que trataremos todos los elementos bajo un mismo y único nivel, el de su contribución a la caracterización y reafirmación del rito de pasaje… Seleccionados los elementos sonoros que constituyen la secuencia de nuestro estudio, ésta ha resultado ser marcadamente heterogénea, al parecer integrada con los diversos componentes: SILENCIO, SISEOS, MURMULLOS, LLANTO DE MUJER, REZO DE MUJER, REZO DEL CURA, REZO DE LA Comunidad, CANTO DE LOS CURAS, CAMPANA, COCHE, LLUVIA. Entre estos elementos se confunden las fuentes, las expresiones y las masas sonoras. No obstante, como si se tratase de una partitura de música concreta, estos sonidos forman entre sí la paleta de colores del paisaje sonoro, objeto de análisis… El trabajo parte de la descripción, evolucionando desde la música llegando a intuir un sistema sonoro, de partes interrelacionada. Nuestra atención, aunque enfocada desde planteamientos antropológicos globales, sólo ha pretendido dirigirse al fenómeno de lo sonoro… El “silencio” es la tonalidad predominante en la casa; el ruido, la distensión sonora, lo es del rito procesional. Es preciso constatar también que, pese a que la producción sonora acompañante y componente del ritual sea incapaz de sobrevivir a su circunstancia. Ello no ha sido óbice para poder distinguir en ella comportamientos musicales y tampoco lo es para poder distinguir entre sus ejecutantes roles artísticos específicos. Todos los sonidos “controlados” que hemos tratado aquí, obedecen a una estructura social donde el intercambio ha convertido el rito en un espectáculo diferente para cada vecino, de acuerdo con su capacidad social para incidir en el mismo… Cada uno de los sonidos o masas sonoras que hemos recogido, es portador de valores espaciales, temporales y simbólicos. Todos ellos componen un texto armónico y, sin embargo, las características estructurales y el comportamiento de cada uno de los nos habla de una diversidad de comprensión del rito. La amalgama de yuxtaposiciones sonoras temporales, cargadas a su vez de diferentes concepciones del mundo, creando un cuerpo armónico característico, puede ser, sin embargo, la mejor definición del estado de vitalidad y constante transformación del vivir sonoro de un pueblo, como Santa Comba de Gargantas.
La autora sugiere una recogida exhaustiva de todos los fenómenos sonoros que acompañan un ritual, y que forman parte intrínseca del mismo. La propuesta amplía notablemente la práctica de los que se dedican a recoger los “mapas acústicos”; hasta los más bajos niveles precisamente como parte de un sistema, que es preciso recoger en su integridad, para llegar a su posterior interpretación.
Los sonidos del pasado: el recuerdo o las normas escritas
Cuando se trata de recomponer los ritmos –o de relacionarlos- de un edificio con las ceremonias y rituales que allí se realizan, la tarea es muy sugerente. Si se quiere estudiar el conjunto sonoro de un rito actual, la recogida y la observación permiten construir pautas de ordenación de lo sonoro. Pero, ¿cómo recoger los sonidos del pasado? El nivel actual de nuestros conocimientos nos impide, de momento, grabar sonidos fuera del instante mismo de su producción. Otra cosa es reproducirlos a partir de un medio en el que se hallen fijados (cilindro, disco, hilo o cinta magnética, memoria electrónica) pero ese no es el problema. No se trata de reproducirlos como nosotros pensamos que fueron –cosa que ya es posible con simuladores en ordenadores potentes- sino de recoger exactamente el sonido producido en el pasado. Sólo quedan el recuerdo (la “petite mémoire” que dicen los franceses de una manera un tanto peyorativa) y los textos de la época.
El recuerdo como herramienta de conocimiento
Muchos han reflexionado sobre la potencia con que recuerdan, sobre todo al envejecer, ciertas sensaciones, de manera muy coherente y organizada. Sería interesante razonar sobre estos procesos, muy selectivos, que fijan a los pocos minutos un conjunto de vivencias, un sistema de impresiones, de modo que permanece estable todo el resto de su vida. Esa fijación, que por otro lado, supone ritualización y esquematización, y prefiero no detenerme en ello aunque tenía que apuntarlo, constituye una de las fuentes más vividas no solamente para conocer el pasado sino para llegar a reconstruirlo. MANCHESTER (1979:178/183) estudia un personaje histórico pero ya mítico, el general Douglas MacArthur:
Su último y más memorable adiós fue para West Point. Dirigió su discurso al cuerpo de cadetes y utilizó como tema central el lema de la academia: “Deber, honor y patria”. Concluyó su alocución improvisada –que pronunció mientras paseaba de un lado a otro de la tribuna- con palabras que ninguno de los presentes podrá olvidar mientras viva: “… En vano trato de escuchar con ávidos oídos la embrujadora melodía del toque de diana de clarines quedos, el redoble de tambores distantes. En mis sueños vuelvo a escuchar el estruendo de los cañones, el estrépito de la fusilería, el extraño murmullo luctuoso del campo de batalla. Pero en el atardecer del recuerdo, siempre regreso a West Point. En mis oídos siempre reverbera su “Deber, Honor y Patria”.
En su última arenga, el general recuerda, entumecidos por la lejanía, y asociados precisamente con el atardecer, sus lejanos tiempos de cadete, y retazos sonoros de su vida de caudillo militar, MANCHESTER finaliza su trabajo relacionando recuerdos sonoros con la figura del héroe:
Pero los destellos más valiosos nos los proporcionarían detalles demasiado íntimos para ser revelados en esa ancha pantalla de la historia, y que son, sin embargo, remembranzas que perduran en el pasado como excombatientes que esperan ser llamados nuevamente a las armas. Las imágenes retrospectivas evocan recuerdos del ruido de cadenas de anclas al caer al agua, y de chirrido de las lanchas al moverse en sus pescantes; de terror cuando desafía una y otra vez el fuego de francotiradores; luego, surge el olor a almidón de su uniforme caqui recién planchado… El fantástico retablo nos mostraría su reacción ante las crueles pruebas de iniciación; su autodescubrimiento en el Instituto Militar de Tejas; el imperiosos mandato de su madre de luchar constantemente; el estampido seco de los fusiles y el ardiente escozor de la arena del desierto en sus pies descalzos, mientras jugaba con su hermano fuera de la cerca del fuerte; las estridentes notas de los clarines que le sobresaltaban en la cuna; el monótono sonsonete de los sargentos dirigiendo las instrucciones en el terreno de maniobras. Y sobre su cabeza, flameando orgullosa bajo el cielo, la bandera, la bandera y siempre la bandera.
Apuntamos que los recuerdos, orales o escritos, o las impresiones de testigos de la época, podían ser una fuente, limitada, para el conocimiento de los sonidos producidos en otro tiempo.
El “Libre de Antiquitats” es una especie de dietario de los “Sotsacrista” de la “Seu” o Catedral de València, que recoge escritos desde 1472 hasta 1680. La anotación 192 transcribe el paisaje sonoro producido por el incendio nocturno del Hospital General (SANCHIS SIVERA: 1926; 254s):
192) Foch en les gabies del Hospital General de Valencia. Dilluns, a xv de febrer, 1610, entre deu y onze hores de la nit, se pegá foch per un orat de les gabies, prenint per força una canela a altre orat, que feya la ronda, y ensengué la palla de la gabia ahon ell estava, y de gabia en gabia es peg´foch y es cremaren totes, y tot lo bigan del aposento de baix y dalt de hon estaven dites gabies dels homens; y per no haber-e tengut noticia del dit foch per estar dormint jatsia los orats cridaren molt grans crits, y en lo vehinat ymarginaven serien oradures, y no foren socorreguts fins que les llames del gran foch foren vistes de les cases mes prop de dites gabies; per la qual rahó, per, gran diligencia tingué Marco Ruiz de Barsena, ciutadá, clavari y señor del hospital general de Valencia en lo present any, escrivá de justicia criminal y jurats de dita Ciutat, y molta gent de cavallers, obrés de vila y altres que promptament acudiren a apagar del foch, com de fet fonch apagat a les tres hores de la nit del dimarts seguent, aprés mija nit. Se cremaren dotze orats que estaven tancats en dites gabies y dos ofegats del fum, dels que no estaven en les gabies… Arriba la nova del dit foch a la present Seu, a les dotze hores de mija nit, y tocaren totes les parrochies de la present Ciutat, y desperten los escolans al sotsacrista, per a veure si tocarien a foch en lo campanar, y respongué que tocasen., puix era en part tan sancta, y que tots estam obligats a remediarla, y axí tocaren a foch “ut moris est”; y lo Micalet tocá a modo de rebats de guerra, que aterrava la Ciutat. Tragueren del dit Hospital lo Sº Sacrament fins tant Nostre Señor fonch servit que ab la bona diligencia fos remediat lo foch, que segons havia fusta de les gabies y bigam de les dos cuvertes, fonch miracle que no passá axi a la esglesia de Sta. Llucia, com a la casa del dit señor del dit Hospital, que tan prop estaven.
(Fuego en las jaulas del Hospital General de Valencia. Lunes, a 15 de febrero, 1610, entre diez y once horas de la noche se prendió fuego por un loco de las jaulas, tomando por la fuerza una vela a otro loco, que hacía ronda, y encendió la paja de la jaula donde estaba, y de jaula en jaula se pasó el fuego y se quemaron todas y todo el vigamen debajo y encima de donde estaban las dichas jaulas de los hombres; y por no haberse tenido noticia del dicho fuego por estar durmiendo enseguida los locos dieron muy grandes gritos, y los vecinos pensaron que serían locuras, y no fueron socorridos hasta que las llamas del gran fuego fueron vistas desde las casas más cercanas a las citadas jaulas; por lo que tuvo mucha diligencia Marco Ruiz de Barsena, Ciudadano, Clavario y Señor del Hospital General de Valencia en este año, el escribano de justicia criminal y los Jurados de la citada Ciudad, y muchos caballeros, albañiles y otros que acudieron rápidamente a apagar el fuego, como de hecho se apagó a las tres horas de la noche del martes siguiente, después de media noche. Se quemaron doce locos que estaban encerrados en las citadas jaulas y dos se ahogaron por el humo, de los que no estaban en las jaulas… Llegó la noticia del citado incendio a la presente Catedral, a las doce horas de la media noche, y tocaron todas las parroquias de la presente ciudad, y los sacristanes despertaron al sotsacrista, para saber si tocaban a fuego en el campanario, y él les respondió que tocaran, ya que era en lugar tan santo, y que todos estamos obligados a remediarlo, y así se tocó a fuego según se acostumbra, y la campana de las horas tocó rebatos de guerra, que la ciudad se aterrorizaba. Sacaron del citado hospital el Santísimo, hasta que Nuestro Señor quiso que con la buena colaboración fuera resuelto el fuego, que por la madera que había en las jaulas y en las vigas de las cubiertas, de milagro no pasó a la iglesia de Santa Lucia ni a la casa del citado señor del citado Hospital, que estaban tan próximas.)
Otro de los posibles modos de conocer los sonidos pasados es precisamente la legislación que trata de contenerlos y dominarlos en una época en la cual todavía es impensable su grabación y reproducción. Los que poseen la Autoridad, los que legislan, tratarán, por todos los medios a su alcance, de controlar los diversos sonidos, siempre que les sean útiles a sus propósitos.
Las Ordenanzas Municipales de Requena
Vamos a ver por tanto como ordenan o intentan ordenar el espacio sonoro en una comunidad urbana de finales del XIX, la ciudad de Requena, siguiendo sus Ordenanzas Municipales de 1882. Que un Ayuntamiento Constitucional decida redactar y publicar su Carta Magna puede ser interpretado como que un grupo de poder, el grupo que en ese momento detenta el poder en la Ciudad, quiere ordenar esa Ciudad, y también las actividades de los habitantes y de los forasteros, de acuerdo con sus valores. Sugerimos que deben marcar tiempos a o largo del día y del año en los cuales esté permitido producir ciertos volúmenes de sonido. También deben indicar lugares donde intentan controlar la producción de sonido. Finalmente el uso y abuso del sonido por parte de ciertos sectores de la población debe estar relacionado con la estructura del grupo, y su mayor o menor cercanía, simbólico y física, respecto a los centros urbanos de poder. Los legisladores marcan lugares y tiempos en los que debe ser controlado el volumen sonoro. También indican quienes deben disminuir sus producciones fónicas y apoyan todas estas normas en unos valores. Parece que ese Ayuntamiento intenta con sus normas conformar las actividades de los ciudadanos y entre ellas las producciones sonoras, de acuerdo con los valores dominantes entre aquellos que tienen el poder. Y entre los ciudadanos hay otros modos de ordenar los silencios, como veremos más adelante, que intentan ser reprimidos porque chocan con los valores de los que ejercen la autoridad. Es interesante constatar que unos veinticinco artículos se refieren a este control sonoro, lo que supone cerca de un 12% del total de 208. Otros aspectos que influyen en las características del sistema comunitario, como son la vista o el olfato, apenas están trataos; así hay unos siete artículos concernientes a la iluminación, mientras que una docena, de modo más o menos implícito, gira en torno a los olores.
Tiempos sonoros, tiempos silenciosos
Las Ordenanzas indican diferentes tiempos en los que está permitido el sonido. El día, la parte de la jornada en la que luce el sol, es momento de ruido; la noche es momento de descanso. Por tanto, aquellas ocupaciones que generan estruendo, deben limitarse a producirlo en cuanto sea de día: en el artículo 100 prohíben a herreros, cerrajeros, carpinteros, hojalateros y en general á nadie que ejerza un arte u oficio, que produzca ruidos violentos trabajar desde las ocho de la noche al amanecer. El artículo 101 confirma el silencio que debe respetarse durante la noche, prohibiendo todo ruido de cualquier clase que sea, que pueda molestar al vecindario y turbar su reposo. Ese silencio casi sagrado de la noche solamente puede ser perturbado, a lo largo del año, en casos de urgencia, y producido por los agentes de la autoridad; en el artículo 161 se afirma que el sereno que reciba el aviso anunciará por medio de la señal convenida el punto del siniestro, y los demás harán sucesivamente lo mismo. La señal sonora de alarma, y no podía dejar de ser sonora teniendo en cuenta el desarrollo tecnológico de la época, no solamente llama la atención sino que indica el espacio; lugar y momento son dos constantes difíciles de desligar. El día y la noche han de ser momentos de silencio, si el propósito de la acción sonora es producir alarma: la prohibición se explicita en dos artículos, el 94 y el 97, y queda implícita en otros como el 59 o el 150. Así señala el 94 que queda prohibido producir de día ó de noche bajo ningún pretesto, asonadas ó reuniones tumultuosas en la via pública, mientras que el artículo 97 prohíbe producir alarmas en el vecindario por medio de disparo de armas ó petardos, gritos, voces subversivas, toque de campanas o cualquiera otra forma semejante. También han de ser momentos de silencio el día o la noche si se pretende ofender a alguna de las personas de la ciudad, a través de cencerradas, que son prohibidas terminantemente en el artículo 99 ya sea de día ó de noche, bajo ningún concepto o pretesto. Las causas, como veremos más adelante, son culturales, es decir relacionadas con el modo de pensar y creer de los que escriben dichos artículos. El día es por tanto parte ruidosa, por simplificar términos, y la noche parte silenciosa. El ruido del día queda prohibido si afecta al honor o al orden de uno de los habitantes o de toda la comunidad, mientras que el silencio de la noche puede ser roto para avisar de un peligro para algunos o incluso para la comunidad entera. El año tiene partes silenciosas y partes ruidosas. De manera general durante todos los días se puede hacer ruido, que debe quedar limitado los días de grandes fiestas cerca de los lugares donde se realicen los oficios. El estruendo puede aumentar, sin embargo, en dos festividades, en la noche de Navidad, citada en el artículo 64, y en Carnaval, que se regula en el artículo 66. Ese exceso sonoro, tiene sus límites: en la noche de Natividad será permitido circular por las calles, con los instrumentos, músicas y regocijos que son de inmemorial costumbre, pero sin cometer excesos de ninguna clase ó genero que afecte a las personas, el decoro de las familias y el buen nombre de este vecindario. El caso de Carnaval es ligeramente distinto: se permite andar disfrazado de día, pero será una señal sonora, el toque de campanas, que ponga fin al desorden ritual; se prohíbe llevar la cara cubierta después del toque de oraciones por la tarde. El artículo 72 regula precisamente las actividades sonoras carnavalescas: tampoco se podrá hacer uso por las máscaras ó comparsas de campanas ó trompetas, cencerros, tambores ú otros instrumentos que molesten al vecindario. Durante unos pocos días en Semana Santa, el silencio debe ser rigurosamente respetado, aunque también existen excepciones, producidas por gentes ajenas a la ciudad, como señala el artículo 77: desde el Jueves Santo, celebrados los Divinos oficios, hasta el toque de Gloria del Sábado Santo, no podrán circular por las calles coches ni carruaje alguno, exceptuándose aquellos que vayan de tránsito. Pero la licencia que tienen los que van de paso para producir ruido queda totalmente denegada a los habitantes del lugar por el artículo siguiente, el 78 que prohíbe también que en los días de Semana Santa se golpee en las puertas de las casas ó dentro de los templos con mazos, palos ó cualquiera otros objetos que produzcan ruido capaz de turbar las ceremonias religiosas. Otra notable prohibición sonora se extiende a lo largo del tiempo: de día o de noche, en días de fiesta o de trabajo se prohíbe el empleo de las campanas durante las tormentas, justificando tal negativa desde los valores “racionales” de los redactores de los artículos, en el 85 queda prohibido tocar las campanas durante las tronadas ó tempestades, para precaver las desgracias que el tocarlas pueda producir por la acción de la electricidad. Volveremos sobre este tema, pero en esta cita es donde mejor se advierte que las leyes para controlar el ruido o pretenden, en realidad, enmascarar una de las posibles formas de ordenar el espacio sonoro, que no corresponde en absoluto con la de la cultura dominante, entendiendo como tal la que tiene acceso a la legislación municipal.
Espacios ruidosos, lugares sagrados
Los espacios reciben asimismo tratamiento con respecto al control de los sonidos. Realizaremos aquí el proceso inverso, partiendo de los lugares más generales hasta los más concretos, los más sagrados. Y el lugar más general, y que marca los límites comunitarios, es toda la ciudad. Así el artículo 150 prohíbe terminantemente disparar cohetes, petardos ni armas de fuego dentro de la población. Es ciertamente curiosa la insistencia en el control de los sonidos producidos por la pólvora, tanto festiva como belicosa (léase pirotecnia o armas de fuego), a las que se refieren los artículos 59, 97 y 150. Pero se trataba de definir el marco amplio espacial, y éste es la población. Actividades sonoras como el disparo de pólvora o la música de las rondas nocturnas solamente serán autorizadas con el beneplácito de las Autoridades; toda la población puede ser sometida al silencio o al ruido, según la voluntad de los munícipes. De acuerdo con el artículo 59 no se podrán disparar armas de fuego, cohetes, petardos, carretillas ú otros fuegos artificiales dentro de la población sin permiso de la Autoridad. Otro tanto ocurre con las rondas nocturnas, que deben ser autorizadas según el artículo 98, por la Autoridad, y que de cualquier modo quedan prohibidas por las calles si pueden perturbar la tranquilidad del vecindario, esto es atentar a sus valores. Autorización necesaria, según el artículo 149, ya que para quemar colecciones de fuegos artificiales se necesita permiso de la Autoridad local. Si las prohibiciones generales afectan a la ciudad, es decir a sus calles, otras intentan controlar los niveles sonoros de algunos lugares públicos, como los teatros. En el artículo 37 queda prohibido dar gritos ni producir ruido que pueda molestar a los espectadores, mientras que el artículo 40 explicita mucho más el comportamiento de todos los participantes en las actuaciones teatrales: en el teatro se guardará la compostura, órden y buenas formas de un pueblo culto y que exigen las conveniencias sociales, no permitiéndose dar voces destempladas, producir altercados, hacer ruido con los pies, ni con los bastones en los asientos ni el suelo, ni dirigir palabras inconvenientes á los actores, ni á éstos el dirigirse á una parte determinada del público. Los templos y el cementerio son finalmente los lugares más sagrados, y por tanto aquellos en los que debe ser más respetado el silencio. El artículo 64, relativo a los regocijos de la noche de Natividad señala que en los templos se guardará la compostura que requiere el respeto al Sagrado Misterio que en tal día se conmemora. También se refiere a los templos el artículo 83, que pretende controlar no solo el acceso a tales lugares, sino rodearlos de una zona de silencio, mientras allí se efectúan los rituales: en los días de grandes solemnidades, las puertas de los templos deberán estar expeditas para la entrada y salida de los concurrentes, procurando tomar cada uno la derecha, tanto al entrar cuanto al salir, para no dificultar el tránsito; á cuyo efecto no se permitirá tampoco formar corrillos en las inmediaciones de aquellas, ni situar puestos de venta, juegos ni espectáculos en los alrededores, así como cantar ó dar voces mientras se celebren los oficios. Los cementerios gozan igualmente de un área de silencio, no solamente cuando son masivamente visitados, sino a lo largo del año, como indica el artículo 86, que prohíbe terminantemente que las personas que concurran al Cementerio, tanto en el dia de Todos los Santos ó el día de los Difuntos cuanto en cualquiera otro del año, se produzcan en aquel lugar con formas, maneras, palabras, gritos ó actos contrarios al respeto que se debe á la memoria de los muertos y al reposo que allí debe reinar. Otro tanto prohíbe el siguiente artículo, que pretende la prohibición de formar en el Cementerio corrillos ó reuniones tumultuosas, entrar con carruajes ó caballerías, deteriorar las lápidas y cruces que designen las sepulturas… ni llevar á cabo profanaciones de ningún género. Tiempo y espacio, necesariamente interrelacionados, quedan señalados para marcar momentos y lugares en los que se puede producir ruido o silencio, según una serie de valores implícitos, no declarados, pero que deben chocar necesariamente con otras gentes que parecen incapaces de reconocer el momento justo para producir el nivel sonoro necesario.
Gentes ruidosas, pueblo culto
Otra serie de artículos controla (o intenta controlar) las producciones sonoras de “los otros”. Y aquí entran una serie de personas, más o menos alejadas de los legisladores, a las cuales es preciso dominar, porque producen ruidos de manera inconveniente. La supresión, el control del ruido que los otros intentan producir, se basa en unos valores propios de los munícipes. A la inversa, podemos reconstruir algunos de los valores sonoros “de los otros”, de aquellos que no escribieron jamás sus reglas de conducta. Los más controlados son precisamente los marginales, aquellos que producen de fuera de la ciudad, como son los titiriteros, volatineros, gimnastas, músicos ambulantes, prestidigitadores, etc. En el artículo 52 queda prohibido á toda esta clase de industriales, el anunciar sus ejercicios por medio de instrumentos que puedan molestar al vecindario. Abundando en ello, el artículo 57 justifica tales limitaciones marcando que deben producirse tales espectáculos tonel debido decoro y el consiguiente respeto á la moral y á las costumbres públicas. Los industriales locales son el siguiente paso de acercamiento a las limitaciones sonoras; vimos por el artículo100 que aquel que ejerza un arte ú oficio (aquí ya no son industriales) no ha de molestar al vecindario y turbar su reposo como propugna el artículo posterior. El siguiente nivel de acercamiento es toda la ciudad. Ya vimos que el artículo 99 prohibía terminantemente las cencerradas así como el 94 y el 97 las reuniones tumultuosas. La ciudad, es decir la vía pública, no puede ser invadida de día ni de noche, para alarmar al vecindario en general, o para afear la conducta de alguno de sus miembros por medio de una cencerrada, en particular. La justificación general de todos estos controles acústicos se repite a lo largo de este articulado, entre otros los 40, 60, 64, 123. Una serie de valores motivan tal control. Por ejemplo, en el artículo 40, en el teatro se guardará la compostura, órden y buenas formas de un pueblo culto y que exigen las conveniencias sociales… El artículo 60 afirma que el público guardará en todos los sitios de general concurrencia la debida compostura mientras que el 64 va desde el presumido honor de las personas, las familias y la comunidad: será permitido circular… pero sin cometer excesos de ninguna clase ó género que afecte á las personas, al decoro de las familias y al buen nombre de este vecindario. El artículo 123 también se refiere a los espacios públicos donde han de guardarse formas amables que exigen el decoro y buen nombre de todo pueblo culto. Parece por tanto, que el articulado pretende mantener cierto nivel sonoro en la ciudad, que es vulnerado precisamente por “los otros”. Por ello, su comportamiento solamente será permitido si cuentan con el debido permiso de la Autoridad. ¿Cuál podría ser el espacio sonoro ideal de esos otros ciudadanos? Tampoco es fácil saberlo, pero es evidente que para ellos la fiesta ha de expresarse, como apuntaba TIERNO, elevando los límites sonoros, y recurriendo a la pólvora, por ejemplo, para marcar y remarcar esos tiempos festivos, sin acudir a ningún permiso, claro. Del mismo modo, las rondas nocturnas, como las que se dan alguna vez en los pueblos pequeños, que recobran una vida ficticia en el verano con el regreso de sus habitantes emigrados, son algo espontáneo, que surge de repente, y que no puede ser controlado, so riesgo de perder toda su vitalidad. Los ruidos producidos por los oficios durante la noche son, ciertamente, una de las consecuencias del nivel tecnológico de las instalaciones. Pero el trabajo nocturno sugiere bajos niveles económicos, casi de supervivencia; en este contexto esa actividad no estaría tanto producida por placer o por ganas de molestar, sino por necesidades vitales. Queda un par de actividades sonoras que el ayuntamiento de Requena trata de prohibir, justificándolas desde sus valores, pero que deben ser explicadas; se trata de los ruidos durante la semana santa y de los toques de campanas contra tormentas. Los primeros acompañaban, en muchos lugares, la muerte y resurrección de Cristo, cuya vuelta aporta la nueva vida a la naturaleza muerta. Se trata de un viejísimo rito agrario, y también de la expresión sonora del caos al morir el Dios, dejando el universo en suspenso hasta su vuelta. Es evidente que una burguesía urbana no podía comprender ni compartir estos antiguos valores. Menos aún podían entender los toques contra tormentas. Sus detractores a caballo entre el XIX y el XX argüían, con los más modernos razonamientos científicos de la época, que las campanas atraían la electricidad, y por ello el Tribunal Supremo llegó a prohibir tales toques. Anteriormente habían sido denostados porque se basaban en supersticiones., es decir en las creencias que no debe tener un pueblo culto. Más tarde se hablará que los toques de campanas destruyen la tormenta por el efecto sonoro… Todas esas explicaciones son ajenas a los que tocan: hace un par de años pude asistir a una discusión en la que unos campaneros afirmaban que los toques alejaban la tormenta porque eran como una oración, mientras que un sacerdote presente afirmaba que era el sonido quien deshacía las tronadas. Se habían invertido los papeles, o mejor aún, el cura había asimilado unas creencias y desechado otras. De hecho hay estudios científicos contradictorios y no está probado que alejen o atraigan la tempestad. Los campaneros creían en su efectividad y sabían que si tocaban bien se deshacía el peligro y alejaban el temporal.
Paisaje sonoro, espacio sonoro
A menudo, hemos reflexionado sobre el espacio sonoro, el conjunto de sonidos producidos por un grupo, partiendo de un pequeño artículo de MIRA (1978:7), que hablaba del “paisatge sonor”, refiriéndose a unos toques de campanas recuperados. Los toques de campanas constituyen, sin embargo, un aspecto muy parcial y sesgado del conjunto de sonidos generados por una comunidad, ya que se producían principalmente para comunicar mensajes, y es fácil encontrar en ellos la estructura de un medio de comunicación de masas, que marca y construye el tiempo comunitario, que aplica diversos ritmos adecuados a la importancia social de los acontecimientos y de los actores. La aparición de otros medios de comunicación, menos eficaces (es preciso adquirirlos y tenerlos conectados para recibir los mensajes) pero más inteligibles (no emplean códigos restringidos como los toques de campanas) supuso, a la inversa, entre otros factores, la desaparición de los toques de campanas como comunicación y su creciente empleo como medios de expresión y de producción musical. Dejaremos de lado las campanas, o mejor aún, las consideraremos como una pieza más del conjunto de sonidos, que propongo debe ser estudiado y reconocido como un sistema sonoro, directamente relacionado con el grupo que lo produce y que vive inmerso en él. El sistema sonoro sería un resultado lógico de las actividades de cualquier grupo. La producción de diversos tipos de sonidos por un grupo humano es evidente, aunque no lo parezca tanto su ordenación. Todos esos sonidos, producidos de manera más o menos inconsciente, no serían más que otro hecho cultural, con una fuerte tendencia a ser ordenados según los valores dominantes del grupo, o por lo menos según los valores de aquellos que tienen poder para marcar las normas comunitarias. Siempre hemos defendido la idea de llamar “espacio sonoro” a todo el sistema de sonidos producidos por un grupo humano organizado, en sus actividades a lo largo del tiempo y del territorio por los que se mueve ese grupo, pero quizás debe ser abandonado el nombre (que no la idea) por connotar ideas espaciales que nunca quisimos sugerir: el “espacio” sería, según proponíamos, todo el sistema, mientras que el “paisaje sonoro” sería cada una de las posibles perspectivas de acercamiento al conjunto de sonidos. Propongamos, nuevamente, “ambiente sonoro” como el sistema total de sonidos producidos voluntaria o involuntariamente por un grupo y relacionado con sus creencias, su manera de organizarse, su tecnología, su población. Este sistema total, este “ambiente sonoro”, estaría compuesto de distintos subsistemas, que prefiero llamar “paisajes sonoros”, esto es de diversas perspectivas de acercamiento al fenómeno total. Estos paisajes sonoros, de acuerdo con la hipótesis, deben estar organizados según las normas y los valores del grupo. Una de las primeras características que destacan es la presencia de ritmos en el ambiente sonoro que reproducen los ciclos temporales, creando igualmente los intervalos de tiempo. Los sonidos producidos por y en un grupo transmiten asimismo información espacial, esto es que marcan no sólo donde se producen ciertos sonidos, sino que revelan concentraciones espaciales que tiene que ver con la categorización simbólica atribuida a esos espacios. Este tiempo y este espacio, revelados por los conjuntos más o menos sistemáticos de sonidos, informan también sobre la organización social: habría una relación entre tipos de sonidos producidos en ciertos lugares y los modos de organizarse y de verse, de representarse ante si y ante los demás grupos. El ambiente sonoro, el conjunto de paisajes sonoros, es una de las oraciones culturales más complejas, así como una de las realizadas de más difícil aprehensión. La ocupación por parte de los diversos sonidos del ambiente sonoro, abarcando más o menos espacio, es una ocupación real, instantánea (por lo menos para los efectos de nuestro análisis) pero IGUALMENTE efímera, volátil, que se destruye en el mismo momento de existir. Esta emisión de sonidos total o parcial, que hasta hace poco no podía ser recogida ni conservada, tampoco puede ser captada, como sistema sonoro, en su totalidad, y menos aún ser reproducida íntegramente. De hecho, hoy en día, con la posibilidad del registro magnético de los sonidos no se puede recoger todo un sistema sonoro y reproducirlo, aunque los ordenadores quizás permitan recomponer, en un futuro próximo, paisajes sonoros (que no ambientes sonoros) actuales, e incluso paisajes sonoros históricos. Por tanto, hemos de considerar provisionalmente que el ambiente sonoro, que los distintos paisajes sonoros son volátiles, irreproducibles, y al mismo tiempo reales. A través de ellos se puede reconocer una serie de informaciones que no sólo reproducen las actividades del grupo, sino que pueden ayudar a organizar o a desestabilizar la comunidad. Es por ello que el control de los sonidos ha sido siempre muy severo. Había que controlar la producción, puesto que la reproducción era inconcebible. Era necesario un control eficaz, y no solo al nivel más tangible, el de la prohibición material: las normas del grupo, asumidas por el individuo, materializadas y asimiladas como única alternativa posible, han sido siempre uno de los más eficaces medios de control del ambiente sonoro.
Lo sonoro como fenómeno cultural
La aparición de lo sonoro como algo objetivamente mensurable aparece, desde una óptica antropológica, un empobrecimiento de la realidad. Hay comunidades, y todos lo hemos observado, que gustan de vivir en ambientes “objetivamente” más ruidosos, y no por ello sus integrantes se sienten atacados ni a disgusto. Según las poblaciones, e incluso según los barrios, el nivel sonoro de la conversación es más o menos elevado, sin que este aumento sea siempre necesario. Hay actividades generadoras de potentes volúmenes sonoros, que no parecen plantear problemas a los individuos que las realizan. Valgan unos ejemplos: la mayor parte de nuestro trabajo de campo ha sido realizado en torno a los campaneros, aquellos profesionales que, cercanos a las campanas, envueltos en sus sones, producen, o mejor producían, mensajes comunitarios. Ninguno de los más de doscientos entrevistados habló de molestias sonoras en las entrevistas, levemente dirigidas. Muchos se quejaron del frío, otros del viento, casi todos del cansancio producido al subir (casi nunca de la fatiga por tocar), todos por la poca paga; pero ninguno del “excesivo ruido”. ¡Y sin embargo hemos medido niveles medios de 120 dB en un volteo general, con picos superiores a los 125 dB, lo que rebasa ampliamente los “límites del dolor”! En algún lugar nos dijeron, incluso, que la potente sonoridad de las campanas catedralicias erizaba el vello de los brazos, cosa que no hemos podido comprobar, pero nunca recogimos quejas sobre “excesivo ruido”. El tópico del “campanero sordo” es también ajeno, física y simbólicamente, del alto mundo de los bronces; nadie de entre ellos nos lo citó. La adaptación al universo sonoro es una prueba universal de profesionalidad: a menudo se hacen golpes inesperados para iniciar a los aprendices o para asustar a los visitantes. Unos deben aprender a no ser afectados, si quieren seguir tocando, y los otros, al atemorizarse, demuestran su cobardía y su falta de preparación.
"Artesanía"
¿Cual es el significado de "Artesanía"? ¿Significa un producto hecho a mano? ¿Tiene que ver con un objeto realizado con tecnología anterior a la Revolución Industrial? ¿Está relacionado con la manera de distribuir el objeto? ¿Se trata de algo que repite unos moldes antiguos? ¿Está unido necesariamente a una relación económica, lucrativa? LIMÓN DELGADO (1982:9) destaca que, a menudo, los estudios dedicados al tema no tratan de definir el concepto, y parecen referirse a lo hecho a mano, lo no industrializado. Más adelante repara que, a menudo, las publicaciones separan los productos de las actividades de los "artesanos". Dichos productos quedan muy bien descritos y perfectamente reproducidos a todo color, pero apenas tenemos estudios de las tecnologías y de las creencias en las que se insertan y que los generan.
Para FRAILE GIL (1986:21)
En realidad el término "artesanía" es muy reciente y está acuñado sobre el sustantivo artesano, de origen mucho más antiguo; lo que hoy denominamos como producción artesanal era el tipo característico de producción anterior a la Revolución Industrial; en sus primeras etapas la producción artesanal sigue subsistiendo en los sectores más alejados del mercado, especialmente en el campo, pero con la extensión de la producción industrial, queda cada vez más relegado a aquellas actividades que no ofrecen posibilidad de mecanización a gran escala o a la producción y demanda de artículos de lujo en los que se sacrifica la cantidad a una mejor calidad, en los procesos que no se ajustan a ninguna de estas dos vías, los procesos desaparecen sustituidos por materiales sintéticos o de un costo mucho más bajo.
LIMÓN DELGADO (1982:11) no acepta esta propuesta, que ha llevado a considerar a lo artesano como algo digno de lástima. La "artesanía" está inmersa en procesos culturales complejos, en continuo movimiento, y refleja bastante bien grados de abastecimiento (1982:13):
Esta visión fragmentaria lleva aparejado un sentimiento romántico que quisiera preservar de la desaparición las producciones artesanales sin ocuparse de desentrañar a fondo los factores que se hallan en la raíz de esa tendencia a la desaparición o a la transformación en industrias. La miopía consiste en percibir el fenómeno cultural como un receptáculo inmóvil, en lugar de advertir que se trata de un hecho dinámico cuyo desarrollo da lugar continuamente a un grupo de formas que caen progresivamente en desuso, frente a otro de plena vigencia y un tercero de formas abandonadas que engrosan definitivamente el cuerpo de la historia. Ninguno de estos estudios ha resaltado suficientemente el papel que ha jugado en estos cambios, tanto de mentalidad como de técnicas vitales y de relación social, la pérdida de la autonomía de abastecimiento que han poseído las comunidades rurales hasta hace poco en muy alto grado, y tampoco la relación campo-ciudad.
La desaparición de la artesanía, su pérdida de funcionalidad, corresponde a aquello que el GRUPO DE ARTES Y COSTUMBRES POPULARES (1985:105s) llama proceso de "desintitución" y estaría motivada por la emigración del campo a la ciudad, la crisis de la agricultura y el consecuente envejecimiento de los artesanos; en el caso de los herreros de los pueblos su única supervivencia iría asociada con un cambio de su papel convirtiéndose en meros productores de objetos decorativos. El artesano sería un nombre reciente, de mediados del XVIII, "cualquier oficial mecánico que gana de comer con el trabajo de sus manos", según el Diccionario de Autoridades mientras que "artesanía" no aparecería hasta mucho más tarde. Sigue proponiendo LIMÓN DELGADO (1982:13) la definición del Diccionario de la Real Academia, que añade:
Modernamente se distingue con este nombre al que hace por su cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal, a diferencia del obrero fabril.
Artesano sería solamente, (1982:14)
Producto de la diferencia entre lo fabricado con métodos preindustriales y lo fabricado con métodos industriales.
Propone LIMÓN una serie de contra tópicos a aquellos lugares comunes atribuidos a "lo artesano": frente a la unicidad de cada objeto artesanal recuerda (1982:14)
Que sus artífices más bien pretenden lo contrario: anular las diferencias entre las cazuelas de una misma serie, porque en la exacta igualdad de su tamaño y de su aspecto reside la maestría y la satisfacción del producto bien hecho. De hecho, si no se consigue la uniformidad entre los objetos de una misma serie no será porque no se intenta.
Tampoco es específico "lo hecho a mano", ya que los artesanos a menudo emplean máquinas, y muy complejas; en todo caso (1982:15)
Son máquinas de un nivel técnico que ahora llamamos preindustria porque no permiten el grado ni la eficacia de producción que alcanzaron las máquinas diseñadas desde comienzos del siglo XIX, aplicando los nuevos conocimientos científicos a la tecnología de aquellos momentos.
No se trata de que los artesanos no hayan usado ni usen herramientas y máquinas bastante complicadas a veces, sino de que no usan máquinas de las que hoy llamamos industriales.
No constituyen "oficios"; muchas de esas actividades son solamente auxiliares, secundarias o subsidiarias; a veces no constituyen más que una distracción. Por tanto, prosigue LIMÓN DELGADO (1982:16), se podría proponer una definición momentánea de Artesanía como
Producciones de carácter preindustrial o paleo técnico, que no siempre constituyen oficios en el sentido con que usamos habitualmente esta palabra.
Aún propone LIMÓN DELGADO (1982:17) otra característica específica de lo artesano: su especialización al estilo antiguo. Aunque cada proceso se hacía a lo largo de un tiempo, y no se solía hacer un producto entero a la vez, el artífice era capaz de hacer todo el proceso, cosa imposible en un contexto industrial:
Aquí radica la principal diferencia entre la especialización antigua y la moderna. El especialista de hoy sólo debe y sabe hacer un trozo de la obra total; el maestro antiguo solía saber hacerla entera aunque estuviera rodeado de ayudantes.
Finalmente, enmendando al Diccionario de la Real Academia, LIMÓN DELGADO (1982:17,18) apunta que lo artesano no se limita al ámbito de lo doméstico sino a aquello no afectado por la industrialización:
La actividad artesana no podría definirse si junto a ella no existiera la industrial; y además no se restringe a los oficios tradicionales sino que cualquier actividad, sea de ámbito doméstico o rural, retribuida o no, que no haya sido afectada por los principios de la especialización y la división moderna del trabajo, es también artesanía. Gran parte de la actividad artesana actual termina en productos de consumo alimenticio o de otros tipos y no siempre se limita su producción al marco de la casa sino que se halla presente en los sectores más variados de cualquier ambiente social.
SANZ (1986) propone, desde su postura de "nuevo artesano", una alternativa ácida e irreverente sobre la artesanía, que promete definir al inicio de su comunicación pero que no acaba de encuadrar. Se trataría, al menos, de un quehacer productivo marginal que ha evolucionado, tras la crisis de los años sesenta, hacia una ebullición contradictoria. Los "viejos" artesanos, aquellos que han heredado la tradición en su tecnología, maneras de trabajo y otras, se encuentran restringidos por esa misma tradición:
El propio taller, las sobadas herramientas y las formas heredadas de sus ancestros adquieren junto con la idea de la necesidad de una perpetuación de las técnicas, ribetes cuasi sagrados. Conculcar este "orden" puede suponer, por ello, una "traición". De ahí que, en parte, se explique la inmovilidad de estos sectores artesanos de carácter tradicional frente al dinamismo y renovación demostrada por los nuevos que, al carecer de una tradición a la que tomar por modelo, se ven impelidos no sólo a inventar o recrear sus trabajos, sino, en ocasiones, a incorporar técnicas nuevas, más complejas, para llevar adelante sus creaciones.
Los nuevos artesanos serían irreductibles a cualquier clasificación simplista. Un movimiento renovador e iconoclasta, donde
Los sacrosantos valores de la tradición y la territorialidad, ligados a la artesanía, se nos manifiestan cada vez más caducos, al tiempo que el terreno en que ésta se mueve, aunque impreciso y desdibujado, se nos revela bullicioso, agitado, vivo.
El nuevo artesano, finalmente, sería
El heredero de unas técnicas o saberes que repite. Creo que el artesano, en la actualidad, es más un rebelde o un inadaptado, que un pasivo reproductor de saberes añejos.
La movilidad funcional de los artesanos
En ese fenómeno de producción que llamamos provisionalmente "artesanía" hay un par de características que no siempre son tenidas en cuenta: la movilidad funcional de los artesanos y su dedicación a tiempo parcial. OTEGUI (1985:361) propone, estudiando los pastores trashumantes en la actualidad, que la especialización y dedicación exclusiva
Responden a la inserción plena de la actividad ganadera de esta zona en una economía típica de mercado, en la que los beneficios económicos directos de la producción son lo suficientemente elevados como para permitir la especialización del ganadero como tal y es precisamente este hecho el que ha desencadenado las variaciones que hemos señalado en la forma de trashumar.
Esta especialización laboral influye en una pérdida de conocimientos por parte del ganadero. Así, en casos de enfermedad (1985:363)
Lo normal es llamar al veterinario, que en cada caso recomienda la medicina adecuada. Así se ha ganado en efectividad, cada vez son menores las muertes de las ovejas, pero se ha perdido una vez más en autonomía, puesto que mientras antes el propio ganadero era el propio "sanador" de sus ovejas, ahora necesita cada vez más el auxilio de un intermediario, como es el veterinario, que se hace más y más imprescindible en esta paulatina reconversión del pastor en ganadero especializado.
MARTINEZ ROSSY y OTROS (1986:36; 43) nos recuerdan esta movilidad laboral estacional de los canteros:
Cuando el trabajo era insuficiente salían como jornaleros a Salamanca o trabajaban de labradores (los canteros no solían tener tierra propia), lo que suponía una ayuda económica. El volumen de los pedidos es bueno, pero los gastos y las condiciones del trabajo hacen de esta ocupación un trabajo poco rentable. Son muchas las horas de trabajo y poca la ganancia real. Sin la base de la labor agrícola no sería económicamente suficiente.
MARTÍNEZ ROSSY y OTROS (1986:42) también apuntan que la reciente recuperación de ciertos oficios artesanos pudiera estar relacionada con el regreso forzoso de muchos trabajadores en paro a aquellos oficios duros que ellos conocen bien y que no tuvieron reparo en abandonar por otros mucho más productivos y descansados:
El trabajo es muy duro y poco rentable, todos lo tienen como un complemento del trabajo del campo, pero debido a las actuales dificultades económicas hay un resurgimiento de esta ocupación después de una época de declive (ahora hay 25 ó 30 hombres del pueblo trabajando la cantera).
Este regreso forzoso supone una especie de paso del Rubicón, una especie de regreso hacia aquello de lo que se huye. Ya nos lo decían los alfareros de Triana que intentaban buscar gente para trabajar el barro y que éstos decían, escandalizados, que "el barro no lo vuelvo a tocar en la vida", y que preferían estar parados que volver al oficio de su juventud.
Los artesanos
Porque hemos estado hablando, hasta ahora, de artesanía, ¿pero qué ocurre con los artesanos? Ese temor que acabamos de citar de regresar al oficio de la juventud pudiera estar relacionado con cierto fatalismo, que debiéramos profundizar. Así se expresaba uno de los trabajadores de la pequeña industria de toneles de Jerez en Andalucía:
Claro que eso es según, según el aprendizaje que entren. Si entras de pequeño en una cosa y ya te quedas ahí... ¡pues ahí te quedas!
De cierto modo los "artesanos" están en ello a su pesar, envidiando otros trabajos -oficinas, Administración- que parecen mejores, más descansados. Decía uno de los orfebres sevillanos que "admiraba a la gente de las oficinas, porque es un trabajo muy limpio" y que estaba preparándose para oposiciones de la Caja de Ahorros que aunque sea "más monótono, pues a lo mejor me pagan más, pero a lo mejor me llevo dos meses en la Caja de Ahorros y me aburro, pues me vengo otra vez pa mi taller". También idealiza al trabajo "del otro" uno de los trabajadores de la pequeña industria de toneles de Andalucía, asociando su trabajo a una especie de maldición:
Como llevo tantos años haciendo esto, que lo coges como una rutina y no sabes si es bueno o malo si es; habrá trabajos mejores, como ese señor que tiene un trabajo en una oficina o en un Banco o gente que está en Hacienda, que no hacen ni el huevo; que están allí, son trabajitos buenos y a lo mejor a ellos les parece duro. Como los funcionarios, que no quieren salir por las ventanillas para dar información, pero sin embargo ya, es un trabajo más duro... lo llevo bien.
Esto es una cosa que cada vez tiene menos salida; si tuviera salida a lo mejor entraba [más gente joven] pero si entran es porque no encuentran otra cosa, no porque les guste entrar, ni mucho menos.
La Artesanía según la Administración
Quizás la mejor definición de lo artesano se encuentre donde menos cabría esperarla: en los textos legales. El Real Decreto 1520/1982, de 18 de junio, del Ministerio de Industria y Energía dice así:
Artículo primero.-- Se considera Artesanía a los efectos de esta disposición, la actividad de producción, transformación y reparación de bienes o prestación de servicios, realizada mediante un proceso en el que la intervención personal constituye un factor predominante, obteniéndose un resultado final individualizado que no se acomoda a la producción industrial, totalmente mecanizada o en grandes series.
La Guía de la Artesanía de ALICANTE (1983), de la cual hemos tomado el anterior artículo del texto legal, (f.193), hace una serie de matizaciones sobre los ámbitos de la artesanía, desde el punto de vista burocrático oficial. Un artículo de la CÁMARA OFICIAL DE COMERCIO, INDUSTRIA Y NAVEGACIÓN DE ALICANTE, Rasgos estructurales y síntesis del sector artesano alicantino (1983:63/70) define los diversos niveles de artesanos, de acuerdo con el tipo de maquinaria y de relación con la tradición, limitando sus actuaciones a aquellos que tienen una finalidad lucrativa, y que no se dedican a actividades primarias y de servicio:
Por estas circunstancias y guiados por un afán de uniformidad con otros trabajos similares [Guías provinciales de artesanía de distintas provincias], se ha preferido adoptar una definición que excluya las actividades primarias y de servicio, no obstante su pleno reconocimiento legal y las referidas a la producción de bienes de consumo no duradero o complementarios de la producción industrial.
En la definición adoptada, se incluyen las tecnologías aplicadas en los procesos productivos, así se consideran artesanas «las actividades de producción de bienes no fungibles en las que se emplean formas de producir en las que las tareas o fases sustantivas se ejecutan manualmente». Ello ha supuesto el análisis previo de todos los procesos productivos de posible aplicación a las actividades en las que pueda existir artesanía y la delimitación en los mismos de las fases necesariamente manuales, lo que ha dado lugar al establecimiento de la siguiente tipología de las formas artesanas clasificadas según su grado de «manualidad».
a) Formas de producir artesanas puras: son aquéllas en las que no existe utilización alguna de maquinaria, excepto la accionada a mano, siendo ejecutadas todas sus fases de forma manual.
b) Formas de producir artesanas: son aquéllas en las que, aun siendo predominantemente manual la ejecución de las distintas fases del proceso productivo se utiliza maquinaria auxiliar en la realización de alguna o algunas tareas preparatorias de las materias primas empleadas o en las fases no sustantivas de dicho proceso.
c) Formas de producir artesanas semiindustrializadas: son aquéllas en las que, exceptuando las fases sustantivas del proceso productivo, la ejecución de las distintas tareas del mismo se efectúa mediante la utilización de maquinaria específica, cualquiera que sea su nivel tecnológico y su grado de complejidad.
Otro aspecto metodológico importante se refiere al colectivo objeto de investigación el cual está integrado por «unidades productivas con entidad física y carácter permanente que persiguen una finalidad mercantil lucrativa y en las que el personal trabajador de carácter fijo realiza la actividad laboral fundamental». La anterior definición excluye del ámbito del presente trabajo a los artesanos, que desarrollando su actividad a tiempo parcial o como trabajo secundario o esporádico no persiguen una finalidad lucrativa, si bien éstos pueden tener un reconocimiento legal como tales. Estas exclusiones resultan coherentes con la finalidad del estudio que no es otra que la de conocer la Artesanía Alicantina, considerada como un sector productivo más de la economía provincial, y facilitar la venta de sus producciones en los mercados nacionales y extranjeros. La Artesanía, con mayúscula, aparece, de manera bastante clara, para la Administración, como un modo de producción, relacionado más o menos con la aportación personal y manual, y con unas categorías asociadas al mayor o menor empleo de maquinaria. No existe aquí relación con el producto, y mucho menos con la Tradición, sino que se trata, desde una óptica burocrática y economicista, de computar a aquellos que, trabajando más o menos de sus manos, han de ser medidos para poder ser contados. Por ello se limita el interés a los que realizan, directamente, actividades lucrativas, económicas, monetarias. No importa su antigüedad, ni su número, ni la tradición d sus objetos; importa la manera de producirlos y las relaciones económicas, a menudo sustanciosas, que generan. Esto explica la confusión que nos generó, a lo largo de la recogida de materiales, la ambigua actividad de muchos de los llamados artesanos, especialmente los madrileños y andaluces, con los que habíamos contactado precisamente a través de las Instituciones: su actividad no era tradicional ni su tecnología ni sus producción, y utilizaban numerosas, si no todas las técnicas industriales, aunque a pequeña escala. Las pequeñas dimensiones de los talleres, la aportación numerosa, a pesar de la mecanización, de la mano de obra -a menudo barata y no siempre bien definida- hacía que fueran clasificados como artesanos colectivos pequeño-industriales. Si liberamos del prejuicio, que nosotros compartimos, de llamar solamente artesanos, más o menos puros (que no discuto la categorización, al revés, me parece adecuada) a los que tienen actividades, remuneradas o no, y relacionadas siempre con la tradición, muchos de los entrevistados, grabados y analizados, tendrían que ser descartados de nuestras listas de paisajes sonoros recogidos. Si aceptamos, con la Administración, que es precisamente la que confiere los "diplomas de Artesanos", que lo son solamente aquellos definidos como tales por estar relacionados con actividades remuneradas y más o menos manuales, otros trabajadores manuales, mucho más creativos y antiguos, deberían ser descartados. Los unos y los otros, los antiguos y los modernos, los manuales y los mecanizados, sean llamados como se quiera (yo preferiría llamar a los primeros "Artesanos" y a los segundos "Pequeños Industriales" o incluso "Industriales manuales", con todas las contradicciones que supone la definición), al ser grabados, analizados y estudiados, componen un conjunto de paisajes sonoros, que forma parte, al menos, de nuestro Patrimonio Cultural -y acústico- actual.

Metodología etnográfica de la recogida

La recogida de materiales
El proceso seguido a lo largo de este trabajo ha seguido el siguiente discurso: localización de los informantes, desplazamiento hasta su lugar de trabajo, entrevistas, grabaciones de imagen y sonido, así como una posterior labor de análisis en el laboratorio.
La selección de informantes
No nos hemos limitado a entrevistar y grabar informantes tradicionales, que siguen procesos pre o protoindustriales para la fabricación de objetos, para su uso personal o como actividad remunerada y por tanto con una clientela más o menos amplia. Desde una perspectiva antropológica, cualquier proceso, tanto tradicional como moderno, que produzca sonidos es de gran interés puesto que presuponemos, hasta que lo podamos confirmar o desechar por los datos, que los ruidos generados, dicho de manera amplia, no solamente transmiten información sobre las fases del proceso y su correcta realización, sino que conllevan otras connotaciones culturales, muy sutiles, que sería preciso concretizar.
Las entrevistas
Las entrevistas, realizadas siguiendo un cuestionario muy abierto, han sido grabadas en su integridad, procurando que el hecho físico (presencia del magnetófono, preguntas por más de uno de los integrantes del equipo de recogida) influyese poco en las contestaciones así como en el ánimo de los informantes. Cabe observar como los encuestados seguían a menudo un discurso muy coherente y organizado, sobre todo aquellos dedicados a actividades más tradicionales: ello puede denotar una cierta costumbre a explicar su trabajo a gentes de fuera así como a exhibir sus capacidades laborales. Solamente los más mecanizados o aquellos que no habían sido nunca previamente entrevistados seguían un proceso de explicación más confuso, que exigía ciertos momentos de silencio para que el informante ordenase sus ideas. Valga como ejemplo la larga contestación referida al proceso de construcción de alfombras en la Real Fábrica de Tapices de Madrid:
Bueno. En principio, pues para hacer alfombra lo que se necesita, ya sabemos, pues el telar, que son telares de alto lizo. Entonces lo primero que se hace es colocar la urdimbre. Urdimbre son los hilos verticales. Y estos hilos son de algodón. A continuación, una vez colocada la urdimbre, se pone el dibujo, que previamente se ha hecho sobre papel, detrás de la urdimbre y se calca. Y se calca, siguiendo el dibujo y marcando hilo a hilo. Es un proceso muy lento. Y a continuación ya, una vez colocao, se ha calcao el dibujo, pues ya se inicia la alfombra. Previamente se hace un tejido, que sirve de soporte para los nudos, y a continuación ya, pues nudo a nudo, se hace por filas, que el nudo es de lana, y luego, después de cada fila de nudos, se pasa un tejido por entre los hilos verticales, la urdimbre, y se aprieta con un [ruido:¿?]. Y realmente es ése el proceso. Y luego, bueno, eh... Según se va haciendo la alfombra, pues todo el dibujo no se puede hacer a la vez, se va enrollando en el cilindro de abajo del telar y se vuelve a [palabras incomprensibles] y así sucesivamente hasta terminar. Por lo tanto, los materiales son: algodón para la urdimbre, lana para el nudo y yute, el tejido que va después de cada fila de nudos.
Las preguntas pretendían recoger algo más que las líneas generales de la actividad, para poder enmarcar los sonidos recogidos en un contexto más amplio y significativo. También se preguntaron nociones espaciales, temporales y sociales, para ir más allá del mero hecho físico de producción fónica. La temática de nuestra investigación despertó a menudo el interés de los informantes hacia los fenómenos sonoros generados en cualquier actividad humana. El tejedor de La Iglesuela (Aragón) reflexionaba así:
Y todos hacen ruidos, todos, que trabajando se hace ruido, hasta con una máquina de escribir: tacatác, tacatác, tacatác. [...] Una guadaña hace ruido también hace [imita el sonido]; quizás segando con la hoz, ahí hace menos ruido, pero también produce sonido cuando choca la mies del puñao, con la, con el corte de la otra mies, ¿verdad? Y el movimiento ese pues hace ruido. Y trillando también se hacía ruido, los trillos sobre la parva y las pisadas de las caballerías [...] Como decíamos, la guadaña, la hoz, el azadón, la zada trabajando, el arado con mulas, todo el trabajo, cuando se trabaja hace ruidos.
En ese contexto sonoro, obviado porque evidente y omnipresente, los informantes descubrían con nosotros el conjunto de sonidos en el que estaban inmersos. Uno de los plateros de Sevilla (Andalucía) describía así su lugar de trabajo:
Pues los sonidos... son, eso... Sonidos de martillazos, de algo que estamos enderezando o lo que sea, ruido de esto, de... Por ejemplo la fragua, si esto que se hace en este taller es de mucho ruido. Luego muchas veces está la rebarbadora andando, la rotoflex, otro pegando martillazos, y luego para cortar. Pues eso, que se hace mucho ruido...
Aquí recuperábamos la frescura en la información, las dudas en la expresión y la riqueza léxicas de nuestros informantes que reflexionaban, ante nosotros, sobre un conjunto de sonidos que les eran familiares y significativos, pero sobre los cuales no solamente no se habían detenido a pensar sino que nadie les había interrogado.
La trascripción
Todas las entrevistas están siendo transcritas literalmente para su análisis, lo que no impide que se conserve la grabación original para los archivos de la investigación. La trascripción literal, ciertamente penosa y larga, permite sin embargo volver al texto para organizar las informaciones, categorizarlas e incluso verificar las hipótesis explicativas sobre el fenómeno sonoro que pretendemos estudiar. La ventaja sobre la toma de notas en el campo, e incluso sobre el relleno de encuestas con categorías cerradas es evidente, puesto que la recogida lo más integra posible de materiales permite varios acercamientos teóricos, mientras que la categorización in situ limita y determina los posibles análisis y correlaciones posteriores.
Monografías y análisis teóricos
La trascripción literal de las entrevistas, así como la de los videos, a la que me referiré inmediatamente, permite varias lecturas. Un primer uso puede ser la descripción de los fenómenos en monografías de cada proceso, cosa que estamos realizando en la actualidad, monografías que pueden ser ordenadas por temas, tipología de herramientas o materiales producidos o incluso por dispersión espacial. Esta presentación, en cualquier caso posterior a la tarea actual, dará paso a material susceptible de ser publicado. Otra posible ordenación de materiales recogidos pudiera ser la doble monografía, es decir referida a procesos tradicionales, conocidos por los informantes pero a menudo interpretados exclusivamente para nosotros, y los procesos actuales, realizados por los mismos operarios, en un contexto de producción económica. El paso de una a otra tecnología, la influencia de técnicas y hábitos anteriores sobre las acciones y productos actuales así como las justificaciones de tales variaciones, deben dar pistas de cambio de gran interés.
El empleo del video y otros materiales audiovisuales
Nos referiremos específicamente al empleo del video, en el que hemos participado directamente, ya que otros procesos de recogida audiovisual como fotografías o grabaciones fueron realizados por otros miembros del equipo. De manera general, el video fue empleado a continuación de la entrevista para recoger en acción lo que había sido indicado en la palabra. Dicha recogida solía coincidir en el tiempo y en el espacio con la grabación estereofónica y medición de niveles sonoros. El video, generalmente, recoge procesos completos, filmados siempre que sea posible con el gran angular, con planos fijos y modificando a todo caso la posición de la cámara para recoger todos los aspectos físicos de la acción como la posición de los pies. Estas filmaciones, de larga duración, superan en tiempo a las grabaciones sonoras de alta calidad, pero sirven a la vez para enmarcarlas. No hemos dudado, en la mayor parte de los videos, en incluir en el plano, de manera más o menos permanente, la visión de los micrófonos así como del medidor de niveles acústicos, con lo que no sólo tomamos constancia del hecho de la grabación sino que aportamos datos sobre sus condiciones (distancia, colocación, contexto, etc.). Los materiales fueron grabados, inicialmente, en una cámara portátil de sistema beta (media pulgada, doméstico). Más adelante empleamos una cámara de menor tamaño aunque mucho más eficaz (mejor imagen, mejor reproducción de color, sonido más fiel) de sistema 8. Con esta última cámara portátil hemos realizado la mayor parte de las grabaciones. Hemos utilizado indistintamente la velocidad normal de grabación o la velocidad lenta (y por tanto doble duración) pues aparentemente no afecta a los resultados tanto sonoros como visuales, excepto en condiciones críticas de iluminación. En cualquier caso las filmaciones no están tomadas desde una perspectiva cinematográfica, y por tanto con referencia a un lenguaje visual: se trata, como ya hemos señalado otras veces, de grabaciones, lo más objetivas posible, de la mayor duración, para recoger procesos a tiempo real y poder analizarlos en el laboratorio; tales filmaciones pueden servir, en contextos académicos y educativos, para comunicar e informar sobre procesos sonoros, pero difícilmente para fabricar con ellas una obra cinematográfica. Creemos que estos documentos, que intentan ofrecer los encuadres más amplios para ilustrar mejor la acción, pueden servir de base, no solamente para comprender el contexto de los sonidos grabados sino para conocer posiciones, movimientos y acciones en vistas a hacer un trabajo cinematográfico, léase un video-clip, un corto, un documental o una película de larga duración. Por el contrario, las obras elaboradas con una estética de la imagen, suelen usar acciones o hechos susceptibles de estudio desde una perspectiva sonora, pero los presentan desordenados, reconstruidos, reescritos, con finalidad estética y son por tanto poco útiles para la investigación y la documentación de actividades con efectos sonoros. No olvidemos que una de las características del cine es, a menudo, separar imagen real del sonido auténtico, reconstruyendo en el estudio de montaje orden y sonidos, a menudo poco relacionados entre sí.

Los resultados del trabajo

Objetivos generales del estudio
El proyecto de estudio del Patrimonio Sonoro, realizado como fruto de un feliz convenio entre el Ministerio de Cultura y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en su Instituto de Acústica, pretendía la recogida, catalogación, análisis y publicación de algunos rasgos sonoros característicos de varias Comunidades Autónomas, en vistas a construir un primer Diccionario del Patrimonio Sonoro. A continuación figura una larga serie de monografías, relacionadas con diversos paisajes sonoros recogidos en las Comunidades Autónomas de Madrid, Andalucía, Aragón y la Comunidad Valenciana. Se pretendía recoger diferentes paisajes sonoros característicos, con cierta preferencia hacia los producidos por tecnologías, oficios o actividades tradicionales en peligro de desaparición, así como aquellos generados en entornos más o menos naturales. El trabajo realizado no se limitó a artesanos puros, esto es a aquellos que emplean tecnologías tradicionales, conceptos todos ellos que indujeron, en los primeros meses de la investigación, a cierto confusionismo metodológico, que creemos haber resuelto en un apartado anterior. A veces se recogieron artesanos, y otras veces se grabaron pequeños industriales (los límites son a menudo imprecisos). El conjunto de monografías, sobre todo, se relaciona con una serie de actividades actuales, con raíces más o menos históricas. Por ello, junto a técnicas obsoletas se ha grabado y recogido una serie de sonidos procedentes de maquinaria más moderna, pero a menudo bien engarzada con los procesos y los productos consuetudinarios. Desarrollaremos a continuación una serie de reflexiones y análisis producidos desde una óptica antropológica, es decir desde los aspectos culturales de la cuestión. Trataremos de introducir, en la "objetividad" de los datos recogidos, la "subjetividad" de las interpretaciones y vivencias de los sonidos para sus protagonistas. En efecto, para los antropólogos, en un primer nivel de análisis, los sonidos carecen de significados comunes, universales. Solamente los conjuntos sonoros, considerados en su contexto y desde la perspectiva de aquellos que los producen, tienen siempre la coherencia para construir más o menos elaborados procesos de comunicación.
Propuestas generales
Nuestra propuesta inicial era apuntar que los sonidos, especialmente en procesos tecnológicos, trascendían la mera necesidad técnica: la gente hace más ruido del necesario, por decirlo de manera llana, para expresar muchas cosas que solamente a través del trabajo de campo es posible descubrir. El sonido producido, los paisajes sonoros generados, no reproducen sólo "a veces" las contradicciones de los grupos que los producen; queremos sugerir que los sonidos producidos reflejan siempre las grandes tramas de la vida humana así como sus contradicciones: modos de concebir y medir el tiempo, de asignar categorías al espacio, de atribuir niveles y pertenencias sociales. En esta propuesta amplia, cultural, un sonido fuera de contexto no puede generar significados generales, valoraciones absolutas; para nuestra perspectiva el laboratorio carece de interés como medio de investigación, aunque parece preciso matizar las últimas afirmaciones: no pretendemos, desde la antropología, negar la validez de otros enfoques metodológicos. Pero creemos que exagerando la importancia del contexto aportamos otra perspectiva, a veces contradictoria pero nunca substitutoria, para comprender, conocer, valorar y reproducir ese fenómeno tan volátil, insistente, repetido y lleno de mensajes como es cualquier de los paisajes sonoros recogidos a lo largo del territorio del Estado Español. La ocupación sonora del espacio comunitario no sólo está motivada por necesidades tecnológicas sino por causas culturales: comunicación de prestigio, de poder o de valores propios del grupo que emite los sonidos; aceptación, integración o rebeldía ante el paisaje sonoro producido por otros, cuyo conjunto de valores es considerado como comunicación, como contexto necesario e inmodificable o como agresión. Los sonidos producidos trascienden la mera actividad del productor e informan, más o menos voluntariamente, sobre su eficacia o capacidad laboral. Los sonidos actualmente producidos tienen a menudo justificaciones lejanas, especialmente debidas a tecnologías abandonadas: así los golpes de martillo efectuados por algunos herreros sobre la fragua señalan al compañero, fallecido hace años, que dé su golpe sobre la pieza. Aunque las técnicas y los materiales han cambiado, la inercia u otras causas, motivan la mezcla de gestos que revelan tecnologías anteriores. Sin embargo muchos gestos tradicionales, relacionados con las anteriores tecnologías, irán desapareciendo poco a poco, vacíos de contenido y de motivación tecnológica.
La Artesanía
Las informaciones recogidas han dado pistas sobre el estado actual de la artesanía: la concepción de lo artesano, que no parece reñida para los informantes con el empleo de tecnología industrial (motores eléctricos, soldadura que produce quemaduras por rayos ultravioleta, martillos electromecánicos) así como su personal visión económica del mundo. La motorización parece positiva, en cuanto quita esfuerzos, pero hay una gran desconfianza hacia la tecnología, que valoran inferior a la experiencia. Su trabajo sufre también concepciones contradictorias: se auto valoran, sobre todo porque piensan que es preciso una gran pericia para hacer lo que ellos hacen, pero desprecian su tarea, que consideran siempre mal pagada, mal considerada y dificultosa. Seguir de artesano, para los jóvenes y para los que dejaron ese trabajo, es una maldición, de la cual no se puede huir a menudo; si pudieran, osaran y supieran, dejarían la profesión que les oprime. Su trabajo está mal relacionado con las estructuras oficiales: temen a Hacienda, no están en la Seguridad Social y si pueden siguen en el paro. El trabajo negro rebosa, y flota en los talleres una negra resignación. Otra contradicción: el presunto apego a la tradición, y la constante referencia al cliente: parece evidente que ahora -como siempre han hecho los artesanos, creer lo contrario es ilusorio-, a pesar de la referencia a lo artesano y lo antiguo, se está en un mercado y es la oferta la que marca la evolución o la regresión de formas, materiales o tamaños.
El ruido como agresión
El "ruido", como tal, desde una perspectiva antropológica, no existe. Pudiéramos apuntar una posible ley: Ruido es lo que producen los otros
Nuestro reciente contacto, multidisciplinario, con artesanos y otros productores, más o menos manuales y voluntarios de sonidos potentes, nos confirma esta "ley": cuando uno trabaja o se distrae, produciendo elevados niveles sonoros, siente incluso placer si controla el ritmo y la intensidad de los golpes. A veces modifica la resonancia para producir lo que él considera "más armonioso", pero sólo se quejará y se sentirá agredido si son "otros", incluso sus compañeros, los que teclean, martillean o simplemente caminan. Como corolario de la anterior "ley" podríamos añadir que "los sonidos son considerados como ruido, y por tanto como agresión cuando son producidos en un contexto cultural diferente". El sonido, a menudo necesario tecnológicamente, producido por uno mismo o un compañero, solamente es "ruido" si es desacompasado o irregular. Esto es, si no sigue las normas, tan sutiles y subjetivas, del grupo laboral. "Ruido", por tanto, que caracteriza la actuación de los que no saben o que están aprendiendo, de los que todavía son "los otros" y no "nosotros".
Lo sonoro, un hecho subjetivo
Lo sonoro, su trascendencia y su información, se convierte en un hecho subjetivo, cargado de datos para el grupo que lo emplea. Pudiéramos proponer otra ley: "Los hechos sonoros son coherentes con la cultura (en sentido amplio) del grupo y revelan sus modos de ver y verse, de creer, de organizarse, de vivir." Lo sonoro puede ser comprendido como algo coherente: solamente arremete "hacia afuera" o "desde fuera", y refleja la cultura y también la tecnología y la relación del grupo con la Naturaleza. Sospecho que los niveles sonoros producidos por un hecho tecnológico "necesario" no son "objetivos"; parece haber un control, siempre voluntario aunque no siempre consciente, del "ruido producido". A veces se pega más fuerte para significar que se está trabajando, a veces se amortiguan los golpes para no "molestar" y siempre parece que se añada algo más (o menos) de lo necesariamente sonoro. Los sonidos producidos en una tecnología cualquiera revelan, por tanto, no sólo el necesario nivel generado por cierta maquinaria, sino los ritmos, los descansos o incluso los estruendos, fruto de una tradición, de una historia personal y grupal.
La diferenciación sonora
Una pregunta constante -la posibilidad de reconocimiento de la actividad y de la personalidad del que produce el sonido- fue casi siempre contestada con la negativa. Solamente -y no es ninguna curiosidad, es quizás la verificación que la experiencia también existe- los más viejos, y que tratan con una tecnología más manual -y por tanto más dependiente de la habilidad personal- supieron responder. Los demás afirmaban -y fueron casi todos- que necesitaban ver para interpretar el sonido. Del mismo modo, otra pregunta ideal fue contestada con la peor de las respuestas: los pastores no reconocían las esquilas, solamente sabían orientarse por su sonido, que consideraban necesario para el ganado. Aún así y todo, puede que haya algo: si los compradores de las esquilas quieren unas y no otras… ¿será que las hay que corresponden a su ideal sonoro? No podemos responder a eso. Pero unos y otros parecen reconocer -en caso de esquilas o de máquinas- cuales son buenas y malas, cuando funcionan bien o van mal, y esa es una interesante referencia que será preciso profundizar. ¿Existe un mecanismo que desinhibe la atención cuando un sonido es "normal" y la atrae cuando es "distinto" -y por tanto denota una avería o un mal funcionamiento?
Lo sonoro como marcador comunitario
Los trabajos actuales, los sonidos producidos, revelan, de forma más sutil, las divergencias actuales: no es una sociedad tan compacta como la tradicional -que debió ser más invertebrada de lo que imaginamos- y todo esto se revela en los sonidos producidos. Sin embargo los actos rituales (el entierro de Galicia o las Fallas y procesiones valencianas) denotan que, en momentos colectivos, se construyen unos ritmos comunitarios, se marcan, sonoramente y con otros medios, espacios y tiempos comunes. También es cierto que esos tiempos especiales, esa diferente ocupación del espacio, no es compartida "nemine discrepante" como antes, pero se convierte en mayoritaria, o al menos en expresiva de mucha más gente de la que pudiera parecer a los que vienen de fuera o a los que viven en una ciudad cualquiera sin entroncarse con sus tradiciones presentes.
Alfareros
Según FERNÁNDEZ MONTES y OTROS (1987) había ciento cuatro centros alfareros documentados en Andalucía, de los que quedaban en activo sesenta hacia 1979. Su desaparición por centros de producción y no por comarcas permitió a los autores reconstruir en gran parte el trabajo de estos artesanos que fabricaban artículos para el consumo doméstico, de baja calidad y poco precio. La materia prima es la arcilla, de origen local, dispuesta en diversas composiciones según el uso y el producto, y amasada, tras un proceso de decantado, en forma de pellas que son llevadas al torno para el modelado de las piezas. Los tornos son de tres tipos, en el que destaca el hundido (1987:248):
En el torno hundido el mecanismo básico se aloja en un hueco excavado, quedando la cabeza [o rueda superior, de menor tamaño] al nivel del suelo, y la superficie del hueco parcialmente cubierta con tablas a modo de mesa. Este torno, de clara tradición árabe se localiza [...] sobre todo en Sevilla, por lo que pensamos que en períodos anteriores pudo tener una dispersión mucho más amplia por toda Andalucía.
El proceso de modelado se realiza manipulando la pella, gracias al impulso de la rueda del torno y a la presión de la mano que realiza las formas deseadas del barro. Para FERNÁNDEZ MONTES y OTROS (1987:250):
El proceso de modelado tiene una serie de fases genéricas, independientes de la pieza a modelar. Tras colocar y centrar la pella sobre la cabeza "se abre (jorar)" por su parte superior hasta formar un cilindro hueco y "se extrema el hondón", es decir se calibra el grosor y la anchura interior de la base de la pieza introduciendo el puño más o menos cerrado. El perfil del cuerpo se consigue por medio de sucesivas "tiradas", presionando y haciendo subir el barro con una mano por dentro y otra por fuera del cilindro; la mano del interior siempre está flexionada presionando con los nudillos, y según que al exterior se trabaje con los nudillos, la palma de la mano o la "caña" se distinguen tres tipos de tirada ("de nudillos, de palma, de caña"). El cuello y la boca se modelan a partir de una pequeña reserva de barro ("llave") que se dejó en la parte superior del cuerpo al modelar éste. Finalmente se pule la superficie exterior de la pieza con la caña y el borde de la boca con una tela humedecida ("alpayata"), y se recorta el barro sobrante de la base para facilitar el retirado del torno. La separación de la pieza del torno puede realizarse cortando la base con un hilo ("torzal"), o bien espolvoreando ceniza en el centro de la cabeza, de modo que al recortar el barro sobrante en la base la pieza queda despegada.
La pieza pasa luego a un proceso de secado y a la cocción en diversos hornos según las zonas. La desaparición de alfares se ha dado precisamente en el valle del Guadalquivir, por la producción de piezas de consumo, de baja calidad:
El valle del Guadalquivir es la zona con la más alta densidad de alfares, aunque también la más afectada por la desinstitución del oficio. Esta situación se debe en gran medida a la pobreza de las técnicas y lo limitado de la producción, obra blanca estrictamente funcional, que no ha podido adaptarse a las exigencias estético-decorativas del mercado actual.
Un taller de alfarería en Sevilla
El taller de cerámica donde se realizaron las grabaciones se encuentra en Triana y está sufriendo lo que los autores precitados llaman un agudo proceso de desinstitución: es un lugar donde apenas realizan piezas, donde no hay más que ancianos que no quieren deshacerse de lo que fue su vida pero que ya ha fallecido antes que ellos:
Aquí lo que se está haciendo es de todo, todos los encargos que se hacen, antes estaba al por mayor, pero hora, como no hay personal para que trabaje la rueda, se hacen cuatro encargos, cuatro cosas… Ahora se están haciendo unas tejitas de estas de diez y siete centímetros. Bien. Otras veces son macetas, macetas estilo coco, otras cosas.
De manera especialmente emotiva se expresa la anciana propietaria, hija y nieta de alfarero, que asocia sonidos y acciones con un tiempo y una prosperidad irremediablemente idas:
¡Que, que no perderlo! Que las lágrimas se me saltan Es una cosa de cariño y halago de familia. Que yo ná mas que hablo de esto lloro.
Cabe notar la presencia de dos o tres tornos hundidos, que quedan justificados porque, cuando están inactivos, si se cubren con tablones no ocupan ningún espacio muerto. Antiguamente los tornos, que ellos llaman "la rueda", eran manejados, según su expresión, por oficiales que alternaban uno u otro pie para no cansarse excesivamente:
Le da usted con este pie, mientras que ahí hay un palo, que es el estribo, se llama el estribo, un palo ahí que cruza, en el cual el oficial está sentao; como él se apoya el pie aquí y le da con éste, y cuando se cansa pues descansa éste y le da con éste.
El torno donde se realizó la recogida tiene instalado un motor eléctrico con un pedal de embrague que permite modificar la velocidad de rotación sin tener que esforzarse:
Éste es mas "Dale, que te pego", y el otro es más cómodo. No es lo mismo mover la rueda con el pie que moverla con un motor. Para el trabajo exactamente igual, lo único que es más cómodo. Él lo calcula al ritmo suyo, porque le apreta más el embrague o no... Pero la posición de él les la misma, no varía; varía la fuerza de tracción.
El trabajo realizado con motor o con el pie no se diferencia:
No, porque no tiene que ver una cosa con la otra, porque se trabaja exactamente igual, con el eléctrico que con el manual. Nada, son las manos las que trabajan, lo que hace la pieza son las manos; el pie no, el pie lo que hace el darle, servir de motor.
Sin embargo el sonido difiere algo, ya que el motor produce un rumor continuo que suena más pero se nota menos; el informante dice que "se siente":
Se siente el motor... Es más agradable el motor. Sí, porque el motor no suena, es un ruido constante, como el reloj de usted, sólo una miquita y el otro es que es un movimiento más parado, ese ruido que hace el eje, al rozar sobre su base, ése, y las patas de detrás. Pero luego en el motor es como si tuviera un embrague, y ese es el que hace un movimiento más continuo.
A pesar de las constantes preguntas, que en esa primera fase del proyecto eran casi obsesivas, intentando que el informante verbalizase como reconocía la fase del trabajo según los sonidos escuchados, apenas se recogió nada que denotase tales diferencias sonoras; a todo caso los trabajos con piezas pequeñas producirían sones más constantes y los realizados con piezas grandes más irregulares:
Si lo que hace es un cacharro pequeño, entonces el movimiento puede ser más seguido; ahora, cuando la pieza es ya mayor, el movimiento hay que variarlo, porque la pieza grande precisa más paralización, por la obligación de mano… Si la pieza es mayor, más lento. Hay menos sonido, lo que precisa es más fuerza. Precisa más fuerza el que lo trabaja; que el torno, el torno al revés, menos fuerza.
Lo que parece más significativo es el control de la velocidad, diferente según la fase del trabajo; esa distinta fase podría significar alguna variación sonora:
Porque eso depende de la velocidad que vaya la rueda, o sea que cuando va a terminar una pieza no es lo mismo que cuando la están empezando. Cuando está empezando seguro que lo hará un poquito más rápido que cuando está terminando, que se te puede ir el trabajo; hay que parar un poquito