La piedra en seco: la construcción de los paisajes tradicionales


Fotografia Francesc MIRALLES - Vilafranca (2002)

La piedra en seco: la construcción de los paisajes tradicionales

A menudo se consideran los paisajes como “naturales” cuando no ha habido intervención humana, y “modificados”, cuando las personas han dejado su huella. Esta simplificación nos llevaría a descartar el territorio valenciano, en cuanto está formado, en su práctica totalidad, por paisajes construidos, adaptados, modificados y utilizados. Probablemente uno de los mejores puntos de encuentro de ambos conceptos, aparentemente contradictorios (lo “natural” frente a lo “humano”, lo “salvaje” frente a lo “construido”) sean aquellos paisajes de piedra en seco, que se extienden por toda la Comunidad Valenciana.

Se entiende por “piedra en seco” la técnica de construcción tradicional que utiliza únicamente piedras sin ningún tipo de mortero o de aglutinante para su fijado. Es cierto que a veces utiliza tierra o pequeñas piedras para nivelar las grandes piedras pero siempre como pequeñas calas. Las piedras así ensambladas se sostienen por su propio peso. Tampoco vale la utilización de troncos, cañas u otros vegetales para sujetar las piedras. En resumen, es una técnica que aprovecha las piedras existentes en el lugar, a veces con su misma forma, a veces desbastándolas, e incluso a veces tallándolas ligeramente, para construir paisajes, para habilitar edificios, para humanizar territorios. En consecuencia, esos mismos territorios “salvajes”, empleando cosas “naturales”, se convierten en “construidos”, en “humanizados”, gracias al esfuerzo de muchas personas, a lo largo de siglos.

La utilización de la piedra en seco tiene varias causas: por un lado la necesidad de organizar campos, caminos y límites territoriales, mediante el material que se tiene más a mano. Por otro lado, la amortización de esas piedras, a veces existentes en exceso en algunas zonas de la Comunidad Valenciana. Y finalmente la combinación de materiales sobrantes y de conocimientos para hacer refugios y otro tipo de construcciones en paisajes sujetos a unas condiciones meteorológicas adversas.

La utilización de la piedra en seco como técnica de construcción y de ordenación del territorio se extiende por todas las zonas montañosas de la Comunidad Valenciana, pero podríamos hablar de dos núcleos, al sur y al norte, con características más destacadas.

Por un lado están las construcciones de la Marina, donde hay enormes muros de piedra en seco, algunos de gran altura (diez, quince metros), que sirven para construir terrazas y crear nuevos campos de cultivo. Muchos ellos se encuentran abandonados, por su inaccesibilidad sin caballerías o por su escaso tamaño, como todas aquellas terrazas próximas a Benissa, y que conforman un paisaje muy característico a ambos lados de la Autopista A7. Pero la construcción y el mantenimiento de estas terrazas sigue en activo en muchos otros lugares, como Callosa d'En Sarrià, donde hay varios grupos de constructores de estos márgenes de piedra en seco. Su trabajo se ha revitalizado en los últimos años, por un doble motivo: los nuevos habitantes de la zona, turistas permanentes venidos del norte de Europa, aprecian, valoran y pagan ese tipo de construcción para sus segundas residencias. Por otro lado los agricultores, que optaron hace unos años por hacer muros de contención de cemento, se dieron cuenta que éstos se construyen en menor plazo y se mantienen en pie aparentemente mejor que los de piedra, pero a medio plazo revientan por la presión del agua de lluvias torrenciales. Los de piedra en seco, por el contrario, retienen la tierra y dejan pasar el agua cuando ésta es excesiva.

Hay otra zona donde la piedra en seco construye los paisajes de manera espectacular: se trata del norte de la Comunidad Valenciana, en territorio compartido por las comarcas de Els Ports y del Maestrat, tanto Alto como Bajo. En aquellas zonas el exceso de piedras se utiliza para componer caminos públicos o privados, para dirigir el curso de los torrentes y de otras corrientes de agua, para edificar diversos edificios para proteger personas, animales o herramientas. En este sentido, y retomando el discurso inicial, es difícil plantear cuando un paisaje deja de ser natural, aunque sea construido, si utiliza los medios más próximos, las piedras, aunque eso sí, ordenadas y dispuestas.

Fotografia Francesc MIRALLES - Vilafranca (2002)

El proyecto “Parcours de pierres”

Dentro del programa “Europa 2000” de la Unión Europea, la Dirección General de Patrimonio Artístico ha participado, junto con representantes de otras cuatro comunidades autónomas europeas, en el proyecto “Parcours de pierres”, que ha querido dirigir la mirada hacia este patrimonio tradicional, a medio camino entre la cultura y la naturaleza. Por parte de Italia participaron sardos y ligures; por Francia los provenzales mientras que aragoneses y valencianos lo hacían por España, con la participación añadida de técnicos mallorquines.

El proyecto ha tenido tres aspectos que queremos destacar: la restauración de elementos patrimoniales en piedra en seco, la puesta en valor de recorridos así como la realización de una exposición y la publicación de un libro que contiene todas las experiencias recogidas.

El socio principal del proyecto fue “La Provence Verte”, un conjunto de poblaciones provenzales del interior de la Costa Azul, y otros socios participantes fueron “La Comunità Montana dell'Olivo” ubicada en el interior de Liguria, y la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Generalitat Valenciana. Como asociados participaron el Ayuntamiento de Montalbán (Aragón), un conjunto de ayuntamientos de Cerdeña y los ayuntamientos de Ares del Maestre y de Vilafranca (Comunidad Valenciana).

Fotografia Francesc MIRALLES - Vilafranca (2002)

La restauración de la piedra en seco

Lo mismo aragoneses, como provenzales, ligures y sardos tuvieron que recurrir a especialistas externos para la restauración de su patrimonio en piedra en seco. Muros, casetas, hornos de cal o conjuntos apícolas fueron considerados, casi, como objetos arqueológicos, y fueron restaurados gracias a los especialistas formados por FODESMA, un organismo del Consell de Mallorca. Esta experiencia sirvió, al menos en Aragón y en Provenza, para la formación de especialistas locales en la reparación de trabajos de piedra en seco.

En la Comunidad Valenciana la actuación sirvió para dos cosas: no sólo para recuperar patrimonio sino para valorar el trabajo, callado y desconocido, de especialistas, que han visto así reconocido un conocimiento multisecular, que sigue activo. Un grupo de albañiles especializados de Vilafranca, por impulso del Ajuntament de Vilafranca, y con el apoyo económico de la Dirección General de Patrimonio Artístico, realizaron, en los cuatro meses de verano del año 2002 una caseta de piedra en seco, de grandes dimensiones (unos 8 metros de diámetro, cuando lo usual es la mitad), ubicada en un parque que se encuentra en la salida de Aragón, hacia el Santuario del Llosar. La construcción de este edificio nos ha servido para aprender muchas cosas. Por un lado hemos conocido el conocimiento, es decir se ha recogido en vídeo el proceso de construcción de la caseta, dejando que las imágenes sustituyan a las palabras, y mostrando el complejo proceso de ir elevando los muros, acercándolos hasta cerrar la planta circular del edificio. Pero sobre todo hemos conocido a los transmisores del conocimiento: gente normal, que conoce su oficio, y cuya actividad nos ha servido para descubrir su existencia entre nosotros. Por ello, tan importante como la propia caseta es el descubrimiento de los constructores que siguen, hoy mismo, utilizando sus técnicas, para componer y reconstruir un patrimonio en constante adaptación al medio. El vídeo, de casi veinticinco minutos de duración, cuenta el proceso desde el principio hasta el final, y muestra a través de gestos y de palabras, la manera de utilizar las piedras hasta convertirlas en monumento. Este vídeo ha sido producido por la Dirección General de Patrimonio Artístico en colaboración con PYRENE de Huesca, una conocida empresa editora de casi doscientos audiovisuales al año, de tema exclusivamente etnológico.

Fotografia Francesc MIRALLES - Vilafranca (2002)

Los recorridos

El recorrido es una manera concreta y directa de apropiarse del patrimonio: de hecho para participar de un bien cultural es preciso experimentarlo, de una u otra manera. Para comenzar a conocer estos impresionantes paisajes de piedra en seco, se propusieron dos recorridos muy diferentes. En Ares del Maestre hay uno que, saliendo del pueblo, y dejando a la derecha el Barranc dels Molins, asciende por la Mola de Ares, hasta llegar al Pou de Neu. Este edificio, de finales del XVI, servía para recoger la nieve caída en invierno y conservarla para su posterior utilización en el verano. Es sabido que, en nuestra tradición, no se buscaba guardar hielo, sino nieve, más esponjosa y suave, propia para helados y sorbetes y también para curar ciertas enfermedades (por ejemplo para bajar la fiebre). A lo largo del recorrido se ven innombrables terrazas de piedra seca, que configuran uno de los paisajes construidos y al mismo tiempo naturales con más fuerza. No sólo hay terrazas: también edificios para guardar el agua o para protegerse de la intemperie, y que aquí se llaman barraques.

Por el contrario, en la vecina Vilafranca, que ya forma parte de la comarca de Els Ports, los edificios, de planta circular o cuadrada, reciben el nombre de casetes, y están construidos íntegramente con piedra en seco, hasta el dintel de la puerta (que en otros lugares sería formado por fuertes troncos). En el término municipal hay alrededor de un millar de estos edificios. Pero hay otro elemento patrimonial que aún destaca más en el paisaje, y es la multitud de muros de piedra en seco que tienen diversos cometidos: por un lado sirven para marcar los límites, tanto de propiedades públicas como privadas, así como de términos municipales; por otro lado sirven para controlar los ganados, tanto dentro de los campos, evitando que pasen a otros, como en los caminos, llamados veredas, assagadors u caminos, según su tamaño y su titularidad pública o privada. Los muros de piedra en seco, de los que hay más de mil kilómetros en el término municipal, tienen otro importante cometido: el control y almacenamiento de las piedras que, por millares, se encuentran en los campos cada vez que pasa el arado. Sólo esto justifica algunos muros de dos y tres metros de anchura, que siguen creciendo cada año, y que sirven también para condensar las humedades de la noche para aprovechar las escasas gotas de agua producidas.

El ingenio de los constructores, la excesiva abundancia de piedras, y el desarrollo de la técnica, multiplicaron los usos de la piedra en seco, creando por ejemplo contadores de ganado, mediante pequeñas aberturas en los muros, o caminos que cruzan barrancos, y sin embargo resisten el paso de las aguas gracias a pequeñas ventanas en las paredes. También se disponen losas horizontales, enclavadas en el muro, para permitir el paso de personas, de una terraza a otra, impidiendo sin embargo el movimiento de animales, que solo es posible mediante unas rampas construidas al efecto. Los caminos que cruzan barrancos disponen igualmente de losas dispuestas verticalmente, clavadas en el suelo, para resistir mejor el embate de las aguas.

Fotografia Francesc MIRALLES - Vilafranca (2002)

El libro y la exposición

El resultado técnico más destacable de este trabajo colectivo ha sido la redacción de un libro, y de una exposición, que utilizan las tres lenguas del proyecto: español, francés e italiano. La exposición muestra, a través de veinte paneles, una visión de conjunto de la piedra en seco desde la antigüedad hasta nuestros días, y luego se detiene en las características de las construcciones y paisajes de cada uno de los cinco territorios implicados en el “Parcours de pierres”. La exposición consta igualmente de doce maquetas, realizadas precisamente con pequeñas piedras de cada uno de los lugares representados, para acercar aún más al aspecto original. Existen cinco ejemplares de la exposición, en cuanto a paneles (uno para cada una de las comunidades autónomas participantes) mientras que sólo existe un conjunto de maquetas, que irán desplazándose de una a otra muestra, hasta que cada una de ellas se deposite en el lugar de donde proceden.

El libro recoge todas las experiencias del proyecto, desde los textos teóricos hasta las descripciones locales, pasando por los trabajos de restauración realizados. Tanto por necesidades del programa, como para contribuir a reforzar la relación europea, el libro está igualmente redactado en las tres lenguas del proyecto.

Fotografia Francesc MIRALLES - Vilafranca (2002)

El futuro de la piedra en seco en la Comunidad Valenciana

El patrimonio de la piedra en seco, como otros tantos patrimonios “menores” valencianos pasa por diversos procesos para conseguir su normalización. Aclaremos en primer lugar lo que queremos decir con “patrimonio menor”, o sea aquel que no es reconocido como tal a primera vista. No olvidemos que el valor “patrimonio” es un valor añadido, que podríamos definir por una especial consideración ante bienes muebles, inmuebles o inmateriales, considerados en cierto momento de la historia de una comunidad como elementos inalterables y permanentes de su Historia e Identidad. A pesar de ello, el concepto va evolucionando, y ese valor añadido se va desplazando de unos objetos a otros, según la visión del mundo de la sociedad, lo que en Antropología se llama según la cultura de una comunidad en un momento dado de su historia.

Efectivamente, el primer paso es la valoración de estos paisajes construidos como parte integrante de nuestro patrimonio, no tanto desde un nivel jurídico o normativo, cuanto desde un reconocimiento social y técnico. Ese descubrimiento, esa mirada dirigida hacia lo que antes no eran más que piedras, supone, como siempre, un cambio de actitud, tanto a nivel personal como colectivo.

El paso siguiente es la integración de ese patrimonio, reconocido como una integración plenamente humana de lo natural, convertido en cultural por la acción de las personas. De ese modo, las nuevas autovías, las urbanizaciones, los campos de golf o simplemente los campos de cultivo, deben mantener esos paisajes de piedra en seco, que son “artificiales” por que fueron fruto de manos humanas, pero que son plenamente “naturales”, no sólo por los materiales empleados, sino por su adaptación paisajística; se convierte en natural lo construido por su perfecta integración al medio, por su sabia utilización de recursos locales, y por su mejor protección medio ambiental.

Pero no hay dos sin tres. No basta con reconocer, es decir con volver a descubrir los paisajes de piedra en seco, ni con integrarlos en las necesidades actuales. Es preciso prevenir su futuro, a base de asegurar su presente. Por eso la línea de subvenciones para el mantenimiento del patrimonio etnológico, iniciada por la Dirección General de Patrimonio Artístico debe ir acompañada por la integración de ese conocimiento (el trabajo de construir utilizando piedra en seco) en los ámbitos educativos y laborales. De poco serviría la voluntad de restaurar un margen sin nadie que supiese hacerlo, o de querer transmitir ese conocimiento, sin alumnos que encontrasen, en este campo profesional, una vía de trabajo, excelentemente remunerada por cierto. Por tanto, si mirando descubrimos, y si descubriendo cuidamos, y si cuidando abrimos una nueva vía de trabajo, plenamente tradicional, podremos asegurar los paisajes de piedra en seco, no sólo como un bien de interés arqueológico, histórico o emotivo, sino como una parte activa de nuestros paisajes del interior de la Comunidad Valenciana.


LLOP i BAYO, Francesc
(Generalitat Valenciana) (2003)
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    Última modificació: 18-10-2017