Paisajes sonoros festivos de los valencianos: anotaciones sonoras de la fiesta del Corpus

La ponencia que presentamos tiene dos partes claramente definidas: una primera, en la que se hacen reflexiones teóricas sobre el sonido, desde una perspectiva antropológica, y una segunda en la que se describen diversos paisajes sonoros valencianos, y muy especialmente los relacionados con la fiesta del Corpus. Nuestro trabajo no quiere dejar definitivamente cerrados los paisajes sonoros de los valencianos, sino que pretende por el contrario abrir unas vías de investigación totalmente sugerentes e inexploradas. Nuestra propuesta está relacionada con el disco "Paisatges sonors de la Ciutat de València", que se presenta al público en este mismo congreso.

Primera parte

El sonido: una necesaria presentación

¿Qué es el sonido? SCOTCH (1978) establece el siguiente PRINCIPIO GENERAL

Sonido es la sensación producida en el oído por un movimiento vibratorio de un cuerpo.

Por tanto sonido es la sensación que produce en el oído una vibración. ¿Es precisa la existencia del oído para que haya sonido? Podríamos entrar en una vieja discusión, a menudo filosófica, que planteaba que la caída de un árbol, en medio de una selva virgen, no producía sonido puesto que no había nadie para escucharla.

Para la existencia real y verdadera de sonido, es preciso que un objeto vibre, y que un medio (aire, agua, otro objeto) sea capaz de conducir esa vibración, haya o no oyentes. La matización es importante: si admitimos que es necesaria la existencia del receptor para que haya sonido, estaremos dirigiendo el interés hacia las molestias o las influencias que puedan causar, en los oyentes, los sonidos producidos por otros. Si nos preocupamos más por el objeto que vibra, y sobre todo por el agente que ha sido capaz de hacerlo vibrar, estaremos propiciando la atención hacia los emisores, hacia los significados, hacia lo que ellos quieren expresar (si es que quieren algo) al hacer sonidos. Nuestra opción se dirigirá hacia los que producen el sonido, intentando ir más allá de la mera generación sonora, para tratar de entender a esos creadores sonoros.

El sonido efímero e irrepetible

El sonido tiene una duración instantánea: por el mero hecho de existir, el sonido está desapareciendo. El sonido es el fenómeno natural efímero por excelencia. La imagen persiste; los olores tienen cierta duración, a veces secular; el sonido viene y va, sin detenerse.

Como hemos apuntado en otros lugares [LLOP (1984b)], el sonido, que no podía ser conservado ni reproducido hasta tiempos muy recientes, era, o por lo menos intentaban que lo fuera, controlado en su emisión: las ordenanzas municipales, por ejemplo, marcaban límites temporales, espaciales y sonoros muy precisos, de acuerdo con los usos, costumbres y creencias de aquellos que las redactaban.

La presunta "alta fidelidad"

La grabación, primero en cilindros de cera, luego en discos y más tarde por procedimientos magnéticos, posilitaba, aparentemente, la reproducción a voluntad de los sonidos, cada vez a más "alta fidelidad". La idea, tan sugerente, necesita ser revisada. Si consideramos al sonido como el simple fenómeno físico, que necesita que un objeto vibre, que un medio transmita esas vibraciones, y que otro objeto sea capaz de captarlas de algún modo, poniéndose a vibrar a su vez, la "alta fidelidad" es un ideal cada vez más cercano, con las tecnologías digitales, que son capaces de reproducir, sin la menor distorsión, las frecuencias que recogieron sofisticados aparatos. Pero si proponemos que el sonido, para ser comprendido en su integridad, necesita ser encuadrado en un contexto muy amplio, al sacarlo de su situación, al mejorarlo, al disecarlo, la presunta fidelidad física creciente va acompañada de un mayor empobrecimiento en cuanto a significado. En sentido extremo, y así parecen confirmarlo las tendencias discográficas actuales, la llamada "alta fidelidad" reúne sonidos artificiales, manipulados, imposibles de ser encontrados en la vida real. Dice MAURICE ANDRÉ, entrevistado por MUÑOZ (1987):

Y si hablamos del estéreo, de la estereofonía? Yo tengo amigos en Paris, ingenieros, que me han dicho siempre que el estéreo es falso y yo estoy de acuerdo. No se escucha nunca un concierto con unas voces aquí y otras allá. Es siempre monoaural. El estéreo da aire, grandeza a la grabación, de acuerdo, pero es falso. En una sala de conciertos, especialmente cuanto más hacia atrás, se oye todo mono. Se pueden oír sonidos algo separados pero muy poco. Un director de orquesta, como Karajan, cuando quiere oír en un ensayo como suena la orquesta se va al fondo de la sala. Para oírla en mono. Y todas las grabaciones se hacen en estéreo; creo que es ridículo.

Las grabaciones parciales, las distorsiones, los montajes, crean quizás "otra" fidelidad, pero nunca la "fidelidad real" llena, dicen, de "ruidos", esto es de informaciones enriquecedoras y complementarias, contradictorias, y no siempre coherentes para los receptores.

Algunos informantes grabados en un contexto real no aceptaban la grabación porque transmitía la práctica cotidiana, con todas sus trampas e imperfecciones y se quejaban porque, de estar avisados, se hubieran esmerado más. La "alta fidelidad" suponía, en este caso, la interpretación y la recogida no de unos sonidos reales (todo sonido, por el hecho existir lo es), sino la ejecución de unos trabajos cuidados, parciales, más cercanos al ideal que a lo cotidiano.

Esta anécdota, engarzada con la presunta "alta fidelidad" nos recuerda la doble existencia de mundos y comportamientos ideales y de actuaciones reales, contradictorios los unos con los otros pero siempre relacionados.

Hemos corrido, quizás, demasiado. El sonido es efímero, y prácticamente irrepetible. Aunque se pueda grabar, conservar, repetir (lo cual constituye, que sepamos, un logro muy reciente dentro de la Historia de la Humanidad) parecería que la llamada "alta fidelidad" no sería más que una propuesta ilusoria: lo sonoro sería algo más que esas vibraciones de las que hablábamos al inicio y que excitaban al oído; el sonido fiel solamente sería aquel fenómeno efímero e irrepetible que flota, apenas un instante, cerca de los objetos que vibran.

Silencio y ruido: significados polivalentes

Ni el silencio ni el ruido tienen una lectura única en cualquier ocasión: numerosos textos, de distintos orígenes, nos muestran que ambos polos opuestos de lo sonoro tienen diversas interpretaciones según el contexto en que se realicen.

Se dice que "cuando el río suena agua lleva" significando que los rumores van asociados a noticias ciertas, pero en Xàtiva (Comunitat Valenciana) dicen que "quan més roïn és lo nou, més soroll remou". También se dice que "un vaso lleno suena menos que uno vacío" [ANONIMO (1988)] o que "los ríos más profundos son los que corren con menos rumor" [CURTIUS (1988)]. El ruido puede ser la mejor propaganda [FRANKLIN (1988)]:

El ruido de tu martillo a las cinco de la mañana o a las nueve de la noche, si lo oye tu acreedor, le deja tranquilo por seis meses más.

El silencio puede significar manipulación, insidia. Dice G.,J. (1978):

LA PROPAGANDA es lo contrario de la artillería, cuanto menos ruido hace, más lejos llega.

Muchas citas se podrían recoger relativas al silencio y a la existencia. Así RAFARAMOS (1987) dibuja su "Felis, el león vegetariano" dando unos imponentes rugidos, lo que explica su leona diciendo que "Tranquilos, tranquilos, a veces tiene que demostrarse a sí mismo que existe, haciendo ruido." Algo similar escribe GUERRA GARRIDO (1985): "Se ama el ruido y se teme la soledad." Y aún más: LORENZ (1985) escribe: "La necesidad cada vez más acuciante de ruido sólo se explica por la necesidad de sofocar alguna cosa."

Una impresionante pintada, anónima naturalmente, recogida cerca de la Església del Salvador en València dice

EL SILENCIO ATURDE

Por el contrario se dice que el silencio es el medio de comunicación entre amigos. Para LEE (1989):

Los silencios constituyen las auténticas conversaciones entre amigos. Lo que cuenta no es lo que se dice, sino el no tener nunca necesidad de hablar.

El silencio puede encubrir los peores deseos [GIBRAN (1988)]: "El silencio del envidioso está lleno de ruidos."

A veces se da un significado jocoso, y no menos verdadero, a paisajes sonoros muy concretos. Así dice HEINEMANN (1978) ME PARECE muy apropiado que al comienzo de una cacería se dé a las liebres y a los faisanes la debida advertencia mediante toques de trompeta.

Algunas metáforas relacionadas con lo sonoro sirven para referir experiencias vitales, como C.C.,O. (1978): ASEGURAN que el sonido viaja mucho más despacio que la luz, y es cierto. A veces, lo que uno les dice a sus hijos cuando son adolescentes no llega a sus oídos hasta que pasan de los cuarenta.

Se dice que el "Ruido Sagrado" es el exponente máximo de todo poder, divino y humano, y atributo de aquellos que tienen autoridad. La experiencia superficial parece demostrarlo, como escribe en un jocoso artículo HUESO i ROIG (1988), refiriéndose al reparto de bizcochos entre los asociados a una fiesta de calle de València. Dice así, respetando su peculiar ortografía: Els associats, son o eren de dos categories, diriem de primera i de segona, segons la quota que satisfagen semanal o mensualment? Pero, sobre tot, se'ls obsequia en una gran tortà de bescuit? Una charanga o tabalet i dolçaina van acompanyant a la Junta en les seus distribucions per les cases. Segons la categoria sempre, als primers, gran i lo fruit confitat, i als de segona, chicotets i sense decoracio. I una atra diferencia mes a destacar, a l'aplegar front a la casa de l'associat, el director de la charanga consulta en una mirada a l'encarregat del repartiment. ¡Pera! crida éste, i a la consigna, la charanga s'organisa en corro, i el director, batuta en l'aire, energicament, interpreta musiques melodioses o algun vols. Per contra, si a la demanà del director musical l'encarregat del repart li contesta en un negatiu rodar de cap, aquell abatix la batuta, guardant silenci, i soles el redoble del tabalet, obsequia en acompanyament al confrare en un «ram, pataplam, plam, plam», com a unic complet i distinguit homenage.

Pero, al menos en nuestro contexto cultural, si bien es cierto que el Ruido poderoso va asociado al Poder, ¿no es cierto que lo más Sagrado va rodeado de un aura de silencio? Si la Magnificencia y el Honor se expresan por la pompa, el ruido y el boato, ¿no es cierto que la Manifestación, que la Revelación, que la Confidencia flota entre retazos de silencio? Así anuncia el AYUNTAMIENTO DE MADRID (1986) MADRID EN SILENCIO Ante la brutal y bárbara acción terrorista ocurrida en nuestra ciudad el día de ayer, 14 de julio, el Ayuntamiento de Madrid manifiesta su repulsa por el asesinato de ocho miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, convecinos nuestros, y convoca al pueblo de Madrid para que haga patente su solidaridad con las víctimas, familiares y cuerpos de seguridad del Estado guardando 3 minutos de silencio hoy, martes, día 15 de julio, a las doce horas del mediodía?

Sonidos buenos, ruidos malos

Cuando se habla y se escribe sobre el conjunto de sonidos en el que estamos inmersos, se suele hablar, más o menos implícitamente, de "sonidos buenos" y de "ruidos malos". La misma expresión ya es discriminatoria y tendenciosa: sonido, asociado a bueno; ruido, unido a malo.

Los "sonidos buenos" estarían formados por el canto de los niños, el piar de los pájaros, el repique de las campanas. Los "malos", por el contrario, constarían, sobre todo, de los "ruidos del tráfico", de las estridencias generadas por las máquinas y muy especialmente por el sonido de esos martillos neumáticos que destrozan, parece ser, calzadas y sistemas nerviosos al mismo tiempo. Estos tópicos quedan bien reflejados en un pequeño artículo de FELIX SANTOS (1986:1), publicado en un periódico de edición municipal:

¿Cuáles y cómo son los paisajes sonoros del Madrid actual? Pues aquí hay de todo, como en botica. Porque a pesar de los pesares, todavía puede oírse en cualquier calle arbolada el piar de los pájaros. En el viejo Madrid, al atardecer, óyese aún el tañer de campanas convocando a los fieles cristianos al rezo del rosario. Y percíbense en los más insospechados lugares las voces blancas de los niños y niñas entregados al alborozo de sus juegos. Pero no son pájaros, campanas y niños, todo lo que reluce. Hay en nuestra ciudad, como en toda gran capital, un molesto telón de fondo hecho de ruidos de motores con mayor o menor cilindrada, camiones, autobuses, coches, motocicletas. Y aquí y allá, cláxones nerviosos, destempladas músicas de reclamo comercial, el bronco parloteo del altavoz de un vendedor o de las caravanas electorales, el empedrado girar de la hormigonera, el despiadado taladrar del martillo neumático. Una selva de ruidos poniéndole cerco a nuestro sistema nervioso.

Hay una continua interpretación dualista de los sonidos en los que vivimos. Se considera "ruidos" a aquellos que tienen un "excesivo" nivel sonoro, propio de la vida en grandes ciudades, que produce falta de comunicación. El psiquiatra ENRIQUE GONZALEZ DURO, citado por GARCIA (1979?), propone otra doble descripción de los fenómenos sonoros:

El psiquiatra Enrique González Duro ve el fenómeno del ruido como un factor más de la vida urbana tendente a evitar la comunicación humana. Él diferencia entre ruidos mecánicos y ruidos humanos. Estos últimos los considera un estímulo para la comunicación entre personas, mientras que aquellos serían una barrera colocada en torno a cada individuo, de forma tal que lo sumen en la soledad y angustia más absoluta.

"El ambiente ruidoso de las ciudades atonta y aturde los sentidos hasta unos niveles que pueden dejar totalmente bloqueado al individuo."

Muchos otros, moviéndose entre los tópicos, intentan adscribir lo sonoro a dos categorías, bueno o mala, según su volumen. El notable aumento de los niveles acústicos sería una constante de nuestro tiempo, una desgracia, una de las servidumbres que marca el progreso y la vida en las ciudades. El exceso de ruido actual iría asociado a un derroche de información, aunque no haya apenas comunicación. Así escribe GARCIA HORTELANO (1985):

Aún contando con la tenaz tortuosidad de las ciencias aplicadas, resulta curioso que se construyesen las casas a prueba de ruidos en épocas en las que el silencio era habitual, y en nuestras épocas, la viceversa... Consciente de ser oído y oyendo constantemente, el ciudadano, lo quiera o no, se transforma en un enterado. Y una sociedad de enterados ha terminado por convertir el edificio nacional en un piso chalé (el gótico normando de la arquitectura sonora) donde el secreto no sólo es una costumbre anacrónica, sino imposible.

Los sonidos producidos en la ciudad, que se convierte en una selva sonora, poblada por "ruidos" sólo interesan para ser controlados. Aparecen como algo negativo, como un indicio de mal funcionamiento que es preciso conocer para intentar mejorar; en este contexto los estudios de los aspectos sonoros parecen quedar limitados a los niveles acústicos altos y su concentración en ciertos momentos y lugares urbanos.

No pensaba así TIERNO GALVAN, que sin llegar a descubrir las relaciones entre los sonidos, los consideraba como una forma de comunicación, de expresión. En uno de sus escritos, (1985) asocia cierto aumento del nivel sonoro con el tiempo festivo:

No hay fiestas sin ruido y, en cierto modo, sin escándalo, y eso es bueno porque se desfogan las emociones; vivimos juntos y no hay violencia, hay apacibilidad. Es incomprensible que no haya quien no sepa hacer concesiones. La ciudad requiere ciertas concesiones, es un ser vivo que reclama que le demos algo de nosotros.

Los artículos citados no son más que una muestra de la numerosa literatura que asocia ruido a progreso, a vida urbana, a deterioro de comunicación. Una característica común a todos ellos es la consideración de los fenómenos sonoros, especialmente los de mayor volumen, como hechos aislados, sin apenas relación con la ciudad en la que se desarrollan, siendo a todo caso síntomas de desarreglos comunitarios.

Nuestras propuestas van más allá de la simple constatación de la existencia de los sonidos, y de su posible utilidad para el conocimiento o control de situaciones: si los sonidos son buenos o malos, si son positivos o negativos es que tienen, más allá de su composición física, o quizás en relación con ella, un significado, un sentido que trasciende más allá de la efímera e irrepetible presencia de cada acción sonora.

El paisaje sonoro como contexto referencial

Para MURRAY SCHAFER (1976) la información visual, a pesar de las opiniones dominantes en un contexto europeo occidental y norte americano, no constituye el medio más importante de envío de informaciones; no ha sido siempre así y no lo es en la mayoría de las culturas existentes. Propone, por el contrario, acentuar el interés hacia el mundo de los sonidos, hacia el entorno acústico, proponiendo el estudio del paisaje sonoro:

«Paisaje sonoro» (soundscape) es la expresión que empleamos para describir el entorno acústico... Pero, ¿quién ha estudiado el paisaje sonoro? Se trata de una disciplina que tenemos que aprender ahora o, más bien, que debemos volver a aprender.

El estudio del paisaje sonoro exige un conocimiento del contexto sincrónico en torno al objeto: la investigación debiera tener en cuenta los aspectos diacrónicos para lograr establecer las pautas generales, las leyes que ordenan, regulan y justifican cierto conjunto de sonidos:

Para conocer eficazmente el paisaje o entorno sonoro, hemos de tomar en consideración a la vez el pasado y el presente, con objeto de poder formular recomendaciones inteligentes relativas al futuro.

El estudio del paisaje sonoro deberá extenderse a lo largo y a lo ancho, a través de grabaciones, de la palabra escrita o hablada, pero no será posible, por el momento recoger conjuntos de sonidos de otros tiempos, aunque existe la posibilidad de grabar en diversos contextos:

Pero ¿cómo proceder? Podemos hacer grabaciones y analizar paisajes sonoros del momento, y podemos hablar con personas que en ellos habitan para descubrir lo que piensan. Pero no podemos adentrarnos en la historia con nuestros micrófonos y nuestro instrumental analítico. En este caso la historia se convierte en geografía. Por ejemplo podemos estudiar el mundo silvestre del Canadá septentrional o los desiertos de Australia. O bien podemos hacernos una idea del ambiente pretérito de un continente tan complicado como Europa escogiendo y comparando aldeas remotas de diferentes países...

Otro modo de informarnos sobre la evolución del paisaje sonoro consiste en recurrir a los relatos de testigos auriculares que han descrito los sonidos de la época y el lugar en que vivieron. En tal sentido estamos compilando un amplio catálogo de descripciones de este tipo hechas por escritores de todas las épocas y nacionalidades, con la esperanza que nos permita averiguar algo más sobre la morfología del paisaje sonoro y nos indique también algo sobre la evolución de las actitudes de los oyentes a lo largo de los siglos.

Las propuestas de MURRAY SCHAFER no carecen de interés: se trata de conocer el paisaje sonoro a lo largo de la historia, recurriendo a diversas herramientas analíticas: la recogida directa de los sonidos, la interpretación de los actores, la comparación entre conjuntos sonoros diferentes.

La reconstrucción de los sonidos del pasado se realiza por una doble vía: los textos de la época y la atrevida suposición que aún subsisten lugares donde los sonidos antiguos permanecen inalterados, ignorando el paso de la Historia en todas las comunidades, incluso en aquellas que carecen del sentimiento trascendente del paso del tiempo. El estudio del presente y del pasado sonoro tiende hacia un fin: el conocimiento de los sistemas para llegar a su control y manipulación, en el supuesto que los sonidos tienden a hacerse confusos, malos para las personas y las sociedades. La propuesta es tan válida como cualquier otra y es coherente con el contexto del Proyecto.

La propuesta de MURRAY SCHAFER, a pesar de sus limitaciones, nos pone en un óptimo punto de partida para el estudio de lo sonoro, superando la mera medida de decibelios, y colocando el paisaje sonoro en un contexto más amplio. Muchos de los estudios, escritos y análisis de los fenómenos acústicos se realizan desde una valoración apriorística de su volumen: los sonidos, sobre todo los que producen los otros, son ruidos que es preciso controlar porque impiden el descanso y/o la producción. Dicho de otro modo, los ruidos dificultan el desarrollo ilimitado del capitalismo y es necesario su control para reducir los perjuicios que producen.

Los sonidos del pasado: el recuerdo y las normas escritas

Cuando se trata de recomponer los ritmos (o de relacionarlos) de un edificio con las ceremonias y rituales que allí se realizan, la tarea es muy sugerente. Si se quiere estudiar el conjunto sonoro de un rito actual, la recogida y la observación permiten construir pautas de ordenación de lo sonoro. Pero, ¿cómo recoger los sonidos del pasado? El nivel actual de nuestros conocimientos nos impide, de momento, grabar sonidos fuera del instante mismo de su producción. Otra cosa es reproducirlos a partir de un medio en el que se hallen fijados (cilindro, disco, hilo o cinta magnética, memoria electrónica) pero ese no es el problema. No se trata de reproducirlos como nosotros pensamos que fueron (cosa que ya es posible con simuladores en ordenadores potentes) sino de recoger exactamente el sonido producido en el pasado. Sólo quedan el recuerdo (la "petite mémoire" que dicen los franceses de una manera un tanto peyorativa) y los textos de la época.

El recuerdo como herramienta de conocimiento

Muchos han reflexionado sobre la potencia con que recuerdan, sobre todo al envejecer, ciertas sensaciones, de manera muy coherente y organizada. Sería interesante razonar sobre estos procesos, muy selectivos, que fijan a los pocos minutos un conjunto de vivencias, un sistema de impresiones, de modo que permanece estable todo el resto de su vida. Esa fijación, que por otro lado, supone ritualización y esquematización, y prefiero no detenerme en ello aunque tenía que apuntarlo, constituye una de las fuentes más vívidas no solamente para conocer el pasado sino para llegar a reconstruirlo. Los que los recuerdos, orales o escritos, o las impresiones de testigos de la época, podían ser una fuente, limitada, para el conocimiento de los sonidos producidos en otro tiempo.

El "Libre de Antiquitats" es una especie de dietario de los "Sotsacrista" de la "Seu" o Catedral de València, que recoge escritos desde 1472 hasta 1680. La anotación 192 transcribe el paisaje sonoro producido por el incendio nocturno del Hospital General [SANCHIS SIVERA (1926)]:

192) Foch en les gabies del Hospital General de Valencia - Dilluns, a xv de febrer, 1610, entre deu y onze hores de la nit, se pegá foch per un orat de les gabies, prenint per força una canela a altre orat, que feya la ronda, y ensengué la palla de la gabia ahon ell estava, y de gabia en gabia es pegá foch y es cremaren totes, y tot lo bigam del aposento de baix y dalt de hon estaven dites gabies dels homens; y per no haver-ne tengut noticia del dit foch per estar dormint jatsia los orats cridaren molt grans crits, y en lo vehinat ymaginaven serien oradures, y no foren socorreguts fins que les llames del gran foch foren vistes de les cases mes prop de dites gabies; per la qual rahó, per gran diligencia tingué Marco Ruiz de Barsena, ciutadá, clavari y señor del hospital general de Valencia en lo present any, escrivá de justicia criminal y jurats de dita ciutat, y molta gent de cavallers, obrés de vila y altres que promptament acudiren a apagar del foch, com de fet fonch apagat a les tres hores de la nit del dimarts seguent, aprés mija nit. Se cremaren dotze orats que estaven tancats en dites gabies y dos ofegats del fum, dels que no estaven en les gabies... Arribá la nova del dit foch a la present Seu, a les dotze hores de mija nit, y tocaren totes les parrochies de la present ciutat, y despertaren los escolans al sotsacrista, per a veure si tocarien a foch en lo campanar, y respongué que tocassen, puix era en part tan sancta, y que tots estam obligats a remediarla, y axí tocaren a foch `ut moris est'; y lo Micalet tocá a modo de rebats de guerra, que aterrava la ciutat. Tragueren del dit Hospital lo S.m Sacrament fins tant Nostre Señor fonch servit que ab la bona diligencia fos remediat lo foch, que segons havia fusta de les gabies y bigam de les dos cuvertes, fonch miracle que no passá axi a la esglesia de S.ta Lucia, com a la casa del dit señor del dit Hospital, que tan prop estaven.

Otro de los posible modos de conocer los sonidos pasados es precisamente la legislación que trata de contenerlos y dominarlos en una época en la cual todavía es impensable su grabación y reproducción. Los que poseen la Autoridad, los que legislan, tratarán, por todos los medios a su alcance, de controlar los diversos sonidos, siempre que les sean útiles a sus propósitos.

El paisaje sonoro: un acercamiento desde la antropología

Las construcciones culturales de la realidad, como apunta JOHNSON (1979), no son percibidas normalmente como meras construcciones, sino que aparecen, por el contrario, como naturales y de sentido común para aquellos que las comparten. El propósito de la antropología será acercarse a esas construcciones, para tratar de aprehender, comprender y quizás prever la realidad de los otros. Como dirá SANCHEZ VERA (1987), refiriéndose al espacio, la representación social es un hecho consustancial a la percepción y diferente a la opinión. La opinión afecta a las capas más superficiales (en cuanto visibles u observables) del individuo, mientras que la representación hay que verla en términos de aprendizaje, esto es, de interiorización-socialización. Pero, sobre todo, la "opinión pública" se diferencia de la representación social en que la primera es un hecho positivo y mensurable que afecta a un colectivo de individuos, mientras que la segunda es más profunda e individualizada.

La idea del "otro" ha ido aproximándose al variar los campos de estudio antropológicos. Si en los orígenes de la disciplina los "otros" eran los "primitivos", con el devenir del siglo fueron considerados y estudiados los grupos rurales, pertenecientes de manera general a las colonias. Más tarde se investigó la cultura rural europea, recogiendo en parte la antorcha de los folkloristas que pretendían salvar los restos de pasadas civilizaciones.

Hoy la antropología no se detiene ante las barreras que la separaban, no hace tanto, de la Sociología, y osa estudiar grupos urbanos y culturas "modernas": el "otro" puede ser alguien muy próximo, cuya conducta real se aleja, mucho más de lo que nos tememos, de aquellos estereotipos en los cuales creemos que se agita? El objeto de estudio sigue siendo "el otro", más o menos alejado en el espacio y la complejidad cultural, y las antiguas metodologías de la observación participante y de la entrevista más o menos preparada se ven enriquecidas con nuevas tecnologías (el video para recoger imagen y acción; el cassette para grabar la palabra, la idea y la creencia; el ordenador para transcribir y organizar los datos).

Numerosos son los manuales y los trabajos de campo que describen la metodología para la recogida de datos, pero todos recuerdan la importancia de la palabra (oral o escrita) para comprender la acción y la organización del grupo: los gestos, más o menos explícitos, reflejan siempre unas concepciones del mundo, del espacio y del tiempo, de las cuales no siempre son conscientes los informantes. Como escriben los SPINDLER (1984) prologando el trabajo de campo sobre Benavarri de BARRETT, éste plantea la interesante idea de que el antropólogo debe llegar a conocer la cultura de la comunidad no sólo como la conocen los nativos, sino también de una forma que no la conocen.

El mismo BARRETT (1984) escribe más adelante:

En cada cultura hay un sistema "folk" de categorías y creencias que siempre difiere algo del sistema "analítico" trazado por el investigador. Ello implica que las nociones proporcionadas por los informantes normalmente no son más que una imperfecta aproximación a lo que realmente el antropólogo investiga? El antropólogo anda buscando continuamente modelos implícitos de esta clase que únicamente pueden ser percibidos de un modo confuso (si lo son) por sus informantes.

El antropólogo trata de recoger información que explique gestos y creencias, y trata de hallar la coherencia, no siempre evidente, no siempre consciente, de las acciones. El propósito final de su trabajo será complicar la realidad: encontrar que las cosas no son tan obvias como parecen y que acciones aparentemente similares pueden tener significados dispares, incluso opuestos, como observan MORRIS y otros (1980) al analizar veinte gestos diferentes a lo largo de Europa. Dice BARRET (1984) que el antropólogo cultural usualmente estudia comunidades pequeñas de un modo directo. Sumergiéndose tanto como puede en la vida local adquiere una familiaridad considerable con la gente y con aquella forma de vivir que trata de estudiar. Lo que sacrifica en el campo de acción espera ganarlo por la inmediación del conocimiento.

La principal aportación de la antropología puede ser la profundidad de análisis, mientras que sacrifica la extensión de lo analizado: se trata de conocer, dando a veces atrevidos saltos lógicos, lo que piensan realmente unos pocos, tratando de descubrir a través de ellos como funciona una comunidad, e incluso una comarca, un país, una nación, un Estado, un continente, la Humanidad. La humildad, el desconocimiento ante "el otro", por más cercano que esté, con metodología, paciencia y tiempo, puede llevar al conocimiento y a la comprensión de su comportamiento.

Paisaje sonoro, espacio sonoro

A menudo hemos reflexionado sobre el espacio sonoro, el conjunto de sonidos producidos por un grupo, partiendo de un pequeño artículo de JOAN F. MIRA, que hablaba del "paisatge sonor", refiriéndose a unos toques de campanas recuperados (1978). Los toques de campanas constituyen, sin embargo, un aspecto muy parcial y sesgado del conjunto de sonidos producidos en una comunidad ya que se producían principalmente para comunicar mensajes, y es fácil encontrar en ellos la estructura de un medio mayoritario de comunicación, que marca y construye el tiempo comunitario, que aplica diversos ritmos adecuados a la importancia social de los acontecimientos y de los actores. La aparición de otros medios de comunicación, menos eficaces (es preciso adquirirlos y tenerlos conectados para recibir los mensajes) pero más inteligibles (no emplean códigos restringidos como los toques de campanas) supuso, a la inversa, entre otros factores, la desaparición de las campanas como comunicación y su creciente empleo como medios de expresión y de producción musical. Dejaremos de lado las campanas, o mejor aún, las consideraremos como una pieza más del conjunto de sonidos, que propongo debe ser estudiado y reconocido como un sistema sonoro, directamente relacionado con el grupo que lo produce y que vive inmerso en él.

El sistema sonoro sería un resultado lógico de las actividades de cualquier grupo. La producción de diversos tipos de sonidos por un grupo humano es evidente, aunque no lo parezca tanto su ordenación. Todos esos sonidos, producidos de manera más o menos inconsciente, no serían más que otro hecho cultural, con una fuerte tendencia a ser ordenados según los valores dominantes del grupo, o por lo menos según los valores de aquellos que tienen poder para marcar las normas comunitarias.

Siempre hemos defendido la idea de llamar "espacio sonoro" a todo el sistema de sonidos producidos por un grupo humano organizado, en sus actividades a lo largo del tiempo y del territorio por los que se mueve ese grupo, pero quizás deba ser abandonado el nombre (que no la idea) por connotar ideas espaciales que nunca quisimos sugerir: el "espacio" sería, según proponíamos, todo el sistema, mientras que el "paisaje sonoro" sería cada una de las posibles perspectivas de acercamiento al conjunto de sonidos. Propongamos, nuevamente, "ambiente sonoro" como el sistema total de sonidos producidos voluntaria o involuntariamente por un grupo y relacionado con sus creencias, su manera de organizarse, su tecnología, su población?

Este sistema total, este "ambiente sonoro", estaría compuesto de distintos subsistemas, que prefiero llamar "paisajes sonoros", esto es de diversas perspectivas de acercamiento al fenómeno total. Estos paisajes sonoros, de acuerdo con la hipótesis, deberán estar organizados según las normas y los valores del grupo. Una de las primeras características que destacan es la presencia de ritmos en el ambiente sonoro que reproducen los ciclos temporales, creando igualmente los intervalos de tiempo. Los sonidos producidos por y en un grupo transmiten asimismo información espacial, esto es que marcan no sólo donde se producen ciertos sonidos, sino que revelan concentraciones espaciales que tienen que ver con la categorización simbólica atribuida a esos espacios. Este tiempo y este espacio, revelados por los conjuntos más o menos sistemáticos de sonidos, informan también sobre la organización social: habría una relación entre tipos de sonidos producidos en ciertos lugares y los modos de organizarse y de verse, de representarse ante sí y ante los demás grupos.

El ambiente sonoro, el conjunto de paisajes sonoros, es una de las creaciones culturales más complejas, así como una de las realidades de más difícil aprehensión. La ocupación por parte de los diversos sonidos del ambiente sonoro, abarcando más o menos espacio, es una ocupación real, instantánea (por lo menos para los efectos de nuestro análisis) pero al mismo tiempo efímera, volátil, que se destruye en el mismo momento de existir. Esta emisión de sonidos total o parcial, que hasta hace poco no podía ser recogida ni conservada, tampoco puede ser captada, como sistema sonoro, en su totalidad, y menos aún ser reproducida íntegramente. De hecho, hoy en día, con la posibilidad del registro magnético de los sonidos no se puede recoger todo un sistema sonoro y reproducirlo, aunque los ordenadores quizás permitan recomponer, en un próximo futuro, paisajes sonoros (que no ambientes sonoros) actuales, e incluso paisajes sonoros históricos.

Por tanto hemos de considerar provisionalmente que el ambiente sonoro, que los distintos paisajes sonoros son volátiles, irreproducibles, y al mismo tiempo reales. A través de ellos se puede reconocer una serie de informaciones que no sólo reproducen las actividades del grupo, sino que pueden ayudar a organizar o a desestabilizar la comunidad. Es por ello que el control sobre los sonidos ha sido siempre muy severo. Había que controlar la producción, puesto que la reproducción era inconcebible. Era necesario, un control eficaz, y no solo al nivel más tangible, el de la prohibición material: las normas del grupo, asumidas por el individuo, internalizadas y asimiladas como única alternativa posible, han sido siempre uno de los más eficaces medios de control del ambiente sonoro.

Lo sonoro como fenómeno cultural

La aparición de lo sonoro como algo objetivamente mensurable parece, desde una óptica antropológica, un empobrecimiento de la realidad. Hay comunidades, y todos lo hemos observado, que gustan de vivir en ambientes "objetivamente" más ruidosos, y no por ello sus integrantes se sienten atacados ni a disgusto. Según las poblaciones, e incluso según los barrios, el nivel sonoro de la conversación es más o menos elevado, sin que este aumento sea siempre necesario. Hay actividades, generadoras de potentes volúmenes sonoros, que no parecen plantear problemas a los individuos que las realizan. Valgan unos ejemplos: La mayor parte de nuestro trabajo de campo ha sido realizado en torno a los campaneros, aquellos profesionales que, cercanos a las campanas, envueltos en sus sones, producen, o mejor producían, mensajes comunitarios.

Ninguno de los más de doscientos entrevistados habló de molestias sonoras en las entrevistas, levemente dirigidas. Muchos se quejaron del frío, otros del viento, casi todos del cansancio producido al subir (casi nunca de la fatiga por tocar), todos de la poca paga; pero ninguno del "excesivo ruido". ¡Y sin embargo hemos medido niveles medios de 120 dB en un volteo general, con picos superiores a los 125 dB, lo que rebasa ampliamente los llamados "límites del dolor"! En algún lugar nos dijeron, incluso, que la potente sonoridad de las campanas catedralicias, erizaba el vello de los brazos, cosa que no hemos podido comprobar, pero nunca recogimos quejas sobre "excesivo ruido". El tópico del "campanero sordo" es también ajeno, física y simbólicamente, del alto mundo de los bronces: nadie de entre ellos nos lo citó.

La adaptación al universo sonoro es una prueba universal de profesionalidad: a menudo se hacen golpes inesperados para iniciar a los aprendices o para asustar a los visitantes. Unos deben aprender a no ser afectados, si quieren seguir tocando, y los otros, al atemorizarse, demuestran su cobardía y su falta de preparación.

Propuestas generales

Nuestra propuesta inicial era apuntar que los sonidos, especialmente en procesos tecnológicos, trascendían la mera necesidad técnica: la gente hace más ruido del necesario, por decirlo de manera llana, para expresar muchas cosas que solamente a través del trabajo de campo es posible descubrir. El sonido producido, los paisajes sonoros generados, no reproducen sólo "a veces" las contradicciones de los grupos que los producen; queremos sugerir que los sonidos producidos reflejan siempre las grandes tramas de la vida humana así como sus contradicciones: modos de concebir y medir el tiempo, de asignar categorías al espacio, de atribuir niveles y pertenencias sociales.

En esta propuesta amplia, cultural, un sonido fuera de contexto no puede generar significados generales, valoraciones absolutas; para nuestra perspectiva el laboratorio carece de interés como medio de investigación, aunque parece preciso matizar las últimas afirmaciones: no pretendemos, desde la antropología, negar la validez de otros enfoques metodológicos. Pero creemos que exagerando la importancia del contexto aportamos otra perspectiva, a veces contradictoria pero nunca substitutoria, para comprender, conocer, valorar y reproducir ese fenómeno tan volátil, insistente, repetido y lleno de mensajes como es cualquier de los paisajes sonoros recogidos a lo largo del territorio del Estado Español.

La ocupación sonora del espacio comunitario no sólo está motivada por necesidades tecnológicas sino por causas culturales: comunicación de prestigio, de poder o de valores propios del grupo que emite los sonidos; aceptación, integración o rebeldía ante el paisaje sonoro producido por otros, cuyo conjunto de valores es considerado como comunicación, como contexto necesario e inmodificable o como agresión. Los sonidos producidos trascienden la mera actividad del productor e informan, más o menos voluntariamente, sobre su eficacia o capacidad laboral.

El ruido como agresión

El "ruido", como tal, desde una perspectiva antropológica, no existe. Pudiéramos apuntar una posible ley:

Ruido es lo que producen los otros.

Nuestros trabajos de campo en el mundo de los paisajes sonoros, con artesanos y otros productores, más o menos manuales y voluntarios de sonidos potentes, nos confirma esta "ley": cuando uno trabaja o se distrae, produciendo elevados niveles sonoros, siente incluso placer si controla el ritmo y la intensidad de los golpes. A veces modifica la resonancia para producir lo que él considera "más armonioso", pero sólo se quejará y se sentirá agredido si son "otros", incluso sus compañeros, los que teclean, martillean o simplemente caminan.

Como corolario de la anterior "ley" podríamos añadir que "los sonidos son considerados como ruido, y por tanto como agresión cuando son producidos en un contexto cultural diferente".

El sonido, a menudo necesario tecnológicamente, producido por uno mismo o un compañero, solamente es "ruido" si es descompasado o irregular. Ésto es, si no sigue las normas, tan sutiles y subjetivas, del grupo laboral. "Ruido", por tanto, que caracteriza la actuación de los que no saben o que están aprendiendo, de los que todavía son "los otros" y no "nosotros".

Lo sonoro, un hecho subjetivo

Lo sonoro, su trascendencia y su información, se convierte en un hecho subjetivo, cargado de datos para el grupo que lo emplea. Pudiéramos proponer otra ley:

"Los hechos sonoros son coherentes con la cultura (en sentido amplio) del grupo y revelan sus modos de ver y verse, de creer, de organizarse, de vivir."

Lo sonoro puede ser comprendido como algo coherente: solamente agrede "hacia afuera" o "desde fuera", y refleja la cultura y también la tecnología y la relación del grupo con la Naturaleza.

Sospecho, aunque aún no hay datos contundentes que lo confirmen o lo descarten, que los niveles sonoros producidos por un hecho tecnológico "necesario" no son "objetivos"; parece haber un control, siempre voluntario aunque no siempre consciente, del "ruido producido". A veces se pega más fuerte para significar que se está trabajando, a veces se amortiguan los golpes para no "molestar" y siempre parece que se añada algo más (o menos) de lo necesariamente sonoro. Los sonidos producidos en una tecnología cualquiera revelan, por tanto, no sólo el necesario nivel generado por cierta maquinaria, sino los ritmos, los descansos o incluso los estruendos, fruto de una tradición, de una historia personal y del grupo.

Lo sonoro como marcador comunitario

Los trabajos actuales, los sonidos producidos, revelan, de forma más sutil, las divergencias actuales: no es una sociedad tan compacta como la tradicional (que debió ser más invertebrada de lo que imaginamos) y todo esto se revela en los sonidos producidos.

Los actos rituales parecen indicar que en ciertos momentos colectivos se construyen unos ritmos comunitarios que marcan, mediante sonidos, olores, colores y otros medios, los espacios y los tiempos comunes. Es cierto que esos tiempos especiales, esa distinta lectura y ocupación del espacio, no son compartidas de manera unánime, "nemine discrepante", pero esos rituales se convierten en signos de identidad de mucha más gente de la que pudiera parecer a los que vienen de fuera o a los que viven en una ciudad cualquiera sin entroncarse con sus tradiciones presentes.

Segunda parte: paisajes sonoros de València

El paisaje sonoro de la ciudad amurallada: el ciclo diario

BOIX (1849:81s) nos da, a lo largo de su "Manual del Viagero" una serie de preciosas pistas para reconstruir el paisaje sonoro de la ciudad, todavía amurallada. Así, cuando se refiere al ciclo diario dice

Un paseo por Valencia. Va á amanecer; pero no ha bañado todavía el crepúsculo de la mañana las altas cúpulas de nuestros templos y las cumbres de los vecinos montes. Horas en que se retiran los serenos: los primeros que empiezan á agitarse por la ciudad son los acomodadores de la plaza del Mercado que disponen las sillas, cestones y los toldos de hilo para los espendedores; los vendedores de café y aguardiente que van de corro en corro y de guardia en guardia; los factores de las especierías del Mercado; y los panaderos, y los devotos que oyen las primeras misas, y los alegres jornaleros que se dirigen á sus talleres, y muchachos aprendices que van cantando, y diligencias y ordinarios; y este conjunto produce un rumor sordo y prolongado que se aumenta con la salida del sol. Abrense las puertas, y por la de S. Vicente, Cuarte, Serranos y Mar vereis corriendo, voceando, cantando, y tropezando estercoleros, labradores, lecheros á vuelta de los saltos de sus acémilas, del rodar de sus carros, de las campanillas de las cabras, y la mayor parte acudiendo al Mercado en busca del puesto mejor. Allí la gritería y una ordenada confusion; caballos cargados; carros atravesados, serones y capazos, y mesas rodando aquí y allá; animales que riñen, labradores que disputan, revendedoras que gritan ó se maltratan, y alguaciles y perillanes, y criadas sueltas y mozos que las siguen, y cuestiones sobre precios, y el polvo que cubre la plaza, y un sol brillante, y un movimiento continuo é incesante. Durante todo el dia vereis concurridas, sin interrupcion, las calles de S. Vicente, S. Martin, Cuarte, Serranos y del Mar: de doce á dos cesa un poco el bullicio, porque e la hora en que generalmente se come en Valencia, y vuelve por la tarde á reproducirse.

Es preciso interpretar este paisaje sonoro cotidiano, que ha sido recogido en la cara A del disco "Paisatges sonors de la Ciutat de València". El día comienza con el silencio, y el trasfondo siempre constante del agua. El "Micalet", que es la gran campana de las horas de la Catedral, marca el paso de las horas, pero su toque no tiene, en la sociedad tradicional, significado civil: a pesar de contar la ciudad con un reloj mecánico desde 1370 (11 años antes de construir la torre de la catedral), serán los toques litúrgicos los que marcarán, hasta principios del siglo XX, cuando las murallas ya han sido derribadas, la vida cotidiana.

Así, el toque de oración del alba indica la apertura de las murallas, y entonces entran los carros, las caballerías y los labradores, a vender sus productos y a llevarse las basuras. Y luego es el Mercado, que aumenta el volumen de sus sonidos, en una "ordenada confusión". También aumentan los ruidos producidos por los trabajadores, mediante su tecnología tradicional, así como las voces de los vendedores ambulantes. Las campanas de la Catedral, los toques litúrgicos del coro de la mañana, suenan por encima de estos ambientes sonoros, así como los toques de las horas, pero será nuevamente el toque de oración, al mediodía, el que marque, ¡de doce a dos!, la hora de la comida y el descanso. Y de pronto, las campanas de la Catedral, nuevamente, tocando a vísperas, destapan la actividad y los sonidos urbanos. Y crecen de nuevo los ruidos de máquinas, técnicas y carros, hasta que los niños, al caer la tarde, cantan sus canciones.

Nuevo toque de oración, al atardecer, ya que el sol es el que marca el momento de esas campanadas. Y ese toque marca el primer cierre de la ciudad: "els portals xics", las ocho puertas pequeñas se cierran. Pasos, carros, mientras la Catedral marca, con repiques cada vez más acelerados, el "tancament de les muralles". Y es el toque de ánimas, y no el de las horas, el que sirve para anunciar el cierre definitivo de la ciudad. València queda en silencio, y vuelve a sonar el agua, y se oyen los serenos. Pero no es un aislamiento total: un portal, de peaje, quedará abierto, en la "Porta del Real", para los que puedan pagar la entrada o la salida a horas intempestivas. Y se quedarán "a la luna de València" aquellos que no tienen ni siquiera los medios para pagar ese paso, teniendo que dormir al raso, esperando que, con la mañana, vuelvan los ruidos a expresar el renacer cotidiano de la vida social.

El ciclo sonoro anual

El ciclo anual se expresa, también, a través de pulsaciones de mayor intensidad sonora, según BOIX (1849:83s)

...la multitud que sale fuera de la muralla á tomar el sol en invierno, y disfrutar las apacibles brisas de la tarde en los días de la canícula. En esta estación varían de aspecto las escenas, sobre todo desde la puerta del Mar hasta los baños de la playa. Allí es de ver multitud de tartanas arrastradas por caballos malos y buenos, y carros de trasporte, y coches particulares cruzar sin tregua el camino del Grao; los gritos de los tartaneros, los relinchos de los caballos, y el polvo, y el calor, y los clamores de los transeuntes animan este paseo... Las hogueras (falles) de la víspera del día de S. José; las máscaras públicas en los días de carnaval, y sobre todo las fiestas consagradas á los santos tutelares de muchas calles en los meses de Septiembre y Octubre, son un centro de júbilo, hilaridad y placer donde mejor se puede estudiar el carácter valenciano, así como el día de Corpus y los que tienen las parroquias principales durante la octava de esta solemnidad religiosa para sus lujosas y variadas procesiones.

Precisamente, para BOIX, y para otros autores, como veremos luego, son esos momentos de mayor densidad sonora los que sirven para condensar y mostrar mejor "el carácter valenciano". Veamos uno de esos momentos.

Silencio y ruido: el Dissabte de Glòria

Escribe BOIX (1849:238s)

ABRIL. La semana santa viene con sus días santos; y en Valencia es triste, grave, silenciosa, con sus templos concurridos, y los magníficos monumentos de la catedral, de S. Juan, de San Martin y de Sta. Catalina, con sus augustas ceremonias, y los melancólicos y espirituales cantos de la catedral y del colegio del Patriarca. Pero brilla el sábado santo, y antes de las diez oireis tiros aislados y cohetes perdidos, y en seguida entrad en la catedral á oir las alegres armonías de los órganos é innumerables campanillas; ó si os place el ruido, acudid á las salidas de la ciudad, y apenas abren las puertas al estampido del cañon y al vuelo de cien campanas, vereis entrar en busca del estiércol y de la venta de objetos, los labradores y arrieros, con sus carros, con sus caballos y sus perros; y cruzan los cohetes, y se espantan las cabalgaduras, y aquí reniega uno, allá patea otro, acullá se disputa, mas allá silban á los disputantes, y ladran los perros, y suenan los escopetazos, y las campanillas; y mozos maliciosos tirando de cuerdas que esperan el paso de un perro fugitivo ó de un gato escapado, y le hacen saltar al aire con la cuerda: y vuelve á caer y vuelve á levantarse, y vuelven los gritos. De las ventanas de los telares de los porches vereis bajar estopas mojadas y capazos de estiércol sobre el paciente labrador que recoge, bufa, patea y pasa adelante entre silbidos y rechuflas.

Este paisaje sonoro, recogido en la Cara B del disco, expresa un momento especial a lo largo del año: el tránsito desde los silencios marcados por la Semana Santa a la explosión de ruido marcada por la Resurrección, del Sábado de Gloria. Es, de nuevo, el paso desde la ciudad cerrada y en silencio, iluminada solamente por el lento desgranar de las horas del "Micalet" y por el desconcertante sonido de las matracas, hacia esa otra "ordenada confusión" despertada por las campanas, y la pólvora, y la carrera de carros y caballerías hacia la ciudad.

Pero, como ya había apuntado BOIX antes, es en las fiestas, y de manera especial en el Corpus, donde se muestra esa confusión sonora, tan ordenada y llena de significados, personales y colectivos.

El paisaje sonoro del día del Corpus

Veremos, a continuación, una serie de citas literarias que va desde 1780 hasta 1861. Los diversos autores tratan de describir algunos puntos fuertes de la fiesta.

Destacan, por un lado, la combinación de las campanas y de los cañones, para indicar la salida, la mitad y el final de la procesión. No quiero extenderme esta vez sobre los toques de campanas de esa fiesta, la mayor de las urbanas, pero apuntaré, solamente, que es la torre de la Catedral la que coordina los momentos colectivos urbanos.

Por otro lado, y de manera especial, todos recogen esa gloriosa confusión de la entrada del Sacramento a la Catedral: todos tocan sus melodías, sus cánticos, sus músicas a la vez. Y el conjunto no es un ruido, sino que es la manera ordenada, la "ordenada confusión" de mostrarse cada uno en su individualidad, como un conjunto, como un pueblo, como la forma más espectacular de expresarse ("el modo más glorioso que puede expresar el aparato sensible"). Ésta será, y sigue siendo, la manera en que los valencianos gustamos de expresar los grandes momentos rituales. Dejaremos, por tanto, paso a la palabra de los autores antiguos, dejando en el aire esa propuesta de estudiar los sonidos, los conjuntos acústicos, los paisajes sonoros, como la más espectacular, peculiar y buscada muestra cultural, que es preciso estudiar, analizar y comprender.

La procesión del Corpus según ORTIZ (1780)
Al salir de la Iglesia el Divino Sacramento, empieza el vuelo de las campanas de la torre del Miguelete y demás de la Ciudad... Después de pasar la procesión por la calle, queda lo más admirable y célebre con razón, que es la entrada del Sacramento en la Iglesia Mayor... Es tal la armonía, que en el intermedio se observa, con el concierto de música y órganos, clarines, dulzainas, tamboriles, castañetas, cascabeles de las Danzas y campanas, que admira la atención, suspende la curiosidad, eleva los sentidos y mueve fervoroso el mayor afecto al más reverente culto de este altísimo Misterio.
La procesión del Corpus [ANONIMO (1801)]
Es inmenso el gentío y concurrencia, y por facilitar algun recreo y honesta diversion, acabada la Misa mayor en la Catedra, pasean las calles de la Estación varias danzas de Turcos, Angeles, Labradorcitos, Ungaros, Pastores, Usares y otros personajes agraciados, con la música del país, adufes, sonajas y campanillas, como preludio de alegria que ha de reynar en los semblantes y corazones... Al salir empieza el vuelo ó toque general de campanas, haciendo el saludo la artillería; continúa por una seña, estando en el Mercado; y concluye quando entra en la Catedral la Custodia con el Santísimo Sacramento. Este acto admira la atención, suspende la curiosidad, eleva los sentidos, y mueve al mayor afecto, culto y veneración al adorable Misterio por la inmensidad de luces, harmonía de órganos y campanillas, y el alternado canto de Comunidades y Parroquias que forman una calle por donde pasa el Señor Sacramentado, y hace la claustral para la reserva.
La descripción del Corpus [ANONIMO (1815:46/49)]
Preside la Ilustre Ciudad, su Caballero Corregidor y el Excmo. Señor Capitan General con la mayor gala y grandeza. Cierra tan brillante acompañamiento una lucida compañía de granaderos con excelente música marcial. Al salir de la Catedral la Custodia del Santísimo Sacramento, al llegar á la plaza mayor del Mercado, y al entrar otra vez en dicha Iglesia, rompe salva la artillería del baluarte en obsequio y honor del Señor Dios de les Exércitos. Así victorioso de la heregía y del error, entra en su santa Casa, y vuelve á ocupar su permanente Trono el Rey de cielo y tierra, con una especie de triunfo el mas glorioso que puede expresar el aparato sensible? Al paso que el acompañamiento va entrando en la Iglesia, crece y se aumenta en ella el alborozo y conmocion santa. Los dos grandes órganos suenan á la par con su estrépito agradable y armonioso. Todas las danzas con sus tamboriles y dulzaynas reunidas en el coro, no cesan de repetir sus alegres, festivas y placenteras sonatas. A distancias proporcionadas se percibe el dulce concierto de las orquestas que acompañan á las imágenes conducidas por los gremios y oficios de artesanos. Sobresale el marcial y magestuoso estruendo de timbales y clarines. Las campanas de fuera y las de dentro, las de las torres y las del interior de la Iglesia, todas, grandes y pequeñas, publican con sus lenguas de metal la grandeza y soberanía del Vencedor, y despiertan con una dulce violencia al alma mas adormecida en su letargo. Sorprende, asombra y embelesa el extraordinario y sagrado estruendo que resulta de este raro complexô inocentemente discorde, pero reunido en un solo punto, que es el de alabar al Redentor amabilísimo...
Descripción de la procesión del Corpus de ZACARÉS (1846):
Al salir el Señor de la Metropolitana, a una señal del Miguelete o torre de la misma, hace salva la artillería de la Ciudadela y desplegan en vuelo general todas las campanas de la ciudad; el trémulo y prolongado sonido de éstas, el estampido del cañón? el cántico de los ministros del Altísimo, el estruendo y armonía de las músicas... La llegada del Señor frente a la Iglesia de los Santos Juanes se anuncia por otra salva de artillería y vuelo general de campanas, y lo mismo su entrada en la Metropolitana, con el triunfo más glorioso que puede expresar el aparato ostensible de los hombres; millares de luces dan la claridad del día al Sagrado Templo, y al paso que va entrando el acompañamiento se aumenta el alborozo con el armonioso estruendo de los dos grandes órganos, penetrante sonido de los tamboriles y dulzainas, concierto de las orquestas de los gremios, majestuoso toque de timbales y clarines u el confuso ruido de las campanas. Formado en dos alas todo el acompañamiento transita por su centro el clero secular dando el Señor la vuelta por su regia morada; todas las comunidades, aunque por puntos distintos, entonaban el himno del Sacris Solemniis, y esta variedad de voces concertadas en tanta variedad de puntos formaba un solo coro, un solo clamor y un solo grito de alabanza, pues siendo seis las estrofas de que se compone el cántico angélico, y veintisiete las comunidades y cleros, entonando cada una la suya siempre resonaba el himno entero repetido por cuatro conciertos unidos. Concluída la claustral? toma el Prelado al Altísimo en sus manos y da la bendición al inmenso pueblo postrado bajo aquellas dilatadas bóvedas; las danzas y dulzainas acompañan al Ayuntamiento a las Casas Consistoriales y los cleros y demás corporaciones regresan a sus respectivas moradas entonando el himno Eucarístico como en acción de gracias y haciendo pública profesión de fe.
BOIX (1849:240ss) El paisaje sonoro del Corpus
JUNIO. ¡El dia del Corpus! dia solemne, el mas bullicioso del año, el dia de mas afluencia de forasteros en la capital. La víspera al amanecer una multitud cerca la casa de las Rocas, junto á la puerta de Serranos; ya llegan los tiros de mulas mas famosos de la huerta y sus molinos: ya salen.... Son seis enormes y gigantescos carros triunfales que tiene ya siglos de antigüedad, cada uno con un santo elevado en el testero. Allí los aficionados al ganado, y á los buenos mayorales; allí gente divertida, y la música del pais, y todos en confusion y ruido se trasladan á la plaza de la Constitucion, donde se colocan aquellas enormes moles de madera bajo un estenso toldo de lienzo blanco y azul. Por la noche bulle aquella plaza, otro punto donde se debe admirar nuestro carácter valenciano, entre las armonías de una numerosa orquesta militar: el paseo se prolonga esta noche desde las rocas hasta su casa-depósito, donde la corriente de la muchedumbre os conduce hasta el pie de los gigantones, vestidos dos de rigurosa moda, en cuyo obsequio hay otra música en el mismo edificio. Por la tarde, y la mañana siguiente, recorren numerosas danzas toda la ciudad, alegrando á la multitud que huye de la de los que representan á los asesinos de Herodes (degòlla) que zurran de lo lindo con mazos de pergamino á sus amigos, y sobre todo á los labradores. A mediodia, y á la misma hora del dia festivo á las doce salen los caballets, ó sean la reunion de todas estas danzas con el capellan de la ciudad al frente, á convidar á los vecinos.... hora de ruido, de agitacion, de chillidos y de corridas, en particular la plaza del Mercado. El dia del Corpus se colocan los gigantones en la misma plaza de la Constitucion.... La procesion es solemne, magestuosa y pintoresca.... Es de ver la subida de las rocas en el altozano del Palau.... apuestas, apretones, gritería.... una mula puede arrastrar una de aquellas moles.... El dueño arroja confites á la multitud. Es un dia siempre esperado. Los dias de la octava están consagrados á las procesiones de las demás parroquias. Compiten todas en lujo, en adornos de calles y en músicas. Esta es una temporada deliciosa; y las mañanas podeis emplearlas comiendo ricas fresas en los huertos de la vuelta del Ruiseñor.
BOIX (1861)
...la lentitud y compostura de la marcha, el cántico de los ministros, el sonido de las campanas, el estruendo del cañón y armonía de la música, las luces que por todas partes brillan sin número... Al salir de la Catedral la Custodia, al llegar al Mercado y al entrar en la iglesia, hace salva la artillería del baluarte. La entrada en la iglesia es magnífica: los dos grandes órganos suenan a la par con los timbales y clarines de la Ciudad y el armonioso canto del clero; las campanas de fuera y dentro de la iglesia mueven al más indiferente; la multitud de las luces convierten las sombras de la tarde en una hermosa claridad.

Justificación del disco "Paisatges sonors de València"

El disco, del cual hemos descrito ya la cara A, el paisaje sonoro cotidiano, y la cara B, correspondiente al Sábado de Gloria, recoge, en la medida de lo posible, sonidos originales valencianos.

Hay ambientes sonoros de mercados, de carros, de multitudes, sonidos de pólvora, de fiesta, de canciones, y de campanas. Se trató de grabar el ruido de la puerta de la muralla, pero la especial ubicación de las existentes, expuestas al tráfico rodado de día y de noche, hicieron recomendable la recogida de los sones de otras puertas, si no tan antiguas, al menos históricas, como son las de la Porta dels Ferros de la Catedral.

El único sonido "original" corresponde a las campanas, especialmente las de la Catedral, felizmente recuperadas gracias a los actuales procesos de restauración. La subvención concedida por la Alcaldesa de València al GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS ha vuelto a poner en marcha los toques del "Micalet", la campana de las horas, así como esos otros de oración y de "tancament de les muralles", tan emotivos, que suenan cada atardecer. Al fin y al cabo las campanas son el único vínculo sonoro que nos une con los antepasados. Ellos escucharon a la "Caterina", al "Jaume" o al "Micalet", que tras seis, cinco y cuatro siglos respectivamente, siguen sonando igual que cuando fueron fundidos.

Casi todo lo demás ha cambiado, y solamente podemos, para el estado actual de nuestros conocimientos científicos, imaginar cuales fueron esos sonidos que podemos reconstruir, solamente, gracias a las descripciones literarias.

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