Reloj mecánico - Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel - CUÉLLAR (CASTILLA Y LEÓN)

Reloj mecánico - Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel - CUÉLLAR (CASTILLA Y LEÓN)

Desaparecido Parado Manual

AutoresRODRÍGUEZ, FERNANDO (PLASENCIA).
Fecha de construcción 1475
Descripción El segundo reloj de torre de San Miguel (1475).

La importancia de este segundo reloj documentado estriba no sólo en demostrar la continuidad del reloj de torre de la villa de Cuéllar como uno de los pioneros en la España medieval, sino también en aclarar que el anterior documento del infante don Fernando de Lara y Castro, no se quedó en un mero proyecto que podría no haberse llevado a cabo, sino que efectivamente se realizó.

Como se ha dicho anteriormente, el AHMC guarda un segundo documento que no es sino el contrato entre Fernando Rodríguez, maestro relojero, vecino de la ciudad de Plasencia (Palencia, según Balbino Velasco), y el Concejo de la villa de Cuéllar y su Tierra, para la fabricación e instalación de un reloj que sustituiría al que entonces se hallaba en la iglesia de San Miguel. (CDC, doc. nº 682).

El documento está fechado en Cuéllar, a tres de febrero de mil cuatrocientos setenta y cinco, firmado por Francisco Álvarez, escribano de la cámara del rey y notario público en su corte y de todos sus reinos y escribano público de la villa. Por entonces, desde 1464, ya era señor de Cuéllar don Beltrán de la Cueva, por merced del rey Enrique IV, pero en 1475, reinaban los Reyes Católicos. En esta ocasión, el contrato se lleva a cabo directamente por el Concejo de Cuéllar, sin solicitud de licencia como se pidió en 1403. De él cabe destacar:

1. Compromiso del maestro relojero de fabricar un reloj a su costa para instalarlo en la iglesia de San Miguel.
“Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo Fernando Rodríguez, relojero, vecino de la ciudad de Plasencia, me otorgo y conozco por esta carta que me obligo y pongo con vos, los señores justicia y regidores y procuradores de la villa de Cuéllar, que estáis presentes, y de su tierra, de hacer un reloj todo a mi costa y misión, del tamaño, poco más o menos, que es el que ahora está en la iglesia de San Miguel de esta villa, a vista y contentamiento del dicho concejo, y con condición de que me den todo el hierro del dicho reloj que ahora está en la dicha iglesia”.
Todo parece suponer que el viejo reloj de 1403 estaba averiado o inservible. Difícilmente el Concejo se hubiera complicado en este cuantioso gasto, como se verá, si el viejo reloj se mantuviera en perfecto estado de funcionamiento. Por otro lado, el compromiso era de fabricar un nuevo reloj pero de las mismas dimensiones del viejo, en la torre de San Miguel, especificándose ahora, la localización que no se citó en el documento de 1403

2. Plazo de fabricación y entrega.
“El cual dicho reloj, según dicho es, me obligo de lo dar hecho y acabado desde hoy, día del otorgamiento de esta carta, hasta le día de Pascua Florida primera, puesto y asentado y aderezado de todo punto en la iglesia de San Miguel, a mi costa y misión.”
Dado que la Cuaresma comienza en el 80% de los años en el mes de febrero, y que la Cuaresma termina con la Pascua Florida, hay que suponer, como lo más probable, que el trabajo comprometido del relojero Fernando Rodríguez pudo estar, más o menos, entre los cuarenta y cincuenta días, para entregarlo puesto, asentado y aderezado, como él se comprometió.

3. Coste de la obra.
“El cual dicho reloj, según dicho es, me obligo de vos lo hacer, según dicho es, en precio y cuantía de diez mil y quinientos maravedíes de la moneda del rey, nuestro señor, que corriese a los tiempos de las pagas, pagados en la manera siguiente: Que me deis luego los dos mil quinientos maravedíes, de los cuales me otorgo por bien contento y pagado a toda mi voluntad. Y de los ocho mil maravedíes restantes que me deis la mitad de ellos a la Cuaresma primera y la otra mitad, asentado en la dicha iglesia el dicho reloj.”
Se comprueba cómo pasados setenta años el valor del reloj de 1475, se había encarecido un 75 % con respecto al reloj de 1403, siendo muy semejantes.

4. Fianzas del maestro relojero.
“Lo cual todo me obligo de lo cumplir y mantener, según dicho es, so pena del deudo. Y por más seguridad de los suso dicho, doy por mi fiador a Juan, cerrajero, vecino de esta villa.
Y yo, el dicho Juan, cerrajero, otorgo y conozco que me obligo y salgo por tal fiador y pagador con el dicho Fernando Ruiz (sic) en todo lo suso dicho”.
La cerrajería era entonces lo más cercano a la relojería por el uso de muelles, resortes, topes, llaves, ejes, etc. Si además el cuellarano y cerrajero Juan salió fiador del relojero Fernando Rodríguez, no sería de extrañar la existencia de su colaboración en la fabricación del este nuevo reloj. No en vano, estos dos relojes serían de los clasificados como relojes de forja o de herrero. El mismo reloj de 1839 tiene muchos elementos de forja como en mismo panel de la esfera y su única aguja en forma de flecha.

5. Mantenimiento y reparación del reloj.
“Y otrosí yo, el dicho Fernando Rodríguez, me obligo de adobar y concertar el dicho reloj, cada y cuando que se desconcertare o quebrare, a mi costa y misión, salvo que del dicho Concejo sean obligados a me dar posada y de comer y beber mientras lo concertare; lo cual me obligo de lo cumplir y mantener so la dicha pena, lo cual aceptaré y adobaré por todos los días de mi vida.”
Es ésta una cláusula singular que parece de postventa de tiempos modernos.

6. Concesión de mutuas garantías entre los contratantes.
“Y nos, los dichos justicia y regidores otorgamos y conocemos por esta carta que nos obligamos y nos ponemos con vos, el dicho Fernando Rodríguez, de vos dar a hacer el dicho reloj y por la dicha cuantía y con las dichas condiciones, y nos obligamos, y a los bienes y propios del dicho Concejo, de lo cumplir y mantener, so la dicha pena.
Y yo, el dicho Fernando Rodríguez, y yo, el dicho Juan, cerrajero, obligamos a todo lo suso dicho a nos y cada uno de nos y a todos nuestros bienes, así muebles y raíces, habidos y por haber. (…) Que fueron hechas y otorgadas en la dicha villa de Cuéllar, a tres días del mes de febrero, año del nacimiento de nuestro señor Jesu Cristo de mil y quinientos y setenta y cinco años. (…) Francisco Álvarez.”

Bibliografía: Jesús de Benito Pascual: "El reloj de torre de la Iglesia de San Miguel de Cuéllar, una aproximación histórica", página 3-5, 2012
Editor SANZ PLATERO, Daniel
Actualització 08-04-2016

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