REDACCIÓN - Los turistas que estaban en el Miguelete bajaron 'blancos' del susto

Los turistas que estaban en el Miguelete bajaron 'blancos' del susto

Algunas piezas del Museo de Cerámica se movieron unos segundos, aunque sin daños

El Micalet es uno de los lugares más hermosos para contemplar Valencia, aunque no debieron pensar lo mismo los turistas que estaban ayer en lo más alto. Rosa María se encarga de vender las entradas para acceder al campanario y aseguró que los visitantes que bajaron pasadas las doce del mediodía llevaban el miedo en sus caras.

'Muchos de ellos comentaban que lo habían pasado muy mal, que todo comenzó a moverse y que pasaron momentos de tensión', señaló.

En las cercanías, Eduardo Yerves trabaja en la oficina de Turismo situada en la plaza de la Virgen y sí que notó el temblor, justo cuando estaba almorzando. La silla empezó a moverse, según contó poco después, y se dio la vuelta porque pensaba que era algún amigo, pero allí no había nadie. 'Todo fue muy rápido', apostilló, un par de segundos como mucho.

Dentro del templo catedralicio, José Llusar, sacerdote, dijo que todo se había desarrollado con nor malidad y que sólo un compañero notó una sacudida en la Capilla del Santo Cáliz. Un portavoz del Arzobispado señaló que en algunas iglesias se paró la misa durante unos minutos.

Como anécdota, un mimo que trabaja en las proximidades de la plaza Santa Catalina afirmó no haber notado el temblor. 'Pero yo no me habría movido ni con el terremoto', aseguró.

Jaime recoge las limosnas de los fieles en la Basílica de la Virgen y mencionó que no se había notado nada, salvo un sacerdote que estaba confesando y sí lo apreció.

Los objetos vibraban

El Museo de Cerámica González Martí fue otro de los recintos públicos donde se comprobó el terremoto. El fotógrafo Manuel Cristo llegó al lugar y quedó alucinado al ver cómo vibraban algunos de los objetos artísticos. 'Vale la pena acercarse a este museo contaba Manuel y se veía precioso incluso con el temblor de la tierra.'

El museo recibió a 687 visitantes entre las 11 y las 14 horas. Casi todos ellos vivieron el acontecimiento del día mientras se deleitaban contemplando la estética de las piezas y, afortunadamente, ninguno pudo contar que algún objeto se había roto por el temblor de tierra.

'Hemos hecho una revisión y comprobado que ninguna pieza se ha desplazado de su lugar. Eso sí, algunos jarrones se han movido sobre su peana', precisó el director del museo, Jaime Coll. Éste añadió que hubo gente que se asustó al llegar el incidente de repente, 'pe ro no ha existido ningún daño, no ha habido ningún altercado y tampoco hemos encendido ninguna de las alarmas del edificio'.

En la playa de la Malvarrosa, uno de los barrios donde más se percibió el fenómeno geológico, Antonio, vecino del lugar, comentó que estaba en el salón de su casa y se dio un susto de muerte cuando comenzó el temblor. Se movía el ventilador que cuelga del techo y la televisión se desplazó unos centímetros en el mueble.

En la misma zona, Yolanda León indicó que el comentario generalizado en la Malvarrosa era que el seísmo se sintió 'muy fuerte'. En su tienda de ultramarinos de la avenida Malvarrosa se 'menearon' las botellas de vino. En ese momento, esta señora llamó a su hija, quien le comentó que su nieta 'había llegado a llorar'. El Marítimo fue, por su cercanía al mar, donde los vecinos notaron más el seísmo producido a pocos kilómetros.

REDACCIÓN

Las Provincias (22-09-2003)

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