LLOP i BAYO, Francesc - Nuestras campanas (3) - Campanas soldadas

Nuestras campanas (3)

Campanas soldadas

En estos momentos están sonando dos campanas que hace unos meses estaban destinadas a la chatarra: se había rajado y nadie apostaba por ellas. Se trata de la campana de los cuartos de la torre de Sant Mateu y la llamada "Quinta" de Cheste. En el primer caso es una campana de 1730, de perfil fino, destinada exclusivamente al toque de los cuartos de la noble torre santmateuana. Está colgada en lo alto de la sala de las campanas para difundir mejor su son por toda la villa (las campanas pequeñas han de estar en lo alto mientras que las mayores pueden estar cerca del suelo, sin merma de su difusión sonora) y se conecta, mediante un cable de acero, al reloj mecánico, emplazado unos metros más abajo. La campana, de unos cincuenta kilos, tenía una raja en forma de siete de más de cuarenta centímetros, y habían intentado repararla mediante grapas y estaño, pero cada vez sonaba peor. Se había roto seguramente porque el martillo era muy grueso y se había aflojado el resorte que aleja la maza de la campana para que suene mejor y para no romperla.

La campana de Cheste, de casi 300 kilos, se había roto en un volteo, seguramente porque el badajo estaba mal atado y no había pegado donde debía, en el labio más grueso de la campana. Se había pensado más de tres veces en romperla a trozos, para bajarla mejor por la escalera, pero finalmente se había dejado, con una raja de más de 20 cm. No sonaba nada más que un «cloc» infame y desagradable.

Las dos campanas viajaron Alemania, a cuenta de la Generalitat Valenciana, y fueron a una empresa de Nördlingen, que se dedica exclusivamente a ese tipo de soldaduras: ¡han reparado más de 3500 desde el fin de la II Guerra Mundial, y alguna supera los 25000 kilos de peso! Allí las campanas sufren un proceso especial de recocido antes de ser soldadas.

Lo importante de esta operación es que la misma campana vuelve a sonar -con el mismo sonido que tenía. Cuando se refunde una campana se dice que se emplea el mismo metal, y aunque se cuide mucho la operación es muy difícil reproducir exactamente el perfil de la campana antigua. ¡Un cambio de 3 mm puede provocar un semitono de diferencia!

Por otro lado como las campanas han de ser recocidas durante el proceso de soldadura, el metal recupera su elasticidad original y el timbre que tenía al principio.

Esta recuperación de los sonidos originales supone la conservación de uno de los más antiguos patrimonios sonoros de la Comunidad: los instrumentos de cuerda o de viento han ido cambiando de afinación a lo largo de los siglos. Tampoco se hacen ahora las campanas con los mismos acordes que antes: cada época tiene sus modas y sus gustos musicales. Sin embargo, cuando escuchamos una campana antigua oímos lo mismo que sonaba hace cuatro, cinco o seis siglos.

Por eso la técnica de la soldadura, aplicada cuando nuestras mejores y más antiguas campanas se quiebren, nos permite conservar para nosotros y para las generaciones futuras esos preciosos bronces, portadores de sonidos, de imágenes, de inscripciones y de sentimientos, que nos legaron nuestros mayores.

Francesc LLOP i BAYO
(Publicado en "Iglesia en Valencia" - València - 1991)
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