LLOP i BAYO, Francesc - Nuestras campanas (10) - ¿Los toques de muerto han muerto?

Nuestras campanas (10)

¿Los toques de muerto han muerto?

Los toques de campanas tradicionales servían para comunicar las actividades que afectaban a todos, que eran dignas de ser conocidas por la comunidad. Los bautizos y las bodas, salvo contadas excepciones, no eran acontecimientos considerados como hechos comunitarios en tierras valencianas, y no eran reflejados con los toques de las campanas. La muerte de un miembro del grupo servía, sin embargo, no sólo para comunicar su desaparición: también reflejaba y reforzaba una organización social que era considerada "natural", y que todos conocían y aceptaban.

El paso del tiempo ha supuesto un cambio importante de las actitudes ante la vida y la muerte, y frente a los diversos acontecimientos rituales que van marcando el paso de la existencia individual en el seno de la comunidad. La ausencia de los toques de muertos en las ciudades no sólo refleja una voluntad de "no molestar". También indica que la muerte ha pasado al ámbito privado, haciendo innecesaria su transmisión pÚblica, colectiva.

A finales de octubre tuvimos la oportunidad de hacer un concierto nocturno de campanas en la iglesia de las Escuelas Pías, la torre de San José de Calasanz de València. La recuperación de los toques de muerto supuso un reencuentro con la más alta mÚsica de la comunidad, hecha triste por el mensaje que transmite, pero digna de ser compartida. ¡Eran toques muertos que sonaban vivos, otra vez, en la noche viva de una Ciutat Vella medio muerta!

El programa estaba compuesto por toques antiguos (de una "Consueta" o partitura del siglo XV) y de otros toques más nuevos (tradicionales hasta los años 60), todos propios de la ciudad de València, y todos muertos, porque la muerte, ahora, pesa poco y no afecta a la comunidad. Había diversos toques para presbítero, para personas adultas, para niños, para autoridades y para los aniversarios.

Lo interesante de estos toques es su rapidez y su ritmo, que chocan mucho con la idea que tenemos sobre los avisos de difunto, que imaginamos siempre lentos y melancólicos. En realidad, lo que los hace pausados y tristes es el mensaje que transmiten. O, mejor aÚn, que transmitían.

Es cierto que antiguamente, y en muchos pueblos lo siguen haciendo, se tocaba a muerto inmediatamente se había producido la defunción, indicando el sexo, la edad y la posición social del difunto. Los toques se repetían a cada toque de oración, al atardecer, al alba y al medio día, mientras permaneciese el muerto insepulto, recordando su partida, pidiendo oraciones por su alma y protegiéndole, quizás, con los toques de las campanas.

Sin embargo hoy hemos pasado de esa repetición excesiva de los toques a una ausencia total de ellos, asociada quizás a esa "privatización" de la muerte, que supone también una excesiva separación de la comunidad.

Nosotros proponemos que los toques de muerto vuelvan a sonar, al menos a la entrada y a la salida del difunto a la iglesia, para el funeral.

Esos toques, mucho más breves que los antiguos, no solamente servirían para acompañar mejor esos momentos difíciles para los familiares, sino que incluirían a la comunidad en su dolor, haciéndoles participar mediante su recuerdo y su oración.

Francesc LLOP i BAYO
(Publicado en "Iglesia en Valencia" nº 327 - València - 17/04/1994)
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