LLOP i BAYO, Francesc - Pablo DEL CAMPO ALBARADO: Fundición artesana y ambulante de campanas

PABLO DEL CAMPO ALBARADO

Fundición artesana y ambulante de campanas

Pablo del Campo Albarado - Foto Colección Familiar

Las campanas son construidas a través de un largo proceso, que requiere la elaboración, a menudo artesanal y con pocas herramientas, de dos moldes distintos, entre los cuales deberá ser vertido el metal derretido para que solidifique en forma de campana. Estos sonoros instrumentos se funden en bronce, una de las aleaciones más antiguas, que puede ser reciclado, refundido, en caso de rotura de la campana, cosa que suele ocurrir cada dos o tres siglos. Las guerras podían adelantar este proceso de refundición de campanas en cañones y las revueltas anticlericales solían comenzar con el incendio de las iglesias y la destrucción de casi todas las campanas de la torre. Apenas conocemos la existencia de constructores de campanas en Aragón. Un anticuario de Barbastro vendía algunas herramientas y grabados, cuyo uso desconocía, pero que pertenecieron seguramente a un fundidor ambulante del Alto Aragón. Las Industrias AVERLY, unas fundiciones de Zaragoza, debieron construir y electrificar campanas en la década de los cincuenta y sesenta, en la ciudad y su comarca, aunque carecemos de más información.

Describiremos este proceso artesano y ambulante de la fundición de campanas, gracias a las informaciones de VISITACION DEL CAMPO y su esposo RICARDO VILLA, de Ambel, en el Somontano del Moncayo, entrevistados entre otras ocasiones el 16 de agosto de 1984. Ellos conservan alguna documentación y numerosas tablas y otras herramientas de su padre PABLO DEL CAMPO, fallecido en 1951 a la edad de ochenta años, y constructor de campanas aragonesas, castellanas y catalanas.

El interés de su testimonio así como la información que encontramos en los documentos conservados, apenas radica en el conocimiento sobre el proceso de fundición, bien estudiado, entre otros por SANCHEZ REAL (1982), sino en las relaciones espaciales que podemos reconstruir a través de los contratos conservados por la familia, y de modo muy especial en el trabajo de refundición de las campanas en torno al pueblo de Bayubas de Abajo, en el año 1940; allí instaló un taller provisional donde fueron rehechas numerosas campanas de los pueblos circundantes.

Biografía

PABLO DEL CAMPO ALBARADO, con la grafía que él empleaba en la firma de los contratos, era natural de Castillo, un pueblo de Santander, en la actual Comunidad de Cantabria, donde aprendió su oficio de fundidor de campanas. LLegó a Ambel, para reconstruir la del reloj, rota, que aÚn existe. Se enamoró de la hija en cuya casa se hospedaba y casó con ella, permaneciendo el resto de su vida en esa población aragonesa, con desplazamientos temporales a las áreas de trabajo:

Que casi todos los fundidores descienden de Santander, era de la provincia de Santander [...] al lao de Santoña. Mi padre vino aquí a hacer una campana. Hizo aquel año las de Magallón y estando allí se enteró que había una rota en Ambel, y subió y la hizo. Vino aquí de joven cuando tenía veinticinco años a hacer unas campanas de [...] y se hospedó en una casa que era de la mujer de él, y se enamoraron y se casó aquí y aquí vivieron y aquí murió, éste es, ésta es toda la genealogía de él. AÚn hizo de setenta y dos años, después de la guerra, el año cuarenta y dos, aÚn hizo una. Murió en el año cincuenta y uno con ochenta años.

Como señalaron sus hijos, era un campanero:

Vamos a puntualizar, es que es distinto tocar las campanas que les llaman campaneros a ser fundidor de las campanas, ¿eh? Pues éste es el verdadero, el auténtico fundidor de las campanas. Los demás son tocadores de campanas. Pero no es mi padre [solamente] que yo he visto fundidores en Santander que ir al pueblo de mi padre, en un pueblecico de al lao que vivía un señor y igual o sea que era de artesanía.

Aprendizaje y enseñanza

PABLO DEL CAMPO llegó a Ambel con el oficio aprendido en su tierra natal, pero no quiso compartir con nadie sus conocimientos, que se llevó a la tumba, a pesar de haber tenido incluso proposiciones industriales:

No le enseñó a nadie. Nunca. Y le voy a contar un caso, hubo unos señores de Zaragoza una vez con unos señores que eran de aquí, estuvieron una tarde entera dialogando, explicando, como sacándole a ver que decía y no dijo una palabra, ni una, no le enseñó a nadie, se llevó su arte, su secreto se lo llevó ande está. Y si hubiera sido de otra manera que hubiera tenido por ejemplo vocación de enseñar a alguno pues, bueno, la idea de, porque claro, siempre hace falta gente joven para hacer las cosas, pero podía haber seguido hasta que se hubiera muerto dirigiendo la cosa, vamos. Una vez un señor amigo tenía un hijo. Dice: "Mire, se lo doy el hijo y le enseñe el oficio." Dice: "No, no."

Los objetos materiales conservados por la familia

Entre los objetos materiales, aparte de los contratos y otros escritos que la familia ha conservado, existen varias piezas de interés, aunque hay cierto peligro en la conservación de las tablas de madera, debido al ataque de insectos xilófagos.

La familia tiene un sello de goma, que indica una estabilidad industrial así como un buen lugar de transporte, con el dibujo de una campana y la leyenda. Dicho timbre no aparece en ninguno de los contratos catalanes:

F U N D I C I O N
DE
C A M P A N A S
Pablo del Campo
Frente Estacion
L E R I D A

La pieza más importante es la famosa tablica, cuya imagen a escala real transcribimos a continuación. Creemos que la distancia entre la raya inferior y las otras, que tienen una cifra marcada, corresponde al grueso del labio o borde de la campana, que suele ser para los fundidores la medida básica de referencia. A partir de ahí, con un compás desaparecido, al igual que otras muchas herramientas sencillas, el fundidor era capaz de trazar en una pared los perfiles de la curva que luego, mediante las plantillas de madera, también desaparecidas, servían para modelar los diferentes perfiles de la campana. Las cifras que hay junto a los diversos niveles podrían corresponder a arrobas, es decir a 11,5 kg por unidad, y cada trazo podría suponer, aproximadamente, una nota musical. No sabemos si la misma tablica era válida para las diferentes campanas, tanto de forma Romana como las de forma moderna o belga.

La tablica - Dibujo ÁLVARO MUÑOZ, Mari Carmen (1988)

También conservan al menos 15 bajorrelieves (esto es, positivos, en contra de la costumbre de los fundidores, lo que les obligaba a hacer un falso molde cada vez) que corresponden al siguiente santoral:

SIMONMATHIEUPIERREPAULJEAN
6°D5°G1°D1°G3.D.
JACQUES.MIPHILIPPEJACQUES MABARTHELEMI N.D.DE LOURDES
4-D4.G2.G.5.D
THADEETHOMASANDRED J-C GN.D.D'AQUITAINE
6 G3 G2 D

Las letras corresponden al nombre en francés del santo junto a cierto código. Algunas tablas, que suelen medir 9 * 18 cm, llevan manuscrito al dorso

Visita del Campo 14.

Igualmente es de origen francés otra tablica doble, de 13 * 13 cm, con el nombre marcado al reverso de un contramaestre, ¿oficial de la fundición cuyo nombre figura al anverso?:

[Reverso, grabado]Manuel LAMIELLDEGESSA CONTRE-MAITRE
[En tinta]
RAM
Saragosse Espagne
[Hay también una mano, con la inscripción haut]
[Anverso, grabado]
AUGUSTA ACSCORUM
+ B. ESCOVBET +
FONDEUR
A RAMOVSENS
(GERS)
+
[En el centro hay una corona republicana con un escudo partido]

Hay cuatro tablas con letras y nÚmeros del alfabeto, una de ellas con doble abecedario, así como otra cuadrangular, con una imagen de Santa Bárbara. Otra de las tablas tiene una serie de nÚmeros, en negativo y alo largo de dos caras, que no parecen formar serie significativa como en la famosa tablica, así como una fecha, 1829. En la página siguiente reproducimos, también a escala real una muestra de cuatro de los seis tipos de de letras. Todas estas tablas están grabadas, dando imágenes negativas para hacer en cera las inscripciones de la falsa campana, sin necesitar moldes intermedios. El color y el tacto de las tablas atestigua el uso constante al que fueron sometidas, durante cerca de siglo y medio, aunque alguna no fechada parece que tiene unos caracteres al menos del siglo XVIII. Estas tablas están actualmente recogidas en una caja de cartón, envuelta en bolsas de plástico para su protección, aunque la familia conserva muchas otras con ornamentaciones (hojas, angelotes, volutas...) que emplean, puestas en la pared, tanto para decorar como para colgar una amplia colección de llaves. En una de ellas pone, invertido, el texto AVEJOSEPH AVEMARIA.

Guardan más moldes en otras residencias.

La documentación del fundidor

Entre los noventa y seis documentos que la familia conserva por casualidad, ya que muchos otros se perdieron, hay 28 contratos, de los cuales 4 están fechados entre 1900 y 1907, y están localizados en Catalunya. 10 corresponden al período 1925/1930, siendo 3 de ellos en Aragón, 6 en Castilla y León y 1 en La Rioja. Hay un contrato de 1939, en Aragón, 12 en 1940 en Castilla y León y uno en 1941 en Navarra. Sobre las campanas de Burgo de Osma y otros lugares hay abundante información pero no tenemos copia del contrato. Hay documentación sobre roturas, contactos previos, retrasos en los pagos así como imposibilidad de realización del trabajo. El período más interesante es el de 1940, es decir las refundiciones en los pueblos vecinos a Bayubas de Abajo, donde PABLO DEL CAMPO instaló el 15 de mayo un taller provisional, y cuyo análisis nos permitirá reconstruir las relaciones espaciales en estos procesos tradicionales. Los contratos conservados corresponden a los siguientes lugares y períodos temporales:

Catalunya (1900 - 1901)

- Estoll

- Gabàs

- Mora

- Torrelameo

Aragón (1925 – 1930)

- Purujosa

- Magallón

- Trasobares

(Castilla y León)

- Abión

- Almenar

- Andaluz

- Peroniel

- Ribarroya

- Velamazán

Rioja

- Navajún

Aragón (1939)

- Monreal de Ariza

Castilla y León (1940)

- Barcebalejo

- Bayubas de Abajo

- Cendejas de la Torre

- Centenera de Andaluz

- Ciruela

- Momblona

- Quintanilla de Tres Barrios

- Rebollo de Duero

- Torreblacos

- Valdelubiel

- Valdenebro

- Valderrodilla

Navarra (1941)

- Fitero

Todos los lugares citados, por orden alfabético, son los siguientes, excluyendo Ambel, lugar de residencia del fundidor:

También hay una petición póstuma, realizada por una empresa ferretera de Madrid, que solicita un presupuesto para fundir cincuenta campanas para estaciones de Renfe.

Los hijos del fundidor recuerdan alguno de los lugares donde su padre, fundidor ambulante, extendía sus actividades, así como sus medios de desplazamiento:

Pues igual en Benabarre, tiene campanas por ahí, mi madre incluso se iba a temporadas con él y estaban en Benabarre. [Él normalmente iba de un pueblo a otro, que iría con mula] Sí, con una yegua que tenía. En sus tiempos con una yegua que llevó fama en la provincia de Huesca y aquí, de, de corredora que era.

Un momento, por si acaso quieren subir a las torres y ver las ésto, pueden hacer coger una lista de los pueblos, que por ejemplo por allí hay, que ha hecho campanas y... Sí, pues empezando por Ambel, claro. En Ambel, cuando vino mi padre, vino de soltero. En la provincia de Huesca, en la provincia de Huesca, mucho, y le voy a decir, el año dos hizo en Montserrat, tenía yo un hermano y allí empezó a andar, nació el año uno y el día dos, el año dos, digo yo que fué el año dos porque allí dice que comenzó andar, era pequeñico y comenzó allí y en la provincia de Huesca, hay un pueblo que allí era de las más grandes que había en Aínsa, en Aínsa, pues por ahí por el valle de Broto.

Hizo muchas en Cataluña también; por Castilla casi todas. Y vino a fundir las de, de la empresa, sí, seguro, de Morata. Todas las que le vamos a decir son Pablo del Campo, hechas por él, por ejemplo Bulbuente. Ésta es de las Últimas que fundió, Bulbuente, Maleján, las de Ainzón. Maleján también, y por aquí arriba las de... Bureta, las de Tabuenca. Ésta de por aquí de estos pueblos. La de Talamantes, una que la cambió después de la guerra, la ha hecho. Buitrago, Trasmoz, [dos pueblos más de nombre irreconocible], El Alcalá de Moncayo [...], Alcalá del Moncayo, las de Calcena también, pero ésas, ésta es Aragón, de ahí de la parte de Calatayud es de donde venían los alfareros de Sastrica, también, ésas. Sastrica sí, bueno de todo Aragón. Y después de la guerra aÚn hizo para la provincia de Guadalajara, Fencejas de la Torre y en Aragón también, durante la guerra hizo aquellas [de] Monreal de Ariza [...], de ésas que me voy acordando. Y en Huesca, infinidad.

En la provincia de Huesca, de Huesca, muchas, y en la provincia de Lérida, porque incluso vivió una temporada mi padre. Y en Soria, en la provincia de Soria. Pues en Vera del Moncayo están hechas las de la iglesia y un campanico pequeñico para el, hasta el, en el cementerio, hecho por él, o sea que igual hacía pequeñas que grandes, después en Soria, Pozalmuro, Almenar. Éstas que conozco yo de Magallón y de [nombre de pueblo irreconocible] están fundidas dos veces por éso.

[En muchos sitios que las habían tirao para la guerra, ¿él volvió a hacer alguna?] No porque ya le pilló muy viejo ya. Si le hubiera pillao de cuarenta años hubiera sido el más rico de, del país. Pero para Castilla, precisamente Bayubas de Arriba, Bayubas de Abajo, seis meses estuvo allí y no sé las fundiciones que hizo y en Sigüenza que estuvo que había precisamente allí una fundición que también descendía del pueblo de mi padre los fundidores, desaparecieron. En Fitero. También fundió cinco, tres y una cuatro, una para un colegio y para hacer aquellas hizo las de la [palabras incomprensibles] las habían fundido el día veintinueve, el año veintinueve en una fundición que había en Vitoria, pero como ya no era a base de artesanía que era a base de éso.

Al terminarse la guerra, el cura párroco que había en Fitero, había estao en Vera del Moncayo y las había hecho mi padre cinco, las del Monasterio de Veruela las hizo también después de la guerra dos, pues hizo las de la parroquia y por cierto la grande. Y por esos pueblos del Somontano y por ahí. En Huesca muchas y en la provincia de Soria. Y en Aragón muchas, por la parte de Calatayud. Veinte años después de morirse, de la parte de Valencia, para la Renfe, le escribieron para que hiciera cincuenta campanillas.

Rotura de campanas

A pesar de su gran tamaño y aparente fortaleza, las campanas son frágiles y por tanto fáciles de romper, al ser producto de fundición. Se dice que es fácil de hacerlo, voluntariamente, con una bufanda:

Esas campanas las fundió antes de casarse, cuando vino aquí a fundir la de la iglesia y se rompió el yugo de una estando volteándolas y pegó a la otra y se rompieron las dos y el año veinticinco las hizo, las volvió a hacer y en Malacán pasó igual. Se salió del eje de la torre y también pegó a la campana y cayó, éso que hubo suerte que no había nadie y también las volvió a fundir. Éso de que echan una bufanda y se rompe, éso es. Sí, porque la lana es muy, si quieres romper la campana, es verídico. Echa algo de lana, en la de Alcalá mismo cuando el entierro de don, del cura, don Plácido, que subí yo me quedé atónita cuando la oí tocar, dice: "Pues mira, ésto, echando una bufanda, estando golpeándolas." Mi padre garantizaba siempre, siempre por diez años las campanas, y no ha tenido que refundir nunca, yo no he conocido. [...] En Alcalá de Moncayo, que por cierto la tienen rajada, le echaron una bufanda y la han roto.

Durante la RepÚblica casi desapareció la fabricación y el uso de las campanas, mientras que la guerra civil causó la destrucción de muchos bronces. Nuestro fundidor, aunque ya era anciano, aÚn rehizo algunas tras la contienda, para lo que tuvo que ser proveido de un salvoconducto:

Bueno, en la RepÚblica ya no hacían campanas: lo que pasa. Si le hubiera pillao de cuarenta años hubiera sido el más rico de, del país. AÚn hizo de setenta y dos años, después de la guerra, el año cuarenta y dos aÚn hizo una. El obispo o el arzobispo de Sigüenza después que terminó la guerra, como ya, claro, vosotros sois jóvenes, pero para ir de aquí a Borja y otros sitios tenían que hacerte un salvoconducto, si no no podías salir, pues ese señor le dió [...] un salvoconducto para que, si podía, para refundir todas las de la provincia porque como tocó la guerra. Ya le digo, la de la iglesia que era de [nombre incomprensible], de la provincia de Huesca, de las más grandes que haya fundido mi padre, ya sé de gente que estuvo allí cuando la guerra, que las tenía abajo, que ésta no la habían roto, pero la tenían abajo.

La locura humana.

El proceso seguido: desde el contacto hasta la colocación

Los materiales recogidos, tanto orales como escritos, permiten recomponer el proceso ideal de refundición de las campanas.

Por lo general era un sacerdote el que tomaba contacto con el fundidor, dirigiéndose a veces al taller provisional donde tenía sentados sus reales de temporada. El campanero contestaba su oferta, aunque debía ir a menudo al lugar para ver in situ las características de la campana y el trabajo que tenía que realizar. El mismo sacerdote contestaba tras la reunión del Ayuntamiento, ya que por lo general los trabajos iban a ser pagados a medias por cada una de las instituciones. A veces la respuesta era negativa, como en Matanza de Soria, donde el párroco escribe:

Muy señor mío: El Sr. Alcalde hizo saber al vecindario el asunto de la campana y como la cosecha ha sido tan escasa parece que acordaron dejarlo para después de primavera...

o estaba supeditada a otro pueblo vecino; si los dos refundían, eso disminuía los costes y facilitaba la toma de la decisión. A continuación tenía lugar el contrato formal, a menudo en el mismo Ayuntamiento del lugar, aunque a veces tenía lugar en la Casa Consistorial del pueblo en el que se encontraba la fundición provisional. El lugar citado es siempre el mismo, lleno de formalidad, puesto que se trata de un acto solemne: por ello muchos contratos son redactados con fórmulas quasinotariales. Por un lado se compromete el alcalde, a veces, o los miembros de una junta o comisión, en nombre del pueblo. A menudo interviene también el sacerdote del lugar, también por parte del pueblo. Por el otro lado interviene Pablo del Campo Albarado, de ... años de edad, vecino de Ambel (Zaragoza), de profesión campanero. A veces también señalan que es natural de Castillo (Santander), y que es casado. Su segundo apellido varía desde Alvarado hasta Algarado, pero ninguno escribe Albarado, del modo que firma el propio interesado.

El pago queda establecido por kilo, teniendo en cuenta que los kilos de mermas, que tienen que ser añadidos para que la nueva campana tenga el mismo peso que la anterior, suelen ser cobrados prácticamente al doble. A veces se contrata un precio global por la fundición, pero solamente en los primeros contratos. No pocas veces, en los contratos de 1940, se añade una cantidad fija para gastos de fundición (leña, huevos, sebo, cera...) y alguna vez se da un plazo de finalización, penado económicamente, para coincidir con alguna fiesta simbólica.

El pago tendrá lugar tras colocar la campana y probarla, aunque no faltan los plazos en varios años, en los primeros contratos. En algunos contratos se especifica que se considera inaugurada la campana cuando esté precisamente colocada en la torre, para evitar ambigüedades. Así, en Ciruela, el pago lo hará el Ayuntamiento el dia, que se inaugure la Campana, entendiendose que la inauguracion sera el dia que se halle colocada en el sitio. En Torreblacos, en el contrato mecanografiado, concuerdan que el pago la hara el Ayuntamiento el dia que se inagure la campana. Hay un añadido manuscrito que matiza notablemente la claÚsula: o el mismo dia que quede colocada.

Los precios del trabajo de fundición

Los precios, por kilo, son casi siempre indicados, pero apenas señalan el peso total antes y después de la refundición de la campana. En los contratos catalanes, entre 1900 y 1901 solamente se acuerda un precio global sin especificar el peso ni el importe de cada kilo, tanto de fundición como de merma. En la temporada 1925/1927 se especifica una cantidad por kilo que gira en torno a las dos pesetas, excepto en Andaluz, donde nuevamente se acuerda un precio conjunto, práctica que vuelve a repetirse en 1929 (dos pueblos) y en 1939. La campaña de 1940, en torno a Bayubas de Abajo, introduce nueva y definitivamente el precio por kilo, que suele variar de 2,50 en la mitad de los casos a 2,75. En algÚn lugar se señalan ambos precios, como en Valdelubiel o Barcebalejo: si la campana es mayor de 200 kg, se cobrará a 2,50 mientras que si es menor a 2,75, al contrario de lo que viene siendo práctica actual de los fundidores. En estos pueblos introducen una cantidad fija, generalmente de 100 pta., como gastos de fundición (leña, sebo, huevos, alquiler de local), excepto en el pueblo donde se instala el taller provisional, donde ceden los materiales necesarios y el local para los trabajos.

El contrato modelo

Los contratos se parecen bastante en cada una de las tres épocas; hay cierta coherencia interna, tanto en el aspecto legal y formal como en los precios. Aunque sigan un modelo comÚn, expresan de manera más o menos velada las condiciones locales. El siguiente documento se aproxima al Contrato-tipo:

CONTRATO PARA LA FUNDICION DE UNA CAMPANA

En el pueblo de Bayubas de Abajo a quince de mayo de mil novecientos cuarenta, se reunieron en la Sala Capitular de una parte los señores Gestores que forman el Ayuntamiento y que lo son D. Isaac Molina Mateo, D. Pedro Molina Manrique, D. Francisco Bañuelos Minguez y D. Meliton Sanz Molina, así como D. Julian Garcia Garcia Cura Económo de la Iglesia de este pueblo y de la otra D. Pablo del Campo Algarado de 69 años de edad, vecino de Ambel (Zaragoza) de profesión campanero, y, de comÚn acuerdo estipula las condiciones siguientes para la fundición de una campana para la Iglesia Parroquial de esta localidad:

CONDICIONES

1ª.- D. Pablo del Campo se compromete a fundir una campana aproximadamente de las mismas dimensiones y peso de la actual, comprometiendose a poner el material necesario para compensar las mermas que tenga en la fundición.

2ª.- El Ayuntamiento abonará a dicho señor la cantidad de DOS pesetas CINCUENTA centimos (2'50) por cada Kilogramo de peso a excepción del material que tenga que adicionar que le sera abonado a razon de TRES pesetas CINCUENTA centimso (3'50) Kgm., el Ayuntamiento tiene que facilitarle local para establecer el taller, peonaje, acarreo de tierra, leñas, huevos, cañamo, cera, sevo y otros.

El local le sera concedio hasta el mes de Noviembre proximo, por si tuviera necesidad de emplearlo para fundir campanas de otros pueblos y sin derecho a retribución.

3ª. La campana ha de ser de forma Romana o sea como la actual.

4ª. El Sr. Pablo se obliga y compromete a dejarla colocada en el Camapanario de la torre de forma que se pueda tocar, y, responde por espacio de DIEZ años de la rotura de la nueva campana siempre que sea originada por defecto de fundición.

5ª. El pago lo hará el Ayuntamiento el dia que se inaugure la campana, entendiendose que la inauguración sera el dia que halle colocada en su sitio.

Y para que conste se firma este documento por duplicado entregandose uno al campanero y el otro reservandose en el Ayuntamiento para constancia, fecha utsupra.

Hay siete firmas con sendas rÚbricas: Isaac Molina, Pedro Molina, Francisco Bañuelos, Melitón Sanz, Julian Garcia, Pablo del Campo Albado, así como Ciriaco Moreno, que no figura en la lista de nombres que encabeza el Contrato. Hay igualmente un sello a la altura de las firmas, con el escudo franquista de España, y con la leyenda "AYUNTAMIENTO NACIONAL DE * BAYUBAS DE ABAJO * "

El texto es mecanografiado, en una hoja de tamaño holandesa. A pié de página comienza el texto, manuscrito, que sigue por el dorso, donde se indica, como ocurre con todos los demás, cuando fué colocada la campana y lo que se pagó por ella:

No/

ta:Se hace constar que la Campana aque se refiere el contrato anterior fué colocada en la Iglesia parroquial, el día diez y seis de Junio del presente año y que la cantidad a que ascendieron los trabajos del Campanero son ochocientas cincuenta y nueve pesetas, cincuenta centimos que se le entregaron con fecha diez y seis de Julio siguiente.

Bayubas de Abajo, 11 octubre 1940

Hay dos firmas: Isaac Molina; Pablo del Campo, y el sello precitado.

Características de la campana

El fundidor sabía cual producto deseaba hacer: parece que intuía el peso, la nota de la campana, tomando como referencia una tablica con nÚmeros que aÚn conservan sus descendientes. El tamaño de la campana exigía, por otro lado, la elaboración de uno u otro tipo de asas adecuadas para la sujección al yugo. Los resultados no parecían estar relacionados con la simplicidad de las herramientas empleadas:

Ver hacer la campana y ver el cuadro de herramientas que tenía, era una cosa irrisoria, pero el arte lo tendría; sabía los kilos que iba a pesar la campana, sabía la nota, sin saber mÚsica, que le daba al tono y el peso que le había de sacar, por, por arte, porque éso era un arte como mecanismo, en fin. Luego había otra cosa que a mí nunca me pudo el convencer, hacer el asa de piña es lo que más difícil, el arte que he conocido yo. El asa, el asa, el asa, en forma de piña, como si fuera una corona, en forma de piña que llamaba él. Es que hay unas que son lisas. Y hay otras con tres agujeros, y ésta tenía dos, cuatro, seis, ocho brazos. Con ocho brazos, con ocho. Pues éso es lo más difícil que le veía yo, es más, las veces que yo lo ví me atrevía a hacer yo, pero el asa...

Él no sabía más que con esa tablica, el sabía las dimensiones, las dimensiones que iba a tener la campana. Él sabía el punto que le daba el metal, él ya sabía si había de ser en DO, en RE, en MI, él ya sabía las notas que iba a tener la campana, ¿entiende?

La forma general de la campana queda a veces muy explícita en los contratos, aunque solamente en pueblos castellanos, donde exigen que sean de forma Romana, más achatadas y con una sonoridad muy característica, distinta de la habitual: tal especificación se da en 13 de los documentos.

Otro pide una campana de forma Romana moderna, lo que parece una contradicción, pues un contrato distinto exige que la campana sea moderna. Hay un contrato, distinto a los demás, firmado en Navajún, en la Rioja. En él se pide que la campana sea de forma belga, que debe corresponder a la forma moderna. Este Último contrato tiene otra peculiaridad que lo distingue del resto: debe ser confirmado por la Comisión Diocesana de Fábricas Parroquiales, de la diócesis de Calahorra; la probable existencia de un experto en tal comisión justifica la exigencia específica del tipo de campana, denominación comÚn en Centro Europa pero ciertamente nueva aquí, si no es en ambientes muy cultos.

Las características sonoras de la nueva campana quedan generalmente indicadas como de la misma forma, dimensiones y peso que la anterior, con el sonido proporcional a su peso, con el sonido con arreglo a su peso. Una de ellas especifica que sea de la misma forma y dimensiones para acomodarla a su propio yugo. Se trata, en suma, de nociones muy generales, que no podemos conocer a través de los documentos.

Las campanas serán probadas, por lo general, a vuelo, lo que parece ser la garantía de su calidad; en ningÚn caso se especifica nota musical o uso para repique. Las campanas tienen que quedar de manera que guste el sonido y sus buenas condiciones.

El peso como referencia obligada

Todos los contratos se refieren a la refundición de campanas, reciclando el bronce procedente de una campana rota que está en la torre de la Iglesia. No hay casos de campanas nuevas y se quiere, por lo general, que las refundidas tengan, aproximadamente, el mismo peso de las anteriores, teniendo en cuenta las mermas, o las pérdidas naturales de la fundición, que suelen ser consideradas el 10 % del peso de la campana, excepto en Barcebalejo donde señalan para las grandes hasta un 15 % en más o en menos, y en Valdenebro, donde concuerdan un 20 %, una cifra realmente escandalosa, ya que las pérdidas reales, las llamadas mermas, suelen girar en torno al 5/7 %, debido a las técnicas artesanales: el metal fundido cae desde el horno hasta los moldes por gravedad, siguiendo unos canales, por donde se quedan materiales agarrados.

El peso de las campanas está expresado en casi todos los contratos en kilogramos, excepto en el de Estoll, de 1900 donde se habla específicamente de libras y en Velamazán, en 1925, donde hablan de kilos o arrobas, haciendo la conversión a 11,5 de los primeros por cada una de las segundas. El peso es la referencia concreta de la mayor parte de los contratos, mientras que otras características de la campana como su diámetro sólo son citadas indirectamente: aproximadamente de las mismas dimensiones y peso que la actual.

Metales y mermas

Apenas hacía campanas nuevas. Refundía las rotas, empleando el bronce, con unas mermas que giraban en torno al diez por ciento, en un proceso que duraba unos catorce días. A veces fundía las campanas en el mismo pueblo, lo que aumentaba su precio porque tenía que construir el horno de barro para la fundición, porque los vecinos no aceptaban recibir otras sino que exigían que las nuevas campanas fueran hechas exactamente con el mismo metal de las quebradas y ante sus propios ojos:

Nuevas, nuevas de decir: "Vamos a hacer una campana nueva", casi era difícil. Sólo dos semanas. Que siempre decía él que en catorce días la hizo la campana, con los moldes. No quisieron sacar, porque había muchos pueblos que tenía que ir el fundidor allí porque no querían sacar el metal porque les parecía que se les iban a cambiar, porque la mayoría eran de campanas rotas, claro. Y él ya ponía por ejemplo las mermas, por cada cien kilos me parece que eran cien kilos de mermas [error: probablemente quiere decir "diez" como veremos más adelante], las mermas y éso y ya él ponía más kilos o menos. Claro, se rompía una campana y como claro, para hacerla de nuevo siempre hay desperfectos, y el que faltaba lo ponía él. Ahora, el material tenía que ponerlo en el pueblo que estaba, él elegía la tierra, etcétera. Metal, si le hacía falta lo ponía él, claro, como si le mandaban hacer una nueva. Ya tenía casas que le preparaban metal, de Zaragoza. Miguel, ay, ¿como se llamaba? Enrique Miret Espoy; de esa casa hasta hace poco, hasta veinte años después de morirse mi padre, aÚn le han estao mandando prospectos.

Las plantillas

Cada campana tenía su plantilla, que era construida ex-profeso, y de las cuales no conservan ninguna los informantes. En este aspecto del trabajo, PABLO DEL CAMPO era un profesional mucho mejor preparado que la mayor parte de los actuales fundidores, ya establecidos en lugares fijos y semi-industrializados, como los hay en una decena de lugares a lo largo del Estado (aunque no en Aragón), que se limitan a emplear unas plantillas, a menudo heredadas, y que suelen ser incapaces de rehacer:

Para cada campana hacía mi padre un patrón, éso es, una plantilla. Bueno, pero que la plantilla, para cada campana, tenía una tabla y después tenía como un compás para la... Él ya sabía las dimensiones de la campana, que por cierto, si lo buscas, éso es, no lo puede entender nadie. Era como una regla. Sobre la regla que tenía él, sobre los puntos de la regla, sabía. Tiene una tablica que es así, larga, todo nÚmeros, que los entendía sólo él, y con aquello hacía la dimensión. Delgada, de... Ahora déjame a mí. Y está precisamente la tablica que es las medidas que con aquella, estos nÚmeros que yo no los entiendo porque están amontonaos, de allí salían, sacaban como había de ser la abertura que le tenía que dar a la parte de abajo, que es donde pega el badajo y es donde más [palabra confusa: ¿luce?] la campana, claro está.

Los moldes

El horno . Foto colección familiar

Las plantillas, elaboradas cada vez, de acuerdo con las medidas de la tablica, servían para hacer los tres moldes de la campana, que vienen a ser, en expresión muy gráfica, como tres sombreros puestos uno encima del otro. El del centro era la falsa campana, que tenía que ser destruida para colocar en su lugar, al final del proceso, el bronce fundido. En este momento de la entrevista, los dos informantes pugnaban por aportar las máximas precisiones del proceso, como se advierte en las frases entrecortadas que se complementan:

Mire, yo le voy a explicar, las campanas son por ejemplo un sombrero, otro sombrero y otro sombrero encima de los tres; son los tres moldes. Y después se rompía el del medio, porque el del medio era la campana precisamente, y entonces ésto era todos. Mire, con la plantilla ésa empezaba el primer molde, que decía el macho, y lo hacía a base de ladrillo y tierra refrectaria, claro. El de dentro. Y ya le daba la forma que había a tener la campana. Por dentro.

Además las materias eran, cosa, las claras de huevo, cáñamo, alambre, eran para hacer el sonido. Después el segundo, en la misma plantilla, lo que era la campana, ya lo hacía él, ya cortaba lo que había de cortar de grueso, lo que había de ser la campana y encima de ése volvía a hacer otro, a ésto ya, en cuanto lo hacía... En dos palabras se lo explicaría yo: el del medio era el que tenía que romper. Ya, pero hay que explicarle como empezaba y como lo hacía, y ya empezaba a meterle fuego por aquí arriba para que cociera, ¿lo vé? Después al, después el segundo molde que era, que era precisamente la campana. Pues ya lo hacía perfeccionao, como era la campana. Incluso le hacía sus hendiduras para hacer esos cordones y, ¿qué le iba a decir? las letras [...] Sí, y antes de poner las letras, hacían con cera, con cola, no sé que cola hacía, y sebo derretido en una sartén, ¿verdad? y le daba un baño y ya pasaba éso, en éso era donde marcaba ya los cordones que era la campana y después de hacer éso ponía las letras, entiende, y después de las letras quedaba la campana como, como si hubiera sido ya la campana.

Pues éso, que como le iba a decir, él no se lo hubiera dicho nada, no no, absolutamente nada. [...] y ya ahí es donde dice mi marido, daba un baño con claras de huevo. Y cáñamo. Y cáñamo, el cáñamo más verde, con clara de huevo y una arenilla que la amasaba él, ¿eh? y después la aplicaba y con un cedazo fino, fino, fino, fino ¿eh? lo revolvía, luego ya. Éso era la campana de verdad, donde ya empezaba a, en la campana de verdad era donde empezaba a poner éso de las claras de huevo y todas esas cosas y ya después hacía claro el molde de encima, que lo cocía mucho, todo éso lo cocía porque metía leña por donde, bueno, él ya sabía. El horno era de astilla.

Claro y después como éso quedaba marcau, en el segundo, en el tercer molde que hacía, ese molde después se despegaba, lo levantaba, lo levantaba, se despagaba y rompía lo que era la campana, el molde de la campana, pero ya había quedao grabao, en el de arriba. Y después ponía el otro, claro, pero éso había ya para ajustarlo abajo, para que no se saliera ni una gotica, era él sabía, sabía y después, después de estar todo este molde hecho era cuando ponía encima las asas, que ya las había, las había hecho, el molde de las asas las había hecho aparte.

Bueno, y ya después para que no haga presión lo hacía con cáñamo alrededor y alambre. Éso era para que no saltara el molde. Para que no, una vez ya roto el molde de dentro, poner ésto pues ya preparaba para la fundición, las envolvía en un pozo ¿verdad? metía los moldes. Y ya las envolvía en el pozo, machacaba la tierra alrededor para que no hiciera presión, como fundición y ya preparaba la fundición.

[¿Cuando él iba a los pueblos normalmente, tanto la tierra como éso, éso lo cogía del mismo sitio?] Él lo cogía [...] era tierra arcillosa. En el mismo pueblo, sí. Ahora el material, tenía que ponerlo en el pueblo que estaba, él elegía la tierra, etcétera. Porque tiene que cocer el molde, tiene que enfriarse, volverlo, otra capa, otra capa y venga capas. La medida, la forma de la campana porque claro hay variedad de formas de campanas y sobre todo el asa, el asa de piña éso es una cosa, que no se ve, que no he visto ninguna. [Porque, ¿para el asa no tenía molde?] Sí, los hacía precisamente los tenía hechos él también para la sencilla así, tenía así esta forma así, así y el agujero y después otro brazo que hacía así haciendo la forma y éso los hacía de yeso, los tenía. La piña es, como una corona, como una corona con ocho brazos ya está éso es. [Éso en las campanas grandes] Sí en las grandes, ya sabía él en que, por los kilos donde tenía que hacer de piña y donde sencillo.

Había una tabla que hacía la forma de la campana y en la pared, clavaba un madero y el que va giratorio, porque es como los alfareros. La cuestión del barro lo hacía como los alfareros, él daba la vuelta al molde con la estampilla, y tienes una tabla con la, mas que giratoria. Iba dando la vuelta, y sale el molde, el molde que tenía que hacer, y era en las tres capas. La del medio, claro iban por categoría, eran el de abajo naturalmente era un poco más ancho, el otro era el de la dimensión de la campana y el de la tapadera que es la que ésa, había que romper los dos el de abajo y el de arriba.

Pero los primeros que había que romper era el del medio que era el [confuso: ¿macho?] porque después que quitabas el del medio que era la campana pues había que colocar el Último, pa encima del otro y el hueco que quedaba entre los dos ahí es donde iba, el hueco que dejaba en medio era la campana.

Un compás viejo, un cuchillo viejo, pero en fin todo el mérito que tenía, la tabla esa. La regla, que es la regla, claro lo demás. No se necesitaba más de herramientas no se necesitaba otra cosa. Que es cuando hacen los moldes y después salen y desde luego el sonido, como las campanas de artesanía, no porque sea mi padre, no tiene ninguna, todas de fabricación así englobadas no tienen nada. Si nos remontamos al mérito es como la forja, la forja ahora ya no es forja porque con el sorbete, todo lo forja, éso es como, en las fábricas funden, pero no funden como en tiempo primitivo, como lo hacía él, con un horno que se lo hacía él de arcilla y con todo que se lo hacía él.

Él se hacía todo, y todo a base de artesanía. Y que no había ni un albañil. No le faltaba más que hubiera inventao, que hubiera hecho también el cobre, el material, pero lo demás lo hacía todo él. Y el compás no, claro ha desaparecido, pero si hubiera visto usted el compás yo creo que se, nada un compás que se encontraba uno en la chatarrería y no lo cogía no. Cuando vi el cuadro de harramientas que llevaba digo pues si ésto no...

Inscripciones y grabados

La falsa campana, aquel sombrero intermedio, formado de cola, sebo y cera, recibía los adornos definitivos que iban a quedar marcados en el tercer molde y que más tarde decoraban el bronce. Las inscripciones mencionaban, a menudo, el nombre del santo al que iba dedicada la campana, el de las autoridades locales y, a veces, el lugar donde iba a quedar instalada, aunque no el de fundición. Tales leyendas eran propuestas por el sacerdote o por el alcalde que encargaba las campanas. El fundidor siempre indicaba su nombre. Los moldes de letras y de imágenes piadosas, así como de ornamentación (flores, ángeles), estaban grabados en negativo en tablas de madera, de modo que se pudiera sacar una imagen positiva en cera para aplicar en la capa intermedia:

Pues ya lo hacía ya perfeccionao como era la campana, incluso le hacía sus hendiduras para hacer esos cordones, y que le iba a decir, las letras, las letras las hacía con cera virgen, que en los moldes, que ahí mismo hay colgaos unos cazos y para éso hay una[s] tabla[s].

Sí, éso y antes de poner las letras, hacían con cera, con cola, no sé que cola hacía y sebo derretido en una sartén, ¿verdad?, y le daba un baño y ya pasaba éso, en éso era donde marcaba ya los cordones que era la campana y después de hacer éso ponía las letras, ¿entiende?, y después de las letras quedaba la campana como, como si hubiera sido ya la campana. Es una de las tablas de las muchas tablas que tiene. De los adornos. Ésto tiene, en un cajón están todas, de todas clases, de todas clases.

El del medio era la campana precisamente, y entonces ésto era todos esos dibujos y estas cosas que están plasmaos en tablas que están por ahí, pues éso era antes de, en fin colocarlos en la campana, lo que quería el cura, el alcalde, o el que fuera. Algunas veces pondrían el nombre del alcalde, otras veces, pero el de él sobre todo. En casi todas, el nombre del alcalde y el del fundidor. Y el del párroco. El del párroco o el coadjutor, lo que... Sí, las jerarquías. Lo que decía el cura. [Y también la inscripción:] "me hizo". Donde las hacía no. Me hizo Pablo del Campo el año tantos, tantos, siendo alcalde don fulano de tal y siendo obispo, lo que fuera.

Y nada más, sin más herramientas ni más nada, no había más mecanismos que éstos, una simple, un simple cuchillo que había por allí, un compás viejo, un esparto y la regla esa y los moldes estos que eran claro los moldes para... Mira, hace poco encontré este cuchillo que lo empleaba él, entre las letras, en el dibujo pues a lo mejor quedaba un poco de. Era la rectificación. Y con el cuchillico, la sacaba y hace poco lo encontré cuando nos cambiamos de casa. Sí, bueno, cuchillo normal, ésto era uno de los objetos que tenía de herramientas, para hacer esa maestría de labores ¿eh?. Para las letras y esas cosas, sacar con la puntica.

No hay apenas referencia escrita a las inscripciones que han de adornar la campana y nada se cita de santos, cruces u otros adornos. En Valderrodilla llegan a escribir, de manera harto explícita, que

la campana llevará las mismas iniciales que las que igualmente tiene con las variaciones deseadas por la parte contratante [!!!].

En Burgo de Osma, donde no concemos el contrato pero tenemos correspondencia, escriben que la inscripción que la nueva debe llevar es:

"Santa María del Monte Carmelo - Burgo de Osma - 1941" (ó "1940" si la funde este año como sería posible segÚn Vd. me indicó).

En Cendejas de la Torre señalan que la inscripción que han de llevar las campanas y campanillo será la que en nota aparte se el entrega al Sr. Campanero, lo que no es demasiado expresivo. Una posterior corrección apunta que para la inscripción ha cambiado el Alcalde, así que el nombre que ha de llevar es "Antonio Navarro Salvador". Lo demás conforme con la nota que llevó.

En Momblona son mucho más explícitos, y las indicaciones nos sirven para conocer cuales debieron ser las inscripciones usuales: La campana ha de llevar las inscripciones adecuadas para recordar los siguientes hechos o datos: Patrono de la Iglesia: Nuestra Sra. de la Asunción: Año de fundición: Señor Cura encargado de la parroquia. D. Emilio Antón; Sr. Alcalde D. Basilio Tarancón Tarancón.

En Monreal de Ariza, citan, en un caso prácticamente Único a lo largo de toda la documentación, el nombre de las campanas: dos campanas que llevan por nombre, una "San Pedro Mártir" y la otra "Nuestra Señora de la Asunción"; sin embargo carecemos de otra referencia a sus epigrafías correspondientes.

Hay cinco referencias a las inscripciones en un total de 29 procesos de refundición, incluyendo Burgo de Osma, aunque solamente tres especifican las leyendas o algunas modificaciones. Parece como si este aspecto tan trascendente de la campana, que permitirá fijarla y reconocerla a lo largo de los siglos, o bien se transmite por nota aparte o de manera oral, o bien queda reservado al buen quehacer del fundidor.

La fundición

Una vez elaborados los moldes e instalados en un pozo, tras haber construido al lado el horno tenía lugar la fundición, empleando generalmente el metal de las campanas anteriores, quebradas. El proceso, tras el enfriamiento del bronce derretido y su extracción de los moldes, ya inservibles, terminaba con el pulido de la campana:

Aquel año las de Magallón y estando allí se enteró que había una rota en Ambel y subió y la hizo. En cuanto las enterraba, aquella misma tarde, en terminar ya hacía del horno a cada éso, una canaleta y ponía un respiradero, uno para que entrara el metal y otro para salir. El horno lo hacía él ni que fuera a otro pueblo, ni que fuera aquí lo hacía él sin que metiera mano nadie, también a base de adoba y tierra refrectaria. Arcilla. Arcilla, y claro preparaba la fundición y nada todo a base de, todo a base de arcilla, él sabía el punto que le daba al metal.

Una vez hecha la fundición, al día siguiente pues ya a desenterrar las campanas. [Claro porque fundir es lo de menos, lo de más...] Claro lo Último es la rÚbrica, es la preparación que llevaconsigo ahí todo el proceso de material, el molde. Porque mira, con un palo, con un madero, por donde respiraba el horno, le daba vuelta mi padre como cuando se le da vuelta a una sopera de patatas. Y hay veces que salía la campana majísma. ¡Hombre había de todo! Pero negras nunca, siempre salía. Claro después venía el pulimento, todas esas cosas que se hacen. La verdad con esparto y una alpargata de cáñamo, con arena. Como en los tiempos más primitivos [...], porque si usted hubiera visto las herramientas que tenía, vamos éso. Parecía mentira pero es que no es.

El transporte

El desplazamiento desde la torre al lugar de fundición, especialmente si se trata de otra población, suele ser a cargo del pueblo. Los de Ribarroya escriben que la fundición de la expresada campana se efectuará en el pueblo de Peroniel (Soria), siendo obligación de los vecinos de Ribarroya, llevar la rota la pueblo donde ha de fundirse. Probablemente el mejor proceso de transporte es el escrito por el cura ecónomo de Almenar, que sugiere, a propuesta del Ayuntamiento, en 1926, para abaratar los costes, que el carro, a la ida, lleve pimientos o uva, trayendo al regreso la campana rota: Que como V. ha de venir aquí para traer la campana casi le resulta tan barato trayendo el carro y se la llevaba, haciendo el contrato en las 600 pesetas de que ya hemos hablado, porque desde aquí no van carros a Tarazona y V. podría traer viaje con pimientos por ejemplo o uvas y así le resultaría bien el viaje, por lo cual yo le reugo venga V. por ella y una vez aquí, vea si puede conseguir que se le pague la mitad del Viaje hasta Tarazona, pues creo que no ignora V. que de ordinario las casas se encargan del porte de ida y regreso. A veces se habla de carros, pero también se cita el ferrocarril, sin mencionar camiones ni otros vehículos automóviles. En Barcebalejo dicen que serán de cuenta de Don Pascual Frías [párroco] los portes de conducción de las campanas al sitio de destino y regreso a su punto de partida pero el fabricante Don Pablo se obliga a dirigir la operación de ponerlas en el campanario y montarlas.

En Quintanilla de Tres Barrios escriben que

el Sr. Pablo se obliga y compromete a dejarla colocada en el campanario de la Torre de forma que se pueda tocar [...] Que el mentado campanero Sr. Pablo se compromete por su cuenta a llevar y traer la campana desde la Estación de Berlanga a Bayugas para su fundición, haciendo lo propio una vez que esté fundida a dicha estación [...] Què el Ayuntamiento se compromete a satisfacer los gastos de porte por ferrocarril de ida y vuelta de dicha campana.

En ningÚn caso se señalan las causas de la rotura, aunque es indudable que la guerra debió ser el motivo principal de las numerosas campanas quebradas en torno a Bayubas de Abajo, en zona roja.

La colocación de las campanas en la torre

Las campanas, tras ser pulidas, eran colocadas en la torre, aprovechando los antiguos yugos de madera, o instalando otros construidos por algÚn carpintero local. El campanario debía ser adecuado al tamaño y al subsiguiente esfuerzo producido por las campanas que iban a ser instaladas allí, teniendo en cuenta que iban a ser volteadas, sometiendo el edificio a importantes tensiones en varias direcciones a la vez. El fundidor acostumbraba a subir con su obra, por el exterior de la torre: su peso era leve, comparado con el de la campana, y su presencia impedía que el bronce golpease los muros, dañándolos o estropeando el instrumento que ascendía hacia su colocación definitiva:

Tenían que hacer, porque no en todas las torres segÚn el peso de las campanas las pueden poner. [¿Con los yugos como hacían porque hay sitios que el yugo ya estaba pero había otros que había que hacerlos nuevos, como hacían?] Los mandaban hacer al carpintero porque son de madera casi todos, llevan esos hierros que son los que enganchan en las... El yugo es que era regulao por la forma de la campana, del peso, es natural.

El año catorce tenía yo seis años, y en todas campanas, todas campanas que ha colocao, ha subido él montao en ellas, las campanas hasta... Montao por fuera a colocarla en el campanario. Montao en campana y ha subido al campanario en todas que ha fundido. Con una maroma. Para que no pegara en las paredes y se estropeaba. Hace falta valor, para llegar arriba y... En Magallón si se fijan está en un alto la iglesia y la torre que allí se asusta uno, entonces le sacaron fotografías y hasta en la hoja parroquial lo pusieron, vino la fotografía de la colocación de las campanas.

La colocación, segÚn los documentos, suele ser a cuenta del pueblo, aunque el campanero está obligado a dirigirla técnicamente; en algunos casos es de su cuenta la contratación de mano de obra y de transporte. Los de Rebollo de Duero contratan que El Sr. Pablo se obliga y compromete a dejar colocada la campana en el campanario de la torre de Rebollo

[...] Adiciona. Que para la colocación de la campana en la torre le será facilitado por el Ayuntamiento el personal necesario y materiales necesarios. El contrato de Navajún, tan singular, marca unos límites, a mitad del recorrido, en los cuales participará el Ayuntamiento para ayudar a traer la campana, pero la responsabilidad es en todo tiempo del campanero: Los arrastres de la nueva campana desde el punto de refundiciónhasta ésta son de cuenta del Sr. campanero y la colocación de la misma en la torre también por cuenta de dicho Sr. con ayuda del pueblo desde el barranco titulado la Nava. El Ayu° y párroco no salen responsables de los accidentes del trabajo que ocurran al traer la campana y colocarla en la torre.

Garantía de refundición

Las campanas quedan, generalmente, garantizadas por diez años, siempre que ocurra el desperfecto con motivo de la refundición, en cuyo caso vendrá obligado a refundirla gratuita nuevamente el Señor Campo.

En el contrato de Andaluz queda muy explícita tal garantía, aunque es el Único donde se especifica tanto:

que igualmente se hace constar y se compromete el campanero D. Pablo del Campo de como las deja garantizadas por el tiempo y el espacio de diez años siempre y cuando que no ocurran las roturas por causas de fuerza mayor, como descarga eléctrica, intento de destrozarlas, etc. [...] De tal suerte que la garantía se refiere á que tocando las campanas ni fuerza ni violencia extremas, sino ordenadamente y de manera ordinaria de días de trabajo y festivos, ocurra la rotura por sí mismas.

Si hubiere tal refundición el campanero quedaba generalmente obligado a añadir por su cuenta las mermas naturales, a traer y llevar la campana gratuitamente así como a instalarla, aunque algÚn contrato señala que la campana refundida por estar en garantía en caso de fundición perderá tales mermas naturales, lo que supone un perjuicio menor para el fundidor.

Las contratas más antiguas solamente tienen 2 años de garantía, como Torrelameo, en 1901, o Burujosa y Trasobares en 1926 y Ribarroya en 1929. Gabás, de 1900, tiene una garantía de tres años, hasta que terminen de pagar los plazos, aunque es la Única que relaciona período de refundición gratuito con vencimiento de la deuda. También tiene un plazo de 3 años el contrato de Fitero, justificado por la edad avanzada del fundidor, que tenía 70 años en 1941. A causa de esta edad, dos años antes, en 1939, Año de la Victoria, como indican específicamente, los de Monreal de Ariza no solamente exigen que la garantía llegue hasta 10 años más tarde sino que alargan las responsabilidades hasta mujer e hijos del fundidor:

por lo tanto si éstas se rompiesen durante el indicado plazo, por defecto de fundición, dicho Sr. queda obligado a refundirlas nuevamente por su cuenta y riesgo, o en otro caso a sugragar todos los gastos de toda clase que originase la nueva refundición de las mismas. [...] Estas obligaciones se extienden a la esposa e hijos de D. Pablo del Campo Alvarado.

Estas Últimas condiciones, que rozan los límites de la educación comercial, no se repiten, ni antes ni después, en ningÚn otro lugar.

Lugares de fundición: el proceso de Bayubas de Abajo

Las campanas eran fundidas en los talleres permanentes, actualmente destruidos, que el señor DEL CAMPO poseía en Ambel, o en uno de los pueblos donde refundía las campanas, montando allí una base estacional y provisional, de alcance más o menos comarcal.

Sabemos que en Almenar, en 1926, establece uno de esos talleres: como quiera que la refundición ha de ser en esta Villa se le cede gratuitamente el terreno que ocupe hasta el 31 de Mayo, para poder refundir otras de pueblos comarcanos. Otro tanto ocurre en Peroniel, en 1929. Allí le ceden el local y la leña para la primera refundición, pero si precisa rehacerla los gastos serán por su cuenta; el alquiler del local parece gratuito, pero es citado en una línea tachada en el contrato:

La leña que se considere necesaria para la primera refundición será de cuenta de este municipio [...] En el caso de no resultar la campana con el peso convenido y forma expecificada será de cargo del refundidor el pago de todos los gastos incluida la leña [tachado con dos líneas pero legible] «y alquiler del local».

El caso más interesante y mejor documentado es el de Bayubas de Abajo, en 1940, cuyo contrato acabamos de transcribir. El local, cedido por el pueblo, junto con los materiales necesarios y el peonaje requerido, permanecerá durante todo el verano, para la refundición de campanas de los pueblos colindantes. Mientras que los primeros han de administrar materiales y mano de obra, aparte del lugar de trabajo, casi todos los demás pagarán una cantidad por gastos de fundición. El proceso motivará 29 documentos, con la realización de campanas en doce lugares, así como la imposibilidad económica de fundir en otros dos, y la petición de información de otros tres. El desarrollo diacrónico fué el siguiente:

25 marzoCendejasCarta oferta
15 mayoBayubas de AbajoContrato en Bayubas
20 mayoValderruedoNo pueden; escrito a Bayubas
02 junioCiruelaContrato en Ciruela
03 junioTorreblacosContrato en Bayubas
16 junioBayubas de AbajoColocación campana
16 junioValderrodillasContrato en Bayubas
18 junioRebollo de DueroContrato en Bayubas
20 junioQuintanilla de Tres BarriosContrato en Quintanilla
22 junioValdenebroContrato en Valdenebro
27 junioValdelubielContrato en Bayubas
29 junioCiruelaColocación campana
30 junioTorreblacosColocación campana
08 julioMomblonaContrato en Momblona
16 julioBayubas de AbajoPago
11 agostoValdenebroColocación campana
12 agostoValderrodillaColocación campana
14 agostoValdelubielColocación campana
18 agostoCendejas de la TorreSolicitud contrato
22 agostoAlmazánSolicitud visita
24 agostoCentenera de AndaluzContrato en Centenera
25 agostoRebollo de DueroColocación campana
12 setbreQuintanilla de Tres BarriosColocación campana
23 setbreMomblonaColocación campana
27 setbreCendejas de la TorreContrato en Cendejas
11 octbreBayubas de AbajoFinal contrato
08 novbreLa GallegaSolicitud visita; a Bayubas
14 novbreMatanzaNo pueden; escrito a Bayubas

Muchos de los contratos son realizados en Bayubas de Abajo, aunque siempre en la Casa consistorial. No faltan los escritos dirigidos a este taller provisional solicitando información, desde zonas relativamente alejadas como La Gallega, en tierras de Burgos. Otros, por malas cosechas, no podrán costear la anhelada refundición.

Los problemas de fundición

A veces hacía campanas mucho mayores de lo deseado, y en Cendejas de la Torre, también salieron malas, lo que obligó a bajar dos veces la mayor, para refundirla de nuevo. Es difícil saber lo que pasó, pues las primeras notas tras el contrato confirman que las campanas nuevas han sido colocadas y probadas a gusto de todos, aunque dos años después hay cartas con quejas por el exceso de peso y el mal sonido. Escriben en enero de 1942 que

de nuevo hemos tenido que hacer gastos extraordinarios con los que no contábamos por el error de V. en el peso de las campanas [...] todo lo daríamos por bien empleado si la gente hubiera quedado satisfecha, pero dicen y es verdad, que la campana mediana cada día suena peor, como puede comprobarse y además como el peso se ha excedido tanto [...] y no es razón que paguemos nosotros solos las consecuencias de todo esto.

Cabe decir en defensa de nuestro fundidor que es el Único lugar donde se quejan de las campanas, su tamaño y su son, y que del resto de refundiciones no hay protestas similares.

Reparaciones

No siempre se refundían campanas: también se reparaban a veces, de lo que tenemos dos ejemplos, precisamente en poblaciones aragonesas. En Santa Cruz de Moncayo, en 1939, se interesan por reparar una campana que debe carecer de asas; como la campana está en buenas condiciones les molesta refundirla, aunque también les preocupa que no se pueda voltear; no sabemos como resolverían la contradicción entre dos aspectos más culturales que económicos, que hoy tendrían fácil solución, con las actuales herramientas electromecánicas:

Sabemos que no se podrá voltear pero hace duelo fundir una campana que está sana. Si V. dice que poniendole las asas quedará sana y es necesario llevarla ahí para ello comuníquelo.

En Litago, en 1941, escribe el Regente de la Parroquia, preocupado por que las campanas están rajadas, y solicitando una reparación que impida que el corte aumente, estabilizando en cierto modo el sonido:

para ver el modo de atajar el que las campanas se raje más [...] por si conviene y el pueblo lo acepta podría [palabra incomprensible: ¿hacerse?] un taladro.

El trabajo del fundidor, sus procesos de trabajo, han quedado apuntados a través de las palabras de su hija y su yerno, informaciones muy sugerentes, pero insuficientes. Los documentos conservados de su padre, principalmente contratos, alguna carta así como los moldes para la ornamentación de las campanas y la famosa tablica con la relación de medidas, completaron el perfil de un reciente fundidor ambulante, que tenía amplios conocimientos de los cuales que muchos de los actuales industriales carecen: la facultad de construir de nuevo, cada vez, las medidas y las formas para la campana que hay que refundir.

El estudio iconográfico, que otros más preparados debieran hacer, así como la preservación de los materiales y su posible exhibición completarán las numerosas informaciones recogidas a través de diversas fuentes (menos contradictorias de lo que cupiera esperar) orales, escritas, materiales. También será preciso analizar formal, acÚstica y epigráficamente las campanas de PABLO DEL CAMPO ALBARADO, en una monografía que esperamos si no realizar al menos impulsar. De cualquier modo los pequeños restos escritos, orales y materiales nos han permitido reconstruir una actividad casi medieval, que llegó hasta nuestros días.

Dr. LLOP i BAYO, Francesc
"Las campanas en Aragón"
(Tesis doctoral) - Madrid 1988

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