LITA, Jaume - El campanario que falta en la Gran Vía Fernando el Católico

El campanario que falta en la Gran Vía Fernando el Católico

Agustín Borell ideó una iglesia más grande a la finalmente construida en el Colegio Jesús-María de Valencia


Proyecto del colegio Jesús-María de Valencia por el arquitecto Agustín Borell Sensat. - Autor: SÁNCHEZ MUÑOZ, David

El ensanche de Valencia, en lo que ahora es la Gran Vía Fernando el Católico, permitió unir a la ciudad uno de los puntos con más historia de la antigua urbe. Hasta aquel entonces, en la zona de extramuros se alzaba el convento agustino de Nuestra Señora del Socorro, popularmente conocido como 'Socós'. Su historia empieza en 1505 como monasterio y en 1544 Santo Tomás de Villanueva se hospedó la noche anterior a ser nombrado arzobispo de Valencia. Destrozado en 1808 y reconstruido en 1952, el proyecto del arquitecto Agustín Borell Sensat contaba con una iglesia, un edificio para el colegio y un gran patio para los alumnos.

El arquitecto catalán proyectó la ampliación y reforma de la capilla dedicada a la Virgen del Socorro, un edificio de corte clasicista, con cúpula, atrio porticado, óculo y frónton de remate, según consta en el informe municipal de Bien de Relevancia Local. Esta reconstrucción se realizaba sobre los terrenos el antiguo convento agustino, un lugar alzado al principio del siglo XVI a raíz de una experiencia marítima vivida por el noble valenciano Joan de Eixarch, quien pidió amparo a Nuestra Señora del Socorro en una travesía por el mediterráneo que auguraba un mal fin. En lo que era la zona exterior de Valencia, lejos de los límites de la ciudad del recién estrenado 1500, se alza este convento con una clara advocación a la Virgen que salvó a Eixarch de morir ahogado. Esta devoción tiene sus raíces en los agustinos de Palermo, lugar en el que el noble valenciano pudo vivir la pasión por Nuestra Señora del Socorro prometiendo, en alta mar, que si por la acción de la Virgen llegaban a buen puerto levantaría un lugar en su honor. Y así fue.

En los actuales terrenos que ocupa el colegio Jesús-María de Valencia se encontraba el antiguo convento de agustinos. En 1765 se construyó, y aún sigue en pie, la capilla de Santo Tomás de Villanueva, obra de Vicente Monmeneu con una única nave abovedada. El convento vivió épocas de mayor proyección y etapas de menos brillantez, pero siempre era un lugar destacado para los nuevos arzobispos de Valencia, ya que siguiendo los pasos de Santo Tomás de Villanueva, es tradición que la noche previa a su entrada oficial a la ciudad descansen en este lugar.

Para encuadrar al actual colegio Jesús-María en nuestra serie 'La Valencia imaginada' hay que tener tener en cuenta dos hechos históricos: el 28 de junio de 1808 las tropas francesas asaltaron y quemaron el antiguo convento, dejándolo casi en estado ruinoso; por otra parte en 1877 las religiosas de Jesús-María adquieren el convento con el objetivo de construir un colegio-convento.

Es en 1952 cuando se proyecta la ampliación y reforma del antiguo convento agustino y, en aquel entonces, de religiosas. El arquitecto encargado es el catalán Agustín Borrell Sensat, profesional que también está detrás de los edificios alzados para los colegios Jesús-María en ciudades como Madrid, Alicante y Barcelona. El objetivo era ampliar y reformar la capilla. En la parcela, que por aquel entonces ya formaba parte del ensanche de Valencia hacia la carretera de Madrid, se construye un gran edificio con amplios vanos acristalados y una iglesia de corte clasicista, con cúpula, atrio aporticado, óculo y frontón de remate. En el interior de la iglesia se encuentra una imagen de Nuestra Señora del Socorro, en el altar mayor, pintada por Salvador Tuset. Pero no se construye un elemento que sí aparece en otros proyectos del mismo arquitecto: un campanario.

El investigador David Sánchez Muñoz muestra en su libro 'Arquitectura y espacio urbano en Valencia, 1939-1957' una imagen del proyecto presentado por Borell Sensat en el que se incluye un campanario como parte de la iglesia del colegio, en la esquina de la Gran Vía y la calle Gabriel Miró.

Ese campanario forma parte de esos elementos proyectados arquitectónicamente y que posteriormente no han sido realizados al no completarse el proyecto planteado. No se construyó el campanario del colegio Jesús-María para su capilla, torre que sí tenía el antiguo convento, según el proyecto mostrado de Borrell Sensat.

La torre-campanario se quedó en el boceto, no salió del papel y así forma parte de esa Valencia imaginada que viven en el papel milimetrado de los arquitectos, de los planos jamás realizados y de los proyectos que no acabaron en buen puerto. El campanario que falta en el colegio Jesús-María está junto con los rascacielos proyectados para Valencia, la finca primitiva que habría dejado a la ciudad sin su Finca de Hierro, el aeropuerto de la Albufera, los grandes parques de atracciones que quisieron estar en Valencia, las ampliaciones no realizadas en los museos de la ciudad, la gran Basílica proyectada para la Virgen de los Desamparados, la Lonja de la Seda que está por acabar, la 'ciudad jardín' de la burguesía valenciana o la Ciudad Sanitaria de Valencia que se ideó alzar en la calle Cuenca, entre otros muchos proyecto.

LITA, Jaume

Las Provincias (08-04-2019)

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