LLOP i BAYO, Francesc - Catedral de Santa Maria - VALÈNCIA - Informe sobre la torre, las campanas y los toques

Catedral de Santa Maria - VALÈNCIA
Informe sobre la torre, las campanas y los toques

El Campanar Nou de la Catedral de València

Dr. Francesc LLOP i BAYO
Equipo de recogida de datos: Vicent ESPAÑA i LAVEDA y Juan Ignacio GONZALO ÁLVARO
Fecha de la recogida de datos: 12/06/1989
Fecha del informe: 11/02/1995

El GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS recibió el encargo del Ministerio de Cultura de España de hacer el inventario de las campanas de las Catedrales españolas. En su primera fase, el trabajo recogió las características de las campanas, de las torres y de los toques de las campanas de la Corona de Aragón. En una segunda fase se recogieron los datos de las campanas de otras veinticinco catedrales de una franja vertical de la península, que comprende la Andalucía Oriental, la Comunidad de Murcia, Castilla-La Mancha, la Comunidad de Madrid, parte de Castilla y León, el País Vasco y Navarra.

No es fácil redactar un informe sobre un conjunto de campanas, una torre y unos toques, que no sólo forman parte de nuestra actividad personal y colectiva, sino que de algÚn modo constituyen las raíces de nuestra identidad y los recuerdos más primigenios de nuestra memoria.

Trataremos de escribir, de la manera más concisa y desapasionada posible, las características, el estado original, y el actual en que se encuentran las campanas, las instalaciones y los toques, así como los proyectos de futuro, que constituyen el nÚcleo central de las actividades del GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS.

Las acciones realizadas a lo largo de los siete Últimos años, no sólo han supuesto la restauración de campanas, instalaciones y toques, sino que han devuelto, creemos, la dignidad perdida a una actividad, la del campanero, que parecía perdida para siempre en las tierras valencianas.

Estado de la torre

Descripción
Difícil es encontrar una descripción concisa del campanario de la Catedral de València, que durante muchos siglos se llamó Campanar Nou, en contraposición a un desaparecido Campanar Vell, ubicado en la antigua Aula Capitular, actual Capilla del Santo Cáliz. Por metonimia con la principal campana que lo adorna, el Micalet, o campana de las horas, la torre acabó llamándose la Torre del Micalet, o, incluso, el Micalet, aunque la documentación actual de la Catedral sigue denominándola con el nombre castellanizado de Torre del Miguelete.
Construida como torre exenta, al estilo de los campanarios del norte de la Comunitat Valenciana, se presenta como torre octogonal, cuya altura, dicen, iguala a su perímetro. ALCOLEA la describe así: Esta famosa torre de la catedral de Valencia, el «Miquelet» - segÚn su nombre popular -, puede ser considerada como la culminación de la serie catalana de campanarios, derivando de ellos directamente. Con la acostumbrada planta octogonal, presenta la proporción tan frecuente de que su perímetro equivale a la altura, distribuida en cuatro cuerpos, de los que el cuarto y superior está destinado a las campanas. En él han desaparecido las sobrias características de sus precedentes y se han aprovechado las posibilidades de enriquecer su decoración, tanto en la forma de subrayar las aristas como en las arcuaciones de diverso tipo que con su relieve animan la parte alta del cuerpo de campanas. Fue comenzado en 1381, bajo la dirección de Andrés Juliá, hasta entonces maestro de la catedral de Tortosa, y se continuó, entre otros, por José Franch (1396), que estudió la torre de Lérida, y por Pedro Balaguer (1414), constructor de las torres de Serranos, que fue enviado a varias ciudades para ver los campanarios y realizó la decoración del Último cuerpo. Se concluyó en 1429, cuando se encargó a Martín Llobet un bello pretil pétreo para cerrar la terraza superior; dicho pretil ha desaparecido casi por completo; en cuanto al coronamiento, no fue ejecutado y años más adelante, en 1657, sustituido por una inexpresiva espadaña.
SARTHOU describe no sólo la torre, sino sus estancias y sus campanas: Mas antes de curiosear por el interior del templo, subamos por él a la torre Miguelete; que bien compensa la fatiga la ascensión (nada cómoda, por sus 200 peldaños de arroscada escalerilla) el espléndido panorama de litoral mediterráneo de mayor belleza de España. La torre es un prisma octógono de 50 metros de altitud hasta la terraza, falta aÚn de la gran aguja o chapitel, de casi otro tanto de altura, sustituida actualmente por desentonante espadaña de unos 15 metros para las dos campanas superpuestas: la Miguel, horaria, y la de los cuartos, arriba. De los cuatro cuerpos de la obra gótica (macizo el inferior; con pequeñas cámaras centrales de puntiaguda cÚpula los centrales; mayor el superior, de las campanas, y con cilíndrica perforación lateral de arriba abajo para la escalera), son completamente lisos los tres inferiores, salvo en las artistas exteriores y las molduras que con gárgolas los separan; y ornamentado el final desde los arcos de los seis ventanales hasta la terraza, tal como aparece en el plano que el arquitecto Ramón María Ximénez dibujó en 1860.
Fue el constructor de la torre el maestro Andrés Juliá, que de Tortosa vino montado en mulo (y dormía sobre haces de paja en improvisada barraca) a fines del siglo XIV. Hasta principios del siglo XV no tomaron serio empuje las obras, sucediéndose otros maestros hasta 1415, en que se edificaba el Último cuerpo durante el pontificado de Benedicto XIII, reinado de Fernando I de Antequera y predicación de San Vicente Ferrer. En 1418 subió la primitiva campana horaria. El remate que proyectó Martín Llobet ya no se edificó, pues en 1426 se acabó la obra en la terraza, terminada en un penell» o asta-bandera y un andamiaje de maderas para las campanas horarias, incendiado y sustituido en el siglo XVIII por la actual espadaña.
Todos vienen a coincidir en la ligereza de la torre y en la falta de adecuación de la espadaña, inexpresiva, desentonante, o antiestética, con las palabras de SANCHIS SIVERA, que propone, a principios de siglo, otras alternativas: En 1905 también hubo sus proyectos de remate, a los que es posible que seguirán otros, cuya realización no se llevará a efecto por una razón capital, por la falta de dinero.
La torre gótica, que permaneció exenta unos años, hasta principios del XVI, en que se prolongó la catedral de una arcada, llegando a tocar el templo al campanario. No obstante, y visto el carácter ambivalente del edificio (torre de campanas litÚrgicas, y por tanto propia de la iglesia, y torre del reloj, y de algÚn modo municipal) se dotó de dos puertas, que aÚn sigue manteniendo, una a la que se accede desde la catedral y otra, desde la cual se llegaba hasta el reloj, y que da directamente a la calle.
La torre tiene tres estancias, una primera llamada la presó, de gruesos muros, e iluminada por una estrecha ventana y parte del vano de la puerta. Aquí se dice que se refugiaban aquellos que acudían a la protección eclesial, y por tanto se llama también el refugi, aunque la oscuridad reinante la mayor parte del año, excepto unos breves minutos durante los días de los equinoccios, justifican su primer apelativo.
La segunda sala, también octogonal, es mucho más amplia, y está iluminada por dos amplios ventanales. Hasta hace pocos años su amplio espacio había sido dividido en tres niveles, para aumentar su superficie, dedicada a la casa del campaner. El Último que vivió, durante casi sesenta años, fue Mariano FOLCH, un campanero casi mítico, que repartía sus horas entre las campanas y su oficio de zapatero, y que falleció en los primeros años de este siglo. Al restaurar esta sala y devolver su belleza original desaparecieron numerosos grafitos, que adornaban sus paredes y constituían, en la mayor parte de los casos, la Única documentación escrita sobre los campaneros habidos en los Últimos siglos en la catedral.
La tercera sala es la de las campanas, y tiene siete vanos (el octavo está ocupado por la escalera) ocupados, como veremos por once campanas más otra.
Las tres salas permanecen cerradas al pÚblico, que sube al campanario (uno de los lugares más visitados de la ciudad) y sólo acceden hasta la terraza, donde se encuentra la espadaña al centro que sustenta la gran campana de las horas, la menor de los cuartos, así como la veleta y la cruz que lo remata todo.
Estado de conservación
Tras las Últimas restauraciones, el estado de conservación es excelente por el exterior, así como en las dos salas inferiores, si quitamos la pérdida de las inscripciones de las paredes. La empinada escalera también fue remozada, en sus peldaños (igualados, con lo que desapareció el desgaste de los siglos). Sólo la sala de campanas, afortunadamente, quedó intacta., aunque previamente había sido desposeída de unos ventanales de madera que cubrían, desde hacía siglos, los vanos de las campanas, y que sirven de caja acÚstica. La desaparición de estas puertas tuvo una afortunada contrapartida con la instalación de una rejilla lo suficientemente tupida para evitar el acceso de palomas y otras alimañas, pero lo bastante diáfana para permitir su visión a través de ella.
Estas puertas han sido restauradas como diremos más adelante, con lo que se ha recuperado no sólo el aspecto icónico del edificio sino su característica más preciada, como es la acÚstica de su sala de campanas, y la difusión más correcta de los toques (ya que los muros, gruesos de casi cuatro metros, dirigían los sonidos a modo de pantallas direccionales, de modo que las campanas sólo sonaban conjuntadas a gran distancia de la catedral).
Visitas pÚblicas
La torre tiene acceso pÚblico, y la subida constituye uno de los principales atractivos no sólo de la Catedral, sino de la ciudad histórica. Las visitas se realizan tras el pago de una entrada (100 pta para adultos o individuales, 50 pta para niños y grupos). Las visitas se limitan a la terraza, debajo de la espadaña, así como a la sala de campanas sólo cuando hay campaneros en su interior, especialmente durante los toques. Aunque desconocemos la estadística total de visitantes, estos rondan alrededor de los cien mil anuales. El horario de visitas es de mañana y tarde, en horario de apertura de la catedral, todos los días del año.

Campanas

El Racó
Conjunto actual: croquis de la torre
El Campanar Nou de la Catedral de València, o torre del Micalet tiene en la actualidad catorce campanas, dispuestas en dos plantas. Las once inferiores corresponden a las campanas de uso litÚrgico, mientras que las dos superiores se emplean para las señales horarias. La duodécima campana de la sala, llamada l'Eloi, procede de la torre de Santa Caterina, y fue traída a principio de los cuarenta, porque el templo iba a ser demolido. Esta campana, mucho más vibrante y sonora, se destaca excesivamente de las otras, de modo que no se toca nunca.
Existe también otra campanita, llamada el cimboriet, ubicada encima del cimborio, que servía para avisar a los campaneros, y que ahora permanece muda.

CampanaNombreInstalaciónAutorAño
00El Cimborietvolteo 1805
0L'EloivolteoMIGUEL MONZÓ1846
1L'Úrsulavolteo 1438
2La ViolantvolteoJOAN LAVIÑA1735
3La Caterinavolteo 1305
4La BàrberavolteoLUIS CASTAÑER1681
5El Pauvolteo 1438
6L'ArcísvolteoTRILLES1529
7El VicentvolteoJOAQUIM BALLE1569
8L'AndreuvolteoVICENT MARTÍNEZ1605
9El ManuelvolteoMIQUEL DE VIELSA1621
10El JaumevolteoTOMAS MOREL1429
11La MariavolteoJOAN CLARECHET1544
ALa campana dels quartsfijaLUIS CASTAÑER1736
BEl MicaletfijaTRILLES1521

Campanas históricas
Todas son campanas históricas, aunque, sin lugar a dudas, la más interesante es la Caterina, de 1305, y por tanto anterior a la construcción de la torre.
Desde el principio hubo once campanas, tal y como ocurre en el resto de catedrales importantes de la Corona de Aragón (Barcelona; Girona; Lleida, Tarragona; Ciutat de Palma), y otras dos, aparte, para las señales horarias. También estas catedrales tienen una campana distinta para los avisos a los campaneros, por lo que debió existir alguna normativa de principios del XV, que determinase este numero.
En València había, como en las demás torres, cinco campanas grandes o senys, y seis menores, aquí llamadas morlanes. En los primeros siglos, sólo los senys tenían nombre y sexo, por decirlo de algÚn modo, ya que se hablaba de lo Vicent, lo Manuel, lo Jaume, la Maria, mientras que las otras tenían sólo un nombre asociado con su tamaño o su uso: la vedada, la xica, l'altra xica, la despertada, la morlana. Con el tiempo las campanas fueron denominándose como se llaman ahora, aunque, en la mayor parte de los casos (nueve sobre once!) sin justificación epigráfica, ya que sus inscripciones sólo contienen invocaciones u oraciones, que por lo comunes debieron estar también codificadas.
Las campanas existentes son, aparte de la primigenia de 1305, tres del XV, otras tres del XVI, otras tres del XVII y sólo una del XVIII. De todas ellas están documentadas las repetidas refundiciones, así como de el Micalet, la gran campana horaria instalada en la terraza, y refundida cuatro veces hasta la definitiva de 1532.
Caso aparte es l'Eloi, procedente como dijimos de la vecina parroquia de Santa Caterina, y que no llegó a integrarse en los toques, debido a que éstos, muy reglamentados sobre todo a partir del siglo XVI, solamente contemplan las once campanas iniciales.
En la torre se encuentra igualmente la corriola, una curiosa polea de madera, ubicada por encima de la Caterina, y posiblemente medieval, que constituye un raro ejemplar de máquina simple, utilizada para subir las campanas antiguas, ya que desde siempre, e incluso en tiempos recientes, ha sido por esta ventana por la que se han subido y bajado los elementos de la sala de las campanas.
Destrucciones
Afortunadamente, las diversas revoluciones, guerras y saqueos que ha sufrido la catedral a lo largo de los siglos, no han afectado al conjunto de campanas. Así, en las revueltas cantonales de 1869, la torre, ocupada por revolucionarios, fue bombardeada desde la ciudadela, y una granada, que causó la muerte de un miliciano, rompió también las asas de la Caterina, la cual no se quebró, afortunadamente. Tampoco fueron desmontadas y fundidas las campanas en la guerra civil de 1936/1939, ya que fueron consideradas «monumento», aunque se instaló un observatorio antiaéreo debajo de el Micalet, e incluso se ubicó un Puesto de Mando en la presó, precisamente por el grosor de sus muros, que le confería una gran seguridad frente a los ataques de la aviación.
La destrucción llegó más tarde, a finales de los sesenta. El 25 de julio de 1965 sufrió un grave accidente el Último campanero profesional, Enrique PLA, que mantenía sólo algunos de los toques tradicionales, debido a la escasez de los tiempos, y a los cambios que estaba sufriendo la Iglesia a causa el Concilio y la sociedad española por el culto al progreso. Esto motivó que hacia noviembre de 1968 se electrificasen seis de las once campanas históricas, como una primera fase. Al mismo tiempo se quitaron las ventanas de madera de la torre, con la excusa que afeaban la vista, y oprimían las campanas, olvidando que servían, sobre todo, de caja de resonancia. También se destruyó el reloj de finales del XVII, con sus correspondientes esferas, y el pequeño edificio adosado a la torre donde se ubicaba este antiguo mecanismo pÚblico.
La destrucción, reconocida como irremediable en la prensa de la época, era justificada por el precio que había que pagar al progreso.
Electrificaciones
La electrificación supuso un conjunto de gravísimas destrucciones, que parecían irremediables. En primer lugar, se despreciaron todas las tradiciones más antiguas, ya que es costumbre que los toques de todas las fiestas se interpreten sólo con el volteo de las cinco grandes. Pues se electrificaron sólo tres (afortunadamente), así como las dos menores y una intermedia. El toque no reproducía ninguno de los tradicionales, y además se hicieron otras graves modificaciones: las dos pequeñas, sin ninguna justificación, cambiaron de lugar, ocupando la una el lugar de la otra, y la viga de madera de la cual colgaban era sustituida por otra de hierro. Del mismo modo se cambiaron los antiguos yugos de madera, algunos más antiguos que las propias campanas, que fueron destruidos, siendo sustituidos por otros de hierro colado, propios de la empresa ROSES, que fue la que perpetró la electrificación. Finalmente se introdujeron tres electromartillos, para las dos campanas pequeñas y para la mayor de las electrificadas, aunque no la más grave, que supusieron una innovación jamás contemplada en las complejas Consuetas o partituras de toques.
Como es habitual en las instalaciones de este tipo y de esta época, los mecanismos se instalaron de modo que era prácticamente imposible tocar a mano las campanas electrificadas, mientras que las aÚn manuales no se podían mover, en algÚn caso como la Maria, porque tropezaba con la nueva reja, o como l'Arcís, que chocaba con la recién puesta caja de los contactores eléctricos.

Toques de las campanas

Toques manuales históricos
La extensa documentación existente en la Catedral de València, permite determinar que las once campanas eran osciladas, inicialmente, llegando incluso a quedar invertidas (la boca hacia arriba), y también se repicaban. El volteo completo es una novedad técnica que se introdujo seguramente a instancias del Patriarca San Juan de Ribera, Arzobispo de València, ya que a finales del XVII se comienza a hablar de volteos. Los volteos estaban limitados al toque de las cinco grandes, y las reglamentaciones insisten que debe ser así porque las demás no dizen bien con estas. La costumbre del volteo general, entendiendo por tal el toque de todas las campanas, puede ser de finales del XIX, y al principio se limitaba al día del Corpus, aunque luego se extendió a las tres fiestas mayores de la Catedral: el Corpus Christi, la patrona de València, la Mare de Déu dels Desemparats, y la titular de la Catedral, l'Assumpció.
Sin embargo el toque más interpretado a lo largo del año, unas cuatrocientas veces, era el repic, que supone una combinación rítmica a contratiempo de nueve de las once campanas, de modo que su estructura es rígida en cuando al discurso (una parte debe seguir necesariamente a la otra) pero abierta en su contenido (se puede variar el ritmo de las campanas empleadas, e incluso la duración del toque, de acuerdo con el conocimiento del campanero, sus ganas de tocar, o la adecuación al acto que se está acompañando). Otro importante grupo de toques eran las llamadas a coro, de media hora de duración, y con una composición musical distinta, segÚn la classe litÚrgica del día.
Todos estos toques desaparecieron con la electrificación.
Toques mecánicos (primera electrificación)
Los toques mecánicos estaban limitados al volteo de seis campanas, y al repique eléctrico de sólo tres, no estando contemplado el toque de las del reloj. El conjunto mecánico ofrecía pocas posibilidades rítmicas y sonoras.
Las campanas, con su nuevo aspecto, habían perdido no solo la imagen tradicional, sino que sonaban de una manera distinta, más metálica y monótona.
Campaneros del siglo XX
A lo largo de este siglo hubo, al menos, tres campaneros de la Catedral. Tras Mariano FOLCH, hacia 1903 comenzó a tocar Rafael AGUADO ROMAGUERA, jubilado en 1943, sustituido por José ESTELLÉS. Estos serían los Últimos verdaderos campaneros tradicionales, ya que el siguiente, Enrique PLA, que comenzó a tocar en 1961 y tuvo el accidente en 1965, ya suponía la típica degradación de los toques previa a la electrificación.
Tras veinte años de exclusiva electrificación, con algÚn intento efímero de realizar toques extraordinarios, por ejemplo a la muerte de los papas, el 2 de junio de 1988 volvían a tocar manualmente las campanas, esta vez impulsadas por los miembros del GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS; una asociación cultural, cuya finalidad, junto a la investigación, el conocimiento y la difusión del patrimonio campanil, es la interpretación de los toques de esta Catedral, de la torre de la Catedral de Segorbe, y alguno que otro campanario más.
El impulso de los nuevos campaneros, que no eran recompensados mediante paga, sino que tocaban como fruto de una reflexión que quería recuperar una parcela importante de la tradición, supuso una importante renovación de las instalaciones, la puesta en marcha del reloj, y la recuperación, prácticamente total, de los toques del ciclo litÚrgico y festivo anual.
Toques mecánicos (la segunda electrificación)
El mes de noviembre de 1989 subía a la torre la alcaldesa de València, quien, tras ver los toques y las instalaciones, concedió una subvención al GREMI, que permitió la instalación de un ordenador, que gestionaba los toques horarios, mediante un innovador sistema de aire comprimido, así como los volteos de las cuatro campanas mayores aÚn electrificadas. Los nuevos motores, controlados por el autómata, repetían los gestos del campanero para poner en marcha y voltear la campana progresivamente, y dejándola luego libre de modo que aquella seguía girando mientras le durase el impulso. Esta instalación, además, no impedía los toques manuales, puesto que los motores, sin reductora, no frenan para nada la campana ni su instalación.
También se instalaron dos pistones, controlados también por el ordenador y movidos por aire comprimido, que tiraban de unas cadenas, como los antiguos campaneros, para recuperar toques perdidos desde hacía mucho tiempo, como los del cierre de murallas, cada noche, o los de oración tres veces al día.
Las campanas de la Expo
A propuesta de la Generalitat Valenciana, la Catedral autorizó la salida de las tres campanas más antiguas de la torre (la Caterina, el Pau y el Jaume) para ser expuestas en el Pavelló de la Comunitat Valenciana, junto con otras tres, mucho menores pero también góticas. La muestra pretendía exhibir seis campanas anteriores a 1492, es decir que ya sonaban en aquel año, puesto que sabemos que estos instrumentos son los Únicos cuyo sonido prácticamente no varía a lo largo de los siglos: la exposición pretendía llevar la mÚsica más antigua, el sonido del pasado aÚn vivo.
Durante toda la Exposición Universal, diversos miembros del GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS interpretaron cuatro veces cada día diversos toques, en una estructura que ponía los intérpretes y sus instrumentos a unos pocos metros del pÚblico, lo que supuso un acercamiento de las campanas y sus toques a la gente.
En consecuencia hubo un importante cambio de actitud, ampliamente detectado, a lo largo de la Exposición Universal: al principio la gente señalaba el atraso de los valencianos, que aÚn tocaban a mano las campanas, mientras que en mi pueblo ya van eléctricas. Al final de la Expo, sin embargo, la gente preguntaba cuando era el próximo concierto, actitud similar a la detectada entre los visitantes de la Catedral, que ya no hablan de toques sino de conciertos.
La exposición temporal de las campanas en Sevilla tuvo otra importante consecuencia: la Generalitat Valenciana restauró las seis campanas que habían perdido su yugo de madera por otro de hierro, reponiendo el contrapeso de madera original, y tomando como modelo la Maria, la campana mayor, y de formas más armónicas de la torre. También se repuso la viga de madera de la que penden las campanas menores, que volvieron a ocupar su posición original.
La restauración de las campanas, de la instalación y de la sala
La restauración de las campanas, unida a una más intensa actividad de los miembros del GREMI, supuso la desautomatización de cinco de las seis campanas antiguamente motorizadas, por lo que una sola, la utilizada para los toques diarios de coro, tiene un motor auxiliar para el volteo, controlado por el ordenador, de manera que se puede tocar manualmente, y automáticamente a diario.
También se procedió a cambiar las instalaciones de la sala, modificando una tarima de madera, que se había sobredimensionado, para tocar con menos gente las campanas. Este tablado, de unos 150 cm de altura, fue rebajado a los 60 actuales, de manera que se aprecia mejor el trabajo de los campaneros, así como se tiene una perspectiva más diáfana de la sala. La nueva altura exige quizás un mayor concurso de gente, pero es mucho más segura para los campaneros. Al mismo tiempo marca la zona de trabajo frente a la del pÚblico, instalado al centro de la sala, donde caben cerca de un centenar de personas de pie.
La más reciente intervención, realizada en 1994 gracias a una subvención de la Generalitat, ha permitido recuperar las puertas de madera que cubren parcialmente las ventanas de la sala (prácticamente al 50 %). Aunque parezca paradójico, las campanas ahora resuenan más, puesto que siguen sonando realimentadas por su propio eco, y su sonido, más dulce, se expande por igual en todas direcciones. También, aunque esto sea accesorio, el cierre de las ventanas dirige la atención de los visitantes hacia las campanas, los campaneros y sus toques, creando un clima más propicio y mucho más impresionante para los sentidos.
También se han hecho nuevas matracas, de grandes dimensiones, puesto que las antiguas desaparecieron cuando se quitaron las anteriores ventanas.
Excepto ayudas puntuales de las instituciones, para proyectos concretos, la mayor parte del mantenimiento y de las inversiones dentro de la sala de campanas, se generan por el propio GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS, gracias a las cuotas de afiliados, así como las actividades que generan recursos, especialmente los conciertos en otros campanarios, dentro y fuera de la Comunidad Valenciana.
Los toques actuales de la Catedral de València
Tras la renovación de las instalaciones, la recuperación de los yugos de madera y de las ventanas de la sala, la disminución de los motores, la rehabilitación del reloj, la apertura al pÚblico de la sala, y sobre todo, por la inquietud de los integrantes del GREMI, se ha recuperado prácticamente íntegro el ciclo festivo anual, incluyendo todas las fiestas del año litÚrgico, los domingos de adviento y de cuaresma, y otras celebraciones, interpretándose, de manera manual, no menos de 250 toques (o conciertos) al año, aunque parece coherente llamarlos toques, puesto que no se trata de interpretaciones fuera de contexto (entonces serían conciertos, sino de actuaciones relacionadas con el instrumento y su uso histórico y musical.
De manera especial han vuelto a sonar los toques de difuntos en la ciudad, que se parecen poco al tópico toque de muerto, lento, y con poco fundamento tradicional, así como los toques de los días festivos a mediodía, que no anuncian nada, en el sentido de no llamar a nada, sino que marcan un tiempo especial, el de la fiesta.

Reloj

Mecánico
La Catedral de València se precia, con fundamento, de haber tenido el que fue posiblemente el primer reloj pÚblico de la península: en 1378, ubicado probablemente en el Campanar Vell, ya existía una esfera, de 24 horas, con una aguja, y una campana que tocaba las horas.
Sin embargo, al construirse el Campanar Nou, y aprovechando su altura prevista, se llegó a una Concordia entre el Obispo, el Cabildo y la Ciudad, para colocar en la terraza de la nueva torre una gran campana, que llegase hasta los arrabales de la ciudad, y más allá, para mostrar la magnificencia de una ciudad tan insigne como ésta. Esta nueva campana, dedicada a San Miguel, un típico santo protector contra las tormentas y otros males procedentes de las alturas, a veces llamada reloj, debía, por el mencionado convenio, dedicarse exclusivamente para reloj. Tras el primer convenio de 1418, y debido a que el reloj se retrasaba varias horas al día, la ciudad dedicó a dos hombres que sonase el Micalet, hasta que se hizo el segundo reloj, de nueva invención, en 1446. Esta maquinaria duró hasta 1684, en que se sustituyó por un reloj mecánico, de imponente factura, que llegó hasta nuestros días, y que acabó convertido en chatarra, si no se encuentra perdido por algÚn almacén municipal, aÚn no localizado hasta nuestros días.
Cabe señalar el carácter pÚblico del reloj y de las campanas asociadas, aunque con la importante limitación de no ser utilizados más que para toques horarios. De hecho, la campana superior, utilizada para los cuartos, es la Única que ostenta el escudo de la ciudad, mientras que el Micalet figura, en todas las Consuetas como que es de la Ciudad (Consueta de HERRERA, de 1705; de AGUADO, de 1917). A nuestro entender, esto supone más que un privilegio, una carga, es decir la obligación de su mantenimiento. La prueba es que durante una treintena de años la campana estuvo callada, y la Catedral no hizo nada por restaurarla, aunque consideró conveniente que el Ayuntamiento diese la subvención para volver a tocarla.
Insistiendo en el carácter pÚblico, pero a la vez restringido de las dos campanas horarias, creemos, sin la menor duda, que de ninguna manera puede decirse lo mismo de las demás campanas de la torre, inequívocamente litÚrgicas, y por tanto plenamente catedralicias.
Electrónico
El actual reloj, electrónico, gestiona, como hemos dicho, los toques horarios, así como los diarios de oración, de coro, y otros propios del fin de semana. En ningÚn caso, de acuerdo con las tradiciones de la Catedral, interpreta toques para las misas, que se celebran en este templo cada hora.
El reloj ha sido programado de modo que toca las horas y los cuartos desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche inclusive, mientras que en el horario nocturno sólo toca las horas, sin cuartos, y con un sólo aviso a la media de la campana menor.
El reloj, instalado por FRANCE CARILLONS, tiene un doble horario, de acuerdo con la tradición, de invierno y verano, tomando como referencia las cruces de mayo y de septiembre. Esto supone que los toques de oración de mañana y mediodía, y de coro matinal, no cambian, pero si lo hace el de oración vespertina, y el que sigue de cierre de murallas y de las ánimas, que en verano son una hora más tarde.
La gestión y el mantenimiento de este y los demás mecanismos de la torre se hacen exclusivamente por el GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS.

Estado del conjunto

Analizaremos el estado de las instalaciones, desde el punto de vista de conservación del patrimonio, teniendo en cuenta cómo se conservan las instalaciones históricas, de qué manera reproducen los toques tradicionales y cómo permiten la interpretación de esos toques de manera manual.
En este caso, si la primera electrificación supuso una ruptura con la tradición, una introducción de unas sonoridades mucho más limitadas, y la imposibilidad de realizar los antiguos toques tradicionales, las sucesivas intervenciones han convertido a la torre de la Catedral de Valencia en un modelo paradigmático de restauración.
Conservación de las instalaciones
La electrificación, típica de los años sesenta, significó la destrucción de la instalación tradicional, sustituyendo los yugos de madera, de gran calidad sonora y rítmica, por otros de hierro colado, menos resonantes, y que estuvieron a punto de causar la rotura de alguna de las campanas, todas ellas históricas.
Las diferentes intervenciones han servido para recuperar la sonoridad, los usos y los espacios de la sala de las campanas.
Reproducción mecánica de los toques tradicionales
La actual instalación reproduce los volteos al estilo de los campaneros tradicionales (ya que el Único motor instalado, de impulsos, mueve progresivamente la campana, e incluso hace variaciones a lo largo de la grabación), y los repiques de manera muy satisfactoria (debido a la elevada respuesta de los martillos mecánicos impulsados por aire comprimido). Todo esto se debe no sólo a las posibilidades de los mecanismos instalados, que deberán ser ampliadas en un futuro, sino al mismo ordenador, que reproduce de manera conveniente aquellos toques tradicionales para los que ha sido programado.
Posibilidad de ejecución de los toques manuales
La actual instalación, concebida como una electrificación auxiliar frente a los campaneros, no incide sobre los toques manuales, ya que sólo se necesita quitar el interruptor general para que la campana motorizada no toque mecánicamente; con sólo conectarle una cuerda puede voltear sin más aditamentos ni operaciones. El sistema de repiques por aire comprimido es totalmente auxiliar y separado de las campanas, por lo que con sólo quitar las cadenas, que van unidas desde los mecanismos a los propios badajos, mediante sendos mosquetones, se puede utilizar las dos campanas mayores, in otra limitación.

Propuestas

Protección
En la torre se encuentran varios elementos que han de ser protegidos de manera específica: las campanas 1, 5, 6, 7, 10, 11, y B, y de manera especialísima la 3, deben ser incoadas, de manera específica como BIC. Las restantes campanas históricas de la torre, es decir la A, 2, 4, 8 y 9 deben ser incluidas, de manera individual, en el Inventario General de Bienes Muebles, por su alto valor. Las campanas del siglo XIX de menor interés, pueden refundirse tras su documentación, en caso de rotura.
Intervenciones urgentes
La actividad incesante de los miembros del GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS han proveído de lo más necesario para la conservación y puesta en valor de las Campanas de la Catedral: desde postales hasta planimetría, y desde la reposición de badajos hasta la pintura y renovación de las maderas, las tareas más urgentes y otras menos perentorias han sido ya realizadas.
La actividad debe dirigirse ahora hacia la apertura al pÚblico de las dos salas inferiores, de manera que puedan ser visitables, y que se muestren los toques de las campanas y la historia de la torre y sus mÚltiples usos a través de los siglos. La apertura de la sala de campanas, por su peligrosidad, y por la importancia de los elementos conservados, sólo podrá realizarse mientras esté presente algÚn miembro responsable del GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS.
Como es usual, y de acuerdo con la Ley del Patrimonio Histórico Artístico Español, todas las intervenciones realizadas se han hecho con la autorización del Molt Il·lustre Capítul, titular de las instalaciones, y con la autorización de la Conselleria de Cultura, en aquello que le compete de acuerdo con la citada ley, por tratarse de un Bien de Interés Cultural.

Bibliografía empleada

  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • Campanarios: Bibliografía
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

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    Campaners de la Catedral de València
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    © LLOP i BAYO, Francesc (1995)
    © Campaners de la Catedral de València (2017)
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    : 28-03-2017
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