MORALES, Elpidio - A la memoria de Noé Domínguez Carreto... Descanse en paz

A la memoria de Noé Domínguez Carreto... Descanse en paz

Hoy el Baúl de los Recuerdos se abre para dar una mala noticia, el día de ayer falleció el señor Noé Domínguez Carreto a la edad de 74 años. Desde luego, el deceso ha causado un gran pesar en todas las personas que le conocimos.

Noé Domínguez Carreto nació un diez de noviembre de 1944, allá a mediados del siglo anterior, fue hijo del señor Carlos Domínguez y Domínguez y de la señora Esperanza Carreto Díaz, a quien Noé le llamaba cariñosamente “Esperancita”, fue el tercero de cuatro hermanos que son: Edith, Magdalena, Noé y Carmina.

No era extraño ver a Noé por las calles de Zacatelco platicando con la gente, no había distinción para ricos ni pobres, o bien, montado en su motocicleta Harley Davidson; manejando su camioneta de color naranja y crema, o su autobús Somex, quienes llevaban orgullosamente la leyenda NODOCA. Y claro, atendiendo con amabilidad la refaccionaria del mismo nombre.

Su hermana Edith comenta que desde muy pequeño Noé siempre anduvo al lado de su padre, quien le enseño en primer lugar a darle cuerda al reloj monumental de la parroquia de Santa Inés, labor que en conjunto realizaron por más de sesenta años.

Así que cada domingo al término de la misa de las ocho de la mañana, como si fuera un ritual que se tenía que cumplir al pie de la letra, sacaba su llave y se disponía a subir los escalones de la torre de la parroquia de Santa Inés para dar cuerda al reloj. Con orgullo comentaba: “sólo una ocasión que me enfermé deje de darle cuerda dos meses, de ahí nunca falté a cumplir con esta bendita misión. Conocía tanto al reloj que varias ocasiones, el mismo le hacía las reparaciones necesarias. Es muy probable que el reloj también lo extrañe.

Por otra parte, tuvo a bien donar campanas a diferentes parroquias y capillas. Al preguntar de donde había surgido esa idea, él respondió: “Un día llegué de Houston a Matamoros Tamaulipas, salí a caminar, de momento pasé por la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, entré a escuchar misa. Ahí estaba una monja que cantaba muy bonito, así que decidí que no me iría sin felicitarla. En el transcurso de la misa vi una campana más o menos de estas características y así es como se me ocurrió la idea de donar campanas para las iglesias”.

“Al finalizar la misa me puse a platicar con ellas, manifestándole el deseo de que la madre Silvia fuera una inspiración para mi hija Aída, les comentamos que éramos de Zacatelco, dijo que ella ya conocía el pueblo porque un tío de la hermana Hermila se había casado con una persona de Zacatelco”.

Emocionado Domínguez Carreto recordaba que en una ocasión le dijo al padre Adrián “el momento más sublime de la misa es aquel en que se toca la campana”. El sacerdote se quedó pensativo y después de unos momentos de reflexión dijo…tienes razón Noé.

De esta forma tomó la iniciativa de donar campanas para la parroquia de Santa Inés, la Capilla de San Cosme y Damián, el Sagrado Corazón de Jesús en Xohicalco, el Santo Niño Doctor en la sección cuarta, a la Capilla de Guadalupe en la sección quinta, a la Basílica de Nuestra Señora de Ocotlán, a la Catedral de San Francisco, a la iglesia de San Andrés Buenavista, la campana de Tlancualpican, Puebla, a la iglesia de Santo Toribio Xicohtzinco, a la iglesia del Carmen Aztama, a la capilla de Juquila en Exquitla, a la iglesia de la Colonia Domingo Arenas, donde donaron la campana que está en la torre, en colaboración con Andrés Serrano, Marcelino Carvente y el padre Alfredo, por nombrar algunas.

Domínguez Carreto comentaba que existe una campana que él ha llamado “de la visita” porque va y regresa, está la guardaba en su casa y la facilitaba para algunos recorridos de mayordomías o actos donde fuera necesaria.

Desafortunadamente algunas de las campanas no fueron entregadas, de buena fuente se sabe, que próximamente haría entrega de una campana a la iglesia de Juquila en el Estado de Oaxaca y seguramente tenía programado entregar otras más.

Sin embargo, su contribución a la sociedad y al engrandecimiento de la fe católica no terminó ahí, pues resulta que en colaboración con el Lic. Elpidio Pérez portilla, quien fuera párroco del templo de Santa Inés, hasta hace unos días, se dieron a la tarea de restaurar todos los lienzos que se encuentran en la sacristía, rescatando de esa manera obras que durante muchos años habían quedado en el olvido y que ahora están ahí, para que puedan ser admiradas por todas las personas que visiten este sagrado recinto.

El legado que deja Noé Domínguez Carreto en este mundo es suficiente para recordarlo por mucho tiempo, ahora que ha emprendido el viaje sin retorno, estamos seguros que muy pronto estará a la diestra del padre gozando de la vida eterna, tal como fue su deseo. Descanse en Paz.

Comentarios y sugerencias: jemoralesm1990@hotmail.com

MORALES, Elpidio

Contraste (31-05-2019)

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