PIÑA HOMS, Román - El obispo da en el clavo

El obispo da en el clavo

SALÍA DE misa el pasado domingo y, como en otras ocasiones, tomé el Full dominical, escrito en catalán, con algunas traducciones al castellano, como la liturgia de la palabra y la alocución habitual del obispo, Sebastià Taltavull Anglada, que nos hablaba de humanizar el tráfico. Muy bien. Horas antes había acudido al aeropuerto, y descubierto lo que es transitar varios kilómetros hasta allí y volver. Espantoso. Había dos frases de Taltavull harto interesantes. La primera: «Desgraciadamente hay quien está convencido de que siempre son los otros los que lo hacen mal». Y la otra, refiriéndose a los conductores: «Como en las gradas del campo de futbol o de otro deporte, personas habitualmente serias, educadas y bien habladas, se muestran como si perdieran el norte y quedaran de golpe transformadas, profiriendo insultos y creando un clima de crispación».

Buena razón tiene nuestro obispo. En el automóvil nos quitamos la careta y nos mostramos tal cual somos, o sea de día en día más inciviles. Me gustaría, sin embargo, que también Taltavul se extendiera a otros ámbitos, como las reyertas nacidas de la falta de respeto a las opiniones ajenas dejadas al libre albedrio ciudadano, y ya no reyertas, sino insultos generalizados, lanzados incluso al margen de la ley. Hoy la mayor causa de crispación está en la escalada nacionalista. Es evidente. ¿Sabrá Taltavull afrontarla o se pondrá de perfil? No es que él tenga que decirnos si es nacionalista o catalanista. Que sea lo que quiera, pero al menos que alerte sobre las imposiciones o falta de respeto al otro, formuladas en una escalada más allá de la legalidad y de los derechos ciudadanos. Tuve una amistad de muchos años con el obispo Teodoro Úbeda Gramage. Nunca olvidaré el momento, en su despacho del Seminario, en que lo abandonaba la plana mayor de la Obra Cultural Balear, acompañada del canónigo Pere Llabrés. Le pregunté a Don Teodoro: ¿Y qué quieren? Me contestó de inmediato: Qué haga tocar las campanas de toda Mallorca por el décimo aniversario del Estatuto de Autonomía. Están locos. Tantos años clamando por la separación de la Iglesia y del Estado, y ahora no parecen acordarse.

Las campanas de Mallorca permanecieron mudas el 1 de marzo de 1993. Bastante preocupado estaba nuestro obispo con sus problemas de la herencia de Marbella, que yo, junto a Rafael Perera, trataba de paliar.

Don Teodoro murió abandonado de tirios y troyanos. En soledad. No pudo con la marea dominante. El nacionalismo, en gran medida nacido en las sacristías de la Part Forana, llegó a tenerle prácticamente secuestrado. Y es que el liderazgo, sobre todo en la iglesia, exige valentía inusitada, y a menudo sucede lo contrario. Otro día hablamos.

PIÑA HOMS, Román

El Mundo (11-07-2019)

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    : 22-07-2019
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