VIÑAS, Verónica - Patrimonio leonés expuesto al viento

Patrimonio leonés expuesto al viento

Algunos de los tesoros de la Catedral y San Isidoro se ocultaban en sus torres.

Un auténtico tesoro


Momento en el que la veleta original del gallo fue apeada de la torre de San Isidoro para su restauración. - Autor: RAMIRO / DIARIO DE LEÓN

No sólo útiles, sino valiosas. Las veletas y campanas de San Isidoro y la Catedral de León han resultado ser un auténtico tesoro. Han estado a merced del viento, pero a salvo de la rapiña. El gallo de la torre de San Isidoro permaneció camuflado hasta hace 18 años. Una antigua leyenda afirmaba que cantaba para alertar de la proximidad de las tropas enemigas de Almanzor. Pero cuando cantó de verdad fue en el año 2001, cuando fue apeado de la torre para ser restaurado.

Nada más desmontarlo se comprobó que era un objeto realmente especial, con una extraña inscripción: ‘Bernalaz’. Un año después León celebró un congreso con expertos en historia, arqueología y biología, porque el polen encontrado en su interior fue crucial para datar esta pieza procedente de Oriente. La prueba del carbono 14 dató las tierras halladas en la cola en el siglo VI. La veleta es de cobre plomado recubierto de oro; por algo las tropas napoleónicas lo tirotearon para llevárselo como botín. Mide 87 centímetros de pico a cola y 57 de alto. Los análisis permitieron descubrir su origen persa sasanida (Mesopotamia). Una pieza única en el mundo, aunque en las crónicas bizantinas hay referencias que indican que el rey persa Kosroes II, quien conquistó Jerusalén en el año 612, ordenó que todas las cruces que remataban las iglesias fueran sustituidas por gallos dorados, como emblema personal del rey de reyes.

El gallo de San Isidoro inicialmente no fue concebido como veleta y ha perdido las gemas que tenía como ojos. Lo que los investigadores no han logrado desentrañar es cómo llegó a León, aunque algunos estudiosos apuntaron que podría tratarse de un tributo al rey Alfonso VI tras la conquista de Toledo. El gallo está ahora en una vitrina en el claustro de la colegiata. En su lugar se colocó una réplica.


La campana Laurentina, de San Isidoro, la más antigua de España. - Autor: ARCHIVO DIARIO DE LEÓN


La antigua veleta de la Catedral, hoy en el claustro. - Autor: ARCHIVO DIARIO DE LEÓN

Leyenda negra

La veleta de la Torre Sur de la Catedral no es comparable ni tan valiosa, pero tiene una historia ‘negra’. Le cayó un rayo y se desplomó dos veces. Tras estos sucesos el Cabildo debió pensar que era gafe y la retiró. Varada en un rincón del claustro, ahora esta veleta del siglo XVII solo señala el Sur. Mide cuatro metros y forma parte de una colección valiosa e inútil que ha encontrado acomodo en los lugares más inverosímiles del templo gótico, junto a gárgolas, pináculos o restos de vidrieras, todos desubicados pero que explican de algún modo la historia del edificio.

Según algunas crónicas, a la veleta, que está rematada por una cruz, le había caído un rayo en 1715 durante una rotativa para que lloviera en un año de atroz sequía. Empezó a arder, pero ocurrió el milagro y una gran lluvia apagó el incendio, que no tuvo mayores consecuencias.

En 1911 el entonces arquitecto de la Catedral Manuel Cárdenas subió a la Torre del Reloj y al ver el estado de la veleta ordenó desmontarla. Ya en tierra, cuando los herreros Magaz y Blanco estaban haciendo un patrón para reconstruirla descubrieron su secreto. La bola de arranque guardaba un pergamino con una plegaria al arcángel San Miguel, para que librara a la torre de rayos y centellas, al tiempo que rogaba para que no se posaran en ella animales voladores. La nueva veleta se colocó con la misma plegaria.

Las torres de San Isidoro y la Catedral preservan otros tesoros, como sus campanas. Ahora está en el claustro, pero la campana Laurentina de la colegiata fue fundida en el año 1086 y es la más antigua de España. Según varios historiadores, se usó en presencia del mismísimo Cid. Algunos estudiosos afirman que se fundió en la propia basílica para celebrar la conquista de Toledo.

Las campanas de la Catedral estuvieron mudas durante una década, entre 1987 y 1997. Hasta que la informática llegó en apoyo de la Froilana, Bárbara, la María, la Terén, la Trinidad, la Voz del Ángel, la Dominica, la Santa, la de Jesús, la de José, la Sardinera y las dos Pascualejas. Todas en la Torre Norte. La Froilana pesa dos toneladas y data de 1794. La más antigua está fechada en 1671; hay otra de 1729 y una de 1788. Seis fueron fundidas por el salmantino Cabrillo en 1929.

VIÑAS, Verónica

Diario de León (22-07-2019)

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