SERRANO, Álex - San Agustín recupera su voz

San Agustín recupera su voz

La iglesia estrena cuatro campanas para sustituir las perdidas en la Guerra Civil

El párroco descarta que las piezas toquen cada hora y únicamente lo harán para avisar de las misas o en ocasiones especiales


Dos de las nuevas campanas, ayer, frente al altar de San Agustín - Autor: MONZÓ, Juano / LAS PROVINCIAS

El amanecer del 21 de julio de 1936 fue uno de los más oscuros que se recuerdan. El sol apenas se abría paso entre las nubes, sólo que las nubes en realidad era el humo que procedía de los incendios que consumían decenas de iglesias en toda la ciudad. A una de ellas entró un grupo de exaltados que reunieron en el centro de la nave los ornamentos y les predieron fuego: ahí comenzó el saqueo de San Agustín, templo que en esos primeros días de la Guerra Civil perdió las campanas que presidían la torre del templo, cuyos orígenes se remontaban al siglo XIII. Ahora, una colecta entre los feligreses de la iglesia ha permitido forjar cuatro nuevas piezas, que serán bendecidas esta tarde en una misa a las 19.30 horas y que esperan el permiso del Consistorio para ser elevadas a las alturas y dotar de nuevo al templo de su característica voz.

La historia de la iglesia de San Agustín (y Santa Catalina, aunque esta segunda parte suele obviarse) hunde sus raíces al poco de la llegada de Jaume I a Valencia. Se dice que el propio rey propició la llegada la ciudad de la orden de los Agustinos Franciscanos, que crearon un monasterio en la zona que ahora ocupa el edificio de Hacienda, el parque del Hospital, el MuVIM y la misma iglesia. Pero fue en la Guerra Civil cuando el templo, ya muy mermado en extensión por las desamortizaciones del siglo XIX, sufrió más.

Tal como relata Daniel Benito Goerlich en su obra «El Real Monasterio de San Agustín de Valencia. Parroquia de Santa Catalina Mártir y San Agustín Obispo», «la amplísima nave del templo, cuya bóveda había resistido sin embargo los efectos del fuego, fue utilizada como cuadra para las acémilas del ejército republicano y como garaje por el Sindicato del Transporte». Incluso la estatua de San Agustín se utilizó como rampa para permitir la entrada de los vehículos a la nave.

El templo fue saqueado en 1936 y la figura del patrón, usada de rampa para que entraran coches y carros

Cuando finalizada la guerra se decidió, en 1945, restaurar el templo (gracias, como relata la obra de Benito Goerlich, al empeño del párroco de entonces, Antonio Justo Elmida), el Arzobispado se encontró con que el único rastro que quedaba de las cuatro campanas que habían presidido la torre principal de la iglesia eran unas cuantas piezas sueltas, que ni siquiera se han podido utilizar como orientación para las nuevas piezas, que son totalmente originales. Lo cierto es que el edificio ha ido sufriendo varias rehabilitaciones, la última en 2009, cuando se reformó la cúpula y las cubiertas. Los trabajos habían empezado en febrero de 2007, costaron 1.075.604,36 euros y fueron llevados a cabo por el equipo de arquitectos que dirigía por aquel entonces Francisco Jurado.

Estas rehabilitaciones, sin embargo, fueron dejando para el final las campanas, quizá lo menos «prioritario», como reconoce el párroco de la iglesia, Javier Llopis. Ahora, gracias a una colecta entre los fieles, la congregación ha conseguido unos 50.000 euros con los que ha abonado a la firma valenciana 2001 Técnica y Artesanía, con sede en Massanassa, la construcción y montaje de cuatro nuevas campanas, forjadas en bronce en Italia: «Santa Catalina» pesa unos 100 kilos, «San Agustín», unos 120; «San José», 250; y «Nuestra Señora de Gracia», 350. Las piezas serán bendecidas hoy con motivo de la fiesta de su titular, San Agustín Obispo, tras un servicio eucarístico que dará comienzo a las 19.30 horas.

El ruido de la plaza

El párroco descarta que las campanas suenen a cada hora. Pero matiza: «Tampoco pasaría nada». Recuerda la polémica con el campanario de San Nicolás, que enmudeció a comienzos de 2017 cuando quejas vecinales motivaron una interpretación restrictiva del Consistorio de la ordenanza contra la contaminación acústica, por lo que las campanas de una de las iglesias más antiguas de la ciudad dejaron de sonar cada hora como se hacía hasta el momento desde hacía décadas.

Pero Llopis insiste en que la plaza de San Agustín es una de las más ruidosas de la ciudad. «Si me apuras, igual el sonido de las campanas hasta se perdería», ironiza el sacerdote, que apunta que «una de cada tres líneas de autobús pasa por la puerta, más las Fallas (que estamos encantados), las manifestaciones...». Llopis duda de que el repicar de las campanas «pudiera molestar a alguien». Con todo, la intención que tienen en el templo es que las campanas doblen únicamente un par de veces al día, para avisar de que hay misa (por la mañana y por la tarde), y como mucho en ocasiones especiales como el día de San Agustín Obispo o el de Santa Catalina Mártir.

En cualquier caso, todo ello habrá de esperar la autorización del Consistorio, porque aunque las campanas se bendigan hoy y se presenten 'en sociedad', lo cierto es que no serán instaladas en el campanario hasta que el Ayuntamiento de Valencia no permita el empleo de una grúa de grandes dimensiones «que quizá tendrá que cortar algún carril», tal como explica el párroco, para subir las piezas al campanario. No saben cuándo ocurrirá, pero lo cierto es que los plazos se acortan para que San Agustín, que enmudeció en la vorágine destructiva de la Guerra Civil, recupere una voz silenciada durante 80 años.

SERRANO, Álex

Las Provincias (28-08-2019)

  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
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