INFORMATIVO DIGITAL HERALDO DEL NORTE - Como se vivía el mes de noviembre en Ituango

Como se vivía el mes de noviembre en Ituango

El mes de noviembre en Ituango,por tradición ha sido un mes dedicado a recordar a nuestros fieles difuntos, se acostumbraba visitar el camposanto con flores para recordar a familiares y amigos,el mes se iniciaba con una solemne ceremonia que se oficiaba en el camposanto del pueblo, allí los sacerdotes de la parroquia encabezados por el párroco Luis Carlos Jaramillo Arango celebraban misa de difuntos y los feligreses de manera piadosa recordaban y pedían por sus deudos.

Pero hubo una costumbre muy bonita que se ha perdido en el pueblo y es la del animero, la cual consistía en salir durante todo el mes de noviembre, por todo el pueblo rezando por los difuntos, según la creencia popular se sacaban las animas del cementerio, para recorrer el pueblo de sur a norte, después de recorrer las calles y carreras pidiendo un Padre Nuestro por las venditas Animas del Purgatorio, ya en la madrugada hay que retornar al cementerio ha llevar las animas de regreso, se cuenta que se ha dado el caso de una o varias personas (animeros) que sacaron las animas del cementerio y ya tarde de la noche o en la madrugada se han entrado a sus casas de habitación, por pereza a bajar de nuevo al camposanto de regreso a donde las sacaron, se cuenta que estas personas al acostarse ya en su cama empiezan a sentir fríos, ruidos y es tanto el malestar que se han visto obligados a levantarse y bajar de nuevo al cementerio a llevar a las animas, una vez cumplido lo anterior han podido regresar a sus casas y dormir tranquilamente.

Los entierros en Ituango

En Ituango sus gentes eran muy respetuosas de sus difuntos ,había Ituanguinos como “Suso” López persona que aunque no tenia dinero estaba siempre presto a colaborar con la persona fallecida y si la familia no tenia dinero se encargaba de conseguir el ataúd, lo amortajaba, le rezaba y no descansaba hasta dejarlo en el cementerio, otros Ituanguinos que no se perdían velorio fueron “La Mona Madrid” , Héctor Sánchez y Toño López (fue sacristán)

Hubo Ituanguinos que compraban con anterioridad su ataúd y lo guardaban en el zarzo de la casa mientras les llegaba la hora, iban donde el carpintero este les tomaba la mediada y este les hacia el cajón a su gusto, es el caso de don Chano Porras que compro su ataúd con muchos años de anticipación

El hábito

El cuerpo se revestía con un traje a la manera de hábito talar de color café, que simulaba el de un monje franciscano, dicho hábito se denominaba escapulario de la Virgen del Carmen, que en la religión -católica-romana- era la santa patrona de las ánimas del purgatorio, a quien se le encomendaba el alma del difunto en su paso al más allá

En los entierros denominados por los canónigos y el pueblo “de primera”, los coristas de la época interpretaban música fúnebre sacra del repertorio universal W.A. Mozart, Pergolessi, cantatas de Bach y el Ave María de Schubert, eran coristas don Antonio Tamayo, don Mario Ortega Lopera, y don Manuel Cano.

Los sacerdotes asistían al encuentro del cortejo fúnebre revestidos con capa pluvial de luto en procesión precedida de una cruz romana y ciriales, entonaban rezos en latín en que oraban para que el difunto fuera liberado de las puertas y las llamas del infierno. La procesión iba desde la casa del difunto hasta el templo.

El entierro

Terminada la ceremonia religiosa la sepultura se hacía en el cementerio ubicado en la parte baja del pueblo en el antiguo camino que llevaba al río Ituango,los sacerdotes acompañaban al difunto hasta el barrio Cuatro Esquinas, más exactamente donde hoy empieza la carrera Quindío, éste sitio se conoció con el nombre del “Botadero”, tal vez porque hasta allí llegaba el sacerdote y el difunto era “botado”

El luto

La ropa de luto (NEGRO) y morado se llevaba por cerca de tres años. Las madres, viudas y demás dolientes expresaban con ropa de esos colores su dolor. Los varones, sino llevaban vestido negro, expresaban su señal de duelo con una cinta negra de raso ceñida al antebrazo izquierdo.

Después del sepelio, las familias siguiendo una tradición similar a la judía “caían en cama” durante ocho días, los demás parientes y amigos les visitaban y llevaban alimentos.

La puerta de la casa permanecía cerrada por unos tres meses incluyendo las ventanas y las gentes decían “es que allá están de luto”

Los rezos en casa del difunto eran entonados por matronas ataviadas con mantillas negras que en coro lúgubre y monótono entonaban las unas en el lenguaje monacal, el latín: “Réquiem Aeternam, dona eis Domine”, a lo cual otras respondían:” Et lux perpetua luceat eis” y todas en conjunto: ”Requiescat in pace”, Amén.

La novena

Durante los nueve días siguientes a la inhumación hacían un rezo diario denominado por el devocionario católico: “Novena y padre nuestros por las benditas almas del purgatorio”, la iconografía religiosa y los gozos de la mencionada novena dejan entrever las ideas del medioevo tardío sobre el terror del fuego a que se ven sometidas las almas de los difuntos:

“…Aquí estoy en este purgatorio
Del fuego en cama tendido
Siendo mi mayor tormento…”
“…! Ay de mi ay Dios severo!
Ay llama voraz activa!
Ay bien merecido fuego!…”

La sacada de los restos se constituye en otro duelo.

El pésame

Igualmente, las manifestaciones de condolencia eran expresadas en lujosos pergaminos llamados sufragios, ilustrados con imágenes religiosas que representan el dolor de la Pasión de Cristo. En ellos se lee que por esa compra se ofrecerían misas diarias por el eterno descanso del difunto. La comercialización de los sufragios lo hacia el almacén Parroquial de la señorita Amanda Agudelo,ubicado donde doña Ruby tuvo por muchos años su almacén diagonal a la casa cural .

También existían las visitas de pésame, donde se visitaba la familia del fallecido

Los restos

La costumbre era enterrar en bóvedas de ladrillos cocidos que formaban arco inglés o romano y retirar los restos a los cuatro años; después llevados a osarios donde permanecían a perpetuidad.

Los animeros-estudiantes

El mes de noviembre coincidía en Ituango con los exámenes finales que debían presentar los alumnos y alumnas de liceo Pedro Nel Ospina y de la normal de señoritas Patrocino San José, para poder aprobar el año electivo, lo anterior llevaba a que muchos de los estudiantes utilizaran el mes de noviembre para preparar sus exámenes y a la vez salían por todo el pueblo en las horas de la noche haciendo las veces de animeros.

El día que se iban pedir los padrenuestros, empezaba muy temprano para los alumnos del liceo Pedro Nel Ospina,se terminaban clases a las 5 de la tarde, se iban a casa y después de las 8 de la noche, empezaban a reunirse en la casa de algún compañero, como era víspera de exámenes se llevaba el cuaderno de la materia a presentar,ayi empezaban a repasar y a preparar la prueba del día siguiente, se acostumbraba entre los estudiantes poner una cuota para hacer una merienda,la cual incluía una taza de oloroso chocolate y parva fresca comprada en cuatro esquinas donde Mariela Alvarez,o en el alto de doña chinca en la panadería de los Guerra.

En las primeras horas de la noche se estudiaba, se repasaba y se tomaba chocolate con parva, como en ese tiempo en Ituango no habia luz o esta era muy escasa, se estudiaba a la luz de una vela de cebo, o dé una lámpara de caperuza; ya a eso de las 11 de la noche, los estudiantes empezaban a dejar sus casas y salían hacia el cementerio local, como era época de invierno lo hacían abrigados en sus ruanas.

En el llamado plan del cementerio se podían juntar unas 50 personas,normalmente el cementerio estaba cerrado, pero detrás de su ancha puerta de dos alas, con solo meter la mano se podía sacar una larga llave de color negro oxidado, con la cual se abría la puerta, la entrada al cementerio contaba con el beneplácito del párroco de la época padre Luis Carlos Jaramillo Arango y de los sepultureros de la época don Amos Posso y después don Miguel Arango, que Vivian a un lado del santo lugar.

Al entrar al campo santo se hacia de manera callada y con mucho respeto,se empezaba a recorrer el cementerio de atrás hacia delante, encabezando la ceremonia iba un campanero que tocaba en forma lúgubre y triste su campana de mano, mientras se entonaban padrenuestros y oraciones fúnebres, cuando empezaban a sonar las doce de la noche en el reloj de la iglesia de Santa Bárbara, los estudiantes se arrodillaban y en medio de la oscuridad abrían sus cuadernos de la materia a presentar al día siguiente y con un lápiz se marcaba donde el cuaderno abriera,supuestamente donde el estudiante rallaba hay estaban las preguntas del examen;era tanta la fe con la que se hacia lo anterior, que al otro día en el liceo preguntaban en el examen donde se habia hecho la raya.

Al terminar las doce campanadas, todos salían del cementerio y al unísono de la campana se empezaba a recorrer todo el pueblo en medio de la oscuridad, tocando tres golpes en cada una de las puertas del pueblo “tun,tun,tun,animas del purgatorio quien las pudiera aliviar” y desde adentro de la casa alguien contestaba “que Dios las saque de penas y las lleve a descansar”,entonces el animero decía “Padre Nuestro” y seguía hasta la próxima casa, así se recorría todo el pueblo, sus calles,carreras,se subía hasta el Carmelo, la Plazuela, mientras la campana seguía tañendo su lúgubre canto, los animeros seguían recorriendo el pueblo con mucho silencio y devoción, pidiendo un Padre Nuestro por las Animas Benditas.

Aunque no podía faltar el borrachito o los borrachitos que a esa hora botella en mano se incorporaban a los que pedían el padre nuestro y a veces había que llamar a la policía para que los hiciera retirar y en muchos casos terminaban en el calabozo

Una vez terminado el recorrido por todo el pueblo a las dos o tres de la mañana, se volvía a bajar al cementerio a llevar las animas de donde se habían sacado, cuando .los animeros subían al parque del pueblo a eso de las 5 A.M,iban a tomar tinto o aromática al billar de don Millo Zapata, o a los cafés de Rafael Calle o de Pipe Zuluaga (vendía una rica y olorosa aromática de manzanilla), y al café de José Arroyave, que eran los primeros negocios que se abrían en el pueblo.

El animero se iba a casa se bañaba, desayunaba y luego se preparaba para presentar el examen final en el liceo Pedro Nel Ospina,pero los estudiantes-animeros iban tranquilos y confiados al examen,pues las “animas” la noche anterior le habían soplado los puntos del examen.

El animero (s) salía todos los 30 días del mes de Noviembre y las gentes de Ituango, en sus hogares hacían novenas, rezaban rosarios, honrando la memoria de sus difuntos.

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Hidroeléctrica Ituango (11-11-2010)

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