MERAYO, Paché - «Quiero rescatar de la historia lo que la historia sepultó»

«Quiero rescatar de la historia lo que la historia sepultó»

'Las campanas de Santiago' llevan hoy a la autora a la librería Cervantes, donde firmará ejemplares con el Aula de Cultura de ELCOMERCIO

Periodista antes que escritora –ella dice que mujer, madre y abuela, más aún que todo eso–, Isabel San Sebastián se ha convertido en la autora de novela histórica más leída del país y el título la enorgullece: «Nunca lo había soñado». Y ahora vive con ello como un realidad que crece y sostiene su nuevo libro: 'Las campanas de Santiago'. Con él bajo el brazo, esta española nacida en Chile hace 61 años, que cuando está en Cudillero mirando el mar no siente más patria que Asturias, protagonizará hoy un encuentro con los lectores (con pocos por la situación sanitaria) en la librería Cervantes de Oviedo. A las 12.30 horas firmará ejemplares, en un acto que cuenta con el apoyo del Aula de Cultura de ELCOMERCIO. El 26 de octubre visitará Gijón, también con la colaboración del Aula, para presentar su novela en el Ateneo Jovellanos, desde donde el acto será retransmitido en directo a través de ELCOMERCIO.es.

–¿Vuelve a Asturias con un libro que nació aquí, como los otros?
–Si. Todos nacen aquí, entre las playas, los montes, mientras paseo. Mientras camino, voy pensando en cómo emprender un nuevo viaje con la máquina del tiempo. Aquí todo nace, luego la escritura ya la hago en Madrid.
–¿'Las campanas de Santiago' qué repican?
–Es una novela histórica sobre la Reconquista, pero sobre todo de aventura, amor y acción, que protagoniza una pareja humilde a la que las circunstancias separan cuando está empezando a vivir. Él es capturado para portar las campanas de Santiago desde Galicia a Córdoba, y ella huye y, por cierto, acaba recalando en Asturias. Ambos deben sobrevivir a las circunstancias, pero con el único afán de volver a encontrarse.
–Ella es Mencía, él Thiago, pero también está Almanzor. Usted suele querer que el lector se amigue con sus personajes. Espero que no con Almanzor.
–O sí si uno es musulmán y está orgulloso de Al Ándalus, porque Almanzor fue un gran caudillo, amplió mezquitas y construyó jardines. Ahora bien, a costa de cobrar onerosos tributos a territorios cristianos, destruyéndolo todo y haciendo cautivas a cientos de miles de personas.
–El libro es un viaje dentro de otro viaje, ¿no?
–Sí. De nuevo me subo a la máquina del tiempo para recordar aquel trayecto terrible de los cautivos llevando las campanas por las montañas durante kilómetros y kilómetros, pasando todas las penurias del mundo.
–¿Cuánto hay de leyenda en este hecho?
–Poca, realmente. Me he ceñido a lo que cuentan las crónicas. Es realmente una historia legendaria, pero real. Almanzor devastó Santiago y se llevó las puertas y las campanas. Pero también hay que recordar que volvieron. Su ida y regreso simbolizan las etapas de la Reconquista, desde la represión a la revancha.
–¿Por qué eran tan importantes las campanas?
–Tenían un valor simbólico. Realmente no tenían casi ninguno material, pero, como casi todo en la Edad Media, eran un símbolo. Eran una voz y Almanzor tenía que acallarla. Por eso se lleva las campanas a Córdoba y las funde para hacer lámparas e iluminar una mezquita. No podía haber mayor humillación.
–¿Contando esos recovecos de la historia está rescatando lo olvidado?
–Claro. Cuando escribo, quiero rescatar la historia que la propia historia está sepultando. Mi interés en la Reconquista radica en que ha desaparecido de los manuales de historia, algunos seudo historiadores dicen que no existió. Y claro que existió. ¿Si no por qué se narra en las crónicas con todo lujo de detalles?
–Novelar sobre el pasado real debe llevar una carga de trabajo documental importante.
–Sí, y es lo que más me gusta de todo. Escribir no tanto, pero indagar, descubrir los paisajes por los que discurren las novelas, los hechos, las gentes... Aprendo tanto que me fascina y, afortunadamente, tengo el favor de los lectores.
–¿Qué elemento no falta nunca en el perfil de sus personajes?
–La libertad. Siempre ha sido un atributo irrenunciable. En ellos y en mí. Es el principal patrimonio del ser humano. Yo he sido libre, pero, si hubiera tenido que venderme para que mis hijos comieran, sin duda lo hubiera hecho. Puede que a veces les faltara el postre, pero por suerte no he necesitado abandonar nunca mi libertad.

MERAYO, Paché

El Comercio (19-09-2020)

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