BALLÓ, Jordi - El retorno de la campana

El retorno de la campana

La fusión de Bankia y CaixaBank ha sido de una extremada austeridad icónica

A diferencia del poder político, que muestra un catálogo renovado de formas de ponerse en escena, el poder económico suele ser mucho más limitado a la hora de presentarse visualmente. El proceso de fusión de CaixaBank y Bankia, por ejemplo, ha sido de una extremada austeridad icónica, que solo puede explicarse por una voluntad calculada de no proveer ninguna imagen que haga volar la imaginación hacia posibles interpretaciones. Ante esta ausencia expresiva, los medios de comunicación se han dedicado a hacer composiciones visuales haciendo compartir las fachadas de los edificios de los dos bancos, o reuniendo los dos logotipos, como una manera primitiva de expresar un deseo de fusión. Como mucho, los dos bancos se prestaron a una imagen desganada, en la cual sus dos máximos dirigentes se situaron frente a un cartel con el grafismo correspondiente de cada banco, para poderlos identificar, recurriendo a una versión miniaturizada de la única imagen persistente que nos proporciona el poder bancario: el consejo de administración reunido a lo largo de una mesa, con los logotipos y los colores de cada institución. En esta visión mínima del anuncio de la fusión, la mesa era muy corta y se mantenía el atril y los dos colores. Con eso bastaba.

En contraste con esta severidad, una de las pocas alegrías visuales y simbólicas que el poder económico se permite es el momento en que el máximo dirigente de una gran empresa o de un banco se deja fotografiar tocando la campana para anunciar la salida a bolsa. La imagen risueña del dirigente con la campana dorada remite a una creación de optimismo forzado, con la que se comunica una buena ventura, una promesa de felicidad basada en el dinero a partir del momento en que empieza la carrera de la compra / venta de acciones. Se trata de una imagen internacional que responde a la necesidad de crear un ritual de paso capaz de animar a los inversores a apuntarse a una riqueza que el sonido de la campana ha anunciado. Algunas empresas del sector tecnológico, como Facebook, sustituyó la campana por el gesto de Zuckerberg de pulsar un botón situado en una especie de gran atril ante el que se concentraban un amplio equipo de dirigentes. La campana desaparecía visualmente en favor del gesto feliz del colectivo que se abrazaba después de haber pulsado el botón con el que representaban el deseo de compartir un sueño de riqueza.

En España, la campana también ha retrocedido, pero no debido a la renovación visual de las tecnológicas. La razón de su disminución icónica ha sido evidente: la imagen de Rodrigo Rato tocando la campana el día de la salida a bolsa de Bankia se había convertido en una imagen a la contra en el momento de la crisis del banco y de la investigación judicial que se derivó. Ahora, en el momento de su exculpación, la campana de Rato ha reaparecido en muchos medios, demostrando su capacidad expresiva y sintética. Pero a pesar de este regreso a la escena icónica, es muy posible que la campana dorada que anuncia la felicidad económica pase al trastero de los símbolos agotados.

BALLÓ, Jordi

La Vanguardia (30-09-2020)

  • Campanas (historia general y tópicos): Bibliografía

     

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