ANÒNIMO - Don Ángel ALICEA ALBINO, el campanero de Sabana Grande (Puerto Rico)

Don Ángel ALICEA ALBINO, el campanero de Sabana Grande (Puerto Rico)

Al mirar hacia el campanario de nuestro templo católico, pensamos automáticamente en Rafael Almodóvar, alias "Fifi", quien hace columpiar las campanas de este campanario tan nuestro, para lanzar al aire sus ecos en un vuelo, casi como si repicara el Cielo. Aquellos que conocemos a Fifi, lejendario personaje de nuestro pueblo, sabemos que es una persona de poca educación académica, pero que ha adquirido muchos conocimientos en la Universidad de la Vida. Uno de estos conocimientos fue el ritmo y cadencia de las campanas de la Iglesia, conocimiento que adquirió de una persona humilde y servidora al pueblo de Sabana Grande desde temprana edad, y quien llevaba por nombre don Angel Alicea Albino.

Don Angel nació el 10 de marzo de 1914, hijo de don Ramón Alicea Ortiz y de doña Carmen Albino, a quien llamaban Saturna. Desde la temprana edad de los once años, don Angel ya repicaba las campanas.

Don Angel hacía cantar las campanas en los días de fiesta; las hacía llorar cuando había luto y dolor; y las repicaba alegremente el Sábado de Gloria. Esa fue su labor por más de 60 años, haciéndonos llegar un mensaje diario varias veces al día, mensaje que hemos aprendido a entender desde niños y que cala hondo en nuestros corazones.

El pueblo de Sabana Grande está y estará siempre en deuda con este humildísimo servidor sabaneño cuya vida dedicó siempre a este hermoso ministerio desde que tenía once años; por que el siempre se recordaba cuando tocó las campanas por vez primera: el 10 de marzo de 1925. Empezó su labor como campanero con el Padre Manuel Espinosa Duero y lo siguió haciendo con todos los sacerdotes que han servido a la Parroquia.

Fue un cronómetro vivo. Tenía tan medido su tiempo que sabía justamente cuando salir de su hogar para estar allí - en el atrio de la Iglesia junto a las campanas - a la hora exacta. Me recuerdo verlo caminar con su paso lento, lentísimo, acercándose a la Iglesia, mirar su reloj, y a la hora exacta tocar las campanas, que fueron parte de su vida. Y nunca llegó tarde, siempre llegaba a tiempo. Tenía una memoria felicísima y aunque envejecido muy prematuramente y se le notaba un cansancio al caminar, don Angel recobraba energías al hacer columpiar las campanas con ese ritmo Único que él sólo sabía imprimirles.

Cada repique, cada toque de sus campanas, era un pregón que nos hacía vivir diferentes emociones que van desde la alegría y el jÚbilo hasta la mayor tristeza y desconsuelo. El pueblo entero se despertaba al amanecer con el repique alegre y armonioso de sus campanas, y el viento llevaba la voz de sus bronces apenas despuntaba el alba; repiques que saludaban la aurora, y al entrar por las ventanas decían: "¡Ya amaneció!".

Al poco rato don Angel enviaba otro mensaje cantariano a su pueblo. Esta vez su tres toques invitaban a misa a los que tenían fe. "Es el Último", se decían algunos de los creyentes y aligeraban el paso para estar a tiempo en misa.

A veces durante el día volvía don Angel a hacer sonar las campanas. Pero esta vez no sonaban alegres, no cantaban; esta vez, a intérvalos emitían un doloroso sonido fÚnebre que nos llenaba de angustia y una gran tristeza nos envolvía. Don Angel nos anunciaba la ida eterna de alguien que rindió su jornada en la Tierra... y al paso del que deja el mundo, sonaban las campanas lenta y cadenciosamente. El toque es a doble, que como agudo puñal, penetra bien al fondo del alma del triste doliente que muerde dolor y desgracia. ¿Cuántos corazones sabaneños se estremecían a diario con los dobles que don Angel le arrancaba a sus campanas de una forma tan solemne? Nadie mejor que don Angel lo sabe, como cuando le correspondió tocar los dobles para los funerales de su madre extinta, doña Carmen Albino (QEPD). Nuestro insigne poeta, don Calixto Carrera Montalvo, haciendo buen uso de las facultades que Dios le dió, en esta triste ocasión le dedicó un poema a Don Angel el cual tituló EL DOBLE "DOBLE".

Y cada tarde, cuando el sol se íba escondiendo, volvíamos a escuchar la vozs de bronze, y ante esa paz cristiana, don Angel invitaba al pueblo a que le diera gracias a Dios y que elevaran una plegaria de gratitud al Señor. Ya entrada la noche, don Angel llamaba de nuevo a su pueblo; esta vez invitaba a los fieles a la oración, y al compás de sus repiques se iba llenando el templo. ¡Hermosa labor la de este humilde hijo de Dios! Don Angel fue un instrumento del Señor para acercarnos a El en oración diaria. Don Angel lo sabía y siempre lo tenía presente, pues al preguntarle qué significaban las campanas para él, siempre respondía con una firmeza y un emocionante tono de voz: "LAS CAMPANAS SON LA VOZ DE DIOS".

Artículo publicado en el anuario de nuestras tradicionales Fiestas Patronales (1984)
Sabana Grande, la ciudad del Petate
  • SABANA GRANDE: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía

     

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