GONZÁLEZ GUDINO, María Ángeles - Campanas de siempre - Recuerdos de todos

Campanas de siempre

Recuerdos de todos

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)

Torres campanarios, espadañas y otros medios de sujeción de campanas

Las campanillas se tocan a mano y por lo tanto no necesitan medio alguno de sujeción, ni tampoco de lugar determinado para colocarse. Las campanas de mediano tamaño e incluso algunas pequeñas, destinadas a determinados usos, necesitan ya de algún medio de sujeción y guarda. En un principio se utilizaron las propias paredes de los edificios a los que iban destinadas, pendiendo de ellas y siendo tocadas tirando de una cuerda sujeta a su badajo. Esta es la forma en la que todos las hemos visto en las estaciones de trenes, en los barcos, en las puertas de las casas, conventos o establecimientos y también en el interior de las iglesias, en esas campanas que penden a la entrada de la sacristía, como también suelen estar sujetas a las paredes las ruedas de campanas de las Iglesias.

Para campanas mayores, aún cuando pequeñas, como las de muchas de nuestras ermitas y algunos de nuestros conventos, e incluso alguna que otra iglesia parroquial próximas a su campanario, se utilizaron, ya de antiguo las espadañas, campanarios de una sola pared en la que se abren los huecos para las campanas. Estas, en las iglesias, suelen estar situadas sobre la fachada o sobre el tejado de su nave central, cerca del crucero cuando lo hay y pueden presentar uno, dos o más huecos para campanas, lo que multiplica sus posibles formas. Alguna que otra espadaña viene a estar situada sobre la terraza de una torre campanario, como sucede en Valencia con la torre campanario de su Catedral, que presenta sobre su terraza una espadaña con dos huecos para campanas en los que están situadas las campanas de los cuartos y de las horas.

Las grandes campanas necesitaron ya de estructuras más sólidas, por ello ligadas a la presencia de estas grandes campanas se relaciona la aparición de las torres-campanarios.

Como torre definimos un edificio fuerte, más alto que ancho, que sirve como punto vigía, para defenderse de los enemigos o para defender una plaza, en las iglesias para colocar las campanas y en las casas para esparcimiento de la vista y para adorno. Al hablar de torre campanario o simplemente campanario nos referimos a aquellas torres situadas en las inmediaciones o en las propias iglesias en las que están colocadas las campanas. Su nombre deriva pues de su uso, pero su primitivo objetivo fue distinto. Se erigieron como torres de defensa, como se deduce de la sólida y vetusta forma que tienen las más primitivas. Por otra parte los campanarios son más antiguos que las grandes campanas occidentales. En Santa María la Mayor de Roma un mosaico del siglo V, ya representa cerca de un baptisterio y una basílica, dos torres, conociéndose la existencia de campanarios ya en el siglo VII, y sin embargo el origen de la campana como señal en la iglesia occidental, para advertir a los fieles, no se ha encontrado más allá del siglo VIII, siendo curioso que a pesar de no haberse fundido campanas de grandes dimensiones hasta el siglo XIII y XIV, en el siglo XI y XII ya se elevaron campanarios notabilísimos por su altura y su riqueza.

En la época feudal, si el campanario pudo ser una torre defensiva, pronto convirtióse en una ostentación del poder. Las Catedrales, las Basílicas, las Abadías, las iglesias ricas, todas las comunidades que gozaban de franquicia e incluso los pueblos, rivalizaban en la magnificencia de sus torres campanarios, que a lo lejos eran su distintivo y constituían siempre su orgullo. Buen ejemplo de ello lo tenemos en Bélgica, que en el siglo XII ya erigió una torre campanario como signo para expresar la independencia de la Nación. Puede decirse que el campanario es una creación medieval, que nació con la cultura y vida feudales y que con ella crecieron y decayeron, que fueron la expresión de una época en la que el fervor religioso se traducía en todas las obras del hombre y aquellas agudas torres de piedra o ladrillo, algunas de más de 100 metros, representaban un intento más de acercarse y glorificar a Dios, de pedirle su bendición. Bellísimos ejemplares nos ha legado ya el último periodo de la arquitectura románica, así como la gótica, renacentista, barroca e incluso la modernista y vanguardista. Y aquí en Valencia un bellísimo ejemplar gótico lo representa el Miguelete, como la torre de Santa Catalina es un bello exponente del barroco valenciano. Solo nos ha llegado un ejemplar de la época de transición tardo románica, el del Salvador, un sobrio campanario renacentista, el del patriarca, siendo muchos y algunos muy bellos los que nos quedan de los siglos XVII y XVIII.

Las campanas, en los primitivos campanarios románicos se hallaban alojadas en armazones de madera sostenidos por entrantes en los muros, generalmente en la parte superior del campanario, pero con el tiempo las vibraciones y el volteo de las campanas terminaba por agrietar y derrumbar en muchos casos estas estructuras, por lo que se pensó en dar a estos apoyos mayor solidez, llegando a la parte inferior de las iglesias. En ellos el acceso a las campanas solía hacerse mediante una escalera exterior.

Los campanarios más antiguos serían construcciones exentas, es decir, separadas de las iglesias, como lo es nuestro Miguelete, que exento nació, siendo a partir del siglo XIII cuando los campanarios franceses comienzan a formar parte de la fachada de las iglesias, haciendo cuerpo con ellas, costumbre esta que se extendió también a nuestra Península.

Algunas órdenes religiosas como los cistercienses, agustinos o franciscanos prescribían la construcción de campanarios en sus conventos por considerarlos señal de lujo y vanidad, prescripción esta que se extendió a otras órdenes religiosas, por ello carecen de torres campanarios los más antiguos conventos de esas órdenes.

Muchas son las formas que han tenido y tienen los campanarios, encontrándolos con base circular, cuadrangular, rectangular, hexagonal, octogonal... y aún algunos, cambia la forma de su base en sus cuerpos superiores. Los hay terminados en agujas, pináculos o terrazas o teniendo sobre estas otro cuerpo, pequeños campaniles que los hacen más esbeltos y de los que buenos ejemplos los tenemos en Valencia o espadañas. En su construcción, por lo menos en los más antiguos, se utilizó fundamentalmente la piedra, aún cuando nuestras torres mudéjares y algunos de nuestros más modernos campanarios fueron de ladrillo. En Andalucía, algunos campanarios, generalmente de base cuadrada tienen su origen en los minaretes de las mezquitas. También varió mucho el número y posición de los campanarios en las iglesias, pudiendo estas tener una, dos o hasta tres torres campanarios, como en muchas iglesias normandas que tienen dos en su fachada y uno en su crucero. Cuando se trataba de un solo campanario, muy frecuentemente este ocupaba un lateral de la fachada, pudiendo ser o no sus cuerpos inferiores una continuidad de esta, aunque algunos se situaban en su eje central.

Aquí en Valencia, tenemos una buena representación de los diversos tipos de campanarios que existen. Los tenemos exentos, como el Miguelete, aun cuando artificialmente parezca unido a la fachada de la Catedral, adosados a la fachada, como el de San Lorenzo, o formando sus cuerpos inferiores parte integrante de esta, como las torres campanarios del Temple. Los hay de base cuadrada, pienso que los más, como el de San Nicolás, rectangular, como el del Pilar, hexagonal, como el de Santa Catalina, u octogonal como el Miguelete. San Lorenzo cambia su base cuadrada de sus dos primeros cuerpos por la hexagonal de los cuerpos superiores. La mayoría de las iglesias presentan una sola torre campanario, como San Martín, aunque varias de ellas tienen dos, como la Beneficencia. Con una torre en la parte media de su fachada principal encontramos la de la iglesia de los mercedarios. También en nuestros campanarios podemos encontrar una buena muestra de estilos arquitectónicos: el tardo románico del Salvador, el Gótico del Miguelete, el Barroco de Santa Catalina, el renacentista del Patriarca, el neoclásico del Carmen, el modernista en su vertiente historicista de la Beneficencia ( neorrománico bizantino) o de los dominicos de Cirilo Amorós (neogótico) o los más modernos de la última mitad del siglo XX, como el sencillo y esbelto campanario de la parroquia de la Pasión del Señor. Es así mismo variable el número de huecos para campanas de nuestros campanarios y la forma de los templetes o campaniles que muchos poseen sobre sus terrazas.

De la misma forma nuestra Ciudad nos muestra gran variedad en esos pequeños campanarios que son las espadañas. Los tenemos sobre la fachada, formando parte de ella, como la de Santa Lucía, o en la parte media de la nave central, como la de la antigua ermita de San Miguel de Soternes, del siglo XV. Con un hueco para campanas, como la de la iglesia de la Inmaculada, dos, como la del Corpus Christi o tres, como la de la iglesia del antiguo colegio de los jesuitas de Fernando el Católico, y más o menos artísticos. Es también interesante el pequeño y esbelto campanil que se alza directamente sobre la estructura de la iglesia del Monasterio de la Trinidad.

Son también campanarios otras armaduras en las que se colocan las campanas, como la que corona el Edificio del Reloj del Grao, o el campanario móvil de estructura metálica que utiliza el Gremio de Campaneros cuando son requeridos, con sus campanas para participar en algún concierto o el que se realizó para la Exposición Internacional de Sevilla del 92 a fin de sustentar algunas de nuestras más antiguas campanas.

Diferentes nombres con los que se han designado las campanas y de su epigrafía

Las campanas, como elemento sonoro de llamada o señal, y muy especialmente las campanas de bronce de iglesia, recibieron distintos nombres a lo largo de los tiempos. Ya hemos visto como los romanos llamaban a sus más grandes pequeñas campanas, fijas en los edificios, tintinnabulum, pero no sería este el único nombre genérico que recibirían las campanas. Las grandes campanas occidentales desde su aparición en los primeros siglos de la Edad Media y hasta bien adelantada ésta, recibirían el nombre de Signum, Clocca y Nola, además del de Campana, sin olvidar los nombres específicos que recibieron determinados tipos de campanas, bien por su forma, bien por su uso.

Tal vez la denominación más antigua sea la de Signum en singular o signa en plural, que en latín significa señal y que nos indica que ésta fue la misión fundamental de las campanas de iglesia. Con este nombre las vemos designadas en los siglos V y VI, tiempos estos en los que las campanas más grandes se tocaban hiriéndolas o moviéndolas y en los que ya se menciona en algunos casos la existencia de una cuerda unida a ellas. En el Liber Ordinum visigótico-mozárabe del siglo V y en la regla de San Benito, que data del año 540 ya se habla del toque de la campana- señal. De hecho durante mucho tiempo quedó el nombre de Signum para designar la campana de la torre campanario.

La denominación de Clocca, derivado latino del Clog irlandés para designar a la campana aparece ya en el siglo VII y la podemos reconocer en el Clock inglés, el Cloche Francés o el Glucke alemán.

El nombre de Nola o Nolana, hay quien dice que procede de Nola, capital de Campania, de la que fue obispo San Paulino de Nola en el siglo V y a quien se atribuye el que fuera el primero en colocar campanas en una iglesia, pero no parece poder confirmarse este hecho, ya que no se habla de la existencia de campanas en una carta más o menos coetánea a este santo varón, en la que se describe perfectamente la basílica por él fundada. Hay quien piensa que este nombre procede de la voz celta “noll”, que significa sonar. Con este nombre se llamaron las campanas pequeñas o esquilas, mientras que campanae se utilizó para nombrar las grandes. Aún hoy con el nombre de nola se designa la pequeña campana usada para el coro.

El nombre de campana ya se encuentra a principios del siglo VI, pero solo se hizo común a partir del VII. La razón de este nombre es opinión generalizada y así lo recoge nuestro diccionario de la Lengua, se debe al hecho que atribuye la invención de las “campanas cristianas” a la “Campania”, por haberse empezado a fundir en esta región las de mayor tamaño o por la mejor calidad de sus bronces, viéndola referida como la Aes campanum. Otros dicen que su nombre se debe a que en sus principios las grandes campanas se fundían en el campo: “signa in campo fusa”. Al principio el nombre de campana se utilizó como un adjetivo: “Signum campanum” (singular) o “Signa campana” (plural), generalizándose más tarde el nombre de campana.

El Espasa nos dice que Jerónimo Magius, en su obra De Tintinnabulis, ya distinguía varias clases de campanas:

Tintinnabulum o Tinniolum
campanilla para el uso del dormitorio o refectorio (las destinadas a este toman el nombre de squilla).
Petasius
Campana en forma de sombrero de anchas alas.
Codon
Como boca de trompeta griega.
Nola
Campana pequeña usada en el coro.
Campana
Empleada primitivamente en las iglesias latinas, colocada en torre o campanario.
Squilla
campanilla de son agudo.
Noluta o dupla
campana que había en los relojes.

A estos nombres recogidos por Magius se podrían sumar otros más, pues aun cuando se generalizó en Occidente el nombre de campanas, algunas de ellas, bien por su forma, tamaño, composición o uso, recibieron diferentes nombres, algunos de los cuales han llegado hasta nosotros, como los de campanilla, para designar las pequeñas campanas, entre las que se incluirían las que toca el monaguillo en la misa en sus distintos momentos y que reciben nombre propio, el de cencerro para designar las campanas que llevan colgadas al cuello los animales o el de Signum para nombrar la campana de la torre.

Al principio las campanas no tenían inscripciones. Sería en el siglo XII cuando comenzó a escribirse en el metal, primero en bajorrelieve, luego siempre en realce los datos referentes a su fundición o determinadas fórmulas o conjuros y a partir del siglo XIII las vemos ya fechadas. Estas inscripciones y grabados que tienen muchas campanas constituyen su epigrafía.

Las más antiguas inscripciones se realizaron en letra lombarda coronada, mientras que ya a finales del siglo XIV y XV la letra que encontramos es gótica.

El siglo XIII es el siglo de la conquista de Valencia, lo que explica que la mayoría de nuestras campanas presente una epigrafía más o menos importante. Las encontramos casi todas fechadas y en muchas ocasiones incluso con el nombre de su fundidor, cofradía o sociedad o particular que la financió, nombre de sus padrinos, destino que tuvo...etc. Muchísimas inscripciones están dedicadas a la Virgen María, al Señor o a su Santo titular o titulares. En algunas se nos describe perfectamente los usos más importantes que tuvieron las grandes campanas y no en pocas ocasiones llevan oraciones e invocaciones.

Del estudio de su epigrafía podemos sacar pues, datos muy interesantes de su propio contexto histórico. Sabemos en algunas ocasiones, por la propia epigrafía de las campanas, y muy fundamentalmente de las históricas, las advocaciones más queridas en nuestra tierra, por el número de veces que estas se repiten en el nombre de las campanas, o en sus grabados, así vemos que en nuestra tierra son frecuentes los nombres de San Miguel, Santa Bárbara, San Vicente y muy especialmente San Vicente Ferrer, El Cristo del Salvador y el de María o sus advocaciones, entre otros, como también nos habla de la procedencia de algunas de nuestras campanas, no solo del lugar de su fundición y año, sino también para que iglesia o convento fueron primitivamente fundidas, o nos dice que su bronce, es decir, su origen, es mucho más antiguo que el que nos marca su fecha de fundición. Esto lo conocemos perfectamente en “ El Miquel”, la gran campana de las horas del Miguelete, campana a la que debe su nombre nuestra más preciada torre campanario de la que conocemos su primera fecha de fundición y algunas de sus refundiciones, incluida la última. La epigrafía de la campana “Los santos Benet, Ana y Fulgencio” de San Lorenzo nos cuenta que “se edificó en 1251, y se reedificó el año 1718". Esta campana histórica fue pues en sus orígenes coetánea a los primeros tiempos de la reconquista, como San Lorenzo fue una de nuestras primeras parroquias. La “Gran” del Salvador, otra de nuestras parroquias de la reconquista lleva grabado el año de su fundición de 1799, pero su epigrafía nos dice que se refundió en ese año, luego también sus orígenes debieron ser mucho más antiguos.

Fundición de campanas en Valencia

Con el nombre de campaneros vino a conocerse tanto a las personas que cuidaban y tocaban las campanas, como a las que las fundían. Existieron pues, junto a los campaneros tocadores, los campaneros fundidores. Y en Valencia este gremio vino a asentar cerca de la Catedral, en los alrededores de la calle campaneros, hoy desaparecida junto a su paralela la calle de Zaragoza, al derribarse las casas de sus lados contiguos, para dar lugar a la actual Plaza de la Reina, plaza que en sus orígenes recibiría los nombres de Plaza de Santa Catalina, pues hasta ella llega, el de horno de la ceca, por la proximidad con la antigua Casa de la Ceca, y de plaza de la Reina en 1878 en honor de la Reina María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII. Con la república veríamos cambiar su nombre por el de Plaza de la Región y tras la Guerra Civil recibir los de Plaza de Zaragoza y finalmente de nuevo Plaza de la Reina, con el que actualmente se le conoce.

Paralela a la calle Zaragoza y enfrentada a la Cruz de Santa Tecla, discurría la calle dels Campaners desde la calle del mar hasta la plaza del Micalet, que se extendía, delante de la Catedral desde su torre campanario hasta la calle de la Barchilla. En uno de sus lados, en el que persiste actualmente desembocaba la calle del Mar con una de las fachadas del antiquísimo Convento de Santa Tecla, y en su esquina, mirando a la calle Campaners existía una hornacina con una cruz de madera y los dos Santos Vicentes, patronos de Valencia, que se dice que fue puesto allí hacia el año 1400 por San Vicente Ferrer, del que se conoce su relación con tan antiguo convento.

En esta calle, que llegó a ser una de las más importantes de la Valencia gremial, residieron los artífices de muchas de nuestras campanas y de otras piezas de cobre, bronce, alpaca o latón. Hasta no hace mucho más de un siglo, en una travesía de esta calle existía una gran fábrica de objetos de metal, cuyo cartel anunciador especificaba que en ella se realizaba un completo surtido en “campanas de torres”, desde una arroba en adelante, y que eran especialistas en “braseros de lujo”, candelabros, custodias...lo que pone en evidencia que en aquel lugar se fabricaron campanas en Valencia. Por otra parte, en la epigrafía de algunas de nuestras campanas se especifica que se fabricaron en Valencia, como sucede con la campana “Domingo” de San Lorenzo, de 1742. La epigrafía de una de las campanas de la espadaña del Convento de San José, fundida en 1960, nos cuenta que su fundición se realizó en el Grao de Valencia. Todo ello demuestra que desde antiguo se fundieron campanas en Valencia y que esta práctica se ha mantenido a lo largo de los siglos, teniendo constancia de ella también en el recién pasado siglo.

Al principio, como en otras partes, también debieron fundirse campanas, de buen tamaño, en nuestros conventos de la reconquista, tal vez en los dominicos y en los carmelitas, pues franciscanos y agustinos, como se ha dicho, no fueron partidarios de grandes campanarios, lo que supone que tampoco de grandes campanas.

Por otra parte, los hallazgos de las excavaciones arqueológicas en nuestra Ciudad pusieron de manifiesto la existencia de un horno, del que al parecer se conservaba la mitad, para fundir campanas, en el subsuelo de lo que fuera cementerio judío de Valencia, lugar éste, que en aquella época debía corresponder a las afueras de la Ciudad, más adecuado y acorde a las costumbres que el pleno centro de la ciudad, para procederse a la fundición de campanas en la Edad Media.

No debemos olvidar tampoco, que a pesar de que son claras las evidencias de que desde bien temprano tras la Reconquista hubieron campaneros- fundidores en Valencia, muchas de nuestras campanas vinieron de fuera, y de ello ha quedado constancia histórica en los anales de las parroquias, conociéndose además que la procedencia de muchas de ellas fue Inglaterra.

Aquellos campaneros fundidores no solo fundirían nuestras campanas, sino que también las soldarían cuando por el uso presentasen grietas, es decir, se rompieran. Como serían ellos mismos los que procederían en algunos casos a la fundición de su bronce y con él, en parte o en todo, a la refundición de una nueva campana.

Fundición de las campanas de bronce

Siempre fue motivo de fiesta la llegada, bendición o bautizo y colocación de las grandes campanas, como fiesta había sido, al menos en los primeros siglos de la Edad Media, su fundición en el lugar de origen. Cuando se fundían en la misma localidad, lo que era frecuente, se interesaba en ella el pueblo entero, las autoridades y los clérigos.

En época muy remota las campanas se fundían en los monasterios, pero ya en la época carolingia hubo fundidores laicos, al lado de aquellos. Podemos decir que durante los siglos X, XI y XII los monasterios fueron, en general, los centros de fundición de las campanas de iglesia, pero ya en el siglo XIII esta la realizaban los fundidores de bronce y cobre, alcanzando esta industria su apogeo en los siglos XV y XVI, donde ya algunas campanas se encargaban a centros de prestigio, lejanos a la propia ciudad a la que iban destinadas.

En algunas grandes campanas se utilizaron para la obtención del bronce el procedente de piezas de artillería, cogidas o no al enemigo. Buen ejemplo de la utilización de bronces procedentes de piezas de artillería lo tenemos en Valencia, en una de las dos nuevas campanas que se colocaron en la antiquísima parroquia de San Esteban, el 26 de marzo de 1761, la campana “Fernando”, que recibía este nombre en honor del Rey Fernando VI, que se proclamó en Valencia, y cuyo bronce procede de una pieza de artillería que para tal fin regalo este Rey.

Imaginémonos a principios del siglo XV. Valencia acaba de construir su más elegante y esbelta torre campanario, la nueva de su Catedral. Solo falta terminar su espléndido juego de campanas de la sala a ellas destinada. Algunas ya las tienen, pues proceden de su antigua torre campanario, pero necesita más, y las quiere de varios tamaños, de pequeñas a grandes, a fin de poder combinar mayor número de sonidos, de forma que cuando toquen todas juntas lleguen a crear una verdadera melodía, capaz de oírse en toda la Ciudad. Se busca un lugar con experiencia en la fundición de estas grandes campanas, que una vez finalizadas, se trasladaran a nuestra Ciudad. Y en aquel lugar se disponen a realizar el encargo.

Lo primero que se construirá será el horno destinado a fundir el bronce y cerca de su emplazamiento se abrirá en el suelo un hueco cilíndrico de altura algo superior a la de la campana encargada, destinado a colocar su molde. Una vez finalizado éste, se realizará el alma del molde o núcleo, cuya superficie exterior será igual a la del interior de la campana que se quiere fundir. Una vez hecha el alma se construirá el armazón exterior, algo mayor que la campana y ambos armazones se colocaran en el hueco realizado para ello. Ya solo falta entre los dos armazones tirar el bronce fundido que dará vida a la campana. Mientras en el horno preparado para ello se prepara la aleación de cobre y estaño que formara el bronce. Es este un momento muy importante de la fundición, pues de la calidad del bronce dependerá la resistencia y sonoridad de la campana. La aleación deberá contener un 78% de cobre y un 22% de estaño, aún cuando puede admitirse que contenga muy poca cantidad de zinc y de plomo, aunque deberán eliminarse siempre que se pueda. En general, la presencia de otros metales en la aleación es siempre perjudicial, aunque sean metales preciosos, por ello la antigua creencia de que el oro y la plata daba mejor sonoridad a la campana podría interpretarse como un artilugio de los fundidores para quedarse con gran parte del preciado metal, opinión esta que viene avalada por el análisis del bronce de campanas muy antiguas en las que no se ha encontrado ni oro ni plata. Si esta presente la plata en nuestra campana “Eloy” de Santa Catalina, financiada por el gremio de plateros de Valencia, aunque en un porcentaje muy inferior al que se pensaba.

Ya tenemos preparado el bronce, solo queda la colada, dejarla enfriar y desenterrar la campana. Esta ya esta terminada, pero aún nos falta reparar los sitios defectuosos, limpiarla y por último trabajarla con el cincel realizando su epigrafía. Finalmente se funde el badajo, este podrá ser de hierro o bronce. El nuestro será de hierro, como normalmente se hace. Y así, una a una, en sus diferentes huecos, se irán fundiendo las diferentes campanas.

El proceso ha sido meticuloso. Alguna de las campanas encargadas ha tenido que volverse a fundir, por haber sido defectuosa su fundición o por haberse roto, pero, al fin, ya están dispuestas para su traslado. Todo el pueblo ha participado en la fundición y están orgullosos de las piezas obtenidas. Con gran cuidado las prepararan para el traslado.

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)

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