GONZÁLEZ GUDINO, María Ángeles - Campanas de siempre - Recuerdos de todos

Campanas de siempre

Recuerdos de todos

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)

Pocos son los monasterios o conventos o los vestigios de estos que nos quedan de las órdenes militares o mendicantes que acompañaron a D. Jaime en la conquista de Valencia: Tan solo lo que fueran sede de los Hospitalarios de San Juan y los Templarios han llegado hasta nosotros, aunque a ellas podría sumarse la de la Cofradía de San Jaime fundada por el Rey Conquistador, tras la Conquista, de entre las primeras y en lo que fuera intramuros del recinto de la muralla árabe y las de los Predicadores y Agustinos de las segundas y extramuros de la muralla árabe, a las que podrían sumarse la de los Carmelitas, asentadas desde los primeros años tras la conquista y el viejo monasterio de San Vicente de la Roqueta, ya existente desde tiempo inmemorial, aunque en fase de decadencia y ruina por aquella época.

Antigua Iglesia del Temple
De los Templarios nada nos queda de su antigua fortaleza, pues un terremoto acaecido el 23 de marzo de 1748 hundía el primitivo castillo y convento de la Orden de esta orden primero y mas tarde de la de Montesa, levantándose sobre sus terrenos, gracias a la intervención de Fernando VI, jefe de la Orden, el magnífico edificio e iglesia que todos conocemos, segÚn los planos del arquitecto D. Manuel Fernández. Con el tiempo el edificio paso a ser Sede del Gobierno Civil, en la actualidad, desaparecidos estos, la del Delegado del Gobierno. La iglesia, tras estar cerrada de 1812 a 1820 y de 1835 a 1854, sirviendo en estos Últimos años de almacén se devolvió al culto a los Caballeros de Montesa para que celebraran en ella sus actos institucionales y sus solemnes funciones religiosas, encontrándose actualmente abierta al culto. Las dos hermosas torres campanario de su iglesia, cuyo primer tramo forma cuerpo con la fachada, en la actualidad la vemos desprovista de campanas. Cuatro eran las campanas del Temple "Miguel", Jorge", "Vicente" y "María". En 1996 el Gremio de campaneros se hacía eco de una sorprendente noticia. Por georradar decía, se había localizado debajo de la Iglesia del Temple, a ocho metros de profundidad una campana de unos dos metros de boca, de la que no se tenía noticia ni oral ni por la documentación escrita. De ser esto cierto se trataría de una de las campanas más grandes de la Comunidad Valenciana, aÚn cuando al parecer a la profundidad a la que se encuentra es inferior a la de los primeros niveles arqueológicos de la Ciudad. Por el sitio donde se encuentra, la propia iglesia del Temple, no se ha excavado para llegar a ella, si la hubiere.
San Juan del Hospital
De los Hospitalarios de San Juan nos queda la Iglesia de San Juan del Hospital y su edificio contiguo, correspondiente a su antiguo hospital. Los terrenos que ocupan en la actualidad son mucho menores que los que llegaron a ocupar, pues en 1393 se partía su antiguo territorio para abrir una calle que desde la iglesia de Santo Tomás fuese directamente a dar frente a la de la Iglesia de la Cofradía de Nuestra Señora de la Seo, calle que es la que todavía conocemos como calle del Milagro. En lo antiguo esta iglesia nunca fue parroquia, y en ella no había pila bautismal, lo que se mantuvo durante siglos, hasta su conversión en iglesia castrense. Hoy la regenta el Opus Dei. A los cinco años de la conquista ya salía la clerecía de esta iglesia, con cruz alzada, procesionalmente, para acompañar a los difuntos que se enterraban en su cementerio. En esta iglesia tenía su sede el Cristo de las Penas con su antiquísima cofradía, que celebraba su procesión el Jueves Santo, atravesando la iglesia por un callizo llamado por este motivo de las penas, hoy desaparecido, que desembocaba en la calle del Mar, como en la capilla de Santa Bárbara de esta iglesia también estaba establecida una antiquísima cofradía en honor de esta Santa, siendo curioso el origen de esta devoción y de esta capilla. Se cuenta que la Reina Doña Constanza de Grecia, que vino a establecerse en el Reino de Valencia, tía de Doña Constanza, mujer del Infante D. Pedro, hijo de Jaime I, padeció lepra y que mientras se encomendaba a Santa Bárbara, su mayordomo pasaba a caballo por la calle contigua, plantándose el caballo al llegar a determinado punto de la misma. La Reina hizo cavar allí y se encontró una imagen de la Santa, que metió en tres tinajas de agua y lavándose con aquella agua curo de la lepra. Agradecida mandó labrar una capilla en honor de Santa Bárbara en el lugar donde había sido hallada la imagen y dispuso fuera enterrada en ella. Como también se conservaba, dentro de una pila de piedra, un trozo de la roca de la que brotó agua para el bautizo de Santa Bárbara, que había venido con la Reina y que cedió en testamento a esta iglesia, piedra que se creía daba propiedades curativas al agua que en ella se bañaba, dándosela a beber a los enfermos. En esta iglesia se enterró también a Doña Irene, infanta de Grecia. Su torre campanario, de piedra de sillería y bizantino, parecido al antiguo de la Roqueta, es uno de los campanarios más bajos de Valencia y en él se encontraban dos campanas: "La Bárbara", aludiendo a Santa Bárbara por encontrarse en esta iglesia su cofradía y "Juan Bautista" en recuerdo de San Juan Bautista bajo cuya advocación y dedicación se puso la Orden de San Juan de Jerusalén, vulgarmente conocida como la de los Hospitalarios de San Juan.
Capitanía General (Antiguo Convento de Predicadores)
De lo que fuera el Real Convento de Predicadores de Valencia, muchos son los vestigios que nos quedan, aunque su función haya cambiado, ya no es convento de predicadores, sino sede de la Fuerza de Maniobra. Se trataba de uno de los conventos más importantes de Valencia. Cuando se donaron los terrenos para su construcción, por el propio Jaime I, en 11 de abril de 1239, la actual plaza de Tetuán, antigua de Predicadores, esta plaza no era sino unos terrenos pedregosos ceñidos por una parte por el río y por la otra por una rambla en la que se perdía el agua de un molino que ocupaba el espacio que hoy ocupa el Palacio de los Condes de Cervellón, extramuros de la Ciudad, próximo a la puerta de la Sherea o de los ajusticiados, por la que durante la dominación árabe salían a ejecutar a los sentenciados a muerte, lugar este en el que se realizaban dichas sentencias y que se cree sirvió para las ejecuciones de muchos mártires, en aquella época. Y aquellos terrenos eran cedidos para construir convento, Iglesia y cementerio. Este Último venía a terminar hacia el río, como lo demuestra el hecho de que en 1595 cuando se promovió la obra en piedra del Puente del Real, se empleo la tierra de este “fosaret” para su terraplén, encontrándose a no mucha profundidad numerosos restos humanos. Se piensa que el mismo Jaime I sería el que colocaría la primera piedra de la que con el tiempo sería basta edificación. Parece probable, que en algÚn tiempo, posterior a la conquista, existiese hacia 1440, en lo que hoy es capilla de los Reyes una capilla dedicada a San Lázaro, donde se socorría con limosna diaria a los pobres, y un albergue u hospital dependientes del convento, donde estos se concentraran, muy próxima a la antigua portería, y en la que vendría a darse la llamada “sopa a los menesterosos”, que a diario se realizaba a la puerta de los conventos. Para protegerlo por el lado del río Jaime I expendía un privilegio a este convento de que nadie pudiera extraer tierra ni arena de aquel frente, y para hacer lo mismo por el lado de la Ciudad otro, impidiendo que en aquel punto se colocara lana, estopa o estiércol.
Muy pronto, siendo arzobispo de Valencia el dominico D. Andrés de Albalat, muerto en 1276, costeo éste a sus expensas la construcción de un fuerte muro o muralla, que corriendo desde la puerta del Temple y ciñéndose al río llegara hasta lo que sería puerta del Mar. De esta forma el convento de Predicadores quedaba incluido dentro de las murallas de la Ciudad. Supondría esta construcción la primera ampliación del recinto amurallado árabe pues aÚn se tardarían unos 100 años en que fueran derribadas aquellas preciosas y blancas murallas árabes que rodeaban Valencia. La Ciudad hizo merced al convento de que nadie pasase entre esta muralla y el edificio y en 1410 los jurados de Valencias “en contemplasió del Mestre Vicent Ferrer que tan de bé per ses devotes predicasions habia fet á les ànimes del poble de la ciutat”, como nos cuenta Cruilles, prohibían se edificase casa alguna contra la cerca de este convento.
La antigua portería, daba a la plaza, pero debía ser distinta de la que después fue la principal, la que hemos conocido como puerta principal de la Capitanía General. Daba a un zaguán por el que se entraba a un pequeño claustro, tal vez distinto al actual, y a través de él se llegaba al claustro grande, claustro gótico que todos conocemos, al que daba el refectorio grande, hoy salón del trono y otro más pequeño, llamado de los inquisidores o infierno, destinado a los que, dispensados de la rigurosa regla dominicana, podían tomar carne. Sobre el refectorio se encontraba una de las mejores y más copiosas bibliotecas de Valencia con preciosos manuscritos, muchos de ellos sin publicarse, que tras la desamortización pasarían en parte a la biblioteca de la Universidad, así llegaría a ella el proceso de canonización de San Vicente Ferrer, que durante siglos fue propiedad de éste convento. También daba a este patio la preciosísima capilla o sala capitular de piedra labrada, gótica, con esbeltas columnas salomónicas, donde tenía su enterramiento la familia de los Boil y muy próxima a ella, la celda que ocupara nuestro Santo Patrono San Vicente Ferrer, ambas conservadas. Frente al refectorio se encontraba el antiguo dormitorio. En 1604 se celebraban en este convento las Cortes de Valencia, destinando los frailes como cámara Real su archivo, en la librería se tomó juramento a los asistentes y la sesión de clausura se realizó en la nave central de su espaciosa iglesia. La Sacristía sirvió para las consultas de Su Majestad con los del Consejo, el refectorio antiguo para las consultas con los estamentos, la capilla de San Vicente Ferrer, que por aquel entonces tenía puerta que daba al claustro, y que es lo Único que junto con la capilla de los Reyes pervive de su antigua iglesia, para el brazo eclesiástico, mientras que para el militar se destinaba el refectorio grande. En 1858 en su claustro se celebraba un gran baile obsequiado por el Capitán General a Isabel II.
Siempre tuvieron fama de eruditos los miembros de este convento, gozando de ella hasta los hermanos legos y el propio portero. Ya en 1281 se daba el título de Lector de árabe a uno de sus frailes, como persona muy enterada en esta lengua, a la que se le asignaron los recién convertidos y poniéndole como alumnos a 5 religiosos. Tal fue la fama que adquirió por su ciencia que desde conventos muy distantes enviaban religiosos a estudiar a él.
Su primera iglesia fue pequeña, pero pronto se hizo otra mayor, destinando la primera a portería, pero se construyó con tan poca solidez que en 1382 amenazó ruina construyéndose un magnífico templo gótico que presentaba a sus pies dos naves perpendiculares a su nave central, templo al que con el tiempo se le fueron agregando capillas. De las naves de los pies saldrían las capillas del Rosario (1.493), a la izquierda, y de San Vicente Ferrer (1.781), a la derecha. Verticales a estas se encontraban la de la San Luis Bertrán (1.647) y la de la Tercera Orden (1.716) a la izquierda y las de la Soledad (1.587) y la de los Reyes (1.473) a la derecha. Cada una de las capillas principales tenía su competente separación, sacristía propia y se manejaba también de forma propia para sus funciones. De todo aquel complejo solo nos quedan las capillas de Los Reyes y de San Vicente Ferrer. La Capilla de los Reyes, obra Única en su género que se conserva en Valencia, fue comenzada por Alfonso el Magnánimo en 1449 y terminada por su hermano y sucesor Juan II, de los que toma el nombre, comunica por un gran pórtico de tres arcos cerrados por verjas de hierro, con la de San Vicente Ferrer. Su Santo titular era San Ildefonso. De ella diría Ponz que no hay cosa más grandiosa y bien construida. En ella se encuentra el magnífico sepulcro de los Marqueses de Zenete.
Sobre la sacristía de esta capilla de los Reyes, hacia 1640 se construía el magnífico campanario que aÚn podemos admirar, de planta cuadrada y compositivamente Único en la arquitectura valenciana y de cuatro cuerpos, uno de los más altos de Valencia. Su precioso remate, hasta la sala de campanas, era destruido por orden del General francés Suchet, que se hospedó en los dominicos durante su estancia en Valencia, convirtiéndolo en telégrafo, siendo reconstruido en 1955. Su grandiosa veleta presentaba un perro echado sobre el mundo con un hacha encendida en la boca. Cuatro eran sus campanas, todas ellas con nombres de célebres dominicos: “Vicente”, por San Vicente Ferrer, hijo de este convento, “Luis”, por San Luis Bertrán, como San Vicente también hijo de este convento, “Tomás de Aquino”, el insigne Doctor de la Iglesia, dominico y “Domingo” en recuerdo del fundador de la orden y titular del convento. Como también es notable la escalera de caracol, correspondiente a la época de la capilla, que comenzando en la sacristía nos lleva a la terraza de esta capilla, por tratarse de dos escaleras enroscadas, la una contra la otra en torno de un bordón que les sirve de eje comÚn, permitiendo que dos personas a la vez estén en ella, una subiendo y otra bajando, sin tan siquiera verse. Desde la terraza comienza otra escalera separada que da subida al campanario. La capilla de San Vicente Ferrer, la Última que se edificó es también ejemplo de las de su estilo. La primitiva se realizaba en 1460, ocupando parte del antiguo refectorio del convento, era más pequeña, decidiéndose en 1772 derribarla y construir de nueva planta, sobre sus terrenos, otra mayor y de más ornato. En su construcción toda la piedra, mucha y variada, procede de canteras del reino, siendo las de las cuatro columnas del altar y la del interior del nicho de Callosa de Ensarriá. Es de una sola nave con cimborrio, cÚpula y linterna y hoy se encuentra convertida en capilla castrense.
Muchos son los personajes ilustres que estuvieron enterrados en la Iglesia del Real Convento de Predicadores, baste recordar a los Marqueses de Zenete y a su hija la Duquesa de Calabria, doña Mencia Mendoza y Zenete, la que levantó el sepulcro de sus padres, a D. Galcerán de Castellví, o a los padres de San Vicente Ferrer. En ella estuvieron también los cuerpos de San Luis Bertrán y los venerables Domingo Anadón y Juan Mico, así como el de su fundador Fr. Miguel de Fabra. En su capilla de la Soledad tenían capilla la Cofradía de los Caballeros, formada por individuos de la primera nobleza y en la de la Tercera Orden se veneraba la milagrosa imagen del Cristo de la Luz. Más de 200 capillas se encontraban en este convento, contando las de su iglesia, sus claustros y demás dependencias y 50 solían ser los confesores de este convento. La riqueza artística del Real Convento de Predicadores de Valencia era incalculable y el propio Ponz diría que hablar de todas las pinturas de este convento se hacía imposible. Este importantísimo convento de la Reconquista y junto con el de los Franciscanos, el más antiguo, sería, como este Último, desamortizado, procediéndose a la exclaustración de los religiosos en 1835 y pasando a ser destinado a parque de artillería y con ello se dejaba sin culto la iglesia. La intervención de la Academia de Bellas Artes de San Carlos y el ruego de algunos patricios valencianos conseguirían que se dejara independiente de la iglesia la capilla de San Vicente Ferrer y la de los Reyes, que de nuevo se abrían al culto en 1844, mientras que el resto de la iglesia y otras dependencias no corrieron la misma suerte, desapareciendo para siempre. Más tarde pasaría a ser sede de la Capitanía General. Siete son las campanas que se encuentran en Santo Domingo, de ellas dos son las del reloj, la de las horas y la de los cuartos, cuyo mecanismo de tocar es eléctrico, aunque conservan su instalación original. Ambas son campanas del siglo XIX, de 1820 y ambas deberían incluirse como BIC. Las otras cinco son campanas interesantes del siglo XX, dos de 1935 y tres de 1991, que a pesar de estar electrificadas mantienen la ballesta para su toque manual. Estas campanas son: La “San Francisco de Asís”, el Tiple, “ San Vicente Ferrer”, el 2º tiple, la “María”, el tercer tiple, que fue donada por la Asociación de la Pila Bautismal de San Vicente Ferrer, la “San Luis Bertrán” la mediana y la “San Andrés”, la grande, con un peso aproximado esta Última de unos 368 Kg. Este convento, es para los valencianos lugar Santo Vicentino. En él ingreso, profeso, fue prior y vivió largas temporadas nuestro Santo Patrono San Vicente Ferrer, y en él hace estación su Procesión General.
Parroquia de Santa Catalina y San Agustín (Antiguo Convento de San Agustín)
Del magnífico convento de los Agustinos de Valencia, nada nos queda, salvo su iglesia, hoy convertida en parroquia de San Agustín y Santa Catalina Mártir. El convento se fundaba en 1250 y en menos de siete años se terminaba el convento antiguo, es decir, la iglesia, el primer claustro, el refectorio, el dormitorio y algunas oficinas, todo ello realizado en piedra de cantería. De aquellos primeros años de la fundación se cuenta data la llegada a este convento de Ntra. Sra. De Gracia. Se cuenta que saliendo un día del convento dos de sus religiosos con la misión de dirigirse a la Ciudad (intramuros) y encargar una imagen de la Virgen se encontraron por el camino un peregrino que les pregunto que motivo los llevaba a la ciudad, se lo dijeron y él les sacó una preciosa pintura. Preguntáronle por el precio los monjes y el les contestó “os la doy de gracia” y desapareció. Volvieron con ella corriendo al convento para colocarla en su iglesia, dándole la advocación con la que la conocemos. Este precioso icono, que desapareció en la Guerra Civil, hoy lo vemos sustituido por una copia realizada en la segunda mitad del siglo XX, que es la que preside el altar mayor de San Agustín. El Araceli de plata, esmaltado de serafines, con las armas pontificias, era regalo de Alejandro VI. Tal celebridad llegó a tener esta imagen que el propio Enrique II de Castilla le erigió una capilla, pero en 1370 mandaba edificar un hermoso santuario con planta de cruz griega que ponía bajo su protección, capilla en la que hacían estación las procesiones de los centenarios y las de acción de gracias y en la que estaban enterradas las infantas Doña Juana y Doña María, hijas naturales de Fernando el Católico. No tardaría mucho en ampliarse el convento gracias a la donación de terrenos que les concedía Jaime II en 1300, en los que edificaron otro claustro más espacioso que el primero. En 1754 se construía en el centro del claustro del convento una primorosa capilla, cuyos trabajos de escultura y pintura corrieron a cargo de los hermanos Vergara, en la que se colocó la imagen titular. A los pies de la nave de esta espaciosa iglesia se construyeron tres puertas que tuvieron que cerrase al construirse la muralla cristiana, para hoy ver reabierta una de ellas. Entre los dos claustros se encontraba su magnífico refectorio.
Fue famosa su biblioteca que llegó a contener más de 120.000 volÚmenes de selectas obras y máquinas e instrumentos de física, lo que la hacía una de las primeras bibliotecas del Reino, pero todo ello desapareció con la Invasión francesa, como desaparecían todos los altares antiguos de la iglesia, incluso el altar mayor en 1811.En el claustro antiguo había abundancia de capillas funerarias de familias distinguidas, todas con sus escudos de armas y muchos y distinguidos personajes estaban enterrados en su iglesia, entre ellos dos cardenales y el fundador P. Fray Francisco Salleles. De acuerdo con sus principios la iglesia primitiva debió de carecer de campanario, que se construiría posteriormente, junto a la muralla, de piedra de sillería, como el resto del convento, campanario que se derribaba hacia 1840, al ser separada la iglesia del resto del convento con la desamortización de 1835, en que este se convertía en presidio correccional, modelo en Europa entera por las medidas educativas y de reinserción social de presos que en él se daban. Aquel campanario tenía cuatro campanas que aludían a la Orden de Eremitas de San Agustín: “Nicolás”, por el Papa agustino Nicolás V, “Mónica”, la madre de San Agustín, “María de la Correa” por su capilla renovada de éste convento y “Agustín”, el Santo fundador y titular de la Orden. Junto con la torre se derribaba el pórtico de la Iglesia. En 1902, el convento dejaba de ser prisión y se derribaba, mientras que a la iglesia le era transferida la parroquial de Santa Catalina. Sería por entonces cuando se construyera el campanario que todos conocemos y se abriera la puerta de los pies de la iglesia. AÚn cuando en la actualidad vemos desprovisto de campanas su campanario, cuatro son las campanas inventariadas por el gremio de campaneros para esta iglesia, no constando su peso en ninguna de ellas, debiéndose tratar de pequeñas campanas destinadas a los diferentes oficios religiosos. La “JesÚs”, fundida en 1799 procede de Alcalá de la Selva (Teruel), la “Simón y Judas” de 1814, la “María Cristina”, de 1848, también procedente de Alcalá de la Selva y la “JesÚs y María” de 1863, cuya epigrafía nos dice que se hizo siendo cura párroco D. Mariano Martínez y alcalde D. Tomas Giménez. Son pues todas campanas con más de 100 años de existencia, una del siglo XVIII y las otras tres del XIX.
Parroquia de Santa Cruz (Antiguo Convento del Carmen)
Es tal vez el convento de Carmelitas de Valencia, dedicado a la Virgen del Carmen, el que más conservado ha llegado hasta nosotros. El sitio donde lo vemos actualmente corresponde exactamente al de su primera fundación, en el distrito parroquial de la Santa Cruz. Como hemos dicho los carmelitas se establecían en Valencia en el año 1280 y ya a finales de 1281 obtenían de Pedro I el poder adquirir casa y posesiones extramuros de la Ciudad, lo que les permitió comprar una casa y huerto, en el que establecerse y fundar convento, pero por lo reducido del espacio y gracias a nuevos privilegios reales pudieron ir aumentando los terrenos primitivos, aun cuando se retrasaría la construcción de la primitiva iglesia que no se terminaría hasta 1343 y que sería renovada en 1655, mientras que su actual torre campanario, de piedra blanca, con un cuerpo de campanas que tiene parecido con el de San Juan del Mercado, de base cuadrada y de buenas proporciones, se comenzaba en la primera mitad del siglo XVII por Fray Gaspar de Sentmartí, carmelita de este convento, pero tras su muerte la torre quedó a mitad altura. El resto de la torre y el cuerpo de campanas, como la parte baja, se hicieron también de piedra. Cinco fueron las campanas que tenía este campanario “Pedro”, Jefe de la Iglesia, “Alberto”, santo de la Orden, “Francisco”, su santo patrón Francisco, de la Orden, “María del Carmen”, Virgen titular de este convento y “Elías” el profeta, propuesto pronto como ideal de la Orden. Los escribanos de Valencia, el día de San Lucas o el domingo siguiente, se congregaban en este convento para tratar sus asuntos, servir y comer con los religiosos. También sirvió de punto de reunión a gran nÚmero de los gremios que se establecieron en el barrio del Carmen, mientras no dispusieron de casa gremial. Por su situación este convento ha sufrido daños en las inundaciones del TÚria, una de ellas, la de 1517 dio al traste con el archivo del convento que estaba en el claustro bajo.
De su amplia iglesia es notoria su fachada, la capilla de la comunión y muy especialmente la capilla de la Tercera Orden de Nuestra Señora del Carmen, de forma elíptica, altas semicolumnas corintias y gran cÚpula, realizada por Vicente Gascó, valenciano, director de Arquitectura de la Academia de San Carlos. De ella, el arquitecto Gilabert, contemporáneo suyo, diría: “con lo que Gascó se gastó en la Capilla del Carmen, hago yo dos” y segÚn el que fue su párroco F. Gil es “la más bella desconocida” Entre las más preciadas reliquias de esta iglesia, cuatro cosas muy famosas se encontraban en la capilla de nuestra Sra. del Carmen, el Santísimo Sacramento que se halló en una Ara de dicha capilla, del año 1343, uno de los dos escarpes o zapatos de la Virgen, de forma puntiaguda y con una flor en su punta, una imagen de la Virgen con su niño JesÚs en los brazos, de madera y morena, de la misma hechura que las de Montserrat y Guadalupe, talla románica, Única en Valencia, que fue hallada debajo de una campana, atada a las asas de la lengua de una campana mediana de muy buen sonido y admirables efectos. Los documentos que sobre estas reliquias existían se perdieron en la riada de 1517 que afecto sobremanera a este convento, por lo que la relación que ha llegado hasta nosotros ha sido por la tradición.
Del escarpe de la Virgen se cuenta que por los años de 1475 el Barón D. Luis Muñoz enamorado de una dama de la Reina, bajo palabra de matrimonio la raptó del palacio, llevándose la dama las sandalias de la Virgen exigiendo que debían de ponerlas en una iglesia, indicando para ello dos conventos de Onda, uno para cada zapato, llegando así uno de ellos al Convento de Carmelitas de la Esperanza de Onda, de donde el Padre Provincial lo hizo trasladar al del Carmen de Valencia. Por aquel acto el barón cayo en desgracia del Rey, pero por su valor en la guerra contra los moros de Granada, le devolvió su Real gracia. Desde entonces se conservó en este convento, donde fue venerado por Felipe II de Valencia (Felipe III), cuando vino a sus bodas a esta Ciudad. El día de la Asunción de 1602 era robado, pero devuelto por el ladrón a través del vicario de la Santa Cruz.
Del hallazgo de la Moreneta nos da detallada referencia el padre Carranza, prior del Convento del Carmen en 1554. En una casa situada a espaldas de la capilla de Ntra. Sra. Del Carmen, que años después se vería integrada en la actual Iglesia, vivía una anciana, viuda y pobre y esta decía que la mayoría de las noches sentía dentro de su casa unas lenguadas de campana al tiempo que la Iglesia Mayor, y el Carmen y todas las iglesias solían tañer a las Oraciones del Ave María, y muchas veces, también a media noche, al tiempo que los padres se levantaban a Maitines. Pareciéndole cosa rara, se lo comunicó al Prior, no haciéndole caso, pero tanto insistió la anciana que este mandó a dos frailes a su casa, los cuales oyeron las mismas lenguadas, al tiempo de las Oraciones y a la hora de Maitines, como de una campana muy sonora y apacible, por ello se acordó cavar en el lugar de donde procedían los sonidos, encontrando a poca profundidad la campana con la Virgen, pensándose que esta fuera enterrada durante la dominación árabe de Valencia. La escultura de la “Moreneta”, nombre por el que se le conoce, fue descubierta de la forma descrita en 1281, segÚn cuentan las crónicas de la Orden Carmelitana, sus detalles policromados son de carácter bizantino y por la ausencia de talla en su reverso se cree perteneció a un altorrelieve de un antiguo retablo y durante algÚn tiempo estuvo recubierta de planchas de metal, como se deduce de las numerosas señales de clavos que posee. Con la desamortización muchas de las riquezas de este convento, y entre ellas, la Moreneta, pasaba al Convento de monjas carmelitas de la Encarnación.
Lo que fuera convento del Carmen desde la desamortización se encuentra separado de la iglesia pero conserva su primitiva estructura conventual, manteniendo todavía un gran interés el claustro gótico, lo más hermoso del conjunto, la llamada capilla, también gótica y de planta rectangular que durante mucho tiempo se habilitó como clase de dibujo y el claustro renacentista del siglo XVI alrededor del cual se articulan la mayor parte de dependencias. A la conservación del edificio ha contribuido el hecho de no haber dejado de estar “habitado”, primero como convento, después como sede de la Real Academia y Museo de Pintura de San Carlos y Escuela de Bellas Artes y Últimamente de nuevo como Museo, el IVAM Centro del Carmen, ocupando tres de sus espacios contiguos, el claustro renacentista, el antiguo refectorio y la sala capitular, hoy “Galería del Embajador Vich”, así como la Galería Goerlich construida por este arquitecto a principios del S. XX para completar las instalaciones del Museo Provincial de Bellas Artes que estuvo ubicado en este convento desde 1838 a 1946.
La Torre campanario se encuentra entre la Iglesia y lo que fuera convento, siendo una pena el mal estado de conservación en el que se encuentra el acceso y la propia sala de campanas que contiene un juego de campanas completísimo, en el que cabe destacar dos de ellas, la “Santa Elena” del siglo XVII y la “María del Carmen”, gótica, de principios del siglo XVI, de 1504. Esta sala y su acceso están en fase de rehabilitación. La torre, que se terminaba en 1681, termina en una linterna con un cupulín coronado por un ángel, el arcángel San Gabriel, que sirve de veleta, representado con el brazo derecho tendido y el dedo índice señala el viento, siendo giratorio y de madera forrada de latón o bronce. En 1842 se trasladaba a la iglesia del Carmen la parroquial de la Santa Cruz y con ella se trasladaban sus campanas y los restos de Juan de Juanes. El 17 de marzo de 1870 se bendecía en la iglesia del Carmen, ya parroquia de la Santa Cruz, una nueva campana fundida de otra que fue destrozada por una bala de cañón en los nefastos acontecimientos que tuvieron lugar en Valencia en octubre del año anterior. En abril de ese mismo año de 1870 se comenzaba el derribo de la iglesia y campanario del histórico convento de San Francisco. Seis son las campanas que en la actualidad se encuentran en la sala de campanas de la torre campanario de la iglesia del Carmen. “El Tiplet” o “Santa Elena” es una campana fundida en 1682, de 56 cm. de boca y unos 101 kilos de peso con muy buen sonido que mantiene su instalación original y que mantiene ballesta con cuerda para el volteo manual, campana del siglo XVII que debe ser declarada BIC. “El Cristo Rey” o “Tiple gran” es una campana interesante fundida en 1941, sin ballesta, con cuerda enganchada a los tirantes para el volteo manual, su instalación es original y su badajo antiguo. “La Matilde” es también una campana interesante y como la anterior fundida en 1941, es la que toca habitualmente para el culto, su sonido es regular y toca mediante motor continuo. Fueron sus padrinos Juan F. Insa y su hija Carmencita. “La María del Carmen” es una magnífica campana gótica de 106 cm. de diámetro y unos 689 kilos de peso, fundida en 1504. Su epigrafía realizada en letra minÚscula gótica, invoca a Dios. Su instalación es original y toca mediante motor de impulsos. Esta campana debe ser declarada BIC. “El Vicent” fundida en 1941, de 108 cm. de diámetro y de unos 729 kilos es una interesante campana que se parece a “El Pere” de los Santos Juanes y se toca mediante motor continuo. Por Último la “Santa Cruz” (antigua El Baltasar) es también una campana interesante con buen sonido de 125 cm. de boca y unos 1130 Kg. Que fue fundida también en 1941. Su badajo, moderno, es el que se utilizó para la campana “L’Andreu” de la Catedral y toca mediante motor continuo.
Convento de la Trinidad
Tal vez de aquellos primitivos conventos cuyo origen podemos centrarlo en los primeros años tras la reconquista, el Único que mantiene su carácter conventual sea el de la Trinidad, de religiosas de la observancia de Santa Clara, de clausura, tal y como lo fundó la Reina Doña María, y eso que éste ya no era el de los Trinitarios, sino el de comienzos del S. XV. AÚn hoy en él, hay vestigios del hospicio y antiguo claustro de los padres trinitarios, a la entrada del patio de la actual iglesia, los primeros moradores del primitivo convento. Situado al inicio de la calle Alboraya, asoma, sobre los edificios que la cubren la estructura gótica de su iglesia, sobre la que podemos apreciar un pequeño y triangular campanil, Único entre las espadañas de Valencia, a modo de pequeño torreón que contiene tres campanas, dos de ellas, la “Santa Bárbara” y la “San Miguel” están fundidas en 1816 pesando respectivamente unos 96 y 207 Kg. Y que deben incluirse como BIC. La tercera, la “Amparito” es una pequeña campana de unos 230 Kg. de peso fundida hacia 1975, con cigüeñal y cuerda de acero.
Convento de la Puridad y de San Jaime
Lo que fuera sede de la Cofradía de San Jaime, hoy la vemos convertida en Convento de religiosas clarisas con el nombre de La Puridad y de San Jaime, que nada tiene que ver con el desaparecido convento de la Puridad. Tres son las campanas que se tienen catalogadas en este convento y ninguna de ellas debió de proceder del anterior, ya que su fecha de fundición es posterior a la desamortización. La “Maria (1)”, es la campana de la espadaña, se trata de una interesante campana de 1890 de unos 22 Kg. De peso. Las otras dos no tienen peso, por lo que deben ser pequeñas campanas y son la “María (2)” de 1846 y la “Sagrada Familia”, de 1940, fundida en Valencia. Son pues dos las campanas del siglo XIX que se encuentran en este convento de clarisas.
En 1238 Jaime I había hecho donación al Arzobispo de Tarragona, y por él, a la Catedral de Valencia, de todas las iglesias situadas dentro y fuera de muros, así como de todas las mezquitas y cementerios que no tuvieran forma de torre o fortaleza. En el "Ordinatio Ecclesiae Valentinae” se da cuenta de la bendición de la Catedral y de las primeras parroquias, con sus advocaciones: San Martín, San Andrés, Santo Tomás, San Esteban, El Salvador, San Lorenzo, San Bartolomé, San Miguel, San Nicolás y Santa Catalina, todas ellas situadas intramuros de la Ciudad. San Pedro se consideró comÚn a toda Valencia. Fuera de muros San Juan de la Boatella y Santa Cruz de Roteros. En este orden aparecen hasta 1245. En este año, en una concordia por derechos de enterramientos entre los párrocos o rectores de Valencia y la comunidad de predicadores, todavía encontramos firmando en ella al rector de San Miguel, que al parecer perdía su parroquialidad ese mismo año, y al rector del Santo Sepulcro, que más tarde cambiaría su nombre por el de San Bartolomé. Antes de 1365 se creaba la Parroquia de Santa María del Mar y para ello se le segregaba terreno a la de San Valero de Russafa, quedando como límite entre ambas parroquiales la desembocadura del TÚria. Ello explica el pleito entre estas dos parroquias por la propiedad del Cristo del Grao, que como años antes hiciera el Cristo del Salvador, llegara milagrosamente a la desembocadura del TÚria, en cuya resolución, a favor de Santa María, fue decisiva la intervención de nuestro Santo Patrono San Vicente Ferrer. Esta segregación de parte del territorio de San Valero, se compensaba dándosele un caserío junto a la Boatella. Con la construcción de las nuevas murallas pasaba San Valero a tener territorio intramuros de la Ciudad, por lo que desde antiguo se la considero como la trece parroquia de la reconquista. En cambio Santa María del mar no fue considerada parroquia de Valencia. Pronto también desaparecía la parroquia de San Pedro, inmiscuida en la Catedral.
De todas las numerosas mezquitas que existían en Valencia, la mayoría fueron consagradas y al menos siete convertidas en parroquias, una al menos quedó como mezquita mayor o aljama de la morería, hasta su asalto en el siglo XVI, su inmediata consagración y dedicación al arcángel San Miguel y San Dionisio, que se convertía en parroquia después del concilio de Trento y otra, ya donada por Jaime I, se convertía en sinagoga que más adelante se transformaría en la iglesia de la Cruz nueva. Jaime I había hecho donación de todo un barrio a los judíos que habitaban o vinieran a habitar a Valencia; barrio cercado, con siete puertas, siendo la principal la que estaba en la plaza de Santa Tecla o de la Figuera, que se extendía desde la calle Avellanas, enfrente de Santa Tecla, llegaba a la puerta de la Sherea y desde ésta hacia lo que hoy es el Patriarca y la calle de la Universidad y plaza de las Barcas; dentro de él existían varias mezquitas, y tal vez alguna sinagoga, pues al menos parte de él había sido barrio judío durante la dominación árabe, una de aquellas mezquitas sería la ya mencionada, otra tal vez, la que llegaría a ser la Sinagoga Mayor, que tras el asalto a la judería de 1391 pasaría a convertirse en Iglesia y Convento de San Cristóbal.
Convento de San Cristóbal
De aquel año de 1391 se cuenta que, estando los rabinos congregados en la sinagoga Mayor oyeron una voz que salía de debajo de la tierra, hacia lo que fue después escalinata del altar mayor de la iglesia del convento de San Cristóbal, que les conminaba a que se bautizasen, desalojaran aquella casa y la dedicasen a San Cristóbal. Por tres noches consecutivas se produjo el prodigio y en la tercera con picos y azadones abrieron un boquete en aquel lugar, hallando una pequeña imagen de San Cristóbal. Y en tres sitios de la ciudad, dice la tradición que se oyó l voz de San Cristóbal al tiempo que en la sinagoga. Recelaban los Jurados un amotinamiento contra los judíos por lo que aumentaron la vigilancia, pero no pudieron evitar que el 9 de Julio, el día después de los tres en los que habían oído la voz, una turba de muchachos se dirigiera hacia la puerta de la judería de la plaza de la Figuera al grito de “mueran los judíos”, sumándoseles la gente en el trayecto. El maltratar un judío a uno de los niños y morir un cristiano que fue a defenderlo con la espada en la mano y el cierre de la puerta aislando a algunos de los amotinados, se cree que fue la llama que llevó al asalto del barrio, todo ello unido a la desconfianza de las tropas que acudieron a sosegar la revuelta al mando del infante D. Martín, Hermano de Juan I, negándose los judíos a abrir las puertas y el hallazgo del cadáver del principio de la revuelta por algunos cristianos que lograron entrar. Todo ello y tal vez las deudas de muchos señores para con ellos, llevó a la masiva matanza de judíos, hasta el punto de no volver a recuperarse la judería de Valencia. Al cesar la invasión, inmediatamente la sinagoga mayor fue nombrada iglesia de San Cristóbal contándose que un judío, al principio del asalto, vio en lo alto de la sinagoga un hombre muy corpulento con un niño al hombro, tal como se representa al Santo.
Convento de Santa Catalina de Siena
En los terrenos que fueran cementerio de los judíos se fundaba el 23 de enero de 1491 el convento de dominicas de Santa Catalina de Siena, en una capilla que tenían los conversos recién convertidos, gracias a la donación que Fernando el Católico había hecho de aquellos espaciosos terrenos, antes cementerio al dominico Gaspar Sayol, que dispuso fundar en ellos un convento para religiosas de su Orden. Para tal fin se dice que salieron del beaterio que había en la calle de las Nieves tres beatas de la Tercera Orden de Santo Domingo. Muy pronto edificaron en aquel sitio su convento haciéndolo con grandeza y suntuosidad, costeando su torre campanario y parte de la Iglesia el también dominico Francisco de Megía, Obispo Titular de Fez, que bendecía esta iglesia y en ella dispondría el ser enterrado. Este convento fue uno de los más considerables de la Ciudad. Su iglesia fue trasladada en pleno siglo XX, cuando se derribó para edificar sobre sus terrenos el Corte Inglés de Colón. La iglesia se reedificaba en el barrio de Orriols y se ponía bajo la advocación de Ntra. Sra. del Sagrado Corazón. En el Campanar de esta iglesia se encuentra una interesante campana de unos 8 kilos de peso fundida en 1905.
Monasterio de la Encarnación
Contigua a la parroquia de San Lorenzo, hacía el muro de la Ciudad, Jaime I asignaba una casa a las Beatas de Santa Ana, que fundaron un beaterio para recoger doncellas encaminándolas al bien. Esta Santa que gozó de gran predicamento en Valencia como lo demuestra el acuerdo que se tomó entre la Ciudad y el Cabildo eclesiástico en 1494 de que este día fuera de precepto en Valencia. Con el tiempo debió de construirse una iglesia que ya existía en 1530, año en el que se dice haga estación la rogativa para terminar con la peste en esta iglesia, que ya es nombrada por Juan Luis Vives en sus escritos. En 1564, deseando las beatas convertirlo en clausura, pasaban a ocuparlo las religiosas carmelitas calzadas del monasterio de la Encarnación.
El Monasterio de Carmelitas calzadas de la Encarnación se fundaba en Valencia en 1502 por el Prior de la Cartuja de Vall de Crist, D. Luis Mercader y el Prior del Convento del Carmen de Valencia el Maestro Pedro Estanya, que en 1509 era nombrado catedrático de Prima de la Universidad de Valencia y que sería magnífico pacificador durante la guerra de las Germanías en 1522. Regía los destinos de la Iglesia Alejandro VI y era Arzobispo de Valencia, desde 1500 Pedro Luis Borja, hermano del anterior, Juan Borja, que dicen murió envenenado, y sobrino del Papa. El convento recién fundado quiso ponerse bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, de la que eran fervorosos devotos y defensores los carmelitas y cuya fiesta fue la fiesta patronal de la Orden en los primeros siglos, pero por estar en paz con otros monasterios, lo cambiaron por el de la Encarnación, advocación del gran misterio cristológico mariano de la Anunciación o Encarnación. El convento se fundaba en el barrio de Velluters, próximo al Hospital de Peregrinos, en las inmediaciones de la puerta del Cojo, que más tarde recibiría también el nombre de Puerta de la Encarnación, por la proximidad a este convento, habiéndose encontrado los cimientos del antiguo convento, con las excavaciones arqueológicas recientes en este barrio, en este lugar. En 1505 ya se ampliaba con unas casas y huertos colindantes y ésta no sería la Única mejora que recibiría el convento a los largo de los siglos. Cuando la exclaustración de los carmelitas del Carmen, muchas de sus obras de arte y otros menesteres pasaron a este convento de la Encarnación entre ellas la “Moreneta” del Carmen, que se conserva en su iglesia. El Convento de la Encarnación fue demolido durante la Guerra Civil, dejándolo convertido en un inmenso solar, casi en su totalidad, y desapareciendo muchas de sus pinturas e imágenes, aÚn cuando todavía posee algunas piezas de gran valor, además de la citada, como una custodia gótica y abundantes ornamentos antiguos. El nuevo convento de la Encarnación y su iglesia se levantaron, no sin cortapisas, tras la guerra civil, en el mismo solar donde se fundó. Entre las campanas que posee este convento se encuentra la “Encarnación (2)”, fundida por Salvador ManclÚs en Valencia en 1956 para este convento. En la Espadaña podemos ver una campana pequeña.
San Vicente de la Roqueta
Uno de nuestros más antiguos monasterios fue el de San Vicente de la Roqueta. Su iglesia debió construirse en tiempos de Constantino el Grande, en el lugar donde había depositado el cuerpo del Mártir la piadosa mujer llamada Jónica, colocándolo en un monumento, escribiendo en él su nombre, el de su madre y el de su padre. Aquella iglesia se convertiría en la primera basílica cristiana de Valencia y uno de los lugares de peregrinación más importantes del mundo. A su lado se construiría un monasterio del que se dice que en él pudo habitar a principios del siglo V el abad y monje Justiniano, arzobispo de Valencia y sus hermanos Justo, Nebridio y Elpidio, obispos de Urgel, de Tarrasa y de Huesca. El lugar permaneció como lugar de culto durante toda la época visigótica e incluso árabe, pues a pesar de la persecución sufrida por Abderramán III, época en la que se piensa que este templo fue destruido y se produjo la salida del cuerpo de San Vicente Mártir de Valencia. Cuenta la tradición que el monje Audaldo, obedeciendo un mandato por revelación divina vino a Valencia, haciendo parada en un hostal del camino de Murviedro, y tras pagar y convencer al hospedero moro fuéronse los dos hasta la Roqueta, cuya iglesia había sido destruida, encontrando el sarcófago del Santo, que identificaron leyendo las letras que en él estaban esculpidas y levantando la tapa encontraron el santo cuerpo entero e incorrupto. Para su mejor traslado se troceó el cuerpo, se puso en un saco con palmas y el monje partió de Valencia. Desde aquí la tradición da varios itinerarios al cuerpo del Santo, para unos sería tirado al mar llegando a las costas de Portugal, mientras que para otros se trasladaría al Monasterio de San Benet, y aÚn hay quien cree que el cuerpo del Santo nunca salió de Valencia. Alguna de las partes debió quedar en Valencia pues en 1104 un obispo mozárabe Valenciano en su peregrinación a Tierra Santa llevaba consigo el brazo izquierdo de San Vicente Mártir, pero viéndose en trance de muerte en Bari, lo entregó al Arzobispo de aquella ciudad italiana hasta que hace unos años fue devuelto a Valencia y venerado en nuestra Catedral.
El lugar pronto se reconstruiría, aunque nada de él se dice en las Crónicas del Cid, ya que cuando Alfonso II de Aragón, en 1172 entró en el Reino de Valencia, pactó con el Rey moro Aben Lop, quedarse con esta iglesia y su monasterio adjunto, luego existía, con todos sus diezmos y derechos, donándola al Monasterio de San Juan de la Peña, del que dependía, hasta que en 1232, antes de la conquista, Jaime I la donaba al Monasterio de San Victorian primero y más tarde al de Poblet. Desde la conquista y hasta la exclaustración, el Monasterio de la Roqueta debió permanecer floreciente, conservándose un considerable nÚmero de sus escrituras desde 1239 a 1725 en el Archivo Histórico Nacional. Jaime I tras la conquista reedificó la Iglesia y el Monasterio en el mismo lugar que el antiguo construyendo enfrente el hospicio u hospital para pobres y peregrinos de San Vicente Mártir, que sería de los que más tarde serían integrados en el Hospital General, y a corta distancia de él, otro para diferentes males, el de Santa María Magdalena. En el muladar próximo a la Roqueta, donde fuera tirado el cuerpo de San Vicente Mártir, ya durante el sitio de Valencia se piensa que se había erigido una ermita. En esta o en la Iglesia de la Basílica de San Vicente, durante el asedio de la Ciudad, y antes de entrar en ella, hallándose los Reales de D. Jaime en Russafa, fue el primer lugar donde se dijo misa, y donde se continuó a diario celebrando. Muchos han sido los privilegios de que ha gozado esta Iglesia a lo largo de su dilatada historia. Durante la época árabe fue la Roqueta, extramuros, y la Iglesia del Santo Sepulcro intramuros, las Únicas que se dejaron para el culto cristiano y tras la conquista junto con la Catedral los Únicos lugares que gozaron de inmunidad eclesiástica para los “acogidos a sagrado”.
En su iglesia, renovada en el Siglo XVII, ondeó la señera de D. Jaime, que se izó desde la torre más alta de Valencia, la que después sería del Temple, en señal de rendición, hasta que ésta se demolió, al menos en parte, con su torre campanario, a fin de ensanchar la calle de San Vicente Mártir, en el siglo XIX. Era éste, de estilo bizantino, de planta cuadrada y un solo cuerpo, sin remates, siendo tres las campanas que se encontraban en su Sala Campanario, la “Vicente”, de San Vicente Ferrer, la “Vicente Mártir” a cuya advocación estaban dedicada la Iglesia y el Convento, la “Bárbara”, de Santa Bárbara, protectora de las tormentas y la “María”, Madre de Dios. Este campanario se reconstruyó posteriormente en el lugar que hoy lo vemos, mientras que el pendón de la Conquista, trasladado al Ayuntamiento cuando se demolió parte de la Iglesia, pasaba al Archivo Municipal, donde se encuentra. Esta iglesia sufrió un voraz incendio provocado por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia. Lo que fuera Monasterio pasaron a ocuparlo las monjas de Santa Tecla tras la demolición de su convento en 1868, llevándose consigo la preciosa imagen de San Vicente Mártir, de mármol blanco, en la que se le representa sentado con una cadena al cuello, que había sido costeada por el Arzobispo D. Isidoro Aliaga en 16309, que ocupaba el centro de la cárcel o calabozo romano que se encontraba en su antiguo convento y que puede venerarse en esta iglesia, siendo más tarde vendido y convertido en posada, para mucho más tarde pasar a ser propiedad del Ayuntamiento. Se dice que las campanas de su torre no volteaban, sino que repicaban como en Castilla y que la primera vez que voltearon fue la tarde del día de la exaltación de la Santa Cruz de 1689. De San Vicente Mártir debió ser gran devoto D. Jaime I, pues a él y a la intercesión de la Virgen María atribuyó el Rey la Conquista de la Ciudad de Valencia.
Actualmente podemos ver una tosca torre campanario y una espadaña en el tejado de su iglesia. Siete son las campanas que el gremio de campaneros tiene catalogada en este antiquísimo monasterio, o mejor dicho, en lo que de él queda, y su iglesia. De ellas dos, las campanas A y C son del siglo XVIII y deberían ser catalogadas como BIC, la A es de 1700, tratándose de una pequeña campana de 6 Kg. de peso mientras que la C es de 1789 y pesa 37 Kg. La campana D o María Julia Clara es de principios del siglo XIX, de 1804, es una campana interesante y es la mayor de todas ellas pesando unos 182 Kilos, es pues también una campana pequeña. Dos de sus campanas no están fechadas, la B y la 2, mientras que las otras dos son campanas del siglo XX, la “San José” de 1923 y la 3 de 1948. No hay pues entre ellas ninguna campana gótica, a pesar de la antigüedad del lugar. Este antiquísimo e histórico monasterio esta siendo objeto de estudio y rehabilitación.
San Lázaro
Al tiempo de la conquista establecía D. Jaime el hospital de San Lázaro situado en la calle de Murviedro o Sagunto, extramuros de la ciudad, hoy desaparecido, con una capilla en la que en su portada, pintado sobre un chapado de azulejos representando al santo podía leerse: “San Lázaro, obispo de Marsella: esta es su Única capilla conocida en España. No fue de los hospitales enajenados en 1512, tal vez porque servía para dar acogida a los leprosos y enfermos de cáncer, con lo que fue mucho más posterior cuando pasó al Hospital General.
Ermita de Santa Lucía
La Reina doña Constanza fundaba en Valencia el Hospital de la Reina, uno de los que pasaron al Hospital General, en lo que más tarde sería posada y después casa de la Cofradía de la Sangre, en terrenos hoy ocupados por nuestro Ayuntamiento, y el Hospital de Santa Lucía, junto a la puerta de Torrente, para recibir pobres, recoger enfermos y criar y admitir expósitos erigiéndose más tarde, a principios del 1400 una ermita a esta Santa, que modificada, es la que actualmente persiste. La cofradía de Santa Lucia, patrona de los invidentes y artesanos relojeros se remonta a finales del siglo XIV. El 28 de noviembre de 1381 se tiene noticia de la venta de tres patios, en la demarcación parroquial de San Martín para construir la casa cofradía, junto al muro nuevo a fin de dar culto en este lugar a Santa Lucia, la virgen Mártir de Siracusa, cuya imagen lleva en su mano izquierda una bandeja con dos ojos. La espadaña de esta ermita, que forma cuerpo con la fachada es muy posterior, de 1865, y tiene dos huecos para campanas, sobre ellos un frontispicio triangular coronado por tres pináculos, y debajo de ellos en una hornacina se encuentra la imagen de la Santa Titular. Sus huecos están ocupados por dos campanas de pequeño tamaño, la “Santa Águeda”, campana interesante, de 1872 y de unos 42 kilos y la “Santa Lucia”, fundida en 1786, de unos 60 Kilos que debe ser catalogada como BIC. Posee además la ermita de Santa Lucia un carillón compuesto de 8 campanas cuyos pesos oscilan entre los 4 y los 34 kilos, cada una de ellas definida por su nota musical, y que son de menor a mayor, SI 5, de 4 Kg., LA sostenido 5, de 7 Kg., SOL sostenido 5 de 8 Kg., FA sostenido 5 de 10 Kg. MI 5 de 17 Kg., RE sostenido 5 de 18 Kg., DO sostenido 5 de 29 Kg. Y SI, 4, de 34 Kg. En esta ermita, en sus dependencias tiene su sede el Gremio de Campaners Valencians, en la que realizan sus reuniones, y en esta sede se encuentran dos campanas dignas de mención, la “campaneta Gótica”, de la que no consta ni peso ni año de fundición, fue adquirida por el gremio de campaneros para formar parte de su incipiente colección, y ellos mismos la tienen datada hacia 1450, es pues una campana gótica castellana del siglo XIV-XV, y la “campaneta del Gremi”, de un peso aproximado de 7 Kg., fundida en 1996 y regalada por los fundidores, los hermanos Portilla, al gremio. Se trata de una interesante campana, aunque nueva, cuya epigrafía nos muestra uno de los usos que tuvieron las campanas y que reza: “Aquel tañido de campana, doblando en campos y barbechos, en surcos y barrancas, se llevó la Última niebla, antes de que amaneciera la mañana”. El día 13 de septiembre es el día de la Fiesta de Santa Lucia. Durante muchos años las campanas de su espadaña doblan a la par con su acostumbrado volteo de fiesta, mientras a la puerta de la iglesia se nos presenta el típico “porrat”.
Convento de San Gregorio
En 1345, en lo que después fueron las casas de San Gregorio, situadas en la manzana que ocupa actualmente el teatro Olympia, se fundaba una casa para recogimiento de las mujeres perdidas, tipo éste de establecimientos que llegaron a proliferar en nuestra Ciudad, siendo su primitiva advocación, al parecer, la de Santa María Egipciaca. De aquella casa algunas mujeres salían para casarse y la ciudad tenía acordado en estos casos darles como dote una cantidad de dinero, que en 1660 era de 10 libras. Con el tiempo lindante a esta casa se fundó un convento al que pasasen las que, tras arrepentidas, quisieran abrazar una vida en comunidad y clausura. La Iglesia se levantaba en 1600 gracias a la ayuda recibida por el Patriarca San Juan de Ribera, bendiciéndose el día de San Gregorio. La advocación de este convento parece ser que se debió a la suerte sorteándose entre 8 para unos, 12 para otros, santos y tocándole a San Gregorio.
Parroquia de Monteolivete
En 1350 tenía su origen una ermita dedicada a la Virgen de Monteolivete, milagrosamente llegada en nuestra tierra y encontrada en un olivo. La tradición nos da señales de aquel hecho. Se cuenta que en aquel año uno de los Alfonso, antigua familia ruzafeña, encontrándose de cruzado en Jerusalén cayó prisionero, pero tan malo era el trato que recibía que decidió fugarse retirándose una tarde hacía el monte y preocupado por el grave peligro que como fugitivo corría invocó la protección de Nuestra Señora, apareciéndosele la imagen de la Virgen sobre un olivo, subió a él y cogió la imagen, comprobando que era un pesado icono, por lo que desistiendo del propósito la devolvió al árbol. Iba a retirarse cuando oyó que le decían “¿Tan poca Fe tienes?”, avergonzado de nuevo subió a por la imagen y cuando ya la tenía se sentó para descansar al pie del árbol y se quedó dormido. Despertó al amanecer debajo del árbol, pero en la huerta de Russafa. Al saberse la noticia de este extraordinario hecho se trasladó la imagen al poblado de Russafa y durante ocho días se la festejó en San Valero bajo la advocación de Monteolivete, pero al cabo de este tiempo desapareció de la parroquia para amanecer en el olivo, por lo que allí se la dejo, levantándole primero un casilicio y más tarde una ermita sobre la que en 1767 se construía la iglesia actual y a su lado se construyó un convento que no llegó a terminarse y que hoy es la sede del Museo Fallero y Junta Central Fallera. Aquel olivo sobre el que se apareciera la Virgen perduró durante muchos años, hasta que se piensa que por encontrarse muy cerca de una balsa para secar cal, se secó el árbol, siendo repartido su tronco como reliquia, replantando uno de sus renuevos dando lugar a un nuevo olivo que aÚn existía a finales del siglo XIX, teniendo de particular que sus olivas eran de una variedad no conocida en Valencia. Durante la Guerra de la Independencia la imagen pasó, junto con otras muchas al colegio del Patriarca, siendo respetada y no demolida esta iglesia al demoler los franceses la línea de circunvalación que arrancaba en ella y en semicírculo, con cuerda en el pretil del río, terminaba en la Pechina.
Tres son las campanas de la sala de campanas del campanario de la parroquia de Monteolivete, creada sobre la antigua ermita, segregándole territorio a San Valero. San Valero, la parroquial tal vez con más extenso territorio de todas las antiguas parroquias de Valencia, vería fraccionar su territorio tras la reestructuración parroquial de 1902, para crear un buen nÚmero de nuevas parroquias, cosa que hasta entonces prácticamente no le había sucedido a excepción hecha de la segregación de Santa María del Mar, en el siglo XIV. De San Valero saldrían en aquel año las parroquias de San Juan y San Vicente, la de Fuente de San Luis, la de La Punta y la de Pinedo y tras una nueva segregación en 1942 las de Monteolivete, Santo Tomás de Villanueva, la de San Francisco de Borja y la del Palmar, todo ello sin contar que cedía parte de su feligresía a las parroquias de San Andrés, San Bartolomé y el ángel Custodio. Se convertía así en la parroquia por excelencia del barrio de Russafa. Todas las campanas de la sala de campanas de la torres campanario de Monteolivete, conservan su mecanismo para el toque manual. La “Tiple I”, pequeña campana de unos 10 Kg. de peso sería fundida hacia 1771, es pues una campana del siglo XVIII que debe incluirse en el Inventario General de Bienes Muebles, calificándola como BIC (bien de interés cultural). La “Mediana” de unos 72 Kg. de peso que se fundió en 1877 de Monteolivete, luego debió fundirse para esta iglesia y se aclama a la Virgen. Es una campana interesante del siglo XIX. La “Grande” de unos 207 Kg. de peso data de 1911 y en su epigrafía lleva el nombre de María de los Desamparados, el de sus padrinos y el del vicario de esta iglesia. Se trata también de una interesante campana.
San Miguel de los Reyes
Ya en 1371 en la alquería de la Rascanya del monasterio Cisterciense de la Valldigna existía un Priorato que se trasformó en abadía en 1381 y en ella vinieron a instalarse los Jerónimos en 1546, iniciando las obras que condujeron al Monasterio de San Miguel de los Reyes, el “Escorial Valenciano”, hoy sede de la Biblioteca Valenciana. La que llegó a ser importante Orden de los Jerónimos era una Orden fundada en nuestra tierra en 1350, cuando Jaime Ibáñez y otros ermitaños, reunidos en Javea, a la falda del Montgó, y cerca de lo que fuera el Monasterio de San Donato, solicitaron del Papa ajustarse a una regla, solicitud que fue atendida mediante bula de Gregorio XI en 1374. Tan magna obra, como representó la construcción de este Monasterio, fue posible gracias a los duques de Calabria, Don Fernando de Aragón y su esposa doña Úrsula Germana de Foix, viuda del Rey Fernando el Católico, ya que en ella invirtieron gran parte de su fortuna en vida y a la que dejaron en testamento sus cuantiosos bienes, encargándosela a los arquitectos Covarrubias y Vedaña. Por muchas vicisitudes pasó el desarrollo de la obra, con periodos de paralización de la misma, la que quedaba finalizada un siglo después, en 1644, entre ellas la usurpación de gran parte de la considerable suma entre dinero en metálico y bienes que les fuera cedida por los fundadores y que sobraba para terminar y costear la obra mientras los monjes se ocupaban de las solemnes exequias del Duque de Calabria, muerto muy poco después que su mujer. Entre las obras de su copiosa biblioteca se encontraba “El romance de la Rosa”, parte de sus excepcionales cuadros se encuentran en el Museo de Bellas Artes, mientras su enorme San Miguel de mármol del altar mayor, era arrojado y destrozado por las tropas napoleónicas en 1808, a la vez que desaparecía su espada de oro y el anillo nupcial de los Duques de Calabria, tras ser uno de los monasterios suprimidos en 1835 se la destinó a prisión correccional. Dos son las torres campanarios que presenta su iglesia, simétricas y colocadas a uno y otro lado de la fachada, y las campanas que actualmente contiene esta institución, de ellas dos, la Campana nova (1) y la Campana nova (2) están fundidas en el año 2.000. San Miguel de los Reyes solo posee una campana interesante y ésta es la de la cárcel, de 1885, que conserva su instalación original con ballesta para el volteo manual.
Santa María de JesÚs
En 1428 Alfonso el Magnánimo y la Reina Doña María fundaban, a un cuarto de legua de Valencia un monasterio de franciscanos de la antigua observancia con el nombre de convento de Santa María de JesÚs. A la consagración del monasterio asistieron la Reina Doña María y Fr. Mateo, su fundador. Hijo de este convento fue Nicolás Factor y en su Iglesia se veneró su cuerpo. En el siglo XIX, el convento, arreglado por Company, era comprado y demolido construyendo sobre sus solares una fabrica de hilaturas primero y, pasando después a la Administración Local se establecía en él, el manicomio de JesÚs, que todos hemos conocido hasta hace unos años, en que éste fue trasladado a Bétera. La iglesia, que persiste, quedó abierta al pÚblico. En sus terrenos asientan jardines y un centro de Salud. La sala de campanas de su fino y esbelto campanario contenía dos campanas: “Nicolás Factor”, hijo de este convento y “María”, su titular, María de JesÚs.
Convento de Jerusalén
Esquina con la calle San Vicente de Fuera y ocupando el espacio entre esta y la calle Convento Jerusalén existió una casa donde habitaban devotas mujeres que habían adoptado la regla de San Francisco y que sería elevada a Convento por el Papa valenciano Alejandro VI en 1496, con la denominación de “Convento del Santo Sepulcro de Jerusalén”, bajo la advocación de nuestra Sra. Del Espasmo, conocido vulgarmente como Convento de Jerusalén, que diera nombre a la calle donde estaba situado, haciendo esquina con la actual calle de Játiva, extramuros de la Ciudad. En aquel lugar permaneció hasta los años 30 del siglo XX, aunque en parte había sido destruido en el sitio de Valencia por los franceses en 1811 como defensa de la Ciudad y reconstruido tras aquel nefasto momento. El frontispicio de su iglesia era un precioso ejemplar de transición gótico-plateresco que sería desmontado y regalado al Ayuntamiento de Valencia.
Nuestra Señora de la Buena Guía
Desde muy antiguo los cofrades de San Pedro Mártir, santo dominico, estaban establecidos en Santo Domingo, en donde permanecerían hasta que compraron en 1452 una casa y unos terrenos en la Plaza del Portal Nou en los que erigieron una ermita y establecieron su sede, aÚn cuando la Cofradía siempre estuvo adscrita a la parroquia de San Nicolás. De la misma forma, ya desde antiguo, en la calle llamada del ComÚn de Pescadores y más tarde de Jurados, los pescadores erigieron la iglesia de Ntra. Sra. de la Bonavía o Buena Guía que aÚn constaba en el censo vecinal de la parroquia de San Andrés de 1727.
Cofradía de San Narciso
En 1356 fundaban en Valencia la Cofradía de San Narciso ciertos mercaderes procedentes de Gerona que se habían establecido en nuestra Ciudad, siendo instituida en la Catedral, en la que tenían capilla y a la que como compensación fundieron una campana para la torre campanario de la Catedral, esta fue la campana “L'Arcis” que aÚn esta en el Miguelete. Desde su establecimiento adquirió la cofradía unas casas en la parroquia del Salvador, próximas a esta iglesia, que más tarde sería utilizada como cárceles, al trasladar a ellas los presos que estaban en las cárceles del Ayuntamiento cuando este se quemó en 1586.

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)

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