GONZÁLEZ GUDINO, María Ángeles - Campanas de siempre - Recuerdos de todos

Campanas de siempre

Recuerdos de todos

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)
La Casa de la Almoina
La casa llamada de la Almoina o limosna, situada en la Plaza de su nombre perteneció desde los tiempos de la conquista a la Catedral, siendo destinada en 1288 a dar de comer a los pobres, pasando en 1312 a sustituir esto por una limosna en metálico. En 1607 su destino era el de cárcel perpetua de los retraídos a sagrado, o lo que es lo mismo, a la inmunidad eclesiástica. Desde antiguo para este fin se destinaban la Catedral y el Palacio Arzobispal, pero los desmanes que estos acogidos provocaran llevaron a que el Arzobispo Santo Tomás de Villanueva ordenase su reclusión sin poder pasearse ni por la Catedral, ni por el Palacio Arzobispal. Cuando se abolió esta inmunidad, la antigua casa de la Almoina pasó a ser destinada a almacén de objetos litÚrgicos. Dos fueron tan solo los lugares en Valencia que tras la conquista tuvieron el privilegio de gozar de inmunidad eclesiástica, uno dentro de muros, la Catedral, otro fuera de ellos, el Monasterio de la Roqueta.
Hospital General y otros hospitales
Sería a principios del siglo XV, cuando tras el sermón que diera en la Catedral el primer domingo de Cuaresma de 1409, el Padre Jofré, a favor de los locos y dementes que deambulaban por la Ciudad, se reunían diez mercaderes valencianos, entre los que se encontraban Bernardo Andreu, que había oído el sermón, y Lorenzo Salom, decididos a fundar un hospital para recoger a los locos y dementes que vagaban por las calles, para lo cual compraban unos terrenos próximos a la puerta de Torrente y tras el permiso de los Jurados, el privilegio Real de Martín I y la Bula fundacional de Benedicto XIII dada a 16 de febrero de 1410 se fundaba el primer psiquiátrico del mundo, que tomaba por nombre el de Hospital dels Folls, construyendo además en aquellos terrenos una capilla bajo la invocación de Santa Cruz del Monte Calvario, erigiéndose en él en 1411, una cofradía bajo la invocación de Ntra. Sra. de los Inocentes Mártires y Desamparados. En esta capilla, conocida como el Capitulet, que aÚn se conserva junto con lo que fuera crucero, hoy biblioteca, y alguna otra dependencia del antiguo Hospital General nacía la devoción a nuestra patrona la Virgen de los Desamparados. En su espadaña podemos ver una pequeña campana de unos 4 kilos de peso, que tiene por nombre “María” fundida en 1853. Con el tiempo aquella incipiente construcción se fue ampliando, y se construía su Iglesia con un elevado campanario de tres cuerpos de orden toscano, cuya sala de campanas contenía tres campanas. En su lugar se fabricó uno de un solo arco con la campana mediana, que era la que mejor sonaba, que es la que quedó en el campanario hasta el derribo de estas estructuras y el traslado del Hospital a la avenida del Cid, hacia 1960. Tan buen ejemplo fue en cuanto a la administración de sus bienes que en 1512 se ampliaban sus funciones siendo destinado a locos, expósitos y enfermos de todas clases, reuniéndose en él los hospicios de San Vicente Mártir, fundado por Jaime I, y Santa María Magdalena, ambos próximos a la Roqueta, el de En Clapés, fundado en 1311 y situado en la calle de Sagunto, y el de la Reina, quedando por su índole especial los de San Lázaro, pescadores, peregrinos y el de pobres sacerdotes.
El hospital de “En Bou” Hospital de pescadores, fundado en 1399 cerca de la puerta de Russafa y donde se mantuvo hasta su desaparición en el siglo XIX, pasando los pobres pescadores a ser atendidos en el Hospital General.
“El Hospital de Peregrinos”, es así mismo muy antiguo, habiendo quien la sitÚa en 1260, aÚn cuando otros autores no le dan una antigüedad más allá de 1393. Situado en la calle Carniceros, esquina Guillem de Castro, enfrente de donde más tarde iría a situarse el convento de la Encarnación, en honor a su fundador se le conoció también como Hospital de En Conill. Como el anterior, siempre estuvo en el mismo sitio, intramuros de la muralla cristiana, y desapareció con la desamortización de los bienes de beneficencia en el siglo XIX. Su función era la de dar albergue a los pobres peregrinos que se acercaban a nuestra ciudad, debiéndoseles acoger durante tres días, dándoseles cama y luz, y al dejar el centro dos reales de vellón de limosna.
Para la asistencia de pobres estudiantes se fundaba hacia 1540 el “Hospital de Pobres Estudiantes” con título de cofradía cuyo presidente era el Rector de la Universidad.
En 1356, como dicen las más antiguas constituciones de la Cofradía de Nuestra Sra. de la Seo, se acordaba la erección de un “Hospital de Pobres Sacerdotes”, comprándose los terrenos para fundar y edificar este hospital en 1374 y al lado de este hospital se fundaba la iglesia del Milagro, en la que tiene capilla la imagen de la cofradía de Ntra. Sra. en su Asunción, representada difunta, la misma que da título a nuestra Catedral a donde su cofradía la traslada en el día de su fiestas, y que desde 1556 tomaría el nombre de la Virgen del Milagro debido a uno que sucedió en aquellos días. Se cuenta que estando en la Catedral el carpintero Francisco Martí la víspera de la Asunción, preparando el catafalco donde debía colocarse al día siguiente la imagen, su hija se enredó en las cuerdas y fue alzada hasta lo alto del cimborrio y estando allí se rompieron las cuerdas cayendo al suelo sin hacerse daño. Lo más antiguo del edificio, que hoy persiste es la imagen gótica que, bajo dosel, se encuentra en la fachada de su iglesia. En este célebre hospital para pobres sacerdotes, situado en la calle del Trinquete de caballeros, casi enfrente de la iglesia y hospital de San Juan del Hospital moría en 1581 San Luis Bertrán, acompañado en el lecho de su muerte por San Juan de Ribera y el Beato Nicolás Factor entre otros venerables, y en su jardín un ciprés plantado por este Santo Varón se hizo tan alto como el edificio, siendo arrancado de cuajo por el violento huracán que asoló Valencia el 9 de octubre de 1842, día del aniversario de su muerte. La Cofradía de la Seo es una de las más antiguas de Valencia y ha mantenido hasta bien entrado el siglo XIX el mismo tipo de organización propio de la época foral, teniendo en ella representación los estamentos eclesiástico, militar y real a través de un canónigo prior y un mayordomo de cada una de las demás clases.
La Asunción de Benimaclet
Sobre una ermita del siglo XV se construía en el siglo XX, la Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción con su torre campanario para campanas y reloj, en Benimaclet.
San Miguel de Soternes
En el barrio de Soternes, entre altas fincas se conserva la ermita de San Miguel de Soternes, del siglo XV con su pequeña espadaña sobre el centro de su Única nave, en la que podemos ver una pequeña campana en su Único hueco para campana, fundida en 1718, de una boca de 47 cm. y un peso aproximado de 60 kilos, que debe incluirse en el Inventario General de Bienes Muebles.
Las ermitas de Vera y del Fiscal
En la periferia, en nuestro distrito marítimo aÚn pervive la antiquísima ermita de Vera, también del siglo XV que presenta en su espadaña una campana de unos 72 kilos de peso fundida en 1943, como en la huerta de Russafa aÚn se encuentran la antiquísima ermita del Fiscal.
La Fonteta de San Luis
También se encuentra transformado el ermitorio de la Fonteta de San Luis, edificado en recuerdo de aquel día de 1579 en el que San Luis Bertrán, padeciendo una constante sed, se dirigió a una fuente, que en este lugar estaba, para probar sus aguas y bendecirlas, momento este a partir del cual le falto el agua, devolviendo en bastantes ocasiones la salud a los que de ella bebían. El hermoso campanario que hoy podemos ver en la iglesia que sobre aquella se construyó, hoy parroquia, fue construido por el franciscano Company, maestro de obras, siguiendo las típicas líneas de las torres valencianas del siglo XVII.
Nuestra Señora de la Misericordia de Campanar
En Campanar ya en 1507 sobre la pequeña capilla de la casa del Barón de Barcheta del siglo XIV se edificaba una amplia iglesia que se ponía bajo la advocación de Ntra. Sra. De la Misericordia, al crearse la nueva parroquia de Campanar, segregándole territorio a la de Santa Catalina.
La Puerta de Serranos
De las 12 puertas que se abrieron en la muralla de 1356, solo dos han llegado hasta nosotros, la de Serranos y la de Quart. De finales del siglo XIV datan nuestras Torres de Serranos, pues se terminaban en 1398, bellísima puerta gótica, con sus dos torreones que la defienden y por la que el primer Rey que entraría sería Martín el Humano en 1404. Esta torre presenta en su portal una pequeña e interesante campana fundida en 1662. El Portal de Quart es algo posterior, pues se comenzaba, segÚn reza una inscripción lemosina en caracteres góticos, el 22 de junio de 1444. En el Portal de Serranos hay colgada, en la parte que mira a la Ciudad, una pequeña campana, la “campana de la porta” de unos 47 cm. de boca y unos 60 kilos, con la primera estrofa del Ave María, fundida en 1662. Se encuentra suspendida, careciendo de truja. Al parecer segÚn Boix esta pequeña campana perteneció a la iglesia de San Antonio Abad y fue colocada allí en 1365, siglos después un casco de granada la rajaba en la Guerra de la Independencia y ya nunca volvió a sonar. Tal vez la que vemos hoy, de 1662 no sea más que una refundición de la anterior u otra diferente a aquella histórica campana. AÚn cuando no fuera más que por su antigüedad esta campana creo debería declararse BIC.
El Pouet de Sant Vicent
El 23 de Enero de 1350 nacía en la calle del Mar, nuestro Santo Patrono San Vicente Ferrer, cuando aÚn Valencia se encontraba celebrando la fiesta de su Patrono San Vicente Mártir. Y aquella casa, en la que este santo varón vivió con sus padres hasta 1367, año en el que tomaba el hábito dominico, nos ha llegado, modificada, hasta nosotros. Y de la que se conserva el pozo de la casa, en el que ya de niño realizó milagros. No se sabe como pasó la casa solariega de los Ferrer a otras manos, aunque sabemos que pasó al valenciano Antonio Martín cuyos descendientes lo vendieron a Francisco Castell y que éste en 1496 lo vendía a los dominicos. Estos erigieron en aquella casa un oratorio bajo la advocación de San Vicente Ferrer. En 1958 se vendía al gremio de boneteros, que comprando la casa contigua la dedicaron a su casa gremial, quedando al cuidado de la capilla el clero de San Esteban. En 1573 la adquiría la Ciudad junto a unas casas contiguas. En aquella casa un dominico oficiaba diariamente la misa y en ella se celebraba la Ciudad tres fiestas principales: la de San Vicente Mártir, en recuerdo del nacimiento de San Vicente Ferrer, la del día de la fiesta de San Vicente Ferrer y la de San Pedro y San Pablo, en memoria de su canonización. Su imagen, encargada por los boneteros, procede de un ciprés criado en aquella casa, que aÚn hay quien dice que fue plantado por el propio Vicente Ferrer. El agua de su casa, tomada por milagrosa, fue administrada a la población en la peste de 1854. El pozo está situado junto a un hermoso patio valenciano decorado con interesantes y hermosos azulejos que representan milagros del Santo, que comunica con la iglesia. A esta casa se la conoce como el “pouet de Sant Vicent” y en su espadaña se encuentra una interesante campana de 32 cm. de boca y unos 31 kilos que fue fundida en 1855.
Nuestra Señora de la Esperanza
A corta distancia de Valencia, en el camino de Burjassot se fundaba, por privilegio de Carlos I, en 1509 un convento de religiosas agustinas, con el título de Ntra. Sra. de la Esperanza, para lo cual se compraron una alquería y nueve hanegadas de tierra en la partida de Marchalenes. Se cuenta que en su fundación mucho tuvo que ver el Emperador. Cuando éste llegó a España, encontró en las periódicas visitas a Tordesilla, donde Doña Juana la Loca, su madre, residía a una hermosa y afable dama de ésta, Doña Catalina de Rebolledo y Velázquez de la que se enamoró y frutos de sus amores fueron su hija natural Juana de Austria, que con el tiempo casaría con Francisco I de Médicis. Cuando por razón de Estado las Cortes, reunidas en Toledo, acordaron el matrimonio de Carlos I con Isabel de Portugal, su amante se alejó para siempre de él y parece ser que fue mediante su mediación la obtención del privilegio fundacional. Doña Catalina tomó el hábito de religiosa de este convento y parece que en el fallecía por los años de 1540. No podemos dejar de recordar aquí el semejante origen de dos conventos que estuvieron tan próximos en el espacio, el de la Zaidía, fundado por Doña Teresa Gil de Vidaurre, amante de Jaime I y el de la Esperanza, fundado por la amante de Carlos I, ambas a su vez, ilustres damas. En el sitio de Valencia por el ejército francés en 1811 las religiosas tuvieron que refugiarse dentro de la Ciudad, haciéndolo en el convento de San Fulgencio, mientras que el suyo era reducido a escombros y quemado por el invasor y muy destrozada su iglesia, quedando inservible y abandonado. En 1836 decretada la reunión de los conventos de la misma Orden pasaron a Santa Tecla. A finales del siglo XIX solo algÚn vestigio del mismo en una alquería que ocupa en parte su solar, el nombre puesto a un molino próximo y a unos bizcochos amerengados que en esta zona se hacían, recordaban a las religiosas agustinas del Convento de la Esperanza.
El Convento de la Corona
En 1520, bajo el título de San José se fundaba en Beniferri un convento de padres agustinos que en 1538 se trasladaba a la Puerta de los Tintes, y que tras unos años vino a ser de monjas agustinas. En 1239 ya estaban establecidas en él las religiosas y ese año se colocaba en su iglesia la milagrosa imagen del Cristo del Rescate. De él se dice que bien los habitantes de Perpignan o bien los de Gerona, encargaron al valenciano Nicolás Tafio que mandase hacerse un gran crucifijo y que una vez cumplida su misión lo mandó por mar a su origen. La embarcación, apresada por corsarios argelinos fue derivada a Argel, donde después de escarnecer la imagen decidieron quemarla, pero una copiosa e inesperada lluvia apagó la hoguera, lo que fue visto por los hermanos Medina, mercaderes valencianos que estaban en Argel negociando el rescate de una hermana suya, que propusieron al corsario rescatar la imagen al precio de su peso en plata. Puesta en la balanza solo 30 reales bastaron para estabilizar el peso y dar por bueno el trato a pesar de la protesta de los argelinos. Rescatada su hermana y el Cristo, que de ahí le vino su nombre, se dispusieron echarse a la mar con rumbo a Valencia, pero fueron milagrosamente detenidos, y examinando entonces la imagen se dieron cuenta de que le faltaba el dedo meñique de la mano izquierda, que reclamado al corsario se les entregó, y tras ello volvieron felizmente a Valencia depositando la imagen en este Convento, en el que tenían capilla y sepultura los Medina. En él se veneraba también la imagen del niño perdido que gozo de gran fervor entre los valencianos. En 1562 pasaba su comunidad al convento de Santa Tecla, pues la proximidad del suyo a la mancebía, que caía a espaldas de su huerto no convenía a su recogimiento. Desalojado el convento lo adquiría un particular en 1563 para fundar en él uno de de recoletos franciscanos, dedicado a la Coronación del Señor, por lo que vino a conocerse el convento como el de la Corona, dando este nombre también a la Puerta y calle de los Tintes próximos a él, manteniendo hasta la actualidad este nombre la calle en la que se abría. De este convento, que fue de los suprimidos, el informe sobre su posterior destino decía “Edificio bastante capaz con buena ventilación y apartado del bullicio de la Ciudad”. Tras la desamortización se derribo en parte para separarlo de la muralla, en la que se apoyaba, se le quitó parte de las capillas de su iglesia, la portería, un lienzo del claustro y otras dependencias, quedando su huerto totalmente abierto.
En 1841 era cedido, este Convento de la Corona, para casa de Beneficencia, para lo que tuvieron que realizarse grandes reformas. En 1877 el arquitecto Joaquín Mª Belda realizaba el edificio actual, con su iglesia central, situada entre sus patios. Era preciosa su decoración cerámica hoy reemplazada por otra moderna. Hoy está convertido en el Centro Cultural de la Beneficencia, en el que está englobado el Museo de Prehistoria, el Museo Etnológico, salas de de exposición y como Salón de Actos su magnífica capilla neorrománica bizantina, con su fachada flanqueada por dos torres campanarios. En ellas hay cuatro campanas, dos en cada torre: “La María” (A) y “Ntra. Sra. del Loreto”, que son dos campanas interesantes, la primera sin fecha de fundición, la segunda, pequeña de unos 11 kilos fue fundida en 1885, y la “San Nicolás”, cuya epigrafía hace referencia a San Nicolás y San Raimundo y la “San Vicente Ferrer”, cuya epigrafía nos dice su probable procedencia, el antiguo convento de Algemesí. Estas dos Últimas campanas, preparadas para el toque manual, aunque no se tocan, son del siglo XVIII, la “San Nicolás” de 1793 y la San Vicente Ferrer” de 1739. Ambas deben ser catalogadas como BIC.

Paisaje de campanarios

Cuatro eran las parroquias cuyo territorio lindaba o sobrepasaba la margen del río: Santa Catalina, que extendía su territorio hasta Campanar, San Esteban y El Salvador que llegaba hasta el mar y San Valero, que por la otra margen del río, también llegaba hasta el mar, y hasta la Albufera. Pronto en todas ellas y en nuestra Catedral veríamos alzarse campanarios que albergaran sus campanas, pero no serían los esbeltos campanarios que vemos en la actualidad, sino otros mucho menos esbeltos, algunos situados en el mismo lugar en que los vemos actualmente, como el tosco y antiguo de El Salvador, otros, de nueva planta, cambiarían al reedificarse su primera situación. Tal vez muchos de ellos no fueran más que minaretes reconvertidos. AÚn siendo muchas las iglesias que nos quedan de las que fueran nuestras antiguas parroquias, y pocos los conventos, y aÚn cuando sabemos que sus primitivas campanas, junto a otras nuevas, vinieron a engrosar el nÚmero en sus nuevos campanarios en muchos casos, pocas son las campanas que nos han llegado de aquellos primeros siglos de la conquista: XIII, XIV, XV e incluso del XVI, es decir de nuestras campanas góticas.

Cuando vemos las láminas del Corpus de Fray Bernardo Tarín Juaneda, conocidas como “Álbum del Corpus de 1800...”, que fueron editadas por el Ayuntamiento de Valencia hace unos años, podemos ver como era la Procesión General de esta festividad a finales del S. XVIII y principios del XIX. En ellas desfilaban todas las parroquias de la Ciudad y lo hacían por orden de prelación, diferentes órdenes civiles y religiosas, así como numerosos gremios con sus patronos y sus banderas. A través de él podemos recordar de nuevo aquellas parroquias fundadas en los primeros años tras la conquista y darnos cuenta de la poquísima variación que habían sufrido en su nÚmero, pues allí están reflejadas todas las primitivas parroquias menos la de San Pedro y la antigua de San Miguel, sustituida por la más moderna de San Miguel y San Dionisio. El orden de prelación viene establecido, tanto en ellas como en las órdenes religiosas, por su proximidad a la Custodia, o lo que es lo mismo en sentido inverso a su orden de salida, que es: 1 San Martín. 2. San Andrés, 3. Santa Catalina. 4. Santos Juanes. 5. Santo Tomás. 6. San Esteban. 7. San Nicolás. 8. El Salvador. 9. San Lorenzo. 10. San Bartolomé. 11. Santa Cruz. 12. San Valero y 13. Clero parroquial de San Miguel. Muy próximos a la custodia desfilaban los Hospitalarios de San Juan. En cuanto a las órdenes religiosas nos encontramos en Último lugar con los Dominicos, precedidos sucesivamente por los Franciscanos, Carmelitas, Agustinos, Mercedarios y Trinitarios y por delante de ellos los Mínimos y Capuchinos.

Es lógico pensar que fuera en estas parroquias, o las iglesias a las que fueran trasladadas posteriormente, junto con la Catedral y aquellos antiguos conventos y alguna que otra institución fundada como tarde a mitad del S. XVI, donde comenzáramos la bÚsqueda de nuestras más antiguas campanas, y en esta bÚsqueda lo primero que nos encontramos es que algunas de aquellas nuestras antiguas parroquias y conventos que nos vienen reflejados aÚn en el Álbum del Corpus, hoy ya han desaparecido, siendo trasladada su feligresía a otras iglesias, algunas de ellas Únicos restos de antiguos conventos. Así, la iglesia parroquial de la Santa Cruz, era derribada por amenazar ruina hacia 1842, siendo trasladada su feligresía a la iglesia del Exconvento del Carmen en ese año. La Colegiata de San Bartolomé, tras su devastación en la Guerra Civil tuvo que ser derribada, por el mismo motivo, en 1940 pasando a crearse la nueva parroquia de San Bartolomé en el ensanche de Valencia. Lo Único que nos queda de lo que fuera la iglesia de los rabatines es su esbelta torre campanario, desmochada por ruina. La parroquia de San Miguel, la Última de las que podemos llamar parroquias históricas de Valencia, era derribada en pleno siglo XX pasando su parroquial al ensanche de Quart, a la Iglesia de San Miguel y San Sebastián. Y Santo Tomas pasaba su feligresía a la suprimida casa de la Congregación del oratorio de San Felipe Neri, situada en el límite de su distrito parroquial, el 1 de enero de 1837, sirviendo la antigua iglesia como almacén hasta que fue derribada en el siglo XIX. Por otra parte San Lorenzo, se mantenía como iglesia, pero perdía su parroquialidad, pasando esta a la Iglesia del expropiado convento dominicano del Pilar en 1902 recibiendo el nombre de Iglesia del Pilar y San Lorenzo. Aquel convento tras servir de cuartel tras la desamortización terminó siendo derribado. Lo mismo pasaba con la parroquial de Santa Catalina que pasaba a la iglesia del Exconvento de San Agustín, también actualmente desaparecido, con la del Salvador que era trasladada al otro lado del río a la iglesia de Santa Mónica y con la de San Andrés, que perdía no solo su parroquialidad sino también su nombre, convirtiéndose en la Iglesia de San Juan de la Cruz, mientras su parroquia pasabas a una moderna iglesia de la calle Colón.

A la vez que hace escasamente dos siglos, tras seis de permanencia con escasas variaciones, se reestructuraban los distritos parroquiales, aÚn cuando la gran reestructuración no llegaría hasta 1902, las campanas pasaban de sus antiguas parroquias a las de su nueva ubicación. Hubiera sido fácil seguirles la pista, sino hubiera sido por la guerra de la Independencia primero, la desamortización y los conflictos revolucionarios del s. XIX después y sobre todo la Guerra Civil, que dio al traste con muchas de nuestras antiguas campanas, lo que sumado a las roturas y refundiciones sufridas a lo largo del tiempo y a las vendidas como chatarra nos explica como a pesar de que existieran en Valencia numerosos campanarios con sus juegos de campanas, no son demasiadas las campanas históricas que han llegado hasta nosotros y escasas las góticas.

La cantidad de campanarios que existían en Valencia en la edad moderna debía ser importante, bastando para darnos cuenta de ello, recoger las palabras de Ponz, que diría de nuestra Ciudad que en ella “casi todas las iglesias tienen altísimos campanarios” y que “ ningÚn reino de España tiene tantos ni tan encumbrados campanarios como Valencia”, aun cuando los más, segÚn él, son de mala arquitectura, no gustándole el efecto que desde lejos hacen tantas torres plantadas de trecho en trecho a poca distancia, relegándolas a tierras de moros, por ser, segÚn él, de donde se supone que vino su uso. Tantos y tan esbeltos debieron ser los campanarios de Valencia. A pesar de la cantidad y esbeltez de nuestros campanarios, muchos de los cuales aÚn se alzan al cielo en nuestra tierra, pocos son los que llegan a ser piezas de gran valor arquitectónico y sobrada belleza artísticas. Dos son los que por si solos son capaces de representar a nuestra Ciudad, el Miguelete o torre campanario de la Catedral, gótico, y Santa Catalina, barroco, ambos pertenecientes a iglesias de origen medieval. Y de ellos tan solo el Miguelete puede contarse entre los más altos de España.

Las numerosas mezquitas que existían en Valencia al tiempo de la conquista debían tener, en su mayoría, al menos un minarete, pues esta pieza arquitectónica y la presencia del Mihrab mirando a la Meca son, junto con la existencia de una fuente, lo Único reglamentado en la construcción religiosa mahometana. Sin embargo, no parece que tengan mucho que ver aquellos minaretes que debieron existir en nuestras mezquitas con nuestras torres campanarios, salvo que tal vez fueran utilizados, tras bendecir la mezquita, como campanario o que algunos de estos Últimos estuviesen hechos sobre la base de aquellos, pues la mayor parte de nuestras torres campanarios son posteriores a la conquista y de nueva planta. Tampoco sería demasiado el tiempo que mantuvieran su estructura las mezquitas, pues estas serían pronto sustituidas por templos góticos, el estilo predominante de la época, en el mismo lugar que aquellas ocuparan o en su vecindad y aquellos primitivos templos, por lo general pequeños, serían ampliados y modificados con el transcurso del tiempo y aÚn cuando les queda en su estructura elementos de aquel estilo, el recubrimiento que sufrieron posteriormente de neoclásico y barroco los hace difícilmente reconocibles. La Catedral o Santa Catalina que hoy se nos presentan como iglesias góticas durante tiempo mantuvieron recubiertas sus ojivas bajo la escayola. La iglesia de los Santos Juanes o San Agustín mantienen también este estilo. El espléndido techo pintado de San Nicolás, mantuvo siempre al descubierto sus arcos ojivales.

San Martín Obispo
La iglesia parroquial de San Martín al tiempo de la conquista era una de las mezquitas que se bendijeron y de tan singular belleza, dicen que la más bonita de Valencia, que el propio Conquistador diría de ella: no la tiréis pero la haremos cristiana. En 1382, prácticamente 150 años tras la conquista se levantaba la iglesia sobre la mezquita del siglo XII. Posteriormente sería renovada y ampliada, quedando terminada su renovación en 1755 inaugurándose con grandes demostraciones de alegría con ocasión del tercer centenario de la Canonización de San Vicente Ferrer, santo que predicó en esta iglesia, como nos lo cuenta una lápida negra que en ella se colocó en el cuarto centenario de la canonización del Santo. El Rey D. Martín dio grandes privilegios a esta iglesia en la que fundó la cofradía de la Minerva y a la que dio la presidencia ante las demás parroquias en las funciones generales y particulares. Su antiguo campanario no estaba en el lugar que el actual, sino a la parte opuesta, sobre la actual capilla de San Antonio Abad. Su actual campanario que data del siglo XVII, de planta cuadrada, todo de piedra de sillería, terminaba con una linterna sobre su terraza, rematada por una cÚpula de tejas azules y blancas coronada por una pequeña veleta, que se inclino y se abrieron grietas, por lo que se desmochó por ruina hacia 1860. Este remate era muy parecido al de los Santos Juanes. Seis eran sus campanas: “María” dedicada a la Virgen María, “Miguel”, al arcángel San Miguel”, “Francisco de Asís”, por estar cerca de los franciscanos, “Mena” a San Mena Mártir” que en su iglesia se veneraba, “Antonio Abad”, cotitular de la iglesia y “San Martín”, por el titular de la iglesia y el rey D. Martín que tanto benefició a ésta iglesia. De las seis campanas que tiene actualmente esta iglesia solo una la María, la más pequeña de todas ellas, de 12 Kg. de peso y 28 cm. de boca es una campana histórica del siglo XVII, fundida en 1779, sin especial valor y tal vez la Única que se conservó de las de antes de la guerra. Es la campana de la espadaña del templo, no tiene uso y su epigrafía está dedicada a la Virgen María. Las otras cinco son la “San José” y las cuatro de la torre campanario: la “María Madre de la Iglesia”, preparada para el toque manual, la “María de la Esperanza”, campana interesante, la “San Miguel” y la “San Martín”, la más grande, todas ellas posteriores a la Guerra Civil, pues las campanas de este campanario desaparecían en ella. Dos son las que habitualmente se tocan, una de ellas la San Martín. Todos los domingos las oímos tañer anunciando la misa de 12, como voltean de alegría a la salida de San Vicente Ferrer del Mocadoret, en la fiesta de este altar que tiene en esta iglesia sus actos religiosos, para reverenciar a la Virgen de los Desamparados y a la Custodia a su paso por la calle San Vicente Mártir cuando en sus procesiones generales pasan por su puerta para dirigirse a la Catedral.
San Andrés Apóstol
La Real Iglesia Parroquial de San Andrés Apóstol se construyó sobre una antigua mezquita que existía vecina a uno de los Palacios árabes de Valencia, en el lugar que hoy ocupa, dándole el título de San Andrés a petición de la Reina y en recuerdo de su padre que así se llamaba, Cruilles, recordando a Escolano, dice que “ en la forma que dejaron este templo los primeros pobladores se conservó, hasta que poco satisfechos los modernos de las obras antiguas, le derribaron hasta los cimientos, levantándole de planta hacia los años 1610". Desde una casa vecina a la puerta principal de esta iglesia, San Vicente Ferrer, el día 1 de febrero de 1389 publicaba el laudo y sentencia arbitral sobre los derechos de enterramiento, en el conflicto que por ello mantenían los Cleros y las Comunidades. Fue la parroquia del barrio de pescadores, siendo estos los que costearon la capilla de la comunión de esta iglesia, en la que se conservaba la campana denominada “Jaime” de fundición coetánea a la conquista y la imagen de Nuestra Señora de las Victorias, colocada en ella por el Rey Conquistador. Los dos primeros cuerpos de su campanario son de tradición tardorománica y góticos, mientras que su cuerpo de campanas, la terraza y su parte superior datan del siglo XVII. Antes de 1936 su sala de campanas albergaba seis campanas llamadas: “Fernando”, “Jaime”, “Bárbara”, “María” y “Andrés” y su famosa campana grande “Pedro”. La veleta de su campanario era de las grandes y bonitas de la Ciudad y estaba constituida por l proa de un gran barco que hacía alusión al oficio de pescador de su Santo titular. Tras la Guerra Civil su torre campanario perdió sus campanas, que no han sido repuestas, teniendo tan solo una pequeña campana en la espadaña de la cabecera del templo para toque manual que no se toca, “Sant Josep” y que data de 1953. Su parroquialidad fue trasladada a la nueva iglesia de San Andrés, en la calle Colón. Esta nueva parroquia tiene dos pequeñas campanas “San Andrés apóstol” y “San Ricardo”, ambas de 1947. La antigua iglesia parroquial de San Andrés recibe hoy el nombre de Iglesia de San Juan de la Cruz.
Santa Catalina
Santa Catalina es otra de las iglesias parroquiales de la reconquista cuyo origen fue una mezquita consagrada. Cruilles nos dice que: “a la par de San Martín, mandó el Rey Conquistador habilitar otra (mezquita) que se llamó de Santa Catalina, nombre de una infanta de la Corona de Aragón y se cuenta de esta iglesia que fue la primera que se acabó de labrar, aunque no había sido la primera en habilitarse”. De 1238 al 1300 se aprovechó la primitiva edificación (mezquita), hasta que en esta fecha el gremio de tapineros decidía ampliarla, reedificándose en estilo gótico y con girola, la Única junto a la Catedral que la tiene en Valencia. Por aquel entonces ya estaba constituido el gremio de plateros, que lo hizo en el 1283, y vinieron a depender de esta parroquia. Un grave incendio sufrido en el siglo XVI terminó con su archivo y con él con parte de la historia de la reconquista. Se piensa que sería en este siglo también cuando llegaba a Santa Catalina la imagen del Cristo de la Corona, segÚn se cuenta donada en custodia por un extranjero hasta su regreso, que nunca se produjo, a cuyo alrededor su fundó una cofradía de su nombre. Esta importante parroquia cuyo territorio llegaba hasta Campanar hasta 1507 en que se le segregó parte de su territorio limitándolo hasta el Portal Nou, situado enfrente del puente de San José, y que daba nombre al torreón de Santa Caterina, vio derribar su antiguo y pequeño campanario, situado a los pies de la iglesia, en 1742, aÚn cuando unos 50 años antes, en 1688 ya se comenzaba la construcción de su nueva y esplendida torre barroca, que vemos en la actualidad. Muchas fueron las dificultades que acompañaron a esta construcción tan emblemática que duro unos 17 años. El lugar proyectado para la magna obra era estrecho por lo que para evitar mayor estrechez, pues sobresalía en la calle, los jurados de Valencia hicieron cercenar la obra, en su base, hasta 15 palmos de altura, en el lado que miraba a la antigua calle de los sombrereros, lo que podemos apreciar todavía hoy. Por otra parte el constructor no dejo hueco para la escalera interior que debía conducir a la sala de campanas, por lo que ésta quedó inaccesible, ocasionando aquello un pleito de este con la parroquia, que terminó dándole la razón al constructor, Onofre Esquerdo, por no estar estipulada la construcción de la escalera en el contrato, teniendo la parroquia que costear los gastos de una escalera, que en parte se hizo fuera del campanario. Por Último, el dueño de los terrenos sobre la que se cimentaba la torre pretendió cobrar quindenios por ello. Junto a esta iglesia estuvo situado el tribunal del Almotacén, en lo que hoy es la capilla de Nuestra Señora de la Paz. A la izquierda de la puerta de la Tapinería hay incrustado un pozo en la pared de la iglesia que la tradición dice pertenecía a la casa natalicia de San Lorenzo (recordemos que hay quien ha atribuido a Valencia el lugar de nacimiento de este Santo) y que se abría en el día de su fiesta el 10 de agosto para que sus devotos pudieran tomas agua de él. Terminado de construir el nuevo campanario de Santa Catalina, en el se colocaban ocho campanas, dos procedían de su antiguo campanario, las otras fueron encargadas a Londres.
El padre Corbín recoge del gremio de campaneros el largo transporte de las nuevas campanas desde Londres al Grao de Valencia y su posterior transporte en galeras engalanadas y tiradas por mulos hasta la torre y su primer volteo admirando su calidad y sonido, celebrándose fiesta de gracia por ellas, siendo bendecidas el 22 de noviembre de 1729. Para aquella fiesta Fray Bartolomé Cases predicó un sermón, que fue impreso, con el título “Campanas sin vida, campanas con alma” en alusión a haber sido sacadas de las que el Cisma de Inglaterra había dejado sin uso. Como también recoge el origen de la campana Eloy, regalada muy posteriormente por el gremio de plateros en 1876, del que San Eloy es su patrono y nos cuenta que dicha campana llevaba en su composición la mayor cantidad de plata posible, para que no se quebrara. El juego original de campanas quedaba así establecido, por las siguientes campanas: “Pedro”, “Eloy” el Patrón de los Plateros, “Margarita” la Reina de Escocia, “Bárbara” los rayos y centellas, “María” la Virgen, también llamada la Bella, “ Antonio” por la Cofradía de San Antonio Abad, Patrón de los Encantes, “Pablo” y “Caterina”su titular, esta Última la mayor, se encontraba enfrentada a la calle de la Paz, en el ventanal que ocupó el reloj, posterior a la fabricación del campanario y hoy, con la rehabilitación del mismo, desaparecido.
Con la reestructuración de las parroquias en 1902, la de Santa Catalina fue suprimida y trasladada su feligresía a la iglesia del Exconvento de San Agustín, por lo que parte de ellas fueron llevadas a esta iglesia, quedando tres en Santa Catalina, seguramente las de menor tamaño. De todas las campanas la mayor era la “Caterina” o “Charra”, que fue de las campanas trasladadas y refundida para hacer las tiples, después perdidas en 1936. Tras finalizar la Guerra Civil, dos de las campanas que quedaron en Santa Catalina “La Margarita” y “El Peret” fueron trasladadas a San Martín, que había perdido las suyas y que posteriormente las refundió en dos nuevas, la tercera de ellas, “La Eloy” era regalada al Cabildo Catedral que la colocaba en el Miguelete, donde está, pero separada de las de la Sala de Campanas, y que muy pronto rehabilitado este precioso campanario, se devolverá a él. Vemos pues cual fue el triste destino de las campanas de Santa Catalina, dos de ellas, muy antiguas y procedentes de su viejo campanario. Cuando tras el incendio sufrido por la Guerra Civil, se dejó al descubierto parte de su estructura gótica, recubierta por escayola dándole un especto neoclásico, se procedió a la rehabilitación del templo y se recuperó su estructura primitiva, a la vez que la Hermandad de Sacerdotes Operarios, que se hicieron cargo del templo, hacían fundir una pequeña campana en 1950, la “María Asunta” que tras ser bendecida se colocaba en la torre y que es la Única que hoy podemos ver en ella. Su veleta está constituida por una larga espada, la rueda con puntas afiladas, una corona y dos palmas, siendo la punta de la espada la que señala los vientos.
Santos Juanes
Ferrer de San Martín, obispo electo de Valencia nos dice que en el año 1240 existía una mezquita en la calle de San Juan de la Boatella, que debió ser la que dio origen a la Iglesia de los Santos Juanes, aunque otros autores posteriores la hacen derivar de una ermita, anterior a esa fecha, levantada fuera de muros, a vista del mercado y dedicada a los dos Santos Juanes, San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Fuere cual fuere su origen, ermita o mezquita, es esta una de nuestras antiguas parroquias de la reconquista que llegó a ser de las más importantes de Valencia. Su ubicación primitiva no estaba exactamente donde se encuentra el actual templo, ni este era tan grande, pues se encontraba situado en lo que fueron terrenos de su cementerio, en la plaza que se encuentra delante de su entrada principal, a los pies de la iglesia, pero un voraz incendió la destruyó en 1311 pasando a reedificarse en el lugar que ocupa actualmente. De nuevo la iglesia se quemaba en 1362 y en 1603, siendo tras este accidente cuando se reedificó la iglesia, haciéndolo suntuosamente, quedando como una de las más grandes de Valencia. La primera piedra de la nueva obra era colocada por el Patriarca San Juan de Ribera, quien predicó en la fiesta de terminación de la obra en 1608. Hacia el año 1700 pintaba la bóveda de su gran nave y de su capilla mayor Palomino, nada queda de ella después de los siete incendios consecutivos sufridos durante la Guerra Civil, en la que estuvo ardiendo esta iglesia durante tres días, con su párroco asesinado en su interior, como me contaba su actual párroco. Nos podemos hacer una fiel idea de lo que fue aquella cÚpula de Palomino leyendo la descripción que de ella nos dejo Cruilles, que dice. “Es uno de los más bellos frescos y una composición bastísima y acaso la mayor que se ve en España, incluso el Escorial. El autor dejo en ella gran memoria de sí”. En ella San Vicente Ferrer ocupaba un lugar distinguido, representado con alas, en actitud de volar, simbolizando al ángel de la Apocalipsis. Y aquella magnífica obra, considerada como la mejor de España, y la segunda del mundo, tras la Capilla Sixtina, es hoy difícilmente, casi imposible, recuperarla.
Benedicto XIII, el Papa Luna, que fue paborde y canónigo de Valencia, bendecía su cementerio en 1396, creyéndose que a aquel acto acudiera San Vicente Ferrer, como también se cree que fueran varias las veces que este Santo celebrase misa y predicase en esta iglesia conociéndose que en 1410 el primer sermón que San Vicente Ferrer predicó en esta Capital lo hacía en esta iglesia en la fiesta de su titular San Juan Bautista. Los arcos situados en las paredes de la iglesia, que aÚn hoy podemos ver, son los de las capillas, al aire libre, que se habilitaron el año de la peste de 1647, para poder celebrar misas en ella sin exponerse al mayor contagio que podía producirse en un recinto cerrado, como era el interior de la Iglesia. Esta iglesia tiene dos campanarios, y los dos son relativamente recientes, nada sabemos del antiguo. La sólida torre campanario, de planta cuadrada y de estilo renacentista data de finales del siglo XVII y es muy parecido al del Carmen, conteniendo en su interior una escalera de caracol que conduce a la sala de campanas, que se vino abajo durante el incendio de 1936, teniendo que rehacerse de nuevo. Poseía un interesante juego de 7 campanas, aÚn cuando Folch lo limitaba a seis, pues le faltaba “El Rafelet”, que eran: “ El Rafelet”, “El Chuanet”, San Juan Evangelista, “El Roc”, el protector de la peste y la “La María”, las cuatro menores y “El Pere”, la que repica a la gorda, “El Joanot”, San Juan Bautista, y el “ El San Antonio”, llamada popularmente “El Borrego”, las tres mayores, siendo “El Borrego”, la mayor de todas de 1738, con un peso de unos 1801 Kg. De aquellas campanas, del juego original primitivo de este campanario, se sabe que el 26 de agosto de 1862 se bendecían en la Iglesia de los Santos Juanes, dos campanas que se hicieron nuevas de las otras dos que se habían inutilizado. Las campanas recibieron los nombres de de “Pedro Luis”, la que estaba en la torre, en el ángulo que daba frente al molino de Na Rovella, de 32 arrobas de peso y “Roque y Vicente”, la segunda siguiente colocada en el interior. Las subieron a la torre por la mañana, concluyendo la subida a las tres de la tarde, siendo los padrinos el Conde de Parcent, y por ausencia de estos su apoderado D. Basilio Giner y su esposa. Este magnífico juego de campanas se perdía en la Guerra Civil, a excepción de “El Borrego”, magnífica campana de asas antropomórficas y truja pintada, de sonido gravísimo espectacular, preparada para el toque manual, y en cuya epigrafía puede leerse: “ Gaspar Miralles mirum nomen quando anno 1647. Fabrique me donavit adeptus est anno tamen 1681 voci robur addidit mea clara parvecia, 1736 augmentum et 1738 prestantiorem vocem”, es una campana que debe declararse BIC.
El resto de campanas que hoy podemos ver en su campanario llevan como fecha de fundición el año de 1942, aunque se reponían el 25 de octubre de 1963, festividad de Cristo Rey y se inauguraban con un volteo mecanizado, devolviéndoles a cada una de ellas los nombres primitivos de su juego original: El tiple, “El Rafelet”, la más pequeña de unos 86 kilos de peso, el segundo tiple, “El Joanet”, de unos 118 Kg., el Tiple grande “El Roc” de unos 254 kilos, “La María” de unos 355, “El Pere”, la tercera y la mediana “El Joanot” de unos 1000, todas con toque mecanizado y fundidas para la parroquia de los Santos Juanes, siendo todas campanas interesantes. “El Joanet” esta dedicada a San Juan Evangelista y es una campana interesante, con un sonido muy vivo. “El Roc”, esta dedicada a San Roque y San Vicente Mártir, “La María” esta dedicada a María Inmaculada, “El Pere” a San Pedro y “El Joanot” lleva grabado el escudo de España y esta alude al Doncel Luis Felipe García Sanchiz muerto gloriosamente por Dios y por España en el crucero Balear el día 6 de Marzo de 1938, como reza su epigrafía, siendo una campana de buena voz.
Cruilles recoge de Galluz la colocación de la campana grande de esta iglesia diciendo que se bendecía el uno de mayo de 1681, poniéndole por nombre Juan Bautista Antonio y que al subirla, estando para entrar en su lugar faltó el torno y vino al suelo sin romperse, por lo que volvieron a subirla “in continenti”. Sigue diciendo que pesa 38 quintales y que las otras cuatro campanas se habían hecho en 1680. Habla pues de cinco campanas en lugar de siete, que son las que componían el juego original, tal vez porque las otras dos procedían del antiguo campanario. Si la mayor correspondía a “El Borrego”, debía de ser una fundición anterior, pues la campana actual es la fundida en 1738. Como hemos visto también las antiguas campanas de esta iglesia desaparecían, todas menos una, con la Guerra Civil, incluidas las más antiguas procedentes de su antiguo campanario. La otra torre campanario que tiene esta iglesia es más reducida y se levanta sobre el centro de la fachada que da a la plaza del mercado, es un artístico edículo triangular terminado en pináculo sobre el que descansa la veleta, un águila con tintero y pluma, símbolo de San Juan, sobre una bola, que se conoce como el “pardalot de San Juan”. Es esta la torre del reloj, en el que esta colocado éste y que alberga la campana de las horas, la actual de 1996, que toca las horas sin repetirse y la media.
Santo Tomás Apóstol
En la esquina que forman la calle de Avellanas, con la de Cabillers existió una de nuestras más antiguas parroquias, que ya era iglesia en 1239, la de Santo Tomás Apóstol. Uno de los siete cofrades de San Jaime, Pedro de Prades, fundaba en ella en 1278 un beneficio con la invocación de Santa Ana que lo tuvo San Vicente Ferrer desde 1361 a 1367, dejándolo y pasándolo a su hermano Bonifacio cuando ingresó en la Orden Dominicana. En su memoria en aquella iglesia había una capilla dedicada al Santo en el que este estaba representado vistiendo hábitos doctorales. En 1837 pasaba el culto al oratorio de San Felipe Neri, situado en su límite parroquial, sirviendo durante años esta iglesia como almacén, hasta que era derribada en la segunda mitad del siglo XIX. Con el paso de la parroquia debieron pasar también sus antiguas campanas. Su campanario de base cuadrada, derribado en 1856, era de los más bajos y feos de la Ciudad y en su sala de campanas tres eran las campanas que contenía, “Vicente”, dedicada a San Vicente Ferrer, beneficiario de esta parroquia, “María”, dedicada a la Madre de Dios y “Tomás Apóstol”, el titular de la Iglesia.
En 1645 los padres de la Congregación de San Felipe Neri compraban unas casas y un corral, que primero había sido trinquete y más tarde corral de comedias situadas cerca de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Seo, Hospital de Pobres Sacerdotes, a fin de realizar allí su fundación, la primitiva y matriz de todas las de España de esta orden, y en ella fundaron iglesia y casa contigua. En 1725 se comenzaba la magnifica iglesia que hoy es parroquia de Santo Tomás y San Felipe Neri, por resultar la primitiva pequeña, siendo diseñada por el Padre Tosca, sacerdote de esta institución que vivió en aquella casa y que tenía un mirador que se cree sirvió de observatorio para sus estudios astronómicos. Cuando se suprimió la casa de los padres de la Congregación, mientras la iglesia pasaba a ser parroquial, la casa se destinaba a cuartel y academia hasta 1854 en que se desalojó, se hacían pedazos las bellas columnas de su claustro y se arrojaban al mar para relleno de la prolongación del muelle de Levante del puerto, desaparecía la bella cÚpula de su escalera y el famoso mirador. A la iglesia se la dotó de un hermoso campanario que en su segundo cuerpo presenta un reloj de sol, de azulejos, proyecto también del Padre Tosca, antes de morir en 1723, en cuya parte superior puede leerse el año de 1732. Solo tenía una campana antes de ser parroquia, la “Felipa” o viuda, que hacía alusión a su fundador San Felipe Neri.
Seis eran las campanas que hasta hace poco estaban en esta torre campanario, actualmente hay cinco. La más pequeña, de un peso aproximado de 64 Kg. Era la “Sant Antoni”, una campana interesante que podía datarse en los años 1920, que mantenía su instalación original, pero que no podía voltear a causa de unos tirantes de hierro que atraviesan y refuerzan el campanario y que procedía del servicio de recuperación de después de la guerra, que desapareció en el verano de 1996. La “tiple”, fundida en 1663, lleva también en su epigrafía, dedicada a la grandeza del Nuestro Señor, la fecha de 1940. No puede voltear por la misma causa que la anterior y como ella mantiene su instalación original. Es una campana que debía incluirse en la catalogación de Bien de interés Cultural (BIC). “La María”, de 1940 es una campana interesante, como las demás de este campanario, y en su epigrafía nos aclamamos a San Vicente Ferrer y a la Virgen María. La campana “JesÚs, María y José” es una campana de finales del siglo XVII, en cuya epigrafía, en la que pedimos la protección de sus titulares, lleva las fechas de 1692 y 1697, pensando que es esta Última la de su fundición. Se trata de una campana de unos 381 Kg., cuya instalación ha sido sustituida y de la que debería incoarse expediente para incluirla en el inventario General de Bienes Muebles. La “San Felipe Neri” es una campana interesante de 1940, lo mismo que la “Santo Tomás”, esta Última la más grande, con un peso aproximado de 951 Kg. Las campanas de la sala de campanas de esta torre voltean en la procesión general de San Vicente Ferrer, cuando su reliquia pasa por la calle de la Paz primero y por su puerta después. La fachada de la iglesia esta situada donde estuvo la puerta árabe de la Sherea y entre los restos de ésta se encontró en 1727 una lápida que nos decía que en aquel punto estuvo el templo de Amón. Una segunda lápida hallada en este lugar era un fragmento de itinerario romano de las que solían ponerse a las puertas de las ciudades que eran colonias.
San Esteban
Una antiquísima mezquita, ya presente en la Conquista de Valencia por el Cid, fue la que dio lugar a la Iglesia de San Esteban, y aÚn en sus inmediaciones, en época romana debió existir un templo dedicado a Hércules. El Cid la consagraría y dedicaría a Ntra. Sra. de las Virtudes y de ella se dice que sería en ella donde casó a sus hijas con los infantes de Carrión, donde acudía el Cid a diario a oír misa y donde fueron depositados sus restos después de su muerte. Sería pues su primer lugar de enterramiento y en él se mantendría hasta que partirían con su mujer, camino de Burgos. Se encontraba muy próxima al Palacio que ocupó el Cid, vecino a la puerta de la Trinidad. Tras la nueva caída de Valencia en manos musulmanas, esta iglesia sería de nuevo mezquita y nuevamente consagrada tras la conquista de Jaime I bajo la advocación del joven Mártir San Esteban. La primitiva área de esta iglesia es desconocida, pero su inclusión dentro del perímetro romano le supone gran antigüedad. Su nave está bajo tres bóvedas subterráneas que sirvieron de sepulturas, aunque pudieron ser aljibes. Sus arcos góticos, que recubiertos de escayola la convirtieron en una magnífica iglesia barroca, y su pila bautismal nos indican la antigüedad de su origen. En esta antiquísima pila bautismal recibieron las aguas del bautismo entre otros el beato Nicolás Factor, San Vicente Ferrer y su hermano Bonifacio, San Luis Bertrán, y Luis Crespi de Borja, fundador de la Congregación de San Felipe Neri entre otros muchísimos ilustres valencianos.
A los pies de la iglesia está la capilla del baptisterio o de la pila bautismal, cuya propiedad y patronato corresponde al Ilustre y Noble Colegio Notarial de Valencia, que antes se encontraba situada en el arco que hoy ocupa la puerta principal y que fue trasladada a su lugar actual en 1682. La administración de la pila Bautismal de San Vicente Ferrer se fundaba por el dominico Fray Domingo Anadón y el notario José Benito de Medina en 1604 y se encargaba a 12 notarios auxiliados por 12 oficiales de los gremios más distinguidos de Valencia, pero separados los gremios en 1610 se quedaron con ella los notarios. Es esta la iglesia parroquial que de forma más especial honra la memoria de nuestro Santo Patrono San Vicente Ferrer. En ella se celebra todos los años la ceremonia del bautizo, en recuerdo del Santo, el 22 de enero día de San Vicente Mártir, en lugar del 23, presidido por el bulto de la Comare, se colocan todos los bultos, que el resto del año se guardan en el Colegio Notarial, los día de la Fiesta de San Vicente Ferrer y por ella pasa su Procesión General. También íntimamente ligado a ella se encuentra el Altar de San Vicente Ferrer de la Pila Bautismal, uno de los más antiguos. Son los bultos de San Vicente, figuras de tamaño natural y armazón de madera que representan a los personajes que intervinieron en el Bautizo del Santo. Su origen es muy antiguo pues ya quedaban reflejados en el manuscrito de las fiestas celebradas en Valencia con motivo de la boda de Felipe III en esta ciudad en 1599 en el que se relata que para aquella ocasión se colocaron en la Plaza de Santo Domingo. Al parecer todos eran 24 y entre ellos podemos ver al párroco que lo bautizó, y al que le debió su nombre, Perot de Pertusa, el Jurat en cap, y dos jurados más, la madrina, el padre, el sacristán, el virrey y la virreina, la comare con el niño.... todos ellos con su nombre puesto y respondían a una forma más de los valencianos de solemnizar la fiesta y la figura de su eminente Patrono.
Es el campanario de San Esteban, de planta cuadrada, uno de los que conserva un origen más antiguo, encontrándose situado en el mismo lugar donde se construyó, datando su primer cuerpo del siglo XV o XVI, mientras el superior, al que se le dio una terminación propia de la época es del siglo XVIII. Se trata de un campanario de piedra, gótico, con ventanas tapadas, parte superior de ladrillo y con una escalera de caracol que da acceso a su sala de campanas, con cuatro huecos para ellas, en la que aÚn se conservan algunos elementos antiguos. Su veleta representa a San Vicente Ferrer. Cinco campanas, como ahora, y con sus mismos nombres, componían el juego de campanas de su sala de campanas: “Luis” hacía referencia a San Luis Bertrán, “Vicente” a San Vicente Ferrer, ambos bautizados en esta parroquia, “María”, Madre de Dios, “Esteban”, su titular y “Fernando”, a Fernando el Rey de Aragón. Actualmente contiene, como hemos dicho, también cinco campanas, una en cada lado de la torre y otra en el centro. De su juego de campanas solo dos son históricas: la mediana o “Sant Esteve” de 1779, en cuya epigrafía constan dos fechas, 1779 y 1940, tal vez esta Última sea la fecha de su restauración o de su vuelta a la torre campanario y la grande o “El Tauló”, de 1761, con asas decoradas y en cuya epigrafía puede leerse: Fernando Rey de España. Ambas poseen motor continuo y martillo exterior para tocar con cuerdas desde abajo, son del siglo XVIII y deberían ser propuestas como BIC. Las otras tres son mas pequeñas, todas ellas de 1940 y de menor a mayor son el tiple “Sant Lluís Bertrán”, “San Vicente Ferrer” y “María de las Virtudes”, pareciendo esta Última ser de finales del siglo XIX o principios del XX, es decir, anterior a la fecha que se nos indica y como “Sant Esteve” y “El Tauló” además del motor continuo tiene martillo exterior para tocar con cuerdas desde abajo. Las campanas de San Esteban voltean muy especialmente en la fiesta de nuestro Santo Patrono San Vicente Ferrer.

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)

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