GONZÁLEZ GUDINO, María Ángeles - Campanas de siempre - Recuerdos de todos

Campanas de siempre

Recuerdos de todos

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)
San Nicolás
Es tradición que tras el breve periodo de tiempo que los primeros dominicos que vinieron con D. Jaime se alojaran en la alcazaba, en un palacio del Rey Moro, tal vez en el mismo que se alojara el Rey, habida cuenta de que Fray Miguel Fabra, el fundador de la Orden en Valencia, era su confesor, estos se desplazaron hacia el sitio que hoy es parroquia de San Nicolás, donde debieron permanecer muy poco tiempo, unos meses, pues el 11 de abril de 1239 el Rey D. Jaime les concedía terrenos para fundar convento en el lugar que siempre se encontró el Convento de Santo Domingo, entre el río y lo que hoy es la plaza de Tetuán. El clero de esta antiquísima parroquia goza, desde muy antiguo de agregación a la orden de los dominicos, teniendo capilla en ella San Pedro Mártir, insigne miembro de la Orden de predicadores y seguía el rito de los dominicos en la bendición de los ramos de San Pedro Mártir invocándolo contra las tronadas. El origen de la parroquia de San Nicolás, levantada sobre una ermita de su misma advocación, es muy antiguo, como lo demuestra el hecho de que su primitiva construcción era de estilo bizantino, siendo sustituido por el gótico cuando se procedió a su ampliación. También parece muy antigua la cotitularidad que tiene en esta parroquia San Pedro Mártir. Se sabe que en 1455 se amplio la iglesia hacia su cementerio, situado en lo que hoy son los pies de la nave y que por ese mismo año Jaime Roig, médico, poeta y Fabriquero de esta iglesia, en el libro de su cargo, dejaba escrita una tradición que decía que una devota mujer de San Pedro Mártir habiendo parido un feto disforme, lo puso ante el altar de este santo rogándole por él y que aquel feto se convirtió allí mismo en un niño vivo y sano, por lo que hizo labrar la portada que está a los pies de la iglesia grabando en relieve sobre la piedra de la clave de la puerta la figura de un plato con un trozo informe de carne en recuerdo de aquel milagro que el santo había obrado en su hijo. De esta iglesia fue párroco o rector Alfonso de Borja, más tarde cardenal y Papa Calixto III con reserva del obispado hasta 1458 en que renunciaba a él en favor de su sobrino Rodrigo de Borja, Papa Alejandro VI. Sería Calixto III, el que, dando cumplimiento a una profecía que le hizo San Vicente Ferrer siendo él todavía un niño, lo canonizaba. Desde muy antiguo es patrona de esta Iglesia Ntra. Sra. de las Fiebres, y desde la peste que asoló Valencia en 1647, Ntra. Sra. de la Peste.
Una inscripción parece indicar que su campanario actual, de planta cuadrada, se levantaba en 1616 pero de menor altura. Su primer cuerpo es de sillería y sobre él se alzaban en 1658, a expensas de Jerónimo Ferrer, dos tramos más de ladrillo, elevándose hasta la altura actual en 1755 para solemnizar el Tercer Centenario de San Vicente Ferrer, fundiéndose de nuevo, para tal ocasión algunas campanas. Su veleta, una de las mejores y mayores de Valencia tiene en sus adornos una mitra, una cuchilla o sable, una palma y las tres bolas. En 1700 se renovaba la iglesia y Palomino y su discípulo Vidal la pintaban al fresco, cubriendo con sus pinturas las arcadas góticas y dejando plasmado en ellas los sucesos más notables de la vida de sus Santos titulares. En su pila bautismal fue bautizado el Beato Gaspar Bono cuyo cuerpo, trasladado del convento de San Sebastián se veneró en esta iglesia. Del juego original de campanas, compuesto de seis campanas, “ Miguel”, el arcángel, “Pedro”, San Pedro Mártir, cotitular de la iglesia, “Nicolás”, su titular, “Vicente” a San Vicente Ferrer, “Bárbara”, a los fulgores celestes y “María”, la Virgen, perdido en 1936 con el saqueo e incendio de la iglesia, se recuperaron después de la guerra dos: “El Vicent” y “La María”, la gran, que más tarde sería refundida para hacer otras 2 ó 3 campanas más pequeñas, luego del actual juego de campanas solo una es anterior a la Guerra Civil, una de las fundidas en honor a nuestro Santo Patrono para su tercer centenario y que sería bendecida, dándosele su nombre. Con la reposición de las campanas de San Nicolás y San Pedro Mártir, se sustituyeron a la vez todas sus instalaciones primitivas, que deberían reconstruirse.
Seis son las campanas de San Nicolás, todas con motor continuo, de todas ellas solo una, “El Vicent”, la mediana, de 1755, con una boca de 112 cm. y un peso aproximado de 813 Kg., debería incluirse como BIC, siendo protegida de su destrucción o refundición, pudiendo solo cambiarse o sustituirse en caso de rotura. Su epigrafía invoca la protección del Santo “S. Vicenti Ferreri Populi amator ora pro nobis” Esta agrietada en medio del cuello de la campana, posiblemente porque durante la guerra civil se tiró del campanario y en el golpe se agrietó y perdió las asas, ahora falsas y atornilladas. Esta como todas las de este campanario electrificadas mediante motor continuo y electromazo, siendo su mecanismo de medio volteo. Su sonoridad, con tantos avatares, es muy dudosa. Las otras cinco campanas son: la “Campaneta de tocar misa”, pequeña campana de 1947 de unos 15 kilos, que antes estaba ubicada sobre la sacristía para los toques ordinarios de misa e iba a medio volteo, la “Tiple” de unos 42 kilos y como la anterior de 1947, el “Tiple de Portal”, también llamada “El Miquel”, cuya epigrafía nos dice que fue refundida en 1976, con mecanismo de medio volteo, “El Colau”, de 1947 también con mecanismo de medio volteo y la “Gran” o “El Pere” de 1948, como la mayoría de sus hermanas con mecanismo de medio volteo. Las oímos cantar de alegría en la Procesión de la Virgen y del Corpus al paso de esta por la calle Caballeros, teniendo una bonita vista de ellas y de su volteo, desde el Tossal, a su entrada a la calle Bolsería, en el recorrido de la Procesión General.
El Salvador
Sobre una antigua mezquita consagrada se estableció la parroquia del Salvador, siendo su primera título el de San Jorge, patrón que fue del Centenar de la Ploma, en cuyo honor se bendijo, aunque esta advocación le durara poco, pues el nueve de abril de 1239 ya se la titula Parroquia del Salvador y con este nombre la vemos figurar en la concordia de 1245, en la que en quinto lugar firma el rector de San Salvador. Se dice que el Rey D. Jaime acudió con parte de su ejército a la bendición de esta mezquita. A esta antigua parroquia llegaba en 1250 el cristo del Salvador y sobre la puerta principal de esta iglesia estaba el sepulcro de Doña Ramona d’En Carroz, insigne dama valenciana y madrina de San Vicente Ferrer. Ya hemos visto como la tradición nos cuenta el origen y la milagrosa llegada a Valencia del Cristo del Salvador, y como por aquella época de 1250 una riada del TÚria tenía en expectación a Valencia. Vigilando el nivel del TÚria vieron como subía contracorriente una imagen de JesÚs Crucificado, con dos luces en los brazos de la cruz y faltándole a la imagen el brazo derecho y como se paró junto a un torreón de la puerta de la Trinidad. Los valencianos, admirados por el hallazgo consiguieron, no sin esfuerzo, sacarla del agua depositándola de momento en el antiguo palacio del Cid, inmediato a la muralla. También hemos recogido la tradición que nos cuenta la extraordinaria forma en que desde aquí, llego a parar la imagen a la parroquia del Salvador. Esta imagen representa una de las tallas más antiguas y de más valor de Valencia. El nueve de noviembre, día del Salvador, es la fiesta de esta iglesia, de la que su titular es uno de los más antiguos patronos de Valencia.
La torre campanario, de la iglesia del Salvador, es de planta cuadrangular, hoy difícil de ver por estar en parte cubierta por los edificios de su alrededor, es de las más antiguas de la Ciudad siendo su origen probablemente tardo medieval o incluso anterior, bizantina, como lo demuestra el ser cuadrada, construida de piedra de sillería y tener dobles los huecos para las campanas, siendo prácticamente el Único que ha persistido sin intervenciones posteriores, habiendo incluso quien piensa que podría tener su origen en el minarete de su antigua mezquita, siendo muy parecido al derrocado de Santo Tomás, y de los más bajos de la Ciudad. También es de los pocos campanarios que conserva el juego de campanas del siglo XVIII, siendo cuatro las que tenía y tiene este campanario: Las antiguas se llamaban: “Vicente”, San Vicente Mártir, aunque lleva grabado a San Vicente Ferrer, “Bárbara” llamada la Bella, alude a la protectora de las tormentas, “Salvadora”, al Cristo del Salvador y “María” a la Madre del Salvador. Las actuales, que pueden corresponder a su antiguo juego de campanas son: “ El Tiple” de 1783, lleva grabado a San Vicente Ferrer con espada flamígera, y “El Crist” de 1710, tiene grabado al Cristo del Salvador, titular de estas iglesia, como reza su epigrafía, son las pequeñas, “La Bàrbera” es la mediana, de 1783, y lleva grabado un dragoncillo y la mayor es “La Gran” de 1799, en su epigrafía nos dice que se refundió en ese año de 1799, luego su procedencia era otra anterior, tiene grabada la Letra de María y S.S. Christo de la parroquia del Salvador. Son pues todas del siglo XVIII, fueron restauradas hace unos años y todas tienen mecanizado su mecanismo para tocar. Todas ellas deberían incluirse en la catalogación de BIC, a fin de protegerlas y conservarlas, permitiendo tan solo su soldadura en caso de rotura o su remplazamiento por otras campanas de distinta afinación. Cuando la parroquia del Salvador pasaba a la Iglesia del Convento de los Mónicos, de agustinos descalzos, fundado por el Patriarca en 1604, extramuros de la Ciudad, al otro lado del puente de Serranos a fin de incitar a la conversión a los moriscos de aquel arrabal conocido como “el pequeño Argel” y al que el propio Patriarca regalaba un crucifijo suyo que tituló, por la misión evangelizadora que encomendaba a aquel lugar, Santísimo Cristo de la Fe, Santa Mónica construía su campanario, campanario moderno de Javier Goerlich de 1915, alzado sobre la antigua espadaña, y se le dotaba de un juego de campanas. Seis son las campanas de la torre: el “Tiple Menut”, el “Tiple Gran” y el “Tiple de Portal (la María)”, todas de 1941, “La Mónica” (la tercera), también de 1941, La Mediana o “Cristo de la Fe”, que es la Única anterior a la Guerra Civil, pues data de 1888 y tiene un peso de 544 Kg. y La Grande o “El Salvador” de 1940.
Santa Mónica
Si la Iglesia de la antigua parroquia del Cristo del Salvador nos trae a la memoria a nuestro Santo Patrono San Vicente Ferrer, Cristo del que San Vicente Ferrer era ferviente devoto y del que proclamaba su devoción, y en cuya iglesia estuvo enterrada su madrina, no menos nos lo recuerda el lugar donde su construyó la iglesia y convento de los Mónicos, lugar donde se dice existía la posada en la que pernoctaron Valero y Vicente, antes de entrar en Valencia, para sufrir destierro el primero y cruel martirio el segundo, conservándose como recuerdo, en el interior de la iglesia, una columna que se cree estaba en aquella posada a la que serían atados estos dos extraordinarios Santos. Sería aquí, frente al puente de Serranos, en el lugar que ocupa Santa Mónica, donde los Jurados de la Ciudad esperaron a San Vicente, al que habían requerido, el 29 de noviembre de 1412, finalizado el Compromiso de Caspe, para que diera fe, en Valencia, de la elección de Frenando de Antequera. Se cuenta que en aquella ocasión entraría bajo palio en la Ciudad y que fue aquí, en lo que hoy es Santa Mónica, donde el padre Exéminis le increpó diciéndole: “Pare Vicent, ¿Com va la vanitat?, a lo que San Vicente le respondió: “La vanitat va i ve, pero no se deté”. En aquella ocasión, también se cuenta que uno de los jurados se dirigió a los campaneros de Valencia diciéndoles:”Campaners, campaners, tiren amunt les campanes, que ha arribat el pare Vicent Ferrer”.
San Lorenzo
Sería también San Lorenzo una de las antiguas mezquitas de Valencia , que al tiempo de la Conquista sería purificada y convertida en Iglesia Parroquial, con el nombre de San Lorenzo, el Santo Mártir, que tanta veneración tuvo en Valencia, a la que algunos consideran su Ciudad natal. Entre los rectores que suscribieron la concordia de 1245 aparece ya Pedro Giménez como rector de San Lorenzo, luego por aquella época debía ser ya parroquia. Intramuros de la Ciudad árabe, inmediata o embebida en la actual iglesia había una mezquita y sabemos que fueron precisamente estas las que sirvieron de primer fundamento a todos los templos. El cementerio de San Lorenzo estuvo contiguo a la iglesia y de él se cuenta un hecho extraordinario. En 1440 se enterraba en el a Argelina Beltrán, joven muy devota de la Virgen y en 1446 un enterrador al que se le llamó para que abriera una fosa, se equivocó de cementerio y fue a abrirla a este de San Lorenzo, encontrando al ahondar el azadón el cuerpo incorrupto de la joven, tal y como si acabase de morir. Avisada del hecho la reina Doña María reunió a la junta de médicos, en la que se encontraba Jaime Roig, dictaminando estos la rareza que suponía aquel perfecto estado del cuerpo, por lo que los clérigos mandaron desenterrarlo y colocarlo en lugar especial en la iglesia, donde aÚn se conservaban sus huesos en 1876. Nos han quedado noticias de la fiesta que se celebró con motivo de la inauguración de la capilla de la Comunión de San Lorenzo que nos cuentan como la procesión salió de la Catedral con los gigantes y extraordinario acompañamiento, habida cuenta que se trataba de la capilla de la comunión de la parroquia de San Lorenzo y a este Santo Mártir se le consideraba hijo de Valencia, como se adorno el templo y la plaza y como desde la víspera hubo “Vuelo General” de campanas, determinando el cabildo que se repitiese todos los años. En 1682 se renovaba el templo, encargándosele la bóveda del Presbiterio a Palomino.
Derribado el viejo campanario en el siglo XVII por amenazar ruina, durante años quedó como la Única parroquia de la Ciudad que no tenía campanario. El nuevo campanario, el actual, se construía en el siglo XVIII, contratándose la obra el 1 de enero de 1743 y no tiene igual en Valencia, pues es de planta cuadrada en su base, formando el primer tramo cuerpo con la fachada de la iglesia y hexagonal en sus pisos superiores, incluido el de campanas, con un doble sobre cuerpo sobre su terraza, terminado en cÚpula, sobre la que esta colocada la veleta que tiene un San Lorenzo y la parrilla. Se realizaba segÚn el gusto de la época y representa un buen exponente de ella. La escalera de la torre campanario por la que se asciende a la torre de campanas es junto con las de El Miguelete y Santa Catalina, de las mejores y más claras, pero a diferencia de las anteriores, que son de caracol, esta es cuadrada a rellano. En 1902 la parroquial de San Lorenzo y San Gil, se trasladaba al convento dominicano del Pilar y con ella se trasladaban también las antiguas campanas de esta iglesia de San Lorenzo, en nÚmero de cuatro: “Vicente” Ferrer o Mártir, “Crespín” patrono de la Cofradía de los zapateros, “María” la Virgen y “Llorenç” su Santo Mártir titular, donde se conservaron hasta 1936, en que desaparecieron durante la guerra civil, como la de tantas y tantas iglesias de Valencia. Quedaba la iglesia, pero sin asignación parroquial. En la actualidad el campanario de San Lorenzo tiene dos campanas, ambas históricas, del siglo XVIII y fabricadas en Valencia, que perdieron su instalación original cuando se electrificaron y que merecen la calificación de BIC, la “Domingo” fundida en 1742, como reza su epigrafía, de 34 cm de boca y 22 kilos de peso y la “Santos Benet, Ana y Fulgencio, la más grande, con una boca de 60 cm. y unos 125 kilos de peso, cuya epigrafía nos dice que se edificó en 1251 y se reedificó en 1718. Se trata de una campana con cigüeñal y mecanismo para tocar exteriormente el badajo de la campana. El origen de esta campana es pues muy antiguo, de 1251, puede que el más antiguo de las campanas de Valencia, aÚn cuando la actual date de 1718.
El Pilar
En 1611, gracias al patronato de Simón de Valterra, nacido en Zaragoza y bautizado en el Pilar, que vino a Valencia pobre y en ella aprendió y ejerció el oficio de librero que le acarreo pingues beneficios, muy amigo de San Luis Bertrán, 12 predicadores confesores fundaban convento cerca del Hospital General bajo la advocación de María, Madre de Dios de la Consolación. En 1614 Simón de Valterra dejaba, en testamento, todos sus bienes, pues su Único hijo había muerto, a esta fundación dedicada a atender a diario a los enfermos de dicho hospital, asistiéndolos en el artículo de la muerte y a consolar encarcelados ayudándolos a bien morir, con el deseo de que su fundación se pusiese bajo la advocación de Ntra. Sra. Del Pilar y de que sus huesos descansasen en él convento por él fundado. En 1615 ya se había obtenido licencia del Arzobispo de Valencia, Fray Isidoro de Aliaga, dominico, y se habían comprado varias casas en la plazuela de la Cofradía de Santa Lucía, limítrofes con el Hospital, una grande y dos pequeñas, para levantar el colegio, que tras un litigio con dicho centro, habría sus puertas en 1618. El dos de junio de aquel año, habiéndose dispuesto altar, campana y todo lo necesario se decía la primera misa. En 1638 se iniciaban las obras del convento bajo la dirección del carmelita descalzo de Valencia, Fray Gaspar de Santmartí y al año siguiente para ensanchar el refectorio se adquiría una calle que existía a espaldas del mismo. En 1660, la primera iglesia, que debía ser pequeña venía a ser sustituida por otra de nueva planta, que se finalizaba en 1692, a la que eran trasladados los restos de su fundador, hasta entonces en el convento de los dominicos de la Plaza de Tetuán. Preside la iglesia una imagen de la “Pilarica” idéntica a la de su Basílica de Zaragoza y en sus magníficos azulejos vemos representadas escenas referentes al Cristo del Salvador, y a los dominicos Santo Tomás de Aquino, Santa Catalina de Siena y muy especialmente de nuestro Santo Patrono San Vicente Ferrer, al que se le dedicó una capilla, lo que pone de manifiesto la gran devoción de que debió gozar en este convento. La fachada es posterior, de 1730 y su torre campanario no se comenzaba hasta 1761 y al igual que su iglesia se hizo suntuoso, de estilo renacentista, conservándose su espadaña, que aÚn hoy podemos ver, terminándose en 1764, resulta por ello curioso que en la “Guía urbana de Valencia, de Cruilles, publicada en 1876, se digas que esta iglesia no tiene torre de campanas. Tal vez sea la Única torre campanario de Valencia de planta rectangular. En esta iglesia se establecerían desde antiguo la Cofradía de la Virgen del Rosario, la de la Virgen de los agonizantes y la importante hermandad de terciopeleros.
El Convento del Pilar sería de los desamortizados. El informe sobre conventos dice de él, que este edificio, por su proximidad al Hospital General y su aislada situación sirvió para separar a los atacados de enfermedades contagiosas. Lo que fuera convento pasaría con la desamortización a Hospital Militar y cuando este se trasladó a San Pío V, quedó como cuartel, situación esta en la que estuvo hasta 1964 en que en parte de sus terrenos se construyó un moderno edificio para militares, mientras parte de ellos quedaba sin edificar. El convento de dominicos del Pilar vendría a establecerse como un importante foco vicentino, siendo lógico pensar que en él se tributaría un culto especial a los santos dominicos valencianos. El barrio de velluters se sumaba, con ellos, al gran amor que Valencia rendía a San Vicente Ferrer, y buena demostración de ello la encontramos en la crónica que se escribió con motivo del 2º Centenario de su Canonización, en el año 1655, pocos años después del establecimiento del convento, en la que se haría especial mención a la magnificencia que alcanzó aquella celebración en este Convento Dominicano del Pilar y en el hecho de que cuarenta años después de que los dominicos abandonaran el barrio, ligada a esta iglesia del Pilar y a su Vicario o encargado del templo, se fundara la Real Asociación de San Vicente Ferrer de la Plaza del Pilar y que salvo la nefasta época de la RepÚblica y la Guerra Civil, pues en 1932 se prohibían las procesiones y colocación de altares en la vía pÚblica, no faltara el dedicado a San Vicente Ferrer, en su fiesta, en la plaza, ni la representación del “miracle”.
Mientras el Convento era convertido en Hospital Militar, su iglesia era transferida al arzobispado y éste la convertía en parroquia en 1902, transfiriendo a ella la de San Lorenzo. Como hemos dicho, con la parroquial se trasladaron también las campanas de San Lorenzo a su torre campanario, pero estas desaparecían en la guerra civil, reponiéndose tras ella. Tres son las campanas que tiene la Torre campanario de la iglesia del Pilar, todas ellas preparadas para su toque manual, aunque no se toca. La “Grande” o “Reina del Santísimo Rosario” es una interesante campana de 82 cm de boca y unos 319 kilos de peso, fundida en 1891, cuya sonoridad no es muy agradable. La “Mediana” o “Enriqueta” es una campana de 1940 y como se dice en su epigrafía se hizo para esta iglesia. Se trata de una campana insólita por la rareza de su fundidor: Aleaciones LIG de Valencia, y como la anterior hace muchos años que no se toca. La “Tiple” o “María Dolores”, la más pequeña, pesa unos 56 kilos y está fundida en 1945. Además de las campanas de la torre campanario esta iglesia posee una pequeña campana colocada a la salida de la sacristía, con cuerda en el badajo, que se toca en los oficios religiosos, como una rueda de campanas para los mismos fines, como la mayoría de parroquias valencianas.
San Bartolomé
De la antigua iglesia del Santo Sepulcro, más tarde Colegiata y Parroquia de San Bartolomé tan solo nos queda como recuerdo su torre campanario. Su origen es muy antiguo, como lo demostraban algunas piezas arqueológicas que en ella, o en relación con ella, existieron. En el friso de la cornisa del Altar del Santo Sepulcro se encontraba una inscripción de caracteres tan solo comparables con los de las iglesias de Santa Inés Secundae y San Sebastián y San Lorenzo Extramuros, de Roma, de la época de Constantino y que decía traducida “Un venerable varón consagró este Templo a Ntro. Sr. Jesucristo”. La imagen del Salvador, que se veneraba en ella, en el acto de la Resurrección, con manto y paloma sobre su cabeza ya estaba en uso en el siglo IV. Todo esto, junto a una moneda del tiempo de Constantino que se encontró en sus cimientos al renovar la iglesia, una columna truncada con alusión a Baco y piedras y cañerías, como restos de un templo pagano y una inscripción que era visible a la entrada de la iglesia, inducen a pensar que en aquel lugar había primero un templo pagano dedicado a Baco, que sería convertido en templo cristiano en la época de Constantino y dedicado al Salvador. Se piensa que en su claustro ya se enseñaban las Sagradas Escrituras en tiempos de los godos y que sería en el siglo XI cuando se establecieron en él los Canónigos Seglares del Santo Sepulcro. Durante la dominación árabe fue esta la iglesia, intramuros de la Ciudad que quedó para el uso de los cristianos, llamados rabatines, que ocupaban un barrio cercano, pues en 1080, en pleno dominio musulmán, fue recibido con pÚblica procesión y depositado en esta iglesia el cuerpo de San Indalecio, cuando se trasladaba desde Almería a San Juan de la Peña. También en él debieron acogerse San Juan de Perugia y San Pedro de Saxoferrato cuando vinieron a predicar la fe cristiana a los musulmanes de Valencia, sufriendo martirio en esta Ciudad. Al tiempo de la Conquista, abierta o no al culto, debía de persistir esta antiquísima iglesia como tal, pues no se cuenta entre las mezquitas que fueron consagradas y convertidas en iglesia. En la célebre concordia de 1245 en el que se arreglaron por orden de precedencia las parroquias ya se habla del Rector del Santo Sepulcro que firma en duodécimo lugar y del de San Miguel, que firma en el noveno.
Esta antigua parroquia de San Miguel por aquel entonces debía ser una iglesia pegada a ella, que quedaría más tarde absorbida por la del Santo Sepulcro, pues San Miguel fue cotitular de San Bartolomé y en su iglesia tuvo capilla. La invocación de San Bartolomé debió dársele hacia 1308 año en el que la plaza contigua tenía ya este nombre. Los canónigos Seglares del Santo Sepulcro debieron regir este templo, en el que contiguo a él tenían su casa y claustro, hasta 1458, año en que se suprimía su existencia espiritual, pasando a convertirse en Orden de Caballería, cuyos hábitos en 1490 se reservó dar la Santa Sede por decreto de Alejandro VI, ya que en ese mismo año de 1458 era nombrado por el Obispo de Valencia el primer cura párroco del clero secular que tuvo esta iglesia. Su primitiva iglesia, aunque de tres naves era reducida, por lo que en 1666 se procedió a su derribo construyéndose la que los más viejos del lugar aÚn conocieron, dejándose el primitivo altar del Sepulcro, en el mismo lugar que ocupó desde el principio y se construyó su torre campanario, tal vez sobre los cimientos de la antigua, ya que la Última iglesia databa del siglo XVII, mientras que su torre campanario se fecha en los siglos XV a XVII. La Colegiata de San Bartolomé sería desvastada durante la guerra civil, sufriendo tales daños que tras ella, al amenazar ruina, tuvo que demolerse hacia 1940 salvándose de la destrucción tan solo su torre campanario, de planta cuadrada y estilo barroco, por oposición popular y posterior informe de la Real Academia de Bellas de San Carlos de Valencia, aun cuando perdió toda la estructura que se encontraba sobre su terraza, por amenazar ruina, teniendo que ser desmantelado en dos fases todo su remate sobre el que se encontraba una de las más bonitas y grandes veletas de Valencia representada por un dragón y sobre su cuello a San Bartolomé, que lo tiene atado del cuello por una cadena, aludiendo a la vida del Santo. Era la cola del dragón la que señalaba los vientos.
Hoy la Torre de San Bartolomé, desprovista de cualquier campana, se alza con fuerza dominando la calle de Serranos. Su antiguo juego de campanas, desaparecido en 1936, estaba compuesto de cinco campanas llamadas: “María” la Virgen, “Bartolomé” su titular, “Antonio” San Antonio Abad, “Miguel” el arcángel o el día de la conquista y “Pedro”el Apóstol, compañero de San Bartolomé. De la campana “Bartolomé”, la segunda de las mayores, sabemos que el 13 de marzo de 1880 se verificaba su fundición, ya que la anterior campana del mismo nombre había sido rota en 1869, por la bola de un cañón. Al derribarse la iglesia parroquial de San Bartolomé, la parroquia se traslado al ensanche de Valencia, a una moderna iglesia de la avenida del Reino.
Santa Cruz
Nada nos queda de la Iglesia parroquial de la Santa Cruz, salvo una cruz de hierro, colocada en la plaza que lleva su nombre, indicándonos donde estuvo hasta no hace mucho más de siglo y medio tan antigua parroquia de la reconquista. Nos dice Cruilles que fue erigida en parroquia después de la de San Nicolás y otras, citándola Esclapés en noveno lugar y fuera de muros, y fue sede de la Cofradía de los ciegos oracioneros. Se sabe que en 1239 ya era iglesia, aunque se ignora cuando se dedicó a parroquia. En ella los ciegos oracioneros celebraban su fiesta el día de la Exaltación de la Santa Cruz, tenían lámpara en su capilla y derecho a poseer sepultura. Este fue el primer lugar donde reposaron los restos de nuestro insigne pintor Juan de Juanes, cuya sepultura se encontraba al pie de la capilla de las almas en la que había varias pinturas que se tuvieron por obra de una de sus hijas o de él mismo. Su campanario de piedra de sillería y gótico era renovado en el siglo XVII. De las antiguas campanas de su torre campanario Galluz nos dice que la mayor y la más pequeña se colocaron el 23 de enero de 1681 y que las otras dos ya lo estaban, sonaron por primera vez al día siguiente y para celebrar la colocación de las campanas y la conclusión del campanario se tiró un castillo de fuegos y se corrieron toros por la calle, una demostración más de la importancia que tuvo hasta hace relativamente poco tiempo la bendición y colocación de las campanas. Sin embargo cinco eran las campanas que había en este campanario segÚn la recopilación realizada por Folch, Maestro Zapatero, aficionado a las campanas, de las campanas y campanarios de Valencia, cuando estaban aÚn los frailes en sus conventos, cuyos nombres eran: “Juan Evangelista” el Apóstol, la más pequeña, “María”la Virgen, “Elena” por la Invención de la Santa Cruz, “Vicente” por San Vicente Ferrer o Mártir, y “Baltasar” la mayor. En 1842 la parroquial de la Santa Cruz pasaba a la iglesia del convento del Carmen y con ella el nombre y sus campanas, mientras que esta antiquísima iglesia parroquial, que se acababa de renovar en 1689, era demolida, con su campanario en 1848.
San Valero de Russafa
Muy antiguo es el origen del poblado de Russafa, pues ya se tiene referencia de él a comienzos del Siglo IV, en la época de la persecución de Diocleciano contra los cristianos, siendo su brazo ejecutor en nuestra tierra el Prefecto Daciano, en la misma que sufriera martirio en Valencia el joven Diácono Vicente y terminara con el destierro del Obispo de Zaragoza Valero, que habían llegado a nuestra tierra para ser juzgados. Parece cierto que sería Russafa el lugar destinado para cumplir el destierro y que ya debía de existir allí un poblado compuesto por menos de 20 casas, ya que la sentencia era clara: que “no pudiese morar en pueblo cuyo nÚmero de casas pasara de 20", pues así nos lo dice la tradición y el hecho de que la iglesia que labraran los cristianos se dedicase a este Santo varón. Su nombre sin embargo le viene de la época árabe, y significa jardín o morada de un gobernador, constando documentalmente que sería el príncipe omeya Abd Allah, hijo de Abderramán I y conocido con el nombre de Al-Balansi, el que construiría allí su morada rodeada de preciosos jardines que recordaban los hermosos parques de Damasco y Bagdad trasladados a Córdoba, jardines que llegaron a tener tal fama que fueron cantados por nuestros mejores poetas árabes, Al Rusafi e Ibn al-Abbar. Y en aquella morada o en el pueblo que junto a ella estaba los árabes levantarían su mezquita. En Russafa plantó su Real Jaime I durante el cerco de Valencia y en aquella tierra sería herido por un dardo que atravesando el casco iría a dar en su frente y desde la Russafa, ya por entonces arrabal de Valencia, partiría Jaime I al encuentro de Zayan el 28 de septiembre de 1238 para firmar, en ese día, víspera de San Miguel arcángel, las Capitulaciones de Valencia.
Con la conquista, la que fuera mezquita musulmana de este histórico poblado tras bendecirse se convertiría en iglesia bajo la advocación de San Valero, que ya en el año 1239 serías erigida en parroquia, asignándosele un extensísimo territorio que incluía el poblado de Russafa con todas sus barracas y alquerías y los poblados del Grao, El Saler, el Palmar, Pinedo y la Albufera y tierras adentro hasta San Vicente de la Roqueta, todo extramuros de la Ciudad árabe. Creada la parroquia de la Vilanova del Grau se le desmembraba mucha parte de su territorio, la que se encontraba en la margen izquierda del río, y para resarcírsele de esta pérdida se le daba caserío hasta cerca de la puerta de la Boatella, por lo que con la construcción de las murallas cristianas en 1356, parte de su territorio quedaba intramuros de la Ciudad. Por su proximidad a Valencia siempre fue considerada parroquia de Valencia a pesar de estar extramuros, a lo que sumaba más tarde el que parte de su territorio estuviera intramuros y el que su clerecía siempre concurrió a los actos procesionales de esta.
Tuvo su litigio con la parroquial de Nuestra Sra. del Mar, por la posesión del Cristo del Grao. Construida pues sobre una antigua mezquita, la antigua iglesia sufría un voraz incendio en 1415. Aquella antigua iglesia de San Valero sería la que conocería y visitaría San Vicente Ferrer, pues se sabe que este predicó en Russafa. Sobre sus ruinas se edificaba el nuevo templo, cuyas obras comenzaban en 1636, luego debió rehabilitarse tras el incendio y mantener sus antiguos solares durante dos siglos más. La capilla de la comunión se haría después, terminándose en 1740. Se construiría también en 1740 su esbelta torre campanario, de base octogonal, de piedra de sillería y ladrillo agranullado, en la que destacan los rectángulos de piedra que se extienden a lo largo y ancho de sus lados, que vendría a sustituir a la primitiva gótica, y que quedaría junto con el Miguelete y Santa Catalina como uno de los más bellos y altos de Valencia. Para aquel nuevo campanario se fundieron en 1741 cuatro nuevas campanas, cuya fundición dirigió el dominico Fray Miguel Segarra, que junto con las dos que sobrevivieron al incendio formaban un armonioso conjunto. Estas campanas, de menor a mayor, eran: “Miguel” el arcángel, alusiva al día de la conquista de Valencia, en ese día el Rey D. Jaime se encontraba alojado en la alquería mora de Russafa, “Abdón y Senent, Patronos de los labradores y de la piedra, “Bárbara”, a la liberación de los fluidos celestes, “Bartolomé” el Apóstol, “Vicente Mártir” y “Valero”, sus Santos titulares. Sería en 1862 cuando se contrataba la colocación de un reloj en la torre, contratándose al mismo hombre para la realización del reloj, de su esfera y de su campana, corriendo el contratista con los posibles desperfectos que pusiera ocasionar la colocación de la esfera, y obligándose a reponerlo, si lo hubiera imitando al resto de la torres. En 1869 a consecuencia de un fuerte ciclón se dobló su veleta, que doblada permaneció durante muchos años, hasta 1934 año en que un alemán que actuaba en Valencia como hombre mosca trepó por su eje y logró enderezarla.
Durante la guerra civil, como otras parroquias valencianas, sufrió el expolio y la devastación, desapareciendo su magnífico juego de campanas, del que nos hablan las crónicas de 1741, tras esta. Su juego de campanas, el actual, era reconstruido en 1941. Este campanario tiene matraca, situada arriba del tiple, en mal estado y sin uso. Ocho son las campanas del campanario de San Valero, la menor de sus campanas pesa unos 46 kilos y la mayor unos 1158 y son de menor a mayor: la de “Tocar a misa” o “San Juan Bautista” que la mandó construir, a sus expensas, el coadjutor de la parroquia D. Juan Tamarit., es una pequeña campana de unos 46 kilos de peso, La “Santa Teresita” o “Tiple”, le sigue en tamaño y es una campana interesante que mantiene su instalación original y que pesa unos 137 kilos, la “San Miguel”, el segundo tiple fue refundida en 1965 financiándola la asociación de San Miguel arcángel de esta parroquia, el “Cristo Rey”, es una campana interesante financiada por Vicente Llopis, la “San Blas” lo sería por José Moret y la “María” por Vicente Monfort Giner, el “Vicente, la mediana se financio por suscripción popular y pesa unos 835 kilos, teniendo motor de repique, como también se financió por suscripción popular el “Valero”, la grande con un peso de unos 1158 kilos. Todas estas campanas llevan como fecha de fundición el año 1940, a excepción hecha de la San Miguel, por ser la actual una refundición. Como antaño fue célebre el día de la colocación de las campanas de la torre campanario de San Valero, del que nos han quedado fidedignas noticias. Se organizó una cabalgata para llevarlas sobre camiones hasta la iglesia, siendo bendecidas, por delegación del Arzobispo, por D. Vicente Mengot el 19 de Enero de 1941 y tras ello, sin dificultad, se colocaron en el campanario. El 28 de enero, víspera de San Valero, bajo cuya advocación y la de San Vicente Mártir, está la iglesia y que da nombre a la parroquia, ante un enorme gentío, ávido de oírlas, las campanas tocaban en su campanario por primera vez. Aplausos y vivas de la gente agolpada en la plaza acompañaron al primer volteo de la campana grande, la “San Valero”. Maravillosa forma de anunciar su fiesta desde el campanario más parecido al del Miguelete de toda Valencia.
Muchas son las fiestas que se celebran y conservan su tradición ligadas a la iglesia parroquial de San Valero y en todas ellas voltean o repican las campanas de San Valero, hoy mecanizadas, como a medio día avisan del Ángelus o el reloj de la torre continua marcando el tiempo a los ruzafeños. En boca de alguno de ellos he oído decir: “las campanas de San Valero tocan por todo”. Son célebres las fiestas que el barrio de Russafa realiza en honor de de San Valero, desde tiempo inmemorial. El 29 de enero es el día de San Valero, ya la tarde anterior las campanas de San Valero de Russafa nos anuncian la fiesta. En lo antiguo se organizaba una alegre romería que desde fuera de Russafa se dirigía hacia San Valero, para venerar al Santo y participar en su “porrat” y por la tarde, acompañada del Son de las campanas la procesión del Santo. Pocos días después, el 3 de febrero Russafa organiza los festejos en honor de San Blas, cuya imagen llegaría a su parroquia procedente del convento de trinitarios del Remedio tras la desamortización, y en aquel convento se fundó una asociación en su honor, con gran nÚmero de cofrades, que organizaban una lucidísima procesión en el día de su fiesta, y que pasaría también a San Valero. Con San Blas llegaba a esta parroquia una imagen de la Virgen de los Dolores y algunos objetos de culto, dado todo ello en custodia a una persona de confianza de los Trinitarios, Lorenzo Soler, huertano ruzafeño, que los depositó en San Valero. Todo desaparecía con la guerra civil, por ello la imagen actual del Santo data de 1941, siendo la imagen procesional la que podemos ver presidir el altar que en su honor se coloca en el exterior del templo, desde hace unos años, a fin de evitar el deterioro de la imagen titular por las ingentes luminarias que le colocaban en su capilla sus devotos, en su día. Es típico el reparto de pan bendecido en este día y el aclamarse al santo protector de la garganta, con esa frase tan popular, que traducida dice: “San Blas Glorioso. CÚrame a este hijo y llévate la tos”. Porrat y procesión acompañan al día de San Blas, y como no las campanas anuncian su procesión. Muy arraigada está en Russafa la devoción a Santa Rita, la abogada de los imposibles, cuya imagen se venera, en la misma capilla, junto a la de San Blas. Es típico en esta fiesta visitar a Santa Rita en su capilla y llevarse una rosa perfumada. La Sagrada Familia, el Sagrado Corazón, la Virgen del Carmen, la Milagrosa, la Inmaculada y la Virgen de los Dolores son especialmente venerados en Russafa, sin olvidar la fiesta de la Candelaria, la de San José, la de San Vicente Mártir y la de San Vicente Ferrer, que adquiere una especial relevancia en Russafa y que tiene a San Valero como corazón de su centenario Altar o la que fue importante y antigua fiesta de Russafa en honor de San Miguel arcángel, nombre que lleva una de sus campanas, que tiene una antigua asociación en esta iglesia y al que se le dedica solemne función religiosa y procesión por las calles el 29 de septiembre, día del Santo. Como también es especial la forma en que Russafa celebra la entrada de D. Jaime I en la Ciudad. Muchas son pues las “Festes de carrer” que celebra el barrio de Russafa y a todas ellas acompañan el alegre repique y volteo de sus campanas.
San Miguel Arcángel
Se tiene duda de donde estuvo la antigua parroquia de la reconquista dedicada a San Miguel arcángel, aquella en la que el Obispo D. Jimeno, ganada la ciudad, dijo dentro de ella la primera misa. Unos la ubican en la capilla que contigua a la de San Bartolomé, más tarde llegaría a formar parte de esta, para otros estaría en la ermita que existió junto al Convento de San Francisco, hoy aquel lugar inmiscuido en nuestro actual Ayuntamiento, en la que se establecería con el tiempo la cofradía de la sangre, pero esto no parece cierto por encontrarse por aquel entonces extramuros de la Ciudad y por Último hay quien la localiza en el exterior del actual ábside de la Catedral. Estuviere donde estuviere, lo bien cierto es que pronto dejó de ser parroquial, muy pronto, hacia 1245, aÚn cuando en la célebre concordia por enterramientos de ese año, todavía nos encontramos firmando a Pedro, rector de San Miguel. Quedaba así Valencia sin parroquia dedicada al arcángel en cuya víspera se rendía la Ciudad. Tuvieron que pasar algÚn que otro siglo, para ver establecerse de nuevo en nuestra Ciudad una parroquia dedicada a San Miguel arcángel, y para ella estaría reservada la que fuera Aljama, o Mezquita Mayor de la morería. Por lo tanto la parroquia de San Miguel de la que nos habla el Álbum del Corpus fue mezquita hasta 1521 en que, en la época de la Germanía, el día de San Miguel, unos muchachos cristianos que jugaban cerca de allí, tomaron un retablo del arcángel que colgaba de la casa de Pedro Miró, sita en la calle Calderería, cuando por allí pasaba Vicente Peris, uno de los 13 agermanados, el cual hizo reverencia a la imagen y tras aquello se encaminaron todos con gran tropel y vocería hacia los moros, que estaban en su mezquita, entrando en la morería gritando: “Viva San Miguel y la Fe Cristiana”, y sin poder oponérseles los moros plantaron el retablo en la Mezquita, purificándose convenientemente y celebrándose la primera misa el día 9 de octubre día de San Dionisio, por lo que esta mezquita purificada convertida iglesia se puso bajo la advocación de San Miguel arcángel y San Dionisio.
Su ubicación, en pleno barrio del Carmen, estaba extramuros en tiempo de Jaime I y dentro de las murallas cristianas y del poblado cercado de la morería, que dentro de ellas había, en la época en que sucedieron estos hechos. No fue erigida en parroquia hasta después del Concilio de Trento y fue la Última parroquia en orden a su fundación hasta los tiempos modernos y la Última que nos recoge el Álbum del Corpus de 1800. Debió permanecer como mezquita hasta 1684 en que se comenzaba la nueva obra de la iglesia parroquial de San Miguel. De su torre de campanas diría Cruilles que se hace notar por su pobre fábrica, carecer de remate y ser la menos elevada de todas las de la Ciudad, tal vez por estas características cabe pensar que fuera la reconversión de su antiguo minarete. Tres eran las campanas que contenía su sala de campanas, de menor a mayor, “Rafaela”en recuerdo del arcángel San Rafael y su antigua cofradía, “Dionisia” por haberse dedicado la iglesia al día de la entrada del Rey Jaime I en Valencia en 1238 y “Miguel”, el arcángel, día de la Conquista de Valencia y bajo cuya imagen se entró en este mezquita, hoy iglesia. La Iglesia parroquial de San Miguel, lindante con lo que fuera casa de la Misericordia cuya iglesia era la actual de los mercedarios o de la Madre de Dios del Puig, se encontraba en pleno barrio del Carmen y sería demolida después de la guerra civil, por amenazar ruina, pasando su parroquial, a lo que fuera iglesia del Convento de San Sebastián, situada más allá del recinto amurallado de Valencia, en la calle de Quart Extramuros, que tomaba el nombre de Iglesia Parroquial de San Miguel y San Sebastián, recordando su origen.
San Sebastián
En el lugar donde hoy se levanta la iglesia existía una ermita anterior a 1533 dedicada a San Fabián y San Sebastián mártires perteneciente a la cofradía de huérfanas, que fue comprada por los Mínimos junto a una casa contigua con algunos campos anejos, propiedad de los Jerónimos, gracias a la mediación de la Infanta Doña Julia, hermana del Duque de Calabria, que había hecho venir desde Italia a los fundadores de este convento. Éste, se fundaba en 1536 y llegó a ser célebre en Valencia, celebrándose en él al menos tres Capítulos Generales de su Orden. En 1725 se comenzaba su magnífico templo, obra del arquitecto José Cardona y Pertusa que se terminaba en 1739. La torre campanario no llegó a concluirse a la muerte del arquitecto Cardona, paralizándose las obras que se prosiguieron en 1906. Este sería uno de los conventos suprimidos. El informe que de él se hace en 1841 lo califica de grandioso y de construcción esmerada y dice que su iglesia debe ser conservada y que el convento, por ser aislado, dominando mucho la campiña y en buenas avenidas y por su capacidad para dos mil infantes debía convertirse en cuartel, pero fue vendido, conservándose durante algÚn tiempo en su totalidad como habitación de gente menesterosa, hasta su desaparición, mientras que su iglesia se cedía a los feligreses de la calle de Quart Extramuros. De este convento fue hijo el Beato Gaspar Bono. En 1906 se terminaba, a un lado de la fachada, el modernista y depurado campanario de la Iglesia de tres cuerpos colocándose en el vértice de su cÚpula una elevada veleta con dos saetas y el escudo de Charitas. Su juego de campanas original, compuesto por cinco campanas, se inauguraba en 1927. De menor a mayor estas campanas eran: “Nicolás”, “Gaspar Bono”, hijo de este convento, “María Victoria”, “Francisca de Paula” que alude a San Francisco de Paula y su Orden, y “Sebastiana”, dedicada a San Sebastián, el titular del convento. De las tres interesantes campanas que en la actualidad tiene el campanario solo una, la “San Sebastián”, la grande, corresponde a su juego original, pudiéndose recuperar después de la guerra civil, en la que desaparecían. Se trata de una campana de 107 cm. de boca y unos 709 kilos que mantiene su instalación original, aunque en mal estado de conservación y ballesta para el toque manual, con sus asas de hierro atornilladas. Las otras dos, como la grande, conservan sus instalaciones originales, manteniendo sus ballestas para el toque manual y son la “Virgen de las Mercedes”. El tiple, la más pequeña, campana fundida en 1915, de 58 cm. de boca y unos 112 kilos de peso y la “Amparo”, la mediana de 76 cm. de boca y unos 254 kilos.
San Pedro
AÚn cuando en 1800 ya hacia siglos que había desaparecido la antiquísima parroquia de San Pedro y en el Álbum de la Procesión del Corpus no consta la presencia de Santa María del Mar, que a diferencia de San Valero, en lo antiguo, nunca se consideró parroquia de Valencia, por tratarse de dos de nuestras más antiguas parroquias hemos querido traer aquí su recuerdo.
De la antigua parroquia de San Pedro, al parecer fundada sobre mezquita, próxima a la Mezquita Mayor, cuyos terrenos, con los ensanches que sufrió nuestra Catedral, quedaron incluidos en ella, nada nos queda, salvo su recuerdo. Al parecer pudo ocupar parte de lo que más tarde sería la sacristía mayor, hoy museo de la Catedral. De su reducido cementerio, pues escasa era su feligresía, se sabe que ocupaba lo que fuera la puerta de la cochera del Palacio Arzobispal, en la calle de la Barchilla, lo que está comprobado por la concesión de derecho de sepultura a D. Guillermo Montserrat en 1436 por el cabildo eclesiástico, lo que nos indica a la vez que en este año todavía funcionaba.
Santa María del Mar
La antigua parroquia de la Vilanova del Grao, creada segregándole terreno a San Valero, en el siglo XIV, sería dedicada a nuestra Sra., recibiendo el nombre de Santa María del Mar. Lejos de las murallas que circundan Valencia, en la margen izquierda de la desembocadura del río TÚria, en el Mare Nostrum, ya desde tiempos anteriores a la Conquista, existía una primitiva rápita, religiosa y militar, mezcla de convento y cuartel, donde los musulmanes simultaneaban el uso de la espada con el culto a la Media Luna, claro síntoma de su importancia estratégica. Tras la Conquista Jaime I, en 1249, mandaba amurallar la zona colocando baluarte y torre alrededor de aquel primitivo embarcadero y de las casas de marineros y pescadores que en su vecindad iban surgiendo, por ser la primera defensa de Valencia ante el peligro sarraceno y el bandolerismo procedente del mar, dando a aquel recinto amurallado el nombre de Vila Nova Maris Valentiae. En este paraje instaló uno de sus campamentos el rey Jaime I durante la conquista de Valencia, pudiendo recibir así, gracias al embarcadero allí existente ayuda y provisiones por vía marítima. Fuera de él y hasta el amurallamiento tierras adentro de la Ciudad terrenos pantanosos, zonas de arbolado y algunas alquería como la antiquísima de Algirós de origen árabe, ocupaban el terreno, y aunque la Ciudad contaba, cerca del actual Parterre, con unas atarazanas por 1338, los jurados decidieron construir una casa en el grao para guardar los efectos navales propiedad del municipio y cerca de aquella casa se desarrollaron unas nuevas Atarazanas que mantuvieron una enorme actividad ya durante todo el siglo XV, de las que se conservan esas magníficas cinco naves góticas, en las proximidades de Santa María del Mar, la más antigua de las parroquias del distrito marítimo y la Única de él, durante siglos. El origen medieval de esta iglesia se nos pone de manifiesto en el estilo gótico de su estructura, poco reconocible en la actualidad. El primitivo templo sufriría ampliaciones y remodelaciones hasta llegar a ser la espaciosa iglesia que todos conocemos.
La tradición nos cuenta que corría el mes de Mayo de 1411 cuando, encontrándose San Vicente Ferrer predicando en Valencia, era llamado para resolver un conflicto parroquial surgido tras la llegada a nuestro puerto, surcando las aguas, sobre una escalera de madera, una imagen de un Santo Cristo Crucificado. Fue el propio San Vicente Ferrer quien dio noticias de su origen: un judío leridano, tras profanarla, la había arrojado a las aguas, para suicidarse después. Tres parroquias se disputaban su pertenencia: la de Lérida, por haber salido de su territorio la imagen, la de San Valero, cuya jurisdicción llegaba hasta el mar, siguiendo la margen derecha del río, y esta de Santa María, a cuyos pies había ido a parar, tras tan larga peregrinación. Se dice que los huertanos y pescadores ruzafeños de aquella zona, con sus ganchos intentaban atraer la imagen a su margen del río. Devuelta la imagen al mar, esta volvió a arribar a los pies de Santa María. Fue San Vicente, quien tras largo sermón pÚblico decantaba la propiedad del Cristo en favor de Santa María. Ello y la petición a Benedicto XIII sobre la de Lérida sería lo que determinaría la propiedad y custodia de la Santa imagen que desde entonces viene venerándose en esta parroquia del Grao. Y todos los años, las gentes del Grao, rememoran la llegada de su Cristo, del Morenet, a sus aguas, en una de las más entrañables fiestas de Carrer, en la que no puede faltar el volteo de las campanas de Santa María del Mar.
Durante la Guerra Civil sufrió grandes daños esta antiquísima parroquia. La iglesia presenta una vetusta torre campanario con reloj. En esta iglesia y en su torre campanario se encuentran cinco campanas. La “Pilarica”, como reza su epigrafía refundida en 1955 para esta parroquia en conmemoración del XIX Centenario de la llegada de la Virgen del Pilar a Zaragoza, aÚn cuando consta también el año de 1940, probablemente el de su primera fundición. Es una campana pequeña de unos 72 kilos, cuya nota, segÚn la escala musical de ManclÚs es Mi Agudo, La “San Vicente Ferrer, de unos 216 kilos, lleva en su epigrafía “Predicador de las glorias del Santísimo Cristo del Grao. Sed nuestro protector”, está fundida en 1940 y su nota es Do Natural. La “San José” de unos 355 kilos nos dice su epigrafía que está dedicada al Patriarca San José y que fue refundida en 1995, aÚn cuando lleva también el año de 1940, tal vez el de su primera fundición, y para esta parroquia y su nota musical es La Natural, el “Santo Cristo” de unos 596 kilos, fundida también para esta parroquia en 1940 tiene su epigrafía dedicada a su titular, el Cristo del Grao, “El Morenet” como también se le conoce y su epigrafía nos recuerda su historia, pues traducida nos dice.”Sembrando Fe, piedad y paz, a nuestra playa llegaste, a tus hijos no desampares, Santísimo Cristo del Grao” y su nota musical es Fa Sostenido, La “Santa María” es la grande, con un peso aproximado de 927 kilos y es la campana que toca las horas. Su epigrafía nos cuenta que “las cinco campanas se hicieron con motivo del retorno del Santísimo Cristo a su morada, después de la victoria.”. Está fundida en 1940 y su nota es Mi grave. Las campanas de Santa María del Grao son un ejemplo de como las campanas a través de su epigrafía nos pueden dar datos históricos de interés. Nos recuerdan que sus antecesoras desaparecieron en la Guerra Civil y como se repusieron tras ésta, de como llegó, el cristo del Grao, de su desaparición y reposición después de la guerra, del papel que tuvo San Vicente en la propagación de su devoción o de como hace ya diecinueve siglos llegaba a Zaragoza la Virgen del Pilar.

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)

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