GONZÁLEZ GUDINO, María Ángeles - Campanas de siempre - Recuerdos de todos

Campanas de siempre

Recuerdos de todos

María ángeles GONZáLEZ GUDINO
Valencia (2003)

Parroquias y conventos desaparecidos

De aquellas, nuestras parroquias históricas, pocas son las que como tales han llegado a nuestros días: las de San Martín, Santos Juanes, San Esteban, San Nicolás, San Valero y Santa María del Mar. Otras perdieron su parroquialidad pero nos las encontramos como iglesias abiertas al culto, como sucede con las de San Andrés, hoy iglesia de San Juan de la Cruz, Santa Catalina, El Salvador y San Lorenzo. Por Último algunas, después de ser trasladada su parroquialidad terminaron por desaparecer como las de Santo Tomás, Santa Cruz y San Miguel. De San Bartolomé nos queda su torre campanario, y de la antiquísima de San Pedro, solo su recuerdo en el espacio de la Catedral. También persiste como parroquia la antigua parroquia de Campanar.

En cuanto a otras instituciones fundamentalmente religiosas o de ordenes militares pocas son las que nos quedan de las que existieron o se fundaron desde mediados del siglo XIII a mediados del siglo XVI, o fueron en sus orígenes anteriores a la Conquista y menos las que mantienen las funciones para las que fueron creadas, todas ellas modificadas en su estructura primitiva con el transcurso del tiempo. De algunas de ellas solo nos quedan sus iglesias. Recordemos los orígenes de “La Roqueta”, “ El Temple” “La Cofradía de San Jaime” hoy Convento de la Puridad y San Jaime, “San Juan del Hospital”, los conventos de los Predicadores o de “Santo Domingo”, Carmelitas o “El Carmen” y Agustinos o “San Agustín”, los de los Trinitarios, más tarde monjas de la “Trinidad”, “San Miguel de los Reyes”, “Santa María de JesÚs”, “Santa Catalina de Siena” del que solo queda su iglesia trasladada, “La Encarnación” , “La Corona” o “San Sebastián”, lo que fueran las ermitas de “Santa Lucia” y “Monteolivete”, “El Capitulet” del Hospital dels Folls, “La Iglesia del Milagro” y alguna que otra antigua ermita de nuestra huerta. Hemos recordado también algunas posteriores a la segunda mitad del siglo XVI por la relación de continuidad que tuvieron con instituciones anteriores, como sucede con los conventos del “Pilar”, “Santa Mónica” o la Congregación”,

En ellas hemos centrado la bÚsqueda de nuestras campanas góticas, por ser coetáneas a estas y nos hemos podido dar cuenta de lo infructuoso de nuestro hallazgo y de algunas de las causas de no haber llegado hasta nosotros. Por lo que seguimos un poco más adelante en el tiempo viendo qué instituciones nos quedaban de la segunda mitad del siglo XVI y con agrado nos encontramos alguna campana más gótica en dos de ellas.

Instituciones religiosas asentadas en Valencia en la segunda mitad del siglo XVI

Durante el siglo XVI muchos fueron los conventos que vinieron a asentar en nuestra tierra, tanto intra como extramuros de nuestra Ciudad. En su primera mitad lo hacían los de El Remedio, El Socorro, La Esperanza, y San Sebastián, todos ellos desaparecidos, restando de este Último solo su Iglesia, como hemos visto, actual parroquia de San Miguel y San Sebastián, el de la Encarnación que se reconstruyó tras su derribo en la Guerra Civil y el de la Corona, en cuyos terrenos asienta el Centro Cultural de la Beneficencia, siendo también de esta época la Iglesia de Campanar. De todos ellos hemos dado cuenta más arriba. Sería durante la segunda mitad del siglo XVI, coincidiendo casi en el tiempo con el nombramiento y ejercicio de San Juan de Ribera como Arzobispo de Valencia, cuando florecerían de una forma especial estas instituciones religiosas fundándose en esta época el Colegio de San Pablo y los conventos de Santa Úrsula, la Compañía, San José y el Patriarca, entre los que han llegado hasta nosotros y los de los Capuchinos, San Felipe, San Fulgencio y Pie de la Cruz entre los desaparecidos. Así mismo al final de la centuria se habilitaba la cárcel de San Vicente Mártir.

San Fulgencio
El Colegio o casa para estudios de los religiosos agustinos, con el convento adjunto, que recibía el Título de San Fulgencio, se fundaba en 1598, encontrándose situado en la calle Russafa, intramuros de la Ciudad y esquina al muret. Este complejo era comprado en el siglo XIX por particulares que convirtieron el colegio en almacén y el convento en casas. Hoy nada nos lo recuerda.
San Felipe Apóstol
En 1589 se fundaba el Convento de San Felipe Apóstol, que vino a situarse en la calle de Quart Extramuros, de carmelitas descalzos. Sabemos que fue de los desamortizados en 1836 y que tras ello era convertido en posada y pocilga de cerdos y que en tiempos de Espartero, hacia los años 1840 lo compraba un comandante francés arruinado que lo derribó todo, iglesia y convento, constituyendo en lo que fuera la iglesia una posada y en el huerto y anexos casas tabernas. Su campanario se distinguía por estar formado por dos grandes arcos paralelos para dos campanas. Eran estas de muy buen temple de voz y se llamaban: “Juan de la Cruz”, el carmelita inductor de la reforma de las carmelitas descalzas y la “Felipe”, también conocida como “El Borrego”, porque cuando se tocaba se oía en todas las partes de la Ciudad.
Capuchinos
En los campos contiguos a las Últimas casas de la calle de Alboraya, a unas 700 varas de la Ciudad se fundaba, promovido por San Juan del Ribera, en 1596, el Convento de Capuchinos de Valencia, año en el que se planto la cruz en sus terrenos y se decía la primera misa. En marzo de 1597 se ponía la primera piedra y el dos de agosto de 1598 se celebraba en él la primera Misa de Pontifical. Aunque de pobre fabrica, el convento ocupaba, en las afueras de la Ciudad, una extensión considerable, siendo de los que se suprimieron, encontrándose prácticamente ya demolido en 1876.
Pie de la Cruz
En 1597 se fundaba y se erigía en Valencia el Convento de religiosas servitas o siervas de María, bajo el título de Ntra. Sra. De los Dolores y en el se decía la primera misa el día 3 de mayo, día de la Invención de la Cruz, por lo que vino a llamarse “Convento de Ntra. Sra. De los Dolores al Pie de la Cruz”, conocido simplemente como el convento del “Pie de la Cruz”. Su fundación se hacía en pleno centro de Valencia, intramuros de la Ciudad, no muy lejos del importante Convento de la Puridad y frente al Palacio de Parcent, en el que se hospedó José Bonaparte durante su corta estancia en Valencia y del que nos queda como recuerdo los jardines de su nombre. De este convento, por encontrarse en ella, tomaría nombre la calle de “Pie de la Cruz”. Ere este convento angosto y pequeño y sufriría grandes desperfectos durante un bombardeo en 1873, hasta el punto de que obligó que se rehiciera en 1883 segÚn los planos de José María Arnau, pero los nuevos daños sufridos en 1936 obligaban definitivamente a su abandono en 1950. Hoy aquel espacio lo vemos ocupado por casas particulares.
Convento de Santa Úrsula
En la plaza de la Cal, detrás de las torres de Quart, Juana Cucaba, hermana de la Tercera Orden de Penitencia de Ntra. Sra. del Carmen, fundaba con su dinero una casa de arrepentidas con cuatro objetivos: educar niños desamparados, recoger mujeres pÚblicas conocidas, corregir las viciadas y casadas desengañadas y preparar para entrar en religión a las arrepentidas, bajo el título de Ntra. Sra. De la Misericordia. El Papa Julio III aprobaba la Institución en 1552. Con el tiempo no habiendo pecadoras publicas que tomasen el hábito la propia fundadora lo dio a quienes no lo eran, tomándoles la profesión ella misma o clérigos no facultados, por lo que unas seguían una regla y otras otra, creándose distensiones internas que llevaron primero a que Pío V en 1570 la sujetara al Arzobispo de Valencia, por entonces San Juan de Ribera, y que este la suprimiera después, dando por extinguido y borrado el recogimiento y monasterio de de Virgen de la Misericordia, fundando en el mismo local, en 1605, un convento de Recoletas Agustinas, monjas descalzas de San Agustín con las constituciones de Santa Teresa de JesÚs y sujetas al Ordinario, costeándolo el Patriarca, bajo el título de “Santa Úrsula y las once mil vírgenes”. Hoy por extinción de las monjas de este convento, el Arzobispo de Valencia ha ordenado su cierre, esperando permanezca abierta su singular iglesia, de una sola nave, con una singular pechina que cubre el presbiterio prolongándose hasta el primer tramo de l nave, produciendo el efecto de que la pechina se desgaje de la cÚpula. Dos son las campanas que se encuentran en su Espadaña la “María”, pequeña campana, muy interesante, prácticamente en desuso, de 44 cm. de boca y unos 49, que toca mediante cigüeñal fundida en 1665, de la que debe incoarse expediente para su declaración de BIC y la “Santa Úrsula”, de tamaño parecido a la anterior ( coca de 45 cm y peso de unos 52 kilos) fundida en 1742 y refundida en 1948 como reza su epigrafía en la que constan los nombres de Santa María, Santa Úrsula y Santa Lucrecia, y las letras OFM, que quieren decir Ordo Fratrum Minorum, lo que podría ser, ya que muy próximo a éste convento se encontraba el convento de los mínimos preparada para el toque manual mediante cigüeñal.
Convento de San José
El Convento de San José de religiosas carmelitas descalzas vino a asentar en 1588 junto al Portal Nou, magnífica puerta de entrada a la Ciudad, hoy desaparecida, de la que se conservan bellos grabados y que fue de las que la Real Academia de San Carlos dijo que se conservaran, que estaba situada frente al Puente de San José. Su construcción es de pobre fábrica, como corresponde a la rigidez de la orden y de estilo castellano. Se sabe que en 1727 se celebraron grandes fiestas, que duraron ocho días, en este convento, con motivo de la canonización de San Juan de la Cruz, confesor de Santa Teresa, reformadora de la orden carmelita. Hoy lo podemos ver en el mismo sitio en que fue fundado y podemos apreciar su espadaña con dos huecos para campanas, en la misma línea horizontal, y con ellas colocadas. Tres son las campanas que tiene catalogadas el gremio de campaneros en este convento, dos ellas son las de la espadaña. La “Campana (1)” fundida en 1873, es una pequeña campana de unos 15 kilos, interesante, que no presenta imagen ni relleno y que estás en desuso, la “campana (2)” esta fundida en los años 1960 en el Grao de Valencia y la “Campana (3)” es de 1697 es una campana que debe ser declarada BIC. Son pues dos las campanas históricas que posee este convento, una del siglo XVII, de las que no abundan en Valencia, y la otra del XIX.
Capillas de San Vicente Mártir y San Valero
En la plaza de la Almoina, antes de la Leña, desde muy antiguo existía la creencia que en un lugar adyacente a la casa del Canónigo de Chantre, existía el lugar donde fue encarcelado por primera vez San Vicente Mártir, y San Valero, al entrar en la Ciudad. Las recientes exploraciones arqueológicas demuestran que en aquel sitio existió un edificio administrativo romano, en el que tal existiesen cárceles. Una vez más los hallazgos arqueológicos no hacen sino confirmar lo que nos ha llegado a través de la tradición. En ese mismo lugar en su Sermón sobre San Vicente Mártir, de San Vicente Mártir, nuestro insigne Patrono apuntaba que estaba allí la primera cárcel donde depositaron al Santo. En aquel lugar, sagrado para los valencianos, se construiría un pequeño santuario, ya mencionado reducido a ermita, en el acuerdo de la Ciudad de 16 de Enero de 1596 sobre los actos a realizar para solemnizar la fiesta de su Patrono San Vicente Mártir, estimulada por el Sermón que su Arzobispo, San Juan de Ribera había predicado el año anterior, y en el que se estableció, de acuerdo con el Cabildo Eclesiástico, que las Procesión General, hiciera parada en esta ermita. Hoy todavía podemos ver la cárcel de San Vicente Mártir, llamada horno, por encontrarse a un nivel inferior a la calzada, que en época romana debía estar a pie de calle, en la plaza de la Almoina, conservándose en ella una columna de piedra romana donde se cree estuvo atado, y tal vez fuera azotado, San Vicente Mártir. Hasta que fue vendida la casa de la dignidad de Chantre, que comunicaba la plaza del Arzobispo con esta Plaza por unos arcos apuntados muy antiguos la Procesión General de San Vicente Ferrer atravesaba el patio de esta casa, y también el pÚblico.
Enfrente del Convento de Santa Tecla, en la calle cárcel de San Vicente Mártir, había una casa donde se vendían aguas heladas en cuyo zaguán se descubría el sitio que la tradición situaba como una de las cárceles a la que fue llevado San Vicente Mártir, con la columna romana, que aÚn existe, en la que se decía que había sido atado y azotado el Mártir. A fin de liberar aquel lugar sagrado de toda profanación, la Ciudad lo tomaba en arriendo en 1685 ordenando se colocase un cuadro o imagen del Santo junto al pilar y lo compraba a sus dueños, los Marqueses de Boil, en 1686 convirtiéndolo en lugar de culto al Santo Mártir primero y capilla después. En ella se cuenta que sucedió un hecho extraordinario el 22 de Enero de 1777, día del Santo. Encontrándose la gente arrodillada junto a la columna sintió que el suelo se hundía y moviendo con facilidad los ladrillos los levantaron encontrando bajo ellos un pozo de agua clara y saludable del que no se tenía noticia alguna. Se rehabilito el pozo y se tenía la costumbre de beber de su agua el día de la fiesta. Hoy podemos ver la columna y el pozo en la cárcel de San Vicente, llamada pozo, para distinguirla de la anterior u horno.
Al tiempo de la conquista, en un lugar próximo al Monasterio de la Roqueta, se encontraba el muladar donde la tradición decía que había sido arrojado el cuerpo de San Vicente a las fieras, por orden de Daciano y ya en 1393 el Consejo de la Ciudad mandaba que no se arrojara basura en aquel punto por ser el mismo donde fue arrojado el Santo cuerpo. En 1667 se sabe que el suelo estaba cubierto de tablas para que no fuera profanado. Sobre este lugar, situado a la izquierda de la calle San Vicente, extramuros de la Ciudad, casi enfrente del Monasterio, se construiría primero una ermita y más tarde un pequeño santuario que sería demolido durante el siglo XX construyéndose viviendas, dejando en sus bajos la ermita de San Vicente Ferrer en cuya cripta se conserva el lugar sagrado.
También desde muy antiguo, vecino a la cárcel, llamada horno, de San Vicente Mártir, se veneraba como lugar sagrado el lugar que hoy ocupa la capilla de San Valero, en la Plaza de la Almoina, aunque sin forma de capilla, y de aquel lugar, Escolano en 1610 escribía, que era tradición de muchos años atrás y conservada en su tiempo que en el día de San Valero pasaran el domero y sacristanes de la Catedral a incensar allí durante el oficio. Ya en 1553, por Bula Papal se declaraba en Valencia día de Fiesta el de San Valero. Sería en 1720 el canónigo Cervera el que hacía levantar en aquel lugar sagrado donde estuvo preso San Valero, que parece situado en el mismo edificio administrativo romano donde estaba el horno de San Vicente, la capilla que existe en este lugar.
La Compañía
La Compañía fue la casa profesa de la Compañía de JesÚs, establecida en Valencia en 1595, en cuya iglesia celebraban su fiesta a María Magdalena los farmacéuticos y en la que estuvo el célebre cuadro de “La Concepción” de Joan de Joanes, actualmente en el Museo de Bellas Artes de Valencia. En ella habían muchas congregaciones:, la de los caballeros del Espíritu Santo, la de los Facultativos bajo la advocación de la Santísima Trinidad, la de los gremios y oficios con la de la Ascensión del Señor, la de sacerdotes y hasta una para señoras del comercio bajo el título del Corazón de JesÚs. Para su fundación vino a Valencia el propio San Francisco de Borja, eligiendo como lugar para establecer la Casa un almacén grande que servía de antiguo para refinar el azÚcar, a espaldas de la Lonja. Al año siguiente se compraban unas casas que habían delante de ellas y derribándose vino a formarse allí la Plaza de las Pasas, situada frente a la puerta de su iglesia, entre esta y la Lonja. En esta plaza se oiría el primer grito de declaración de Guerra, en Valencia, por el Palleter, en la Guerra de la Independencia. Fue esta orden de los Jesuitas especialmente favorecida por San Juan de Ribera. En 1728 eran ellos los que se encargaban de la Enseñanza de Gramática y Latín en las escuelas gratuitas del Ayuntamiento, esta Última de forma privativa y debiendo tener cuatro profesores, debiendo además enseñar griego cuando hubiera alguien que lo solicitase.
Con la supresión de la Orden en 1773 tuvieron que abandonar su Casa Profesa, que les era devuelta al restablecerse la Orden, para ser exclaustrados en 1835, pues esta Casa fue de las desamortizadas, quedando la Iglesia sin destino mientras el edificio pasaba sucesivamente a ser sede del Gobierno Superior Político de la Provincia, Diputación Provincial, Archivo General de Valencia, Telégrafo y Cuartel de la Guardia Civil, Juzgados de Primera instancia y Asilo Municipal de la Beneficencia, pasando en la actualidad, de nuevo a ser Casa de la Orden. Mientras tanto su Iglesia corría por otros derroteros, abandonada al culto terminó por arruinarse siendo derribada durante la Revolución de 1868, tras desprenderse su hermosa bóveda de media naranja. Su torre campanario, todo el de piedra, tenía dos campanas, la “Ignacio”, en recuerdo de San Ignacio de Loyola, fundador de la Orden de la Compañía de JesÚs y la “Concepción”, que aludía al célebre cuadro de la Concepción de Joanes. La CÚpula de su iglesia era muy bonita por su parte exterior, parecida a la del Escorial. Iglesia y torre campanario fueron demolidos por Orden de Perís y Valero, Gobernador de Valencia, como hemos dicho, en 1868. En 1886 se reedificaba esta importante iglesia, que hoy podemos contemplar, de tres naves, de planta de cruz latina con bóveda de cañón y cÚpula octogonal en el crucero bajo los planos de Joaquín María Belda. Cuatro son las campanas de su Campanar: la “Campaneta de Misa”, pequeña campana de una boca de 32 cm. y unos 18 kilos de peso, fundida en 1697, cuya epigrafía nos muestra los nombres de María y San Martín y tiene grabada una cruz con dos pajaritos, un Ecce Homo y una Madre de Dios gótica, que se toca mediante cigüeñal. Es la Única campana histórica de la Compañía y del siglo XVII, se encuentra bien conservada y merece la calificación de BIC. Las otras tres campanas fueron fundidas y bendecidas para esta iglesia en 1950, como especifica su epigrafía, que además nos da el nombre propio de cada una de ellas y que son: la “San Ignacio”, la tiple, campana interesante de unos 81 kilos de peso, la “San José” la mediana, de unos 225 kilos y que es la que se repliega después del concierto y la “María Inmaculada” la grande. Es interesante ver como en su campana del XVII persiste en el grabado de su virgen el gótico, a pesar de lo avanzado de la época. En esta iglesia se encuentra unos de los órganos más interesantes de la Comunidad valenciana.
Colegio de San Pablo
Dos más fueron las instituciones religiosas que se fundaron en la segunda mitad del siglo XVI en Valencia, el Colegio de San Pablo de los Jesuitas y el Colegio seminario del Corpus Christi, fundado por el propio San Juan de Ribera. Son estas dos instituciones, o mejor dicho en esta Última y en lo que vino a terminar la primera, donde hemos encontrado, a pesar de lo tardío de su fundación, cuando hablamos del gótico, campanas que podemos catalogar como góticas, por ello les dedicaremos un capítulo aparte.
Lo que fuera el primer Colegio de los Jesuitas de España, el Colegio de San Pablo, y su adjunto Seminario de Nobles educandos, hoy lo vemos convertido en el Instituto Luis Vives. Del antiguo Colegio poco nos queda, salvo su Iglesia, aprovechándose los terrenos del Seminario para instalar este viejo instituto.
Esta primera fundación jesuítica de Valencia, el Colegio de San Pablo, fue exclusivo para candidatos de la Compañía de JesÚs, aÚn cuando pudiese admitirse a algÚn alumno de otra Orden, para estudiar Teología.
Por muchos avatares pasó aquella primera fundación, ya que los Agustinos reclamaban su derecho a que no pudiese establecerse en sus proximidades Colegio ni casa de comunidad ninguna, derecho adquirido de antiguo, y al que se acogían, entrando en pleito con los jesuitas exigiendo la demolición de aquel incipiente colegio, pleito que ganaron, pero que no llegaría a cumplirse. El Colegio se establecía intramuros de la Ciudad, lindando con la muralla, en un lugar situado entre la Puerta de San Vicente y la de Russafa, próximo al Convento de los agustinos, y también al de San Francisco, en el mismo lugar que hoy ocupa el Instituto.
Corría el año del Señor de 1552, cuando los padres de la Compañía de JesÚs venían a establecerse en Valencia y ya en 1559 el Papa Julio III expendía la bula de creación del Convento, comenzándose éste gracias a las aportaciones realizadas por el padre del Canónigo de la Catedral de Valencia Jerónimo Doménech, más tarde jesuita, por el Arzobispo de Valencia Santo Tomás de Villanueva y por otros bienhechores, gracias a las cuales se compraban unas casas viejas y unos huertos que habían pertenecido al Pavorde Torrelas , y más tarde por compra al convento de Santa María Magdalena, que en aquellos días era su propietario.
Por el año 1644 Doña Bárbara Pérez de San Vicente, legaba sus bienes para una obra benéfica dedicada a acoger doncellas, dejando su resolución a los jesuitas, pero llegando ellos a la conclusión de la inviabilidad de una institución de tales características, vieron que sería preferible, y sobre todo viable, permutarla por una obra destinada a la “formación intelectual y espiritual de muchachos”, decidiendo ocupar, para llevar a cabo aquella obra, el espacio no habitado que tenían del Colegio de San Pablo, instalando allí el “Seminario de Nobles” dirigido por la propia Compañía de JesÚs. Quedaba así éste, junto al Colegio de San Pablo, pero manteniendo cada uno de ellos su entidad jurídica propia, dejando como Única relación entre ambas instituciones el que las dos eran regidas por los jesuitas, los edificios estaban conjuntos y las capillas eran comunes a los dos centros. En este Seminario de Nobles se daban educación a los alumnos y se organizaba cada tres años un concurso literario de poesía latina y castellana. Sales llegó a recoger 22 cartas de San Ignacio de Loyola, San francisco de Borja y otros insignes jesuitas desde el 12 de noviembre de 1544, relativas a esta fundación que se realizaría años más tarde.
Cuando se suprimía la Orden de los Jesuitas en 1773 el nombre de San Ignacio era suprimido de todos los documentos oficiales, designando a esta institución educativa como “Real Seminario de Nobles Educandos de la Ciudad de Valencia”, “Seminario de Nobles de San Pablo” o “Real Colegio de Internos de San Pablo” siguiendo como Real Seminario de Nobles y manteniendo el mismo régimen académico establecido por los jesuitas, pero sin ellos. Al restablecerse la Compañía de JesÚs en tiempos de Fernando VII y devolvérsele los bienes, existía una cierta continuidad en la Enseñanza, tanto en la forma como en el fondo y así siguió durante unos años hasta que con la desamortización era esta una de las instituciones religiosas desamortizadas y de ella saldrían los jesuitas para no volver más. En 1851 ya estaba establecido en el Seminario de Nobles uno de los primeros institutos de Enseñanza Media o Secundaria de Valencia. Del antiguo colegio de San Pablo pervive su magnífica Iglesia declarada Monumento Nacional que en la actualidad no está abierta al publico y lo que fuera su espacio lo vemos convertido en el patio del Instituto. Estamos pues ante una institución pionera en el campo de la Enseñanza en Valencia.
Y en este Instituto de Luis Vives se encuentran en la actualidad dos campanas góticas, situadas en la sala de entrada al Instituto, la mayor, que fue de las que fue llevada a la Exposición de Sevilla, es la de más abajo y es accesible con las manos. Estas dos campanas son: “La Vella” es la mayor y la situada más abajo. Se trata de una pequeña campana de principios del siglo XIV, con una boca de 62 cm. y unos 137 kilos, fundida en 1319, como reza su epigrafía de la que se debe incoar expediente de declaración de Bien de interés Cultural y que mantiene su instalación original y “La Nova” que es la más pequeña y situada arriba de la anterior. Se trata de una pequeña y magnífica campana de la primera mitad del siglo XVI, con una boca de 50 cm y unos 72 kilos, que tiene parte de un martillo exterior, para tocar los cuartos, fundida en 1545, como reza su epigrafía, escrita en latín, en letra mayÚscula gótica, y dedicada a la Virgen. Como “la Vella” debe ser declarada BIC y mantiene su instalación original. No se tocan ninguna de las dos y como vemos cualquiera de ellas es anterior a la fundación del Colegio de San Pablo.
Colegio Seminario del Corpus Christi
Si hay una Institución en Valencia que poco o nada se ha modificado, desde su fundación hasta nuestros días, a pesar de la Guerra de la Independencia, y haber sido expoliado por las tropas francesas, las revueltas del Siglo XIX y la Guerra Civil esa es precisamente la institución fundada por el que llegara a ser Arzobispo, Virrey y Capitán General de Valencia, el Patriarca San Juan de Ribera. Institución que mantiene los mismos fines para los que fue creada y que a pesar de ser su nombre el de Colegio Seminario del Corpus Christi, los valencianos la conocemos como el Patriarca, en honor a su fundador. Representa la fundación más importante de las muchas que hiciera en Valencia.
El 21 de marzo de 1569 hacía su entrada triunfal en la Ciudad de Valencia, como Arzobispo de su Diócesis el Patriarca San Juan de Ribera, la que rigió durante más de 42 años, muriendo en esta Ciudad el 6 de Enero de 1611. Y aquí en Valencia pensó en fundar un Colegio bajo el título de Corpus Christi, pues era gran devoto de la Eucaristías, para jóvenes que quisieran abrazar la carrera eclesiástica, comprando para ello, con sus propias rentas y la munificencia de su amigo y Rey Felipe III, 49 casas enfrente de la Universidad, que serían derribadas y sobre sus solares se realizaría esta esplendida obra, Único edificio unitario que queda en pie del Renacimiento valenciano, cuya primera piedra se ponía el 30 de octubre de 1586, no terminándose hasta 1603 la iglesia, y las obras hasta 1610, un año antes de morir el Patriarca que vería su obra terminada tras más de 20 largos años.
Sería el propio San Juan de Ribera el que escribiría sus constituciones y se fundaba para seis plazas de colegiales perpetuos que debían ser sacerdotes, catorce para escolares con la obligación de que todos ellos estudiaran Teología y cuatro para canonistas. Los escolares debían permanecer en el Colegio durante ocho años, mientras que los canonistas debían hacerlo seis. Aquellas plazas debían de cubrirse, dos con naturales del obispado de Badajoz, que había poseído antes que el de Valencia, ocho de la huerta de Valencia, dos del marquesado de Denia, dos del ducado de Gandia y dos nombrados por los marqueses de Malpica, como descendientes de Catalina de Ribera, su hermana. El mismo lo dispuso todo: desde el traje que debían llevar los colegiales, hasta las horas de clase, las de las comidas, los ejercicios espirituales y los literarios en los que debían ocuparse, marcó la colocación de cada uno, las ceremonias que debían observarse en los actos religiosos y hasta el régimen económico, dejando la propiedad de la fundación a los propios colegiales no sin antes dotarla de pingües rentas y previendo que en caso de que las rentas disminuyesen, antes se redujera el personal y plazas del colegio que el culto y subsistencia de su capilla Y hoy en él se siguen los mismos ritos marcados por el Patriarca, entre ellos los propios de esa magnífica octava de Corpus de corte Tridentino. Para su mejor recogimiento no quiso que la iglesia tuviera acceso directo a la calle e instituyó la solemnidad de todos los jueves del año, en recuerdo de aquel Jueves Santo en que Jesucristo instituía la Eucaristía, disponiendo que en ese día el Santísimo quedara expuesto a pÚblica veneración. En su capilla aÚn hoy, en todas las misas rezadas se inciensa el Cáliz y la Sagrada Forma, y se mantienen oficios en gregoriano.
El edificio está, en general, en sus diferentes dependencias revestido hasta 12 palmos del suelo de azulejos de Manises- Paterna, siendo los del claustro de Talavera, al parecer por ser insuficientes los valencianos para tan magna obra. Presenta el edificio dos puertas principales, una da a la a la Iglesia y la otra al claustro y a la capilla de la Inmaculada y una puerta trasera que da entrada al patio de carruajes. Su iglesia, de planta de cruz latina, de una sola nave con dos capillas laterales a cada lado, además de las del crucero, entre las que se encuentran las dedicadas a San Vicente Ferrer, al ángel Custodio y a San Mauro, el niño Mártir romano patrón de este colegio cuyo cuerpo se venera en ella, se encuentra toda ella pintada al fresco a partir del zócalo de azulejos, incluyendo la bóveda, cimborrio y cÚpula. Una lápida, en el pavimento del centro del crucero, arrimada al primer escalón que sube al presbiterio nos marca el primer lugar en el que estuvo enterrado en esta capilla su Fundador. En esta iglesia se venera un crucifijo tenido por “la más celebre imagen que se halla en España” que le fue regalado al Patriarca por Margarita Cardona en 1601, de un segundo crucifijo se dice que “le habló a San Luis Bertrán”. Desde la iglesia se accede a la Sacristía y a la Sala de Reliquias siendo numerosas y muy notables. Hasta 1812 estaban contenidas en riquísimos y artísticos relicarios que fueron requisados por los franceses junto al resto de objetos de metales preciosos de este Colegio, a excepción hecha de un cuadro de la Virgen con el señor en el sepulcro, con figuras de oro en relieve que se salvo gracias a esconderse debajo de la sotana de uno de los monaguillos que tras la invasión francesa, la devolvió. La capilla de la Inmaculada separada y enfrentada con la iglesia es también muy interesante, en ella se coloca el monumento el día de Jueves Santo y se celebra la liturgia del Viernes Santo, venerándose pÚblicamente y llevándose en procesión ese día la piedad que en ella está. Son piezas de gran valor, su Museo de Bellas Artes, de pocas piezas pero de gran valor, sus archivos y su magnífica Biblioteca que conserva la mejor colección de Biblias de España y una de las mejores del mundo. Es magnífica su custodia que procesiona por el claustro en la Octava de Corpus.
El campanario de su iglesia sobresale poco de la altura de la fachada, es todo el de piedra de cantería y durante muy poco tiempo estuvo rematado por un capitel de ladrillo vidriado sobre el que en 1605 se colocaba una cruz de bronce sostenida por un águila del mismo metal, pero el propio fundador lo mandó quitar y sustituir por una simple terraza con balaustra coronada por bolas y representa una elemento de gran trascendencia dentro de la arquitectura valenciana de su época. Su sala de campanas, lo más destacable de la torre, con un solo arco de medio punto a cada lado, tiene ocho campanas, aÚn cuando el manuscrito de Folch sobre campanas y campanarios de Valencia solo nombra cuatro, que de menor a mayor son: “Pedro” al Apóstol San Pedro, fundador de la Iglesia, “Vicente” a San Vicente Ferrer, Patrón de Valencia, “María” Madre de Cristo y “Mauro” Patrón del Colegio. Cruilles ya nos dice que las campanas son ocho, fundidas por Cristóbal Vives, y que su peso total es de 2.013 kilos. Ocho son las campanas que actualmente se encuentran en la Sala de Campanas de la torre campanario del Patriarca pero no deben de coincidir con las citadas por Cruilles, al menos en su totalidad, pues de las cinco que se conocen su fundidor no concuerda con el dado por él. Estas son de menor a mayor: “El Peret”, “El CucÚ o La Xerreta”, las dos sin fecha de fundición, “la Despertadora, la Bàrbera” de 1503, “El Vicent” de 1603, “L'Andreu” de 1889, “El Beato” de 1914 y “El Mauro” de 1606. A estas ocho campanas de la Sala de Campanas, hay que sumarles, las dos de las horas de la Espadaña del Reloj, la “Hores del Rellotge” y la “Quarts del Rellotge”, ambas sin fecha de fundición, así como la que se encuentra en la escalera del patio o “Senyalera” fechada aproximadamente hacia el 1500.
Son pues dos las campanas góticas que se encuentran en este edificio y ambas de los primeros años del siglo XVI, la “Senyalera” de la escalera y la “Despertadora o Bàrbera” de la sala de campanas, tres las del siglo XVII, las tres de la Sala de Campanas, de ellas dos coetáneas a la fundación del edificio “”El Vicent” y “El Mauro” y una posterior “La Morlaneta”, una de finales del siglo XIX y de la sala de campanas, “L’Andreu” y otra de principios del siglo XX, también de la sala de campanas, “El Beato”. Son cuatro las campanas que están sin fechar, las dos de la Espadaña, o campanas de las horas y las dos más pequeñas de la torre campanario, “El Peret” y “El CucÚ o la Xerreta”.
Puede que tras la Catedral, sea este el conjunto de campanas más interesantes que en la actualidad cuenta Valencia, manteniendo en todas ellas el toque manual y debiendo en seis de ellas incoarse expediente para declararlas Bien de Interés Cultural (BIC). Estas campanas repican y voltean en la Octava de Corpus, la gran fiesta de esta institución. Suenan también las campanas en los oficios del Patriarca, como suena la campana de la escalera del claustro cuando se llama a un miembro de la comunidad.
Veamos ahora cada una de estas campanas: la “Senyalera”, es la campana de la escalera. Se trata de una pequeña campana gótica de 34 cm. de boca y unos 22 kilos fechada aproximadamente su fundición en el año 1500 que se encuentra colgada de un tirante de hierro, sin truja de madera y que lleva cadena al badajo para su toque manual. En su epigrafía puede leerse: “JesÚs, María, gracia plena”. Es pues una campana gótica que debe ser declarada BIC. “El Peret” es una campana de la que no consta ni año de fundición ni nombre del fundidor, de 48 cm. de boca y unos 64 Kilos. Su epigrafía lleva escrito “Berbum Caro Factum est”. Tiene su truja antigua y de madera. Voltea y repica manualmente.
“El CucÚ, también llamado La Xerreta” es una pequeña campana de 56 cm de boca y unos 101 kilos en la que no consta ni fundidor ni año de la fundición, como la anterior tiene ballesta, aunque no se utiliza, su truja es de madera antigua y esta preparada también para el volteo y repique manual. Su epigrafía nos dice su función: “Vocem meam at Dominum clama”. “La Morlaneta” está fundida en 1678 como reza su epigrafía, por Luis Galtero. Se trata de una campana de unos 61 cm. de boca y unos 131 kilos de peso con truja antigua y ballesta no utilizada. Voltea y repica manualmente. Esta campana debe incluirse como BIC. “La Despertadora o La Bàrbera” es una campana gótica, de muy principios del siglo XVI, fundida en 1503 que tiene 74 cm de boca y unos 234 kilos de peso que lleva inscrita XPS (Christo) Regnat, XPS vincit, XPS Adveniat, con truja de madera antigua y ballesta poco utilizada, que repica y voltea manualmente y que debe incluirse como BIC. “El Vicent” es una campana coetánea al edificio, fundida en 1603, por Vicente Martínez, con una boca de 74 cm y unos 234 kilos de peso, su epigrafía esta dedicada a Cristo Rey, su truja esta abierta sobre la cabeza. Voltea a cuerda con ballesta, repicando manualmente. Su instalación es original y debe incluirse como BIC. “La Andreu” es una campana de 82 cm. de boca y unos 319 kilos de peso, cuya epigrafía nos dice que fue refundida en 1889, luego procede de otra anterior, y lleva su nombre. Tiene truja de madera, voltea a cuerda con ballesta, repicando manualmente siendo su instalación original. Se trata de una campana interesante. “El Beato” es una campana fundida en 1914 que presenta una interesante epigrafía en la que nos dice el año de su fundición, su tono, su nombre y sus funciones. “Mi nombre es Juan de Ribera y mi tono Sol brillante, con mi tañer incesante al fervor doy crecimiento, muevo la piedad sincera al tocar mis vibraciones en vivas adoraciones al bendito Sacramento. 1914. Es una campana mediana con una boca de 88 cm. Y unos 394 kilos de peso. Voltea a cuerda con ballesta y su repique es manual. Toca en la octava de Corpus y su instalación es original. Es una campana interesante. “El Mauro”, es como el Vicent coetánea al edificio y fundida por el mismo fundidor, Vicente Martínez, en 1606.
Es la campana grande de la sala de campanas, teniendo una boca de 108 cm y un peso de unos 729 kilos, su truja es de madera y su instalación original. En su epigrafía podemos leer:” Ecce crucem domini fugite partes adversi vici leo tribu iuda”. Se encuentra girada un cuarto por desgaste. Voltea a cuerda con ballesta y repica manualmente. Es una campana que debe declarase BIC. Las dos campanas del Reloj, la de “las Horas” y la de “Los Cuartos”, son dos campanas de pequeño tamaño, de las que no consta año de fundición, siendo mayor la de las horas, con una boca de 85 cm y unos 355 kilos de peso, que la de los cuartos que tiene una boca de 60 cm y un peso aproximado de 125 kilos, ambas se encuentran en la espadaña del reloj.

Campanas valencianas, más allá de la Comunidad

No hace demasiados años, aunque cuentan ya dos décadas, algunas de nuestras más antiguas campanas resonaban fuera de Valencia, en la Exposición Internacional de Sevilla, como unos de nuestros más fieles representas de la Ciudad y el reino.

Seis fueron las campanas medievales, góticas, que para aquella ocasión se desplazaron de la Comunidad Valenciana para trasladarse al recinto de la Exposición, en el pabellón de nuestra Comunidad y a efectos de hacerlas tañer Ricard Pérez diseñaba un funcional campanario y a Sevilla se trasladaban miembros del "Gremi de Campaners" de Valencia, para lanzar las campanas al viento, manualmente, como se hizo durante siglos, para que todo el mundo pudiera oír su más auténtico y puro sonido, y esto a pesar de estar en una época en la que las nuevas tecnologías había desplazado, desde hacía varios años, a este antiguo oficio en prácticamente todas nuestras torres campanarios.

Con la refundación del Gremi de Campaners se volvieron de nuevo a recuperar muchos de los toques manuales en un buen nÚmero de nuestras más representativas torres campanarios del antiguo Reino de Valencia, como los toques de las campanas de las catedrales de Valencia y Segorbe. El esfuerzo de este gremio en la recuperación de antiguas técnicas y toques casi perdidos, fue el que permitió que fueran nuestras campanas uno de nuestros representantes en aquella exposición y que aÚn hoy en día podamos disfrutar de su antigua musicalidad que nos lleva a nuestros más lejanos orígenes como reino cristiano.

Las campanas trasladadas a Sevilla tenían en comÚn el haber sido fundidas antes de 1492, año del descubrimiento de América, que marca la entrada a la Edad Moderna. Eran pues todas medievales y góticas. Las tres mayores procedían de la Catedral de Valencia y eran "El Jaume" de 1429, que con sus aproximadamente 1800 kilos fue, con mucho, la mayor que se trasladó, "La Caterina" de 1305, que fue la más antigua de todas y "El Pau" de 1489 la más moderna y de unos 422 kilos. A estas tres campanas de nuestra Catedral de Valencia se sumaban otras tres, una de ellas también procedente de nuestra Ciudad, "La Vella" del Instituto Luis Vives, de 1319 y 137 Kg., la "Sant Jeroni" de Elche de 1420 y unos 72 kilos de peso y la "Campaneta de les ànimes" de la parroquia de Llàcua de Morella, de 1450, con mucho la más pequeña de todas, con un peso de unos 2 kilos y una boca de 20 cm. de diámetro.

Y allí, en Sevilla, estas seis campanas, lanzaban su sonido al viento, a las 12 de la mañana, hora del ángelus, y a las 5, 7 y 9 de la tarde. Y aquel sonido era un magnífico representante de nuestro Reino, de nuestra tierra, de como los valencianos son capaces de conservar y recuperar nuestras más puras tradiciones.

Gracias a aquella Exposición y al gremio de campaneros pudo restaurarse el magnífico juego de campanas de nuestra Catedral, campanas que tienen nombre propio que veremos precedido siempre por el artículo correspondiente, como era uso y costumbre antigua en Valencia.

Dos de aquellas campanas eran del primer cuarto del siglo XIV, y las dos procedían de la Ciudad de Valencia, siendo una de ellas, "La Caterina", la más antigua en uso de la antigua Corona de Aragón. Las otras cuatro fueron fundidas ya entrado el siglo XV.

Campanas góticas de la Ciudad de Valencia

A lo largo de estas líneas hemos ido repasando todos aquellos lugares en los que, por su antigüedad, pensábamos que podríamos encontrar las campanas góticas que se encuentran en la actualidad en la Ciudad de Valencia, y nos hemos encontrado que a pesar de las muchas que hay, sin entrar a considerar las que se encuentran en las muy numerosas instituciones valencianas, religiosas o laicas, de los siglos XVII, XVIII XIX y XX, por no ser factible encontrarlas en ellas, no es sin embargo numeroso el nÚmero de las halladas, pues se han limitado a unas 15 o 16. Sin embargo, este nÚmero toma valor cuando se le compara con las que se encuentran en nuestra comunidad, pues de las aproximadamente 60 campanas góticas de las que se tiene conocimiento en ella, la cuarta parte están en la Ciudad de valencia, y además es precisamente en ella donde se hayan la más antigua y la más grande de la Corona de Aragón, en uso, "La Caterina" y "El Micalet", y ambas están situadas en la torre campanario de nuestra Catedral, la "Caterina", la más antigua, en su sala de campanas, "El Micalet", la más grande, en la espadaña de la torre. Una, la primera, es campana de iglesia, la otra, es la que marca las horas y esta intervenida por nuestro Ayuntamiento.

Repasemos donde están y cuales son nuestras campanas góticas, aÚn cuando no vamos más que a nombrarlas por haberlas descrito anteriormente, recordaremos, eso sí, su año de fundición, pues hemos tomado como límite mediados del Siglo XV., es decir anteriores a 1550.

En la Catedral de Valencia, se encuentran:

En Sala de Campanas del Miguelete:

En la Espadaña del Miguelete:

En la Sala de Campanas de la Iglesia Parroquial de la Santa Cruz, Iglesia del Exconvento del Carmen:

En la Sede del Gremio de campaneros en la Ermita de Santa Lucía:

En la sala de entrada del Instituto Luis Vives:

En la Sala de Campanas del Patriarca:

En la escalera del Patriarca:

A estas campanas anteriores al 1550 cabría sumar una campana de la Sala de campanas de la Catedral, por estar fundida en una fecha muy próxima a ésta: "El Vicent". Es la más pequeña de las campanas grandes de la Catedral con un peso de 835 kilos, fundida en 1569 y cuya epigrafía presenta en sus letras caracteres góticos.

De todas estas campanas solo tres son del siglo XIV, y las tres lo son de principios de siglo, cinco lo son del siglo XV y siete u ocho, segÚn se contabilice o no "El Vicent" son de principios y mitad del siglo XVI.

También hemos podido encontrarnos con campanas cuyo origen es muy anterior al de su año de fundición, pues este debía de corresponder a una refundición. Esto ocurre entre las góticas con el Miguelete, que como hemos dicho la actual es su quinta refundición. Como nos ha llamado la atención la campaneta de las Torres de Serranos, que mira a la ciudad y se encontraba rajada en su borde inferior y que segÚn Boix perteneció a la iglesia de San Antonio Abad, siendo colocada allí en 1363. Evidentemente la que hemos localizado en este lugar no puede corresponder a ella, pues su fecha de fundición es muy posterior, pudiendo pensar que tal vez se trate de una refundición o de otra campana diferente.

Pensamos que además de las descritas puedan existir más campanas góticas en nuestra Ciudad, pero estas son las que he podido encontrar con los criterios de selección utilizados en dicha bÚsqueda, que se ha extendido también a algunas instituciones posteriores, como el Cementerio General, por si a él se llevó alguna campana anterior o a nuestra Universidad, y a nuestro Ayuntamiento, no encontrando en ellas ninguna anterior al siglo XVI. No se ha buscado en el edificio de la Generalidad por carecer de reloj mecánico, en lo antiguo. Es cierto que tal vez nos haya faltado revisar algunas iglesias que tuvieran su antecedente en ermitas situadas en nuestras alquerías o nÚcleos de población muy antiguos de nuestra huerta, aunque también si no de forma exhaustiva hemos recorrido algunas de ellas, sin conseguir campanas anteriores a 1550, aunque si las hemos encontrado de los siglos XVII y XVIII, también en nÚmero relativamente muy reducido.

Y estas campanas góticas, voltearían en las bodas reales que se celebraron en nuestra Ciudad, como las de los Reyes Alfonso El Magnánimo, que casaría en Valencia con doña María o en la boda de Felipe III, pues sabemos que en esta Última hubo volteo general de las campanas de Valencia, lo harían igualmente en las proclamaciones reales, sabiendo que así se hizo con la proclamación del heredero de Felipe V y en las distintas visitas que nuestros Reyes realizaron a nuestra Ciudad, hasta ya entrado el siglo XX, pues de algunos de ellos se tiene constancia, como voltearían también en las fiestas importantes y muy especialmente, durante muchos siglos, en la del corpus Christi, y de algunos de aquellos volteos generales debidos a fiestas o celebraciones, hemos dado cuenta, lo harían así mismo en la celebración de los centenarios, que en tan gran nÚmero y con tanta fastuosidad se celebraron en Valencia, como sabemos que voltearon para recibir al nuevo siglo en 1901, habiendo un volteo general de todas las campanas de los campanarios de Valencia para aquella ocasión. No se ha recibido igual el nuevo siglo, al nuevo milenio, ni hoy tocan las campanas anunciando y demostrando su alegría, en las frecuentes visitas que nuestro Rey, realiza a Valencia. Sin embargo, en su mayoría, estas, nuestras más antiguas campanas, siguen tañendo en nuestra Ciudad como antaño, aÚn cuando hayan disminuido la cantidad de sus repiques, la cantidad de sus volteos.

Difusión de los toques manuales de campanas

Dentro de las distintas actividades que realiza el gremio de campaneros se encuentra la difusión de los toques de las campanas que mantienen su mecanismo para el toque manual y para cumplir este fin realizaron una grabación de toques completos de campanas en formato MP3, de alta calidad, en la que recogieron 119 toques de diferentes campanarios, realizados a lo largo de los Últimos años, encontrándose entre ellos 20 toques manuales de campanas de distintas iglesias de nuestra Ciudad, ocho de la Catedral, uno del Patriarca, ocho de San Valero y tres de Santa Lucia.

De todos los toques recogidos de los campanarios y campanas de nuestra Ciudad el registro más antiguo es el del Patriarca, correspondiente a un repique de fiesta tocado por Francisco Mas Gadea en 1976, y los más modernos los ocho de la Catedral, realizados por la "colla de Campaners de la Catedral de Valencia", en el año 2.001 que corresponden a los siguientes toques: a "Las 12 del Micalet" y al "Villancico del Jaume", como toques diarios, y la "Deixà Caure", a "Les batallades i el repic", el más largo de todos ellos con una duración de 19:30 minutos, al "Vol de Glòria de les tres noves", al "Vol de les 5 grans" y al "Vol General", todos ellos toques de fiesta, con una duración de los volteos de unos 5 minutos.

Los ocho toques de San Valero de Russafa están interpretados por Enrique Martín Diego, son todos toques de fiesta y corresponden al "Cor doble de Primera", al "Repic de Bendició" y a seis volteos generales que son los de "Batallades y Alce", "Deixà Caure", "Desfeta", "Primer Parada", "Tercer Parada" y "Villancico", estando interpretados en 1978 el "Repic y Bendició", en 1979 los volteos generales y en 1984 el "Cor doble de Primera".

Por Último, tres fueron los toques realizados en el año 2.000 desde la ermita de Santa Lucia, todos ellos realizados por la antigua saga de campaneros de los Llop: "La cançó de Bressol" y el "Himno a la Alegría" fueron interpretados por Francesc Llop i álvaro, mientras que el "ángelus" lo era por Francesc Llop i Bayo.

De todos los toques registrados en formato MP3 es "Les batallades i el Repic" de nuestra Catedral el segundo en duración, siendo el más largo el toque "Para Bautizos y Bodas" realizado desde el campanario de Santa María de Ateca.

Relojes y campanas

Al hablar de nuestras antiguas campanas, no podemos olvidar aquellas que estaban en los relojes pÚblicos de nuestros más representativos edificios, que poco tenían que ver, en sus funciones con las campanas de iglesia. Estas eran las encargadas de marcarnos las horas del día, las demás funciones, corrían a cargo de las campanas de iglesia, aÚn cuando alguna de ellas, como "El Miquel" de la torre campanario de la Catedral pudiera tomar alguna función de alerta a la población.

Hemos visto como el viejo Reloj de nuestro Ayuntamiento, estaba situado en el ángulo de las antiguas Casas Consistoriales correspondiente a la bocacalle que por ello se llamó del Reloj Viejo, y como en 1378 el Capítulo contrataba un reloj de grandes dimensiones con una esfera de 24 horas y una campana para tocar las horas. También hemos visto como en 1418 se firmaba una Concordia entre la Ciutat, la Obra de Murs y Valls, el Obispo y el Capítulo para hacer una gran campana dedicada a San Miguel Arcángel que solo debía servir para tocar las horas y como en ese año se trasladaba el Reloj pÚblico del Ayuntamiento al Campanar Nou colocando en él, como a dos tercios de la torre el reloj principal de la Ciudad. Este primer reloj de la torre campanario de la Catedral permanecería allí hasta 1684 en que la Ciudad acordó hacer un reloj nuevo para el campanario, en el que permanecería hasta bien entrado el siglo XX, en que se desmantelaría. Sería en 1736 cuando se añadiría una nueva campana al Miguelete, pasando así este a tocar las horas y los cuartos. En 1914 todavía funcionaba este reloj que recaía a la calle del Miguelete y cuya conservación estaba a cargo del relojero municipal. Tras muchos años sin funcionar un ordenador devolvía los toques horarios a al Miguelete. Aquellas dos campanas del primer Reloj de la Ciudad, tras permanecer mudas durante varios años, las oímos tocar todos los días, como antaño.

Al construirse el nuevo Ayuntamiento que todos conocemos se realizó en su fachada principal una torre campanario para albergar la gran esfera y las campanas de su reloj y coincidiendo con las fiestas falleras de 1930, el día de San José a las 12 en punto se inauguraba el reloj- carillón de la torre interpretando la marcha de la Ciudad, además de dar las horas. Su primera audición congregó a multitud de gente, pero no fue todo lo satisfactoria que cabría esperar, por fallos en el sistema. Siete son las campanas que componen el carillón de la torre del Reloj de nuestro Ayuntamiento, todas ellas fundidas en 1930 y con un peso que oscila entre los 15 y los 670 kilos. La "Campana 1", de un peso aproximado de 15 kilos, es la menor y su nota es RE, la "Campana 2" pesa unos 22 kilos y su nota es DO, la "Campana 3"tiene un peso aproximado de 34 kilos y su nota es LA Sostenido, la "Campana 4" tiene un peso de unos 101 kilos y su nota es FA, la "campana 5" tiene un peso de unos 174 kilos y su nota es RE, la "campana 6" tiene un peso de unos 343 kilos y su nota es LA sostenido y la "Campana 7" tiene un peso de unos 670 kilos y su nota es FA. Sin embargo las anotaciones dadas por el gremio de campaneros sobre estas campanas nos hablan de su peso, no del aproximado y nos dicen que este es sensiblemente mayor de, sobre todo en las campanas 1, 2, 3 y 7, pues los pesos que dan para cada una de ellas, de menor a mayor, son de. 24, 34, 47, 105, 175, 360 y 860 kilos, respectivamente. Además de las campanas del carillón de su reloj, el Ayuntamiento de Valencia posee una pequeña campana de unos 11 kilos de peso, fundida en 1891, la "San José".

En 1427, en tiempos de Alfonso el Magnánimo, se construía un gran Reloj PÚblico para el Palacio Real por un maestro relojero de nuestra Ciudad. Suponía ello el ser uno de los primeros relojes instalados en Valencia y también de los primeros que se introdujeron en España. Tenía una esfera de 24 horas y sonería mecánica. Su cadente sonido se esparcía por las huertas y arrabales extramuros de la Ciudad y estaba colocado en una torre especial, en el mismo edificio del Palacio. Tenía una gran campana de cobre para tocar las horas que pesaba 199 libras. Se piensa que en un principio miraba hacia la huerta, aunque hay quien piensa que desde siempre estuvo en la fachada, mirando a la Ciudad. Debía ser impresionante oír el eco de sus ondas sonoras propagarse por las alquerías huertas, jardines y edificios vecinos. En 1714 se construía una esbelta torre de nueva planta para aquel reloj, que podemos reconocer en los grabados existentes de aquel Palacio del siglo XVIII. Con la demolición del Palacio Real en la Guerra de la Independencia, se demolía también esta torre del Reloj, y no se que pudo pasar con aquella importante campana de las horas de la torre del reloj del Palacio real, campana coetánea a la campana de las horas de la torre campanario de la Catedral, que tal vez terminara fundida y convertida en moneda en aquellos momentos de angustia para nuestra Ciudad.

En 1411 se acordaba la reunión del Estudio General, que hasta entonces había estado en diferentes sitios, así las escuelas eclesiásticas se establecieron en la Seo primero y en la Casa de la Almoina después, mientras que las que sostenía la Ciudad lo hacían en una casa de la calle Valldigna, que al parecer había pertenecido a los Monjes del Monasterio de la Valldigna y de ahí el nombre de la calle. Para verificar esta unificación de los Estudios Generales se compraba una casa que había sido de Pedro Vilaragut y pertenecía a los obreros de Muros y Valladares situada en la calle de la Nau, llamada así por haber existido allí, en parte de los terrenos que ocuparía la Universidad un mesón de éste nombre. En 1483 se ampliaban sus primitivos locales y el 22 de Enero de 1500 el Papa Valenciano Alejandro VI expedía la bula que convertía aquellos estudios generales en la Universidad de Valencia, aÚn cuando se tuvo que esperar al 16 de febrero de 1502 para ver concedido el Privilegio Real, dado por Fernando el Católico, confirmando el establecimiento de nuestra Universidad, concediéndole las mismas prerrogativas de las que gozaba la Universidad de Salamanca. En 1604 se ampliaba de nuevo el local alcanzando prácticamente las dimensiones actuales. Tres son las campanas de la espadaña del reloj de nuestra Universidad literaria, la de las horas y dos de los cuartos. Son tres campanas cuya forma es prácticamente semiesférica, no presentan epigrafía alguna, por lo tanto ésta no nos dice su fecha de fundición, y suenan mediante martillo exterior mecánico. La campana de las horas ocupa uno de los huecos de la espadaña y se encuentra situada en ésta, sujeta a una viga de madera, de la que cuelga. Las dos campanas de los cuartos, ocupan el otro hueco de la espadaña y son una mayor que la otra. La mayor se encuentra, como la de las horas, sujeta a una viga de madera colocada en la espadaña, de la que cuelga, mientras que la menor cuelga de una viga de madera, dentro de la otra campana de los cuartos. Por su forma y por la disposición de las campanas de los cuartos son bastante particulares.

A medida que recorríamos nuestras antiguas parroquias y otras instituciones, cuyo origen lo podíamos encontrar antes del siglo XVII, hemos ido viendo aquellos que presentaban en sus torres campanas para sus relojes, como por ejemplo las correspondientes a las parroquias de San Valero o del Mercat o al Reloj del Patriarca. No son estas los Únicos relojes pÚblicos o de diversas instituciones que tiene Valencia, que tengan sus campanas, pero como es lógico no podemos encontrar en los posteriores a esta fecha ninguna campana gótica entre sus campanas de los cuartos o de las horas, ya que estas se fundirían para ellos. Sin embargo, por tratarse de un edificio emblemático de nuestro puerto queremos traer aquí el recuerdo de su Torre del Reloj.

El Edificio del Reloj del puerto de Valencia, presenta en su torre del reloj un campanil metálico, que recuerda al de la torre del reloj del Ayuntamiento, en el que está albergada la campana del Reloj de esta torre. Esta campana llamada "María" es una campana con una boca de 96 cm. Y un peso aproximado de 512 kilos fundida en Valencia en 1915 y en su epigrafía, que nos indica su nombre, lugar y año de fundición puede verse grabado el escudo de la Junta de Obras del Puerto y el Cristo del Grao.

Campanas del Cementerio General

Muchos eran los cementerios que existían en Valencia tras la conquista y hasta bien entrado el siglo XVIII, pudiendo decir que cada parroquia tenía su cementerio y que estos generalmente se encontraban en su término parroquial, algunos contiguos a sus iglesias, otros vecinos a ellas y aÚn algunos separados de las mismas como pasó con el de San Andrés, que primitivamente se encontraba en la plaza de la portería de San Agustín, trasladándose a territorio de esta parroquia, cerca del actual Instituto Lluís Vives hacia 1610, pero no deshaciéndose su primitiva ubicación hasta 1640, después de llevar unos 30 años sin uso, para dar ensanche a la plaza. Pero no fueron solo las parroquias las que tenían sus cementerios, pues algunas cofradías, como la de San Jaime tenía su propio cementerio que lo tenían en la capilla exterior de la Catedral que hoy se ve frente a la puerta de la Virgen de los Desamparados, y algunas ordenes religiosas, como los hospitalarios de San Juan o los propios dominicos tenían, dentro de sus recintos, sus propios cementerios, así mismo lo poseía el Hospital General y el caserío de Benimaclet. Existía también el cementerio de los Ajusticiados, para los ajusticiados que no recibían sepultura eclesiástica, situado en sus principios en la calle Transits y a espaldas del Convento de Belén, el erario pÚblico adquiría unos terrenos para cementerio en 1647 para enterrar a las que en ese año murieron de peste, que se dice que fueron 20.000 almas.

Sería en 1776 cuando se produciría la primera disposición de nuestras autoridades contra los cementerios intramuros de la Ciudad, por considerarlos insolubles, pero no sería hasta 1805 cuando se pedía al Claustro de Medicina que indicaran el sitio donde debía ubicarse el Cementerio, dando dicho Claustro el lugar en el que se encuentra en la actualidad. El primer cadáver se enterraba en 1807 y con los años ha sufrido varias ampliaciones.

Muchos de los cementerios tenían sus propias capillas y es lógico pensar que en estas existieran algunas campanas. Pensamos si era factible que algunas de ellas hubieran pasado al Cementerio General de Valencia, por lo que nos dispusimos a ver cuales eran las campanas que en él se encontraban, encontrándonos que dos eran las campanas catalogadas en el Cementerio General, una en la capilla y la otra en su puerta. Mientras la de la capilla es anterior a su construcción, la de su puerta es bastante posterior. Ambas son de igual tamaño, teniendo una boca de 35 cm y un peso de unos 24 kilos.

La campana de la capilla del Cementerio General, de nombre "San Martín" es una pequeña campana fundida en 1757. Y en cuya epigrafía se puede leer: "Sancte Martine ora pro nobis". Es una campana manual con cigüeñal y cadena. La campana de la puerta principal es el "Tiplet". Se trata de una pequeña campana fundida en 1897 que lleva en su epigrafía los nombres de JesÚs María y José. Son pues dos pequeñas campanas históricas, una del siglo XVIII y la otra del siglo XIX.

María ángeles GONZáLEZ GUDINO
Valencia (2003)

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