ÁRBOL GARCÍA, María Inés DEL - Las campanas de San Carlos Centro

Las campanas de San Carlos Centro

Celebraciones y costumbres de un pueblo de inmigrantes donde se fabrican cristales y campanas con milenarias técnicas artesanales

A veces los pueblos necesitan peregrinar y emprender arduos recorridos que los llevan a encontrar su lugar en el mundo. Esto le ocurrió a los suizos, italianos y franceses que alrededor de 1850 llegaron a un rancho de grandes dimensiones destinado a albergarlos. La colonia, afincada en ocho leguas cuadradas de la provincia de Santa Fe, debía llamarse «4Nueva Basilea, pero los hados quisieron que se la denominara San Carlos.

Los hados o el tesón de los peninsulares católicos que se trasladaron unos pocos kilómetros hacia el norte los llevaron a construir una capilla, que, con el andar de los tiempos, se convertiría en la actual parroquia San Carlos Borromeo. La elección de este patrono, que dedicó su vida a ayudar a los más necesitados, marcó para la comarca un destino de solidaridad y tesón.

Caminar por San Carlos Centro, a 45 km de la ciudad de Santa Fe, es sorprenderse por la nitidez de los colores. Verde y bordó, bordó y verde. Blanco a los costados y gris en cada sombra. Rosas, margaritas y petunias deleitan en el Jardín Botánico Municipal. Arboles, fuentes y juegos atrapan la mirada en la Plaza San Martín. Ya desde lejos, se divisa la torre del templo de San Carlos Borromeo. Con sus 40 metros de altura parece dominar la ciudad, tocándole la espalda al cielo. Una vez en la puerta, se puede ver como el templo luce orgulloso, aún hoy, su primera campana, construida en 1889, y las tres restantes, adquiridas quince años después en la Fábrica de Campanas Bellini. Actualmente la fábrica "Luis Bellini y Cía", la única en Sudamérica que utiliza el método "a la cera perdida" —un procedimiento de más de tres mil años de antigüedad—, por el que se producen campanas tan especiales que en cada una la nota puede ser conocida al comienzo de la fabricación del molde. Nicolás, descendiente del fundador de la fábrica, no disimula un orgullo que tiene la legitimidad del tiempo: "Me conmueve pensar que hoy seguimos trabajando con la misma tradición que inauguró mi tatarabuelo".

Entre pasado y presente

Durante el verano, en San Carlos Centro siempre hay tiempo para disfrutar. Si se desea beber, tal vez convenga hacerlo durante el tercer o cuarto fin de semana de enero, cuando se celebra la "Fiesta Argentina y Provincial de la Cerveza". Si lo que se busca es gracia y belleza, quizás no haya que perderse la "Fiesta de las quinceañeras", en la que las adolescentes desfilan por la ciudad.

En febrero deslumbra el carnaval. Danzas y cantos para celebrar la fiesta universal. En esta oportunidad, Dionisios luce galas propias porque la comparsa "Nacibai" configura por medio de colores, máscaras y música las actividades del lugar: el cristal, las campanas, las golosinas, la metalurgia, los cultivos.

Sobre todo, vale la pena asistir a una celebración fundacional que rescata los orígenes, permite justificar arraigos y afirmar identidades: este año, como sucede desde 1994, el 19 y 20 de febrero se celebrará la "Fiesta de las Colectividades". Hacen bien los habitantes de San Carlos en rememorar la saga de suizos, italianos, franceses y también de españoles y árabes de Siria y Líbano, porque así se reavivan —en la memoria colectiva— los sabores, sonidos, tradiciones y recuerdos que dan carnadura al presente de nativos y visitantes.

En San San Carlos Centro se verifica un mágico matrimonio entre la tradición y la tecnología. Se puede admirar, por ejemplo —como en la Venecia del siglo XIII—, una fábrica de cristales que utiliza la metodología artesanal de Murano y que confecciona juegos, pieza por pieza, con diseños originales.

Hoy, la cristalería San Carlos sorprende con el brillo, la sonoridad y la blancura de cristales que se exportan a Estados Unidos, Colombia o Venezuela. En esta fábrica, sin olvidar los procedimientos utilizados en Liguria desde el siglo XV, se ha incorporado la más reciente tecnología para hacer de sus aproximadamente 14 mil artículos piezas exquisitas. Vale la pena dedicar un par de horas a participar del taller que funciona de lunes a sábados, en el que en grupos de 2 ó 3 personas, se terminan los bordes, se tallan las formas o se pule el fondo de bellísimas piezas.

Olor dulzón, colores fuertes. Es la legendaria fábrica de golosinas Lheritier; al recorrerla, cada paso propone la nostalgia de lejanos sabores de la niñez. Aquí, con naturalidad absoluta desfilan los bombones de la abuela y los chupetines infantiles.

María Inés DEL ARBOL GARCÍA
Clarín (edición digital) (23-01-2005)
  • SAN CARLOS CENTRO: Campanas, campaneros y toques
  • BELLINI Y CÍA, LUIS (SAN CARLOS CENTRO) : Inventario de campanas
  • Fabricación, fundición de campanas: Bibliografía

     

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