DOMINGO, Josep - Un reloj, con cuerda para muchos años

Un reloj, con cuerda para muchos años

Dos jubilados se encargan desde hace años de que la hora del campanario no se desajuste

Eliseu y Ramón son los relojeros del Ballestar. Están jubilados y han heredado una tradición que se remonta a 1923, el año en el que llegó el reloj al campanario de este pueblo de la Tinença de Benifassà.

El reloj funciona con cuerda manual, de modo que cada siete u ocho días Eliseu y Ramón se encargan de «darle marcha» para que el reloj continúe marcando las horas. Su labor es de rutina y mantenimiento se prolonga durante todo el año. «Lo engrasamos cada veinte días con un aceite especial para que no se hiele», explican.

Cuando llega la última noche del año, le dedican un mimo especial. Se aseguran de que el reloj marque en el momento exacto las 12 de la noche del día 31 para que, automáticamente, suenen las campanas en la plaza de Ballestar. Si bien esa noche no se concentra tanto público como en la puerta del Sol de Castelló o Madrid, el reloj sí que es la referencia inequívoca para todos los que suben a pasar el fin de año.

Eliseu y Ramón también «suben» desde la Sénia -donde viven- hasta Ballestar para comprobar que han desarrollado su trabajo correctamente y que el reloj suena. «Si no sonase en la noche de fin de año nos silbarían», aseguran.

La maquinaria de este vetusto minutero es «especial». Es «gandul» y tiende a retrasarse. Por eso estos días, como cada año, los pesos y contrapesos del reloj se ajustan al milímetro para que no se desajuste ni un segundo. Un reloj interno es el que sirve de guía para que el del exterior sea exacto ante las miradas de quienes lo observan en el paso de la Nochevieja al Año Nuevo.

Este año es casi seguro que quienes cenen en el Mesón del Ballestar saldrán a la calle para observar las agujas del reloj. Eliseu y Ramón se resisten a que una máquina automática les sustituya. Son herederos de los relojeros.

Hace dos años el Ayuntamiento les pidió que se hiciesen cargo del mantenimiento. Ramón es hijo de relojero y conoce la labor al milímetro. Ambos recuerdan a todos los que han pasado por la labor de alguacil en el pueblo y se han encargado de esta maquinaria.

El cronómetro llegó a Ballestar en 1923. Cuenta la historia popular que «en Morella había dos candidatos a Diputado. Uno ofrecía a sus votantes un tocino, mientras que el otro ofrecía al pueblo un reloj. Como los de la época no eran tontos dividieron los votos y así tuvieron tocino y reloj». Así fue cómo se encargó a Francia.

Sin embargo, la historia no acaba aquí. El reloj quedó bloqueado en la frontera. Las piezas costaban 4.000 pesetas de la época. En la frontera los aduaneros franceses obligaban a pagar un arancel de 1.000 pesetas, 200 duros. Entonces el alcalde reunió a todo el pueblo para ver que hacían. Finalmente los vecinos se unieron y pagaron el arancel para tener hora. Desde entonces, en Ballestar hay reloj.

Josep DOMINGO (Vilafranca)
Levante - El Mercantil Valenciano (31/12/2005)
  • LA POBLA DE BENIFASSÀ: Campanas, campaneros y toques
  • Relojes: Bibliografía

     

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