BARBER, Llorenç - una música pneumática: la linguofarincampanología

una música pneumática: la linguofarincampanología.

no soy un inventor aunque haya construído mi propio campanario portativo. soy un mero aparcelador del sonido. un simple linguofarincampanólogo que abreva el tiempo (materia deleznable) con su loco nuevo son.
tras el primer concierto que dí en américa mi buen amigo tom johnson escribía de mi voz-campana que, aunque era de muy difícil olvido, poco se podía de ella decir. y en efecto es así: se trata de una música vacua.
el pensamiento zen ha encontrado una preciosa imagen para describir el vacío: dos espejos situados uno frente al otro. dos espejos reflejándose y algo, el eter, que los envuelve y mantiene juntos (todo está en todo, añadiría leonardo). de manera semejante nace y es mi música: dos cavidades o vacíos (carne y metal) frente a frente. interaccionando, envueltos en común vibración.
música, pues, de dual oquedad.

una secreta hermandad acerca esos dos huecos que son garganta y campana: su menesterosidad, su feminidad o yin, su negatividad: son por y para el pneuma y el badajo. pauline oliveros, al encontrarnos en woodstook, así la definió, negativamente: a not macho's music.
música apofántica, fugitiva, vacilante, ebriamente confusa. yo la llamo, simplemente, linguofarincampanológica.
la linguofarincampanología es el arte de hacer crujir badajos, músculos, calaveras, pechos de campana y máscaras. extraña pseudociencia que a uno lleva a conocer sus huecos como un ciego conoce su habitación. geografía bucal que proporciona placer húmedo (salivar) al que, cabeza hueca, se pontifica (esto es, deviene puente), al que se acueductifica por la campana, hueco añadido para tratar de alcanzar aquel saber que uno no sabe que sabe. soplo de móvil cavidad bucal contactando cavidad metálica, creando a dos caleidoscopios de armónicos que siguen sendas propias (ariádnicos laberintos).
el metal se carnaliza, se metaliza la garganta. música de óbice, la suma de las dificultades autonomiza, en partes, el sonido resultante, desdibuja los moti, sentimientos de auctor, y hace que él se pronuncie dejando hablar algo en él, que algo otro, vacilante, actúe por él.
contramúsica: deglutir el sonido de la campana al tiempo que la boca esparce hálito, choque o maridaje que disloca lo donado por ambos, producción de relámpagos de belleza distinta, de belleza encontrada. otra.

lo dual deviene trío.

hablaba al principio de abrevar el tiempo. diré ahora que, por contraposición al gregario, el linguofarincampanólogo propicia un tiempo de celebración, un tiempo condensado e inestable (sin sostén). es el mío, encaje de resonancias, un pensamiento que se aleja hacia atrás y hacia adelante. presiente lo que se nos viene, modifica la badajada pasada preparándola (a lo cage) no en tiempo real, sino a posteriori, impacientando al tiempo. a su vez, éste se constriñe. daniel charles diría que se verticaliza, pues la lengua badajo difracta el ya dual y andrógino sonar de la campana, llenándola de imágenes sonoras superpuestas. polisonía que hace el tiempo menesteroso, cargado de deseo, en agónica lucha por una improbable disponibilidad. de nuevo vacío.
faena solitaria y sin géneros este enfangarse, este radicar fatuos armónicos por medio de la lenguabadajo.
el linguofarincampanólogo está solo en el ombligo del hueco albero. se ha procurado, con cuidados amorosos, un onánico naufragio desde el que tratará (¿inútilmente?) de romper la barrera de sones que le baña. no sabe qué ocurre más allá de este velo que le acerca-aleja de la verdad. no acierta a imaginar qué percibirán quienes, en suspenso, atienden desde la barrera a tan desigual batalla.
la campana, en fin, estuvo emparentada desde siempre con la locura, como la voz. la música de ambas es de extravío. traviata. el linguofarincampanólogo produce un canto de silabización distinta. puede llegar a ser terrible, espantosamente emparentado con el sueño (báquico o narcótico), o con la misma muerte. cierto sigilo se impone. los funerales escitas se celebraban por medio de alaridos y trinos de campana simultáneos. y eso, un tintineo que se suma a una larga salva de trinos jubilatorios, puede timbrarnos peligrosamente. convertir en sudario.
el linguofarincampanólogo, como quien se acerca a su ceremonia, ha de aprender la lección de meister eckhart: actuar de modo que la interioridad se manifieste en la operación exterior, y de modo que la operación exterior se reintroduzca en la interioridad de forma que nos habituemos a sin violencia obrar.

interpenetración lo llama cage. linguofarincampanología lo llamo yo.

retrocede La ciudad y sus ecos avanza
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