BARBER, Llorenç - La ciudad y sus ecos

preludio al agua que cae en la fuga

la campana es gran boca, boca que es habla y es comida. boca ventrílocua y profética, boca arrojamúsicas. un compulsivo, suplicante, eyaculatorio y escupitador vaso que fuga menesterosos sones.
imposible dar un badajazo sin tropezarnos con el fascinante espesor aéreo que nace del bronce, con los agitados chirridos de sálvese quien pueda, con los vanos ruidos de una tierra que nos emparenta con el cielo (protector y amenazante: otro).
el sonido de las campanas es casi un objeto, un algo inconfundible que se lanza ahí afuera, como polvo o lluvia que cae sobre cosas, casas, personas.
los insistentes, rutilantes chasquidos de las campanas, más que notas o acordes son documentos, bultos que, armados de secretas llaves, vuelan en barullo (simple pero intenso) preludiando fugas, pues la campana es comunicación y memoria (conversación retroactiva y, así, melancolía).
y este concreto concierto de choques bestiales y penetrantes comienza con un preliminar sonar coral que es masaje que toma precauciones y medidas, con un preparador y calentante estirarse espacial que dispone a la gran escapada, a aventuras que se avecinan. hurgar en el topos, visionario y húmedo ejercicio que nos pre-para para la inminente fuga de cada quien (no en vano campana es palabra relacionada con campo, y campo con campaña donde disponemos provisorios campamentos).
tras la inmensa mesura del preludio nos caerá esta noche de andrógina música la desmesura de una fuga que es diluvio de gestos precisos y sones, trama de notas-gotas, urdir nuevas vicisitudes oídas ya (¡cuánto se parecen las lluvias entre sí!), andar por libre (a caballo, en bici o en volandas) por caminos ya recorridos de sorpresas permanentes.
fuga pues ésta que es huida (tras de nosotros y tras de otros: yo siempre soy otro también), fragmentario y algo desesperado inyectar perdurabilidad en lo presente (fugaz e instantáneo). fuga que es polifónico arrojo que interroga mientras corretea y se con-funde sin nudo ni combate. borrón que devasta y dibuja: soplo negro en negra noche.
una fuga, la de este concierto de campanas, que es contrapunto espacial que se persigue a sí mismo (crono en mano) en forma radial, circular, en olas o en sublimes y elevadoras espirales.
una fuga que es travesía, desplazamiento que desaparece en la lejanía o alud que se nos viene encima como espesa nube viajera que nos saluda, nos besa, preña y/o devasta para, gallinácea, irse por atajos atrabiliarios y herméticos.
sobrio testimonio sonoro que es poner a cholula toda en manos del sonido y elevarla, pirámide mediante, al everest del cielo, pues, en efecto, este campanudo concierto es un sonoro cholular, esto es, un cubrir con un manto sanador y nutricio toda vida, como agua, pululación frenética, que cae en el lugar de la fuga.

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  • Conciertos de campanas: Bibliografía

     

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