BARBER, Llorenç - La ciudad y sus ecos

6. POSLUDIO (TRES INTERVENCIONES)

el problema del ubi o el regionalismo por elección

la música de los últimos decenios ha rozado la utopía, el cero, la perfección, el caos. todo. pero, desgarrada, ha rechazado su realización. las últimas certidumbres (verdades las llaman algunos) colean, sin embargo, cerca.
la tabla de salvación de la serie (último avatar de unas músicas cuantitativas, como las llama daniel charles) ha sido, es, un espejismo que todavía alimenta a algunos ubicuos expertos.
descubrir y re-escribir a berg (a stravinsky o shostakovich, qué más da) es signo distintivo de adultos auctores, hijos de la partitura. las up-town de todas las capitales del mundo están pobladas por músicos-relojeros que com-ponen mecanos sonoros digno pasto de análisis de conservatorio. como diría verdi, tienen tinta musical. su locus es la parti(tor)tura, su región la forman fragmentos de historia poblada de intercambiables padres a los que promíscuamente se ama-mata.
más cerca, algunas de las músicas repetitivas, tomadas a saco por los mass-media se convierten hoy en un manoseado estilo-años-80. es la región de la moda. el toque del hoy-ya-ayer. es una música manca de persuasión. inhabitable por desbordamiento: se la encuentra hasta en la sopa. mejor: es sopa. soporte de filfas. decepción.
algunos músicos, por el contrario, vivimos un retorno al cuerpo, a nuestro cuerpo. formamos la down-town legión. nuestra melancolía se llena de enigmáticos toques personales. vivimos, como quería borges, la espléndida resignación de ser sólo nosotros mismos: tiempo. diferentes, sin equivalencia posible. no crece en nosotros la más mínima pretensión de exportar ni sustancias ni técnicas. la partitura, cuando es, es sólo souvenir.
en una época de velocificación de los mensajes sonoros, yo, llorenç barber, me resigno voluntariamente a vivir la soledad de mi particular instrumento (voz-campana) y saludo a las estrellas desde mi piel madrileña.
es curioso, pero desde mi rincón no sólo conecto con lo que me es más propio (toco madre) y lo traduzco en ceremonias en las que una frágil música sexífraga arranca la fragancia oculta de unos objetos-campanas, sino que me encuentro cuerpo-a-cuerpo, en comunión con músicos muy diversos y mágicamente cerca. toda una red de enigmáticos amores me acercan a músicas y músicos sólo aparentemente lejanos: ellas y ellos son mi región, mi ubi. donde ellos están, estoy también (difusamente) yo.
como en la de felipe II, en mi región nunca se pone el sol. pero, aunque un mismo y piadoso astro nos caliente, distintas sombras nos cobijan: ¿qué tienen en común las óperas de tom johnson o robert asley con los conciertos-espectáculo de carles santos? ¿qué humedad asemeja los residuos sonoros de t. kosugi, o las canciones de visión de charlie morrow con mis toques de campanas? ¿qué sensibilidad hermana las propuestas inarmónicas de un jean-claude risset con las de un emiliano del cerro? ¿qué secretos diálogos envuelven las músicas de cámara de alvin lucier con las de juan hidalgo-zaj? ¿qué particular aroma acerca las propuestas del geográficamente lejano kiwa con las del taller de música mundana, o las del mediterráneo grupo triángulo?
un mismo abandono de antiguas y anticuadas pretensiones de asir por medio de sonidos la sustancia del momento histórico. un mismo apercibirse del fin de lo ilimitado como marco. nuestra música no es proyecto para la historia sino instantánea. hic et nunc. un idéntico sonar con y no contra lo(s) que hay. cambio, pues, de paradigma: de la ego-acción a la eco-acción. abandono del moderno síndrome de compositor-héroe o de obra maestra.
usamos cuanto nos viene en gana, pero nos escandaliza poseer. son las nuestras unas músicas de exceso y diferencia.
y, sin embargo, una misma necesidad de rito, de acercamiento experimental e intuitivo, nos lleva a merodear lo ancestral.
es la nuestra una región de músicas desconfíadas, confusas, paradójicas y fuertemente subjetivas. músicas que huyen de la descendencia y del frío mausoleo.
en mi región la copa de las ideas está, gracias a dios, vacía. soy sólo un aprendiz que, sin nada que decir, escucha atento a un mundo ovillado que gime, quizás cansado, para mí.

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