MILO - ¡Un momento, campanero!

¡Un momento, campanero!

¡Por fin! Por fin una mano caritativa se ha decidido a quitarle al Miguelete el dogal de cemento que le afeaba. Y el acontecimiento bien merece el sacrificio de una ascensión de sus 207 escalones para charlar con su fiel guardián, Pepe Batallés, el campanero.

Ya estoy, con Milo, subido en las mismísimas “barbas” del Micalet. En pleno recinto de las campanas. Son doce. Con sus nombres -me cuenta el campanero-, el refranero popular ha compuesto un estribillo:

“Ursula, Eloy y Violant;
Pau, Narcís y Catalina;
Bárbara, Vicent y Andreu;
Chaume, Manuel y María”.

Sin que apenas le pregunte, el campanero me refiere alguna característica de sus colosos de bronce:

- ¿Ve aquella? Es “María”. Pesa 250 arrobas. Es la mayor. -¿Ve aquella otra? “Catalina”. Es de plata y antiquísima. Cincuenta años más vieja que el Miguelete. Que data de 1381. ahí -y me señala una de las más impresionantes, por su tamaño-, “Jaime”, la de sonido más dulce. Y no es que las demás no tengan sonido agradable.

Y para comprobarlo, porque da la casualidad de que es hora de emitir el “Toque del Ángelus”, estira una cuerda y da tres sonoras campanadas con “Catalina” que me produce sobresalto y sordera.

Tímidamente, le pregunto:

-¿Estará usted acostumbrado?

-Si, claro, claro. Soy campanero desde los 9 años; aunque aquí llevo cuatro, desde que sustituí al anterior, que todavía vive, y con sus 76 años aÚn sube al campanario, aunque la revista “Valencia Atracción” dijera, no ha mucho, que ha perecido.

E ingenuamente indago:

-¿Se basta usted solo para manejar las doce?

-No, por Dios... Hacen falta 20 hombres. Para manejar sólo a “María” hacen falta cuatro. Esto depende del tamaño.

-¿Tiene mucho repertorio de toques?

-Bastante, sí, señor. Unos 166, aunque no todos se empleen ahora. Más se procura conservarlos. Quizás lo ignoren algunos valencianos; pero todavía, por tradición, se lanza al espacio el “toque de queda”. Alrededor de las ocho, ocho y media o nueve, segÚn la estación, pero antes del “toque de Almas”. Antiguamente le servía para indicar el momento en que se debían cerrar las puertas de la ciudad. Con este motivo, el campanero recibía una consignación del Ayuntamiento. Esta ha desaparecido, así como la utilidad del toque; pero por tradición, los sucesivos campaneros lo han venido tocando.

-Visita mucha gente el Miguelete:

-Varía segÚn la época. No puedo precisar cifras. El día que más gente sube a la torre es el de la Virgen. Cerca de un millar...

Y Pepe, el campanero, se excusa unos instantes para lanzar no sé qué otro toque, lo que nos mueve a subir a toda velocidad a la terraza a comprobar el estado de las obras. Para una vez arriba, apoyados en “Miguel”, la campana mayor, con sus casi once mil kilos, lo que hacemos es contemplar el paisaje que es bastante más atractivo.

MILO
"Jornada" - València - (21/08/1947)

Nota de l'editor - El nom del campaner entrevistat era Pepe ESTELLÉS i no Batallés. Tampoc les batallades de l'àngelus es toquen amb la Caterina (la qual hem sabut posteriorment que és de 1305, i per tant molt més antiga) sino amb la Maria. I el campaner jubilat del qual es parla, aleshores encara viu, és Rafael AGUADO i ROMAGUERA. (11/10/2003)

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