MARTÍNEZ, Gustavo - Campanario pionero

Una terraza con historia

Campanario pionero

Junto a un reloj, está ubicado frente al Banco Nación. Fue el primero en sonar después del terremoto de 1944.



En silencio. Las cuatro campanas en lo alto de la terraza del edificio Luis Romero están intactas, esperando volver a sonar en el aire de la ciudad.
Hora. El reloj de tres caras dio la hora gratis del '46 al '49. No está roto, sino que el mecanismo depende de que funcionen las campanas.

El conjunto de cuatro campanas y el reloj en lo alto del edificio Luis Romero, en Rivadavia al 354 Este, es protagonista de los primeros sonidos de la ciudad después del terremoto de 1944. Sus propietarios los trajeron en 1946 de una iglesia de la provincia de Buenos Aires, cuando notaron que el terremoto del 15 de enero del '44 no había dejado ningún campanil en pie. Pero sus sonidos duraron sólo tres años. "A los vecinos les molestaba el sonido de las campanas y la municipalidad clausuró el campanil en 1949. Por esos días se mezclaban los sonidos con los de la Catedral", explicó Fany Romero, una hija del propietario del edificio.

La mujer de 85 años comentó que su familia tiene la intención de hacer funcionar de nuevo el reloj y el campanil: "estamos viendo si nos ponemos de acuerdo con la parte económica. Incluso queremos pedir un permiso al municipio", dijo. Esto se agrega a la posibilidad de que la grabación de campanas de la Catedral también vuelva a sonar desde febrero.

Las campanas en este edificio céntrico están conectadas al reloj, de manera que cuando éstas dejaron de sonar, el reloj de tres caras también se detuvo. Desde la calle Rivadavia se puede apreciar las cuatro campanas (tres chicas y una más grande) en perfecto estado. Y al reloj le faltan algunos bastones y agujas. Los propietarios aseguran que esta máquina no está rota, sino desconectada.

En ese lugar Luis Romero padre, un bodeguero trasladista, había comprado una casa de 24 habitaciones, donde vivía con sus 12 hijos. Después del terremoto del '44, el lugar no se derrumbó, pero tampoco quedó en buenas condiciones. Así que decidieron demoler y construir salones en la planta baja y departamentos en lo alto.

Hoy, en esos salones funcionan los bancos Columbia e Hipotecario. Y en el primer piso viven los nietos de Luis Romero. Una de ellos siente nostalgia ante la posibilidad de escuchar sonar de nuevo el viejo campanil que puso su abuelo: "es una pena que eso no se use. Nosotros queremos que suenen de nuevo, aunque sea a volumen bajo", comentó Cristina Romero de Medina.

"Las campanas son de una iglesia de Buenos Aires, las trajo mi hermano Juan Luis, que ya falleció. Los constructores nos hicieron notar que no había quedado un solo campanil en la ciudad", comentó Fany, quien no recuerda más precisiones sobre el origen de las campanas. Pero de lo que no tiene dudas es sobre su futuro: "muchas veces nos las quisieron comprar. Nos ofrecieron 5.000 pesos por ellas. Pero no las vamos a vender, porque eso es una parte de la nueva ciudad", aseguró.

MARTÍNEZ, Gustavo
Diario de Cuyo (17/01/2007)
  • SAN JUAN: Campanas, campaneros y toques
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