GARGUREVICH, Juan - Pregoneros y campanas en el Perú virreinal

Pregoneros y campanas en el Perú virreinal

Resumen.- La tarea de Pregonar o Apregonar el Bando fue durante muchos años indispensable para el buen funcionamiento de la administración colonial americana. Y no era solo por supuesto herencia o disposición de la Corona lejana pero omnipresente sino que venía de muy lejos, de tiempos en que fue necesario dar a conocer en público el Orden para que nadie alegara que lo desconocía. Los guerreros españoles estuvieron en la primera línea de batalla de la conquista e inmediatamente detrás estaban los indispensables Escribanos, la Justicia, las Ordenanzas, todo aquel sistema imperial que había que reproducir en los nuevos territorios y que era anunciado por los Pregoneros que solían ser a la vez Carceleros y Verdugos . El toque de campanas configuraba además otro sistema de información con un lenguaje que los antiguos sabían comprender sin problemas. Ambos sistemas perviven en las ciudades peruanas con variantes modernas.
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Los llamaban “pregoneros” en España, “town criers” en Inglaterra, “·crier public” en Francia, “ausrufer” en Alemania, “banditore” o “gridatore” en Italia, etc. y se encargaban de propalar informaciones en la vía pública. También eran conocidos como Heraldos en algunos casos pues se les confundía con los Mensajeros porque, como veremos, asumían funciones parecidas. Eran los encargados de dar a conocer de manera solemne los llamados “Bandos” (del latín “bandir” y éste a su vez del germánico “bandu”, pregonar) que eran los edictos o mandatos que representaban finalmente el símbolo de la soberanía estatal.

Puede encontrarse referencia a los pregoneros en documentos tan antiguos como las Leyes Asirias, semejantes al célebre Código de Hammurabi. Son las llamadas “Tablillas” y son ubicadas en el Reino Medio, hacia el año 1700 a.C. Por ejemplo, al normar la compra venta de una propiedad allí se indica que:

“...se hará que el pregonero haga público por tres veces, durante un mes entero, en la ciudad de Asur, y que haga público también en la ciudad del campo o la casa que va a comprar, lo siguiente: Compro por plata el campo o la casa de XXX, en la zona de huerta de tal ciudad.Que los que tengan derecho a a comprar o a oponerse saquen sus tablillas y las traigan a los delegados del rey y que lo impugnen, lo justifiquen y se lo queden (...) Cuando el pregonero lo haga público en la ciudad de Asur, tienen que estar presentes uno de entre los altos funcionarios de la corte, el escriba de la ciudad, el pregonero mayor y los delegados del rey...”.[1]

Fue así en una época tan remota que se definió con claridad la función principal del pregonero, esto es, anunciar disposiciones de las autoridades para que nadie luego alegue desconocimiento en una eventual acción judicial de reclamo. No tenemos referencias asiáticas o egipcias pero es presumible que civilizaciones tan antiguas y desarrolladas para su tiempo hayan tenido también versiones de los Pregoneros occidentales que conocemos.

Es obvio que la instauración del sistema y su continuación a través de tantos años se hizo necesaria por el elevado analfabetismo. La escritura estaba reservada a nobles y sacerdotes, y comerciantes más tarde que usaron -según el caso y su época- tablillas de barro, papiros, pergaminos, papel, que fueron los soportes en que los mensajeros trasladaron la información necesaria. Para el resto, el “populus”, estaban los pregoneros.[2]

Consta también que griegos y romanos utilizaban activamente a estos personajes para los anuncios públicos. Una crátera ateniense conservada en el Museo del Louvre muestra la figura de un personaje que lleva la mano a la boca como para hacerse oir y porta el símbolo de Hermes, el dios mensajero. Los textos homéricos confirman su importancia, como este de La Odisea:

“Cuando la hija de la mañana Fos, la de los dedos rosados descubrió el día, el caro hijo de Odiseo abandonó el lecho. Vistióse, colgó de sus hombros la aguda espada, ató a sus blancos pies las espléndidas sandalias y semejante a un Dios aprestóse a salir de la estancia. En seguida mandó que los heraldos de voz clara convocasen al ágora a los acaienos de luengas crenchas. Y así lo hicieron, y aquéllos reuniéronse prestamente”.[3]

En el “Onomaslicon” se distingue varias clases de pregoneros, a saber, los heraldos sagrados de los misterios Eleusinianos; los que convocaban a los juegos públicos y anunciaban a los competidores y ganadores; los que supervisaban procesiones religiosas; los que anunciaban mercancías en los mercados y noticiaban sobre niños perdidos o fuga de esclavos; los que citaban a los miembros de Consejos y recitaban una fórmula solemne antes de abrir la reunión; y aquellos que trabajaban para la justicia, citando a las partes y anunciando fechas de los juicios.[4]

De los romanos hay por supuesto más información porque han llegado hasta nuestros días detalles completos de la organización estatal. Por ejemplo a nivel del que hoy llamarìamos “Ejecutivo” estaban los Cónsules; los Pretores, una especie de magistrados especiales; los Cuestores o tesoreros públicos; los Ediles que manejaban los asuntos de la ciudad; los Lictores, una categorìa especial de oficiales que ejecutaban las órdenes de los magistrados incluyendo penas de muerte, etc. Con menos nivel había funcionarios de varias clases, como Viatores (notificadores, o citadores) y Praecones o Praecos, los pregoneros o heraldos[5].



Los Pregoneros en España

Los pregoneros como parte del sistema de hacer conocer los bandos o leyes fueron adoptados por la Edad Media sin discusión y fue quizá una de las pocas instituciones que sobrevivieron al gran Imperio romano en decadencia primero y en destrucción después.

Los historiadores describen un día rutinario en las ciudades-estado medievales: las campanas llamando al Angelus al final de la noche madrugada, anunciando que se iniciaba la jornada. Las tiendas abrían hacia las 7 am. y el mercado se hacía activo, ruidoso, hasta tumultuoso y era casi al mediodía cuando aparecía el Pregonero que agitaba una campana llamando a quien deseara escucharlo. Ventas, noticias , objetos perdidos, remates, de todo notificaba el personaje gritando a voz en cuello y por lo que sólo pedía una mòdica suma por sus servicios. Es por esto que los historiadores de la Publicidad encuentran en estos personajes a los màs lejanos antecesores del ofrecimiento sistemático de mercancías.

Con menos regularidad llegan a las plazas principales los otros Pregoneros, los administrativos, que eran precedidos por numerarios de menor rango que tocaban tambores, y a veces trompetas, para indicar que se trataba de anuncios de mayor importancia, es decir, un Bando.

Al acercarse los años de la llegada al Perú de los españoles comandados por Frncisco Pizarro, la Pregonería era ya una institución de la mayor importancia aun cuando el oficio era considerado vil, es decir, de rango ínfimo, como lo comentaría el anotador del Lazarillo de Tormes : “(pregonero era) el oficio más infame que hay... hasta el extremo de estar quienes lo ejercían equiparados por Real orden a negros, matarifes y verdugos, y excluidos del honroso servicio militar. En las obras de S. De Horozco el pregonero aparece ejerciendo todos los oficios de que habla Lázaro”[6].

Los Pregoneros eran ya antiguos a la vez que indispensables como auxiliares de la Justicia mucho antes de que los conquistadores partieron de España hacia América, Veamos por ejemplo esta disposición de los Reyes Fernando e Isabel promulgada en Toledo en 1480:

“Modo de proceder los Alcaldes de Corte y Chancilleria contra reos ausentes de ella.

Ordenamos, que en la forma del citar y proceder en las causas criminales por los Nujestros Alcaldes de la nuestra Casa y Corte y Chancilleria tengan y guarden la forma siguiente: que si el delito fuere cometido dentro de nuestra Corte y cinco leguas en derredor, que los dichos nuestros Alcaldes hayan su informacion; y habida, que el reo sea atendido y pregonado por los nueve días acostumbrados por tres emplazamientos, y por pregón de tres en tres días, sin acusar rebeldía, salvo el postrimero destos nueve días; y que estos pregones hayan tanta fuerza y vigor como si en presencia fuese emplazados los reos ausentes: y si en el postrimero plazo el reo no paresciese, que luego el otro día siguiente se haya el pleyto por concluso, y de ahí en adelante continuen su pleyto en rebeldía con los estrados, y cesen los nueve dias de Corte y tres de pregones...”.

Más adelante estos mismos gobernantes promulgarían la Pragmática de Granada del año 1500 en cuya Ley LXVII dice:

“”Pregonero y verdugo que ha de haber en la Audiencia; y pago de sus salarios de penas de Cámara.

Mandamos, que en la dicha Audiencia de los dichos Gobernador y Alcaldes mayores, haya Pregonero y Verdugo, que residan con ellos doquier que estuviesen; a lo cuales Gobernador y Alcaldes mayores mandamos que se les dé salarios justos, los quales se paguen de las penas de nuestra Cámara, que en la dicha Audiencia se condenaren”.

O esta otra disposición promulgada por Carlos I en Toledo, en 1525:

“Derechos que han de llevar el verdugo y pregonero de los condenados a muerte, azotes y vergüenza pública.

Mandamos, que el verdugo en Corte y Chancillerias de qualquier persona, hombre o muger, que fuere condenado a muerte, y se executare la sentencia, lleve las ropas que tuviere vestidas al tiempo de la execucion; y se entienda en el hombre el sayo y calzas y xubon, y en la muger las sayas que llevare vestidas (...) que los pregoneros en Corte lleven de cada persona que fuere condenada a muerte, y executada la sentencia, un real; y lo mismo del que fuera traido a la vergüenza, o azotado; y si fueran dos o mas pregoneros, no puedan llevar todos mas del dicho real, so pena que lo que mas llevaren lo vuelvan con el quatro tanto y la suspension del oficio...”.[7]

En las “Recopilaciones” las referencias son abundantes y nos sirven para confirmar la importancia de aquel funcionario que voceaba por encargo y que llegaría a las Indias junto, repetimos, los conquistadores.

Citaremos finalmente la Ordenanza sobre fundación de ciudades en los nuevos territorios imperiales que promulgó Carlos V en el año 1523 y que confirmó su hijo Felipe II. En el Título Siete “De la población de las Ciudades, Villas y Pueblos” se dieron instrucciones detalladas sobre sus características y ubicaciones, como “...en caso de edificar a la ribera de algún Río, dispongan la población de forma que saliendo el Sol, dé primero en el Pueblo, que en el agua”. Luego se fundará el pueblo y de acuerdo con estas instrucciones administrativas:

“Que haviendo elegido sitio, el Governador declare si ha de ser Ciudad, Villa o Lugar, y así forme la República.

Elegida la Tierra, Provincia, y Lugar en que se ha de hazer nueva población, y averiguada la comodidad y aprovechamientos, que pueda haver, el Governador en cuyo distrito estuviere, o confinare, declare el Pueblo, que se ha de poblar, si ha de ser Ciudad, Villa o Lugar, y conforme a lo que declarare se forme el Concejo, Republica y Oficiales della, de forma que si huviere de ser Ciudad Metropolitana, tenga vn Juez, con titulo de Adelantado, o Alcalde mayor, o Corregidor, o Alcalde ordinario, que exerca la jurisdición ifolidum, y juntamente con el Regimiento tenga la administración de la República: dos o tres Oficiales de la hazienda Real: doze Regidores: dos Fieles Executores: dos Jurados de cada Parroquia: vn Procurador general: vn Mayordomo: vn Escrivano de Concejo: dos Escrivanos públicos: vno de Minas y Registros: vn Pregonero mayor: vn Corredor de lonja: dos Porteros; y si Diocesana, o sufraganea, ocho Regidores, y los demás Oficiales perpetuos; para las Villas y lugares, Alcalde ordinario: cuatro Regidores: vn Alguazil; vn Escrivano de Concejo, y público: y vn Mayordomo”.



Pregoneros en el Perú

El cronista Garcilaso de la Vega afirmó en su descripción del Cusco que en tiempos incaicos había pregoneros, como vemos en este texto:

“Yendo todavía con el cerco a mediodía, , se sigue otro gran barrio, que llaman Rímacpampa: quiere dezir la plaza que habla, porque en ella se apregonavan algunas ordenanzas, de las que para el gobierno de la república tenían hechas. Apregonávanlas a sus tiempos para que los vecinos las supiessen y acudiessen a cumplir lo que por ells se les mandava, y por que la plaza estava en aquel barrio, le pusieron el nombre della; por esta plaza sale el camino real que va a Collasuyo.[8]

El mismo Garcilaso vuelve a citarlos cuando relata el episodio en que el Inca Atahualpa está ya preso y manda conceder tratos especiales para sus captores:

“Para lo cual mandó apregonar en todo su Reino que recibiesen y hospedasen aquellos cristianos solitarios con todo el regalo y fiesta que pudiesen hacerles”.[9]

Finalmente, cuando describe la muerte del Inca dice: “Al fin dice que se bautizó, y que le ahogaron atado a un palo, en la plaza, con voz de pregonero; y en todo se conforma con los historiadores españoles. Dicen que estuvo en la prisión tres meses”.[10]

En una breve historia del periodismo en México encontramos la afirmación de que Cortés nombró a su primer pregonero hacia 1524 pues ya figura el funcionario en las actas del Ayuntamiento de México siendo el primero Francisco Gonzales. Reed nos relata que “el miércoles 1ro. de febrero de 1524 el Ayuntamiento le ordenó a su pregonero hacer pública su orden respecto a la prohibición de jugar a los dados, naipes y otros juegos de azar –bajo amenaza de ir a la cárcel- que estaban cobrando demasiado auge en los soldados”[11].



Ciudades y pregoneros en el Perú

Francisco Pizarro debió necesariamente ceñirse a la Ordenanza citada arriba cuando fundò Lima, la capital peruana, en enero de 1535; y gracias al acta de la reunión de Cabildo del 6 de Febrero de aquel 1535, conocemos al primer pregonero de Lima. Los regidores decidieron que no se debía cortar árboles sin permiso del Cabildo y estipulando multas de diez pesos por cada árbol y de azotes para los indios o negros que los cortaren sin permiso del amo. Se ordenó al final “que se apregone”.

El Acta agrega:

“Enla dicha cibdad de los Reyes en syete dias del dicho mes eaño suso dicho acabado de salir de misa mayor seapregonó lo desuso contenydo por voz de pedro de colornegro estando presentes muchas personas testigos q` fueron presentes el padre pineda e juan tello alcalde e otros.

Eneste dia yncontinente por mandado del dicho señor se apregono q’ nynguna persona vezino desta cibdad vaya a su casique syn licencia so pena de deze pesos deoro segund enel cabildo de aRiba secontiene lo qual se apregonó en presencia de muchos testigos los susodichos”.[12]

Al año siguiente, 1536, el Cabildo sesiona bajo la presidencia de Francisco Pizarro y establece el “Arancel del Pregonero”. Gracias al Acta conocemos que la ciudad ya tenía pregonero oficial aunque debe advertirse que la Pregonerìa se adjudicaba por licitación o remate y que el ganador contrataba a su vez a los voceadores (como aquel “pedro de color negro” citado antes). Citaremos la parte de las sumas a pagar por los servicios de funcionario:

“Eneste dia los dichos señores (los Regidores) señalaron dederechos al pregonero desta cibdad emandaron q`lleve lo syguiente enesta forma:

-q`lleve dederecho de todos los bienes q’ vendiere en almoneda dedifuntos y bibos por el primer ciento de lo q`’ vbendiere. Tres pesos.

-epor los demas peso emedio decada ciento.

-de los bienes q’ vendiere por execucyon q’ se le dé por cada pregón medio peso.

-y porel remate un peso.

-de cada pregon q’ diere de qualquyera cosa q’ apregonare medio peso de cada pregón.

-de cada uno q`llamare ante qual qyuer juez apedymento de parte lleve tres reales”[13].



Es en el Acta de la sesión de Cabildo de 16 de Abril de 1538 que encontramos la “Subasta de la pregonería de la ciudad” con presencia del mismo Francisco Pizarro y leemos:

“...estedia parecio antesuseñoria emercedes Rodrigo de Retambes edio porla pregoneria desta cibdad ciento ediez pesos deoro cyendole Rematada por un año q’ comienca a coRer en syguiente desde oy e se obligo delos a epagar pr su persona ebienes aeste manifico cabildo o a su procurador ensu nonbre porlos tercios del año en quatro meses la tercia parte elo firmo.---pedro de castañeda.

Suseñoria emercedes le Remataron eneldicho precio ladicha pregoneria porel dicho tiempo elepidieron fianzas q.lopagara segund eomo por el es echo e declarado e luego salio porsu persona ebienes avidos epor a ver dedar epagar al dicho cabildo e asu producrador ensu nombre los dichos ciento ediez pesos de oro por un año de quatro en quatro meses latercia partedellos e para ello se obligo enforma eno firmo porq. Dixo q. No sabia testigo el veedor salzedo eyllan suarez decarvajal e antonyo picado Regidores”.[14]



Los pregoneros del siglo XVI fueron identificados gracias al trabajo de Schofield en los libros del Cabildo de donde tomamos los siguientes nombres:



Años: Pregonero:



1535 Pedro de color negro

1535 Juan Sánchez

1535 Bartolomé Sánchez

1536 Rodrigo de Retamales

1537 Pedro Cafre

1551 Francisco de Quiroz

1551 Pedro Ortega

1551 Juan de Rojas

1552 Andrés de Frías

1555 Juan Mendoza

1556 Pedro Gutiérrez de Valdelomar

1557 Pedro Gutiérrez

1558 Diego de Padilla

1581 Enrique Hernández.[15]



Los nombres que aparecen aquí no son necesariamente de quienes voceaban (o gritaban) porque quienes ganaban el cargo con el sistema de licitación o remate instalaban una oficina o despacho para recibir los encargos de cuestiones a pregonar, que podían ser ventas, búsquedas, etc. exactamente igual que los antiguos griegos o romanos.

Generalmente ofrecían a los clientes un formato en el que se indicaba el tipo de servicio que se requería, lugares y frecuencias.



Los otros pregoneros

Pero había otros pregoneros, muchas veces improvisados, que eran los que añadían a sus tareas de voceadores la de verdugo. O de pregoneros obligados por las circunstancias, como sucedió en la etapa de las Guerras Civiles. Se enfrentaban, se recordará, pizarristas y almagristas y los primeros bajo el mando de Gonzalo Pizarro pretendieron incluso asumir el control del Perú.

En una de las crónicas que relatan esta etapa leemos la breve trágica historia del capitán Juan de la Torre que había encontrado un tesoro incaico y quería fugar a España. Furioso, Gonzalo Pizarro lo hizo apresar, sus oficiales le aplicaron tormento y lo condenaron a muerte: “..habiendo confesado con poca dificultad lo que pasaba acerca del caso, lo condenó a cortar la cabeza; la cual le fue cortada públicamente por voz de pregonero, junto al rollo, en presencia de dicho licenciado (Cepeda), diciendo el pregón: ‘Por amotinador y alborotador destos reynos”[16].

Citaremos nuevamente a Garcilaso para el caso de la sentencia de muerte de Túpac Amaru I, ordenada por el virrey Francisco de Toledo:

“Al pobre Príncipe sacaron en una mula, con una soga al cuello y las manos atadas y un pregonero delante, que iba pregonando su muerte y la causa della, que era tirano, traidor contra la corona de su majestad Católica. El Príncipe, oyendo el pregón, no entendiendo el lenguaje español, preguntó a los religiosos que con él iban qué era lo que aquel hombre iba diciendo. Declaráronle que le mataban porque era auca contra el Rey, su señor. Entonces mandó que le llamase aquel hombre, y cuando lo tuvo cerca, le dijo: ‘No digas eso que vas pregonando, pues sabes que es mentira...”[17].



Fue precisamente Francisco de Toledo, nombrado Virrey en 1568, quien hizo el primer gran esfuerzo de terminar con el desorden de los años iniciales, imponiendo límites y tratando de aliviar la explotación de los indios. Hizo la “Visita” oficial a varias ciudades y en particular al Cusco, que refundó a la manera española en 1572. Dictó las Ordenanzas que debían corregir el desorden que encontró. Leamos lo pertinente a nuestro tema:

“Ordenanzas para los indios de todos los departamentos y pueblos de este reino.

Ordenanza XLIII

Ord. I. De los Alguaciles Mayores y Menores

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-Del Carcelero, Pregonero y Verdugo

Ordenanza I. Que el carcelero viva en la cárcel y cuide de su limpieza y seguridad.

Ordenanza II. Que pregone todo lo que se le mandare, y ejecute las penas en los delincuentes, y por su condición se le dé un topo de chacra de la comunidad.

Item, sea obligado a dar todos los pregoneros que se le mandaren por los dichos alcaldes, y por cada uno de ellos, y á ejecutar en los delincuentes las penas en que fueran condenados por los dichos alcaldes o cualquiera de ellos, so pena de la privación de dicho oficio, y por razón de él le ha de dar la comunidad un topo de chacra y sementera, como a cada uno de los demás, atento a que será indio pobre y ha de estar ocupado en ello, y lo mismo a los alguaciles”[18].

Esto pregoneros provincianos, del interior, eran pues además verdugos y guardianes y a estos se referirá el famoso Guamán Poma de Ayala cuando redacta su “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, aquel reclamo que aparentemente nunca llegó a los reyes de España. Poma hizo por lo menos dos dibujos representando a aquellos personajes, ilustraciones a las que añadió los textos que siguen. En el primero los llama “mandoncillos” indicando que tienen derecho a cinco indios a su servicio. No hemos podido conocer la Ordenanza que asignaba este número de servidores a los verdugos-pregoneros:

Figura 285

MANDONCILLOS son Yns. Tributarios y cabildo de su magd estos an de seruir en el oficio de alcayde o pregonero o uerdugo deste rreyno los Yns mandoncillos de cinco Yns tributarios que no falte un Yn antes sobre para q` antes sobre que para q` se la de titulo todos estos dhos mandones...

(Los Mandoncillos de cinco indios tributarios, Pisca Camachicoc por mandato de su Majestad tienen en los Cabildos el cargo u oficio de Alcaide, Pregonero o Verdugo de esre Reino. Estos mandoncillos tendrán forzosamente a sus Órdenes cinco indios tributarios, sin que falte ninguno procurando que antes les sobre para gozar desde título..)

En la siguiente ilustración se fija el arancel y se añade la responsabilidad de mantener sembríos de lo que llamamos panllevar:

Figura 302

PREGONEROS alcaydes y uerdugos deste rreyno se le an de pagar los culpados un marauedi y no pase mas todos los cristianos en este rreyno y los sushodhs lo busquen las dhas chacaras de yllapa ualdias rrealengas q’ sienbre en un topo de uerduras coles lechugas y sebollas ajos culantro perejil mostasa yerba buena nabos...

(Los Pregoneros, Alcaydes o Verdugos de este reino han de ser pagados por los inculpados a razón de un maravedí, no debiendo abonar mayor cantidad a ningún cristiano. Entre dichos funcionarios se escogerá los encargados de atender los trabajos de las chacras de rayo, baldíos, realengos, en los cuales se sembrarán verduras, coles, lechugas, cebollas, ajos, culantro, perejil, mostaza, yerbabuena, nabos...)[19]

RicardoPalma contó muchas historias de reos y condenados y recogió el texto de algunos bandos. No cita la fuente pero sin duda que así debió ser lo que pregonó el funcionario. Por ejemplo, en la tradición “Los azulejos de San Francisco” cuenta de los preparativos y el bando para colgar a un reo:

“¡Sepan cuantos presentes estén que la muy justificada y Real Audiencia de esta ciudad de los reyes del Perú ha condenado a sufrir muerte ignominiosa en la horca a Alonso Godínez, natural de Guadalajara, en España, por haber asesinado a Marta Villoslada, sin temor a la justicia humana ni divina. Quien tal hizo que tal pague. Sirva a todos los presentes la lección para que no llegue a verse en semejante trance. Paso a la justicia”[20].

También cuenta Palma la historia de un prefecto que se excedía en los bandos y menciona aquí a un escribano, “el loco Casas”, que era el encargado de promulgar a viva voz las disposiciones cobrando cuatro pesos por cada bando. Agrega el tradicionista que los bandos se leían bajo el balcón del Cabildo y en las plazuelas de San Lázaro, Santa Ana, San Sebastián y San Marcelo. Y lo relataba a propósito de recordar al Virrey marqués de Castelfuerte que promulgaba tantos bandos que le decían precisamente “Pepe Bandos”[21].

De Palma también tomamos la descripción, que recogió a su vez de los Libros del Cabildo, de un Auto de Fe de la temible Inquisición, en 1625:

“Sábado 15 de diciembre se juntaron a las diez de la mañana, el alguacil mayor don Juan Arévalo de Espinosa, caballero del hábito de Alcántara, y los secretarios, familiares y ministros de este Santo Tribunal, y salieron de la Inquisición, a caballo, con trompetas y atabales y clarines, a pregonar el auto por toda la ciudad”[22].

Los pregones eran leídos en la plaza de la Inquisición, delante del Palacio de Gobierno y el Arzobispal, en el Cabildo, y en las plazuelas de Santo Domingo, San Agustín, La Merced, San Pedro y La Concepción. Citaremos finalmente el bando que los inquisidores hicieron pregonar el 16 de octubre de 1749:

“Manda el Santo Oficio de la Inquisición que todos los vecinos y habitadores de las casas y tiendas que corren desde el local del dicho San Oficio hasta la iglesia de Santo Domingo, las limpien y barran para el domingo 19 del presente mes de octubre, pena de diez pesos de multa y otras arbitrarias”[23].



Pregoneros y vida cotidiana

Avanzando ya el siglo XVI, la vida se estabilizaba en las ciudades del Virreynato y las nuevas instituciones españolas adaptadas a las condiciones locales eran ya asumidas sin problemas. La Pregonería era una de ellas, siendo tan importante que pronto tuvo un local especial en la calle que justamente se llamaría “de la Pregonería”.

El método de redactar el Diario fue continuado después por Joseph de Mugaburu y su hijo Francisco de Mugaburu, entre años 1640 y 1694, pero no fueron tan detallados y bien informados como el clérigo Suardo[24].

Como se ha dicho arriba, el trabajo del pregonero estaba en la escala más baja del rango de los funcionarios de la Corona. Transcribiremos parcialmente una “entrada” al tema que hizo el Diccionario de la Real Academia en el año 1737:

“PREGON.sm. La promulgación ó publicación, que en voz alta se hace en los lugares o sitios públicos, de alguna cosa que conviene que todos sepan. Viene del latino Praeconimum, i.j. que vale lo mismo. Grac.Mor. f.66. Mandaron por decreto y pregón público, que a ninguno de aquellos perdonasen la vida. Guardiol. Nobl. Ca.p7. No huvo para los Judíos cosa que mas tristeza les causasse que oir semejante pregon y mandato.

Tras cada pregón, azote. Phrase festiva, con se zahiere al que tras cada bocado quiere beber. Lat. Singulas buccellis singula pocula adbibere.

PREGONAR.v.a. Publicar y hacer notoria en voz alta alguna cosa, para que venga a noticia de todos. Lat. Aliquid per preconem promulgare vel denunciare. Ambr. Mor. Lib.8. cap.29. Mandó le luego a prima noche pregonar en su Real la partida. Lazar. de Torm.cap.5. Teniendo noticia de mi persona el señor Arcipreste de S.Salvador mi señor, porque le pregonase sus vinos, procuró casarme con una criada suya.

Pregonar. Vale tambien decir o publicar a voces la mercancía o género comestible que alguno lleva para vender, para que la tomen y compren los que la necesitaren. Es usado en las poblaciones grandes. Lat. Merce publicare emptoribus.

(...)

Pregonero.s.m. El oficial publico que en alta voz dá los pregones, y publica y hace notorio lo que se quiere hacer saber, y que venga noticia de todos. Es oficio mui vil y baxo. Lat. Praeco, onis. Part.7.tit.32. L. II. Diciendo el Alcaide ó el Pregonero ante las gentes los yerros porque los matan- Recop. L.4. tit.32. l. única. Otrosí los dichos Pregoneros, de pregonar un caballo ó mula ó azémila, que fuesse perdida, lleven ocho maravedís

En la versión de 1780 aparecen otras definiciones y cargos, como el “Pregonero de Rentas” que anuncia en voz alta “las posturas y pujas que se hacen en el arrendamiento de las rentas y diezmos de la Iglesia” advirtiéndose que es “oficio decente”. Asimismo se dedica varias líneas al “Pregonero Mayor” como “dignidad o empleo muy honorífico” concedido a los Marqueses de Aguilar de Campoó, “unidos hoy con la de Villenas” y que debían cobrar un porcentaje de un maravedí por cada mil de los contratos de arrendamiento”[25].

La Pregonería tuvo por muchos años un local fijo en la calle que, repetimos, se llamó “de la Pregonería” o “Pregonería” y luego “Pregonería Vieja”, en el hoy Jirón Puno[26]. Se mudó después y se llamó “calle de Pregonería de San Marcelo” por estar al costado de la iglesia de ese nombre. Del tema nos da noticia Juan Bromley: “Pregonería de San Marcelo se llamó después la calle porque en ella estuvo el local de la pregonería de la ciudad, o sea el sitio donde se hacía la venta por público remate de propiedades y mercaderías. La Pregonería estuvo situada `primero en la calle actual de Bejarano, que por esa circunstancia fue denominada de la Pregonería Vieja”[27].

El toque de campanas

Un habitante de Lima siempre estaba atento al sonido de las campanas de la ciudad, que por lo demás era constante casi todo el día por diferentes razones y desde igualmente distintas torres eclesiales. Pero en medio de esa confusión aparente los oídos aguzados de un capitalino distinguían la razón del toque, es decir, que conocían el lenguaje de las campanas que eran un verdadero sistema informativo que participaba en el orden de la ciudad.

Como en el caso de los pregoneros la historia de las campanas es inmemorial. Se han encontrado campanas en tumbas egipcias, asirias, y las campanillas eran objeto de adorno común de, por ejemplo, los caballos griegos. Las menciones chinas son frecuentes aunque se hace más énfasis en los batintines o clásicos “gongs”

Los romanos convocaban a toque de campana (“tintinabulum”) la apertura del mercado, la hora de los baños, avisaban el paso de los condenados, llamaban a los criados, era en, definitiva, algo ya común en la vida cotidiana de la capital y del imperio en general en lo que significaba de influencia cultural.

Las campanas pasaron al cristianismo sin problemas pues era la manera ideal de convocar a los oficios religiosos y en la Edad Media cada iglesia parroquial europea poseía por lo menos una campana grande de bronce y varias pequeñas para usarlas en el interior y a lo largo del oficio (en el Te Deum, al elevar la hostia, en el antiguo “sanctus”.

Fue también en la Edad Media que comenzaron a distinguirse los toques de campana utilizándolas además para fines distintos del culto, como dar alarmas, avisar de agonías de fieles, etc. obligando a la construcción de torres de gran altura para que el sonido se propague lo más lejos posible[28].

Así, al iniciarse el siglo XVI en España las campanas eran algo tan natural como los pregoneros. Todas las iglesias pugnaban por elevar lo más alto posible sus campanarios y encargar campanas cada vez más grandes y también se refinaba el lenguaje, el código. Cuando moría un clérigo, por ejemplo, el toque de campana (“Defunctos ploro”) hacía constar la edad, calidad y sexo del finado, aumentando los repiques si se trataba de un Obispo. En este caso sonaban todas las campanas de la ciudad sin excepción.

Habían otros toques de herencia medieval como el llamado “nimbus fugo” que trataba de conjurar a las tormentas, así como el “festa decoro” de grandes repiques para las fiestas.

Un antiguo manual mexicano de sacristanes indica instrucciones al respecto:

“Cuando se aproxima una tempestad o una calamidad, a la llegada o despedida de imágenes venerandas, o en actos de desagravio y letanías. Se toca con todas las campanas, una por una, de mayor a menor, pausadamente. Con cada una de ellas se dan dos golpes; con la mayor solo una. Así se vuelve a comenzar y sigue repitiendo el rato conveniente. Si hay campana consagrada, se va tocando acompasadamente, muy lenta, durante todo el tiempo de la llamada”.

Cuando los españoles llegaron a América trajeron por supuesto sus campanas y las instalaron en las primeras iglesias o en sus construcciones pues era urgente convocar a los nuevos moradores de las igualmente novísimas ciudades.

Todos los historiadores de Lima virreinal se refieren a sus numerosas iglesias y a sus campanas porque, como dijimos arriba, se tocaban prácticamente todo el día descansando solo parte de la noche pues al filo de la madrugada se reanudaban los llamados o avisos.

La primera campana limeña fue mandada fundir por el caudillo de los conquistadores, Francisco Pizarro, en 1535 y para ser colocada en la flamante Catedral. Debido al título de Marqués del español, los limeños la llamaba “la marquesita” y tocó por primera vez en la Navidad de aquel año[29]. Le siguieron muchas otras que también fueron bautizadas popularmente como por ejemplo la llamada “Abuelita” que se libró de la fundición por pequeña y que fue inaugurada en 1590. Se conserva en la Iglesia de San Pedro, de la Orden de los Jesuitas y está en pleno uso.

Pero muy pocas campanas antiguas se han conservado pues en tiempos de crisis fueron fundidas para utilizar sus bronces para hacer cañones. En 1579, por ejemplo, cuando los corsarios ingleses hicieron su aparición en el Mar del Sur, otrora santuario español, el Virrey Toledo pidió al cabildo la cesión de las campanas “para fundir artillería”.

“Lima tuvo “ dice el citado historiador Portal “en las torres de sus templos, cuando el coloniaje, cerca de trescientas campanas de variados tamaños, formas y sonidos. Y en aquellas suntuosas fiestas de Navidad, Hábeas y Santa Rosa, echábanse a vuelo por horas enteras todas las campanas de la ciudad, y no necesita el lector haberlas escuchado para apreciar el hecho en toda su extensión y grave realidad”[30].

Recién en 1795 el virrey Gil de Taboda y Lemos se atrevió a poner límites a las Iglesias con un decreto que fue pregonado como bando y que regulaba el toque de campanas:

“Para la llegada de noticias de España, entrada de virreyes y arzobispos, alumbramiento de la reyna, se repicará un cuarto de hora; Para las fiestas solemnes de Córpus, patronas de España y Lima y elecciones de prelados de órdenes religiosas, ocho minutos; Para las demás fiestas, no mensuales, semanales o novenas, cinco minutos y con sólo tres campanadas; Por muerte del rey, la reyna, virrey, pontífice y arzobispo, dobles generales cada hora, después de darse en la Catedral doscientas campanadas y doscientos clamores; Por muerte del deán, noventa; por las dignidades, ochenta; por los canónigos, setenta; por los racioneros, cincuenta; los medios racioneros, veinticinco; y doce minutos de doble, mañana y tarde, para todos”.

Se agregó una severa prohibición de tocar campanas en altas horas de la noche, so pena de fuertes castigos que incluían la confiscación de la campana infractora.

Pero el efecto de la drástica reducción del toque campaneril no fue seguramente acatado por los clérigos, que siguieron golpeando sus bronces con entusiasmo y sin limitaciones hasta que debió la nueva República intentar ponerle límites definitivos cuando en 1822 el Ministro Bernardo Monteagudo expidiò un Decreto ordenando drásticas reducciones a los toques: “Ningún repique general pasará de cinco minutos, a menos que sea en celebridad de algún grande acontecimiento favorable a la causa de la Independencia, que en tal caso durará diez minutos”[31].

Monteagudo fue asesinado, San Martín dejó el poder a Bolívar y en la confusión política que siguió tornaron las campanas a sus repiques originales. Un viajero de la época comentó: “El tañido de las campanas forma parte de las ceremonias religiosas de Lima, y hacen un ruido tan aturdidor, que imposibilitan escuchar nada atentamente durante los repiques (...) Se toca del modo más discordante... Monteagudo prohibió que las campanas sonaran más de cinco minutos y reglamentó el número de toques diarios pero esta disposición fue abolida después por profana e irreligiosa”[32].

La República debió asumir las campanadas porque formaban parte de una tradición que pronto se reveló inamovible. Así leemos al famoso polígrafo Manuel Atanasio Fuentes que en su libro descriptivo sobre Lima, publicado en 1867, hace constar la importancia de los toques y la reverencia con que los limeños respetaban sus mandatos: “A las ocho de la noche tocan las campanas de todos los templos una especie de plegaria, y las personas devotas rezan algunas oraciones que, en esa hora, producen el efecto de sacar almas del purgatorio”.

“Al oír las campanas de la catedral, en la mañana, y las de todas las iglesias, a la hora de ponerse el sol (la oración), todos los individuos que están en la calle detienen la marcha, y se quitan el sombrero”[33].

En numerosos episodios históricos republicanos las campanas tuvieron un rol de aviso, alegría o duelo. Quizá uno de los más conocidos, recogidos por varios historiadores y por el propio Jorge Basadre, sea el de la rebelión civil y militar de marzo de 1895 liderada por Nicolás de Piérola contra el presidente Andrés A. Cáceres. Hubo arduos combates en las calles de la ciudad y a medida que los rebeldes tomaban barrios para su causa, hacían tocar las campanas de las parroquias para hacer conocer sus avances. Lima se enteró así de la situación.

En esos días de combates un certero cañonazo gubernamental abatió una de las torres de la Iglesia San Agustín donde tañía constantemente la campana llamada “Mónica”, una de las más famosas por su sonoridad. La “Mónica” fue destrozada sin remedio.

Hoy, las campanas limeñas siguen sonando pero es difícil escuchar sus tañidos debido al intenso tránsito. Sólo a las seis de la mañana cuando la ciudad no ha despertado plenamente es posible escucharlas llamando a los fieles y cumpliendo su antigua tarea de convocatoria.



Lima, agosto del 2004



Juan Gargurevich

Pontificia Universidad Católica del Perú





[1] Historia Antigua. Universidad de Zaragoza.Profesor Dr. G. Fatás. http:://fyl.unizar.es. Consultada el 13.08.2002.

[2] cf. Pizarroso, Alejandro. Historia de la prensa. Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, S.A. Madrid. 1994

[3] Homero. La Odisea. Según la traducción de Leconte de Lisle. Editorial Tor. Buenos Aires. 1951.

[4] Heraldry. http:://57.191encyclopedia.org/H/HE/HERALDRY.htm. Consultada el 11.09.2002.

[5] “Praeco” es una contracción de praecino, praecinui, praecentum, compuesto de “prae” más canto, cantare = ir adelante cantando, sonar, resonar, dejarse oìr, encantar, predecir, pronosticar.

[6] Sebastián de Horozco (1510-1578) escribió el “Entremés –que hizo el auctor a ruego de una monja parienta suya, evangelista, para representarse, como se representó, en un monasterio de esta cibdad, día de Sant Juan evangelista”. Los personajes de la breve obra teatral son un Villano, un Fraile, un Buñolero y un Pregonero “que entra pregonando una moza, perdida”.

[7] Las referencias ý textos de leyes han sido tomadas de la “Novísima Recopilación de las leyes de España. Dividida en XII libros. En que se reforma la Recopilación publicada por el Señor Don Felipe II en el año de 1567, reimpresa últimamente en el de 1775. Y se incorporan las pragmáticas, cédulas, decretos, órdenes y resoluciones Reales, y otras providencias no recopiladas, y expedidas hasta el de 1804. Mandada formar por el Señor Don Carlos IV”. Impresa en Madrid. Año 1805.

[8] Inca Garcilaso de la Vga. Comentarios Reales de los Incas. Biblioteca Clásicos del Perú. Banco de Crédito del Perù. Lima. 1985. p.287.

[9] Inca Garcilazo de la Vega. Historia General del Perú. Primera parte. Librería Internacional del Perú. Lima. 1959. p. 80.

[10] Ibid. p. 97.

[11] Reed Torres, Luis. Los pregoneros, en “El periodismo en México. 450 años de historia”. UNAM. México. 1974.

[12] Libro Primero de Cabildos de Lima. Actas desde 1535 a 1539. Descifrado y anotado por Enrique Torres Saldamando y Pablo Patró y Nicanor Boloña.Lima. 1888. p. 17 y ss.

[13] Ibid. p.106.

[14] Ibid. p.189.

[15] Schofield E., Sophy. Indices. Libros del Cabildo de Lima. Años 1535-1601. Concejo Provincial de Lima. 1946.

[16] Carrillo, Francisco (Comp.) Anónima Relación de las cosas del Perú desde 1543 hasta la muerte de Gonzalo Pizarro. En “Cronistas de las guerras civiles, así como del levantamiento de Manco Inca y el de Don Lope de Aguirre llamado ‘La ira de Dios”. Editorial Horizonte. Lima. 1989. p. 242.

[17] Ibid. P. 849.

[18] Véase de Roberto Levillier “Don Francisco de Toledo, supremo organizador del Perú, su vida, su obra (1515-1582)”.

[19] Hemos utilizado la interpretación de Luis Bustíos Gálvez en “La Nueva Crónica y Buen Gobierno escrita por Don Felipe Guamán Pola de Ayala”. Segunda Parte. Gráfica Industrial. Lima. 1966.

[20] Palma, Ricardo. Tradiciones Peruanas completas. Aguilar. Madrid. 1957. p. 314.

[21] Ibid. P. 544

[22] Ibid. Anales de la Inquisición de Lima. Cap. I. P. 1216.

[23] Ibid. P. 1255.

[24] Mugaburu, Joseph de, y Francisco de Mugaburu (hijo). Diario de Lima (1640

[25] Véase las diferentes versiones de los diccionarios españoles , en ediciones facsimilares, en Http://buscon.rae.es.

[26] La nueva nominación de calles de Lima fue decidida hacia 1862. El nuevo Jirón de La Unión sirvió de eje de división y así se llamó Jirón Moquegua a un lado y Jirón Puno al otro. La secuencia de los antiguos nombres de calles, a partir de Unión son: Bejarano, Pregonería-vieja, Azaña, Padre Jerónimo, Juan Valiente, Santa Catalina y Chirimoyo. V. De Manuel A. Fuentes. Estadística general de Lima. Tomo I. Paris. 1866. p. 491.

[27] Bromley, Juan. Lima en el año 1613,. En “Evolución histórica de la ciudad de Lima”. Juan Bromley y José Barbagelata. Concejo Provincial de Lima. MCMXLV. P. 28. NOTA: Aquí Bromley se equivocó porque Bejarano era la cuadra anterior, según hemos visto en el plano de Manuel A. Fuentes citado antes.

[28] La campana más grande jamás fundida está en el Kremlin, en Moscú. Es llamada “De la Zarina” y pesa 180 toneladas pero no tocó nunca pues se quebró cuando se trataba de izarla a un campanario. La más grande de la Iglesia Católica está en el Sagrado Corazón, en Colonia, y tiene 27 toneladas.

[29] Portal, Ismael, Lima Religiosa (1535-1924). Librería e Imprenta Gil. Lima. 1924. p. 166.

[30] Ibid. P. 163

[31] Gaceta de Gobierno. 22 de Mayo de 1822.

[32] Proctor, Roberto. El Perú entre 1823 y 1824. En “Relaciones de Viajeros”. Volumen 2do. Colección Documental de la Independencia del Perú. Tomo XXVII. Lima. 1971.

[33] Fuentes, Manuel A. Lima, Apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres. Paris, Lib. Didot. 1867. Ed. Facs. Banco Industrial. Lima,. 1985. p. 108.

GARGUREVICH, Juan
Pontificia Universidad Católica del Perú ()
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