PLAZAOLA, J. - Campana y Campanario

Campana y Campanario

Introducción

El uso de c. para producir sonidos simbólicos o utilitarios es antiquísimo. Se han encontrado pequeñas c. en las tumbas egipcias y en las ruinas de Asiria. Las usaron los chinos mucho antes del nacimiento de Jesucristo y lo mismo en la India durante miles de años. En Occidente las c. están asociadas casi inseparablemente a la Iglesia. Fuera de ella, una función muy corriente de las c. ha sido indicar las horas del día de cuyo sentido habla Luciano en el s. ii. En la Edad Media «a son de campana» se reunía la mesnada para marchar a la guerra; la c. del castillo servía a veces para señalar las órdenes del señor feudal. Este uso trascendió al Renacimiento y hasta el s. xvll existió el privilegio de que el jefe de la artillería se apropiase de las c. de las iglesias de las plazas tomadas por asalto o capitulación; la población debía rescatarlas a un gran precio que equivalía a una contribución de guerra. Dicho privilegio se lo arrogó Napoleón en España, durante la guerra de la Independencia. Puede también citarse el uso de c. como señal de incendios u otros peligros, para indicar en los barcos la hora en alta mar, para prevenir, sobre boyas, contra las rocas y los bajíos, etc.

El uso de campanillas con fines tanto religiosos como profanos es, pues, muy anterior al cristianismo. Aunque algunas tintinnabula se han hallado también en las catacumbas, el empleo de c. propiamente dichas en la Iglesia cristiana no parece anterior a los s. v y vi. Según las regiones recibieron diversos nombres latinos: signum, nola, clocca, campana; este último proviene de Campania, región italiana donde se fabricaban ciertos vasos de terracota y de bronce. Parece que se usaron por vez primera en los monasterios para llamar a los monjes a los divinos oficios. Con el mismo fin debieron usarse en basílicas del s. v y, según testimonio de Gregorio de Tours (m. 594), en algunas parroquias de la Galia en el s. vi. En Oriente, ciertos instrumentos de madera (semantra) hicieron las veces de c. hasta que éstas se introdujeron, en el s. XIII, por influencia occidental. Muy pronto debieron de llevar inscripciones; conocemos algunas, de c. que no han llegado hasta nosotros. La famosa c. hallada en Canino (Viterbo) lleva una inscripción probablemente del s. VIII. Más tarde también se las decoró con símbolos y motivos religiosos. Las c. fueron pequeñas al principio; pero desde el s. viÜ se empezazon a utilizar grandes, hasta alcanzar sus máximas dimensiones en los s. xvIxvIII. La más gigantesca es la célebre Zar Kolokol en Moscú (a. 1734) que se halla sobre una plataforma, mide 18 m. de circunferencia, 6 m. de altura, y pesa 196 toneladas.

Uso religioso

Puesto que las c. servían para llamar a los fieles a la oración y al culto, se introdujo la ceremonia de bendecirlas: con las oraciones pertinentes, bendición de la sal y el agua, lavatorio de la c., unción con el óleo e invocación de un santo. Un Liber Ordinum usado en la iglesia española, anterior a la invasión musulmana, contiene un Exorcismus ad consecrandum signum basilicae con exorcismo y bendición, pero sin unción. Por la semejanza ritual esta ceremonia se llamó «bautismo de las c.»; consecuentemente nació la costumbre de darles nombres. Además de anunciar la hora de los divinos oficios, se las empleó para avisar de la agonía y muerte de los fieles, para recordar en la víspera la obligación de ayunar, etc. En el s. xiii se introdujo la costumbre de hacer sonar las c. en el momento de la elevación de la hostia consagrada durante la Misa. En los siglos siguientes se las empezó a tañer al Angelus. Testigos de una época de fe intensa y universal, fueron penetrando toda la vida social. Las funciones que cumplían están expresadas en los versos grabados en algunas campanas medievales:
Vox. mea, vox vitae, voto vos ad sacra, venite.
Laudo Deum verum, plebem vaco, congrego clerum,
Def unctos ploro, nimbum fugo, f esta decoro.

Hoy se pone en cuestión la conveniencia real de las c. y del campanario en ciertos ambientes. El CIC, can. 1169, afirma la conveniencia de que haya c. en las parroquias para invitar a los fieles a los divinos oficios y demás actos religiosos, y la necesidad de consagrarlas o bendecirlas. No hay prescripción respecto al número de c. que debe poseer una iglesia; pero reglas muy abundantes precisan los momentos en que hay que emplearlas. No se deben usar con fines meramente profanos, a no ser por necesidad, o con licencia del ordinario, o por costumbre legítima.

El campanario

Como estructura especial no apareció antes del s. viii. Al principio debieron utilizarse las torres ya existentes, construidas con fines defensivos sobre las fachadas de las iglesias o a sus lados (como aparece en el mosaico del arco triunfal de S. María la Mayor de Roma). Los campanarios cilíndricos de las basílicas de Ravena, que se creían del s. vi, pertenecen al s. ix. Uno de los testimonios más antiguos relativo al campanario es el Liber Pontificalis: refiriéndose al papa Esteban II (s. vlii) dice que hizo construir sobre la basílica de S. Pedro Apóstol una torre en la que puso tres c. que convocaran al clero y al pueblo para el oficio divino. La forma más antigua de los campanarios fue la cilíndrica; la más común, la prismática: torres cuadradas y severas con algunas aberturas para dar luz a la escalera interior. En el románico se incorporaron a la fechada. En el gótico se alzaron, sobre planta cuadrada, ascendiendo en forma de flecha a alturas enormes. En el Renacimiento se inició el periodo de decadencia del campanario. Nuestro siglo, con la arquitectura moderna, ha creado dos obras maestras: las torres de la Sagrada Familia de Barcelona, obra de Gaudí, y la de N. S. del Raincy (1922), obra de A. Perret. En general, los principios de economía y funcionalidad aconsejan hoy estructuras aireadas y ligeras, fáciles de realizar y que amenguan la enorme resonancia que producen en el interior los campanarios antiguos.

El campanario implica antes que nada un problema acústico, según su función originaria. Se ha comprobado que los más célebres por la belleza de su tañido son torres muy cerradas, construidas con materiales muy favorables a la resonancia. Las dimensiones de la sala de campanas deben calcularse en relación con el radio de movimiento de la campana más grande. El espacio más favorable es el cúbico; sólo en una pieza cúbica o casi cúbica se logra una plenitud de sonoridad homogénea y una buena fusión de las diversas ondas. En cuanto al material, el ladrillo y la piedra se defienden de las vibraciones mejor que el hormigón; robustecen las frecuencias más bajas y amortiguan las altas; el cemento debilita el cromatismo de cada sonido. Las aberturas del campanario debieran disponerse de manera que las ondas llegaran sólo indirectamente al inmediato vecindario.

Si el campanario forma una estructura aislada (entonces se le llama también Campanil) plantea además un problema óptico. Desde ambos puntos de vista, óptico y acústico, hay razones para preguntarse qué conveniencia puede tener hoy el campanario tradicional, sobre todo en grandes ciudades. Si sólo se atiende a su utilidad práctica, habría que decir que los actuales medios de comunicación (prensa, radio, TV, teléfono, etc.) hacen poco necesario el uso de c. Desde el ángulo de la expresión plástica, la verticalidad del campanil puede parecer ridícula en un medio urbano de colosales inmuebles. Por otra parte, el ruido de las máquinas en la ciudad moderna, si no ha suprimido, ha amenguado la importancia acústica de las c.; piensan algunos que en este medio el tañido de las c. sigue siendo una fuente de sentimientos a los que el hombre nunca debe renunciar. La oportunidad del campanario como cuerpo arquitectónico evocador dependerá del ambiente socioreligioso. En un medio descristianizado o misionero puede parecer carencia de realismo; en otros, de honda tradicionalidad cristiana, debiera conservarse como signo de una sociedad proyectada al másallá, y como medio para dar carácter al exterior del edificio sacro.

BIBL.: H. LECLERCQ, Cloche, en DACL III, col. 19541957; M. RIGHETTI, Historia de la liturgia, I, Madrid 1955, 443447; A. BETHUNE, Bell towers in sacred architecture, «The Catholic Quarterly» 4, Buffalo 1958; J. B. FERREREs, Las Campanas, Madrid 1910; J. SCHAEBEN, 1. LEDERER, Glocke, en LTK IV,962965; P. RADÓ, Enchiridion Liturgicum, Roma 1961, 14181420; P. CARBONARA, I campannii. Sistemazione delVambiente intorno al sacri edifici, «Fede e Arte», 12, Roma 1962.

PLAZAOLA, J.
Canal Social - Enciclopedia GER (1991)
  • Campanarios: Bibliografía
  • Campanas (historia general y tópicos): Bibliografía

     

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