MAGGIANI, S. - Ángelus

Ángelus

I. Revaloración actual

II. Para una historia de! "Angelus Domini':
1. Origen y desarrollo:
a) Instancias bíblicas y cultuales,
b) El Angelus de la tarde,
c) El Angelus de la mañana,
d) El Angelus del mediodía;
2. La fórmula actual

III. Contenidos teológicos y espirituales:
1. Contenidos teológicos:
a) La hija de Sión,
b) El don del Espíritu,
c) La encarnación del Verbo,
d) El misterio pascual;
2. Contenidos espirituales

IV. Conclusión.



I. Revaloración actual

El Angelus Domini es una oración tradicional, ya clásica, que podemos enumerar, junto con el -> rosario, entre los ejercicios piadosos de veneración a la madre del Señor más difundidos en occidente. Con un ritmo casi litúrgico -tres veces al día: mañana, mediodía, tarde- los fieles, al rezar esta oración, conmemoran el misterio del anuncio del ángel a. María y la encarnación del Verbo. La difusión progresiva y muy amplia del Angelus Domini debe atribuirse probablemente a su estructura sencilla y esencial que facilita su rezo y su memorización; en efecto, su estructura, constituida en un primer tiempo por tres avemarías, más tarde se compuso, como se hace hoy, de tres avemarías alternando con tres antífonas, seguidas de un versículo y de una oración. Junto con su difusión, es oportuno constatar una revaloración singular en nuestros días de esta oración, debida sobre todo a la sensibilidad y a la práctica de los obispos de Roma y a la mediación relativa de los medios de comunicación. Para la historia de la piedad mariana, podemos probablemente hablar de una nueva era de esta oración del Angelus después de la segunda guerra mundial, atribuyéndola en un primer tiempo a las iniciativas del papa Pío XII, y luego a las del papa Juan XXIII, que continuaron más tarde sus sucesores I.

Siguiendo con una práctica de Pío XI, Pío XII favoreció la práctica del Angelus al mediodía, rezándolo él mismo con sus visitantes y peregrinos. Además, en la carta apostólica del 29 de junio de 1956, Dum moerenti animo 2, recordando el documento de su predecesor Calixto III del 29 de junio de 1456, Cum his superioribus annis 3, donde se establecía la norma de tocar todos los días las campanas entre la hora de Nona y las Vísperas, para rezar en aquel momento por la defensa de la cristiandad amenazada por los turcos, el papa renovaba la invitación a los fieles de rezar al toque de las campanas por la libertad de la iglesia. El mismo Pío XII, al inaugurar la Radio Vaticana el 11 de febrero de 1958, día del primer centenario de las apariciones de Lourdes, con el rezo del Angelus a mediodía, volvía a proponer esta oración a los fieles 4. Finalmente, el papa Juan XXIII, cuando empezó a impartir la bendición apostólica los días de fiesta, decidió colocar antes de la bendición la oración del Angeluss, uso que adoptaron luego sus sucesores, hasta el punto de haberse convertido en pocos años en una de las citas de oración tradicionales del obispo de Roma con los fieles romanos y los peregrinos. No ha faltado, en estos últimos años después del Vat II, una intervención de carácter magisterial: la exhortación apostólica Marialis cultus, de Pablo VI (1974). En la tercera parte de este documento el papa considera expresamente, junto con el piadoso ejercicio del Rosario, el rezo del Angelus, exhortando vivamente a "mantener la costumbre de este rezo, donde y cuando sea posible" (n. 41). Subraya además que por sus características esta oración no tiene necesidad de ninguna restauración, ya que conserva "inalterado su valor e intacta su frescura". Entre sus características se señalan sintéticamente: "Su estructura sencilla, su carácter bíblico, el origen histórico que lo vincula a la invocación de la incolumidad en la paz, su ritmo casi litúrgico que santifica momentos diversos de la jornada, su apertura al misterio pascual, por lo que, mientras conmemoramos la encarnación del Hijo de Dios, pedimos ser conducidos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección" (n. 41); todos estos elementos de naturaleza histórica y de contenido hacen que con su profundización se facilite la comprensión de sus valores, su significación doctrinal y pastoral, su puesto adecuado en las prácticas de veneración a la virgen María.



II. Para una historia del "Angelus Domini"

La historia de la formación del Angelus resulta asombrosa por su complejidad. La estructura simple y armónica que conocemos actualmente es el fruto de un proceso que ha durado largos siglos, discontinuo, diversificado en las distintas iglesias y todavía no del todo claro en sus articulaciones. No cabe duda de que el uso generalizado y constante de esta oración en sus elementos relativos ha favorecido progresivamente su formulación definitiva. En realidad, cada uno de los elementos que la componen ha tenido un origen particular y un desarrollo peculiar. Podemos documentar lo mismo en lo que se refiere a los tiempos relacionados con su rezo: el Angelus nace y se difunde como oración de la puesta de sol; luego se desarrolla el uso de rezarlo al amanecer; finalmente se propaga también al mediodía [1 Oración mariana].

1. ORIGEN Y DESARROLLO: a) Instancias bíblicas y cultuales. La costumbre de contemplar la página evangélica del anuncio del ángel Gabriel a María de Nazaret (Lc 1,2638) influyó indudablemente en las comunidades cristianas de los primeros siglos en la comprensión y celebración del misterio de la encarnación. Dan fe de ello las aportaciones amplias y reflexivas de los padres, tanto orientales como occidentales 6; los evangelios apócrifos, en particular el Protoevangelio de Santiago'; para la iconografía: el fresco primitivo de la anunciación en las catacumbas de Priscila, de finales del s. 11, de inspiración casi ciertamente lucana 8; en oriente, el fresco de la anunciación de Al-Baghaúát, en donde María concibe a través del oído 9; el mosaico del arco triunfal de Santa María la Mayor [I ArtelIconología; t Iconos], ejecutado en el pontificado del papa Sixto 111(432-440) e inspirado en los textos apócrifos 10: testimonios que nos permiten comprender cómo ya en el s. v, época en que la solemnidad del 25 de diciembre era celebración unitaria de los misterios de la encarnación y del nacimiento, el papa san León Magno (440-461) podía decir en una homilía de Navidad: "Cada día y cada momento, queridos hermanos, se ofrece a la mente de los fieles que meditan en los sagrados misterios el recuerdo del nacimiento de nuestro Señor y Salvador del seno de la Virgen madre, de forma que el ánimo, levantándose a alabar a su Autor, tanto en el gemido de la súplica como en la exultación de la alabanza o en la ofrenda del sacrificio, no contempla interiormente nada con mayor frecuencia ni con mayor fe que el misterio por el que Dios, Hijo de Dios, nacido del Padre y coeterno con el Padre, nació al mismo tiempo del parto de una mujer... Y no sólo vuelve a la mente, sino también en cierto modo a la vista, aquel coloquio del ángel Gabriel con María, llena de asombro, y la concepción por obra del Espíritu Santo, prometida de forma admirable y admirablemente acogida en la fe" 11. En esta constante prolongación meditativa del acontecimiento y en la celebración del misterio de la encarnación hemos de buscar las últimas motivaciones del Angelus y su primer origen.

En realidad, en oriente está atestiguado desde finales del s. Iv el uso de repetir el saludo del ángel a María con una intención cultual. En la anáfora de Santiago hermano del Señor, después de la intercesión por los vivos se recuerda a los que nos han precedido en la fe y, antes de hacer memoria de María, madre de Dios y siempre virgen, se la saluda tres veces: "Ave, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, porque has engendrado al Salvador de nuestras almas" 12. Encontramos este mismo saludo, esta vez expresado en una sola ocasión, en la anáfora del evangelista san Marcos 13. En la himnodia de san Efrén sirio (h. 306-373) y en los autores que prosiguen su sensibilidad teológica y poética, se revive litúrgicamente el saludo del ángel con una especial dramatización 14. Sin embargo, el testimonio más original es la obra maestra litúrgica del himno l Akáthistos, que desde finales del s. v o comienzos del vi hasta hoy hace resonar en la iglesia bizantinoeslava el Ave de Gabriel, repetido continuamente, celebrando con este pretexto laudativo a María en el misterio del Verbo encarnado 15. En oriente, a partir del s. vi parece difundirse grandemente la costumbre de saludar a la Virgen con las palabras del ángel. Los fieles mismos o ciertas personas encargadas copiaban en óstraka o en hojas separadas de papiro las partes litúrgicas reservadas a la asamblea; de las ruinas de Dair Al-Bahari, en Tebas, cerca de la actual Lúxor (Egipto), se han extraído óstraka calcáreas donde encontramos la salutación angélica en forma de tropario o su paráfrasis 16. Otras paráfrasis aparecen también en textos originales en papiro, usados en diversas liturgias orientales17.

En occidente, por el s. vi se introdujo el saludo del Ave en la liturgia para el ofertorio del 4.° domingo de adviento. El texto, que será utilizado en esta formulación durante toda la edad media, está recogido en el Liber Antiphonarius gregoriano: "Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tu¡", en donde se puede observar la armonización de las palabras del ángel Gabriel con las de Isabel (Lc 1,42), como ya hemos constatado por otra parte en oriente desde el s. v 18. También el Antiphonale ambrosianum, con ligeras variantes, recoge el mismo saludo angélico en la dominica VI de adventu Domini, para el Confractorium y el Transitorium 19. Igualmente, los antifonarios más antiguos, tanto del cursus romanus como del cursus monasticus, atestiguan el diverso uso litúrgico que se hizo del Ave Maria 20.

Hablando de uso litúrgico, sin embargo, no se intenta necesariamente hablar de uso generalizado o popular. Las primeras noticias del mismo nos han llegado del mundo monástico, por el s. x121; posteriormente, por el s. x11 el uso se difunde por las iglesias locales. Probablemente el primer canon que prescribe la divulgación del rezo del Ave se remonta a un concilio celebrado en París en tiempos del obispo Odón de Soliac en 1197: "Exhortentur populum semper presbyteri ad dicendam Orationem dominicam et Credo in Deum et Salutationem beatae Virginis"22. Desde entonces, cada vez con mayor frecuencia, los concilios locales recomiendan enseñar a los fieles también el Ave María 23. La popularización del saludo del ángel no tiene que considerarse como un hecho aislado. El clima cultural y consiguientemente religioso en que se divulgó el Ave y en el que, sucesivamente, podemos señalar el nacimiento "puntual" del Angelus, está impregnado en primer lugar de la extraordinaria importancia que vuelven a adquirir los misterios de Cristo en la piedad y en la mística tanto en el mundo monástico-religioso como en el laical 24. La devoción a la humanidad de Cristo, y especialmente a los misterios de su vida terrena -nacimiento, pasión y muerte en la cruz-, favorece en los ss. X11 y xiii una acentuada devoción a María25.

La piedad mariana influye no sólo en la invocación, sino una vez más en el arte y en la literatura. Por lo que a nosotros respecta, el Ave María inspira el género de las Ave, de los Gaude, de las Salve..., saludos que se unen además en una especie de salterio de la Virgen; son parafraseados algunos versículos sálmicos o salmos enteros y las 150 estrofas van precedidas por la palabra Ave 26. El misterio de la anunciación, esculpido o reproducido en las vidrieras de las catedrales románicas y/o góticas dedicadas a María, no aparece aislado más que en raras ocasiones. Como subraya E. Male, "en las vidrieras del s. xiii, donde se cuenta la infancia de Jesucristo, se nos advierte a menudo en tal o cual escena introducida en la serie que se ha pretendido celebrar a la Virgen del mismo modo que a su Hijo. Es raro, por ejemplo, que no se encuentren la encarnación y la visitación... Las vidrieras y las esculturas dedicadas a la infancia de Jesucristo atestiguan, en realidad, el culto ardiente que el s. xiii dedicaba a la madre de Dios"27. Los primeros textos literarios en lengua vulgar nos transmiten el eco del saludo del ángel en la piedad popular y al mismo tiempo su difusión. A las referencias tan delicadas y esenciales en las colecciones de milagros de Nuestra Señora del occidente europeo (1227-1275) 28, se une la robusta fe del `juglar de nuestra Señora", que conoce como única plegaria oficial el Ave Maria, y no el Pater ni siquiera el Credo 29, en el que parece resonar el Ave Maria parafraseada de Rutebeuf 30 y la devoción mansa y sencilla, marcadamente mariana, de Bonvesin da la Riva en sus Laudes de virgin Maria, ricas en personajes que saludan a menudo a la Virgen "digando Ave Maria/con gran devotion" 31. En este intenso fervor devocional, en las hermandades que encontraron su punto culminante en el año 1260 y en el tiempo privilegiado de renovación espiritual, nace la lauda, en la que encontramos cantado con frecuencia el misterio de la anunciación y de la encarnación del Verbo, canto que se abre con el deseo de decir siempre "ave, / perké tu a la Trinitade / aparechiasti nova cella" 32. Semejante deseo se propagó también, finalmente, gracias a la singular Legenda Aurea de Jacobo da Varagine (t 1298): tras la reflexión sobre el anuncio a la Virgen vienen algunos ejemplos que invitan a repetir Ave Maria, prenda de vida eterna y de liberación del maligno 33.

b) El "Angelus" de la tarde. En el clima religioso y cultural impregnado de los fermentos que acabamos de describir se comprende mejor el primer testimonio que probablemente facilitó la difusión del Angelus de la tarde. En el capítulo general de los hermanos menores, celebrado en Pisa en 1263 y presidido por san Buenaventura (t 1274), se estableció que los hermanos exhortasen al pueblo a saludar a la virgen María al toque de la campana de Completas, hora en que se creía que había tenido lugar el anuncio del ángel 34. Este decreto se renovó en el capítulo general de Asís de 1269 35. Es muy probable que estas decisiones capitulares estuvieran a su vez influidas por la obra de fray Benedicto Sinigardi de Arezzo (t 1282), compañero de san Francisco, que difundió en su convento de Arezzo y por todo el condado la costumbre de cantar después de Completas la antífona Angelus locutus est Mariae 36. Por otra parte, ya desde 1251 el capítulo general de los cartujos establecía que después del canto de la Salve Regina, al terminar Completas, se rezara de rodillas el versículo Ave Maria y la colecta Concede nos 37. Sin embargo, no existe inicialmente ningún vínculo entre él rezo del Angelus y el tocar de las campanas en el llamado ignitegium (cubrefuego) o salvaterra (en latín medieval). Por el contrario, es probable que la costumbre monástica de tocar las campanas al ponerse el sol y el saludo a la Virgen en Completas, al extenderse de las abadías a las iglesias catedrales, canonicales y parroquiales, ligase de alguna forma el rezo de la salutación angélica al toque de campanas vespertino. Por la importancia y la influencia de la abadía de Montecassino se señala un Capitulum de las Constituciones del abad Tomás 1(1285-1288) que, recibiendo una costumbre ciertamente conocida en las iglesias sujetas a la abadía, ordena tocar las campanas "ad Ave Maria sero et mane"38. Además, algunas inscripciones en campanas antiguas (finales del s. Xiii) de iglesias germánicas parecen guardar una estrecha relación con la oración del Angelus, como para confirmar su vínculo con el sonido de las mismas 39. A comienzos del s. xiv el toque del Angelus está documentado en numerosas regiones europeas. "Dos intervenciones de Juan XXII (t 1334) confirmaron la práctica incipiente: en 1318 el papa alababa el uso vigente en la diócesis de Saintes y otras de las Galias de tocar las campanas por la tarde, concediendo indulgencias a los fieles que al oírlas rezasen de rodillas tres veces el Ave María; en 1327 introducía en Roma este piadoso ejercicio, favoreciendo de este modo su ulterior difusión"40. El ejemplo del papa que concedía indulgencias a este rezo fue seguido por muchos obispos; no cabe duda de que esto sirvió para incrementar y defender tan piadosa práctica41. En este período en que se identifica y se dilata el culto, en el santuario de la Santísima Anunciata, de Florencia, se formula, a la sombra de una pintura del ángel anunciando la encarnación del Verbo, el texto más antiguo de Ave Maria que a continuación reflejará el textus receptus: "Ave, dulcissima et immaculata virgo Maria: gratia plena, dominus tecum: benedicta tu in mulieribus / et benedictus fructus ventris tu¡ / Jesus. Sancta Maria, Mater Dei, / ora pro nobis / nunc et in hora mortis. Amen"42. Finalmente, "sobre la hora en que se tocaban las campanas para el Angelus de la tarde, parece ser que no existía una regla constante. De las Horae B. Virginis ad usum Sarum, impreso en París en 1526, se deduce que en Inglaterra se tocaban a las seis de la tarde. En París, por el contrario, al menos hacia mediados del s. xv, se tocaban regularmente a las nueve de la noche. Lo sabemos por Francisco Villon, que en su testamento poético de 1456 escribe, entre otras cosas: Finalment en scrivant / Ce soir... / Je ouyz la cloche de Sorbonne / Qui tousjours á neuf heurs sonne / Le salut que l'Ange predit"43.

c) El "Angelus" de la mañana. Ya hemos constatado que entre las iglesias sometidas a Montecassino se había extendido la costumbre de tocar las campanas para el Ave Maria también por la mañana (1285-1288). En los monasterios se rezaban tres Ave no sólo en Completas, sino también en Prima; y a la hora de Prima, como para Completas, se tocaba la campana de la mañana. No es difícil pensar que de esta manera el Angelus matutino tuviera un origen y un desarrollo similar al de la tarde. El documento más antiguo, después del de Montecassino, que atestigua la práctica de tocar las campanas para el Ave María matutino, es de 1317 y se refiere a la obligación que había impuesto el obispo de Parma a la ciudad de rezar, a los tres toques, tres Pater y tres Ave Maria, mientras que el magistrado civil había establecido que el trabajo comenzase después del toque 44. Ya en 1330 el autor del Liber de laudibus civitatis Ticinensis quae dicitur Papia (Pavía) atestigua que el uso del Angelus matutino, aparte de haber sido introducido recientemente en la ciudad, estaba ya difundido en otras regiones de Italia 45. Progresivamente van apareciendo otros documentos por toda el área europea, que llevan normalmente el rescripto con las relativas indulgencias para quienes cumplieran ese devoto ejercicio 46. Saludar por la mañana a santa María, como escribía en un breve Bonifacio IX (t 1404) en 1390, concediendo indulgencias a la iglesia de San Martín de Emmerich, es contemplarla como "stella matutina" y considerarla "mater misericordiae et pietatis amica humani generis consolatrix pro salute fidelium", intercesora ante aquel a quien ella engendró 47. A mediados del s. xv el Angelus de la mañana estaba generalizado en las iglesias de Europa.

d) El "Angelus" del mediodía. Es posterior el nacimiento del Angelus al mediodía y su generalización fue más lenta (cerca de dos siglos). "Su origen tiene que colocarse probablemente en una fusión, realizada a finales del s. xv, entre la costumbre de tocar las campanas el viernes a mediodía en memoria de la pasión del Señor y una prescripción de Calixto III (+1458): en 1456 el papa, en la bula Cum his superioribus annis, ordenaba tocar todos los días las campanas entre la hora de Nona y Vísperas y rezar tres veces el Pater noster y el Ave Maria para implorar la ayuda del cielo en defensa de la cristiandad amenazada por los turcos"48. En Francia, donde políticamente no se esperaba en la derrota de los turcos, se siguieron las indicaciones del pontífice, pero recitando al mediodía tres veces el Ave Maria por la paz. El papa Alejandro VI renovaba en 1500 la prescripción de Calixto III49. Entretanto, en 1472, el rey de Francia Luis XI ordenó rezar tres veces el Ave Maria al mediodía por la paz y la unidad del reino. Este uso, que se llamaría el "Ave Maria" de la paz, recibió indulgencias en 1476 del papa Sixto IV (+ 1484) 50. En Italia, por su parte, el primer testimonio del Angelus de mediodía se remonta al duque de Imola, Juan III, que en 1506 ordenó saludar a la Virgen al toque de campanas del mediodía 51. En 1518, León X (t 1521), de la familia de los Medici, muy ligado y devoto del santuario florentino de la Santísima Anunciata, ordenó que se tocase a mediodía para el Ave María, contribuyendo de este modo a su difusión y consolidación 52. Sin embargo, en Alemania el Angelus de mediodía no se propagó hasta el s. XVII [I Pilar, Il1].

2. LA FÓRMULA ACTUAL. COMO ya hemos podido comprobar, en el s. xvi, aun en medio de una pluralidad de intenciones, los fieles saludan a María tres veces al día, recordando la encarnación. En el s. xvi se introdujo también el uso de separar las tres Ave Maria con tres versículos, tal como se hace ahora en el rezo del Angelus. Esta fórmula está documentada por primera vez en un catecismo impreso en Venecia en 1560 53. Pío V (t 1572) hizo insertar en 1571 esta misma fórmula, sin el versículo "Ora pro nobis, sancta Dei Genetrix...", en el Officium Parvum B. Mariae Virginis, aprobado por él, introduciéndola bajo el título "Exercitium quotidianum" 54. La fórmula adquiría así en cierto modo un carácter oficial; de este modo la encontramos también en un manual de devoción inglés de 1576 55 y en el Manuale catholicorum de san Pedro Canisio (t 1597), impreso en Amberes en 1588 (sin embargo, Canisio recomienda este rezo sólo por la mañana y por la tarde). El texto del Ave Maria que se usa no es todavía unívoco; Canisio, por ejemplo, descarta la cláusula final de la segunda parte: "nunc et in hora mortis nostrae". Esta situación perduró aún cierto tiempo en las diversas iglesias, a pesar de que Pío V en la edición del breviario romano de 1568 presenta el texto que conocemos ordenando que se rezara junto con el Pater antes de cada hora canónica 56.

La oficialidad del Angelus, si es lícito hablar así, recibe una confirmación definitiva en el Caerimoniale episcoporum editado en 1600 por orden de Clemente VIII. En él (lib. I, e. 6, n. 3) se ordena al sacristán: "Ut matutino, meridiano ac vespertino tempore diebus singulis, salutationis angelicae signum detur". En concilios diocesanos precedentes -por ejemplo, Amalfi, 1597 57- y siguientes -Colonia, 1627 58- se estableció unir al Angelus de la tarde el recuerdo de los difuntos, con un toque especial 'del- erezo de un sufragio. A finales s. xvtt lo que Bocquillot afirmaba para Francia era ya realidad en todas las iglesias europeas:

"No hay familia cristiana que no rece el Angelus cuando oye tocar las campanas. Creo que no hay necesidad de exhortar a los cristianos para que lo recen, ya que esta práctica me parece bien establecida y observada en todas partes"59. Casi para sellar esta realidad, en 1724 Benedicto XIII con el breve Inunctae nobis concedió indulgencia plenaria semel in mense a los fieles que, al tocar la campana y de rodillas, rezasen el Angelus, explicitando la fórmula que todavía hoy se usa y exhortando a pedir al Señor por la paz y la concordia entre los príncipes cristianos, la liberación de las herejías y la exaltación de la iglesia 60. En 1742 Benedicto XIV estableció que los domingos se rezase el Angelus de pie, y ordenó que en el tiempo pascual se sustituyera por la antífona Regina coeli b1, de origen medieval 62.

En los ss. xix y xx los obispos de Roma intervinieron regularmente para promover este piadoso ejercicio. Sus intervenciones parecen casi ir entretejidas con las de carácter artístico, expresiones más altas de una cultura que, en nuestro caso, interpretan finamente un profundo sentido popular. Vemos así que en 1815 Pío VII concedió indulgencias a los que rezasen "tres veces la doxología Gloria Patri (...) al amanecer, al mediodía y por la tarde, dando gracias a la santísima Trinidad por los eximios dones y privilegios concedidos a la bienaventurada virgen María"; en 1884, León XIII, con la intención de difundir el rezo del Angelus incluso entre los fieles más humildes, incapaces de retener la fórmula de memoria, concedió la facultad de sustituirla por cinco Ave Maria; en 1933, al celebrarse el centenario de la redención, Pío XI enriqueció el Angelus con nuevas indulgencias y lo propuso como medio para favorecer la unión del pueblo cristiano; en 1974 Pablo VI concedió la facultad de sustituir la oración tradicional Gratiam tuam por la colecta Deus, qui Verbum tuum, propia de la solemnidad de la Anunciación 63.

Igualmente, las expresiones artísticas manifiestan a su manera cómo el Angelus, además de haber penetrado en el sustrato cultural de un pueblo hasta hacerse patrimonio común del mismo, sirve oportuna y simbólicamente para describir estados de ánimo, anuncios de nuevas realidades, irrupción de lo divino, apelación metafísica.

Bastará recordar, en la / literatura hispánica, la parte que se lleva el momento de la anunciación, que es el del Ángelus, "tema de los más preferidos por poetas y pintores"64. Su inspiración va entrelazada con la experiencia ritmada por el toque de las campanas "al alba" y "al oscurecer", tan arraigado en la vida de nuestros pueblos. Es el momento de la luz: "Bate las alas un ángel / de la esfera superior / coronando el aire claro / de cándido resplandor", canta Lope de Vega65. Ya antes, Berceo, con su estilo ingenuo y fresco, había descubierto las más delicadas sensaciones: "A Ti fue dicho Ave del ángel Gabriel, / verbo dulce y suave, más dulce que la miel"66; y el Arcipreste de Hita, lozano en modos y expresiones, había subrayado el aura de juventud y belleza: "El año doceno / a esta doncella/ Angel de Dios bueno / saludó a ella, L Virgen Bella"67. El repiqueteo del Angelus echa a andar, o a reposar, las pulsaciones de la vida: "En las viejas torres sonar de campanas, / y en mi alma mil ritmos diversos..." 68. Es como un toque de atención a las fibras más íntimas: "La dulzura del ángelus matinal y divino / que diluyen ingenuas campanas provinciales / en un aire inocente a fuerza de rosales, / de plegaria, de ensueño de virgen y de trino/ de ruiseñor, opuesto todo al rudo destino..."69. Se abre camino un presagio de triunfo sobre el mal: "Y en el Angelus hay ruido / como el de las alas de la Victoria"70. Es el sentido de la novedad, como si el tiempo se transformara y purificase tres veces al día: "¡Qué blanco y qué azul estrena / sobre una luna encendida"71. M. Machado percibe "La campanada blanca de maitines... / en las alas del ángel celestial... / como el rayo de sol por el cristal" 72. También Juan Ramón Jiménez capta sensaciones luminosas, transparentes, en ese momento iluminador de la Historia: "Un vivo pajarillo / volaba en una rosa. / El alba primorosa. / Y, cual la luna matinal, / se perdía en el sol nuevo y sencillo, /el ala de Gabriel, blanco y triunfal./ ¡Memoria de cristal!"73. El día escandido por el triple ave es paradigma de la vida, con su amanecida y su atardecer: "El alba es tu sonrisa y es la brisa / del alba tu respiro; / acuérdate cuando iba al alba a misa... / Haz por ella que en la hora del ocaso / en el último trance / ... de nuestro padre alcance / eterna vida / mi tierra con su tierra confundida"74. A veces, basta el sonido de los bronces para despertar la magia del misterio evocado y abrirse a la esperanza del milagro, ensamblándose símbolos y realidades, como logra hacerlo Valle Inclán con esta cantiga en su entrañable gallego: "Campana, campaniña / do Pico Sagro, / toca por que floreza / a rosa do milagro. / Estaba una pomba blanca / sobre un rosal florecido,/ pra un ermitaño do monte / o pan levaba no vico. / Por sobre o rosal / voa un paxarinho / que leva unha rosa / a Jesús Meninho" 75

En la expresión pictórica sigue siendo ejemplar, aun dentro de su realismo idílico, el Angelus de los campesinos, captando mientras lo rezan en medio de un campo sin límites, como para fecundar de nuevo, con la plegaria, la tierra, tal como se ve en la tela de J. F. Millet (1814-1875)76.

Así prosigue todavía la experiencia que describía san León Magno: el misterio de la encarnación del Verbo está continuamente presente en la mente y en el corazón de los fieles.



III. Contenidos teológicos y espirituales

Con la oración del Angelus Domini la fe cristiana entra en el corazón del misterio pascual, contemplado en toda su plenitud, como plan salvífico del Padre. Como para toda la eucología, también en este caso la realidad del misterio se difunde poética y esencialmente en la lírica de los versículos y en las oraciones finales, de manera que, mientras que en los versículos se evoca en la presencia de María de Nazaret el término de una historia salutis anterior a la plenitud de los tiempos, y contemporáneamente con la bajada del Espíritu sobre ella la anticipación de una realidad futura, se recuerda el misterio de la encarnación del Verbo, de la que se hará mención de nuevo en las oraciones; misterio vigorosamente armonizado, sobre todo en la oración tradicional Gratiam tuam, con el núcleo esencial del misterio pascual: pasión-muerte-resurrección. La atención puntual, aunque no muy extensa, a estos datos teológicos permitirá captar mejor algunos contenidos espirituales que puedan servir a su vez para enriquecer la contemplación y fecundar la vida.

1. CONTENIDOS TEOLóGICOS: a) La hija de Sión. El primer versículo o antífona que da nombre al piadoso ejercicio: "Angelus Domini nuntiavit Mariae / et concepit de Spiritu Sancto", se refiere directa y concisamente a Lc 1,26-3577. En la primera parte de esta antífona parecen aplacarse las esperanzas del pueblo de Israel con una intervención absoluta de Dios: el ángel anuncia al Salvador, Hijo del Altísimo, el deseado de las naciones. Hay muchos exegetas que se inclinan por la interpretación del saludo del ángel dirigido a María, / hija de Sión, como una invitación a aquel gozo mesiánico que en otros tiempos dirigieron los profetas -a Jerusalén, corazón religioso de todo Israel 78. "La virgen de Nazaret, en nombre de Israel, es invitada a alegrarse (Lc 1,28; cf Zac 2,14a; 9,9a; Sof 3,14a); no tiene por qué temer (Lc 1,30; cf Sof 3,16b en hebreo). Y' el motivo es el siguiente: al tomar carne en su seno (Lc 1,31); el Hijo de Dios viene a la hija de Sión, pone su morada en medio de ella (cf Zac 2,14b.15c; 9,9c; Sof 3,15c. 17a), como rey de la nueva casa de Jacob (Lc 1,32-33; cf Zac 2,15a-b; 9,9c; Sof 3,15c) y como Salvador (Lc 1,31: Jesús; 2,11; cf Zac 9,9d; Sof 3,17b). A los ojos de la primera generación cristiana, la madre de Jesús se presentaba como la encarnación ideal de la hija de Sión. En ella, persona individual, maduraba ejemplarmente la vocación de Sión-Jerusalén y de todo Israel, pueblo de la alianza"79. El recuerdo diario de este acontecimiento nos conduce y nos sitúa en el umbral de la alianza: la Virgen es la primera evangelizada del nuevo curso de la historia. La novedad de esta presencia del Viviente respecto a la economía antigua se caracteriza en el hecho de que, además de ser evangelizada, María es llamada a cooperar en la acción que Dios mismo le anuncia, a diferencia del mero anuncio de la actuación del Señor que los textos veterotestamentarios le reservan a la hija de Sión 80. Entre Dios y el hombre/mujer, que continúan la experiencia de la nueva Jerusalén, se ha establecido un nuevo estilo de relaciones vitales.

b) El don del Espíritu. Al anuncio del ángel corresponde el silencio meditativo de María, silencio que se abre al deseo de una comprensión más amplia (Lc 1,34): ella acoge totalmente la palabra, pero desea comprenderlN81. El ángel entonces le revela que ella concebirá por obra del Espíritu Santo (Lc 1,35). "El Espíritu que desciende sobre la Virgen del anuncio es un Espíritu creador. Él, que actuó en la creación del mundo y en el renacimiento del antiguo pueblo de Israel, ahora crea en el seno de María el semblante humano de Cristo, mesías divino; y Cristo, en virtud del mismo Espíritu, concebirá la segunda creación, que consiste en la renovación escatológica del nuevo pueblo de Dios, del que él es el principio, el rey y el Señor"82. En este sentido podemos encontrar una posible analogía entre el acontecimiento de la anunciación y el de pentecostés tanto en el hecho en sí como en sus resonancias. "Por una parte, María, impregnada del Espíritu en la intimidad de su propia persona (Lc 1,35), irrumpe hacia fuera, por las montañas de Judea (v. 39), para anunciar las cosas grandes que ha realizado en ella el Todopoderoso (vv. 46.49), Por otra parte, la iglesia apostólica de Jerusalén, robustecida por el vigor del Espíritu (Lc 24.49; He 1,8), mientras estaban reunidos dentro de la casa (He-2,2), deja su retiro para proclamar públicamente las grandes obras del Señor e 2,4.6.7.1 l)"83. En los momentos c uciales de una jornada, con la seg nda parte del primer versículo del gelus, los fieles, movidos por el espíritu de la nueva economía, se abren a los tiempos del Espíritu, participando en la memoria pentecostal del acontecimiento anticipado en María.

c) La encarnación del Verbo. La segunda antífona: "Ecce ancilla Domini, / fiat mihi secundum verbum tuum", transcripción fiel de Lc 1,3884, al manifestar la disponibilidad humana, se funde con el corazón del prólogo de Jn 1,14, es decir, la tercera antífona: "Et Verbum caro factum est / et habitavit in nobis", que sella la intervención de Dios en el cosmos 85. Y el corazón del prólogo se convierte en el corazón del Angelus. Es la plenitud del tiempo lo que recordamos, cuando "Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiésemos la adopción de hijos" (Gál 4,4-5). María, la mujer, expresa su consentimiento en nombre de Israel, movida por el Espíritu Santo. "De ese acto de fe brota la alianza nueva, significada por la encarnación del Hijo de Dios. El corazón de María es ya ese corazón nuevo, fruto de un espíritu nuevo que, como dice Ezequiel, acoge y vive los preceptos del Señor y abre el camino a la comunión de la nueva alianza"86. El enviado de Dios, el Verbo, comienza en la carne una experiencia de salvación decisiva para los hombres; revela la salvación, anticipada in nuce en María (Lc 1,31-33), y abre el camino de la salvación. El Hijo de Dios se hace hijo del hombre para llevar al hombre a la filiación divina; desciende para ascender de nuevo (Jn 13,1; 16,28) y conduci a los hombres al mundo divino de.onde bajó (Jn 14,2-6; cf 3,13ss.31-36; 6,38s; 10,9s; 12,26; 17,24). "Fin ealidad, solamente en el misteriosd 1 Verbo encarnado encuentra su wdrdadera luz el misterio del hombre.` dán, el primer hombre, era realmente la figura del hombre futuro, es decir, Cristo Señor. Cristo, que es el nuevo Adán, revelando precisamente el misterio del Padre y de su amor revela plenamente el hombre al hombre y le da a conocer su altísima vocación" (GS 22).

d) El misterio pascual. "Quien dice encarnación, dice cruz... Devenir hombre es para el Verbo, en un sentido muy misterioso pero igualmente real, un anonadamiento, más aún, como dicen otros, un anonadamiento más profundo todavía que el camino que lo llevará a la cruz" 87. La encarnación va ordenada a la cruz, la salvación se hace redención de la humanidad en la cruz gloriosa de Cristo (Jn 3,14ss; 8,28; 12,32; 19,37). Las instancias ya presentes indirectamente en los versículos del Angelus se hacen memoria explícita en las oraciones con que concluye: la encarnación del Verbo abre a la realidad pascual: pasión-cruz-resurrección. En la oración Gratiam tuam, como ya hemos señalado, esta armonización es ejemplar: "...Ut qui, angelo nuntiante, Christi Filii tu¡ incarnationem cognovimus, per passionem ejus et crucem ad resurrectionis gloriam perducamur"88; pero está presente también en la segunda oración propuesta: Deus, qui Verbum tuum, en donde el Redentor, haciéndose hombre hasta la muerte y transfigurando de este modo la muerte, nos da la posibilidad de participar de la naturaleza divina: "Qui Redemptorem nostrum Deum et hominem confitemur, ipsius etiam divinae naturae mereamur esse conformes"89. En el acontecimiento de la encarnación comenzó la comunión del cielo con la tierra, en el acontecimiento de la muerte-resurrección somos reconciliados con Dios (Rom 5,6ss; 2Cor 5,18-21). Y lo mismo que para el primer acontecimiento Dios pidió su colaboración a María, en su designio de amor quiso que esta colaboración continuase también para el segundo (Jn 19,25-27). María, hija de Sión, en la hora de Cristo Jesús se reveló como la mujer, la nueva Jerusalén, madre de todos los que creen en Cristo, presentes todos ellos en el discípulo amado, al pie de la cruz: "María, entonces, representa a la iglesia-madre, dentro de la cual Cristo-mesías reúne a los hijos dispersos de Dios, tanto judíos como paganos (cf Jn 11,51-52)"90.

2. CONTENIDOS ESPIRITUALES. El valor de la contemplación de estos misterios permanece inmutable, como expresa oportunamente la MC 41. Su continua proposición por la mañana, al mediodía y a la tarde es una tácita invitación a vivir las numerosas implicaciones que encierran: de anuncio gozoso, captando en la presencia del ángel un nuevo estilo de evangelización por parte de Dios y en la evangelizada María un signo para todos los fieles, para que sepan unir su entendimiento y su corazón en la respuesta al mensaje; de don abundante del Espíritu, contemplando esa fuerza creadora en María como anticipación de su presencia en todo bienaventurado que cree; "de cumplida antítesis, viendo en el diálogo salvífico entre María y Gabriel la contraposición clara al coloquio mortífero entre Eva y la serpiente; de nueva génesis, descubriendo en la intervención del Espíritu sobre la Virgen para formar al nuevo Adán el cumplimiento profético de la obra divina, que sacó al antiguo Adán de la tierra virgen; de unión esponsal, destacando cómo el Verbo en la encarnación asumió la naturaleza humana para que el hombre recibiera la divina; de coloquio dramático, donde al corazón y a los labios de una mujer se le confió la respuesta al proyecto de Dios para la salvación del género humano; de profunda religiosidad, ya que la piedad cristiana todavía escucha el eco del doble fiat esencial de la encarnación -el sí del Verbo y el sí de la Virgen- y en ellos encuentra el modelo supremo de esa actitud religiosa que consiste en hacer de la obediencia al Padre y del amor a los hermanos la experiencia más pura del culto; de recogida epifanía mesiánica, ya que en el coloquio entre la Virgen y el ángel se reconocen los títulos y las connotaciones esenciales del mesías -el origen y la filiación divina, la condición humana, el linaje davídico, la dignidad real, la misión salvadora- y se constata la realización del vaticinio sobre la concepción virginal; de preludio pascual, ya que se comprende que el rebajamiento del Verbo a la condición de siervo fue la premisa necesaria para la glorificación de Cristo como Señor (cf FIp 2,5-7); de perenne mensaje sobre la dignidad del hombre, ya que es imposible celebrar con verdad este piadoso ejercicio sin sentirse impresionado por la grandeza del destino del hombre, llamado a la comunión con Dios, y sin sentirse movido a vivir con coherencia sus contenidos, descubriendo y respetando en cada hombre la luz del Verbo y el misterio de la Vida"91.



IV. Conclusión

La meditación de las densas expresiones teológicas y espirituales contenidas en este piadoso ejercicio que, insistimos con la MC 41, "no tiene necesidad de restauración", se armoniza con la repetición dei saludo a la Virgen y con el recurso a su maternal y misericordiosa intercesión en el Ave Maria. El Angelus Domini, incluso por este valor que tiene de compaginar el denso momento de meditación con el de la oración, a pesar de que ha de ser considerado -como plegaria- en su justa dimensión y en su luz debida, o sea, sin exagerar las cosas, se presenta con toda su eficacia pastoral. Además, por el hecho de que así se honra a santa María, "indisolublemente unida a la obra de salvación de su Hijo" (SC 103) con una oración de tipo litúrgico, es un piadoso ejercicio que no sólo se armoniza con la misma liturgia, sino que se inspira histórica y concretamente en ella y a ella conduce (cf SC 13). En este sentido, la solidez de esta oración se funde con su frescura, la cual facilita el estupor de los orantes frente al acontecimiento fontal de la salvación; oración que se convierte de este modo en fragmento de aquella via pulchritudinis que conduce a la ! Belleza, "siempre antigua y siempre nueva"92, que ha de encontrar un espacio válido en las expresiones de piedad para con la virgen María en todos los tiempos.

Notas:
- 1 Es útil la recopilación de artículos en AA.VV., Angelus Domini, Presbyterium, Roma 1959, en la cual encontramos numerosos datos referidos a la reanudación de este rezo
- 2 Cl` AAS 48 (1956) 549-554
- 3 Cf O. Raynaldus, Anna/es Ecclesiastici XVIII, ad annum /456, n. 22. Roma 1659
- 4 Cf L'Osservatore Romano, miércoles 12-2-1958, I; ib, lunes-martes 10-11-2-1958, 1. En este clima hay que situar la carta de la Secretaría de Estado al P. C. Balié, entonces presidente de la Pont. Acc. Mariana Inter., en la cual se solicitaba reiniciar la práctica del Angelus con ocasión del Congreso Mariano de Lourdes de 1958; cf Moría el Erclesia 1, 102-103
- 5 Cf Discorsi, messaggi, colloqui del Santo Padre Giovanni XXIII 1, Tipografía Poliglotta Vaticana 1963, 707
- 6 Cf por ej. la referencia en S. Lyonnet, Chaire checharitomene, en Bib 20 (1939) 131-141; M. Jourjon-J.-P. Bouthot, Lc 1,35 dans la Patrislique grecque, en EstMar 25 (1968) 65-76; H. Barré, Marie el l'Fsprit dans la Tradition occidentale jusqu ü Saint Thomas d'Aquin (t 1274), en ib, 93-126; F. Marchisano, L interpretazione di checharilomene (Lc 1,28) fino alía meta del sec. XIII. Contributo alla Mariologia bíblica. Extracto para el doctorado de la Fac. de Teol. Pont. Univ. Gregoriana, Roma 1968; A.-R. de Roover, L'exégése patristique de Lc 1,35 des origines a Augustin. Extracto para el doctorado de la Fac. de Teol. Pont. Univ. Gregoriana, Averbode 1969; E. Toniolo, Maria e lo Spirito Santo nella riflessione patristica, en La Madonna 20/5-6 (1972) 29-51; La presenza del/o Spirito Santo in Moría secondo 1 ántica tradizione cristiana (see. 11-IV), en Maria e lo Spirito Santo, 201-244
- 7 Cf M. Erbetta (dirigido por), Gil Apocrir del Nuovo Testamento. Vangeli 1/2, Marietti, Turín 1981; para el Protovangelo di Gc. 7,43, en part. 23.31-33.40
- 8 Cf H. Leclercq, Annonciation dans 1 hrt, en DACL 1, 2, París 1924, 2255-2257; of además Marie... en ib. X, 2, París 1932, 1989-1990, y J.-M. Salgado, Le culte rendue a la tres Sainte Vierge Marie durant les premiers siéeles á la lumiére des fresques de la eatacombe de Priscille en De Primordiis cultus mariani V, 53-54
- 9 Cf G. Giamberardini, Il culto mariano in Egitto 1, Franciscan Printing Press, Jerusalén 19752, 157-159
- 10 Cí` por ej. C. Cecchelli, l mosaici della basilica di S. Maria Maggiore, ILTE, Roma 1956, 85102, part. 203ss; H. Karpp, Die Frühchristlichen and mittelalterlichen Mosaiken in Santa Maria Maggiore zu Rom, B. Grimm, Baden-Baden 1966; B. Brenk, Die Frühchristlichen Mosaiken in S. Maria Maggiore zu Rom, F. Steiner, Wiesbaden 1975, 9ss
- 11 In Nativitate Domini Sermo VI (XX VI), 1, CCL 138, 125, cit. en Angelus Domini. Ce/ebrazione dell annuncio a Maria. Ed. typica, Curia Generalis osm, Roma 1981, 13-14; cf además León Magno, Sermons 1, SC 22 bis, 136-137, bib/. sobre el autor y su tiempo, pp. 57-62
- 12 Cf B.-Ch. Mercier, La liturgie de Saint Jacques. Edition critique du texte grec aves traduction latine, en PO 26, 212-213
- 13 Cf A. Hánggi-I. PahI, Prex Eucharistica..., Ed. Universitaires, Friburgo Sv. 1968, 106-107; cf además G. Giamberardini, fl culto mariano..., o.c., I, 232-233
- 14 Cf E. Beck, Des eiligen Ephrem des Syrers Hymnen de Nativitate (Epiphania), en CSCO 186-187, en part. Carmina Sogyáta, v. 186, 191ss; v. 187, 178ss. Sobre el autor cf I. Ortiz de Urbina, Patrologia Syriaca, Pont. 1st. Or., Roma 1958, 52-77. Para una trad. ital. of S. Efrem Siro, Inni alía Vergine, trad. del sirio de G. Ricciotti, SEI, Turín 1939, por ej. pp. 75ss.
- 15 Cf E. Toniolo, L inno Acatisto, Monumento di teología e di culto mariano nella chiesa bizantina, en De Cu/tu Mariano Saeculis VI-XI IV, 1-39
- 16 Cf H. Leclercq, Marie (Je vous salue), en DA CL X, 2, 2045-2049; G. Giamberardini, Il culto mariano..., o.c., I, 224-229
- 17 Cf G. Giamberardini, o.c., 11, 169-170; 241-258
- 18 Cf R.-J. Hesbert, Antiphonale Missarum Sextuplex II, Uromant, Bruselas 1935, 8-9.44-45; cf además pp. XXXVIII-XXXIX
- 19 Cf el ejemplar reproducido en P. Santucci, La Madonna nella musica, 1, Cappella Musicale S. Maria dei Servi, Bolonia 1983, 120
- 20 Cf R.-J. Hesbert, Corpus Antiphonalium Officü 1, 4-7.18-19.24.125. 283.320; 11, 35.42.44.48.52.62.214-219.245.532. 594, Herder, Roma 1963 y 1965
- 21 Cf H. Leclercq, Marie..., en DA CL, 2051-2053
- 22 Communia Praecepta Synodalia, n. 10, MANSI XXII, 681
- 23 Cf las numerosas referencias en H. Leclercq, o.c., 2053-2054. Para la historia del Ave Maria cf además H. Thurston, Familiar Pravers. Their Origin and History. Burns Oates, Londres 1953, 90-114; Ave Maria, en DSAM. 1161-1165
- 24 Cf en cuanto a la historia de la devoción a la humanidad de Cristo: K. Richstatter, ChristusJrommigkeit in ihrer historischen Entu•icklung. Ein quellenmüssiger Beitrag zur Geschichte des Gehetes und des mvstichen Innenlehens der Kirche, Bachem, Colonia 1949; J. Leclercq-F. Vanderbroucke-L. Bouyer, La spiritualité du moren Age, Aubier, París 1961, 161-447; A. Grillmeier, Panorámica histórica de los misterios de Jesús en general, en Mvsterium Salutis 111/2, Cristiandad, Madrid 1971, 2139
- 25 Cf con las relativas referencias Th. Koehler, Marie (sainte Vierge), en DSAM X, 446ss; J. Leclercq, Grandeur el misére de la dévotion mariale au moyen age, en MD 38 (1954) 122-135; H. Barré, Priéres anciennes de Ibccident á la Mere du Sauveur, P. Lethielleux, París 1963, 125ss
- 26 Cl` G.G. Meersseman, Die Hymnos Akathistos im Abendland, 2 vol., Universitátsverlag, Friburgo Sv. 1958-1960, passim
- 27 L'art religieux du XIII siécle en France, A. Colín, París 1953, 52-58. Sobre la representación de la anunciación en esta época histórica, cf además L. Réau, Iconographie de l'Art chrétien 11, 2, PUF, París 1957, 174ss; J. H. Emminghaus, Verkündigung an Maria, en Lexikon der Christlichen Ikonographie, 4, Herder, Friburgo de B. 1972, 422ss. Numerosas y variadas referencias en A: M. Lépicier, LAnnonciation. Essai d Iconographie Mariale. Ed. Servites, s.l., 1943, passim; cf además A. Appiano-Caprettini, Lectura dell Annunciazione fra semiotica e iconografia, G. Giappichelli, Turin 1979, bibl. 135-142
- 28 Cf J. Montoya Martínez, Las colecciones de milagros de la Virgen en la Edad Media (El milagro literario), Universidad de Granada-Secretariado de Publicaciones, Granada 1981: el autor realiza un estudio comparativo de los Miracles de Notre Dame, de Gautier de Coincy (1177-1235); los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo (hacia la mitad del s. xut) y las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio (segunda mitad del s. xnt); amplia bibl., pp. 175-189
- 29 Cf Del tumbeor Nostre Dame; altfranzdsische Marienlegende (um 1200), Weidmann, Berlín 1920; cf además MARIA 11, 26-28
- 30 Cf el texto en Rutebeuf, Oeuvres completes (colección dirigida por A. Jubinal), Delahays, París s.d., 141-148
- 31 Cf Bonvesin Da La Riva, en G. Contini (dirigido por), Poeti del Duecento II, 1, R. Ricciardi, Milán-Nápoles 1960, 667670; 682-702
- 32 Cf Laude eortonensi da/ secolo XIII al XV 1, 1, L.S. Olschki, Florencia 1981, 137 y passim, bibl. y manuscritos, 3-21
- 33 Cf una colección actual: Jacopo da Varagine, Le serpi in seno. Santi e birbanti della "Legenda aurea"dal Medioevo alla Controriforma, Serra e Riva, Milán 1982, 275-286; la introducción y los comentarios son discutibles
- 34 En el Chronieorum 24 Generalium, en Analecta Franciscana 111, 329, leemos: "Eodem vero anno (1263) fuit Pisis generale capitulum celebratum... Et statutum fuit...; et quod fratres in sermonibus populum inducerent, ut in Completorio, pulsante campana, beatam Mariani aliquibus vicibus salutarent, quia aliquorum solemnium (doctorum) est opinio, quod illa hora ipsa fuit per Angelum salutata" (en algunos códices del s. xv se precisa "ut cum post Completorium pulsatur campana, devote genua flectant, et dicant irla Ave María': cf Analecta Franciscana 111, 329, nota 4). El P. H. Golubovich sostiene que esta decisión fue tomada en 1269: cf Archivum Franciscanum Historicum 4 (1911) 62-73; el P. D. Cresi, I/ Beato Benedetto Sinigardi d Arezzo e 1'origine dell"'Angelus Domini'; Convento di S. Francesco, Florencia 1958, 31-37, sostiene la originalidad de la decisión de 1263
-35 Cf Annales Minorum IV, Quaracchi 1931, 331: "Addidit etiam, ut universi Fratres hortarentur privatim, et publice docerent ex vostris fideles quosque ad triplicem campanae pulsum sub imo vespere ter eamdem Virginem salutare verbis angelicis, in ea enim erat cum aliis plerisque Doctoribus sententia, sub illa hora a Gabriele Archangelo divinum nuncium de concipiendo Verbo aeterno recepisse: a quo tempore percrebuit hic mos in Ecclesia sancta, ut ubique terrarum in summa sit observantia"
- 36 Cf el volumen de D. Cresi (nota 34)
- 37 Cf J.M. Canivez, Statuta Capitulorum Generalium Ordinis Cisterciensis ab anno 1116 ad annum 1786 II, Lovaina 1934, 361
- 38 Cf M. Inguanez, Un Documento Cassinese del secolo XIII. Per il suono del!"`Angelus'; en RL 19 (1932) 250
- 39 Cf E. Campana, Maria nel culto cattolico I, 569-570
- 40 Angelus Domini (nota 11), 15
- 41 Para una documentación relativa cf E. Campana (nota 39), 573-576
- 42 Para el texto cf R.M. Taucci, Delle Biblioteche antiche dell'Ordine e dei loro cataloghi, en Studi Storici OSM 2 (1934-1936) 178: Cód. 1249, B 7, de la Bibl. Nac. de Florencia, antiguamente 84 de la Bibl. de la Ssma. Annunziata; el texto se encuentra en el f. 172. Según Taucci, el Ave Maria fue añadido a mano por fray Giovanni Giorgi (t 1391), prior provincial de Toscana (13691372) y luego prior del convento de Florencia. Sobre la importancia de la Ssma. Annunziata y su culto cf algunos apuntes de R. Taucci, Un santuario a la sua tina, Ed. Convento Ssma. Annunziata, Florencia 1976
- 43 E. Campana (nota 39), 576
- 44 Cf I. Affo, Storia delta cittá di Parma IV, Stamperia Carmignani, Parma 1795, 216
- 45 Anonymus Ticinensis, Liber de laudibus civitatis Ticinensis, en L. A. Muratori, Rerum italicarum scriptores XI, 1, S. Lapi, Cittá di Castello 1903, 33
- 46 Para la documentación cf W. Henry, Angelus en DACL 1, 2, 20732074, y E. Campana (nota 39), 577-579
- 47 El breve se encuentra en E. Campana (v.s.), 578
- 48 Angelus Domini (nota 1 I), 16-17
- 49 Cl` C. Baronio, Annales..., ad an. 1500, n. 4, XXX, 1877, 307 - 511
- 50 Cf W. Henry (nota 46), 2075
- 51 Cf T. Esser, I1 suono dell'Ave María, Florencia 1902, 22
- 52 Queda una singular memoria en Ricordanze di Bartolomeo Mas¡, calderaio florentino, dal 1478 al 1526, publicate da G.O. Corazzini, Sansoni, Florencia 1906, 234-235; cl` además Angelus Domini (nota 11), 27-28
- 53 Cl` P. Radó, Enchiridion Liturgicum 1, Herder, Roma 1966, 466, y con otras precisiones D. Cresi (nota 34), 52-53
- 54 Cf J.C. Trombelli, De cultu publico ab Ecclesia beatae Mariae exhibito, Dissertatio VII, 20, en J.S. Bourassé, Summa Aurea IV, 280
- 55 Cf W. Henry (nota 46), 2060
- 56 Cf H. Leclercq (nota 16), 2060
- 57 Cf MANSU 35, 1104
- 58 Cf Schannat-Hartzeim, Concilia Germaniae IX, 411
- 59 Recogido por H. Bremond, Histoire Litteraire du sentiment religieux en France... IX, Bloud et Gay, Paris 1932, 282
- 60 Bullarium Romanum, Ed. Taurinensis, XXII, 101102
- 61 Cf Raccolta di orazioni e pie opere per le quali sano state concesse dai Sommi Pon tefici le ss. Indulgenze, Tipografia Poliglotta de¡la S. C. de Propaganda Fide, Roma 1898, 210
- 62 Cf por ej. H. Thurston (nota 23), 146151, y I. Cecchetti, "Regina Coeli"; en EncC X, 650
- 63 Angelus Domini (nota 11), 18-19
- 64 La frase es de José M.a Pemán, en la Introducción a El libro de la Virgen, Joker, Madrid 1963. Volumen de 452 pp., en el que se recoge una selecta antología de poesía española y pintura universal sobre el tema mariano
- 65 Lope de Vega, Contemplación, p. 52, o.c.
- 66 Gonzalo de Berceo, Himno, p. 146, o.c.
- 67 Arcipreste de Hita, Gozos de Sta. María, p. 149, o.c.
- 68 P. Artaza, poeta centroamericano, Al toque del Angelus, p. 294, o.c.
- 69 Rubén Darío, La dulzura de! Angelus, p. 236, O.C.
- 70 Regino E. Boti, poeta antillano, Ángelus, p. 209, o.c.
- 71 Adriano del Valle, A ¡apura y limpia concepción de María, p. 22, o.c.
- 72 Manuel Machado, Beato Angélico: la Anunciación, p. 42, O.C.
- 73 Juan Ramón Jiménez, Anunciación, p. 45, O.C.
- 74 Miguel de Unamuno, Ya que sabes de amor..., p. 145, O.C.
- 75 Ramón del Valle Inclán, Cantigas, recogido en "Dios en la poesía actual", por E. de Champourcin, BAC, Madrid 19763, 47
- 76 La obra se encuentra en el Museo de Louvre (París); cf Enciclopedia Universale dellArte XI, G.C. Sansoni, Florencia (s.a.)
- 77 La antífona es fácil de encontrar en el antiguo antifonario del "cursus romanus" y del "cursus monasticus" en la feria 2.1 de la l.a semana de adviento, ef R.J. Hesbert (nota 20), 1, 6.7; II, 6; y en algunos antifonarios para la solemnidad de la Anunciación: cf ib, 1, 125; Il, 216.217.219
- 78 Cf la panorámica ilustrativa del estudio sobre este tema en N. Lemmo, María, "Figlia di Sion" a partire da Lc 1.26-38. Bilancio esegelico dal /939 al 1982, en Mar 45, I-11 (1983) 175-258
- 79 A. Serra, "E.sulia, Figlia di Sion!" Principali riletture di Zc 2,14-15 e 9,9a-e nel Giudaismo antico e nel Cristianesimo del 1-II .sec, en ih, 53
- 80 Cf K. Stock, La vocazione di Maria: Lc 1,26-38, en ih, 108112 xI Para este aspecto fundamental como constante en María-iglesia, cl` A. Serra, Sapienza e eontemplazione di Maria secondo Luca 2,19.5/h, Marianum, Roma 1982
- 81- A. Serra. Aspetti Mariologici delta pneumatologia di Lc 1,35a, en Maria e lo Spirito Santo (nota 6), 167; cl` además bibl., pp. 161-162, nota 45
- 83 Id, 198-199; cl` bibl., p. 197, nota 91 - 84 La antífona está recogida en los antifonarios del "cursus romanus" y del "cursus monasticus" de la feria 3.1 y 4.1 anterior al 25 dic., cf R.J. Hesbert (nota 20), I, 20.21.22.23; 11, 48-49; y en la celebración del 25 de marzo, cf ib, 1, 125; II, 216.217.218 -%5'Esta ant. usada en el Benedictus, 25 dic., en el Ant. di Monza, cl` ib, l, 37, está recogida en numerosos antif. monásticos para el oficio de la natividad, cl` ib, 11, 64.65. 66.67.68 - N6 A. Serra (nota 82), 188 - N7 H. U. von Balthasar, El misterio pascual, en Mrsterium Salutis (nota 24) 153s - 8% La oración, propia del 25 de marzo, y de la antigua tradición romana. Actualmente: colecta del 4.° dom. de adviento en el Missale Romanum (1970) y colecta de la misa de la b. Virgen del Rosario (7 octubre). En los formularios derivados del Sacramentarium Gregorianum para el 25 de marzo se utiliza como "collecta" o "poscommunio" o como "oratio ad complendum": cf P. Bruylants, Les oraisons du Missel Romain. Texte et Histoire II, Abbay du Mont César, Lovaina 1952, 156. En el Misal de Pío V figuraba como oración después de la comunión para la misa de la Anunciación - 89 Nueva composición, recogida para el 25 de marzo en el Missale Romanum (1970). El texto depende directamente de la Epistola 123 de san León Magno; cl` PL 54,1060-1061 - 911 A. Serra (nota 82), 145; cf además la nota 29 de la misma pág. cit.
- 91 Angelus Domini (nota 11), 24-26
- 92 S. Agustín, Conf. X, XXVII, 38.



BIBLiOGRAFIA:
Angelus Domini. Celebrazione de/l'annuncio a Maria, Curia Generalis OSM, Roma 1981, 13-31;
AA.VV., Angelus Domini, Presbyterium, Roma 1959;
Berliére V., Angelus, en DTC I, 1, París 1930, 1278-1282;
Campana E., Maria nel culto cattolico 1, 519588;
Cresi D., 11 beato Benedetto Sinigardi e !origine dell" 'Angelus Domini': Convento di S. Francesco, Florencia 1958;
De Aldama J. A., Historia y significación del Angelus, en EstMar 43 (1978) 245-257;
Ducouret R., Dire l'Angelus... son histoire, la valeur permanente de cette belle pr/ere, Mignard, París 1960;
Mgr. Gaume, L 'Angelus au Dix-Neuviéme siécle, Gaume Fréres et J. Duprey Ed., París 1873;
Henry W., Angelus, en DACL l, 2, 2068-2078;
Humber A., Angelus, en Dictionnaire d'Histoire el de Géographie ecclésiastiques III, París 1924, 7174;
Longpré E., Angelus, en Catholicisme 1, París 1948, 554-556;
Thurston H., Ave Maria, en DSAM 1161-1165.

MAGGIANI, S.
Mercabá - Seminario Cristiano de Información y Formación (05-01-2003)
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