BUIGUES METOLA, Marcos - Valoración patrimonial y turística de la torre del Micalet

Valoración patrimonial y turística de la torre del Micalet

Valoración patrimonial

Los toques de campanas actualmente suponen claramente un patrimonio de gran importancia por constituir la única música que nos queda del pasado, realizada por los únicos instrumentos musicales cuyo sonido no cambia a lo largo del tiempo, las campanas. Estos toques los podemos considerar como de carácter etnológico, inmaterial y sonoro, aunque es cierto que también se le da un valor histórico y posee indudables connotaciones religiosas, aunque en otras zonas no sea así (por ejemplo, en países centroeuropeos). Durante muchos siglos constituyeron el único medio de comunicación para informar de los acontecimientos que más interesaban a la comunidad, además de anunciar y acompañar a las festividades y actos religiosos.

Esta forma de comunicación era válida normalmente sólo para la población concreta donde se daba, es decir, los toques de una población nunca eran iguales a los de la población vecina. De hecho, se da un curioso fenómeno que se puede aplicar a muchos otras tradiciones y que descubre la rivalidad entre poblaciones vecinas: los habitantes de una población opinan que los que mejor tocan las campanas son ellos y que en los demás pueblos no saben; sin embargo, en la población vecina no sólo no saben, sino que son los que tienen menos idea. Sin ir más lejos, en Paterna se decía que el toque de protección de tormenta no sólo alejaba las mismas del pueblo, sino que las enviaba directamente a Manises.

En este contexto de la sociedad tradicional, las campanas constituían, pues, indudablemente, un símbolo claro de identidad para la población local, sin embargo no se puede decir que esto se haya mantenido siempre, en especial en los últimos 40 años. En los años 60, siguiendo una idea equivocada de modernidad, se decide –no sólo en la Catedral de Valencia sino en muchas poblaciones- que el toque manual de las campanas es algo atrasado, anticuado, innecesario y que rompía con el progreso del momento. En el caso de la torre del Micalet, en aquellos años se electrificaron varias campanas y se retiraron las puertas de madera que constituían la caja de resonancia del campanario como instrumento musical; se alegaba que los antiguos no entendían que así las campanas no se veían y que “por fin el campanario se liberaba del feo corsé que lo oprimía”. Sin embargo, el problema era que al haber modificado las condiciones sonoras de la torre, las campanas se veían pero no se escuchaban como antaño. A partir de los años 70 comenzó un tiempo en el que las campanas dejaron de sonar en la torre del Micalet, hasta que en 1988, un grupo de aficionados a las campanas (personas que, según Francesc Llop, no se sabe si estaban a favor o en contra de la historia), comenzó a recuperar estos toques. Y lo que comenzó como una afición parece haberse convertido en una pasión por recuperar el patrimonio olvidado por la memoria colectiva debido a la fuerte implantación de la mecanización de las campanas (a causa de la modernidad, como ya se ha dicho) y por darlo a conocer, en primer lugar, a los propios ciudadanos de Valencia, y por otro, también a los turistas.

En términos de patrimonio, podemos decir que en los años 60 y 70 se dio un proceso general de destradicionalización debido a la segunda modernidad, que provocó, en el caso de los toques de campanas, la banalización de los mismos y su consecuente desaparición casi total del paisaje sonoro urbano y de la memoria colectiva de la población. La tradición dejó de ser por entonces algo que contribuía a enriquecer la cultura de un pueblo sino un impedimento para su avance y progreso.

Sin embargo, en los últimos años nos encontramos con el proceso inverso pero íntimamente relacionado: esa destradicionalización ha pasado a convertirse en una retradicionalización, proceso que consiste en intentar convertir en patrimonio aquello que nos queda de la tradición. Es un proceso peculiar, ya que, en primer lugar, como se ha dicho, nace y es fruto de un proceso contrario (destradicionalización), y en segundo lugar, convierte muy a menudo la tradición (que es básicamente un conjunto de prácticas cotidianas o de la forma de vida) en un atractivo turístico o en un auténtico rasgo de identidad aunque, como ahora veremos, en el caso que nos afecta, esta identidad no está todavía muy formada.

En cuanto a la promoción para conseguir que se vaya convirtiendo en el rasgo identitario, la labor del Gremi de Campaners (ahora Campaners de la Catedral de València) ha sido importante para la difusión del mundo de la cultura de las campanas, ya que esta asociación comunica a la agencia de noticias AVAN la realización de de los toques de mayor importancia durante el año, y esta agencia de noticias lleva a otros medios de comunicación la nota de prensa, con lo que es frecuente que se anuncien en los medios de comunicación locales o regionales la realización de toques u otros actos de interés. También es muy importante la difusión a través de la Red, en la página web campaners.com, activa desde 1996 y que pronto cumplirá las 100.000 visitas. El caso es que, a pesar de estos esfuerzos, continúa siendo todavía una tradición bastante desconocida entre los habitantes de la ciudad de Valencia.

La valoración de este bien cultural entre la población local cambia especialmente si tenemos en cuenta el factor edad: generalmente, la población joven es la que más desconoce que esta tradición se realiza en su propia ciudad debido, seguramente, a que está acostumbrada a ver toda la vida a las campanas como máquinas sonoras que miran desde lo alto del campanario y, de hecho, cuando se les explica a las personas de esta edad que en el Micalet se tocan manualmente, la respuesta es de cierta incredulidad, alegando que creían funcionaban automáticamente pulsando un simple botón. La población de edad media, que por lo general suele estar más informada, sí que suele reconocer “de oídas” la existencia de un grupo de campaneros en la torre del Micalet, aunque tampoco tiene un gran conocimiento de en qué consiste este hecho cultural. Finalmente, la población más mayor, que suele recordar con nostalgia el tiempo en que las campanas sonaban manualmente, es seguramente las que más aprecia este arte, o al menos son estas personas las primeras en defender en muchos pueblos que suenen las campanas a pesar de que molesten a unos pocos porque ”es algo de toda la vida”. Vistas estas tendencias generacionales, podemos afirmar que actualmente los toques de campanas de la torre del Micalet no constituyen precisamente un signo de identidad relevante para los valencianos, o al menos no en la práctica, debido a su generalizado desconocimiento y a pesar de la numerosa promoción en medios de comunicación que se realiza.

Esto no significa que las instituciones no se hayan interesado en que las campanas y sus toques tradicionales se conviertan en un patrimonio valorado por la población; de hecho, la Generalitat Valenciana concede todos los años subvenciones a diversos campanarios que necesitan de la restauración de alguna de sus campanas, dando prioridad a aquellas de mayor antigüedad, en especial a aquellas campanas góticas en peligro de deterioro. Además, el Ajuntament de València también patrocina los toques de las llamadas “fiestas de la ciudad”: los dos santos Vicentes, la Virgen de los Desamparados y el Corpus.

Como todo bien cultural, también posee algunos riesgos para su conservación; algunos de ellos (refiriéndonos tanto a las campanas como a los toques) son el generalizado desconocimiento y olvido del que ya hemos hablado antes, que puede provocar que tarde o temprano acabe por desaparecer esta tradición, a pesar de que entre los campaneros hay cierta representación joven. Hay que tener en cuenta que, al ser un patrimonio sonoro, puede intentar recuperarse y hacerlo perdurar mediante grabaciones sonoras y fotografías de la ejecución de los toques, pero la mejor forma es precisamente la existencia de personas que conozcan y recuerden los detalles de la tradición en concreto. En cualquier caso, y aunque no dejaría de ser interesante, no es probable que se llegue al extremo de tener que declarar a alguna persona como Tesoro vivo (figura de protección de la UNESCO referida a las últimas personas de una comunidad que realizan una manifestación patrimonial artística relevante), más aún si tenemos en cuenta que varios de los campaneros son de generaciones jóvenes. Precisamente para no caer en el olvido, los Campaners de la Catedral de València realizan los toques regularmente siguiendo un calendario establecido y abriendo las puertas para que la representación sea pública.

Por otro lado, otro riesgo importante está relacionado con los vacíos legales y el incumplimiento de las leyes, ya que, como se ha nombrado anteriormente, la destrucción de campanas históricas es un acto habitual (aunque cada vez menos) y que supone una pérdida importante de patrimonio, especialmente si la campana no ha sido previamente documentada (y es lo que ocurre en la mayoría de los casos). El problema está en que a menudo los compradores de campanas se dejan convencer por los fundidores, que afirman que una refundición de una campana anterior es más barata que una fundición de una campana nueva. Es por ello que muchas “campanas viejas” (que son en realidad campanas históricas) se pierden por completo, y en la mayoría de los casos no se da a conocer esa pérdida. La pérdida de la campana supone la pérdida del sonido y, por tanto, la desaparición de los toques en su versión tradicional.

Si hablamos de las instalaciones nos encontramos con más de lo mismo: a pesar de existir una nueva filosofía de restauración de campanas que permite tanto el toque automático como el manual, recuperando las sonoridades tradicionales, todavía se mecanizan campanas al antiestético estilo de los años 60, provocando el deterioro (o incluso rotura) de campanas antiguas. La inexistencia de una ley que regule estas actividades es un importante vacío legal que permite que estos actos se sigan realizando a pesar de las recomendaciones de conservación del patrimonio.

Finalmente, cabría reseñar los conflictos que este patrimonio produce en ocasiones, aunque la realidad es que sean más bien anecdóticos.
Por un lado, desde que en 1990 se volvieron a poner en marcha las señales horarias del Micalet se han dado en alguna ocasión quejas por sus toques nocturnos (la campana, en sus cinco siglos de vida, siempre ha marcado día y noche el paso del tiempo). En cualquier caso, tras haberse desconectado el toque nocturno durante algún período de tiempo en 1999 se ha conseguido convencer de la importancia de no suprimir este sonido. En un artículo de El Mundo de 1999, aparece una reflexión sobre si el toque nocturno es un hecho cultural o una agresión sonora:
“el campanario estaba antes que los vecinos, como estará después de ellos" y entiende que las campanadas representan el "corazón histórico de la ciudad": "Ese latir de no puede quedar suprimido a las doce porque eso significaría que por la noche Valencia sería una ciudad muerta", justifica Francesc Llop. El gremio no entiende que se dejen de dar las horas nocturnas "cuando tampoco se prohíbe conducir o hablar por la noche en la calle". En cambio, para los vecinos la interrupción de los toques por las noches se traduciría en un aumento de la calidad de vida.

Desde el pasado julio (por julio de 2005), tras nuevas quejas, se ha vuelto a desconectar la señal horaria nocturna del Micalet, a la espera de que surjan voces que demanden que vuelva a escucharse.

Otro conflicto, aunque poco frecuente, es el que se produce al permitir el acceso a los visitantes a la sala de las campanas; aunque muchos de ellos se limitan a contemplar las campanas y los toques realizados, hay quien piensa que puede tocar cualquiera y, en el transcurso de un toque, pega algún badajazo a alguna campana, aunque, como ya se ha dicho, no sea algo común. No es sólo una cuestión de exclusividad de los campaneros a la hora de tocar, sino que también es por la seguridad del visitante (los campaneros están asegurados ante accidentes).

Por último, también constituye un problema la saturación que se produce especialmente en las mañanas de los días festivos, provocándose auténticos atascos en la escalera de subida a la torre y en la propia sala de las campanas, que pueden alargar la bajada desde los 5 minutos habituales hasta más de un cuarto de hora.

Valoración turística

Además del valor histórico o etnológico, un valor añadido que tiene mucha importancia actualmente en cualquier bien cultural es el valor turístico, ya que constituye, en ocasiones, motivo suficiente para conservar y difundir ese bien. En el caso de los toques de campanas de la torre del Micalet, lo cierto es que la difusión y promoción se centra más en la torre como mirador turístico que en la riqueza patrimonial sonora que alberga.
La función secundaria que tuvo el campanario como torre de vigilancia podría considerarse un antecedente de su uso turístico actual: hoy en día los turistas (o visitantes residentes en la ciudad) piensan en el Micalet sólo como una torre desde lo alto de la cual se contempla una interesante panorámica de la ciudad. Hemos pasado, pues, a darle un uso principal a este edificio que no es su uso primitivo (albergar las campanas); las personas que suben a la terraza de la torre, lo hacen, según Francesc Llop, en primer lugar “para poseer”, para poder contemplar la ciudad desde lo alto y poder decir “veo toda la ciudad, la ciudad es mía”. De hecho, tras la subida, permanecen durante bastante tiempo en lo alto contemplando las vistas.

Este atractivo que suponen las vistas sobre la ciudad eclipsa totalmente el patrimonio etnológico que son los toques de campanas, especialmente teniendo en cuenta el hecho de que no todos los días se realiza esta representación tradicional y que la sala de las campanas no está siempre abierta (sólo lo está en días de toques manuales), por lo que muchos turistas ni siquiera llegan a entrar en ella. La sorpresa para los turistas llega cuando a mitad del ascenso hacia la terraza de la torre se encuentran con una sala con campanas y gente que las toca manualmente. Es en este momento cuando descubren una tradición cuanto menos curiosa que no aparece en las guías turísticas y que no es menos espectacular que otras tantas que se dan en nuestra ciudad. La apertura al público de la sala de las campanas en los momentos de toques tradicionales contribuye a su difusión mediante la espectacularización. Lo cierto es que es muy común, según algunos de los campaneros, que los visitantes, al acabar los toques, pregunte cosas como “¿esto qué días lo hacéis?, ¿cuándo es el próximo concierto?, ¿no os quedáis sordos?”... Esto demuestra un interés, o como mínimo una curiosidad creciente entre la población que es un claro resultado de la puesta en valor de algo que antes era un simple acto de la vida cotidiana.

En cuanto a la gestión turística de esta tradición, decir que va estrechamente unida a la gestión turística de la torre del Micalet (que es, después de todo, el continente de estas representaciones). En la actualidad, en la puerta de entrada a la torre, lo primero que encuentra el turista es un pequeño buzón que alberga el calendario de los toques manuales que se realizan durante el año, para que el visitante disponga de la información por si tiene interés. Esta es la única información al alcance de todos, incluso de los que no desean ascender a la torre; una vez se paga la entrada, el ticket (en papel) también aporta algo más de información (altura de la torre, nombres, edad y peso de las campanas).
Sin embargo, junto con la entrada no se proporciona ningún folleto explicativo de la torre y durante el ascenso a la misma tampoco existen paneles explicativos o algún método similar para hacerle saber al visitante, no sólo que existen toques de campanas, sino simplemente que está en un edificio histórico; el hecho de tener que pagar 2 € por la subida (1 € para niños y grupos) también echa atrás a mucha gente antes de subir, y sería bueno que la Catedral (de quien depende la gestión de las entradas a la torre) pensara, ahora que la visita al templo tampoco es gratuita, en bajar el precio de la subida al Micalet o hacer una entrada conjunta Catedral+Micalet más económica, ya que en la actualidad visitar ambos elementos tiene un coste de 5 €.

Lo cierto es que en ese sentido actualmente la gestión turística de la torre del Micalet deja que desear, debido precisamente al hecho de que, a pesar de cobrarse entrada, no se proporciona ningún tipo de información sobre el edificio, y escasa sobre los toques (aunque el calendario sea en realidad la información más básica y útil que se puede aportar).
Sobre la cuestión de si hace falta más promoción, está claro que la torre del Micalet se promociona sola con su altura y, en cualquier caso, es un emblema de la ciudad bien conocido. En cuanto a los toques de campanas, a la vista está que les hace falta promoción si lo que queremos es un conocimiento general para convertirlos en un elemento identitario de la ciudad. Sin embargo, y teniendo en cuenta que la mayoría de los visitantes eligen las mañanas de los fines de semana para subir al campanario, una promoción excesiva podría empeorar los problemas de saturación a lo largo de la escalera que ya se dan actualmente en ocasiones. Además, y tomando las palabras de uno de los campaneros, es posible que la promoción le quitara el encanto que tiene “el descubrir los toques por casualidad cuando subes al Micalet sin esperar encontrarte con nada parecido”.

BUIGUES METOLA, Marcos
Fragmento del trabajo “El patrimonio cultural local: vehículo de identidad y recurso turístico”
de la asignatura “Patrimoni Cultural” de la Diplomatura de Turismo. (Enero de 2006)
  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • CAMPANERS DE LA CATEDRAL DE VALÈNCIA (VALÈNCIA) : Toques y otras actividades
  • Campanarios: Bibliografía
  • Campanas (historia general y tópicos): Bibliografía
  • Tesis y otros trabajos académicos: Bibliografía
  • Visitas a campanarios: Bibliografía

     

  • Volver a la página anterior
  • Menu inicial CAMPANERS DE LA CATEDRAL DE VALÈNCIA
    Campaners de la Catedral de València
    Buscar campana, campanario, población, fundidor, año fundición, epigrafía, autor, artículo
    © BUIGUES METOLA, Marcos (2006)
    © Campaners de la Catedral de València (2017)
    campaners@hotmail.com
    : 27-05-2017
    Convertir a PDF