SORIANO, Lola - Las pulsaciones de Valencia

Las pulsacionesde Valencia

La campana ‘el Micalet’ fue el primer reloj de la península en marcar la hora y ‘el Manuel’ sigue con la tradiciónde anunciar el cierre de las murallas de la ciudad

Francesc Ginés, nieto del campaner Rafael Aguado.
Francesc Ginés, nieto del campaner Rafael Aguado.

Hay edificios que, además de ser un referente histórico, marcan las pulsaciones y el ritmo de una ciudad y ese es el caso de la torre del Micalet. Esta emblemática construcción de la Catedral de Valencia fue, en realidad, el primer reloj de la península, ya que desde 1374 marcaba las horas a los moradores valencianos.

La campana Micalet ha guiado a nuestros ancestros tanto de noche, como de día, aunque en la actualidad –desde 2005– enmudece durante las horas de sueño por expresa petición de los vecinos (que se sentían incómodos con el tañido de este noble instrumento).

La campana Micalet, de 1539, es la mayor en uso de toda la Corona de Aragón “puesto que tiene 2,40 metros de diámetro y pesa 8.000 kilos”. “La hicieron tan grande para que su sonido llegara más allá de las murallas y para dejar constancia más allá del recinto amurallado de la importancia de la ilustre ciudad”, señala Francesc Llop, presidente dels Campaners de la Catedral de València.

Este reloj dejó de sonar en la década de los 50, pero los campaners consiguieron a finales de los 80 que el Ayuntamiento –responsable de su mantenimiento– realizara una puesta a punto “y la ciudad de Valencia recuperó su corazón”, según Llop.

Desde esta torre campanario se divisaba toda la ciudad y se establecía el horario de apertura y cierre de las murallas ya desaparecidas –y que ahora sólo cuenta con referentes como la torre de Serrano, la de Quart y el portal de la Valldigna–.

Las murallas se demolieron, pero la campana el Manuel, que data de 1621, sigue tocando por el cierre simbólico de las murallas. “En invierno suena progresivamente, aumentando la intensidad de 20 a 20.30 horas y en verano, de 21 a 21.30 horas. Es decir que los antiguos también cambiaban la hora. De la Cruz de Mayo (sobre el 3 de mayo) a la Cruz de Septiembre (4 de septiembre) se establecía el horario de verano”, detalla Francesc Llop.

Precisamente ese toque progresivo durante media hora señalaba el orden de cierre de las puertas de acceso a la ciudad, de las más pequeñas a la puerta más grande. “De este modo, la gente que quería entrar a la ciudad, sabía qué accesos ya estaban cerrados y el tiempo que le quedaba para entrar. También guarda relación con la expresión de quedarse a la luna de Valencia, puesto que las puertas se cerraban y sólo se podía acceder por unas concretas, previo pago de una cantidad”, añade Llop.

Un total de 203 escalones separan la base de este torre de la espadaña. El primer nombre con el que se conoció este edificio fue Campanar Nou o Campanar de la Catedral y servía para diferenciarlo del Campanar Vell de estilo románico de la calle Barxilla. “Luego, por metonímia, se indentificó la campana de las horas y la más grande con el conjunto y de ahí la torre del Micalet”, indica Llop.

Los últimos campaners

La historia de esta edificación está muy ligada a los campaners, ya que sirvió de morada para estos profesionales. El último que ocupó la Casa del Campaner fue Mariano Folch, responsable de las campanas durante más de sesenta años y que falleció en 1905. “La torre tiene tres salas y una terraza. Una, fue usada como prisión. Otra, era la sala de las campanas y la tercera, la casa del campaner”, indica Llop.

Uno de los campaners referente del siglo pasado fue Rafael Aguado, que fue discípulo de Mariano Folch. Marcó un punto clave porque hizo la última revisión de consueta (manual de los toques tradicionales de la Catedral). “La última que existía era del año 1705 y la de Aguado es de 1912”, según el colectivo de Campaners de la Catedral de València.

Ser campaner no era cosa fácil, ya que tenían que pasar una especie de proceso de selección. Su función era vital, porque coordinaban la vida de la ciudad al marcar las horas, eventos y cierre de murallas.

La trayectoria de Rafael Aguado estuvo siempre ligada a la iglesia, pero desde perspectivas diferentes. “En principio mi abuelo estudió para capellán, pero la pasión por las campanas y el hecho de que se enamorara, le hizo cambiar el rumbo de su formación”, argumenta Francesc Ginés Aguado. Desde entonces, las cinco campanas grandes y los seis tiples que forman el conjunto de la torre del Micalet de Valencia, el estudio de los sonidos y de los toques de campanas se convirtieron en su pasión y su medio de vida

Aguado y el oficio de campaner

La historia de la torre del Micalet es también la de un oficio ya desaparecido: el de los campaners. Si bien hoy en día este colectivo representa un movimiento asociativo y cultural –con entidades como Campaners de la Catedral de Valencia–, antiguamente era un oficio remunerado y requería muchos años de experiencia y de trabajo a la sombra de un maestro. Un referente del pasado siglo es Rafael Aguado, que tañía las campanas de 1907 hasta 1940. “Estudió para sacerdote, pero no llegó a hacer los votos. Un día decidió que quería dedicarse a una de sus grandes pasiones: las campanas”, detalla Francesc Giner Aguado, nieto de Rafael. Su nieto está orgulloso de que su abuelo fuera el último que realizó una revisión de consueta y añade que en el año en que se realizó la coronación de la Virgen, “el rey Alfonso XIII visitó Valencia y mi abuelo tenía a gala decir que había sido nombrado campaner por decreto real”.

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SORIANO, Lola
Las Provincias (28-07-2007)
  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • AGUADO ROMAGUERA, RAFAEL (VALÈNCIA) : Toques y otras actividades
  • CAMPANERS DE LA CATEDRAL DE VALÈNCIA (VALÈNCIA) : Toques y otras actividades
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