MINERVINO, Mario R. - Un campanario llamado a silencio

Un campanario llamado a silencio

 Angel Villagra, sacristán de la Catedral. Apasionado por las campanas y el último en hacerlas tañer (05-08-2007)
Angel Villagra, sacristán de la Catedral. Apasionado por las campanas y el último en hacerlas tañer (05-08-2007)

A poco de cumplir sus cien años de vida, las campanas de la Catedral de Nuestra Señora de la Merced están en silencio. Desde hace unos meses, el cura párroco, padre Horacio Fuhr, decidió, aceptando el consejo de profesionales de la ingeniería, no tañirlas más, en virtud de las fisuras que presenta la torre que las contiene, las cuales no darían una garantía suficiente de estabilidad ante el sostenido movimiento de las pesadas moles de bronce.

El campanario de la Catedral de Bahía Blanca está compuesto por cinco campanas, todas de diferentes dimensiones y ubicadas en distintos planos, sostenidas por una estructura metálica dentro de una misma sala.
Llegaron hace 99 años, en agosto de 1908, en el vapor "Toscana", procedentes de Europa, ejecutadas por una de las casas más prestigiosas del rubro, con la maestría artesanal de la familia Chiappani, en Trento, Italia.
El lote conformaba "un concierto de campanas", así llamado al constituir, por su sonido, las notas mi, fa, sol, la y sí de la escala cromática.
El arribo de las campanas fue recibido con mucho menos júbilo y trascendencia que, por ejemplo, el reloj de cuatro cuadrantes que, desde 1904, funciona en una de las torres de la iglesia.
"Tenemos, pues, en perspectiva, un despertador vecinal gratis que se hará oír en el templo de Nuestra Señora de la Merced", comentó este diario, al anunciar el inminente arribo de las campanas al puerto de Ingeniero White. La ocasión sirvió, además, para reflexionar que ese sonar impediría a los vecinos exclamar, "como es de práctica, oír cantar el gallo y no saber dónde".
Por entonces, el edificio de la parroquia principal de la ciudad, cuya construcción se inició en 1900, presentaba su frente con el ladrillo a la vista (se revocó y completó en 1930) y sus dos torres terminadas y revocadas.
Respecto del proyecto original del templo, cabe señalar que las torres fueron demolidas en 1903, con la llegada del reloj, elemento que cumplía una función pública importante para los vecinos; por ello, se decidió elevar cuatro metros su altura, a fin de que la hora fuera visible con facilidad desde varias cuadras a la redonda.
Curiosamente, la terminación de la otra torre se dejó preparada para recibir un segundo reloj, que jamás siquiera se planteó comprar.
Apenas llegadas las campanas, comenzaron las tareas para colocarlas, emplazadas en una sala armada a casi 20 metros de alto. A la misma se accede hoy por una escalera de hormigón (organizada con un total de 48 escalones) y un conjunto de cinco empinados tramos de escaleras de madera.
Claro que sostener las campanas y asegurar su estabilidad al ponerlas en movimiento no era cosa menor. Así se encaró la construcción de un entramado de maderas para lo cual, además, el párroco debió pedir ayuda económica a la comuna.
"El popular padre Carlos, el simpático y ceremonioso curita de la parroquia, ha salido con una de las suyas. Hace pocos días, se presentó en la Municipalidad con su sonrisa más seductora, pidiendo que le ayudaran con un poco de plata para armar el "concierto de campanas". El efecto ha sido increíble, pues a las pocas horas salió de la tesorería municipal llevándose, bien amarrado, un paquete conteniendo 400 nacionales. Con esto podemos decir que las campanas debutarán pronto", mencionó, entonces, este diario.
Finalmente, el 7 de diciembre de 1908, se realizó el "debut de conciertos de campanas". Para ello, el propio cura Carlos convocó al vecindario recurriendo a una práctica común de la época al anunciar "novedades sensacionales": hizo detonar dos docenas de bombas, lo cual, en realidad, preocupó al vecindario.
"Costó trabajo convencer a los alarmados de que sólo se trataba de un regocijo muy del campanario", señalaron estas páginas, para luego apuntar que, "francamente", el acontecimiento "no era para tanto".
"Campanas más o menos sonoras y más o menos musicales pudieron lanzar sus notas sin alarmar al vecindario", se dijo.
Un almuerzo suculento, con invitados especiales, sirvió para festejar el éxito de tan sonoro acontecimiento.
Fuera de este comentario, hubo quienes se sintieron impactados por la propuesta y dejaron fluir su sentimiento a través de la pluma.
"La atmósfera se sacudió en vibraciones no experimentadas en esta región hasta aquel instante inicial", escribió un vecino en una revista de la época, asegurando que estas campanas tendrían en su existencia un límite, "como lo tendrá también, no cabe duda, su servicio", agregó.
En rigor, aquella colocación de las campanas fue tan mala que a los pocos meses era imposible hacerlas sonar, tanto por su ubicación deficiente como por la estructura montada para su sostenimiento. Recién al completarse las tareas de terminación del templo, iniciadas en 1929, fue posible que, en agosto de 1932, el conjunto volviera a funcionar.
"Al mediodía, será inaugurado el juego completo de campanas, relegadas a lamentable silencio por su mala colocación y que ahora, después de un difícil estudio y de un prolijo trabajo, han de alegrar los ámbitos de la ciudad", señalamos, en aquella ocasión.
Desde entonces, hace 75 años, hasta hace pocos meses, siguieron sonando.
El padre Fuhr, quien destaca los trabajos de puesta en valor desarrollados en el edificio en el último año, incluido el recambio de las chapas de la cubierta y el pintado del interior, explica que no hay, por ahora, perspectivas de un arreglo ni un plan en marcha.
"Si bien los testigos de yeso colocados en las fisuras no indican que las mismas se muevan, la sugerencia de los profesionales es que no generemos más ese movimiento", explica.
Cuando, en diciembre del año venidero, se cumpla un siglo de su habilitación, el campanario, posiblemente, se encontrará en silencio.
"La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad, y, por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti".
John DONNE

Otro poco de historia

La iglesia Católica adoptó el uso de campanas en sus iglesias en el siglo V, como una manera de convocar a los fieles.
Muchos sostienen que las mismas funcionan como un eco de la voz de Dios.
"Hacen sentir un canto metálico, intérprete de aquel otro vocal que sube a las alturas para invocar, aquí abajo, la efusión de las bendiciones de Dios", dijo, sobre ellas, el Papa Pablo VI. Simbolizan, de alguna manera, una conexión "entre el cielo y la tierra".
Respecto de su ejecución, hacer una campana es un trabajo artesanal. En general, se fabrica primero un molde de cera, el cual se coloca dentro de un cubo de madera. Se completa el espacio con yeso y luego se vuelca el bronce fundido, combinado con otros metales, que permite generar el sonido deseado.
Siguiendo la costumbre establecida en el siglo XV, el cuerpo de una campana destinada a una iglesia católica se decora con inscripciones y figuras sobrerrelieve.
En el caso de las campanas de nuestra Catedral, llevan, además del nombre del fabricante, la inscripción "Tedeum Laudamus Te Dominum Confitemur" (A Ti alabamos Dios, Te confesamos como Señor), primeras palabras del tedéum atribuido a San Ambrosio de Milán.
Presentan, además, varias ilustraciones de santos, rodeadas de trabajadas guardas y toda una decoración de olivos y antorchas.
El hecho de que cada campana responda a una nota diferente se logra dando a cada una un espesor determinado en la zona del batiente. La forma de tocar las campanas es variada, aunque, generalmente, como en nuestra Catedral, se realiza mediante el jalado de cuerdas atadas a los yugos; esto es, la madera ubicada por sobre la campana y de la cual se sostiene. De esta manera, es posible obtener diferentes combinaciones armónicas de sonidos, al variar el ritmo de golpear cada campana.

Echadas a vuelo y doblar

Desde sus primeros usos, de acuerdo con su ritmo, todos podían distinguir en el tañer de una campana el anuncio de una fiesta o la noticia de un fallecimiento.
"No sé por qué, pero, entre las campanas y el corazón humano, sea el hombre de donde sea, existe tal inteligencia que nadie deja de entender si es júbilo o dolor lo que se pregona", publicó un diario local, en 1908.
Por eso existen distintas expresiones que identifican otros tantos sucesos.
Se dice que las campanas "echan a vuelo" cuando se refiere a su uso festivo o, en otros tiempos, el anuncio de alguna noticia de interés para el poblado.
Una expresión diferente se utiliza cuando anuncian una muerte. Entonces, se dice que "doblan" las campanas.
Por último, su sonido particular se llama "tañido", expresión proveniente de los verbos "tañer" o "tañer", definidos por la Real Academia Española como "hacer llamada con campana u otros medios".

Angel Villagra, el último encargado

No hay palabra que defina exactamente al encargado de tocar las campanas de una iglesia, ya que tanto campanero como tañedor son genéricas. En los templos, esa labor suele ser realizada por el sacristán, responsable de realizar otras varias tareas. En nuestra Catedral, el último en tener a su cargo la de hacer sonar las campanas es Angel Villagra, quien, desde hace ocho años, se desempeña en el lugar.
"La tocábamos en todas las ceremonias: en Navidad, Pascua o el día de la Virgen Patrona de la ciudad", recuerda Angel, quien no duda en reconocer la profunda emoción que le causaba escuchar aquel sonido.
"Para tocarlas, juntaba a varios chicos que venían a la misa, porque, por caso, la campana más grande hay que tirarla entre tres personas. La verdad es que, para mí, era toda una emoción; realmente, me conmovía escucharlas", asegura.
Una curiosidad era, sin dudas, cuando se tocaba en la misa de Gloria, ya que debían sonar durante siete minutos seguidos. "Y no se trataba nada más de tirar de la soga; había que mantener determinado ritmo, era una cosa seria. Me acuerdo que, a veces, los chicos se ponían a jugar y el padre (Heriberto) Baudry --párroco de la Catedral, fallecido en 2006-- se daba cuenta y después nos retaba de lo lindo", añade.
Por último, Villagra recuerda que el sonido no se escuchaba demasiado, dentro del templo, pero que escucharlas afuera "era una belleza".
"Mientras estaba Baudry, las tocábamos igual, aunque las fisuras de la torre ya estaban. Pero, desde hace dos años, se nos dijo que era peligroso y dejaron de sonar", agrega.
Para Villagra, no cualquiera puede tocar las campanas. Aunque no se sea un gran practicante católico, considera indispensable entender su sentido, tener una sensibilidad especial, "conmoverse con su sonido".
Acaso Angel intuya aquello de que las campanas eran consideradas el contacto entre el cielo y la tierra, el eco de la voz de Dios. Entonces, se explica claramente por qué pueden temblar las manos y el corazón, con el simple hecho de tomar las sogas para hacerlas sonar.
MINERVINO, Mario R.
La Nueva Provincia (05-08-2007)
  • BAHÍA BLANCA: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (historia general y tópicos): Bibliografía
  • Destrucciones de campanarios y campanas: Bibliografía
  • Ruido y denuncias: Bibliografía

     

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