ALDAZ, Arantxa - Lecciones a golpe de campana

Lecciones a golpe de campana

Ocho vecinos de Aretxabaleta han creado una peculiar escuela para resucitar una de las tradiciones más sonoras: el volteo manual de campanas

Gorka Madinabeitia sujeta el badajo de la campana durante una de sus sesiones de prácticas
Gorka Madinabeitia sujeta el badajo de la campana durante una de sus sesiones de prácticas

Aldedor de una mesa de madera, Julen, su hijo Beñat y otros seis vecinos de Aretxabaleta golpean con las manos los tablones una y otra vez. «Tac-tac-tac/tac-tac/tac-tac-tac». Uno tras otro ensayan como alumnos aplicados un ritmo al oído indescriptible y poco armonioso. «Tac-tac-tac/tac-tac». Frente a ellos, una pantalla de ordenador con un peculiar pentagrama, sin notas, pero con mucha música por descubrir. Son los ocho alumnos de la escuela de campaneros del barrio de Arien-tza, ocho enamorados de la tradición más sonora que ahora quieren recuperar a fuerza de ensayo.

La afición por el repique de campanas se la deben a los hermanos Madinabeitia, Eugenio, Juan y Félix, los tres últimos campaneros de la zona. Tras su jubilación, como ocurrió en otros muchos pueblos, las campanas dejaron de tocar, y su tañir fue sustituido por un sonido mecánico cada hora. Se perdió entonces la riqueza de los toques, un sonido para cada momento, una especie de pequeño noticiero que mantenía informados a los vecinos ante cualquier acontecimiento: la muerte de un residente, la llegada de una tormenta, el aviso ante un incendio, el bautizo de un recién nacido...

Gorka, el hijo de Félix, se negó en rotundo a ser testigo de la desaparición del oficio de su aita. Así que habló con uno de sus vecinos, Julen Abasolo, y le convenció para recuperar un pedazo sonoro de historia, con la ayuda del profesor de percusión Oihan Vega, que tradujo al lenguaje musical los sonidos del carillón e inventó un nuevo lenguaje de símbolos para aquellos que no sabían solfeo. El proyecto fue tomando forma hace cinco años con la ayuda del Ayuntamiento de Aretxabaleta y se convirtió en un DVD con lecciones prácticas para convertirse en un campanero, aunque no profesional, por lo menos sí bastante esmerado.

Gorka, Julen y los otros seis aprendices se reúnen una vez por semana para repasar sobre la mesa los diferentes toques. «El repique –que se tocaba en días festivos– es el más difícil», reconoce Julen. A Beñat, su hijo de nueve años, también le ha picado el gusanillo y apunta buenas maneras. «Me gusta», reconoce. David, Alberto y Aitor tampoco desentonan. «Uff, todavía nos falta mucho para aprender», dice Gorka. «Sobre la mesa todo parece más fácil, pero luego hay que subir al campanario y poner en práctica lo aprendido». En lo alto de la torre de la parroquia Nuestra Señora de la Natividad las cosas suenan distinto. Gorka y Julen han sido los primeros alumnos en atreverse con el badajo, tras varias semanas de ensayos. «Aquí arriba todo se complica. Pero seguiremos hasta que aprendamos», asegura Julen.

Félix Madinabeitia sonríe al ver ensayar al grupo: «Es un proyecto bonito. Me parece muy bien que hayan recogido los toques, para que no se los lleve el viento y desaparezcan. Pero aún les queda mucho por aprender». Todavía recuerda cuando de pequeño jugaba con otros niños a repicar campanas: «Cogíamos dos piedras y un tronco y nos pasábamos horas tocando». Eran viejos tiempos, dice Félix. «Ahora todo ha cambiado y pasamos página muy rápido».

El grupo de Aretxabaleta no es el único que se ha empeñado en resucitar el arte de las campanas. En Amurrio, también está haciendo mucho ruido la primera asociación vasca de campaneros, que organiza cada año un concierto al que acuden los mejores profesionales de España, especialmente de la Comunidad Valenciana y de Castilla-León, donde perviven en activo decenas de campaneros. Uno de los primeros cometidos de la entidad, recuerda su presidente, José Luis Albizua, fue el de conservar las 31 campanas de bronce de la parroquia de Santa María de la localidad alavesa. El encargo pronto se convirtió en el germen de la asociación, en la que se agrupan aficionados, antiguos campaneros y otros defensores de la tradición. Albizua trabaja en el Ayuntamiento alavés como ingeniero industrial eléctrico. La afición por las campanas le viene «desde siempre». Por eso, cuando le ordenaron electrificar el sonido de las campanas de las dos iglesias de Amurrio se decidió a hacer «algo». Y creó el grupo de campaneros.

ALDAZ, Arantxa
Diario Vasco (06-01-2008)
  • ARETXABALETA: Campanas, campaneros y toques
  • ARIENTZAKO KANPAIJOLE ESKOLA (ARETXABALETA) : Toques y otras actividades
  • Cursos de introducción a campanas y toques: Bibliografía
  • Reparación de campanas: Bibliografía

     

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