TRELIS, Jesús - Campanas con nombre propio

Campanas con nombre propio

Más de 200 campaneros recuperan el pasado impregnado de bronce y sonido

Llenas de simbolismo e historia, se han convertido en una extensión de la vida de un pueblo. Han sido voz de Dios en la tierra, mensajeras de fiesta y duelo, hilo de unión de pueblos y símbolo del tiempo colectivo. Decir campanas es decir cultura. Aunque de segunda fila. Cultura discreta, casi olvidada, pero presente en el día a día.
El "Micalet", el "Borrego", la "Leona", la "Guillermina", la "Matahomens" o la "Muda". Así se llaman algunas de las campanas valencianas que tienen sus bronces repletos de historia. Hay cerca de 6.000 en funcionamiento, aunque, de momento, el Gremi de Campaners ha logrado hacer el inventario de un 60 por ciento de ellas.
Campanas de la Catedral de València Francesc Llop es historiador, pero sobre todo especialista en algo tan peculiar como las campanas. Está plenamente entregado a recuperarlas, a conocer su historia y a trabajar por su pervivencia.
"Cuando en algÚn pueblo desaparecen o simplemente se estropea una campana, descubrimos que se produce un vacío. Necesitan que las reparen cuanto antes", explica Llop. A los valencianos les gusta oírlas desde lo alto de su campanario. En la soledad de su pueblo; en medio del murmullo ciudadano.
Los estudios, en por de la recuperación de las campanas, han servido para dejar patente que en la Comunidad hay, al menos, diez campanas del siglo XIV.
De todas ellas, Llop destaca una de la Catedral de Valencia. Su nombre: la "Caterina". "Data de 1350 y lo más curioso es que está en pleno funcionamiento, casi setecientos años después de haber sonado por primera vez."
Sin embargo, en la Comunidad Valenciana hay dos campanas todavía más antiguas. En concreto, del siglo XIII. "Una de ellas está en la Catedral de Valencia. Otra, que todavía estamos estudiando, se encuentra en un convento de clausura", explica Llop.
Pero no hay que olvidar que esto de las campanas ya sonaba con los íberos. En cualquier caso, para Llop lo interesante es que muchas campanas perduran con el paso de los años. Por ejemplo, hay más de sesenta góticas. "Es un dato sorprendente porque deja patente que a pesar de guerras, de mÚltiples refundiciones y otros sucesos, se han mantenido."
Son datos que dejan patente el arraigo que un instrumento -no sólo musical, sino también comunicativo- ha tenido en tierras valencianas.
Pero el viaje por la historia de las campanas valencianas ha de pasar por la saga de Roses. Una familia de fundidores que se remonta al siglo XVIII y que han dejado grabado su nombre en sus trabajos. Las campanas de "Última generación" siempre vienen firmadas.

La "Matahomens" y la "Muda"

Aunque el verdadero nombre de las campanas es el "malnom". Ese que recibe por tradición, por ser el nombre del santo al que están dedicadas o por otra circunstancia.
De esta forma, encontramos cómo en la Catedral de Valencia la campana de las horas, la mayor de todas, con sus 9.000 kilos de bronce, se denomina el "Micalet". "Es en tono burlesco, por ser tan grande", señala Xavier Martín, presidente del Gremi de Campaners Valencians.
Pero en la Seo valenciana encontramos también a "María", "Manuel", "Jaume", "Andreu", "Vicent", "Bàrbera", "Pau", "Narcis", "Caterina", "Violant" y "Ursula".
Hay otros nombres curiosos. Algunas de campanas ya desaparecidas. Por ejemplo, la "Matahomens" -su nombre lo dice todo- y la "Muda", que se oía mejor "de lejos que de cerca", explica Martín.
El Borrego" de Sant Joan del Mercat (Valencia) es otro ejemplo de nombre cursioso. Pero en este caso, tiene tras de sí una peculiar historia. Tras la guerra civil, la campana fue encontrada en el puerto de Barcelona. Se salvó de convertirse en cañón, por la "campana" (se podría decir).
Otras, como las de Santa Catalina (Valencia) fueron traídas desde Inglaterra. En plena revolución industrial era más rentable fabricarlas allí y luego transportarlas. El tema causó indignación entre los fundidores valencianos, que acabaron llamándolas campanas "herejes" o "protestantes".
Cada campana tiene su historia. Peculiar y, al tiempo, unida a la tierra. Próxima a los acontecimientos que le rodean. Ellas han visto cómo el niño creció. Se casó y luego dijo adiós. Y siempre estuvo allí su sonido. Al grito armónico del bronce golpeado.

JesÚs Trelis (Valencia)
"Las Provincias" (21/01/2000)
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