VIDAL CORELLA, Vicente - Las campanas de la torre de Santa Catalina

Las campanas de la torre de Santa Catalina

Un suceso que apasionó a la Valencia del siglo XVIII

En el año 1705 había sido concluida la magnífica torre nueva de Santa Catalina pero los feligreses de esta iglesia no estaban satisfechos respecto a sus campanas por la razón de que sólo había dos en el campanario viejo – segÚn el marqués de Cruilles, situado a los pies de la iglesia, entrando a mano derecha y derribado en 1742 – y estimaban insuficientes para obra tan excelente y bella. Además, porque la nueva torre carecía de escalera. El suspicaz constructor – Juan Bautista Viñes, quien realizó la obra por diez mil ducados – advirtió en los capítulos concertados por la parroquia que nada se hablaba en punto a escalera y construyó la torre sin ella, subiendo cuando era necesario por medio de unos maderos. Ello fue causa para que, discordados los ánimos, se llevara el asunto a los tribunales, fallando éstos a favor del constructor de la torre, por lo que hubo de pagar su inadvertencia la parroquia, costeando la escalera que fue construida bastantes años después.

El carácter de los valencianos, propicios siempre a tomar a broma hasta lo más serio, aprovechó lo sucedido para satirizarlo en coplas y romances, que eran muy celebrados. Dice el padre Tomás Guell, bibliotecario en aquella época del convento de Predicadores, que "los parroquianos de las dos parroquias más vezinas, la de San Juan y la de San Martín, viendo viduada a la torre de campanas, decían algunos dicterios a los parroquianos de Santa Catharina sobre que habían fabricado campanario sin escalera, y no tenían más que dos campanas encapotadas a la parte de la platería".

El ambiente creado por todo ello decidió a completar la obra, por lo que en primero de enro de 1729, en junta general, deliberó la parroquia se fabricasen seis campanas para la nueva torre, y buscando mayor economía se decidió aceptar la oferta del comerciante Pedro Verges – feligrés de la parroquia -, que negociaba la del fundidor de Londres Ricardo Phelps, el cual, además de ofrecerlas con mayor economía a las de los campaneros de Valencia, - "que además de hazer pagar cara dicha hazienda no salen acertadas, como se ve claramente en la campana mayor, que han hecho en estos días para el Convento de Nuestra Señora de la Merced, que por más que los padres mercedarios la califican de campana, tiene tan ronco el sonido que parece de barreño" -, las aseguraba por un año, corriendo también a cargo del fundidor el traslado de las campanas desde Londres al Grao de Valencia.

Vista la conveniencia de la oferta, se acordó la inmediata compra de las seis campanas por 4.654 libras.

El día 2 de octubre de 1729 llegaba al Grao el navío inglés con las seis campanas, y al día siguiente, por la tarde, se dispuso su traslado a Valencia del modo siguiente: " pusieron las dichas campanas en cinco galeras adornadas de murta, y en cada una avía un estandarte de embarcación que tremolava en el ayre: la galera más fuerte llevaba la campana grande, y la tiraban ocho mulas, adornadas con cintas de seda, y gallardetes sobre las cabezadas". Precedidas de timbales y clarines hicieron su entrada en la ciudad, entre la expectación de la gente, llegando al pie de la torre de Santa Catalina, en cuya plaza, por ser céntrica y concurrida llamada Puerta del Sol, instalaron las seis campanas de modo que, con los repiques, pudiera advertirse su sonoridad. Y para satisfacer las ansias de la gente, "que avían llegado de todo el lugar, fue el maestro de Capilla de la Catedral, con otros mÚsicos de su capilla y del Colegio del Señor Patriarca, a determinar a qué punto de solfa correspondían sus vozes, y juzgaron por cierto, que dentro de la octava cada una tiene la voz al punto de solfa, que le corresponde segÚn buena regla, y se conoce en la armonía, que hazen, y lo que deleytan, quando las tocan juntas".

El propio cronista – Fray Tomás Güell -, que acudió también a satisfacer su curiosidad, menciona que la primera campana pesaba 38 quintales y siete la Última. "La boca de la campana grande tiene de ancha siete palmos menos dos dedos, y es su voz un punto más baxa que la María de la Seo. En cada una de las campanas, en la circunferencia superior, ay este letrero: Ricardus Phelps Londini me fecit, 1729".

El suceso conmovió a tova valencia, que acudió a ver las campanas fabricadas en Inglaterra, y la curiosidad fue tan grande que llegó en algunos casos a la exaltación de los ánimos, contribuyendo no poco los fundidores de campanas de valencia, enojados por haber sido preferidos por un extranjero, del que temían nuevos envíos.

Antes de ser subidas las campanas a la torre, y por temor a que ésta hiciese algÚn movimiento, se decidió un reconocimiento previo, y una vez asegurados de que no había tal peligro, fueron asentadas las seis campanas, no sin haber tenido que rebajar un tanto los lados de la ventana correspondiente a la campana mayor, para que ésta voltease con mayor holgura.

El lunes 21 de noviembre de 1729 estaban dispuestas las seis campanas – que habían sido bendecidas solemnemente el día 9 del mismo mes – y el campanero, que hasta entonces había pertenecido a la Catedral, siendo cedido por el Cabildo a instancias de la parroquia de Santa Catalina, tenía todo dispuesto para el primer volteo de las campanas, para lo cual se necesitaban diez hombres, fornidos y avezados a estos menesteres.

Aquel día comenzaron las solemnes fiestas con la iluminación del campanario –"al que coronaron de bolas y faroles" -, haciéndose luminarias casi generales en las casas de la Parroquia, congregándose tal nÚmero de gente para oir el primer vuelo, que, segÚn un historiador, se escuchaban sus rumores desde el convento de Santo Domingo, y a tal llegó el entusiasmo y la pasión que hasta con las armas defendían la superioridad de dichas campanas sobre las de San Juan y San Martín, y hubo de ser preciso interviniese la justicia para apaciguar los ánimos. El griterío fue tan enorme, que "quanto más clamoreavan las campanas, tanto más los circunstantes levantavan la gritería que a no ser las vozes de aquéllas de metal sonoro, las ahogaran las vozes de la plaza".

Cuando el volteo general de todas las campanas de Valencia cesó para que se iniciara el de las campanas de la torre de la iglesia de Santa Catalina, un silencio impresionante se produjo en las gentes. Después, una a una, comenzaron a sonar, y cuando el vuelo general se efectuó, un clamor de jÚbilo y entusiasmo se produjo, que culminó ante la estruendosa disparada de fuegos artificiales desde lo alto del campanario, que fue muy copiosa, a la que secundaban con entusiasmo los feligreses con el disparo de numerosos cohetes.

Al día siguiente se celebraba la fiesta de gracias, cantándose misa y "Te Deum", con mÚsica muy solemne, en la que predicó Fray Bartolomé Cases, trinitario calzado del convento de Nuestra Señora del remedio, un sermón, que se imprimió en esta ciudad con el retumbante título de "campanas sin vida, campanas con alma", por alusión a las que el cisma de Inglaterra dejó sin uso.

El apasionado suceso produjo la impresión de numerosas hojas en contra y a favor de la instalación de las campanas de la torre de Santa Catalina y de las fiestas celebradas, con poesías de todas clases, muchas de ellas se mencionan en el "Romance nuevo a las muchas coplas y dézimas que se han compuesto al asumpto de las campanas de la Parroquia de Santa Catharina Virgen y Mártir de Valencia". Y no faltó el "Coloqui nou del any 1729", en el que sus personajes –"Pere llaurador; Andreu, llaurador, dos musichs i un alguacil" – comentan y discuten con graciosa ironía cuanto había ocurrido.

Durante varios días, que coincidían en las fiestas a Santa Catalina, continuaron volteando las campanas, y la gente no se cansaba de oirlas, "pues de día acudía mucha gente labradora a la plaza de dicha parroquia a ver boltear la campana grande, y otros que no eran de monterilla, también se detenían a mirar cómo daba bueltas"..

Fueron las campanas de la iglesia de Santa Catalina las primeras en Valencia que tuvieron las lenguas afianzadas con artíficio de hierro y no con tiras de piel o cordeles, como era costumbre, y todos convienen en que, después de las de la Catedral, eran las mejores que habían en Valencia.

Vicente VIDAL CORELLA
"Las Provincias" (14/02/1960)
  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • PHELPS, RICHARD (LONDON) : Inventario de campanas
  • Campanarios: Bibliografía
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía

     

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