ARMAS HERNÁNDEZ, Agustín - Aleluya, han vuelto a oírse las campanas de la iglesia de la Peña de Francia

Aleluya, han vuelto a oírse las campanas de la iglesia de la Peña de Francia


SaI amigos, han vuelto a ser lan­zadas al vuelo, con júbilo, las grandes campanas de la iglesia de la Peña de Francia. El evento, que nos ha sorprendido gratamente, ha ocurrido en estas últimas fiestas mayo­res del Puerto de la Cruz que, como todos sabemos, se celebran en honor del Gran Poder de Dios y de la Sta. Virgen del Carmen. Nos alegró mucho, a todos los portuenses, el volver a oír su agradable tañer después de algunos años en que permanecían estáticas, al menos en los grandes acontecimientos religiosos. Fue con motivo de las solem­nes procesiones, que salieron de nues­tra iglesia matriz, cuando oímos su gra­to sonido. Para que esto ocurriera se desplazó desde La Laguna una persona experta en estas lides. ¡Qué Dios se lo pague! Los motivos que se aducían para que estuvieran en reposo, durante tanto tiempo, no eran convincentes, aunque se aceptaban. Se ve que aires nuevos y renovadores están actuando en nues­tra querida iglesia. ¿Será la mano y batuta de su activo y, a la vez, paciente párroco? Es obvio que sí. Es más, me consta de sus inquie­tudes y desvelos para que el templo esté en óptimas condiciones, dignamente preparado como casa de Dios, para acoger a los fieles y celebrar los actos litúrgicos, tan necesarios para nuestra varias ha tenido, Mas ahora, por el esta­do en que se encuentra, lo está pidiendo a gritos. ¡Que sea pronto!: El objeto de este escrito no es sola­mente el resaltar lo que más me ha agra­dado de lo programado en estas últimas fiestas de julio, sino exponer también lo que no me ha gustado de ellas. Si fuera por mí, eliminaría muchos de los actos efectuados por no ser compatibles con el origen de las fiestas. Téngase en cuenta que se celebran en honor del Gran Poder de Dios y de la Virgen del Carmen, o sea, son estrictamente religiosas. Por lo tanto, métanse las tije­ras y elimínese lo superfluo que no sin­cronice con lo descrito. «Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Pero prosigamos con lo que me ha gustado y lo que no de estas pasadas fiestas: un notable para la iglesia. O sea, para los organizadores de los actos litúrgicos. Hubiera sido un diez de no haberse producido el escándalo de los marinos a la puerta del templo. Aun­que, claro está, no fue culpa de nadie sino del ansia y la impaciencia de los «lobos de mar» por sacar a su patrona la Virgen del Carmen y llevarla en pro­cesión hasta el muelle. Por lo tanto, corregimos lo anterior y concedemos un sobresaliente. Estos impulsos e impaciencias de los marinos antes que terminen los actos litúrgicos tienen que corregirse. Difícil será conseguirlo pero tenemos que intentarlo. He asistido a los actos religiosos que en honor de la Virgen se programaron; de verdad que he salido del templo satis­fecho y fortalecido espiritualmente. No era para menos. Veamos el porqué: la iglesia se encontraba enramada y engalanada con un gusto exquisito y la misa concelebrada se destacó no solamente por la cantidad de fieles participantes en la comunión, sino también por la homilía que con espíritu de Dios y mag­nífica oratoria nos ofreció uno de los tres sacerdotes intervinientes en la Eucaristía. Concretamente el R.P. Ber­nardo Álvarez Alonso, venido de La Laguna para ofrecer un triduo a la Vir­gen del Carmen. Fue un acierto que tenemos que agradecer a la presidenta de la Hermandad de la Virgen del Car­men, doña Concepción Rodríguez García y a cuantos tuvieron tan feliz idea.
Un hecho deplorable y desagradable para los creyentes fue el recibimiento que con una canción arreglada, con letra y música profanas, recibieron a la Virgen del Carmen a su llegada al muelle pesquero portuense. ¡De pena! Un suspenso para el genio de tan desa­fortunada idea. Se nota la falta de pre­paración religiosa. Les aconsejo que asistan al sínodo nivariense que en la actualidad se ofrece en todas las iglesias de la Diócesis.
El Ave María que se oyó momentos después, muy bien, aunque el volumen de los altavoces fue muy alto. Dema­siado. Rompía los tímpanos. ¡Qué pena! Hubiera sido tan bonito...
Veamos seguidamente lo que sobra y falta a nuestras fiestas de julio: falta arte y poesía, realzando más lo religio­so, restándole importancia a los actos lúdicos y profanos. Una de las cosas que están por demás es la elección de la reina de las fiestas. Sobre todo en lo concerniente a lo de tener que exhi­birse ante el público medio desnudas, para ser elegida reina. ¿Por qué se hacen tales disparates que no concuer­dan con unas fiestas eminentemente religiosas? ¡No hay más reina que la I Virgen del Carmen ni más rey que el Gran Poder de Dios! I Dejemos las vulgaridades para los pueblos. El Puerto de la Cruz no lo es. Por lo tanto obremos coherente e inteligentemente. Sugiero que se tome nota de aquellas fiestas de la década, de los 50, donde todo era cultura, arte, poesía, religión; en dos palabras: belle­za y cordura.


ARMAS HERNÁNDEZ, Agustín

Tertulia Villera (04-01-2009)
  • PUERTO DE LA CRUZ: Campanas, campaneros y toques
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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