PIÑA, Omar - La ambigüedad de las campanas

La ambigüedad de las campanas

Foto BARRERA, Graciela
Foto BARRERA, Graciela

Cada mediodía de domingo, tañen casi todas las campanas de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México. El espectáculo invita a la imaginación porque justo a las doce en los relojes del templo y de Palacio Nacional, los tañidos resuenan en el Zócalo y desde las cúpulas, las personas se ven pequeñitas… no faltan los que aguzan los oídos y ponen a tiempo sus relojes de pulso. En el ombligo del país se marca el ritmo con que una sonora obsidiana indica que el día llega su justa mitad.

Lejos de tomarse como un recurso turístico o de estampa porfiriana, las de la catedral de México no son las únicas campanas que dan lustre a la vida histórica de una ciudad. La campana anuncia y en la misma Venecia, el último carrillonazo vespertino de San Marcos obliga a las supersticiones del beso o de pedir suerte a los hados. Los badajos que golpean el bronce de sus copas, en cualquier parte del mundo, son para gritar fiesta, hora o duelo.

Pero no todo lo que brilla es oro ni bronce… y no todo lo que brama con ciertos ritmos, es tañer.

Aunque en las pequeñas ciudades se acostumbren los ruidos de otras campanillas, ya casi ni se toman en cuenta. Es porque no tienen las proporciones de las campanas catedralicias o porque sus campaneros ni siquiera se merecen el parecido a Cuasimodo, ese personaje más famoso por Disney que por Víctor Hugo. Y tañe el vendedor de helados caseros, el niño que soporta una lata con galletas tostadas y el correlón que adelanta calles al camión recolector de la basura.

Cuando los ruidos citadinos no eran ensordecedores, los campanilleros menores (llamémosle así) eran tomados en cuenta porque su tintineo provocaba agua en la boca, si se apetecía un helado… o las prisas, si era el momento de sacar la basura. Ruido mucho por la grosería de los infames que escuchan música a todo volumen, por los choferes paranoicos que no sueltan el claxon.

Ruido que opaca campanillas y como ya no estamos acostumbrados a ellas, hay que sacar la basura a la hora que sea, cuando no advierta el vecino que se le enmugra su calle, cuando el jefe de manzana no tiene un rol de las horas y los días en que pasa el camión, cuando los propios recolectores de basura no están bien ordenados y mandados a hacer bien las cosas. Cuando los propios “basurólogos” que despachan con nudo de la corbata no tienen la menor idea.

Ruido culpable que no deja oír la campana y por eso a veces, las calles de la ciudad son una cochinada. Ruido endemoniado. Echemos la culpa al ruido, sí: pinche ruido.


PIÑA, Omar

Asterisco y Subrayados (25-03-2009)
  • CIUDAD DE MÉXICO: Campanas, campaneros y toques
  • VENEZIA: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (historia general y tópicos): Bibliografía

     

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