Redacción Quito - La voz de las campanas se apaga

La voz de las campanas se apaga

La mayoría de iglesias tiene melodías pregrabadas que se transmiten por altoparlantes para convocar a misa. Los badajos se mueven en pocas ocasiones.

En el templo de La Catedral Metropolitana. Dos músicos ensayan en el campanario para un concierto de la Semana Santa
En el templo de La Catedral Metropolitana. Dos músicos ensayan en el campanario para un concierto de la Semana Santa

‘Las campanas son voz de esperanza, voz de consuelo, voz de amor. Son como las trompetas de Dios, que atraviesan los tupidos bosques y dominan sobre todo ruido humano”. Esta frase del escritor francés, Louis Veuillot parece haber quedado en el olvido.

Ahora pocos campanarios de Quito hacen sonar sus campanas para convocar a una misa, alejar las tormentas, anunciar una muerte o una fiesta. En el convento de El Tejar, el padre Guillermo Hurtado revela que las campanas no se tocan regularmente desde 1965. Solo se sube a las torres del convento en situaciones especiales. El resto son melodías pregrabadas, transmitidas por alto parlantes.

“Cuando el barrio empezó a poblarse a los vecinos les molestó el sonido de las campanas. Decían que ya conocían los horarios de las misas y que no era necesario hacer tanto ruido”, señala Hurtado. Y agrega que por ese motivo dejaron de tocarlas.

Al subir a las torres del convento de El Tejar se descubren cuatro campanas cubiertas de polvo. Una de las más grandes tiene letras inscritas: ‘Para el Sagrado Corazón de Jesús. Fundida por: Alcides Caviedes (1950)’.

Los libros de historia relatan que en este campanario el general José Mires izó la Bandera después del triunfo de la Batalla del Pichincha (1822). “¿En qué torre flameó la Bandera? No lo sabemos, pero todavía esperamos que las autoridades declaren patrimonio cultural a estas torres pioneras”, refiere Hurtado en uno de sus libros.

Curiosamente, las iniciales A. Caviedes también están plasmadas en una campana de cuatro toneladas donada a la Dolorosa del Colegio. La estructura pertenece a la iglesia de la Compañía de Jesús, ubicada en la calle García Moreno y Sucre.

“Antiguamente, las asociaciones o cofradías donaban las campanas a un santo. Estas eran fundidas al pie de las torres porque sino por su peso eran imposibles de transportar”, refiere Juan Carlos Pinos, coordinador de la Unidad de Conservación de La Compañía de Jesús.

En diciembre del año pasado, las cinco campanas que permanecieron por 100 años en las torres de la Compañía fueron retiradas por motivos de restauración. Ahora las estructuras de bronce están amarradas con cabos y cabestros (cuero de res) a unos palos de madera, tal y como se encontraban en las torres, expresa Pinos.

Sus manos y su rostro se vuelven más expresivos cuando describe el proceso de desmontaje y estabilización de las campanas.

“Nos demoramos un mes en bajarlas y por su peso se necesitaron grúas, poleas, motores eléctricos y un equipo de 20 personas entre técnicos, arquitectos, restauradores, soldadores y cerrajeros para removerlas. Al final todos los trabajadores recibimos un diploma”, dice contento el hombre de anteojos negros.

El carrillón (grupo de campanas) y las fotografías de las torres y el descenso de las campanas puede ser visto por el público de manera gratuita en una exposición temporal. Solo deben acercarse a la portería de la iglesia para pasar.

Allí los visitantes podrán conocer los detalles sobre la historia de las torres del campanario, saber más acerca de las campanas de mano y escuchar las melodías que se tocaban para cada ocasión especial.

Solo en fechas como Navidad o misas importantes los sacerdotes oblatos autorizan tocar las campanas de la iglesia Basílica del Voto Nacional en vivo. Pero a cada hora del día suenan melodías con canciones autóctonas como La vasija de barro, el Chulla quiteño, Curiquingue, etc.

Y aunque los padres no van al campanario, hay un personaje que sube cada día con turistas los 117 metros de altura que tienen las torres. Él es Édison Camacho, de 32 años, guía de planta de la Basílica desde 2002. “Aquí me conocen como Cuasimodo”, dice y ríe. El joven, quien además es andinista, perdió el miedo a las alturas y pasea tranquilo por las ventanas de las torres.


Redacción Quito

El Comercio (12-04-2009)
  • SAN FRANCISCO DE QUITO: Campanas, campaneros y toques
  • CAVIEDES, ALCIDES: Inventario de campanas
  • Campaneros: Bibliografía
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía
  • Ruido y denuncias: Bibliografía
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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