GARCÍA, Hortensia - Horas bajas para los guardianes del tiempo

Horas bajas para los guardianes del tiempo

Los grandes relojes que hace años marcaban el ritmo de la ciudad son una especie en extinción. Los que quedan, en el Ayuntamiento o en Correos, se han mecanizado

Interior de la torre del reloj del Ayuntamiento de Valencia donde cada una de las cuatro esferas tiene un motor que mueve las saetas
Interior de la torre del reloj del Ayuntamiento de Valencia donde cada una de las cuatro esferas tiene un motor que mueve las saetas

La obsesión del ser humano por controlar el tiempo llevó a llenar de relojes las calles y edificios más representativos de las ciudades. Relojes antiguos y modernos, con números romanos y números latinos, mudos o sonoros, la ciudad de Valencia contaba hasta hace unos años con casi medio centenar de cronómetros de los que hoy quedan en buen estado aproximadamente una docena. Entre ellos, destacan el del Ayuntamiento, el del edificio de Correos y Telégrafos que competía para que sus toques no coincidieran con los del primero, el de la modernista Estación de Norte, el de la Casa del Chavo -precedente de la Seguridad Social- y el de los Santos Juanes.

La esfera de este último es una de las más valiosas y antiguas de la ciudad. Es de números romanos y en ella el cuatro y el nueve están representados a la antigua usanza (IIII y VIIII).

Desafortunadamente, en Valencia no se conserva activo ningún reloj manual como el emblemático "Big Ben" de Londres, que acaba de cumplir 150 años de historia. Los británicos consideran este soberbio reloj de cuatro esferas de siete metros de diámetro y su maquinaria incrustada en la torre del Parlamento una joya del patrimonio histórico. El cronómetro más famoso del mundo tiene incluso un encargado de custodiarlo. Es el Cuidador del Gran Reloj que los lunes, miércoles y viernes le da cuerda manualmente durante más de una hora.

El reloj que preside la fachada principal del Ayuntamiento de Valencia -que en origen era de aire comprimido- es quizás el más simbólico de la ciudad. Se trata de un reloj de cuatro esferas y carrillón suizo colocado en la torre en 1929. La maquinaria que hacía sonar la Marcha de la Ciudad al mediodía y a la medianoche lleva lustros fuera de uso, de hecho fue desmantelada. El responsable del reloj y jefe de la Oficina de Mantenimiento del Ayuntamiento de Valencia, Alvaro Mateu, comenta que cuando él llegó al consistorio hace 23 años "ya era electrónico". El cronómetro funciona a través de un sistema de audio donde están grabados el himno y las melodías que marcan los cuartos, las medias y las horas. El reloj es "bastante preciso" porque está conectado al reloj astronómico universal. Cada esfera tiene un motor que mueve las saetas. Su sincronización no siempre es perfecta, aunque el responsable de cuidarlo lo niega. "El principal mantenimiento que requiere el reloj es ajustar la hora cada semana o quince días y limpiar periódicamente los motores y saetas".

Pocos saben que Valencia tuvo en torno a 1372 el primer gran reloj de la Península. El gobierno de la ciudad lo compró en Alemania e hizo instalarlo en la calle del Reloj Viejo. El aparato era muy inexacto -retrasaba seis horas al día- y apenas duró dos años. Sin contar este efímero precedente, el primer cronómetro de la ciudad fue el de la Catedral. Se instaló alrededor de 1420 en la torre-campanario gótica del Micalet, donde permaneció hasta los años 40 del siglo pasado. En el siglo XVII, el Micalet había cambiado en cuatro ocasiones el reloj. No fue hasta el siglo siguiente con la aparición del reloj de péndulo cuando se consiguió alargar la vida útil de estos aparatos y su exactitud. Durante años el reloj del Micalet, que tenía dos esferas, fue atractivo destacado de la ciudad. Los relojes han sido más un símbolo de prestigio y modernidad que un instrumento para organizar la vida de la ciudad, función que sí cumplieron antes las campanas de iglesias, catedrales y conventos.

Según el presidente de la asociación Campaners de la Catedral, Francesc Llop, la "eclosión" de relojes en Valencia empezó en el siglo XX. "Saber la hora se consideraba un derecho ciudadano y el gobierno de la ciudad debía hacerlo posible".

Las "nuevas tecnologías" se fueron imponiendo y en los años 60, los relojes manuales empezaron a relegarse. "Son aparatos que requieren un gran mantenimiento", apunta Francesc Llop, autor de uno de los escasos inventarios de relojes monumentales de Valencia.
Las complejas maquinarias de péndulos, manillas, rodamientos y engranajes que en algunos casos podían ocupar habitaciones enteras se conservan, aunque todas fuera de uso, en la Casa del Chavo, en la torre del Colegio del Patriarca, en la Universitat de València, en la Iglesia de San Valero y en el Palau de la Generalitat. También perduraba hasta 2005 el reloj, junto con la maquinaria y el habitáculo de madera y cristal que la contenía, de la Tabacalera. La antigua fábrica de tabacos ha sido adquirida por el ayuntamiento y se está rehabilitando para destinarla a nuevo ayuntamiento.

Uno de los últimos relojes perdidos es el de la torre de Santa Catalina, instalado hacia 1904. La maquinaria se mecanizó en los años 60 pero apenas estuvo operativa seis años. En la reciente restauración de la torre, el reloj desapareció. Según Llop, pese a su antigüedad la esfera "era de cemento y tenía escaso valor".

De medio centenar a una docena en pocos años

Los expertos en grandes relojes de Valencia calculan que en su mejor momento la ciudad pudo llegar a tener hasta medio centenar de aparatos instalados en edificios municipales, iglesias, bancos e incluso edificios residenciales. Hoy en día se conservan aproximadamente una docena. Están en el edificio de la Caja de Ahorros de Valencia, en la plaza del Mercado de Russafa, en Obispo Amigó, en la Tabacalera, y en la Cooperativa de Casas Baratas de la calle Archiduque Carlos -la esfera de vidrio desapareció pero perdura el mecanismo-. Los más conocidos son los del Ayuntamiento, Correos, la Estación del Norte, la Casa del Chavo, el Edificio del Reloj del Puerto y el de los Santos Juanes. La asociación Campaners de la Catedral también ha inventariado el reloj del antiguo hospital psiquiátrico del Padre Jofré, el de la torre del Mercado Central y los cronómetros en algunas pedanías como Forn d'Alcedo.


GARCÍA, Hortensia

Levante - El Mercantil Valenciano (14-06-2009)
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