HERNÁNDEZ, Javier - Campana nueva, con el bronce de todos

Campana nueva, con el bronce de todos

Los feligreses juntaron llaves, canillas, picaportes y otros elementos hasta reunir unos 450 kilos de bronce para fundir y lograr un instrumento sonoro de importantes dimensiones para la parroquia San Pedro y San Pablo. La que tenía pesaba sólo 10 kilos y se perdía en el campanario de 15 metros de alto. Será instalada en los próximos días

La pieza de bronce fue realizada en una fundición de San José, Guaymallén y fue bendecida en la misa del 18 de octubre
La parroquia nació como capilla. Cerca de 250 personas asisten a misa los domingos
La pieza de bronce fue realizada en una fundición de San José, Guaymallén y fue bendecida en la misa del 18 de octubre La parroquia nació como capilla. Cerca de 250 personas asisten a misa los domingos
La parroquia del barrio San Pedro está al oeste de la ciudad de San Martín y por estos días está estrenando una nueva campana que, desde lo alto de la iglesia, llama a misa con un sonido grave y cadencioso.

Lo curioso es que los kilos de material necesarios para la fundición en bronce del nuevo instrumento, se consiguieron gracias a una larga colecta realizada entre los feligreses que, durante casi un año, fueron acercando desde sus casas todas aquellas llaves, canillas, picaportes y caños que no ocupaban o que estaban olvidados en algún cajón.

"De a poco logramos juntar 450 kilos de bronce y hoy, gracias a Dios, tenemos campana nueva que, más allá de todo, es para nosotros un símbolo de las cosas que se pueden conseguir cuando la gente une sus esfuerzos", cuenta el padre Juan Pablo, un joven y entusiasta sacerdote de 35 años, que hace dos se hizo cargo de esa comunidad.

La parroquia San Pedro y San Pablo nació como capilla y fue a comienzos de los años 70 cuando se la construyó al mismo tiempo que el barrio que la cobija. Recién con la llegada del nuevo milenio fue elevada a parroquia y dejó de depender de la iglesia del Carmen y hoy, su jurisdicción cubre siete comunidades, lo que significa algo así como unos 23.000 habitantes para un solo cura.

"Es mucho; lo ideal sería trabajar en una comunidad de no más de mil personas, pero qué se le va a hacer; son los tiempos que corren en los que no surgen muchas vocaciones religiosas. No me quejo", dice Juan Pablo y ahí nomás cuenta que la comunidad de fieles que asisten regularmente a su iglesia suman unas 700 personas y que hay otras 130 que trabajan y colaboran con la parroquia en forma permanente.

"En los últimos años ha crecido la cantidad de gente que viene a misa y también el compromiso con la parroquia y con las cosas de Dios. En realidad, gracias a esa colaboración constante de toda la comunidad es que hemos podido hacer diversas obras: la construcción de la nueva campana, entre ellas".

La nave de la iglesia tiene espacio para unas 120 personas sentadas, por lo que el cura debe agregar sillas de plástico en los pasillos para acomodar a parte de las 250 personas que suelen asistir a la misa de domingo.

Con la colaboración de la gente, el año pasado se modificó el presbiterio de la iglesia y ahora se trabaja en la ampliación del patio y en los cimientos de una obra de dos plantas que, en principio, servirá para los salones de Cáritas y catequesis.

"Poca plata y mucho ingenio. Así es como vamos haciendo las cosas en nuestra parroquia", cuenta el joven padre Juan Pablo y agrega orgulloso que "en promedio, la colaboración de nuestros feligreses es de unos tres pesos por mes, muy por encima del promedio nacional que debe rondar los 60 centavos".

Fue a fines del año pasado cuando surgió la idea de juntar fondos para cambiar la campana por una más grande. La que existía hasta ese momento pesaba apenas diez kilos y se perdía en la inmensidad de un campanario que se eleva 15 metros.

Con sólo dieciséis centímetros de diámetro y un badajo pequeño y liviano, su tañido agudo más que a misa, parecía invitar al recreo de la escuela. "Durante las misas comenzamos a pedir a la gente que nos acercara todas aquellas cosas de bronce que ya no ocupaban", dice el sacerdote y enumera: "Viejas llaves que no abren ninguna puerta, canillas inservibles, picaportes, candados rotos y caños en desuso. En fin, de a poco y durante varios meses fuimos juntando bronce hasta sumar unos 450 kilos".

Con todo ese bronce reunido, al que también aportó algunos kilos una bodega de la zona, el padre Juan Pablo se acercó a una chacarita para cambiarlo por un bronce de mayor pureza. "Luego fundimos la campana en un taller de San José (Guaymallén) y fue bendecida en la misa del 18 de octubre".

Durante algunos días, la nueva campana lució en lo alto del campanario pero unas modificaciones en el soporte han llevado a que fuera descolgada. "En unos días más va a quedar en su lugar", dice el cura y cierra: "Seguramente la nueva campana no era una prioridad para la iglesia, pero sin dudas es un símbolo de que cuando muchas partes se ponen de acuerdo, pueden llegar muy lejos".


HERNÁNDEZ, Javier

Los Andes On Line (23-11-2008)
  • SAN MARTÍN DE LOS ANDES: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía

     

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