ALVARADO, Esther - «Este trabajo es un sueño»

«Este trabajo es un sueño»

JESUS LOSADA / EL RELOJERO DE LA PUERTA DEL SOL
CON MUCHA CARA / «Todas las semanas subimos las pesas, engrasamos el mecanismo y buscamos cualquier defecto. El reloj está en perfecto estado» / «Es muy difícil que falle, pero si el día 31 a las 12 en punto se para, no hay plan B que valga» / «Se pueden dar las campanadas a mano» / «Una meta fue cuando desmontamos y restauramos el reloj pieza a pieza»

Jesús López Terrazas, más conocido como Jesús Losada, lleva 11 años al frente del mantenimiento del reloj más importante de España: el de la Puerta del Sol. Este trabajo lo realiza en equipo, «junto a Pedro Ortiz y Santiago Ortiz. Sería injusto que me atribuyera lo que no me corresponde», afirma tajante. En su sencillez de hombre normal no cabe darse importancia por tener en sus manos el reloj del que estarán pendientes más de 40 millones de españoles el día de Nochevieja.

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Pregunta.- Si se llama Jesús López, ¿por qué ese sobrenombre?

Respuesta.- Porque el cuidado del reloj es cosa de la tienda, que es Relojería Losada. Nosotros siempre hemos dicho: Jesús López Terrazas, Pedro Ortiz Rey, Santiago Ortiz Ferraz pero no hay manera. Y ya somos Pedro Losada, Jesús Losada... los hermanos Losada... Y ya nos da lo mismo.

P.- ¿Cuántos años llevan manteniendo el reloj de la Puerta del Sol?

R.- Desde 1996. Once años.

P.- ¿Está en buenas condiciones?

R.- El reloj está perfecto. No va a haber ningún problema. Es un trabajo de todo el año. Venimos todas las semanas y el reloj está muy bien cuidado.

P.- ¿Cuál es el mantenimiento fundamental que necesita?

R.- El reloj tiene una reserva de marcha de una semana. Todas las semanas subimos las pesas, engrasamos el mecanismo y buscamos cualquier defecto. El reloj está en perfecto estado. La bola es un mecanismo independiente del reloj y no funciona más que a final de año. Después del 31 se inhabilita, se para. Así es que ahora se comprueba el mecanismo, se engrasa, se pinta y se prueba unos días.

P.- ¿Existe un plan B?

R.- No, porque es muy difícil que falle, pero si el día 31 a las 12 en punto se para, no hay plan B que valga.

P.- ¿Y qué hay que hacer?

R.- Pues llorar. Bueno, se pueden dar las campanadas a mano, por eso estamos dos o tres personas para que, en caso de que eso ocurriera, se haga así.

P.- ¿Nunca ha habido problemas?

R.- Desde que nosotros estamos no. Supongo que todo el mundo que ha estado aquí ha intentado cuidar del reloj con el mismo mimo y el mismo cariño que nosotros. Pero sí hay una cosa curiosa: en 1928 se desprendió una pesa y, al caer desde esa altura, traspasó el techo del despacho que había abajo.

P.- ¿Cómo celebran ustedes el 31 de diciembre?

R.- Hay años que cenamos en casa un poco antes, sobre las ocho de la noche, porque nos gusta estar a las 11 para ver el movimiento del reloj una hora completa. Pero el año pasado cenamos en un restaurante aquí cerca y luego vinimos a las campanadas.

P.- ¿Se come las uvas?

R.- Tienes que estar tan pendiente de los segundos que faltan y de cómo va el mecanismo que a veces no nos acordamos ni de las uvas.

P.- Es decir, que algo sí que tienen que hacer la noche del 31 de diciembre.

R.- Sí, la bola cae por su propio peso, pero para que caiga hay que quitar una palanca que la retiene. Y tienes que hacerlo en su momento exacto, porque si lo haces después habría un follón de ruidos terrible, y si lo haces antes habría un silencio que no queda bonito.

P.- ¿Alguna vez se ha equivocado comiendo las uvas?

R.- No, no. Sería el colmo. Para nosotros es perfectamente habitual distinguir los sonidos de las campanas. Sabemos cómo suena el áncora, la péndola, las ruedas... por el sonido que hacen sabemos si están girando bien o no.

P.- ¿Qué le parece toda esa gente que viene aquí a tomarse las uvas?

R.- Son gente alegre. Me parece una maravilla. Yo lo hice cuando era joven.

P.- ¿Pensó alguna vez que sería usted el guardián de este reloj?

R.- Pues no, la verdad. Este trabajo es un sueño para cualquier relojero. Todas las profesiones tienen sus metas. Controlar el reloj de la Puerta del Sol es muy bonito para cualquier relojero, pero para los especialistas en maquinaria antigua lo que nos gusta es hacer restauraciones cuanto más difíciles, mejor. Una meta fue cuando desmontamos y restauramos el reloj pieza a pieza.

P.- ¿Cuando se jubile volverá a disfrutar de un fin de año pero desde la plaza?

R.- Mujer, los años no pasan en balde. Igual para entonces no tengo la fuerza necesaria. Pero ¿por qué no? A mí me gusta el ambiente que se forma.

P.- Después de tanto trabajo, ¿no le da rabia que llegue un presentador y se equivoque con los cuartos y las campanadas?

R.- No, eso no pasa de ser una anécdota.

P.- ¿Les da poco trabajo el reloj?

R.- Ninguna máquina que esté bien cuidada o bien conservada da problemas.

RETRATO


Origen. 16 abril 1945. Currículo. Su bisabuelo era relojero y su padre también. Nació en un taller de relojería. Sus primeros recuerdos son de relojes. Al principio fue «destrozándolos» para ir aprendiendo. Luego estuvo un tiempo en Omega, por lo que se formó en relojería antigua y moderna. Empezó la carrera de Ingeniería Industrial, pero la abandonó porque descubrió que quería arreglar relojes. Virtudes. «La constancia. La paciencia es algo que el relojero tiene por defecto». Defectos. «Los de cualquier persona». Debilidades. «Mi mujer y mis hijos». Aficiones. «Tengo la gran suerte de que esto es lo que realmente me gusta. También la lectura y la música».


ALVARADO, Esther

El Mundo (26-12-2007)
  • MADRID: Campanas, campaneros y toques
  • RELOJERÍA LOSADA (MADRID): Inventario de relojes
  • Relojes: Bibliografía

     

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