DEL RÍO, Ángel - Un reloj que marca la Historia

Un reloj que marca la Historia

El artilugio de la torre de la Puerta del Sol, construido en 1866, protagoniza esta noche el cambio a un nuevo milenio

Aquel 6 de noviembre de 1866 un numeroso grupo de madrileños se agolpa en el centro de la Puerta del Sol. Hay murmullos. Muchos se preguntan qué estará pasando. ¿Otro aguador atropellado por un carro? ¿Otro cesante que está dando un mitin? ¿O acaso pasea don José Zorrilla, recién llegado a Madrid, tras una ausencia de España de 20 años?

Las miradas se elevan hacia las alturas del edificio del Ministerio de la Gobernación, allí donde un día estuvieron las Casas del Cordero. En lo alto, unos operarios se afanan en montar la maquinaria de un reloj gigante. Al día siguiente la noticia está en la prensa: «José Rodríguez Losada, prestigioso relojero leonés, ha construido en Londres un extraordinario reloj que ha donado al pueblo de Madrid, como muestra de admiración hacia la reina Isabel II».

Los curiosos exigen con detalle las operaciones de montaje de este singular artilugio, que cuenta con un gran orificio por el que, al dar las 12, una bola desciende, y señala el comienzo de un nuevo día. Se distrae la atención cuando un hombre anuncio pasa con un gran cartelón pegado al pecho: «Concepción Martínez, con leche de 15 días, desea cría para su casa. Mesón de Paredes, 62, taberna, darán razón».

El 19 de noviembre se pone en marcha el reloj de Gobernación, que se convierte en la atracción del momento, aunque pronto pasaría a ser objeto de mofa a consecuencia de los retrasos, y algún cesante, o poeta fracasado, reparte octavillas con el siguiente texto:
Este reló tan fatal
Que hay en la Puerta del Sol
-dijo un turco a un español-
¿Por qué funciona tan mal?
Y el turco con desparpajo
contestó cual perro viejo:
«Esté reló es el espejo
del Gobierno que hay debajo».


Corregidos estos desajustes por las expertas manos de Losada, el reloj empezó a ser ejemplo de puntualidad y se convirtió en emblema de la Villa y Corte.

Pocos años después nacería la costumbre de concentrarse en la noche de San Silvestre en la Puerta del Sol para despedir el año con las 12 campanadas. Allí se daba cita el pueblo, la bohemia, los poetas y los menesterosos. Hasta el mismo rey Alfonso XIII se mezcló con los madrileños en la Nochevieja de 1930 para recibir al año nuevo en la Puerta del Sol.

El propio Zorrilla, quizá unos de los primeros curiosos interesados en el artilugio, dedicó un poema al relojero Losada.

El reloj de la Puerta del Sol marcaba la hora de salida de las diligencias y de los coches de alquiler; servía de lugar de cita y referencia para los Isidros. En el paso del siglo XIX al XX fue espectacular la concentración de madrileños en este punto. Mientras se esperaba el descenso de la bola, se hablaba de la presentación en Madrid, el día anterior, del torero espectáculo don Tancredo, y de que el primer día del nuevo siglo Alfonso XIII iba a inaugurar, ante el Senado, el monumento a Cánovas.

Hasta el año 1990 el reloj de Losada dio las campanadas sin sobresaltos, pero hace 10 años se paró pocas horas antes de recibir a 1991. El cable de una cámara de televisión se enganchó en las piezas y lo dejó muerto. En la Nochevieja de 1996 se le aceleró el pulso y atragantó con uvas a millones de españoles.

El viejo mecanismo, siempre vigilado por expertos, ha cumplido 134 años, ha conocido dos siglos y está a punto de dar las campanadas de inicio del tercero. Desde lo alto de la Real Casa de Correos, hoy sede del Gobierno regional, marca la hora de la capital y cuenta por minutos la Historia de la Villa y Corte.


DEL RÍO, Ángel

El Mundo (31-12-2000)
  • MADRID: Campanas, campaneros y toques
  • RODRÍGUEZ LOSADA, JOSÉ: Inventario de relojes
  • Relojes: Bibliografía

     

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