GRADÍN, Tere - Donde nacen las campanas

En Arcos da Condesa, Caldas de Reis, está el único taller artesanal de campanas de España y sus empleados, los Ocampo, trabajan igual que hace siglos, con barro y bronce y sin intervención de la tecnología

Es el único obradoiro de Galicia y el último de España que se mantiene fiel a una tradición centenaria. Hoy son los Sucesores de Hermanos Ocampo Artesanos Campaneros los que continúan una actividad iniciada en 1630; los últimos de un oficio que perpetúa el mismo proceso de construcción que seguían sus antepasados, sin ningún tipo de intervención de la tecnología. Los maestros artesanos Hermanos Ocampo de Arcos da Condesa, en Caldas de Reis, construyen campanas igual que hace cuatro siglos. El taller está hoy a cargo de Enrique López García, de 58 años, y de su hijo José Enrique López Ocampo, de 32, que sigue llevando el señero apellido y que perpetúa la tradición de fundir campanas de forma artesanal.

Uno de sus trabajos más recientes ha sido la flamante campana de la iglesia parroquial de As Neves, que desde el día de Santa Bárbara vuelve a tañer desde lo más alto del templo, y que ha sustituido a la anterior, desgastada por el tiempo. El resto de las campanas de la iglesia de As Neves tienen la misma firma de los Hermanos Ocampo, aunque lógicamente fueron obra de sus antecesores. La nueva pieza tiene un diámetro en su parte ancha de 82 centímetros y en su composición se llegaron a utilizar 18 espesores distintos para que ofrezca la sonoridad característica de estos maestros fundidores.

Estos artesanos han fabricado artilugios sonoros para toda Galicia. Prácticamente no hay pueblo, villa, ciudad o parroquia que no lleve su firma en las alturas de las espadañas y ellos fueron los que hicieron posible que el día de la boda del príncipe Felipe las campanas de la madrileña catedral de la Almudena sonasen con timbre gallego, y más en concreto, de Arcos da Condesa. En esta localidad de Caldas fueron construidas las cuatro campanas donadas a la basílica madrileña en 1999 por un grupo de empresarios y entidades de Galicia. La más grande —de casi dos mil kilos—, se fundió en septiembre de 1998 con la denominación de Santa María la Real de la Almudena. Las cuatro hermanas ocupan la torre noroccidental de la basílica y todas fueron bautizadas con nombres de advocaciones marianas: Santa María de la Paloma, Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lys.
De esta fundición, situada se supone que en las inmediaciones de otra donde ya desde el año 1000 se fabricaban campanas, han salido cientos de piezas, entre ellas las rosalianas de Bastabales e incluso alguna ha cruzado el charco para embarcarse hacia México, encargada por un emigrante.

El fundador

El joven José Enrique López Ocampo es heredero de un oficio que se remonta siglos atrás y que comparte con su padre. Fue Felipe Blanco Ocampo el fundador del Taller Hermanos Ocampo, que se dedicaría a la fundición de campanas y metales finos. Hoy es la sociedad limitada Ocampo Artesanos Campaneros la que continúa con esta industria señera. Dice la historia que en 1886 se trasladan desde Ameal a Badoucos de la mano de Melchor Ocampo. “El proceso de elaboración de campanas sigue siendo el mismo —refiere José Enrique—, empleamos como materias primas el barro, la leña y el bronce y se comienza primero haciendo los moldes”. Esta es quizás la parte más complicada de la tarea. Se trata de tres moldes de barro superpuestos de los que se elimina la parte intermedia, haciendo encajar los otros dos entre los que se introduce el metal fundido. Los moldes varían en función de las campanas porque cada uno de estos aparatos sonoros “puede ser de cien kilos o de dos mil”, dice el artesano.

Metal fundido

Los moldes se sitúan bajo tierra y se hacen unos surcos por los que circula el metal fundido, que se introduce en el interior de la forma de barro a través de un orificio que queda abierto. Finalmente se hornean y después se desmoldan. Todas las campanas suenan exactamente igual si tienen el mismo diámetro y el mismo espesor, lo que se consigue con la calibración de los moldes artesanales y la calidad del bronce utilizado, que a su vez determinará el tipo de sonido final que emitirán las campanas. Como pieza indispensable de todo el proceso está el escantillón o regla de buxo que guarda, en sus símbolos tallados en los tres costados, los secretos del oficio.

José Enrique aprendió de forma “natural”. Los conocimientos y la forma de construir las campanas, siguiendo la tradición, han pasado de padre a hijo. “Si te crías en medio del taller, jugando con barro, cuando te das cuenta ya vas aprendiendo y continúas”, afirma. Este campaneiro treintañero comparte labor con su padre desde hace doce años, cuando tenía veinte. Le gusta su trabajo y no cree que ellos tengan un secreto especial, aunque muy especiales sí lo son por ser los últimos campaneros de España que confeccionan piezas de forma totalmente artesanal. “Nosotros fabricamos manualmente —expone—, y probablemente lo que varía de unos campaneros a otros es el espesor, los diámetros, o las aleaciones del metal utilizado. Cada taller tiene sus características”. Ellos siguen como lo han hecho siempre: contando el peso en arrobas gallegas; midiendo los grosores que aseguran el mejor sonido con el escantillón, la herramienta de madera infalible que está en el taller desde hace siglos, continúan haciendo moldes de barro y rellenándolos con el metal que funden en el horno que preside el bajo con suelo de tierra. Y con templado lento porque dicen que da vuelo al son de las campanas.

José Enrique no sabe a cuántos siglos atrás se remonta la tradición familiar, pero es posible que sea anterior a 1630, fecha en la que se establecieron en Caldas de Reis, probablemente en una de las rutas itinerantes que seguían los campaneiros de antaño, procedentes del norte. Igual que en otros oficios ambulantes, los artesanos fundidores se juntaban en una aldea, montaban un horno y hacían las campanas para todas las parroquias colindantes. Y así se trasladaban de un lugar a otro. Ahora llevan siglos en Arcos da Condesa. Tanto, que casi son una imagen de marca de la parroquia caldense. Maestros en la confección de nobles bronces que enseñorean muchos de los campanarios gallegos, continúan su producción sabiendo que son los últimos. A José Enrique le gustaría que su hijo, cuando lo tenga, aprendiese la manualidad y la artesanía de un oficio secular. “Pero que se dedique a esto, es difícil predecirlo. Lo que sí me gustaría es que supiese por lo menos la técnica”, dice mientras señala los moldes que esperan turno para dar forma a las futuras campanas. En este caso irán para Neda, Crecente y Teixeiro.


GRADÍN, Tere

La Opinión A Coruña (10-01-2010)
  • MADRID: Campanas, campaneros y toques
  • OCAMPO ARTESANOS CAMPANEROS (ARCOS DA CONDESA) (CALDAS DE REIS) : Inventario de campanas
  • OCAMPO ARTESANOS CAMPANEROS (ARCOS DA CONDESA) (CALDAS DE REIS) : Intervenciones
  • Fabricación, fundición de campanas: Bibliografía

     

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