SAHAGÚN, Carlos Reyes - ¿Por quién doblan las campanas?

¿Por quién doblan las campanas?

Catedral de Aguascalientes - AUTOR: CRISOL PLURAL
Catedral de Aguascalientes - AUTOR: CRISOL PLURAL

Trabajo cerca de la catedral; ahí nomás a una mirada de la sede episcopal.

Entonces, las campanas que anidan en sus torres forman parte de mis familiares sonidos urbanos, como los gritos de los niños que persiguen palomas en la plaza, las bandas de guerra que llegan a hacer escoleta, los autobuses del transporte urbano, el piar de los semáforos para ciegos, y a veces, en días de mucha suerte; de un silencio inusual, el silbato del ferrocarril, ese que colocaron hace unos años para crearnos la ilusión de que todo sigue como antes (eso sin contar los desaguisados dizque musicales que a veces se cometen).

En fin. Las campanas de catedral me son tan cercanas y familiares, que durante toda la jornada laboral escucho las llamadas a misa, los toques del reloj, que se encuentra en el tercer cuerpo de la torre sur, y si usted anda medio desorientado, le informo que es la nueva; la que está del lado del Teatro Morelos.

Y a propósito del Coliseo de la Plaza de la República (en el pasado también así nombraban al Morelos), en una decisión soberana de la Soberana Convención Revolucionaria de 1914, la mesa directiva informó el 15 de octubre, que había mandado acallar los bronces; supongo que por la encandalera que armaban.

Pero eso sí: a la hora de nombrar presidente de la República al general Eulalio Gutiérrez, la elección fue anunciada con tañido de campanas; las de catedral y las de otros templos.

Pero las cosas ya no son como antes, en que estos objetos servían para llamar la atención del respetable en torno a algún asunto de importancia. Sin embargo, hace unos días se produjo una excepción.

Me refiero a que, con motivo de la muerte del obispo emérito, Rafael Muñoz Núñez, el pasado viernes 12 de febrero, las campanas de catedral doblaron a muerto. Ocurrió por lo menos el medio día de esa jornada, y el lunes, en la media hora previa al funeral, que se realizó a las 11 a.m.

Curiosa expresión esta de doblar a muerto… He buscado un poco el significado, y a lo más que he llegado a enterarme es que doblar se toma por sinónimo de tocar, cosa que no acaba de satisfacerme.

A ver si puedo expresarme con propiedad. Comenzó el tañido de manera discreta; titubeante, como si no fuera tal, sino el viento que moviera el badajo de algún bronce, o un grupo de palomas posado en el instrumento, que intempestivamente se lanzara al aire, y en el impulso de despegue moviera la campana haciéndola sonar. Así comienza.

Pero luego resulta que así sigue, sin mayores variaciones, con una lentitud que quizá resultara odiosa para más de algún acelerado.

Este titubeo… Me recuerda ese instante monumental, silencioso, de la aurora. Ese instante en que el horizonte oriental comienza a llenarse de luz y la noche recoge sus bártulos. Uno voltea hacia arriba, hacia el poniente, y ve la oscuridad, que evidentemente se enferma, se debilita. Pero entonces, hay un momento mágico en que pareciera que podría no amanecer…

Desde luego uno ya sabe lo que va a ocurrir, pero resulta emocionante imaginar un desenlace diverso.

En fin. Eso es lo que me recuerda esta forma de tocar las campanas. Supongo que debe haber una reglamentación para este menester, y que en todo caso el autor del instructivo definió doblar a muerto como el acto de difundir, no alarma, como en un incendio, o una inundación, ni mucho menos la alegría característica del repique por las fiestas patronales o la designación de algún dignatario, sino la tristeza por alguien que murió; o quizás para recordarnos nuestro destino final.

Supongo que es así, no lo sé de cierto, pero en rigor no es este el sentimiento que me invade al escuchar el tañido. Más bien me inspira el sentimiento de estar frente a una manera diferente de percibir el paso del tiempo, que me provoca una cierta y extraña calma, ajena a los ajetreos míos de cada día, y que quizá responde al hecho de que mientras las escucho pienso que estoy oyendo objetos que fueron creados por personas que hace siglos se diluyeron en la tierra; gente que ya ni siquiera polvo es. Así de viejas son los bronces; así de efímeros somos.

Esto es lo que me inspira este tañido pausado y solemne, del que las campanas más agudas fueron excluidas.

No soy experto en acústica, ni tengo idea de las características del sonido (intensidad, tono y timbre), pero más o menos puedo distinguir entre un sonido grave y otro agudo.

De aquí que, si mi escucha es atenta y certera, puedo afirmar que en esta secuencia que no tiene prisa por acabar intervienen cuatro campanas.

Inicia una, digamos mediana. Le sigue otra ligeramente más aguda (o mejor dicho: menos grave) La tercera es casi igual a la primera, y termina con la campana mayor, esa que está en el primer cuerpo de la torre norte; la más grave, la del sonido más profundo que se haya escuchado por estas tierras.

¡Qué pobre explicación! ¡Qué distancia insalvable entre mis palabras y lo que escuché!… Como la distancia que nos separa de nuestros sueños; esa misma que media entre las estrellas y nuestras manos.
A lo mejor también por eso doblan las campanas.


SAHAGÚN, Carlos Reyes

CRISOL PLURAL (01-03-2010)
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