BONILLA SOTO, Juan Manuel - Acuérdate, Levitación

Acuérdate, Levitación


-Acuérdate, Levitación, acuérdate, las campanas ese día en la Catedral. No fue el azar lo que determinó que esa mañana su repique fuera así. Tampoco se trataba de celebración especial ni había fiesta anunciada. El repique de ese día correspondía al servicio litúrgico normal, Laudes y Prima, pues nunca supimos que el Papa estuviera aquí; tampoco hubo Congresos eucarísticos que celebrar ni hubo luto en el Venerable Cabildo para que el repique fuera fuera diferente al habitual. Desquiciadas, Levitación, ¿cómo lo puedes olvidar?

-Acuérdese también usted, Niní, acuérdese. Fue lunes ese día, recuerde que no importaba el mes ni el día de la semana en que cayera el 12, pero esos días yo no iba con usted. Y es por mi devoción. Esos dias emprendía yo mi propia peregrinación. Antes de que saliera el sol empezaba a caminar. A la Basílica, Saturninita, hacia allá me dirigía yo.

-Podrás decir lo que quieras, Levitación, pero ese día el campanero enloqueció. El primer badajo que rasgó la expectación, sin duda fue el de “Santa María de la Asucnción”, y posterior a ella, todas las demás. La gravedad con que tañían, Levitación, no podía ser un llamado a devición. Con otro repique se sumó "Santa María de los Ángeles" y luego el sonido solemne de “La Ronca”. A ese loco estrépito, como coro enfebrebecido, en cánones fuera de si, La “Purísima Concepción” también sonó y mi temor crecía y tuve que rezar, Levitación, Misterios Gozosos, Primer misterio, La Anunciación, “El ángel dijo, No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, vas a cocebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísmimo”.

Pero las campanas continuaban ese ritual de confusión y nadie distinguía su repicar. Entonces, la llamada “Purísima Concepción” también clamó y mi súplica ya no se pudo detener, y ahí, amedrentada, bajo el Portal de Mercaderes, continué con mi oración. Segundo misterio, La Visitación y es que por lo menos la virgen tenía a su prima Santa Isabel para visitar, pero yo, Levitación, ¿a quién podría visitar si para todos era una pecadora y nadie me quería ya? “En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre; y ¿de dónde a mi que la madre de mi Señor venga a visitarme?”

Tan- Tan- Tan, las esquilas y los esquilones no dejaban de sonar y “Nuestra Señora del Carmen” también dejó escuchar su inconfundible sonoridad y yo seguía sin poder callar, sin soltar el rosario pero sin poder hincarme en las baldosas del portal. Tercer misterio, El nacimiento de Jesús y en ese momento lo único que me sobrevivía era la esperanza de poderlo ver a él, ya sabía que no se quedaría y el problema con mi hijo tendría que resolverlo yo “Y sucedió que, mientras ellos estaban allí se cumplieron los días de alumbramiento y dio a luz a su hijo primógénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenía sitio en el alojamiento. Había en la misma comarca algunos pastores… se les presentó el Ángel del Señor… y les dijo: no temáis, pues os anuncio una gran alegría, os ha nacido un salvador…” Pero yo no tenía salvación ni a donde ir, ni siquiera tú, Levitación, ni siquiera tú estabas allí. Mi hijo tampoco tenía dónde nacer. Yo no me podía quedar expuesta a la furia de todos esos Herodes resentidos, esos que me acusaban de “Margarita” y me insultaban al pasar. Me tenía que ir, Levitación. No me podía quedar.

También sonó el bronce de tu preferida, de “Nuestra Señora de la Piedad” pero mi porvenir se anunciaba impío, las tropas hacían honores, todos formados en torno a la Plaza principal, dispuestos a partir. La Puerta Mariana de Palacio Nacional estaba abierta y también la puerta principal, toda la tropa lista para cabalgar, para estar lejos de mí. Cuarto misterio La Presentación: “Llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón que esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo… Y así fue Levitación, las intenciones de mi corazón estaben descubiertas y desamparadas, sin posibilidad y yo no puede presentar el fruto que en mi vientre crecía, y eso era una barbaridad.

Tan- Tan, “Santa Bárbara” también tañó, pero para esa hora todo era desolación. Los dos ejércitos se encontraban afanados en su pabellón y los honores no se hicieron esperar. Bang, Bang, Bang, treinta salvas continuas de cañón y del asta principal arriaron la bandera de la invasión, la escolta la dobló con pulcritud y la entregó al soldado que la conduciría de regreso a su país.

Bang, Bang, veintiuna salvas de honor y la Bandra Nacional empezó a ascender el asta de la plaza principal. En un acto de impecable sincronía, en el asta de Palacio nacional otro lienzo tricolor se izó y mi esperanza entendía que ya no lo iba a ver. Imposibe en medio de esa multitud. Tan-Tan, Bang-Bang, los cañones de la artillería, las campanas de la Catedral, el laberinto de mi vida, el repudio de la sociedad, el abandono familiar. Quinto misterio El Niño Perdido y Hallado en el Templo “Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fieta de Pascua… Subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres… Se volvieron a Jesuralén en su busca… Al cabo de tres días (el inefable tres en la vida de Jesús), le encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas”.

Y mi estupor no era menor. Veía desde ese portal cómo todos ellos iniciaron el camino de regreso y la columna parecía no tener fin, como no tendría fin la búsqueda que yo emprendía. Encontraron al Niño en el Templo, pero yo, al general, ¿en qué lugar lo encontraría? No hubo inteligencia ni respuestas para mí, sólo el sonido ronco de “Nuestra Señora de Guadalupe” cuando chocaba su badajo con el caparazón que lo cobija y no estoy tan segura Levitación, de que también sonara la esquila llamada “San Joaquín y Santa Ana” porque estuve atenta al desfile de la multitud, cerca de catorce mil soldados yanquis y en ninguno pude verlo a él.

-Sí, doña Levitación, de entre todas ellas, las que más me atraen, por sus historias, por su sonoridad, son “Doña María”, “La Ronca” y “La Castigada”. ¿Sabía usted que hubo un campanero mayor en Catedral llamado don Polo? Bueno, pues platican que había momentos en que al él solo le resultaba imposible hacer sonar a todas las campanas para anunciar la agenda missarum o el llamado a Sexta, por lo que nunca faltaban los acomedidos que se ofrecieran a auxiliar y cuentan que por los años cuarentas, un joven de 18 años, campanero sin experiencia, al estar girando esa campana, por desgracia no pudo retirarse a tiempo y el contrapeso de "La Muda" lo golpeó en la cabeza. El improvisado campanero falleció y durante el funeral de aquel joven, los Canónigos de la Catedral decidieron hacer un ritual para "castigar" a la campana. Después de quitarle el badajo fue amarrada a una pared del campanario y le pintaron una cruz. Por más de cincuenta años cumplió con el castigo, hasta que el Año del jubileo, Monseñor Rivera la absolvió y volvió a sonar, aunque se encuentra severamente dañada por el abandono.

-Pero, ¿Cómo es que las conoces tan bien, Seimayi?, hasta pareces campanero de la Catedral, -carraspeó Levitación al tiempo que apuraba de un trago el café que había servido en su jarro sin decoración.

­-Huy, doña Levitación, la Catedral se ha convertido en verdadero tour, en un paseo de diversión. Mire, todos los días se dan visitas guiadas y una persona experta, bien documentada, y no es que sean historiadores de academia sino personas que han memorizado cada historia y las anécdotas que a los visitantes les puedan impactar. Uno puede ir después de las 10:30 y antes de las seis de la tarde, pagar el costo de la visita y en cada paso entre las torres, los peldaños, sobre las bóvedas, escuchamos como se repite la historia de la Catedral y como se fueron instalando las campanas en ese lugar.

-Te contaré otro secteto, Seimayi. Don Recíproco Jesús Oyarzábal González y Moral, tenía una afición como la tuya. Le encantaba el sonido del metal. El bronce era su otra devoción. Conocía con exactitud el registro sonoro de cada campana de la Catedral. Nosotras conocimos bien a don Jesús porque era el confesor de Saturnina, de Niní, como de cariño la llamaban él y el general. Era un cura muy joven que actuaba como si fuera el mismísimo Arzobizpo Primado de la Arquidiósesis, y lo hacía así por la protección y el afecto que le tenía Su Santidad. Ellos anduvieron juntos en la Misión Apostólica que León XII envió para evangelizar a los países de América del sur. El padre Mastai Ferretti y el padre don Recíproco Jesús se tenían un aprecio sin igual. El primero se convirtió en Pio IX y desde Roma, con todo su poder, quiso que su amigo fuera el Arzobispo de la Diósesis pero algo lo impidió. De todos modos, don Recíproco Jesús podía hacer lo que él quisiera y nadie se atrevía a contravenir su decisión, por eso, estoy segura de que el sonido de las campanas ese día fue por orden de del padre don Jesús. Sólo a él se le podía ocurrir dar voz solamente a las campanas con nombre de mujer. Nada más a él.

BONILLA SOTO, Juan Manuel (27-07-2009)

  • CIUDAD DE MÉXICO: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía

     

  • Volver a la página anterior
  • Menu inicial CAMPANERS DE LA CATEDRAL DE VALÈNCIA
    Campaners de la Catedral de València
    Buscar campana, campanario, población, fundidor, año fundición, epigrafía, autor, artículo
    © BONILLA SOTO, Juan Manuel (2009)
    © Campaners de la Catedral de València (2017)
    campaners@hotmail.com
    : 22-10-2017
    Convertir a PDF