DE LA PEÑA, Maxi - «Conservo el estilo renacentista de fundición de Miguel Ángel»

«Conservo el estilo renacentista de fundición de Miguel Ángel»

«Voy a fundir la campana más grande de España, que pesará entre los 20 y 30 toneladas y que instalaré en mi jardín»

Abel Portilla, de oficio... campanero - AUTOR: DE LA PEÑA, Maxi
Abel Portilla, de oficio... campanero - AUTOR: DE LA PEÑA, Maxi

Pronto, tras el conocimiento del fuego y la necesidad que el hombre tuvo de comunicarse con sus vecinos, se comenzaron a tener noticias de las primeras campanas. En el tercer milenio antes de era cristiana, en China, se fundieron grandes campanas y también otras pequeñas que, colocadas en serie, parecen precursoras de los modernos carrillones donde con gran precisión ofrecen sus tonos algunos relojes de las ciudades. El sonido y algunas inscripciones que adornan su copa confieren a cada uno la personalidad de pieza única.

Es un oficio de origen medieval, que se remonta al mismo momento de la historia en que se crean las campanas. Es necesario que para que el artilugio desarrolle su función, haya una o varias personas que se encarguen de tocarlas cuando es necesario.

El arte de fundir campanas, con los viejos y casi únicos procesos de siempre, ha sido dominado por un reducido número de artesanos. Abel Portilla (Pedreña, 1958) ha conseguido importantes felicitaciones por un trabajo sorprendente, en el que el fundidor compromete su prestigio tanto fundiendo en sus talleres, como a pie de torre. Doblegar el metal, controlar el fuego y dominar conocimientos permite, tras largas horas de estudio y trabajo, obtener por fin la satisfacción del trabajo bien hecho. Su empresa familiar 'Hermanos Portilla' se encuentra en Gajano, antes de llegar a la factoría Repsol, desde el año 1989.

Y es que su pasión por este oficio le viene por su vínculo más estrecho: «Mi familia paterna viene de una saga de seis generaciones de fundidores de campanas. Por tanto, la escuela la he tenido en casa». Abel Portilla sostiene además que Cantabria es tierra de maestros campaneros: «En el siglo XV llegaron a la comarca de Trasmiera unos maestros fundidores de los Países Bajos. De este modo, aprendieron los grandes maestros como Alejandro Gargollo, Constantino Linares y, más recientemente, José Ortiz y mi abuelo Marcos Portilla Linares».

Este oficio, en opinión de Abel Portilla, tiene larga vida. Su teoría es que todo trabajo que ha conseguido mantenerse cinco siglos hasta día de hoy, «es muy difícil que desaparezca». Él confía que la estirpe de los Portilla continúe en el tiempo.

La gente vincula las campanas a las iglesias y catedrales, pero se instalan también en ayuntamientos para dar las horas «y últimamente estamos haciendo carrillones dispuestos en escala musical para orquestas sinfónicas, ya que tocan determinadas piezas que antiguamente las tocaban con campanas».

Para la Orquesta Sinfónica de Valencia está fundiendo 40 campanas, la mayor de 2.000 kilos y la más pequeña de 20 kilos. «Suelo trabajar algo para agrupaciones musicales, como ha sido el caso también de la Orquesta Sinfónica de Euskadi», afirma.

En Vierna, municipio de Meruelo, durante las fiestas de San Bartolomé organiza un concierto de campanas. Portilla destaca que el Ayuntamiento presidido por Evaristo Domínguez ha subvencionado un taller de fundición medieval, que en breve será inaugurado. Su primer reto será la construcción de la campana más grande de España, y la cuarta o quinta del mundo, con un peso que oscilará entre los 20 y 30 toneladas. «La instalaré en el jardín de la finca que tengo en Vierna, y la idea es completar con otros objetos un abanico de instrumentos de relajación. Esto lo coordinará un amigo alemán». Al más puro estilo 'new age'. El Museo de las Campanas de Meruelo, un lugar muy visitado, acoge la colección de Abel Portilla.

El regalo institucional que hizo el Gobierno de Cantabria a los príncipes de Asturias cuando contrajeron en 2004 matrimonio en la catedral de La Almudena de Madrid fue una campana denominada 'Virgen Bien Aparecida' que fue trabajada en el taller de Abel Portilla. En ella se grabaron el escudo del Príncipe, el de Cantabria, la cruz de Santo Toribio de Liébana y la imagen de la patrona de la comunidad autónoma.

El proceso de fundición que sigue Abel Portilla conserva el espíritu artesanal, «es decir, al sistema denominado 'cera perdida', como fundía Miguel Ángel en la época del Renacimiento. El proceso consiste en realizar moldes de barro, que al fundirse la campana se destruye el molde. Por tanto, las campanas que nosotros trabajamos son piezas únicas de museo».

Todo este proceso depende de la estación del año, la humedad, o la temperatura: «En verano se prolonga por espacio de unos 30 días y en invierno, entre 40 y 45 días». Abel lo tiene claro, el bronce es el mejor material porque las campanas se funden con una aleación de 78 partes de cobre y 22 de estaño puro.

En la fábrica de Gajano trabajan seis personas, tres en la fundición, uno en taller mecánico, relojes, y automatismos y dos en instalación en campanarios. Cuando se le interpela por los precios, dice categórico: «En estos oficios no se habla de dinero».

Para Abel Portilla, la campana es un instrumento que transmite un lenguaje antiguo y moderno, «y tiene capacidad para convocar a todo un pueblo. Todo el mundo de religión católica, cuando muere un ser querido, graba el sonido de la campana en sus sentimientos».

Su prestigio profesional está avalado por la multitud de pedidos que su empresa recibe «de toda España, parte de Europa y Sudamérica».

A propósito del título de la novela de Ernest Hemingway sobre la guerra civil española '¿Por quién doblan las campanas?', la pregunta parece oportuna. El maestro responde: «Cuando yo me muera el viento dispersará su canto de dolor».

DE LA PEÑA, Maxi

El Diario Montañés (15-05-2010)

  • PORTILLA, ABEL (GAJANO): Inventario de campanas
  • Fabricación, fundición de campanas: Bibliografía

     

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